Siglo XIX Venezolano. Cap 11.
Historia esencial de la centuria.
Transcripción
Rafael Arráiz Lucca. Venezuela: José María Vargas y todo lo que ocurrió allí. Referimos el golpe de Estado que padeció. Referimos cómo fue reimpuesto en la Presidencia de la República gracias a las gestiones de José Antonio Páez, que sofocó el alzamiento o la revuelta.
Comenzaron unas desavenencias entre Páez y Vargas en relación con lo que debía hacerse con los derrotados. Vargas pensaba que debía caer todo el peso de la ley sobre ellos, como es natural. Mientras Páez abogaba por una clemencia y un indulto. Esta fue siempre la estrategia del general Páez; en la mayor parte de las veces la estrategia conciliadora le había servido en el pasado.
Pero Vargas, con toda razón, exigía el peso de la ley sobre los golpistas. Por otra parte, ya era evidente que la figura del general Páez había crecido mucho más con esta situación, ya que se convertía en una suerte de árbitro mayor y absoluto de la República. Eso habla muy bien de Páez, pero por otra debilitaba a Vargas, porque era evidente que había recuperado la presidencia por las armas y autoridad del general Páez.
Esto finalmente terminó por reventar la cuerda. Vargas renunció el 24 de abril de 1836, y a partir de entonces se va a dedicar a la docencia, a la investigación científica y a la escritura de sus textos académicos. Felizmente Venezuela contará con él durante muchos años más, con un trabajo específicamente científico-médico y universitario. No fue propicia la señal que quedó en el ambiente nacional después de la presidencia de Vargas, no porque no fuese un hombre excepcional, sino porque al no más asumir el poder un civil, el hervidero de los caudillos regionales comenzó a alborotarse y tuvo que venir el caudillo mayor, Páez, a aplacarlo.
Con esto, además, por más que el general Páez se comportaba con apego a la separación de los poderes y estaba comprometido con la creación de una república, se reforzaba la ascendencia de un hombre de armas sobre la mayoría de la población civil. Era, pero bueno. Uno se pregunta: ¿comenzaba el caudillismo en Venezuela? Quizás la respuesta es otra pregunta: ¿podía no ser el caudillismo el signo de la Venezuela republicana?
Era difícil que no lo fuera. Todo indica que el caudillo emergería de inmediato, enfrentando las inercias republicanas, buscando imponer su propia gramática, empuñando sus espadas y cobrando los servicios prestados durante la guerra de la independencia. Esto último, como veremos, va a ser un tema recurrente a lo largo de casi todo el siglo XIX. Si extremamos el argumento, cuando llegue al poder Antonio Guzmán Blanco en 1870, cualquiera pudiera decir que muchas actuaciones de Guzmán Blanco fueron tributarias de las de su padre, Antonio Diocadio; es extremar el argumento, pero de alguna manera hay que considerarlo.
De modo que toda una generación de próceres de la independencia, muchas veces pasando por encima de las instituciones republicanas, buscó poder para sí misma como si se tratara de una deuda que la nación había contraído con ellos. En la coyuntura en la que estamos, una vez que le aceptan la renuncia a Vargas, Andrés Narvarte toma posesión de la Presidencia de la República. Ya era vicepresidente y asume el 24 de abril de 1836, el mismo día que le aceptan la renuncia a Vargas. Contemporáneamente, con estos cambios de mando, el coronel José Francisco Farfán se alza en Apure por un motivo distinto a los golpistas, los llamados de la Revolución de las Reformas, que más que una revolución se trata de un golpe de Estado.
De inmediato el general Páez le ordena al general José Cornelio Muñoz entrar en negociaciones con Farfán; este era el estilo de Páez. Esas negociaciones fueron exitosas, así es como los alzados de Farfán entregan las armas el 6 de junio de 1836. Ese año hubo otros intentos de alzamiento, pero fueron abordados a tiempo y los alzados de diversos bandos derrotados arreciaron su fuerza contra Páez. Páez se mantuvo en sus trece y por esos días se iniciaron los acercamientos al caudillo Páez en busca de la futura designación como vicepresidente de la República.
