Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Este es el programa número 13 de la serie que venimos desarrollando sobre la historia política venezolana del siglo XIX. En nuestro programa anterior revisamos el alzamiento de Julián Castro, cómo alcanza el poder y es desplazado José Tadeo Monagas, revisamos la Convención Nacional de Valencia, donde se aprobó la Constitución Nacional de 1858.
Vimos que esa convención lo designa de manera interina a Julián Castro hasta tanto se realizasen las elecciones pautadas, y esa convención estableció que Manuel Felipe de Tovar era vicepresidente y Pedro O'Wall segundo vicepresidente. Vamos a ver cómo Castro comienza a enfrentar alzamientos, el de Tirso Salaverría, y otro alzamiento levantando la bandera de la Federación en Coro, y Castro empieza a hacer cambios en su gabinete ejecutivo buscando atraer al gobierno a figuras del Partido Liberal. De esa manera buscaba atemperar las hostilidades que se estaban anunciando en el horizonte, los nubarrones. Y fue entonces que nombró a Rafael Arbelo en Relaciones Interiores y al general Carlos Soublette en Relaciones Exteriores.
Obviamente Soublette no era liberal pero había demostrado siempre facultades particulares para la negociación y la paz. Y este gabinete exhortó a Julián Castro a recuperar el espíritu de marzo de 1858. ¿Cuál era ese espíritu? El de la convivencia pacífica que no se había logrado, pero la verdad es que ya era tarde para soluciones pacíficas, los adversarios del gobierno de Julián Castro estaban en pie de guerra.
Desde Trinidad los liberales se preparaban para alzar el Oriente del país y en el centro del país se adelantaba el mismo proceso, y Ezequiel Zamora salía el 29 de marzo de 1859 desde Coro en campaña guerrera hacia el resto del territorio. Por su parte, homenajes al general Páez, que había regresado después de un largo exilio, se le tributaban en distintas zonas de la geografía nacional y a Castro esto empezaba a no gustarle demasiado. Y entonces Castro, no se sabe por qué, desarrolló una táctica muy extraña para tantear la correlación de fuerzas de su gabinete. Hizo lo siguiente: Castro renunció a la presidencia de la República por causa de enfermedad y dejó el poder en manos del vicepresidente Tovar, como lo pautaba la Constitución, y esto lo hizo saber de una manera extraña mediante un decreto publicado en la prensa el 7 de junio.
¡La sorpresa para Tovar fue mayúscula! Ya que no se esperaba esa conducta de Castro y él no estaba avisado en relación con esto, tampoco sabía Tovar que pocos días después el mismo Castro regresaba al poder como si no hubiese pasado nada. Y esto produjo, como era lógico, la renuncia de los conservadores del gabinete y fueron sustituidos por los liberales, lo que indica que a todas luces Castro andaba buscando congraciarse con el Partido Liberal, con miras a mantener el poder en sus manos. Pero los liberales que nombró en el gobierno no eran los mismos que estaban en guerra y los que estaban en guerra continuaron con sus enfrentamientos.
Castro dictó una amnistía y alcanzó, sin proponérselo, a facilitarles las cosas a los propios liberales que conspiraban en su contra. Fueron una cantidad de movimientos torpes políticamente hablando y el general Castro logró ganarse a los conservadores de enemigos que no lo eran en un principio. De modo que su situación ahora era más compleja. Por su parte, el general Páez, que estaba al frente de Guerra y Marina, decide irse del país, ya advertido de la animadversión de Castro y de sus intenciones, se va hacia Nueva York el 7 de julio de 1859.
Y esos meses que había permanecido en Venezuela, llamado por la Convención Nacional de Valencia, habían sido gratificantes, complejos a la vez para el general Páez. Por su parte, mientras Falcón estudiaba el momento de abandonar Curazao y unirse a la gesta federal, Zamora iba avanzando por todo el occidente del país, unas veces venciendo, otras perdiendo batallas. Y llegó hasta ocupar zonas de los Andes desde sus cuarteles en Barinas y en Guanare. Y finalmente Falcón desembarcó en Palmasola el 24 de julio de 1859 y dirigió una proclama al país.
