Juan Liscano
Uno de los intelectuales centrales del siglo XX
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Esquina de Yaguno, en la parroquia Tagracia de Caracas, cuando faltan minutos para la medianoche del 7 de julio de 1915, estamos hablando del poeta, intelectual y escritor Juan Liscano Belutini. Su padre, Juan Liscano; su madre, Clementina Belutini Couturier; como vemos, apellidos venezolanos pero de otros orígenes. El apellido Liscano es de origen vasco, probablemente, y el apellido Belutini es evidentemente corso, de la gran inmigración corsa a Venezuela a mediados del siglo XIX, asentada mayoritariamente en el oriente del país.
El abuelo es Juan Liscano, va a ser un hombre importante de la política de finales del siglo XIX y principios del XX. Estamos hablando del general José Antonio Belutini-Rome, pero no es del general que venimos a hablar sino del nieto. El nieto, como les decía, va a nacer en Caracas y va a experimentar muy tempranamente la ausencia del padre. Su padre, del mismo nombre, fallece en 1918 cuando Liscano tiene apenas tres años.
De tal modo que hablamos de un huérfano de padre, lo que ya va dibujándonos un rasgo de su personalidad. Va a estudiar sus primeras letras con los hermanos de La Salle en Caracas. Poco tiempo después, siendo un niño, la madre de luto decide irse un tiempo a vivir a París y allí se lleva al niño. Esto va a ser importante porque va a aprender la lengua francesa, al igual que la lengua materna, el español, desde muy temprano.
Cuando regresan de París, la madre inscribe al niño en el legendario Colegio San Ignacio, en Caracas, el colegio de los jesuitas. Luego viene un segundo viaje a Europa y ya no va a ser en París donde esté el niño sino en Suiza y allí va a estudiar en el Liceo Jaccard, en Lausana, porque la familia se ha asentado en Ginebra. La madre, que ha enviudado como dijimos antes, se casa de nuevo con el médico sanitarista Luis Gregorio Chacín Itriago. Ya en 1929 estamos hablando de un adolescente, en el caso de Liscano.
Ese adolescente va a encontrar por primera vez el camino de la literatura, curiosamente en un liceo en Lausana, Suiza, cuando un profesor de origen español, un republicano, Aurelio Jiménez, como se llamaba, le abre las puertas de los clásicos españoles. Y aquel muchacho adolescente, a los catorce años, lee por primera vez a Salinas, a Guillén y García Lorca. Pero también lee a los poetas malditos franceses, Rimbaud, Baudelaire, y va entonces señalándosele un camino o una vocación en el primer escalón de esa larga escalera que es la vocación de un escritor.
Él mismo recordaba esos años en Suiza en conversación con algún periodista que lo entrevistó, de la siguiente manera. Dice Liscano: "Debo decirle que si yo tuviera que cristalizar un momento de felicidad sería la de mi permanencia en el Liceo Jaccard. El año y medio que pasé interno en esa institución me resulta inolvidable. Me enriqueció desde todos los puntos de vista".
Esto se lo dice Liscano a Arlet Machado, que publicó un libro de entrevistas con un Liscano muy bueno que se titula El apocalipsis según Juan Liscano. Claro, quien está hablando es ya el Liscano de madurez. Es un libro de la década de los años ochenta y luego ocurre otro cambio en la formación del muchacho cuando lo trasladan a otro internado en Normandía, en Francia, que se llamaba, todavía existe por cierto, Le Collège de Gaulle.
En ese colegio se formaban las élites francesas y las élites pudientes latinoamericanas, que era el caso de nuestro personaje de hoy. Va a estar un buen tiempo hasta que su padrastro fallece en 1934 y se impone el regreso a Venezuela. En 1934 ya Liscano cuenta diecinueve años y regresa a su país; como vemos, ha estado en Venezuela de manera intermitente porque hemos referido tres estadías europeas de estudios allá. Esa etapa de infancia y adolescencia hace de Liscano un futbolista: toda su vida fue un apasionado del fútbol, lo practicó durante su infancia y adolescencia y siguió el fútbol por televisión siempre; era un fanático del fútbol.