Ya el designado que fuese electo vicepresidente de la República terminaría el período constitucional de Vargas. Recordemos que ese período se inició en el 35 e iba a terminar en 1839, y había varios aspirantes a ser electos vicepresidentes de la República, que de inmediato pasaban a ser presidente por la renuncia de Vargas. El candidato que escogió el general Páez fue, como solía hacerlo, el general Carlos Soublette. De modo que el período de Andrés Narvarte vence el 20 de enero de 1837; entonces es reemplazado por el vicepresidente, el general José María Carreño, y éste le entrega a Soublette el 11 de abril de 1837.
Cuando asume el gobierno, Carlos Soublette tiene 47 años y ya una larga participación en la vida pública venezolana, porque comenzó siendo un muchachito: se inició como secretario de Francisco de Miranda en 1811 cuando apenas contaba 21 años. Soublette integraba, formaba parte de una de las familias principales de Caracas por parte de su madre. Carlos Soublette era hijo de Teresa Jerez de Aristeguieta, una de las llamadas Nueve Musas, y por esa vía era primo de Simón Bolívar. Dónde estaba Soublette cuando Páez decide que lo que suceda a Vargas estaba como ministro plenipotenciario en Europa, lo que hoy en día se llama un embajador, negociando el Tratado de Independencia, Paz y Amistad con España; ese tratado llegaría a firmarse varios años después, en 1845.
Pero en eso estaba Carlos Soublette en Madrid. Allí estaba cuando Páez decide y le propone que se venga a desempeñarse como vicepresidente para asumir la presidencia de inmediato. Soublette llega a La Guaira el 10 de abril de 1837 y al día siguiente es investido en su cargo. El general Páez se traslada desde su hato San Pablo hasta Caracas para ayudar a Soublette a formar gobierno, y eligen a Ramón López y José Luis Ramos, secretarios del Estado, mientras que el coronel Guillermo Smith es designado en la cartera de Guerra y Marina, lo que hoy es el Ministerio de la Defensa.
Y sobre esta presidencia afirma el historiador Francisco González Guinán, en su monumental Historia contemporánea de Venezuela, que la presidencia de Soublette fue recibida con alegría y con esperanzas dadas sus reconocidas virtudes personales, que las tenía en grado superlativo según todos los testimonios de la época. La paz política en aquel tiempo era inestable: no sólo ocurrían rumores de que Santiago Mariño armaba una escuadra en Haití para invadir a Venezuela, sino que el coronel José Francisco Farfán, que ya había sido indultado por Páez, se alzaba de nuevo. Esta vez lo hace en Guayana y solicita el poder máximo para Mariño; estaba en combinación este par de golpistas y la resurrección de la República de Colombia, o la Gran Colombia como también se le conoce. Los primeros encuentros bélicos fueron favorables a Farfán, quien derrotó las fuerzas enviadas por el general José Cornelio Muñoz para someterlo.
Y así es como el Congreso de la República designa al general Páez la tarea de enfrentarlo, cosa que hace a partir del 25 de abril, en desventaja para sus fuerzas ya que las de Farfán eran superiores. Cerca del pueblo de San Juan de Payara ocurrió un hecho inesperado: la batalla la iba a perder Páez, pero una bala rompió las riendas del caballo de Farfán y éste comenzó a trotar sin gobierno saliéndose de su curso. Las tropas de Farfán se volvieron locas creyendo que estaba dando la retirada y Páez aprovechó para atacarlos hasta vencerlos. Este episodio le valió el mote de León de Payara al general Páez, una designación con la que muchos años lo llamaron.
En la próxima parte del programa seguiremos viendo esta primera presidencia, decía, de Carlos Soublette. Ya regresamos. En la parte anterior del programa estábamos hablando del gobierno primero de Carlos Soublette, que buscaba pacificar al país; siempre ha sido una urgencia en Venezuela porque si no hay paz no hay actividad económica y no hay prosperidad: hunde a la pobreza. De modo que Soublette decretó una amnistía a favor de los insurrectos de la Revolución de las Reformas y a favor de los alzados con Farfán, también, a excepción de los cabecillas de esa asonada.