Mientras tanto Castro, que andaba buscando encabezar la gesta de los liberales, convocó a una junta de notables en su casa y les planteó la situación del país. Y de las reuniones se corrió el rumor bien fundamentado de que el gobierno asumiría el programa federal revolucionario y, dada la conducta errática de Castro, era posible pensar que era capaz de adelantarse mediante un cambio. Y se activó un golpe de Estado en su contra. El 1º de agosto de 1859 Castro es hecho preso por órdenes del comandante Manuel Vicente de las Casas.
La Constitución condujo a que se llamara al segundo vicepresidente, Pedro O'Wall, a dialogar con Castro, preso en la Casa de Gobierno, ya que Tovar se encontraba ausente, no estaba en Caracas. Y la prisión de Castro por traición se alegó que hacía innecesaria su renuncia, ya que no ejercía la autoridad. Y la autoridad la encarnaba el doctor O'Wall. Sin embargo, O'Wall insistió en la necesidad de la renuncia de Castro, quien no quería firmar las renuncias, por supuesto, y en todo esto intercede el general Soublette y surte efecto, y Castro redactó y firmó su renuncia y se la envía al Congreso Nacional.
Y entonces, en la discusión allí del Congreso Nacional fue de otro orden, mientras que en las calles se significaba un combate entre las fuerzas en pugna. El 2 de agosto de 1859 Pedro Gual asumió interinamente la Presidencia de la República. Julián Castro es juzgado por el delito de traición entre abril y julio en 1860. Y finalmente es desterrado en ese mismo mes de julio del año 60, y va a pasar una década antes que aparezca de nuevo Julián Castro en escena, en 1870.
Una presidencia muy contradictoria, muy extraña, dio bandazos de un sector político a otro, pareciera no entender el momento político y no entender las relaciones de las fuerzas que estaban en pugna. Entonces estamos en la presidencia interina de Pedro Gual, que gobierna entre el 2 de agosto y el 29 de septiembre. Y ese día Manuel Felipe Tovar asume la Presidencia. Estos dos meses de Gual son de grandes convulsiones para el país, tanto Zamora como Falcón van librando batallas y la nación vive en el mayor caos.
La guerra es siempre así, al punto tal que el vicepresidente Tovar no pudo asumir su cargo por hallarse escondido en La Guaira y luego llega a Caracas vía Puerto Cabello y Valencia, sorteando infinidades de escollos. Era un país en guerra que ardía por los cuatro costados. ¿Y a cuál le tocó estar al frente de la República? Durante las reconquistas militar de La Guaira, mientras se abría una trocha en los valles de Aragua para franquearle el paso a Tovar que debía regresar de Valencia, y también durante el mandato interino, se abrieron acciones para recuperar los Valles del Tuy y Barlovento.
Finalmente Manuel Felipe Tovar asume la presidencia de la República el 29 de septiembre de 1859 en medio de las trifulcas de la Guerra Federal, y este período interino ha debido ser de grandes angustias para Tovar, porque Zamora y Falcón avanzaban en la ocupación del territorio. Si bien las fuerzas leales al gobierno libraban batallas y en algunas salían victoriosas, la arremetida de los ejércitos federales era severa. Y Ezequiel Zamora, desde mediados de noviembre de 1859, venía pensando en librar una batalla en los alrededores del pueblo de Santa Inés.
Eso queda a 36 kilómetros de la ciudad de Barinas y se habían sumado los ejércitos de Falcón y de Zamora; por primera vez alcanzaban cifras para un parque temible. Hasta entonces la guerra había sido una guerra de guerrillas y la batalla de Santa Inés era la primera que se daba en grande. El ejército del gobierno estaba al mando del general José María Rubín y del general Ramos, que avanzan hacia el sitio porque tenían la orden de perseguir al Ejército Federal hasta abatirlos. Y allí estaban esperando los Zamora y Falcón, atrincherados.
El 10 de diciembre de 1859 tuvo lugar la batalla, el saldo fue desastroso para el gobierno. Lo que quedó del ejército del Gobierno llegó a Mérida hecho pedazos. Se salvaron los jefes Rubín y Ramos y se salvaron cerca de 200 soldados, y el Ejército Federal, después de la victoria, alcanzaba a cerca de 4.500 soldados que regresaron a Barinas a tomar aliento y reorganizarse para marchar hacia el centro del país y tomar la capital de la República. Cuando llegaron las noticias a Caracas del desastre de Santa Inés, el gobierno decidió arreciar la lucha y armó un nuevo ejército occidental y además incrementó la vigilancia sobre los liberales, que hizo presos a una cantidad de ellos.
