Vicente Gerbasi

Gran poeta. Autor de Mi padre, el inmigrante y Los espacios cálidos

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Rafael Arráiz Lucca. Vicente Gerbasi, una vida de 79 años, consagrada íntegramente al cultivo de la poesía. Uno de nuestros grandísimos poetas, hijo de unos inmigrantes italianos, Juan Bautista Gerbasi y Ana María Federico Pifano, procedentes de Vibonati, un pueblo del sur de Italia y de la provincia de Salerno, que llegan a principios del siglo XX a Venezuela. A buscar el futuro, apuntar al futuro, perseguir nuevos horizontes que en aquel momento, en Italia, dada la situación económica italiana, no era posible encontrar.

Y se establecen en un pueblo cafetalero del estado Carabobo, el bellísimo pueblo de Canoabo, que va a ser el epicentro de la poesía de Gerbasi, aquella pequeña aldea donde los días transcurren entre faenas de la tierra y los murciélagos, que aparecen muchísimo en los poemas de Gerbasi. Si una poesía nuestra está centrada en un espacio y en un tiempo es la de Vicente Gerbasi porque su poesía trabaja a fondo el tiempo de la infancia. Y sus referencias espaciales...

La ocurrencia de esa infancia va a ser en Canoabo, que va a hacer el leitmotiv de su obra, una suerte de paraíso de recurrencia arcádica que él va trabajando desde la nostalgia, desde la belleza, desde el asombro y del sentido mágico. Ya adulto, cuando empieza a escribir poesía, en su obra poética estamos hablando a su vez de cerca de veinte títulos. Su obra se inicia con Vigilia del Náufrago en 1937 y concluye con un libro póstumo, Los Oriundos del Paraíso, de 1994. Más de 20 títulos en casi 60 años de publicación de sus textos, una de las vocaciones poéticas más sostenidas que ha habido en Venezuela.

Pasa su infancia allí y su padre, cuando apenas Vicente está entrando en la adolescencia, decide enviarlo a estudiar el bachillerato en Italia. Entonces ocurre el primer gran punto de inflexión de su vida cuando, siendo un niño que entra hacia la adolescencia, hace el viaje desde Canoabo hacia Italia y él rememora ese viaje muchos años después en uno de sus últimos libros, En el solitario viento de las hojas, en 1989, cuando dice: "En la madrugada lluviosa a los diez años yo pensaba en el gran viaje. Yo vivía en el tiempo de los sueños entre las montañas. Yo abandonaba a Canoabo, pueblo solitario adornado de pavos reales. Yo no reconocía mi edad, era una luciérnaga. En la noche me fui en burro hacia una lejanía. Iba por la selva. Mi padre en su caballo, mi madre vestida de blanco con una sombrillita azul". Qué belleza de poema, ahí está él recogiendo, ya viejo, en 1989, tres años antes de morir, esa experiencia que lo marca, que es abandonar su mundo de la infancia.

Con sus hermanos y amigos, los habitantes del pueblo Canoabo, con las faenas en el trabajo de la tierra que ocurrían allí. En Italia va a cambiarle la vida, obviamente porque va a seguir el bachillerato italiano y allí va a adquirir lo que podemos llamar el sentido del color. Italia siempre ha estado muy vinculada con el mundo plástico. Allí va a encontrar el concepto del equilibrio. Allí va a encontrar el discurso de una obra de arte que se revela ante sus ojos y que van esas obras de arte modelándole el gusto, el sentido, las proporciones, el uso de los colores. Y allí va a ir formándose la sensibilidad.

Regresó a Venezuela en 1929, entonces es un muchacho de 16 años. ¿Por qué regresa? Porque el padre ha muerto y se precipita su regreso, entre otras cosas porque la situación de las familias económicamente no es lo mejor con la muerte del padre. Entonces se ven obligados a trasladarse de Canoabo a Valencia. Allí Vicente desempeña diferentes oficios.