Y esta decisión, muy del corte del general Páez, le creó fuerte oposición en un sector de la vida política del país y respaldo en otros sectores; es decir, este era siempre un tema: qué hacer con los golpistas. Pacificarlos, indultarlos, sobreseerles las causas o perdonarlos, o dejar que el peso de la ley caiga sobre ellos. Siempre ha sido un tema en Venezuela, como podemos verlo, y en enero de 1838 el coronel Francisco María Faría se alza en Maracaibo. Soublette le ordena al ministro de Guerra y Marina entonces que vaya sobre los hechos, pero cuando llega a Maracaibo las fuerzas leales al gobierno ya han derrotado a Faría y, después de perseguirlo, fue hecho preso.
La sentencia de condena a muerte fue sellada en abril; por más que distinguidos venezolanos pidieron clemencia, esta vez el gobierno de Soublette no intervino a su favor y fue ejecutado Francisco María Faría. Con esto se va a advertir un cambio de actitud por parte del gobierno de Soublette en relación con quienes se alzaban para adjudicarse el poder por las armas. Aquí hubo un cambio, como podemos advertirlo. El año concluye con la entrega de la Espada de Oro al general Páez por parte de Soublette; ésta llevó impresa la siguiente frase: "Al ciudadano esclarecido General José Antonio Páez".
Bueno, ya no quedaba la menor duda acerca de quién era el venezolano de mayor ascendencia sobre sus compatriotas en aquel 1838: sin la menor duda era José Antonio Páez. Ese año va a ser de elecciones para el período constitucional 1839-1843; los períodos presidenciales eran de cuatro años. La verdad es que en la candidatura del general Páez no tenía oposición. De hecho, de los 222 votos, 212 votaron por el general Páez.
Imagínense ustedes, apenas diez diputados no votaron por él, o sea una victoria probablemente como no ha habido otra aquí en la historia constitucional venezolana. Eso da fe de las tendencias del país, del respaldo enorme y del liderazgo que tenía José Antonio Páez en 1838. Aquí viene entonces su segunda presidencia. Páez tiene, en ese momento, 49 años de edad; va a continuar como vicepresidente el general Soublette, y se designa a Diego Bautista Urbaneja en la cartera de Interior y Justicia, en Hacienda y en Relaciones Exteriores al coronel Guillermo Smith, y en Guerra y Marina al general Rafael Urdaneta.
Ese es el general glorioso de las guerras de independencia que ya era un hombre un poco mayor para ese momento. El manejo de la deuda contraída con Inglaterra en tiempos de la República de Colombia fue prorrateada entre los tres países integrantes de la república y fue un asunto de gran interés en aquel tiempo. Llevado por Santos Michelena, el gran venezolano, organizador de la Hacienda Pública extraordinario, y como canciller también trabajó en ese tema el doctor Alejo Fortique. En estos años de 1839 y 1840, ya los venezolanos querían participar en la vida pública con mayor énfasis.
Y esto quizás fue estimulado por la decisión del general Páez de irse a su hato y dejar encargado la Presidencia de la República al vicepresidente Soublette. Antes incorporó al gabinete al doctor Ángel Quintero, hombre muy cercano del general Páez durante muchos años, en calidad de ministro del Interior y Justicia. Páez al parecer buscaba que el carácter severo del doctor Quintero impusiese una política distinta a la que él había adelantado, de conciliación con quienes se sublevaban, porque las sublevaciones en Venezuela estaban a la orden del día. Era algo que ocurría permanentemente, como podemos ver, y Quintero tenía el encargo de no permitir el regreso a Venezuela de los conjurados de distintas intentonas de golpes de Estado.
De modo que Páez buscó un hombre con una política más severa como la de él, y esto también trajo como consecuencia que el doctor Quintero no se entendiera con un funcionario de su ministerio, nada menos que Antonio Leocadio Guzmán. Fue así cómo Antonio Leocadio Guzmán se separó del general Páez y montó tienda aparte, fundando el Partido Liberal y el periódico El Venezolano. Sobre todo el periódico El Venezolano, fundado por Guzmán e impreso por primera vez el 24 de agosto de 1840. Allí se reunía un grupo de venezolanos con voluntad para la vida pública como Tomás Anabia, Jacinto Gutiérrez, Tomás Lander y, por supuesto, el propio Guzmán.
