Siglo XIX Venezolano
29 de octubre de 2019

Siglo XIX Venezolano. Cap 12.

Historia esencial de la centuria.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En la continuación de la serie sobre la historia política del siglo XIX venezolano, este sería el programa número 12. En el programa anterior quedamos en 1846 y aquel año de grandes convulsiones políticas de grandes dimensiones, y hay que recordar que entonces era ya un hecho evidente dentro de la dialéctica nacional.

El período de Páez y el Partido Conservador se extendió demasiado, llevando las expectativas del gobierno por parte del Partido Liberal hasta la desesperación. Realmente eso estaba sobre la mesa: el Partido Liberal sentía que tenía derecho al poder y no lo alcanzaba, hasta que finalmente la presión halló escape en la aceptación por parte de Páez y los suyos de la candidatura del general José Tadeo Monagas.

La verdad es, como dijimos antes en el programa anterior, no había mayor comunión entre los conservadores y Monagas, pero ya era insoportable la presión que tenían los orientales por llegar al poder, comandados por el gran caudillo oriental, que era José Tadeo Monagas. Y bueno, se presentó la coyuntura en donde el general Páez de ninguna manera quería que llegara a la Presidencia de la República Antonio Leocadio Guzmán, del Partido Liberal, y decidió apoyar a Monagas. Y realmente quien lleva a Monagas a la Presidencia de la República es Páez con su apoyo.

Sin embargo, hay que señalar también que estos 18 años, del 30 al 47, 17 años, hubo una relativa estabilidad política en Venezuela y un crecimiento económico importante, sobre todo por las políticas liberales desarrolladas por Santos Michelena, que fue un factor fundamental en los gobiernos de Páez, Soublette e incluso de Vargas.

De modo que, bueno, había un agotamiento del poder y venía un cambio. La etapa del Partido Liberal, lo que José Gil Fortoul ha llamado la oligarquía liberal, así como llamó la oligarquía conservadora a este sector de la vida nacional que había gobernado entre 1830 y 1847, ahora se van a iniciar 11 años de preeminencia del Partido Liberal en marzo de 1847 y van a concluir también en marzo de 1858. Ahí la presencia de los hermanos Monagas, José Tadeo, el hermano mayor, y José Gregorio, el hermano menor, van a detentar el poder alternativamente sobre la base de los períodos constitucionales de cuatro años que estaban fijados por la Constitución de 1830.

Ya veremos cómo José Tadeo, en su segundo período, impulsará la promulgación de la Constitución de 1857, que fijaba el período presidencial en seis años y que permitía la reelección inmediata. Bueno, ya llegaremos allí, a esos momentos infelices en los que Monagas, pues, extiende el período presidencial y consagra la reelección, siendo evidente que no quería deshacerse del poder. Y eso va a activar una reacción en su contra, como lo veremos en su momento; me estoy adelantando.

Esa primera presidencia del general José Tadeo Monagas va de 1847 a 1851. Él asume, como les dije, el primero de marzo; tenía 62 años, no era un hombre joven para la época, y sin duda era uno de los hombres más ricos y más influyentes del oriente del país. Gozaba, al igual que Páez y Soublette, del prestigio de haber integrado el Ejército Libertador en su estado mayor o en sus primeras filas.

Llegó al poder de la mano del general Páez, quien equivocadamente creyó que mantendría su influencia a través de Monagas en el país. Y al principio del gobierno de Monagas así pareció que iba a suceder, ya que Monagas nombró como ministro de Interior y Justicia al hombre de confianza de Páez, que era Ángel Quintero. Designó a Miguel Herrera en Hacienda y Relaciones Exteriores, y a José María Carreño en Guerra y Marina.

Pero muy pronto Monagas fue enseñando sus cartas ocultas. Lo primero que hizo fue que conmutó la pena de muerte que pesaba sobre Antonio Leocadio Guzmán por la del extrañamiento perpetuo: el país se fuese para siempre. Y esto fue una primera señal para el general Páez.