Trabaja en un banco entre 1930 y 1936, pero ya entonces lo ha picado el fervor literario que comienza a trabajar en la redacción de la revista literaria Índice. Esta es primera de las revistas en la que Vicente trabaja. A lo largo luego de su vida va a trabajar en varias, hasta que concluye su vida como editor de revistas, nada menos que dirigiendo la gran revista venezolana de la cultura, que fue la Revista Nacional de Cultura. Esta primera es una revista, si se quiere, por obviamente mucho más juvenil, menos acabada que aquella que va a dirigir ya viejo y siendo un hombre más que maduro.

Luego se traslada a Caracas en 1936 y allí comienza a frecuentar las tertulias de poesía que ocurren en Caracas y que comienzan a animar Ángel Miguel Queremel, Luis Fernando Álvarez y José Ramón Heredia, poetas muy apreciados, y él se suma, siendo el más joven del grupo, a estas tertulias de donde va a surgir el Grupo Viernes, también integrado por Pablo Rojas Guardia, por Óscar Rojas Jiménez, por Pascual Benegas Filardo y algunos otros poetas venezolanos. Viernes fue un grupo importante que introdujo cambios significativos en la poesía venezolana, como veremos más adelante. A su vez se desempeña como secretario del Consejo Municipal de Caracas y da un paso más en su tarea de redactor, revistas y diarios porque ingresa como redactor en el famosísimo Diario Ahora.

Su inmersión en la vida caraqueña literaria a través de Viernes va a ser a fondo y en 1937 publica su primer poemario, Vigilia del Náufrago. Es un primer libro, se puede decir que allí hay algunas de sus primeras obsesiones temáticas, pero no se puede decir que es un libro acabado; es un libro inicial, que he leído a la distancia. Es el primer libro, pero sin embargo allí están algunas de sus obsesiones y se van a repetir muchas veces, donde sí comienza a asomar el gran Gerbasi en Bosque doliente en 1940, su segundo libro, y allí vamos a leer, por ejemplo, una estrofa como esta:

"Todo mi ser dormía en la celeste morada de los estanques –como si en mí los días movieran un jardín encantado– y veía pasar las aldeas hacia un atardecer de olvido en el silencio de los lirios y del río".

Fíjense lo que ya está aquí, en este poema. Aquí ya está el gran Gerbasi, me refiero al Gerbasi musical, al que tiene un gran oído y logra escribir y estructurar los versos con cadencias. Son versos bíblicos que corren, que se escuchan con sonoridad.

Una sonoridad tan exacta que pareciera que no hubiera sido posible escribirlos de otra manera. Todo mi ser dormía en la celeste morada de los estanques como si en mí los días movieran un jardín encantado. A esto me refiero, a esta cadencia, esta adicción del verso largo que tiene una belleza y un lujo verbal que ya comienza a aparecer. Es entonces la aparición de lo que podemos llamar su exactitud verbal, su esplendorosa exactitud verbal. Diríamos sin equivocarnos, creo, que en este libro, en Bosque doliente en 1940, Gerbasi, con su tono, con su voz, no le hace concesiones al criollismo para nada, a su retórica, sino que es un tono que comienza a señalar un camino expresivo de lo propiamente americano sin hacerle concesiones a la retórica criollista.

Sin embargo, al grupo Viernes le llueven algunas críticas. ¿Por qué? Que se les señala que es un grupo cosmopolita, como si eso pudiese ser una acusación. Esto causa risa hoy en día, pero se los señalan desde el criollismo y le dicen: ¿cómo es posible? Ustedes son cosmopolitas, son lectores de autores extranjeros. Bueno, estas no son propiamente unas críticas, pero dan una pauta en lo que venía haciendo Viernes.

