Teresa de la Parra
Vida y obra de nuestra primera novelista
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a hablar de la vida y la obra de una caraqueña nacida en París: me refiero a Ana Teresa Parra Sanojo, mejor conocida como Teresa de la Parra, ese era su nombre artístico, su seudónimo escogido. Teresa de la Parra nació el 5 de octubre de 1889 en París, por la circunstancia de que su padre, en ese tiempo diplomático, se encontraba en la capital de Francia y ella nació allá.
De meses se viene con sus padres y sus otros hermanos a Caracas. Por eso dije al principio: vamos a hablar de una caraqueña nacida en París, porque si algo se puede decir de Teresa de la Parra es que es una caraqueña de su tiempo, una caraqueña arquetipal si cabe el vocablo. Teresa de la Parra va a vivir 46 años, muere en Madrid en 1936 de tuberculosis, después de una vida de muchos cambios, de muchos viajes y de muchas mudanzas, y después de una vida de escritora.
Nuestra primera gran novelista es Teresa de la Parra, sobre eso no hay la menor duda. No solo Ifigenia, que es una novela extraordinaria, como comentaremos a lo largo del programa, sino Las memorias de Mamá Blanca, que también es un libro respetable y de importancia, de entidad. Decíamos entonces que Ana Teresa Parra Sanojo nace en el hogar que preside Rafael Parra Hernáez. Los hermanos Parra Hernáez, Miguel y Rafael, tenían unas tierras en Tazón, el valle del río Tuy.
Y su esposa, la madre de Ana Teresa, se llama Isabel Sanojo Espelocín, hija, por cierto, de un jurista sumamente importante para la historia del derecho en Venezuela, como era el abogado Luis Sanojo, a quien muchos autores llamaban el padre de la jurisprudencia nacional. De acuerdo con su cátedra y su magisterio jurídico, las sentencias, las opiniones y los libros donde se recogieron sus obras. De modo que el abuelo materno era un personaje de importancia en la vida caraqueña y venezolana.
Entonces, cuando nace Ana Teresa la bautizan como Ana Teresa del Rosario y es bautizada en la iglesia de La Madeleine, en París. Su madrina será Lola Reyes de Sucre, una muy querida amiga de su madre. Y les decía que están de regreso al año a Venezuela los hermanos Parra Sanojo: Miguel, Luis Felipe, Ana Teresa, quien ya mencionamos, Isabelita, Elia y María, a quienes la biógrafa de Teresa de la Parra, la extraordinaria escritora María Fernanda Palacios, recoge en la manera como llamaban estas niñas, que eran, entre comillas, las niñitas de Tazón, es decir, las parritas.
María Fernanda dice que era una finca modesta en Tazón la que tenían los Parra. En todo caso, esta infancia ha sido muy poco registrada y recogida por quienes han estudiado a Teresa de la Parra. Incluso Bélia Bosch, que estudió la obra de Teresa de la Parra y consagró su vida a ello, en las cronologías que ha hecho de esos ocho o nueve años de infancia de Teresa de la Parra en el Tuy venezolano, en Tazón, ella dice que no tiene mayor información.
Es una lástima porque es evidente que toda la sustancia, toda la materia y toda la trama psicológica de la obra novelística de Teresa de la Parra va a tener origen en esa vivencia de la hacienda venezolana, de la casa venezolana, de esa familia venezolana ya con muchos años, aquí los criollos. De hecho hay un momento en el que Teresa explica por qué ella ha decidido llamarse Teresa y por qué se ha quitado Ana. Y refiere que ella recuerda, y de lo que se siente muy orgullosa, que su tatarabuela va a ser Teresa Jerez de Aristiguieta, la madre de Carlos Sublet.
Lo dice Teresa de la Parra ella misma. Vamos a leerlo, que afirma, refiriéndose a su nombre cuando es inquirida por eso en una entrevista. Dice: "Lo uso con especial predilección porque me viene directamente de una serie no interrumpida de Teresas y Ana Teresas. Desde mi tatarabuela Teresa Jerez de Aristiguieta, madre del general Carlos Sublet, decidí divorciar mi nombre de la Ana junta, que nunca fue de mi agrado, y uniéndolo al apellido antiguo me hice un seudónimo antifaz bajo el cual solo me disimulo muy a medias".