En la próxima parte del programa veremos la muerte de Ezequiel Zamora. Ya regresamos. En la parte anterior del programa decíamos que veríamos en esta la muerte de Ezequiel Zamora. Veamos los hechos, de Barinas partió el Ejército Federal hacia Guanare y llegaron allí el 4 de enero de 1860.
Ese ejército lo encabezaban Falcón y Zamora, que eran cuñados además; quizás la gente no sabe demasiado claramente, ya que Zamora estaba casado con Estefanía Falcón y esto, se digamos, hacía prosperar poco las intrigas que corrían para sembrar entre ellos, porque bueno, era una familia. Y el 10 de enero se dispuso al ejército a atacar la ciudad de San Carlos. Y en una acción de Zamora que buscaba neutralizar a unos francotiradores que estaban apostados en una casa, una bala perdida penetró por su ojo derecho y salió por el occipital, y ahí murió en el sitio.
En brazos de su secretario, que era nada menos que Antonio Guzmán Blanco, al general Falcón por supuesto lo estremeció la noticia. Zamora era natural de Cúa y contaba en ese momento 42 años, un hombre muy joven. Y el hecho no se hizo público de inmediato, ya que hacerlo hubiese supuesto una desmoralización total del Ejército Federal de Occidente, y se supo, pues, la muerte de Zamora una semana después de ocurrida. La verdad es una actitud poco prudente por parte de Zamora en la acción, quizás esto respondía a una gran confianza en sí mismo que él traía, fruto de la victoria extraordinaria de Santa Inés.
¿Dónde está lo imprudente? Bueno, un general no suele desempeñar tareas que pongan su vida en riesgo, ya que sus funciones de comando son más importantes que las de acción propiamente dicho y quizás por ello es que se han tejido otras hipótesis sobre su muerte, buscando una explicación distinta a la imprudencia, simplemente que aún no me resulta bastante evidente. Bien entonces, no obstante el golpe desmoralizador que fue la muerte de Zamora para el Ejército Federal, el general Falcón continuó su marcha hacia Caracas. Se detuvo en Tinaquillo, siguió hacia Valencia y allí le advirtieron que el general León de Febres Cordero había salido con sus ejércitos a buscarle pleito, a enfrentarlo.
Falcón se retiró hacia Tinaco esperando la llegada del Ejército Federal de Oriente, al mando del general Sotillo, y el ejército ahora unificado sumaba cerca de 5.500 hombres. Y allí en deliberaciones surgió la idea de movilizarse hacia Guárico mientras el ejército contrario acampaba en Carabobo con cerca de 4.400 soldados. Falcón intuía que su ejército no estaba en condiciones favorables para la batalla y por eso estaba eludiendo el encuentro, tomó el camino hacia Puré. En San Fernando halló resistencia de los fieles al gobierno y replegó sus ejércitos desde el sitio de Coplé.
Al mismo tiempo Febres Cordero avanzaba sobre ellos y el 17 de febrero de 1860 tuvo lugar la batalla de Coplé con resultados favorables para el gobierno, muy malos para Falcón. Sin embargo, a diferencia de Zamora que persiguió los vencidos en Santa Inés al objeto de desbaratarlos, Febres Cordero lo dejó ir en paz, en retirada hacia Tiznados. Allí Falcón toma la decisión de dividir el ejército en cuatro partes y se va a Bogotá para buscar recursos y pertrechos. Y llega Falcón a la capital de Colombia en abril de 1860.
La verdad es que nunca más el Ejército Federal llegó a tener las dimensiones que tuvo cuando dio las batallas de Santa Inés y de Coplé. Aquí hay un punto de inflexión en esta guerra que va a tomar otro rumbo, esa derrota supone una suerte de paréntesis en la guerra. Mientras tanto, mientras está ocurriendo todo esto, pues de acuerdo con la Constitución Nacional vigente, la de 1858, se convocaron elecciones en abril de 1860. Era la primera vez en toda la historia de nuestra República que se votaba de manera directa y el primer presidente electo de forma directa fue entonces Manuel Felipe de Tovar, que obtuvo 35.010 votos, para gobernar en el período constitucional de 1860 a 1864.