Viernes estaba introduciendo la poesía venezolana a la gran poesía universal, eso incluía el surrealismo y ahí incluía una cantidad de autores que aquí se conocían poco, sobre todo de otras lenguas porque muy pocas personas hablaban otras lenguas, y eso era lo que ellos venían haciendo. Y entonces se les acusa desde dos atalayas: se les acusa por falta de criollismo y se les acusa por alejarse del español, como si el español fuese una cátedra o un corsé, un régimen lingüístico que tuviese que respetar a pie juntillas, cuando, más bien, las lenguas son, como sabemos, una feliz combinatoria de muchísimos factores.

Lo vamos a encontrar en 1943 publicando también Poemas de la Noche y la Tierra, pero de este y de otros de sus libros vamos a seguir hablando en nuestra próxima parte del programa. Ya regresamos con Vicente Gerbasi. Hablábamos antes de Poemas de la Noche y de la Tierra, 1943, de Vicente Gerbasi.

Allí podemos afirmar que el poeta da un paso adelante en la definición de sus obsesiones y a que se decanta su sentido cósmico, su sentido lo lleva a articular una mirada humilde, asombrada frente a las operaciones de la naturaleza. Él es un observador, está trabajando con su infancia y el niño solitario que veía las operaciones de la naturaleza e incluía el cosmos también en el cielo o firmamento de las estrellas. Y allí se va afianzando ese sentimiento que él tiene de lo ínfimo de la humanidad frente a la magnitud de los astros y las constelaciones.

Y también comienza a aparecer uno de sus grandes aportes, vamos a llamarlo de esa manera, a la lírica hispanoamericana, me refiero a la transmutación que él hace de los hechos crudos que él observa en la naturaleza en acontecimientos mágicos. Allí está el mago Gerbasi que comienza ya a sacar conejos del sombrero y comienza a ver lo que los otros no vemos. También este libro aparece con fuerza al escenario de la noche como un escenario privilegiado, obra de él, vinculado con el misterio. Uno de los poemas de este libro que se titula "Canto a la naturaleza en la noche", él dice: "La noche del milagro espera en nuestras almas porque en nosotros duerme la rama del relámpago, el sueño milenario de hacerla maravilla, así como la noche con sus cálidos aires dora entre los ramajes la forma de las pomas".

Bueno, aquí está además de esa dicción bellísima una consustanciación con la naturaleza. Allí hay un misterio en la naturaleza que él trata de explicarse y se considera asimismo como una partícula ínfima en ese mecanismo de relojería, el universo. Digamos que comienza entonces a expresarse lo que algunos críticos han llamado la poesía cósmica de Gerbasi. Otros lo han señalado como su sesgo religioso, otros lo han señalado como el magicismo en la obra de Gerbasi.

En cualquier caso, cualquiera de las tres vertientes que escojamos tiene como epicentro la observación de las operaciones de la naturaleza y, por supuesto, el lujo verbal, esa estética de la frase redonda, musical, larga, generosa, distendida, como él mismo dice, como la rama un relámpago; es decir, preciosa, luminosa, precisa. Son versos libres, obviamente, que empiezan a hallar su propia partitura en este libro; ya uno advierte una partitura personal donde terminan los versos, donde se parten, cómo se concatena. Ya empieza allí a funcionar. Sin embargo, pasa algo extraño ese mismo año de 1943 y es que publica Liras. ¿Por qué publica Liras?

Que es un libro que sale en todo este registro y pasa a ser un libro con estrofas de cinco versos, con versos que riman el primero con el tercero y el segundo con cuarto, quinto. Estoy hablando de versos heptasílabos y endecasílabos como los cultivaban Garcilaso o San Juan de la Cruz. ¿Por qué hace esta concesión? Es muy probable lo haya hecho para decirle a sus críticos que él sí sabía escribir versos rimados de acuerdo con las pautas ortodoxas, que sí sabía, pero no quería hacerlo.