Y llegan a redactar un programa de trabajo para la nación desde el periódico El Venezolano y el Partido Liberal. Ese programa de trabajo tenía 16 puntos; yo se los voy a leer porque son muy breves: 1. Cumplimiento de la Constitución y las leyes; 2. Alternabilidad en el desempeño de las funciones públicas; 3. Respeto del poder electoral; 4. Creación de dos grandes partidos nacionales; 5. Difusión de prácticas republicanas; 6. Reprobación de los crímenes individuales y de la apelación para la solución de los asuntos públicos; 7. Fortalecer los partidos para llevar a cabo elecciones; 8. Énfasis en llevar a las cámaras legislativas a hombres ilustrados y de bien; 9. Disminución de las contribuciones públicas; 10. Independencia de la Iglesia, el Poder Judicial, la Universidad y los Colegios; 11. Responsabilidad de los empleados; 12. Auxilio a las industrias; 13. Abolición de la ley del 10 de abril de 1834; 14. Guerra al banco por sus monopolios y privilegios; 15. Leyes de retiro para los próceres y de montepío para sus ayudas e hijos; y 16. Ley para organizar la milicia nacional. ¿Y cómo? La aparición del periódico y el lanzamiento del programa del Partido Liberal constituyeron un acontecimiento político con gran importancia.
El encabezado del periódico tenía una frase en latín que decía "malo periculosam libertatem quam quietum servitium", es decir, más quiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila; más quiero una libertad peligrosa, que no es la virtud de todos. Los puntos del programa trajeron consigo una crítica a la situación política: lo que se propone en el programa es lo que el Partido Liberal considera que falta. De modo que ese periódico El Venezolano se colocó al frente de la oposición al gobierno del general Páez y contribuyó a consolidar el Partido Liberal de Venezuela. Pero una institución para la que la mente privilegiada de Tomás Lander fue pródiga y eficaz, y el sacudimiento político que trajo la aparición del periódico, incitó al general Páez, quien se había hecho sustituir temporalmente por Soublette, a encargarse de nuevo de la presidencia de la República en septiembre de 1840.
En esa época también se necesitaban las escogencias de un candidato para la vicepresidencia de la república. Recuerden ustedes que lo he dicho en programas anteriores: al vicepresidente de la República se elegía en la mitad del período de un presidente y gobernaba dos años con un presidente y dos años con otro. Eso era lo que pautaba la Constitución de 1830. De modo que el vicepresidente de la República tenía una tarea importante.
El período del general Soublette concluía y se escuchaban los nombres de Santos Michelena, Diego Bautista Urbaneja y Francisco Aranda. Desde el periódico El Venezolano, Antonio Leocadio Guzmán había apoyado la candidatura de Urbaneja, pero salió electo Santos Michelena. Quizás precisamente por ello, porque Guzmán había apoyado a Urbaneja y salió electo Michelena. El 29 de enero de 1841 asumió Michelena, mientras el general Páez nombraba a Soublette, hombre de su absoluta confianza, como ministro de Guerra y Marina.
Ya para esta fecha, en 1840, los dos grandes partidos políticos venezolanos del siglo XIX estaban delineados en sus características y, sobre todo, en su figura principal: me refiero al Partido Conservador y al Partido Liberal. Las críticas de Antonio Leocadio Guzmán a Páez y su gobierno desde el periódico El Venezolano seguían arreciando, cada vez con mayor carga. La verdad es que si bien es cierto que muchas de ellas tenían fundamento, lo cierto es que Páez daba un ejemplo de respeto por las libertades públicas, tolerando aquellas críticas. Para la época no estaba la gente acostumbrada a eso y Páez la toleraba.
En esos años también van a regresar al país Agustín Codazzi, Rafael María Baralt y Ramón Díaz, de París, ciudad en la que se habían publicado los trabajos que el gobierno de Páez les había encargado. Me refiero al Resumen de la Geografía de Venezuela, a Agustín Codazzi, y el Resumen de la Historia de Venezuela de Baralt y Díaz. En la próxima parte del programa veremos el tema del Esequibo. Ya regresamos.
En la parte anterior del programa dijimos que en ésta hablaríamos de 1841. En junio, Robert Schomburgk, quien era comisionado de la corona de Inglaterra para la fijación de los límites en Guayana, rindió su primer informe. En agosto de ese mismo año, dos meses después, rindió el segundo informe y entonces se fijó la bandera inglesa en Barima, en Amacuro y Cuyuní. Haciendo esto se desconocían los territorios que pertenecían a Venezuela y se los atribuían a la Guayana inglesa.