Luego nombró Monagas en cargos menores agentes de su confianza, sin consultarle previamente a los ministros, con lo que buscaba la renuncia de estos, obviamente, cosa que ocurrió. Porque si hay un señor que es ministro y el presidente de la República, sin ni siquiera decirle nada, le nombra personas subalternas de ese ministro, sin consultarle al ministro, eso es inaceptable. Entonces, mediante esa técnica, en Monagas empezaron a renunciar los ministros paecistas, y así fue como José Félix Blanco sustituyó a Miguel Herrera, Rafael Acevedo sustituyó a Quintero y Francisco Mejía sustituyó a Carreño, eso pasó en muy pocos meses.

Sin embargo, Páez se mantuvo en silencio hasta que el 5 de agosto de 1847, habían pasado unos pocos meses, Monagas le participó, ni siquiera directamente sino a través de su ministro de Guerra y Marina, que las funciones del general Páez como jefe del Ejército Nacional habían terminado. Habían cesado: fue la estocada final; dejó en claro que Monagas se proponía gobernar solo, sin el general Páez, creando su propia red de poder al margen del paecismo.

Y bueno, por otra parte, lo de Zamora: al igual que Antonio Leocadio Guzmán, le había sido condenado a muerte también por los tribunales y le conmutan la pena por presidio, y Zamora se fuga de la cárcel sin mayores dificultades. Y al cabo de un tiempo el propio Monagas lo designa al frente del Batallón de Villa de Cura.

Y algo similar ocurrirá luego con Guzmán, quien al regresar del exilio Monagas lo nombra nada menos que ministro de Relaciones Interiores y Justicia, pero esto va a pasar un tiempo después, en 1849. De modo que aquí vemos cómo el general Páez ve con angustia, por decirlo menos, cómo Monagas está incumpliendo el acuerdo: le va cercenando, cortando, todos los círculos del poder hasta que finalmente le quita el Ejército y lo deja solo a Páez.

Y ese año 1847 va a transcurrir con ese empeño de Monagas de ir copando todos los espacios del poder, desplazando en el país al paecismo, que lo había llevado a la Presidencia de la República. Y este año de 1848 se inicia con uno de los hechos más lamentables en toda nuestra historia republicana, que son los hechos ocurridos en la sede del Congreso Nacional. El 24 de enero de 1848, cuando el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, que era Martín Sanabria, se traslada a la sede del Poder Legislativo a rendir el informe anual del Poder Ejecutivo.

Y estando dentro el recinto se corre el rumor en la calle de que ha sido asesinado, cosa que enardece a las turbas liberales que estaban apostadas afuera. Intentan entrar y son repelidas con plomo por la Guardia, dándose las primeras escaramuzas y desatándose una violencia incontrolada; los heridos y los muertos van en ascenso. Los enfrentamientos entre conservadores y liberales son a cuchillo, a puños, piedras y hasta lanzas y bayonetas.

Y Santos Michelena intenta salir por una puerta y es herido con una bayoneta; fue tan grave el daño que murió dos meses después, consecuencia de la herida. Los parlamentarios Francisco Argotes, José Antonio Salas, Juan García, son asesinados por las turbas. Y la misma suerte corre el sargento Pedro Pablo Aspúrba y un sastre que se había animado a participar en aquella trifulca.

Y Monagas, alertado acerca de los hechos en curso, se presenta a caballo en el Congreso acompañado de Santiago Mariño y con las fuerzas del orden restablece la calma, pero la herida para el poder legislativo había sido mortal. El Parlamento, después de estos hechos, tardó años en recuperar su autonomía, y Monagas cada vez lo doblegó más como un apéndice de su propio mando. Y las cámaras se reunieron con Juan Vicente González como secretario, lo que causó un asombro mayúsculo, ya que el día anterior Juan Vicente González había sido fervoroso conservador y ahora aceptaba trabajar con los liberales muertos de la risa.