Yo entiendo Liras como eso, como una demostración a la crítica que recibía, que él sí sabía hacer esa poesía que le estaban reclamando que hiciera. Publica Liras y nunca más vuelve a la rima porque es natural, ya para 1943 era una camisa de fuerza que los poetas, los buenos poetas, digamos, toleraban difícilmente, aunque por supuesto grandes sonetistas hubo y todavía hay y alcanzan buenos poemas dentro de los parámetros de la rima y las fórmulas clásicas, vamos a llamarlo así, pero Gerbasi estaba en otro proyecto. Entonces está ese libro como un paréntesis extraño en el desarrollo de su obra.

El libro que le sucede es uno de los grandes libros de la poesía venezolana y de la poesía escrita en español en América Latina. Me estoy refiriendo a Mi padre, el inmigrante, un libro de 1945 en el que Gerbasi alcanza la cima de su discurso poético. Es un poema largo en el que él dialoga con su padre fallecido, en lo que pasa revista a la experiencia americana desde dos ojos: los ojos de su padre, el inmigrante, y está viendo este mundo tropical por primera vez, y los ojos de él, que ya nace en este mundo tropical pero que también se desdobla para verlo desde la personalidad del padre. Es un poema regio, monumental, y también trabaja el poema la trama entre el maestro y el discípulo, trabaja la rendición de cuentas entre las familias dentro de un ciclo tácito de consolidación civilizatoria, pudiéramos llamarlo.

¿Qué hay allí? Es una totalidad metafórica, una claridad meridiana. El trabajo con la noche que ya habíamos señalado y ahí se va creando toda una atmósfera, hay un clima extraordinario en Mi padre, el inmigrante, del que voy a leerles un pasaje que dice: "Yo iniciaba la era de las puertas; había puertas para los hombres y puertas para los caballos y puertas para los muertos; y vi que las hormigas abrían puertas en la tierra y que las aves abrían puertas en los árboles, y la noche cerraba las puertas de las casas".

Aquí estamos frente, como les decía, a este gran poema que da cuenta del padre y el hijo, que trabaja lo específico americano en su vertiente tropical venezolana, que trabaja la noche, soledad, infancia y melancolía. El espacio forestal, los animales, los cuerpos zoológicos, que trabaja, por supuesto, todo lo que vengo diciendo, el microcosmos de Canoabo que está aquí en lo que pudiéramos llamar su apogeo, su absoluto apogeo. A Mi padre, el inmigrante le sigue otro gran libro, que son Los espacios cálidos.

Los espacios cálidos es una vuelta de tuerca más en el camino de la gran poesía gerbasiana. Sigue estando en Canoabo, ya no está centrado en el padre sino en ese gran universo, su pueblo natal y su aldea. Se articula todavía más finamente la mirada infantil del poeta que va posándose sobre los objetos, sobre aquel cosmos que él intuye que es más de un cosmos y que es una realidad con resonancias metafísicas. Lo que él ve hay algo más allá de lo que él está viendo, por eso se esmera en la búsqueda de las claves sobre este mundo.

A Los espacios cálidos le sucede Círculos de trueno, de 1953, y Tirano de sombra y fuego, en 1955. Este es otro registro que no constituye lo mejor de Gerbasi, pero son unos poemarios respetables, por supuesto. En Tirano de sombra y fuego va a trabajar la figura del tirano Aguirre, del que hemos hablado en otros programas de Venezolanos, pero digamos, y en Círculos de trueno trabajan las faenas de salinas de Zipaquirá en Colombia.

Pero digamos, son poemarios exterioristas donde él está trabajando con un mundo exterior que está poetizando, pero ese mundo no ha decantado en él a lo largo de años desde la infancia, como sí ocurre con el mundo que él trabaja en Mi padre, el inmigrante y en Los espacios cálidos. Que el lector tiene la sensación de que el mundo que se está trabajando allí decantó plenamente, no es una investigación reciente, sino siendo un hombre joven él que escribe, pareciera ser un anciano que ha metabolizado todo ese mundo de la infancia y puede cantar lo que puede expresarlo con aquella extraordinaria belleza verbal.