Y sigue diciendo: "Es, en rigor, mi propio nombre, el nombre antiguo de la familia, que unido al de Teresa tiene cierto sabor clásico, cierta sonoridad del Siglo de Oro; ya vio usted, Sor Juana Inés de la Cruz, Tereza de Cepeda, qué bien suenan. Me gusta por eso, porque siendo mi mismo nombre me permite, no obstante, desdoblarme, porque no sé, pero pensé que de otra manera no iba a poder mantener mi personalidad social independiente de la otra, de la literaria, y la unificación me parecía un poco incómoda. Bueno, una pretensión horrible, y es que me convertí en dos: Ana Teresa Parra Sanojo, que se aburre a veces de escribir y no tiene entonces nada que ver con Teresa de la Parra, que hasta escribe novelas".
Muy gracioso y muy moderno. Estamos hablando de una entrevista de 1922, donde nuestra autora está desdoblándose, donde está incluso asomando la figura del heterónimo más que la del seudónimo. ¿Qué quiere decir esto? Que Teresa de la Parra ya la estaba vislumbrando como un personaje literario que escribe y distinta a ella, que se llama Ana Teresa Parra Sanojo.
Esto me parece importante porque da cuenta de la modernidad con que Teresa asumía su obra literaria. Y no podemos olvidar el momento en el que ella está diciendo esto: en 1922. Es de modo que ya por aquí va asomando este personaje singular, que es Teresa de la Parra, en el concierto de nuestra literatura. Fíjense lo siguiente, que también es interesante: nosotros contabilizamos sus años, de esos 46 años que ella vive, 9 los va a pasar en España en un primer momento, 7 años en París y 3 años en Suiza, y 22 años en Venezuela.
Pero los años en Venezuela van a ser los de su primera infancia y los de su juventud cuando regresa a Caracas. Y se va de Venezuela ya en 1924 y va a morir 12 años después, en Madrid, en 1936. De modo que la experiencia venezolana de Teresa de la Parra es desde su infancia hasta el final de su adolescencia, es lo que puede llamarse su primera juventud. Hay un hecho en su biografía temprana que va a marcarla y es la muerte del padre en 1897, cuando ella tiene ocho años.
¿Por qué esto marca su biografía? Porque la madre toma la decisión de irse a España para que sus hijos tengan una muy buena educación en colegios católicos españoles y se van a España, a Valencia. Y allá va a estar Teresa de la Parra, o Ana Teresa Parra Sanojo, en un colegio católico en Valencia, el Colegio del Sagrado Corazón. Dice su biógrafa María Fernanda Palacios que allí fue donde adquirió su formación, y esto es cierto.
Primero recordemos que los colegios católicos entonces se esmeraban en una educación formal muy buena, muy clásica. De modo que el número de lecturas, las obras y la disciplina que ella adquirió en ese colegio católico de Valencia es lo que lleva a María Fernanda a afirmar que su formación básica está allí. Y esa fue su formación. Volveremos sobre este tema en la próxima parte del programa: formación de Teresa de la Parra y esos años en Valencia, antes de venirse a Caracas. Ya regresamos.
Decíamos, en la parte anterior del programa, que la formación básica de Teresa de la Parra va a tener lugar en ese colegio, en Valencia. En tal sentido, su biógrafa afirma lo siguiente: hacia 1907 su educación formal ya está cumplida o casi. Teresa tiene una formación envidiable para una venezolana de su época, sobre todo porque desarrolló una afición poco común a los clásicos españoles.
Sabe estudiar disciplinadamente y argumentar consistentemente sus opiniones, un ejercicio en el que los colegios católicos siguen siendo las mejores escuelas. También tiene en su haber algo que sí era muy común en su medio social: hablaba sin acento y con corrección el francés. Pero resulta a todas luces falso pretender, como afirman algunos comentaristas, que hiciera tres años de estudios de filosofía y letras. Esto no es cierto para nada, es una exageración.
Pero sí es cierto que tenía una formación bastante buena para la que solían tener las señoritas de las clases de las élites en América Latina y España inclusive. Y aquí hay un punto que no podemos olvidar: Teresa de la Parra no es una mujer que viene de orígenes humildes, del pueblo venezolano. No. Es una mujer que forma parte de la élite caraqueña.