En 1934, como les decíamos, va a regresar a su país; ha muerto el padrastro, la madre decide regresar. Y el joven, ya en Caracas, se inscribe en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela; aún vive Juan Vicente Gómez, que va a morir, como sabemos, el 17 de diciembre de 1935. Ese joven de diecinueve años, ya despertado en literatura de la mano de un profesor en bachillerato, va a conocer la escritura de un poeta que lo deslumbra, el poeta áspero Antonio Arráiz. De quien será un amigo o un discípulo importante, porque Arráiz era mucho mayor que él.
¿Qué queda de aquellos años en que intenta los estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela? Pues la amistad muy cercana con Luis Emilio Gómez Ruiz, el recuerdo de las clases de Caracciolo Parra Pérez, que lo deslumbraron. La asignatura Antropología Cultural que dictaba entonces Miguel Acosta Saignes y le señaló un camino. Y el comienzo de la amistad con el profesor de Economía Política, que era el joven Arturo Uslar-Pietri.
Pero poco a poco va advirtiendo que los estudios de Derecho no forman parte de su vocación ni de lo que quiere desarrollar en el futuro con su propia vida. Tiene una participación estudiantil importante, no obstante: se inscribe en la Federación de Estudiantes de Venezuela en 1936, participa como redactor en el periódico Acción Estudiantil, comienza a publicar artículos en la revista Élite y en el diario Ahora. Y comienza a verse su nombre, Juan Liscano, como un hombre de las jóvenes promesas literarias venezolanas.
Hasta que llega el año de 1937, ya en tiempos de la presidencia de Eleazar López Contreras, y se produce una ruptura en la psique del joven Liscano. ¿En qué consiste? Abandona el hogar de la madre y deja los estudios de Derecho. Allí se produce una ruptura con la madre, que quería, comprensiblemente, que el hijo fuese abogado, se defendiese en la vida, lo que siempre sabemos de las madres en relación con los hijos y de los padres también, pero en este caso Liscano era huérfano.
Esto lo lleva a romper con ella y se interna en el cerro de El Ávila, donde un tío, Andrés Belutini, tenía una casa de una hacienda. Allí va a vivir unos meses solitario, buscando sus raíces, probablemente en contacto con la naturaleza. Fue allí, subiendo y bajando de El Ávila a Caracas, cuando conoció a un caricaturista de nombre Manuel Antonio Salvatierra, quien le regala un libro que va a ser esencial en la formación de Liscano. Estamos hablando de la obra de D. H. Lawrence, a quien Liscano va a considerar toda su vida como maestro.
Y él va a decir de Lawrence lo siguiente, y hablando Liscano vamos a entender por qué fue tan importante para él. Esto lo va a decir muchos años después en un libro de ensayo extraordinario que se titula Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa. Dice Liscano de Lawrence: "Opuesto como era al cristianismo se volvió hacia los pueblos antiguos, celtas y etruscos, hacia las religiones paganas, los mitos de la Antigüedad, los misterios mediterráneos, los cultos animistas, los rituales de iniciación, muerte y renacimiento. Los dioses oscuros de los indios mexicanos —los dioses del antiguo Egipto— mezcló ese conocimiento con su amor a la vida —su vehemencia existencial—, su pasión por la naturaleza".
"Su respeto por la sexualidad, a la cual quería remozar en las aguas del origen, en las nupcias con el cosmos".
¿Por qué es tan importante? Bueno, porque a lo largo del programa advertiremos que esto también fue lo que hizo Liscano. Fue un indagador permanente, un buceador en aguas profundas de la forma y la espiritualidad, distintas al catolicismo imperante, que no lo negaba tampoco porque Liscano fue un cristiano, pero tocaba y abría puertas diferentes de acuerdo con su curiosidad. Pero estos y otros aspectos en la vida de este venezolano extraño, singular y sumamente valioso para nuestra vida cultural los vamos a seguir revisando en la próxima parte del programa. Ya regresamos.
Decíamos antes que Liscano se interna en el cerro de El Ávila, una hacienda de un familiar, buscando entrar en contacto con la naturaleza, y este afán no lo abandona porque muy poco tiempo después, en 1938, vamos a verlo hacer lo mismo pero ahora más lejos. Viaja al lomo de mula hasta la Colonia Tovar. En ese entonces era la única manera de llegar a la Colonia Tovar, a través de los caminos de los animales, de las mulas o de los caballos, y allí va a llegar Liscano a vivir un tiempo buscando sus raíces.