Luego, en 1958 publica Por arte de sol, que vendría a ser como una coda de Los espacios cálidos. Y también en 1958 se profundiza algo ya no poético, pero sí laboral, que él venía desempeñando desde antes. Se había iniciado como agregado cultural en Haití, había estado en Bogotá. Después vino la dictadura militar de Pérez Jiménez, él sale del servicio exterior. Durante esos 10 años se dedica a diversas tareas, revistas literarias, sobrevivió y levantó una familia como decorador de interiores o periodista, desempeñó muchísimas tareas para sobrevivir, hasta que con el advenimiento de la democracia a partir de 1958 y la victoria electoral de Rómulo Betancourt, Gerbasi vuelve al servicio diplomático. Y lo vamos a tener ya en rango de embajador en Israel, en Polonia, en Dinamarca, y un largo periplo de embajador que le toma cerca de 20 años en estos países que he señalado, desarrollando unas tareas ejemplares como embajador. Esto también hay que señalar.

De ese período serán dos libros, Olivos de eternidad, en 1961, y Poesía de viaje, en 1968. Hagamos una pausa y regresamos con la segunda parte de la poesía de Vicente Gerbasi, cuando ocurre un cambio en su manera de hacer poemas. Ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa que vamos a ver ahora un cambio, una adición en las estructuras de los versos en la poesía de Gerbasi. Siguen siendo sus obsesiones temáticas las que están presentes, pero hay otra manera de decirlas, y eso comienza con un poemario titulado Edades perdidas, de 1981. Los versos comienzan a ser menos largos, podemos decir que el tono de la elegancia cadenciosa que había antes va cediendo frente a la magia de la desnudez del verso. Cada vez este verso es más corto, como les decía, es un cambio formal de dicción o construcción, pero las imágenes son de sus obsesiones temáticas siempre. Lo que ocurre es que ahora las imágenes están más limpias y despojadas, tiene más limpieza en la manera de decirlas.

Se acaban los versos largos, pasamos a versos cortos, hay menos adjetivación y un mayor despojo. Es muy curioso porque es una metamorfosis que él experimenta sin cambiar su universo. Su universo sigue siendo el de siempre, pero ahora lo está expresando de un modo más despojado, más breve. Por ejemplo, escuchemos este poema: "Existo por razones del espacio. Me atrae el agua y sus ramas de fuego. Visiones, astros. El paraíso terrenal decorado con pavos reales de colores como flores y cometas. Cuando el tigre salta". Aquí están los pavos reales, el paraíso, las ramas de fuego, el espacio o el tigre que salta, pero está dicho de otra manera.

Digamos que en la obra de Gerbasi vamos a encontrar cuatro etapas después de visto este recorrido que hemos hecho. En la primera etapa se inicia con aquel primer libro de 1937 y concluye con Liras, de 1943. La segunda es la etapa de plenitud, donde la crítica e historia de la poesía venezolana considera que está lo mejor de Gerbasi, en la etapa donde están Mi padre, el inmigrante, 1945, Los espacios cálidos, 1952, y concluye con Por arte de sol en 1958. Hay una tercera etapa que pudiéramos llamar la de transición, que está formada por Olivos de eternidad, Retumba como un sótano del cielo, que es de 1970. Y hay una cuarta que es esta, que comienza con Edades perdidas y concluye con Los oriundos del paraíso en 1994.

Esta última etapa es la etapa del despojo verbal, del verso corto, de los poemas muy breves donde se nota un cambio notablemente acentuado. ¿Será que esto ocurre? Porque el poeta va despojándose en la vejez, en su camino hacia la muerte, y se va condensando, yendo al grano. Va despojándose de cualquier estructura poética prolija, tiende a la desnudez o a lo preciso, abandona en buena medida muchas de sus metáforas. Estamos hablando de Edades perdidas, de Los colores ocultos, que es de 1985, Un día muy distante, que es de 1988, y El solitario viento en las hojas, de 1989. Estos cuatro libros son como un solo libro con cuatro momentos distintos.