Su familia tiene muchísimos años aquí. Ya mencioné que su tatarabuela era nada menos que Teresa Jerez de Aristiguieta, pariente del sacerdote Jerez de Aristiguieta, que le dejó la inmensa herencia a Simón Bolívar. Carlos Sublet era hijo de Teresa Jerez de Aristiguieta y por supuesto era pariente del Libertador. De modo que ella viene desde una tradición de viejas familias venezolanas.
Y esas familias, desde mediados del siglo XIX, el imán parisino y el imán francés eran portentosos. Así como lo es hoy para las élites venezolanas los Estados Unidos, lo fue durante muchos años Francia y París. Y hablar francés era una señal absoluta de la condición social de la persona y su educación; eso estaba bastante claro. De allí que, pues, no deba extrañarnos en lo más mínimo.
Bueno, siguiendo con su cronología, les comenté que su padre muere cuando ella tiene ocho años y la vamos a encontrar ya en Valencia estudiando el año 1900, cuando ella tiene 11 años. Cuando regresa a Caracas, ya siendo toda una señorita, con el bachillerato concluido y con 20 años, eso va a ocurrir en 1909, cuando la tengamos de vuelta en Caracas. Por cierto, en su novela Ifigenia, que tiene muchísimo de autobiográfico, aparece una amiga de ese colegio valenciano, por supuesto enmascarada dentro de la novela. Se va a llamar Cristina de Iturbe y se ve que la amistad con esta niña, con quien estudió el bachillerato, ya han debido ser grandes amigas desde la infancia.
La lleva a hacerle un personaje principal de Ifigenia. Recordemos que Ifigenia comienza con una muy larga carta de María Eugenia Alonso a Cristina de Iturbe, que es como se llama el personaje de España. La amiga española en el bachillerato es ese personaje; María Eugenia Alonso, obviamente, está muy inspirada en la experiencia vital de Teresa de la Parra. Sin llegar a ser una novela totalmente autobiográfica, es evidente que los rasgos autobiográficos son importantes.
Voy a leerles un párrafo muy interesante de Ifigenia, haciendo mención a esa primera amiga de Teresa de la Parra. Dice: "Mi gran intimidad con Cristina de Iturbe, aquella suave intimidad que está atendida hoy en el cadáver de esa carta gris, aquel cariño intenso, tierra y sol de mi infancia, tuvo por base dos cosas: primero una gran admiración y luego un gran secreto compartido. Sobre el cristal de la tarde mojada, nítidamente como en un espejo, recuerdo a Cristina, recuerdo su voz, recuerdo sus ojos azules, recuerdo su gran lazo de moaré erigido en lo alto de su cabeza, y me parece revivir aquella otra tarde nebulosa y fría de invierno europeo cuando merendando juntas bajo el olmo del convento, con las dos cestitas de la merienda al brazo, me hizo en un instante su más íntima amiga, al hacerme su más íntima confidencia".
Y es que "la aureola del misterio es una santidad y es una aristocracia. ¿Cómo atrae, cómo se impone y cómo reina eternamente, si la penumbra sugestiva que es su imperio no llega nunca a desvanecerse por completo?". Este párrafo magistral es frecuente en Ifigenia: estas observaciones de una hondura psicológica particular, de perspicacia, del conocimiento de la naturaleza humana y muy particularmente, insisto, muy particularmente de la naturaleza femenina, pueblan prácticamente toda la obra.
Ifigenia, como sabemos, es una obra de la intimidad psicológica de una mujer, de las élites caraqueñas, que ha vivido en Europa y que vive en Caracas. Forma parte de la familia con un conjunto de creencias, de prejuicios o valores, de represiones incluso, que le colocan al personaje una permanente batalla psicológica por el deber ser y con sus deseos. Eso está permanentemente habitando las páginas de Ifigenia, y con mucha frecuencia se le sale a la pluma de Teresa de la Parra observaciones de esta inteligencia como esta que vuelvo a citarles.
Bien, entonces, en Ifigenia vamos a encontrar enmascarada, a través de Cristina de Iturbe, esa primera gran amiga de Teresa de la Parra en su colegio en Valencia, España. Luego veremos dos amigas más que van a ser muy importantes en su vida, y esto lo señalo porque en sus novelas las descripciones femeninas y las descripciones de mujeres son muy precisas. Uno nota que la autora donde se esplaya o se recrea, navega a sus anchas, es cuando está escribiendo una amiga, una mujer que la deslumbra, una señora elegantísima como va a ser Emilia Barrios o Emilia Ibarra de Barrios Parejo, como veremos más adelante.