Es una suerte de viaje adánico que él está haciendo. Allá llega en 1938 con el objeto de escribir un ensayo que tenía título La crisis individual del venezolano, pero que nunca publicó; no sabemos si se conserva el trabajo. En todo caso sí escribió su primer libro de poemas, que se tituló 8 Poemas, publicado en 1939, y que abre la puerta del Liscano poeta, una obra con muchos títulos, más de 20, publicados entre 1939 y 1999. Estamos hablando de 60 años de publicación de poemarios.
Le refiere al periodista argentino Tomás Eloy Martínez, Liscano su experiencia en la Colonia Tovar y le dice: "En esa experiencia de dos meses descubrí mis vinculaciones profundas con el pueblo venezolano, con la copla, con el arpa y con los jolgorios del sábado por la noche a la luz de las velas. En ese paraje nacieron los ocho poemas, que eran una alerta imprecatoria contra la vida en la ciudad, y me convertí en folclorista", y eso es cierto por cierto de este libro.
Cuando publicó 8 Poemas va a recibir una carta de otro joven político en crecimiento que se llamaba Rómulo Betancourt. Esa carta es el comienzo de una amistad muy sólida entre ambos a lo largo de la vida de los dos, y tiempo después será Liscano el que escriba una semblanza biográfica de Rómulo Betancourt. Al regreso a la Colonia Tovar lo vamos a hallar fundando una revista literaria con Guillermo Meneses y el caricaturista que aludimos antes, pero esa revista se llama Cubagua, tuvo muy pocos números de existencia, circuló poco; fue una vuelta de tuerca más en las tareas de Liscano con la literatura, pero tampoco lo abandonaba la indagación folclórica.
Ya había sido picado por esa curiosidad y esto lo lleva a una aventura que entonces no era fácil: se va en carro a Bogotá y luego a Quito, y va grabando por el camino manifestaciones culturales. Va tomando fotografías, una especie de naturalista que va registrando la música del folclore y el paisaje, y hasta que llega a Quito se fascina con esta experiencia. Y cuando regresa a Venezuela toma una decisión importante, y es la decisión de dedicarle buena parte de su tiempo a esto.
Compra un sofisticado equipo de grabación para la época, obviamente, y una camioneta rústica, un cuaderno y un lápiz, y se va por los pueblos del país recogiendo las manifestaciones folclóricas, dancísticas y musicales del pueblo venezolano. Él no sabe en ese momento que lo que está haciendo es el prólogo de los estudios del folclore en Venezuela. De estos años también, en 1940, datan sus primeros encuentros con Armando Reverón, con quien tuvo una amistad estrechísima. Liscano llegó a comprar alrededor de 10 obras de Reverón.
Reverón, cuando venía a Caracas, solía quedarse en el estudio de Liscano; Liscano pernoctaba con frecuencia en El Castillete. Fue una amistad que se fue acendrando. Al año siguiente, en 1941, sigue su participación en la vida cultural; funda el grupo Presente junto a Pedro Veróes, y en el 42 va a publicar Contienda, que es un libro que ya lo señala como poeta de mayor entidad.
8 Poemas fue un libro mal recibido por la crítica; Contienda tiene otro tono y tiene ese tono que recoge él desde su experiencia como folclorista. Voy a leerles unos versos: "Toro sol de mi pueblo mestizo, reciente y antiguo, de mi pueblo de hombres de arcilla, de plumas, de aceite, que buscan el orden del trigo, del pez, de la llama. Toro padre, mugiendo en todas nuestras raíces, retozón en las llanuras y alegría en los ríos. Te vemos alzarte de tu suplicio, vivo, bien herido, joven como luz, intacto, perfecto y renacido".
Otro punto importante va a ocurrir en 1943. ¿Por qué? Porque ese es el año, en agosto, de la fundación del diario El Nacional y el primer director del periódico es el poeta Antonio Arráiz, que invita a Liscano a fundar el papel literario del diario, una institución cultural en Venezuela hasta el sol de hoy. Liscano va a ser el director del papel literario entre el 22 de agosto de 1943 y el 23 de julio de 1957; después lo va a dirigir un año más, entre 1958 y 1959. Allí emerge Liscano, periodista cultural, ensayista, director de publicaciones culturales, literarias y de ideas.