Los cuatro responden a la misma respiración o música, el mismo dibujo, pudiéramos llamarlo gestualista para utilizar una metáfora de las artes visuales. Es como un ejecutor de mandalas, es decir que con pocas pinceladas quiere crear un universo para el que antes necesitaba muchas más pinceladas, y es un poeta que viene despojándose en esa etapa. Y llegamos a Iniciación en la intemperie, que es un libro de 1990, allí el autor se propone, digamos, otro ajuste de cuentas.

En relación con la estructura anterior hay allí una vuelta al asombro de la intemperie, de la vida en aquel pueblo inicial. Este libro es como un regreso a esa poesía ontológica que animó la primera etapa y aquí se profundiza mucho en Iniciación en la intemperie el sesgo religioso de la poesía de Gerbasi. Y estamos hablando de religiosidad en la medida que el vocablo expresa el religare, es decir, unir algo no estaba unido a partir de la perplejidad. No se trata de una poesía religiosa en el sentido clásico, sino de una poesía religiosa porque el poeta quiere restablecer un vínculo con el cosmos para entenderlo y que desde ese vínculo surge a la luz.

Eso es lo que él insiste mucho en este libro y lo logra con gran belleza y con estos versos despojados que venimos señalando. En 1991 publica Diamante fúnebre, un libro conmovedor que respira la herida de la muerte de su esposa y compañera de toda vida, Consuelo Horta. Y él dice en un poema bellísimo lo siguiente: "En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ruego que mi esposa Consuelo, quien murió el 3 de abril de 1990, y en casa era la mujer de los helechos, pueda ahora cultivar un jardín del paraíso". Este poema hermoso, conmovedor.

Ya Gerbasi se preparaba también para la muerte, padecía de un cáncer, sabía que sus días estaban contados, y un año después, el 28 de diciembre de 1992, el Día de los Inocentes, como tenía que ser en el caso de Vicente Gerbasi, pues Vicente se suma a esas tareas de cultivar un jardín del paraíso, tareas en las que se le había adelantado Consuelo apenas un año antes. Entonces dejó inédito Oriundos del Paraíso, un libro que se publica inmediatamente, lo recuperan de sus mesas de noche, su hijo Gonzalo Gerbasi.

Entonces yo dirigía a la editorial Montevil Editores y Gonzalo me lleva el manuscrito y de inmediato lo publicamos, Los Oriundos del Paraíso, un bellísimo libro que cierra toda la obra gerbasiana, que constituye sin la menor duda uno de los ciclos luminosos de la poesía venezolana. Y es un libro también conmovedor, ya como tocando a la puerta ese paraíso al que ha llegado su esposa Consuelo y para el que él se está preparando para penetrar allí.

Bueno, Gerbasi muere. Revisando su parábola vital, advertimos que el integrante más joven del Grupo Viernes, el muchacho del grupo, ¿qué va a hacer Vicente Gerbasi? Va a ser de todos los que alcance la obra más completa y con las facetas más hermosas, digamos así. No desmerezco para nada la poesía de los otros integrantes de Viernes, pero es un hecho verdadero e incontestable que en la poesía de Gerbasi, que él no abandona nunca y que la cultiva en cualquier circunstancia, viviendo en Venezuela o viviendo fuera, en sus labores diplomáticas va a representar uno de los grandes conjuntos poemáticos de la historia de nuestra lírica, y allí va a estar.