Pero por lo pronto tenemos a Ana Teresa Parra Sanojo de vuelta en Caracas en 1909. Es una mujer de veinte años y no tiene entre sus planes la escritura. Seguramente toma notas; hay algunos testimonios: escribió unas cartas que uno ya le nota el fuelle y el impulso y el aliento de la futura escritora. Y estando en Caracas, en 1913, va a ocurrir un hecho importantísimo en su vida, a mi juicio, y es que conoce a Emilia Ibarra de Barrios Parejo y a su esposo, el doctor Barrios Parejo.
¿Por qué esto va a ser tan importante? Porque esta pareja tenía tertulias en su casa con mucha frecuencia y se encariñaron con la muchacha. Ella tiene 24 años, ella se encariña con esta pareja. En esa casa conoce gente distinta, gente mucho más interesante que la que puede haber en la casa materna. Recordemos que la madre es viuda desde hace años y la vida de las viudas de esa época, pues, regida por unas prescripciones del catolicismo muy particulares.
De modo que en casa de los Barrios Parejo va a ser mucho más interesante para Ana Teresa Parra Sanojo. Y va a ocurrir entonces un hecho curioso, que es que en 1916 el doctor Barrios Parejo muere. La pareja no ha tenido hijos y Emilia Ibarra de Barrios invita a Ana Teresa Parra Sanojo a vivir con ella una vez que se ha muerto su marido. Y ella se muda en 1916 a vivir con Emilia.
Y viven juntas ocho años porque Emilia va a morir en París en 1924. Estos 8 años de vida común van modelando la personalidad, las opiniones y la visión del mundo de Teresa de la Parra. Es evidente que en la novela Ifigenia Emilia Barrios va a ser Mercedes Galindo; de esto no hay la menor duda. Incluso Teresa de la Parra jamás lo negó cuando alguna vez se lo plantearon.
En la próxima parte del programa entonces veremos qué ocurre con Emilia, cómo cambia la vida de Teresa en la compañía de esta mujer mayor, casi le llevaba 20 años, y por qué es tan importante para la segunda mitad de la vida de Teresa de la Parra, Emilia Ibarra de Barrios Parejo. Eso lo veremos en la próxima parte del programa. Decíamos anteriormente que la importancia en la vida de Teresa de la Parra de Emilia Ibarra de Barrios Parejo fue decisiva, no solo porque es una amiga muy cercana que la estimula a la escritura de su primera novela, Ifigenia, sino porque toman la decisión de irse juntas a París en 1923 a buscar editor para la novela, cosa que consiguen.
Y bueno, ese entusiasmo que le insufla Emilia a Teresa cuenta mucho en su biografía, es algo que no podemos dejar de señalar. Y también ocurre que Emilia muere en París, en 1924. En ese momento Teresa de la Parra tiene 35 años y Emilia deja toda su fortuna a Teresa, lo que va a ser algo de significación para la vida siguiente de Teresa de la Parra. Le debemos a la acuciosidad del crítico literario e investigador Roberto José Lovera de Sola el haber conseguido el testamento con los activos que le deja Emilia a Teresa, y allí la cifra no es desdeñable.
Recordemos que Emilia muere el 14 de mayo de 1924 y Lovera de Sola se fue al registro principal de Caracas para ver la liquidación del testamento de Emilia. Emilia le deja toda su fortuna a Teresa de la Parra: estamos hablando de una cantidad de 232 mil bolívares en 1924. Eso contenía lo siguiente: ocho casas y un número de acciones del Banco de Venezuela. Sería largo y prolijo determinar para ustedes el número de casas, dónde estaban, etcétera, pero en todo caso esto le va a permitir a Teresa percibir una renta por el arrendamiento de todos esos activos, de esas propiedades que le van a permitir vivir en París, en Europa y en Madrid el resto de su vida.