También va a ocurrir que a partir del 18 de octubre de 1945, aquel amigo que le escribe una carta cuando publica su primer poemario llega a la presidencia de la República, me refiero a Rómulo Betancourt, y entonces Betancourt lo invita para que cree el Servicio de Investigaciones Folclóricas Nacionales, hecho que ocurre el 30 de octubre de 1946. Ese servicio se va a inscribir en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación. Entonces la directora de Cultura era la pintora Elisa Elvira Zuloaga y el ministro de Educación, Antonio Anzola Carrillo.
Comienzan los estudios del folclore con lo que Liscano ha venido recopilando en aquella camioneta y en aquellas grabaciones. Iba a ser esta oficina la que funde la Revista Venezolana de Folclore en 1947, y va a ser esta oficina, este servicio de investigaciones folclóricas nacionales, la que organice el legendario, se llamó exactamente, La fiesta de la tradición: cantos y danzas de Venezuela. Esto va a ocurrir con motivo de la toma de posesión de Rómulo Gallegos en febrero de 1948 y estaba previsto el festival para un día, 17 de febrero.
Pero tuvo tantísimo éxito que hubo de prolongarse 18, 19, 20 y 21 de febrero de 1948, cuando a casa llena, porque fue en el Nuevo Circo, se presentaron prácticamente todos los grupos de danza y música en Venezuela que Liscano había ido registrando durante todos los años anteriores, y que los había traído a Caracas para actuar por primera vez en la historia. En un solo acontecimiento musical dancístico, esto es un hecho para la cultura venezolana tan importante que llevó a Andrés Eloy Blanco, que era un hombre generoso, a decir lo siguiente: "Cristóbal Colón descubrió América y Juan Liscano a Venezuela".
Claro, era una diferencia importante porque, bueno, es una exageración, pero es una bella exageración decirlo porque había sido un trabajo asombroso para la gente. Tomen ustedes en cuenta que no existe la televisión, no se conocían ninguno de estos grupos; era la primera vez que unos intérpretes de joropo se escuchaban a unos intérpretes de polo margariteño, por darles algún ejemplo. Esto fue reseñado por toda la intelectualidad venezolana en su momento y también fuera de Venezuela porque, como les decía, fue un acontecimiento con motivo de la toma de posesión de Gallegos y vinieron personajes de todas partes del mundo. Estoy hablando de Archibald MacLeish, de Fernando Ortiz, de Juan Marinello o de José Bergamín y de Germán Arciniegas, etcétera, de modo que presenciaron aquel acontecimiento.
Muchos años después, Liscano, rememorando aquellos hechos, afirmó lo siguiente: "Yo creo que el festival me hizo muchísimo bien, muchísimo. Hasta entonces yo tenía el mapa de Venezuela en la cabeza, pero de repente logré convertir ese mapa en figuras danzantes. Fue una gran experiencia, una experiencia ontológica... Yo lo que viví fue una aventura para mí. El festival fue una realización propia hasta el punto de que el festival ha sido el único éxito en mi vida, con eso te digo todo. Los demás no son sino pequeños ruidos parciales, pero ese fue un logro total".
Cierto exagerado porque tuvo muchos otros logros en su vida, y cierto que aquel fue un gran logro, hecho cultural que todas las historias de la cultura en Venezuela reseñan como epicéntrico. En la próxima parte del programa seguiremos siguiendo, valga la redundancia, los pasos de Juan Liscano en este mundo. Ya regresamos.
Pero aquel sueño del folclore y del servicio nacional del que veníamos hablando, Servicio de Investigaciones Folclóricas Nacionales, para Liscano se va a ver interrumpido con motivo del golpe militar contra Gallegos en noviembre de 1948 y él va a pasar a otro tema porque, por supuesto, sale del gobierno. Comienza la dictadura militar con aquellos dos años de Carlos Delgado Chalbaud, viene el magnicidio, asume el poder Germán Suárez Flamerich y Marcos Pérez Jiménez, y Liscano pasa a colaborar con la clandestinidad. Allí establece unos vínculos importantes como el gran editor venezolano José Agustín Catalá; crean entre los dos Ávila Gráfica. Liscano lo respalda con apoyo económico en esa empresa, Catalá, como sabemos, va a ser el editor de ese libro intitulado Venezuela bajo el signo del terror, Libro negro de la dictadura.