Y allí fue cuando Fermín Toro, a diferencia de Juan Vicente González, no acudió al llamado y pronunció una de sus frases más célebres; dijo: "Decidle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye". Gran hombre, hombre honrado, honesto, y Monagas le envía una carta a Páez el 26 de enero solicitando su colaboración para restablecer la convivencia pacífica. Monagas le va a atribuir la tragedia al desatino de la Guardia del Congreso, que enardeció las turbas, y exime a los seguidores suyos de la responsabilidad de los acontecimientos.

Bueno, no está asumiendo ni una mínima cuota de responsabilidad, y Páez le responde con otra carta en que lamenta haberlo llevado a la Presidencia de la República y apela a la responsabilidad moral que él siente por el error enorme que ha cometido Páez de haber llevado a Monagas a la Presidencia de la República. En la próxima parte del programa seguiremos ventilando estos hechos tan dramáticos de nuestra historia, ya regresamos. La parte anterior del programa estuvimos viendo las cartas que van y vienen, que se envían Monagas y Páez.

Y Páez le dice a Monagas que sea colocado... voy a citar: "como el más grande del más ingrato y vengativo de todos mis enemigos; ya vuestra excelencia no inspira confianza a la parte más sana, más concienzuda y más fuerte de la sociedad". Bueno, la respuesta de Monagas, obviamente, fue una declaración de guerra.

Y, pues, al general Páez no le queda otro camino también que alzarse, y el 4 de febrero de 1848 Páez entrega una proclama en Calabozo; luego se traslada a Purén y Monagas encarga a Mariño a enfrentarlo, y Mariño delega en José Cornelio Muñoz, un antiguo paecista, partir sus tropas en contra de las de Páez, y ocurre la batalla del sitio de los Araguatos el 10 de marzo. Páez es derrotado, logra huir a Colombia acompañado por Soublette y por Quintero, y allí se traslada a Curazao y vuelve a invadir a Venezuela por las costas de Coro el 2 de julio de 1849. Ha logrado armar un ejército compuesto por unos 600 hombres, que no son muchos, y esta nueva ofensiva concluye en otro fracaso para el general Páez.

El general José Laurencio Silva lo hace preso en Cojedes, en Valle del Macapo abajo; lo remite a Valencia. Allá es humillado, le colocan unos grillos en los pies, un trato que muchos consideraron inaceptable para un hombre que había acumulado tantos méritos en su vida. Luego es trasladado a Caracas, donde fue nuevamente humillado; el encargado de la prisión fue Ezequiel Zamora. En los traslados callejeros de Páez lo zarandean, le gritan "¡Abajo el rey de los Araguatos!", haciendo alusión a la derrota en la batalla, el llano.

Y luego es trasladado al Castillo de San Antonio de la Eminencia en Cumaná y desde allí se va al exilio ya arruinado, no le quedaba un centavo del bolsillo, el 23 de mayo de 1850. Bueno, imagínense, este fue el error del general Páez en apoyar a Monagas y los errores se pagan caros, por lo visto, ¿no? Y a partir de 1850 hay unos hechos en naturaleza económica que tienen singular importancia.

Por una parte se recuperan los precios del café y por otra se hallan... se consiguen las minas de oro en el Yuruari. Eso es la Guayana venezolana y se desata una fiebre del oro que hace de la minería una nueva actividad lucrativa en Venezuela. El poder de los Monagas era total. Los conservadores no sólo habían sido extrañados desde la administración pública, sino su líder máximo, el general Páez, había sido dos veces derrotado, hecho preso, humillado y expulsado al exilio; como se había acabado todo para los conservadores, aparentemente. Y este período que mucha gente llamó el monagato estaba en su pleno apogeo.

Venezuela en 1847 tenía una cifra de 1.267.962 venezolanos; seguía siendo uno de los problemas principales del país que era un país despoblado. Imagínense, un país de casi un millón de kilómetros cuadrados con apenas un millón doscientos mil habitantes, 1.300 en el mejor de los casos. La vicepresidencia de la República entonces la ejercía Antonio Leocadio Guzmán.