Allí va a estar el Gerbasi, le da vida este verbo aún no bautizado en su momento histórico, me refiero a la circunstancia americana, él va a continuar, por decirlo con mayor precisión, la tarea que inaugura Bello, Andrés Bello, con su silva a la agricultura de la zona tórrida, haciendo el inventario del americano. Pero por supuesto, Gerbasi muchos años después no está haciendo un inventario sino estaba trabajando psicológicamente ese mundo americano y cómo ese mundo encuentra resonancias interiores, cómo ese mundo va tejiendo dentro de sí mismo toda una circunstancia.

Él mismo lo dice cuando Gerbasi se incorpora como individuo de número en la Academia Venezolana de la Lengua el 30 de octubre de 1989, tres años antes de morir, y su discurso de incorporación, yo me atrevo a afirmar que es el más corto que se ha escrito y publicado como discurso de incorporación a la Academia de la Lengua. Yo voy a leerles unos párrafos de ese discurso porque es una pieza de altísima importancia. Dice Gerbasi en este discurso que se titula "La poesía es una oración". Dice: "La poesía es una ecuación estética en la que van implícitas una gran carga vivencial y poderosas ráfagas de intuición creadora.

No cabe duda que en la solución de esta ecuación contribuye la sensibilidad. En esta radican las posibilidades de ser poeta, pero la sensibilidad por sí sola no basta. Es necesario ahondarla, depurarla, impregnarla de entusiasmo creador y esto se logra mediante el estudio y la meditación, es decir, mediante trabajo". Este párrafo redondo y perfecto.

No solo es válido para la poesía, es válido por casi todas las actividades humanas. No basta el talento, no basta la intuición creadora, se requiere, como él dice, de estudio, meditación y trabajo para poder modelar, para poder darle forma a ese talento que está allí. Dice también en ese mismo discurso: "El trabajo fundamental del poeta es descubrir su propio ser, su propia alma. Poner en evidencia con todo el poder de sus sentidos las experiencias que yacen en la luz y la sombra de sus abismos psíquicos". Bueno, gran reflexión la de don Vicente en este discurso y continuaremos con él porque hay algo más en ese discurso que tenemos que referirles ya en la última parte del programa. Regresamos en unos minutos.

Decíamos antes que Gerbasi, don Vicente, nuestro querido amigo, por cierto, cuando se incorpora a la Academia Venezolana de la Lengua pronuncia el discurso "La poesía es una oración". Les leí dos párrafos en la parte anterior y ahora concluyo con dos párrafos más de este discurso, dice allí: "Hasta que se llega a la síntesis mágica. Todo ser humano no es un poeta, pero son muy pocos los seres que hacen poesía y esto no quiere decir que la mayoría de los hombres no pueda hacerla. No lo hacen porque no se dedican a ese difícil ejercicio, extremadamente complejo tanto desde el punto de vista psíquico como del punto de vista estético, si se toma en cuenta uno de los factores fundamentales que constituyen el mundo de la poesía, cuál es el lenguaje.

Habría que decir que la poesía es la más alta forma de la expresión del hombre. Ya aquel lenguaje... El medio con que nos comunicamos es la más depurada forma de superación de la naturaleza". Esto es profundo, esto es filosofía, esto es un hombre que ha decantado una experiencia de muchos años y se está incorporando a la Academia viejo, con un camino ya recorrido, pero con gran claridad en relación con lo que ha sido el epicentro de su vida creadora, que es la poesía.

Gerbasi también escribió ensayos, también fue periodista y escribió muchas reseñas de libros, pero lo central de su vida y obra creadora va a ser la poesía. Vamos a revisar ahora dos opiniones que me han llamado mucho la atención en un libro homenaje a Vicente Gerbasi publicado por la Universidad Metropolitana y su Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri. Me refiero al libro homenaje a Vicente Gerbasi, allí hay dos trabajos.