De 1924 al 1936, cuando muere de tuberculosis en Madrid. De allí que sea muy importante, porque ella súbitamente adquiere una independencia económica que no estaba en el panorama, que no había pasado por la cabeza, y que por razones familiares no le correspondían. Pero sí, porque por las razones del afecto, ella hereda a su gran amiga y protectora Emilia Ibarra. Finalmente se publica Ifigenia en París en 1924, el mismo año de la muerte de su gran amiga.
¿Qué decirles de Ifigenia? Una gran novela, por cierto, creo que no es una novela para leerla en la juventud. Creo que se disfruta más ya cuando uno está adulto y puede disfrutar mucho más de las observaciones del personaje, de María Eugenia Alonso, y los diálogos con el tío Pancho, o las conversaciones con Mercedes Galindo. Todo eso es algo que a mí me suena: la edad para leerla no son los 16 años, el bachillerato, sino mucho más adelante.
Voy a leerles un párrafo bellísimo que es el momento en que María Eugenia Alonso conoce a Mercedes Galindo. Es decir, el momento en que Teresa de la Parra conoce a Emilia Ibarra, podría decirse. Dice Teresa, o dice María Eugenia Alonso: "Cuando al salir por fin de la penumbra me fui a saludarla, llevaba preparada mentalmente una frase muy expresiva, en la cual pensaba demostrarle mi exaltada admiración. Pero no bien me miró ella con sus ojos brillantes y curiosos de crítica finísima, y no bien aspiré yo el perfume sutil que como una flor exhalaba su persona, cuando me sentí invadida por la parálisis absoluta de la timidez. Por lo tanto, después de haberme acogido y abrazado con esa naturalidad y soltura que son su principal atractivo, a mí en correspondencia solo me fue dado el murmurar unas cuantas frases breves y corteses".
Es bellísimo. Y fíjense, antes ella está bien narrando la entrada de Mercedes Galindo a casa de su abuelita y dice: "Yo, en plena sombra, contemplando la figura de Mercedes gentil y radiante. Como la de una reina, me hallaba petrificada de admiración. Ah, es que estaba elegantísima: tenía un vestido de terciopelo negro hecho seguramente en alguna buena casa de París y llevaba por único adorno un collar de perlas que casi le ceñía el cuello. Observé que las manos blancas y cuidadísimas ostentaban una sola sortija, un solitario, y me parecieron las manos tan bonitas como las mías cuando tengo las uñas bien pulidas".
Y sigue: "Los pies finos y largos estaban divinamente calzados. Llevaba en la cabeza un precioso sombrerito negro algo ladeado, que le encuadraba la clásica fisonomía en deliciosos efectos de luz y sombra. Y bajo la media luz de aquel sombrero, para hablar con abuelita, surgió una de las voces más lindas y argentinas que he escuchado en mi vida". Por cierto, aquí argentina no quiere decir nativa de Argentina, sino es un calificativo de admiración, era una frase de la época; esto hoy en día no se usa bien.
Como vemos, lo que señalamos antes es la gran destreza de Teresa de la Parra para recrear los ambientes, para retratar a los personajes, para crear unas atmósferas particulares, y las grandes destrezas, además, para recoger la admiración por la mujer. Pocas veces a lo largo de la novela se leen fragmentos de admiración por un hombre, como se lee en la admiración embelesada por algunas mujeres. No solo por su amiga de adolescencia en el colegio sino también ya por Mercedes Galindo, que era una mujer madura para la época.
Bien, muere Emilia y Teresa se queda viviendo en París y, en 1927, viaja a La Habana, donde ya es recibida como una escritora. Ya es la autora de Ifigenia y es una mujer de 38 años que está trabajando ya en su próxima novela, que son las Memorias de Mamá Blanca. En La Habana va a conocer al tercer personaje femenino de su vida, que va a ser Lidia Cabrera, una cubana que va a ser su íntima amiga hasta el lecho de muerte: estaba allí en el momento en que Teresa expiró en Madrid víctima de la tuberculosis.
Allí va entonces a conocer a Lidia. En La Habana se publican Las memorias de Mamá Blanca en 1929 y, por cierto, hay algo que no se dice mucho, pero hay que señalarlo. La publicación de Ifigenia y la publicación de Las memorias de Mamá Blanca se pudieron hacer porque el general Gómez pagó las ediciones. ¿Por qué paga las ediciones el general Gómez? Porque Teresa se lo pide; Teresa va a Maracay, le hace la corte al general Gómez y el general Gómez paga las ediciones.