De modo que el cambio del elenco había sido completo y el año 1850 sería, de acuerdo con la Constitución Nacional de 1830, que era la vigente, un año electoral, y a los comicios convocados en agosto y octubre se presentan los siguientes candidatos.

Antonio Leocadio Guzmán, que sacó 64 votos. Isidoro Rendón sacó 30. José Ángel Ruiz, 20 votos. José Gregorio Monagas, el hermano de José Tadeo, sacó 203 votos.

Una victoria holgada, y va a gobernar José Gregorio entre 1851 y 1855. Y era la primera vez que en Venezuela se perfeccionaba una dinastía, es decir, unos hermanos que gobernaban; en este caso no eran padres e hijos, sino unos hermanos que gobernaban. Después hubo dinastías regionales en Venezuela, es el caso de los Salas Römer y los Salas Feo en Carabobo, pero eran gobiernos regionales; una dinastía presidencial la única que ha habido entre nosotros fue la de los hermanos Monagas.

Y José Gregorio Monagas se va a trasladar desde su casa en Barcelona, estado Anzoátegui, hoy en día; esa época no existía el estado Anzoátegui, hasta Caracas para tomar posesión de la Presidencia de la República el 5 de febrero de 1851. Era un hombre de 56 años, el cuarto hijo de aquella poderosa familia de terratenientes del Oriente del país.

Y al igual que Páez, Soublette y su hermano, había formado parte del Ejército Libertador. De hecho Bolívar lo había bautizado con la siguiente frase: "La primera lanza de Oriente". Y eso, cuando Bolívar lo dijo, o lo escuchó José Tadeo, le dieron muchos celos, y Bolívar tuvo que decir: "No, usted es la primera lanza de Venezuela", y el general Páez, que estaba por allí, también celoso. Bolívar le dijo: "Y el general Páez es la primera lanza del mundo", y todos quedaron satisfechos.

Bolívar, esto era un verdadero maestro. Y como suele suceder, alrededor del segundo de los hermanos Monagas se formó un grupo al que el pueblo denominó los Gregoristas, para diferenciarse de los Tadeístas, que eran los seguidores, y entre Gregoristas y Tadeístas había una pelea sorda por poder que no condujo a la separación de los hermanos; siempre finalmente se entendieron.

Pero realmente la personalidad de José Tadeo y José Gregorio eran distintas. José Gregorio era un hombre más dado a la negociación, a la paz, al avenimiento, quizás porque era el segundo hijo o no le había tenido que enfrentar dificultades mayores como las que había tenido que enfrentar su hermano. No lo sé, pero es muy probable que así haya sido.

Y sin embargo se enfrentaron Gregoristas y Tadeístas por la vicepresidencia de la República en 1852 para sustituir a Antonio Leocadio, y venció el candidato de los Gregoristas, que era Joaquín Herrera. Y ese año va a surgir una oposición entre el gobierno, a través del periódico que se llamaba El Juicio Final, y a la vez tuvieron lugar algunas rebeliones en Maracay, en Barquisimeto o en Trujillo.

Aunque lo más amenazante fue la de Cumaná en 1853. Monagas corrió con la suerte de que ocurrió un terremoto en Cumaná y disolvió súbitamente la rebelión. Y ese gobierno de José Gregorio va a tener para la historia una versión importante, y es que José Gregorio le puso el ejecútese a la ley el 24 de marzo de 1854 que abolía la esclavitud en Venezuela.

El número de esclavos que entonces había en el país era alrededor de unos 15.000, los manumisos llegaban a unos 11.000, y todo esto sumaba algo así como el 2 por ciento de la población, que eran muy poca gente, pero el punto no era ese. No era un tema estadístico, sino un tema de derechos humanos y humanidad, etcétera. Era otro el tema.