Estos informes de Schomburgk, entregados entre 1841 y 1843, fueron la base documental que presentó Gran Bretaña ante el Tribunal Arbitral de París, muchos años después, en 1898 y 1899, cuando ese tribunal se instituyó para consagrar el despojo por parte de Inglaterra de esos vastos territorios que pertenecieron a Venezuela. Más adelante volveremos sobre este tema, cuando se ventilen otra vez y el Congreso de la República decrete al año siguiente, el 30 de abril de 1842, los honores correspondientes al Libertador. Allí se ordena el traslado de los restos del Libertador Bolívar desde Santa Marta, Colombia, hasta Caracas. Se ordena que sean depositados en la Santa Iglesia Metropolitana, es decir, la Catedral de Caracas.
Estos honores a Bolívar por parte del gobierno de Páez venían a desmentir la animadversión que le atribuían los adversarios de Páez en relación con Bolívar. Además era un desagravio a la memoria de Bolívar, ya que era cierto que Páez y sus seguidores se habían opuesto al plan integracionista de Bolívar, el plan colombiano. Bueno, lo habían dejado solo en aquel proyecto utópico del Libertador. De modo que ésta fue una oportunidad para Páez de honrar la memoria de Bolívar y de quedar en paz cada quien con su conciencia.
El 13 de diciembre de 1842 llegan los restos de Bolívar al puerto de La Guaira. Se desembarcan con los honores correspondientes; provenían de una apoteosis que se le había brindado en Santa Marta. El 16 de diciembre llegaron a la capital y el discurso lo pronuncia el albacea del Libertador, doctor José María Vargas. En Caracas los actos solemnes tuvieron lugar el 17, coincidiendo con el Día de la Muerte de Bolívar, y los restos fueron depositados en la Catedral de Caracas.
Años después, ya veremos cuando eso ocurra, Antonio Guzmán Blanco, cuando cree el Panteón Nacional, ordenará el traslado de los restos de Bolívar hacia el Panteón Nacional. En ese momento, el 17 de diciembre de 1842, el general Páez pronuncia un discurso del que voy a citarles dos párrafos. Dice el general Páez: "Ayer ha recibido Venezuela los restos mortales de su grande hijo y los ha recibido en triunfo y duelo; aplaudiendo su vuelta al suelo natal ha llorado también sobre su sepulcro. Ya hemos asistido al funeral, allí hemos cumplido con Bolívar muerto. Yo invito ahora a ustedes que saludemos a Bolívar restituido a la patria con todas sus glorias y todos los grandes hechos en la memoria de sus inmortales servicios".
¡Qué bien! Muy bien, muy digno estos dos párrafos y en paralelo a la programación de los actos del traslado de los restos del Libertador a Caracas. La oposición del Partido Liberal asoma a llegar a un acuerdo con las candidaturas a la Presidencia de la República de Santos Michelena y Diego Bautista Urbaneja para el período 1843-1847, pero el general Páez piensa distinto y respalda a su gran amigo, siempre en fórmula con él. El general Soublette se impone sin resistencia y gana la presidencia de la República. El Partido Conservador del general Páez tenía la voz cantante del prestigio: el general Páez era muy grande y la expresión de su voluntad era la voluntad nacional prácticamente.
Así es como concluye esta segunda presidencia del general Páez y va a comenzar entonces la segunda presidencia del general Carlos Soublette para el cuatrienio 1843-1847. Para ser el cuarto período constitucional en la era republicana se iniciará el 28 de enero de 1843 y en aquel momento el presidente del Congreso de la República era nada menos que el doctor Vargas, senador, quien invistió al presidente electo, me refiero a Carlos Soublette. Se dirigió inmediatamente a la Casa de Gobierno, donde lo esperaba el vicepresidente, que era Santos Michelena. El 30 de enero Soublette designó su gabinete: en el Ministerio del Interior y Justicia, Juan Manuel Manrique; en Hacienda y Relaciones Exteriores, Francisco Aranda; en Guerra y Marina, el general Rafael Urdaneta, ratificado.