La Constitución no establecía la reelección inmediata, por supuesto, porque venía a corregir la de 1857, que sí la establecía. Pedro Gual fue electo vicepresidente con 26.269 votos y el 10 de abril, el Congreso practicó el escrutinio. El 11 escogió al designado que en este caso fue el general León Febres Cordero y el 12 juramentó a Tovar y a Gual en el templo de San Francisco delante del cuerpo diplomático. De modo que por primera vez los venezolanos elegimos directamente a nuestros gobernantes, y eso ocurrió en medio de una guerra que había cobrado ya miles de vidas.
Y tenía el país postrado en la miseria y la desolación como suelen ocurrir con las guerras. El presidente Tovar va a formar un gabinete con Enrique Pérez de Velasco en Interior y Justicia, José Eusebio Gallegos en Hacienda, Juan José Mendoza en Relaciones Exteriores y el general Páez en Guerra y Marina. Páez había regresado recientemente al país. Tovar envía una señal favorable, indultando a los prisioneros liberales, y de inmediato aborda el tema económico nacional que era urgente.
Logró un préstamo para paliar la situación deficitaria del Poder Ejecutivo, estableció un impuesto sobre la renta, de manera a mejorar las arcas de un Estado prácticamente en quiebra, permitió las importaciones de los productos agrícolas que habían mermado o desaparecido a causa de la guerra, fijó el sueldo de los empleados públicos. Sin embargo, todas estas medidas económicas correctas no contribuyeron con la paz de la República, no porque no lo fueran, sino porque el desafío bélico de los federales era alcanzar el poder a como diera lugar. De modo que se estaba desarrollando un gobierno económicamente sensato, pero un sector del país buscaba el poder por las armas.
Y en julio de 1860 hay un cisma en el gabinete, unos seguían el civilismo de Tovar y otros veían al general Páez como el hombre indicado para la coyuntura guerrera. El gabinete le renunció entero a Tovar. Páez aprovecha para irse del país, no estar involucrado en el ojo del huracán, Tovar nombra a un nuevo gabinete y continúa en medio de la guerra, suscribiendo ahora una política represiva recomendada por la línea dura de los conservadores mientras Páez marcaba distancia. La paz, por supuesto, estaba muy lejos de lograrse por esta vía.
Y si bien es cierto que el Ejército Federal no tenía la entidad de las batallas de Santa Inés y de Coplé, el esquema de la guerra de guerrillas con focos diseminados por casi todo el país pues era una estrategia que les estaba dando resultados. Y en los meses finales de 1860 en la prensa comenzó a publicarse un conjunto de artículos que clamaban por el regreso de Páez, a quien muchos veían como la solución posible a la crisis que planteaba el desafío bélico. Páez, bueno, imagínense la importancia que tenía como guerrero y Tovar no lo era, Tovar era un civil. Páez por su parte respondía desde el exterior poniendo en duda que con la Constitución vigente se pudiera hacer frente a la situación.
Y así fue como le abrió paso a la instauración de una dictadura, que obviamente era imposible que la desempeñaran los civiles: Tovar y Gual no tenían ningún ascendiente sobre el ejército. Y esto, como vemos, presagiaba que Páez se tenía a sí mismo como el indicado para llevar adelante el trabajo dictatorial. Mientras tanto, entre finales de 1860 y principios de 1861 el general Falcón seguía en las Antillas buscando pertrechos para su ejército. A la par, los soldados federales en Venezuela empezaban a desesperarse, Tovar le va a hacer saber a Páez que necesita de su colaboración para enfrentar la crisis y que volviera al país.
Páez regresa el 14 de marzo de 1861, antes se despide del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, donde se desempeñaba como representante del Estado venezolano. En Caracas Ángel Quintero y Pedro José Rojas caldeaban los ánimos a favor de determinaciones severas en contra de los federales, a todas luces en acuerdo con su jefe máximo que era Páez, que no escondía el deseo de asumir la dictadura para enfrentar los problemas en las guerras, de modo que aquí vamos avanzando hacia un desenlace que lo referiremos en la próxima parte del programa.