Muchos de los esclavos ya en libertad continuaron trabajando con sus antiguos dueños y otros se fueron, y probaron suerte por su cuenta.

En esta ley trabajó Simón Planas, que era ministro de Interior y Justicia. Y en materia económica la situación había mejorado porque los precios del café habían subido al mundo. La ganadería, aunque no fuera la principal actividad del campo, se había incrementado también en Venezuela.

En ese período se consolidó la Biblioteca Nacional. Se promulgó el Código de Minas para regular esa fiebre del oro que había brotado en el Yuruari y Guayana. En Barquisimeto y Paraguaná van a estallar algunos focos de rebelión en 1854 y se estimaba que el general Páez se sumaría a esos focos, que vendría desde el exterior, pero nada de eso ocurrió.

Eran rumores, y lo que sí ocurrió es la llegada de una epidemia que afectó a todo el país: llegó desde Trinidad, del cólera morbo, que diezmó a la población y va a ser una de las peores epidemias que se han sufrido en Venezuela, en 1854. Y otros alzamientos también tuvieron lugar a lo largo del año electoral; incluso algunos albergaron en sus filas tanto conservadores como liberales, lo que estaba demostrándose que había un descontento en distintos sectores de la población.

Y a las elecciones de octubre de 1854 se presenta un solo candidato que reunía al Partido Liberal y una pequeña fracción del Partido Conservador. Ese solo candidato se llamaba José Tadeo Monagas, que alcanzó 397 votos, y el único que se le enfrentó, que alcanzó un voto, fue Fermín Toro, qué gallardía.

Y el 20 de enero de 1855 José Gregorio Monagas entregaba el gobierno en manos del vicepresidente, que era Joaquín Herrera. Se iba a Barcelona, concluye su gobierno, que se recordará siempre por la abolición de la esclavitud, y volvía José Tadeo Monagas, su hermano mayor, a gobernar el período 1855-1859. Ese era el período que tenía que cumplir; ya veremos cómo eso no ocurrió.

El 31 de enero de 1855 se juramenta José Tadeo Monagas en el templo de San Francisco en Caracas como presidente de la República para ese período constitucional 1855-1859. Era el séptimo presidente que gobernaba bajo la Constitución de 1830. Y el gabinete de Monagas se constituyó de la siguiente manera: Francisco Aranda en el Ministerio del Interior y en Relaciones Exteriores a Cinto Gutiérrez, y en Hacienda también, y Felipe Esteves en Guerra y Marina.

El 23 de abril de 1856, un año después, el Congreso Nacional sancionó una ley de reorganización del territorio nacional que estableció 21 provincias. Esta ley le permitía, de manera temporal, al Presidente de la República nombrar a los gobernadores de las provincias, eliminando las diputaciones regionales hasta que unas nuevas elecciones lo eligieran. De tal modo que, después de la promulgación de la ley, el poder de Monagas era total.

Esto es un artículo jurídico y ya vamos a ver para qué. Para qué: porque él soñaba con reformar la Constitución de 1830 para que, según él, reconstituir la Gran Colombia, y también, quizás esto era más importante, eliminar el artículo 108 que impedía la reelección inmediata. Y entonces, como él no controlaba totalmente el Congreso Nacional, buscó esta manera para reformar la Constitución; de esta idea extrañísima, en 1855, de reconstituir la República de Colombia muy pronto va a desistir, casi que un sueño infantil, y de lo que no desistió fue de una nueva constitución nacional.

Cosa que hizo, y el 16 de abril aprueba una nueva Constitución Nacional, el Congreso Nacional reunido bajo este subterfugio legal de José Tadeo. Y él le firma el ejecútese el 18 de abril de 1857. Los dos cambios que introducía eran que extendía el período presidencial a seis años y que no se prohibía la reelección de inmediato.