Liscano no participa en el libro, pero sí es editor, hasta que en un momento del año 53 lo cita el jefe de la Policía Política, el temible Pedro Estrada, y lo hace presentarse a su oficina durante varios días seguidos, una suerte de método psicológico de sutil tortura, hasta que le hace saber que es mejor que se ausente del país. Liscano se va al exilio en abril de 1953, va a pasar cinco años en el exilio en París. Se va con su esposa, sus hijos y aquellos años van a ser agridulces. ¿Por qué? Porque el matrimonio va a empezar a tener dificultades pero, por otra parte, va a relacionarse con todos los venezolanos que están viviendo en París, en el exilio también.
Que es el caso de Manuel Caballero o René Harman, de Guillermo Sucre, de su hermano José Francisco Sucre Figarella. De Jacobo Borges, de Jesús Sanoja, de Rolf y Saguirre, muchos venezolanos que están allá y que van a formar parte de ese grupo en el exilio parisino. También va a trabar una amistad importante para el resto de sus vidas: es la amistad cercana con un joven poeta mexicano llamado Octavio Paz. Paz y Liscano serán amigos durante mucho tiempo y se frecuentarán esos cinco años en que viven los dos en París.
Estando allá, por cierto, en 1955 Liscano recibe en su casa la visita de Rómulo Gallegos. Gallegos se queda en casa de Liscano unas semanas, algunos dicen que algunos meses. De lo que sí hay testimonio es que viajan los dos, Liscano manejando y Gallegos a su derecha, sentado, por todo el sur de Francia. Liscano le va enseñando lo que ya él conoce de Europa y Gallegos va observando y hablando poco, como al parecer era, que hablaba poco; era un hombre como sabemos muy discreto.
Termina la dictadura y regresa Liscano en 1958 a Venezuela y comienza una etapa que él no tenía prevista. Y es esa etapa donde la intelectualidad venezolana, los artistas, deciden apoyar la insurrección armada, siguiendo el ejemplo de Fidel Castro en Cuba. Y Liscano decide hacer lo contrario, decide apoyar la Constitución de la democracia liberal representativa. Todo esto se tradujo en muy fuertes polémicas por la prensa; fue un período duro e injusto para Liscano porque sus pares, los cultores y los escritores lo fueron dejando solo.
Su vida se confinó a un gueto donde muy pocas personas estaban con él y la gran mayoría de la intelectualidad venezolana, que entonces era de izquierda, se enfrentó a Liscano en polémicas públicas duras, muy fuertes. En una de esas vueltas de tren, como quien dice, Liscano se separa, se casa de nuevo con Carmen Cárdenas Gómez y van a pasar una temporada en el país vasco francés donde Liscano va a escribir su poemario más importante, me refiero a Carmenés. Carmenés se publica en 1966, cuando ya la pareja se ha deshecho, y recoge toda la experiencia de esa vida en pareja. Y para la crítica, en términos unánimes, este es uno de los grandes poemas de la literatura erótica venezolana; es un poemario extraordinario, precioso, estremecedor.
Realmente a uno le faltan adjetivos para señalar a Carmenés. Voy a leerles unos versos de este extraordinario libro. Dice Liscano: "Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe, o será más bien que no lo oyen. Que lo cubre en susurro con que se aman. Que lo dispersa del soplo y que se dan. Se huelen, se gustan, se desean. La libertad que encuentran los deslumbra. Ascienden una isla espacial entre los astros. Pareja sin historia, pareja constelada".
Esto tiene mucha relación con las lecturas de Lawrence que señalábamos al principio, pero que ahora el poeta logra decantarlas en un discurso erótico poderoso y con extraordinarias imágenes. Y Liscano va avanzando, por otra parte, hacia una nueva ruptura en su vida, y es que en esa década de los años 60, cuando está publicando Carmenés, va a acceder a los libros del autor que representó para él una suerte de cataclismo. Me estoy refiriendo a Krishnamurti, este pensador de la India que en los años sesenta significó tantísimo para la intelectualidad en todas partes del mundo. En Venezuela, quien lo leyó o interiorizó y lo metabolizó fue Liscano.