En París, además, la visita del general Gómez es precedida por una carta. Esas cartas se conservan, están publicadas. En una de ellas, les dice lo siguiente. Esta carta es de 1923: "Muy estimado general, Maracay, confiada y segura en obtener, como siempre, su aprobación y su liberal apoyo, me dirijo hoy a usted para saludarlo con todo cariño y exponerle mis actuales proyectos y aspiraciones artísticas".
Es una carta larga. Y después vamos a tener otra, de 1924, donde ya se ve que recibió el apoyo. En esa carta ella le dice: "Acabo de recibir su amable tarjeta y tal cual le contesté personalmente no tengo palabras para agradecer tantísima bondad y gentileza. Como les he dicho otras veces, tiene usted en mí, como escritora y como simple mujer, una amiga sincera y decidida. Ojalá tuviese algún día la ocasión de demostrarle de manera evidente mi adhesión y simpatía".
Son los más sinceros deseos de su afectísima Ana Teresa Parra. Bien, por supuesto, esto en nada desmerece la obra de Teresa de la Parra; simplemente es un dato que tiene su importancia, porque es evidente que Teresa y sus familias forman parte de esa élite caraqueña que se fue entendiendo con los andinos. Y básicamente Juan Vicente Gómez, el dictador, hubo una relación de amistad, incluso de frecuencia, que la revelan en la simpatía y la camaradería de las cartas que ella le dirige al general Gómez.
Pero, insisto, eso no tiene absolutamente nada que ver con la calidad de la obra, pero es un dato importante de su biografía. Las memorias de Mamá Blanca tuvieron el mismo financista. Ya entonces Teresa de la Parra tiene cuarenta años y esta segunda novela la coloca más cerca todavía de la celebridad. Por cierto, esta celebridad va a encontrar expresión en un viaje que ella hace a Colombia.
Ese es un viaje muy importante en su vida porque los colombianos la admiraban de una manera frenética; incluso los relatos sobre el recibimiento cuando Teresa llega en tren a Bogotá refieren que había una multitud esperando a la escritora en la estación del tren, en Bogotá. Claro, no podemos olvidar que en Bogotá y en Colombia en general el aprecio por las letras ha sido histórico, es decir, los grandes escritores son apreciadísimos como si habláramos hoy en día de un cantante de rock, por decir algo. Entonces, cuando ella visita Bogotá en 1930, pues es recibida como si fuera una diosa y allá dicta varias conferencias.
Unas conferencias que se recogieron luego en un libro que se titula Influencia de las mujeres en la formación del alma americana. Estas conferencias son importantes porque ya no solo se expresa la narradora sino la ensayista, la mujer pensamiento que tiene una posición ante la historia y ante la vida. En la próxima parte del programa continuaremos con esta revisión de la vida y la obra de Teresa de la Parra. Decíamos antes que el viaje a Colombia de Teresa de la Parra fue importante en su biografía: no solo está en Bogotá sino también da conferencias en Barranquilla, en Cartagena, en Santa Marta, en la costa.
Por allá estuvo varias semanas y regresa verdaderamente entusiasmada. En esos años ella tiene un proyecto que no termina, que no logra ni siquiera avanzar su escritura, que es una biografía de Bolívar. Eso era con lo que ella soñaba, y de allí el epistolario importante con Vicente Lecuna, consultándole aspectos a Lecuna sobre el Libertador. Pero aquí quiso el destino que en 1932 se le diagnosticara una tuberculosis. Tenía entonces 42 años.
Se sometió a los tratamientos usuales de la época y no tenían mayor efecto, salvo paliativo: mejoraba por épocas, se sentía bien, después recae, pero no era curable la tuberculosis. Entonces es por eso que va a recluirse en un sanatorio para tuberculosos en Suiza, en Leysin. En 1933, estos años van a ser de idas y venidas, pasatemporadas en el sanatorio. Regresa a París, a casa de su hermana Isabel, vuelve al sanatorio, viaja a Madrid y regresa a París.
Los últimos años son de mucho movimiento. Con cierta frecuencia pasa temporadas con ella Lidia Cabrera, su gran amiga. En su diario hay muchas referencias a Lidia, hay un epistolario muy completo con Lidia Cabrera. Ellas nunca vivieron juntas como sí vivió ella con Emilia durante ocho años, pero pasaban largas temporadas juntas, acompañándose, conversando: eran extraordinarias amigas.