Fíjense, los parlamentarios que aprobaron esto fueron nombrados a dedo por Monagas gracias a esa ley del año 1856 de la que les hablé, que se llama Reorganización del Territorio, de modo que el círculo estaba cerrado. Y de inmediato Monagas, y vicepresidente nombrado, que era nada menos su sobrino y a la vez yerno, el coronel Francisco Oriach. Pues tanto Monagas como su yerno y sobrino se hicieron elegir para completar el período de seis años, de modo que según ellos iban a gobernar dos años más hasta el 61 y ahí se completarían seis años de gobierno para presentarse por seis años más.

Bueno, la gente tuvo clarísimo que el general Monagas lo que buscaba era permanecer en el gobierno a eternitatem, todo el tiempo que fuese posible, y además ejerciéndolo nepotísticamente porque el vicepresidente era su sobrino y el marido de su hija, o sea, mayor violación en los principios elementales del decoro democrático no pueden imaginarse.

Y bueno, él mismo creó sus adversarios. El 5 de marzo de 1858 el general Julián Castro se alza en contra de José Tadeo Monagas en Carabobo. Se van sumando pronunciamientos en Cojedes y Guárico, y a los pocos días los mismos seguidores de Monagas lo dejan solo. El personalismo del Monagas no había ya exasperado; es que fue demasiado aquello, y fue sorprendente la manera expedita como fue obligado a abandonar el poder.

De modo que aquel hombre fuerte como que no lo era tanto. Y todo indica que el mismo personalismo le condujo a perder el apoyo de sus seguidores. Sus pretensiones hegemónicas lo habían llevado muy lejos y decide renunciar el 15 de marzo y se refugia en la Legación de Francia, en Caracas.

Esto sería la embajada de Francia en Caracas hoy en día, y después de semanas de negociaciones bajo la luz del llamado protocolo Urrutia, Monagas sale al exilio. Su hermano José Gregorio no corrió la misma suerte; fue hecho preso en el castillo de San Carlos, en el Zulia, pero ya estaba enfermo de cáncer y falleció cuando iba a ser trasladado hacia Maracaibo. Y otros funcionarios cercanos a los Monagas fueron hechos presos.

La caída del presidente autoritario fue rápida y sin posibilidades de ofrecer resistencia. Al momento de conocerse la carta de renuncia de Monagas enviada al Congreso, centenares de personas salieron a las calles de la capital para manifestar su regocijo, entre ellos nada menos que Antonio Leocadio Guzmán.

Quien le debía la vida a Monagas y quien fue altísimo funcionario de su gobierno; sin embargo, Antonio Leocadio cabalgaba gritando "Abajo los Monagas, mueran los ladrones".

¿De modo o qué? Si antes vimos cómo Juan Vicente González se pasó de un bando al otro, pues ahora Antonio Leocadio, sin la más mínima vergüenza, hizo lo mismo. Y la vida política del general José Tadeo Monagas aparentemente terminada, pues no fue así, porque va a pasar seis años en el exilio y regresará a Venezuela siendo un anciano ya de 83 años y veremos lo que ocurre con él en ese regreso.

Y así es como la etapa de preeminencia del Partido Liberal concluía en medio de estos estrepitosos fracasos, y el exilio, presos sus máximos líderes. Con el país a las puertas de una guerra civil, lejos estaban los Monagas que habían apaciguado los demonios nacionales; habían abierto la caja de Pandora y esos demonios andaban sueltos. El nepotismo y el personalismo habían enfurecido aquellos espíritus dormidos en Venezuela y desenterraron el hacha de la guerra, y Venezuela estuvo a punto de sumergirse en un pleito largo que emergió destruida.

Y eso fue lo que va a ocurrir, pero ese es el momento de la Guerra Federal que veremos muy, muy pronto. Sería injusto atribuirles a los hermanos Monagas el mismo personalismo; el personalismo lo tuvo en grado sumo José Tadeo, ¿no? José Gregorio, más bien, se empeñó en la abolición de la esclavitud, de modo que el juicio histórico sobre ambos no puede ser igual.