Son todos los trabajos muy buenos, pero hay dos que me han llamado la atención por lo que agregan. Me refiero a un trabajo del investigador Tosca Hernández, que voy a leerles unos fragmentos. Es cierto que en la obra poética de Vicente Gerbasi se pueden captar claramente las posibilidades de transformación y trascendencia que permite el crear continuamente estando en soledad. Aquí está el punto que ella quiere señalar.

Sigo, pero después de este recorrido sospecho que desde el inicio el poeta tenía condiciones especiales para hacerlo. Creo que él, volviendo a los arquetipos, porque ya está haciendo una lectura de la poesía gerbasiana desde los arquetipos y de la psicología arquetipal, y dice: tuvo desde siempre dos energías arquetipales que orientaron su creación y le otorgaron esa visión luminosa que sabe las cosas por comprensión directa. Esto es muy importante. Y estas son la del mago y el amante.

Ese arquetipo del mago al que se refiere Tosca, ¿cuál es? Y dice ella: el mago es el que gobierna el ritual, en el caso del poeta el ritual de la palabra, dirigiendo el proceso de transformación interna y externa. Es el arquetipo de la conciencia y de la intuición, modelo de conocimiento, todo aquello que se oculta tras las apariencias y el sentido común. Por otra parte, ella misma señala el arquetipo del amante, cómo es, y dice: es aquel que posee una conciencia estética de su trabajo o de su entorno y puede leerlo como un libro abierto. Su sensibilidad por todas las cosas va acompañada por la pasión, así que las relaciones que establece no son de naturaleza intelectual, sino a través del sentimiento.

Es el hombre que quiere tocar y ser tocado, desea experimentar la relación que siente entre el poderoso mundo interior de sus sentimientos y el mundo exterior de las relaciones interpersonales. Y fue esta energía la que le permitió desde siempre, reitero, conectarse con su entorno con tal intimidad, y ella aquí coloca comillas y cursivas, desde el pensamiento del corazón. Son los dos puntos que Tosca quiere señalar, que Gerbasi ha hecho esta obra por su estado de soledad. Hay un estado de soledad que es creativo y que propende a la creación, y en él anida, según ella, el pensamiento del corazón, porque lo poseen dos arquetipos, el mago y el amante.

Es una lectura sumamente interesante que me ha parecido esclarecedora acerca de Gerbasi, sí, y desde una perspectiva no literaria, porque muchos de los trabajos que se han escrito sobre él son solo en la literatura. Este de Tosca Hernández lo mira desde la perspectiva arquetipal. Hay otro trabajo que permanece inédito, me parece, del doctor Fernando Rizquez, sobre Los colores en la obra de Vicente Gerbasi, pero permanece inédito; yo alguna vez le escuché en una conferencia al doctor Rizquez que había escrito ese trabajo, pero yo nunca supe que lo hubiese publicado. Y el otro que quiero señalarles es una lectura de Joaquín Marta Sosa que dice lo siguiente sobre la obra de Gerbasi.

Desde su primera obra publicada, Vigilia del Náufrago, la intención de Gerbasi, no del todo consciente entonces, es la de asumir como naturaleza el texto poético, el tono y el designio de la oración. Es decir, la palabra cuyo contenido y finalidad es la invocación radical del sentido, el ser y estar de sus misterios a ser pulsados y evocados, a partir de los cuales el lenguaje parte hacia lo otro superior, hacia el otro, el semejante prójimo, como tejido de comunión y relieve de lo común. Pues ya el náufrago comprende que su propósito mayor es el de la vigilia, que le permita auscultar enigmas, avisorar más allá de las fronteras de las limitaciones terrestres y carnales.

Con estas dos observaciones críticas sobre la obra de Gerbasi, de estudiosos de su poesía, concluimos este programa que me ha dado un gran gusto hacerlo porque Gerbasi fue un extraordinario amigo no solo de mi padre sino mío. Fuimos amigos, era la amistad de un viejo y de muchacho, pero que ambos nos apasionaba la poesía y la literatura y amábamos profundamente a nuestro país. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

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