Por supuesto, de ese viaje a Colombia ella establece amistad con el doctor Luis Cea Uribe y las cartas con Cea Uribe les confieso que, de todas las cartas que yo he leído de Teresa de la Parra, son las mejores. Esta es una amistad muy curiosa porque de manera súbita el doctor Cea se convierte en su maestro, en su guía espiritual. Ellas han debido tener un encuentro espiritual muy importante en Bogotá para que naciera una amistad de esa confianza y ese calado.
¿Quién es Cea Uribe? Un hombre muy importante en Colombia, se le considera el padre del espiritismo científico colombiano. ¿Qué es esto? Él era un médico sumamente respetado, con todas las calificaciones académicas de un médico, pero fue el primero que en Colombia comenzó a incorporar en su consulta y en su visión del mundo hechos inexplicables, esotéricos. Era lector de Freud, ya sabía de la existencia de Jung, conocía experiencias místicas y esotéricas vinculadas con la medicina.
De modo que fue en Colombia un pionero en estos estudios, y así se le reconoce hoy en día: incluso hay un culto en Colombia por el doctor Cea Uribe. Si ustedes lo revisan en internet, comprobarán lo que les estoy diciendo. Y la correspondencia con él tiene de los mejores momentos.
Yo les voy a leer un fragmento conmovedor, pero además verdaderamente asombroso, cuando ella dice: "Yo estoy encantada de someterme a todo, porque mi estado moral es excelente, un verdadero estado de gracia. Nunca he sentido tan intensamente la dulzura de vivir".
Lo está diciendo una persona que está en un sanatorio tuberculoso. Esto es muy interesante. Y sigue diciendo: "Y es que vivo dentro de la resignación. Es lo que nos hace falta quizá cuando agitamos allá abajo, en la Plena".
La Plena es la vida normal. Es la vida de la ciudad que los que están recluidos llaman la vida de afuera. Sigo: "Renunciar a la voluntad y a los deseos. Sé de antemano que esta enfermedad es pérfida, sé cómo se engaña a los enfermos. Sin embargo, desde el principio he estado de acuerdo con todo cuanto pueda venir: el dolor, la muerte, la salud.
Mi vida es suave y feliz, a pesar de que estoy presa, bloqueada entre la nieve, todo el día en cama ante el balcón abierto de par en par. Cuando le escribí, devolví y mandé mi retrato; ya estaba enferma, pero ni yo ni nadie lo sospechaba. Como sé que me quiere, y además por su profesión", y entonces le refiere todo el desarrollo de su enfermedad, los primeros síntomas, etcétera.
Bueno, esta correspondencia del doctor Cea Uribe tenemos noticias de que los herederos de Cea tienen las cartas que él le enviaba. Esto valdría la pena y vamos a proponernos hacer un esfuerzo por buscarlas para que esto se publique de manera conjunta. Porque son las reflexiones de una mujer al borde de la muerte; no es cualquier mujer, es Teresa de la Parra, nuestra primera gran novelista.
Nuestra primera gran escritora, que va entonces a fallecer en Madrid de tuberculosis, después de haber publicado dos extraordinarias novelas, las conferencias dictadas en Colombia y un epistolario que con los años se va haciendo una parte sustancial de su obra. El programa nos quedó corto para tanto que tenemos que decir sobre la obra de Teresa de la Parra; no tuvimos tiempo de comentar Las memorias de Mamá Blanca, pero ya habrá oportunidad en un próximo programa. Por lo pronto, este es nuestro homenaje a esta primera gran novelista venezolana, una mujer muy interesante.
La biografía de María Fernanda Palacios es tan bien escrita y tan sabrosa de leer, pero Teresa de la Parra está lejos de haber concluido como imán para los historiadores, para los críticos literarios y para futuros biógrafos. Y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio. Me acompañan en la producción Merizosa y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com.
En Twitter, arroba RafaelArraiz, y en Facebook. Los programas los consiguen colgados en la página UnionRadioCultural.com. Allí están y pueden escucharlos en cualquier momento y de cualquier lugar del planeta. Ha sido un gusto hablar en voz alta para ustedes; hasta nuestro próximo encuentro.