Aquí vemos cómo el péndulo de la historia tocaba otro extremo y este personaje singular, Julián Castro, alcanzaba poder. Muy pronto también va a estallar la Guerra Federal, como veremos muy, muy pronto; ese período de la Guerra Federal o Guerra de los Cinco Años, que también así se le conoce. Se inicia con los primeros alzamientos en contra del gobierno de Julián Castro en febrero de 1858 y culmina con las firmas del Tratado de Coche en abril de 1863.

Y después de la Guerra de la Independencia, esta ha sido la guerra más costosa que ha padecido Venezuela. Todas las guerras son terribles, pero ésta fue... después de la Guerra de la Independencia, a la que nos ha salido más cara, se calculan en cerca de 200 mil los muertos; estamos hablando de una población de un millón doscientos mil habitantes. La cifra es escalofriante y, según Manuel Landaeta-Rozales, tuvieron lugar 367 batallas en la Guerra Federal, 2.467 enfrentamientos menores.

Y el saldo fue naturalmente para Venezuela la devastación y la pobreza. La guerra o los enfrentamientos políticos álgidos, severos, que impiden el discurrir pacífico de las naciones son grandes desgracias porque la gente cree que es solo la guerra, ¿no? Es que la guerra trae la pobreza porque no hay producción y no es sólo la guerra lo que trae, en la guerra, que es la pobreza.

Bien, esa presidencia de Julián Castro, alcanzada por la vía de las armas a través de la renuncia de José Tadeo Monagas. Bueno, primero se nombra un gobierno provisorio integrado por Pedro Gual, Manuel Quintero y Manuel María Echeandía. Ese gobierno provisorio designa un gabinete, pero después entra victorioso a Caracas el general Castro y se acabó la provisionalidad del gobierno, duró dos días.

Y el Congreso Nacional declara a Julián Castro titular del Poder Ejecutivo, que procede a nombrar un gabinete integrado en su mayoría por gente del Partido Conservador. La nómina completa, los gobernadores de Estado la designa, como era la costumbre de la época. Y en el Ministerio de Interiores y Justicia designa a Manuel Felipe de Tovar, en Hacienda a Fermín Toro, en Relaciones Exteriores a Wenceslao Urrutia y en Guerra y Marina al general Ramón Soto.

Bueno, son unos nombramientos importantes, sobre todo el caso de Tovar y de Fermín Toro y de Wenceslao Urrutia también. Pues la próxima parte del programa, en la última, veremos cómo se van desarrollando estos hechos en torno a ese personaje extraño que es Julián Castro. Ya regresamos.

En relación con Julián Castro hay que señalar que él llegaba al poder después de que fuerzas conservadoras y liberales se pusieron de acuerdo para despojar de la presidencia de la República a Monagas y que ambas fuerzas buscaban un equilibrio de poderes, cosa a lo que el propio Castro no estaba cumpliendo. Esto es importante recordarlo, ya que integró un gabinete de mayoría conservadora y va muy pronto a incurrir en otras contradicciones.

Por una parte aceptó el protocolo Urrutia que permitía que Monagas se fuera del país prácticamente sin acusaciones mayores y por la otra firmaba un decreto que buscaba investigar fiscalmente a muchos funcionarios de los gobiernos de los Monagas, como que estaba navegando entre dos aguas. Y así fue cómo la fuerza del Partido Conservador comenzó a imponerse en el gabinete y produjo una decisión en Castro que fue la chispa que faltaba para el comienzo de la guerra.

Fíjense lo siguiente: el 7 de junio de 1858 Castro ordena la expulsión de Venezuela de Juan Crisóstomo Falcón, Ezequiel Zamora, Antonio Leocadio Guzmán y otros personajes del Partido Liberal. Bueno, no les deja otro camino que la guerra. Y a la vez que estos mismos hechos ocurrían, el gobierno convocaba a una convención nacional en Valencia que tendría el encargo de redactar una nueva constitución, y los diputados de esta Convención fueron electos por primera vez en nuestra historia de manera directa.