El general Páez, por su parte, como solía hacerlo, se fue a su hato, se fue a San Pablo, donde él se sentía a sus anchas. Para esa administración de Soublette era necesario continuar con la construcción de carreteras emprendidas por el gobierno anterior, en particular terminar la carretera Caracas-La Guaira y la carretera hacia el occidente del país, que pasaría a los valles de Aragua y Valencia. Se hacía indispensable también, para el desarrollo de la agricultura, contar con estos caminos propicios que llevaran al puerto donde pudiesen exportarse los productos. Estamos en 1845, las carreteras son de coches y caballos; el motor de combustión es una alegría que va a ocurrir dentro de unos años.
En enero de 1845 se va a inaugurar la carretera Caracas-La Guaira; ese gusto lo va a tener Carlos Soublette. Soublette se esmera en ordenar las cuentas de la república y reduce montos presupuestarios a la cartera de Guerra y Marina; subió los montos de Hacienda. El crédito de Venezuela, gracias a Soublette y a las gestiones de Páez en los últimos años, había mejorado notablemente. De todos modos, en 1842 la economía del mundo occidental cayó estrepitosamente.
Los precios de muchos productos se vinieron abajo; eso es lo que hoy en día se llaman los commodities. Vinieron abajo los precios del café y el cacao y eso para Venezuela fue un problema de marca mayor. De modo que esa cifra se va a anotar en las cifras de 1842, 1843 y 1844. Por otra parte, en estos años el proyecto de población con mano de obra calificada que había alentado tremendamente el general Páez y también Soublette va a encontrar una cristalización en la Colonia Tovar, cuando Agustín Codazzi logra que Manuel Felipe de Tovar done los terrenos para la creación de la colonia.
La Colonia Tovar ha sido un momento feliz en la historia de Venezuela que se prolonga porque hay que ver lo que produce la Colonia Tovar hoy en día. En lo político, el general Soublette se proponía adelantar un gobierno respetuoso del principio de la separación de los poderes, de las libertades públicas y, muy particularmente, la libertad de expresión a través de la prensa. Dictó un decreto en abril de 1843 para permitir el regreso al país de los golpistas, de los conjurados de los años 1830 a 1835; permitía regresar libres de polvo y paja. Tenía una actitud abierta y comprensible con quienes habían cometido errores o atentado contra la legalidad y la institucionalidad constitucional.
Por su parte, en la oposición se seguía incrementando a través del periódico de Antonio Leocadio Guzmán, El Venezolano, y aparecieron otros medios también. En materia internacional, en este gobierno el acontecimiento más importante fue la firma del Tratado de Reconocimiento y Independencia, Paz y Amistad con España, rubricado en Madrid el 30 de marzo de 1845. Antes habíamos dicho que en este tratado trabajó Carlos Soublette y ahora le tocaba firmarlo en nombre de Soublette al doctor Alejo Fortique. Las conversaciones habían sido iniciadas muchos años antes por ese gran venezolano que fue Santos Michelena, pero ahora ya se firmaba; en la práctica lo que significaba es que España reconocía el Estado de Venezuela y olvidaba que estos territorios alguna vez le pertenecieron.
Y así es como vamos avanzando hacia los sucesos de 1846, cuando el clima de efervescencia política se exacerba mucho, ya que era un año de elecciones y Antonio Leocadio Guzmán buscaba la presidencia de la República en competencia con José Félix Blanco, Bartolomé Salón y José Tadeo Monagas. Guzmán agitaba a sus seguidores al punto donde los hacendados y comerciantes le quitaron su apoyo. Muchos de ellos optaron por levantarse, entre ellos Francisco Rangel y Ezequiel Zamora, comenzaron a saquear algunas poblaciones en los valles del Tuy, Barlovento o Villa de Cura al grito de "¡Viva Guzmán, mueran los godos!". En la última parte del programa veremos estos acontecimientos.
Hablábamos en la parte anterior del programa de cómo se fue caldeando el ambiente político en 1846, y entonces el gobierno de Soublette encomendó a dos jefes militares el control de los insurrectos. Y así fue como Páez y José Tadeo Monagas aplacaron los ánimos. A Antonio Leocadio Guzmán se le neutralizó mediante una inhabilitación política fundamentada en procedimientos judiciales y luego se le propuso una entrevista de avenimiento con el general Páez, que no tuvo lugar. Mientras la persecución del gobierno de Soublette contra los periodistas y partidarios liberales en armas arreció al punto de que las cárceles se llenaron de presos políticos, con lo que el clima de la vida pública se enrareció sensiblemente.