Y comienza esta etapa esotérica orientalista en la poesía de Liscano y comienza a plantearse el dilema entre la espiritualidad y la literatura, que él va a resolver después en un libro memorable en 1976 que se titula de esa manera y que citamos antes. Pero el primer poemario donde está ya inmerso Liscano en las formulaciones orientalistas se titula Los nuevos días, es un libro de 1971 donde puede leerse los siguientes versos, que son muy elocuentes de lo que él está experimentando. Dice Liscano: "Debe haber un lugar en nosotros mismos donde cesa el combate de los contrarios y no se juega más a cara o cruz, donde las cosas brillan con su propia lumbre y la mirada resplandece en el silencio, dominios del doble blanco donde se unen el agua y el fuego sin violencia".
Este es un tema que a él lo va a obsesionar prácticamente, porque el tema es que a través de la literatura no puede llegarse a una unidad espiritual. Y esto lo mueve mucho, lo mueve psicológicamente, y por eso aborda el tema con tanta fuerza. En paralelo va a escribir un libro clásico de la historia de la literatura venezolana que es El panorama de la literatura venezolana actual, publicado en 1973. Es una historia de la literatura venezolana de su tiempo, pero un tiempo prolongado porque no solo incluye todo el siglo XX hasta el 73 sino lo que ha ocurrido en el siglo XIX, y es un libro que se ha reeditado varias veces, sumamente valioso.
En estos años vamos a conseguirlo también en plan de gerente cultural. El presidente de entonces, Carlos Andrés Pérez, le pide que presida la Comisión Organizadora del Consejo Nacional de la Cultura, eso hace Liscano, lleva todas las deliberaciones, los congresos se hacen y redacta la ley cuando queda constituido el organismo. Y el presidente Pérez le ofrece la presidencia del organismo, Liscano dice que no. Que esas no son sus tareas, que él es un poeta o un intelectual y que eso debe desempeñarlo otro tipo de persona. Y eso es lo que va a ocurrir; sin embargo, le acepta a Pérez participar en la junta directiva de Monte Ávila, de la que va a ser director general durante varios años, entre 1979 y 1984.
Ya en otro gobierno, el gobierno de Luis Herrera Campins, aquí tenemos entonces ya al Liscano creador de organismos. Habíamos señalado antes al Liscano fundador de suplementos literarios y de revistas, porque la revista Zona Franca se funda en 1964. Estos y otros aspectos ya finales los veremos en la última parte del programa. Es este programa celebratorio de la vida de Liscano, quien está cumpliendo este año su primer centenario. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que Liscano funda Zona Franca, una revista de ideas y literatura. En 1964 esta revista va a salir hasta 1984, durante 20 años, y va a ser importante en América Latina porque fue una suerte de correaje, de autopista, de la creación e información entre muchos escritores del continente. Una vez que desaparece la revista, que Liscano abandona la dirección de Monte Ávila, se concentra en su obra poética y en su obra ensayística. No más trabajos como gerente cultural; de estos años van a ser libros importantes como Domicilios, Vencimientos, que son poemarios de gran valor, y libros de ensayos como Lecturas de poetas y poesía.
Un libro importante publicado en 1988 que se titula Los mitos de la sexualidad en Oriente y Occidente, y comienzan a ser los años del reconocimiento público del poeta. Se publica Juan Liscano ante la crítica, una compilación de Óscar Rodríguez Ortiz, una compilación selectiva de los mejores trabajos que se han escrito sobre la obra de Liscano. El mismo Rodríguez Ortiz organiza el tomo consagratorio de la Biblioteca Ayacucho, el número 166, y lo titula Fundaciones, vencimientos y contiendas. Ingresa Liscano como individuo de número a la Academia Venezolana de la Lengua, que siempre es un reconocimiento importante; ingresa como miembro correspondiente a la Academia Argentina de Letras.