La mayoría que resultó escogida fue la mayoría del Partido Conservador. Así fue como la convención se instaló el 5 de julio de 1858 y la presidió nada menos que Fermín Toro, y estaba integrada por 137 diputados. El 9 de julio la convención eligió al general Julián Castro como jefe provisorio de la República con 92 votos a su favor y se designó un Consejo de Estado integrado por Manuel Felipe de Tovar, Pedro José Rojas, Miguel Herrera, Juan de Dios Ponte, Jesús María Guevara.

Y finalmente se designa una comisión para redactar el proyecto de texto constitucional que será sometido a consideración de la Asamblea. El 24 de diciembre de 1858 la Convención Nacional de Valencia sanciona la nueva Constitución Nacional y el jefe provisional del Estado, general Castro, la promulga el 31 de diciembre del mismo mes. Y puede decirse que fue la primera Constitución democrática del país, ya que instituyó el voto directo, no universal, pero el voto directo para presidente de la República y vicepresidente también para los diputados.

Aunque el sistema era censitario, los votantes iban a elegir por primera vez de manera directa al presidente de la República; hasta este momento siempre había sido el Congreso que elegía al titular del Poder Ejecutivo. El período presidencial regresó a ser como el de la Constitución del 30, cuatro años sin reelección inmediata. Se pasaba la página de estos delirios de José Tadeo Monagas de los seis años y la reelección indefinida o la reelección inmediata, y además el nepotismo de los Monagas condujo a que el constituyente de Valencia prohibiera la elección de parientes hasta por segundo grado de afinidad y cuarto de consanguinidad en elecciones presidenciales sucesivas, o sea que se cortó de plano el nepotismo.

Se fijó el período del vicepresidente de la República en dos años y se designa a Caracas como capital de la República, una condición que se había trasladado temporalmente a Valencia, mientras ocurría la convención allá. Y la Convención de Valencia designó de manera interina, pues el 6 de enero de 1859, hasta tanto se realizaran las elecciones pautadas, a Julián Castro como presidente de la República, a Manuel Felipe de Tovar como vicepresidente y a Pedro Gual como designado, que era cómo se llamaba al segundo vicepresidente.

Y ese día era recibido el general Páez, un aplauso prolongado en la Convención de Valencia después de muchos años de exilio, y se le rindieron grandes honores al general Páez, como eran naturales.

Mientras tanto, el 20 de febrero de 1859 el comandante Tirso de la Berría toma el cuartel de Coro al frente de un contingente de hombres que abrazaban la bandera liberal y se hizo con el parque que estaba en el cuartel. Al día siguiente entregaron una proclama que culminaba exclamando "¡Viva el movimiento federalista de Coro! ¡Viva la Federación de todas las provincias de la República! ¡Viva el general Juan Crisóstomo Falcón, primer jefe del Movimiento Federalista Nacional!".

Y los alzados tomaron dos goletas en la vela de Coro, se dirigieron a Curazao y en ellas regresaron, entre ellos Zamora y muchos otros liberales. El 22 de febrero ya Zamora estaba al frente del Ejército Federal de Occidente. De inmediato se le sumaron muchos hombres en rebeldía frente al gobierno de Castro, y el 25 se lanzó la proclama del Gobierno Provisional del Estado Independiente de Coro.

Entre tanto, Falcón en la isla de Santo Tomás, lo toma por sorpresa el alzamiento de la Berría y él y Zamora se viene hasta Curazao buscando estar más cerca de los acontecimientos. Ya la Guerra Federal había comenzado; nos dedicaremos a ella en el próximo programa, el programa número 13 de esta serie que venimos desarrollando. Hasta aquí el programa de hoy con el comienzo de la Guerra Federal en 1859, el 20 de febrero. Rafael Arráiz.

Hasta nuestro próximo encuentro.

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