Hay que señalar además que buena parte de los alzamientos del Partido Liberal o de los liberales se debieron también a los hostigamientos de que eran víctimas en sus campañas electorales. Esto recrudeció a partir de que los conservadores advertían el crecimiento de los liberales después de años de prédica en su contra y de críticas al personalismo de Páez y a la fortuna personal de Páez, en la que se metían con frecuencia desde las trincheras del Partido Liberal. Todo este cuadro indica que el general Páez tuvo que pasar de una política de paz a otra de hostigamiento, cerrándole el paso a la candidatura de Antonio Leocadio Guzmán y de Bartolomé Salón también. Entonces Páez toma la decisión de apoyar al general José Tadeo Monagas.
Él no sabía que estaba cometiendo el mayor error de su vida, porque José Tadeo Monagas no pertenecía en rigor a las filas del Partido Conservador y era un acuerdo un poco forzado entre Páez y Monagas. Así fue como, en medio de aquella refriega, fueron fuertemente golpeadas las fuerzas de Ezequiel Zamora, a las que se sumaron las de Rangel. Entonces los insurrectos no fueron apresados ni siguieron representando una amenaza ostensible para el gobierno de inmediato, sino que del triunfo de las Fuerzas Legales al gobierno se hacían acreedores tanto el general Páez como Monagas. Recordemos que está gobernando Soublette, pero quienes han salido a enfrentar a los insurrectos, a los que se han alzado en armas desde el Partido Liberal, han sido Páez y Monagas.
Y así es cómo se llega a las elecciones el 1 de octubre de 1846; les recuerdo una vez más, son elecciones de segundo grado, quienes elegían al presidente de la república eran los diputados del Congreso Nacional. Ocurrió esto: el Partido Conservador del general Páez decide apoyar a un no conservador, que es José Tadeo Monagas, y Monagas obtiene 107 votos. El Partido Liberal sumaron así: Antonio Leocadio, 57 votos; Salón, 97; Blanco, 46; José Gregorio Monagas, el hermano menor, 6 votos; y Santiago Mariño, un voto; Mariño votó por él mismo, probablemente. ¿Qué hubiese pasado si no hubiesen perseguido a Antonio Leocadio Guzmán? ¿Habría ganado las elecciones?
Bueno, es muy probable, pero Páez no quería que Antonio Leocadio Guzmán fuese presidente de la República; prefirió apoyar a Monagas que apoyarlo a él, o sea que ahí las rivalidades llevaron al desacomodo del cuadro natural porque terminó Páez apoyando a Monagas cuando Monagas estaba muy lejos de ser un integrante del Partido Conservador. Esta segunda presidencia del general Soublette culminó en medio de severas convulsiones políticas, que supusieron la sublevación de ejércitos en campaña, por parte del general Páez y de Monagas, el general Monagas, para enfrentar a Rangel y a Zamora, que se habían alzado en armas. También se persiguió judicialmente a Antonio Leocadio Guzmán, o sea que fue un año duro. El general Soublette entrega la presidencia de la República el 20 de enero de 1847 a quien entonces era el vicepresidente Diego Bautista Urbaneja.
Soublette se retira a su hato en Chaguaramas. Hay que decir que Soublette intentó durante su gobierno conciliar entre las fuerzas en pugna y al comienzo lo logró, pero la diatriba subió el volumen y terminaron escaramuzas guerreras en enfrentamientos bélicos que llevaron a Páez y al propio Soublette a no seguir con sus políticas de negociación y pacificación, sino a irse a las armas en contra de sus adversarios. En este sentido, esta segunda presidencia del general Soublette desarrolló la conducta de un civil liberal en el sentido clásico y, sin embargo, los militares, caudillos regionales se le lanzaron varias veces; ahí retumbaba el eco de lo que le había ocurrido al doctor Vargas y también se vio entre el fuego cruzado de factores armados en pugna buscando el poder. También es cierto que esta presidencia de Soublette fue la última del largo período conservador, que se había iniciado en 1830, y el poder desgasta naturalmente.
En nuestro próximo programa seguiremos con estos temas; ya estaremos en 1847, un año en que hay un cambio político importante en Venezuela. Como siempre es un gusto para mí hablar a ustedes y me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, en la Dirección Técnica Giancarlo Caraballo. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arráiz. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!