Liscano tuvo unos nexos muy particulares con la Argentina durante muchos años, vivió allá algunos meses incluso, y se agudiza por otra parte su actividad política. Participa en un grupo llamado Frente Patriótico, escribe un libro titulado Los vicios del sistema, un libro crítico del sistema democrático; después va a participar en otro frente político que se llamó Fundapatria. Incluso pudiéramos decir que uno escuchaba hablar a candidatos de entonces de la izquierda y reproducían muchas ideas de Liscano, aunque Liscano nunca fue un hombre de izquierdas como tal, pero en los últimos años de su vida sí se acercó a esta formulación, curiosamente. Son también los años de los reconocimientos: le dan el doctorado honoris causa de la Universidad de los Andes en 1996 y publica sus últimos poemarios.
Recuerdo El Adán caído, un libro ensayo importante, Anticristo, apocalipsis y parusía. No son pocas las polémicas en la prensa en las que participa Liscano, recordó una en particular sobre lo que significaba Michael Jackson. A Liscano no le eran ajenos los temas de mass media o cultura de masas, más bien le interesaban muchísimo. Y como les digo, son años en que pasa largas temporadas viviendo en Margarita. Allí escribe en Playa Guacuco; pasa tres o cuatro meses al año allí, va recopilando sus obras, y uno tiene la sensación —quienes fuimos su amigo— de que estaba recogiendo las velas y que está organizando el pase a otro mundo.
Entonces se publica un libro de él en Bogotá, Sola evidencia. También sale Bien en 1999, que fue su último libro publicado porque es el último poemario, porque Liscano va a morir en el año 2001. Hay una carta que quiero leerles, un fragmento que él describe a Rodríguez Ortiz y yo tuve acceso a ella, donde es muy explicativa del mundo intelectual de Liscano, lo que lo hace un ser tan particular en el concierto de la intelectualidad venezolana, que ha sido más bien muy previsible en sus resortes. Liscano dice: "Sola evidencia se refiere al poemario. Es un poemario que simultáneamente plantea la liberación por la vía interior de realización religiosa. La paz imposible con el mundo y las críticas, aún más... la condenación del mundo, obra no del dios o de energía absoluta sino sus emanaciones captadas por los demiurgos, entre quienes ocupan para nosotros los judeocristianos puesto importantísimo: Yavé, el demiurgo de L'Edén".
De modo que aquí vemos a un hombre inmerso dentro de sus preocupaciones esotéricas, su fascinación con los gnósticos, con los cátaros, el cristianismo, con el hinduismo y el budismo, de alguna manera. También toda la vida le tocó la puerta en la pulsión espiritual, vinculada por las filosóficas y poéticas. Por último les relato una anécdota. En febrero del año 2001 me llama por teléfono Juan Liscano, me dice que por favor lo lleve a visitar su viejo amigo Arturo Uslar Pietri, y por supuesto yo lo llevo.
Lo voy a buscar a su casa, lo llevé en mi carro, llegamos a la casa de Uslar en La Florida. Uslar ya estaba muy viejo, tenía 94 años y no podía bajar al segundo piso de la casa, y Liscano y yo subimos las escaleras. Lo encontramos leyendo con unas lupas enormes, que era la única manera que Uslar podía leer porque había perdido casi toda la visión. Y nos sentamos a conversar con él y allí comenzó a pasar algo imprevisto, y es que Uslar casi no oía por la vejez y a Liscano casi no le salía la voz, porque también estaba en una situación física precaria. De Uslar sabíamos que tenía un cáncer, pero de Liscano yo no sabía qué era lo que tenía.
Esa conversación terminó al rato, pasamos unas buenas dos horas conversando, lo llevé a su casa. Y Liscano ingresó cuatro días después ya enfermo al hospital y una semana después murió. Claro, Liscano no sabía que iba a morir, algo así como 15 días antes de Uslar, en ese mismo febrero del año 2001. Hasta aquí este programa sobre un amigo tan querido como fue Juan Liscano, y un escritor y un venezolano tan importante. Con este programa de Juan Liscano concluimos esta serie de personajes venezolanos y en nuestro próximo encuentro comenzaremos con una serie de historia. Vamos a trabajar los ferrocarriles en Venezuela, lo esperamos en nuestro próximo encuentro.
Me acompaña en la producción Maritza Sosa, en la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Y les habla Rafael Arráiz Lucca. Me consiguen por mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com. Por Facebook y por Twitter, esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.