Más que un desenlace, un cambio importante es el que vamos a referir en relación con el curso de la guerra, porque estamos viendo que hay una tensión entre el mundo civil representado por Tovar y Gual y el mundo militar representado por Páez. Lo veremos entonces en la próxima parte del programa. En las partes anteriores del programa veníamos hablando de la situación entre Manuel Felipe Tovar y José Antonio Páez.
Finalmente, el presidente Tovar designa a Páez como jefe del Ejército, ya que renuncia al general Febres Cordero. Y el 3 de mayo, el general Páez, por intermedio del secretario general del jefe del Ejército, Ángel Quintero, lanza una proclama en la que se excedía en sus atribuciones, creando un recelo natural en el seno del gobierno. El ministro de Guerra y Marina, Febres Cordero, y Páez intercambiaron misivas ventilando los pormenores de las diferencias hasta que el 8 de mayo de 1861 renunció el jefe del ejército, era Páez, siéndole aceptada la renuncia por Tovar. Tovar reorganiza el gabinete, pero la crisis sigue su curso y los militaristas de mano dura que quieren que la guerra esté a la comandancia del general Páez pues claman con sus regresos.
Y la discusión se concentró, como es natural, en el Congreso, que es el lugar natural de la diatriba política, y allí los seguidores de Páez establecían diferencias entre los conservadores de Tovar, a quienes llamaban los mantuanos, y ellos, los conservadores no mantuanos. Por su parte Páez y los suyos comenzaron a establecer puentes con federalistas y les ofrecían administrar en conjunto el gobierno. Mientras las ofertas de Tovar eran contradictorias, una vez es mano dura, otra vez es conciliación, y todo eso en medio de grandes presiones. Y el juego era peligroso y Páez presiona la salida de Tovar por la vía de echarle gasolina al fuego a la crisis y lo logra, y Tovar renuncia el 20 de mayo de 1861 ante el hecho insólito de la connivencia entre tropas del gobierno y algunos de los ejércitos federales.
Tovar se fue a su casa, no se fue del país. Contaba con respeto de mucha gente, era un personaje que concitaba mucha autoridad. Y unos meses después se fue a París, en donde vivió varios años hasta que lo alcanzó la muerte. Por cierto, sus restos están allá en un cementerio en la capital de Francia y es verdad esos restos merecen un destino venezolano, el más indicado el Panteón Nacional, pero bueno, ojalá algún día ocurra. Ese mismo 20 de mayo asume la presidencia el vicepresidente Pedro Gual, como lo pautaba la Constitución vigente, y nombra un gabinete que despeja dudas acerca de quién detentaba realmente el poder.
En el Ministerio del Interior y Justicia, Ángel Quintero, sempiterno socio y amigo del general Páez; Pedro Hernández Romero en Hacienda, Rafael Seixas en Relaciones Exteriores y el general Soublette en Guerra y Marina. El 21 asumió como jefe de ejército al general José Antonio Páez. Y entonces, por cierto, el presidente Gual tenía en ese momento 77 años y toda una vida de servicios considerables a la república. Bueno, de inmediato salió Páez a los Valles de Aragua a pregonar su política de paz y unión que la acogieron algunos jefes federalistas, pero que muy pronto fue desoída por los seguidores de la causa federal.
Ángel Quintero, por su parte, desde Interior y Justicia apretaba el puño contra los federalistas buscando que el conflicto se avivara, no prosperara la paz, al menos esto es lo que se desprende de su trabajo. Por otra parte, el general Falcón había regresado al país procedente de Aruba y el 8 de julio de 1861 entrega una proclama que aviva las fuerzas federales revolucionarias. El presidente Gual intenta apaciguar las aguas, pero no lo logra y la verdad es el país estaba fracturado en tres. Unos, los constitucionalistas que seguían a Gual, era el factor menos influyente en un conflicto armado; los federalistas que buscaban el poder por las armas y seguían al general Falcón; y los que impulsaban al general Páez para hacer algo de lo que él mismo estaba convencido, es decir, la necesidad de asumir la dictadura para enfrentar la guerra y resolver la crisis política.
Finalmente el coronel José Eche Suría hizo preso al presidente Gual en su casa, de acuerdo con lo pautado por quien instigaba a esta política, que era Pedro José Rojas. Y la Constitución vigente señalaba que al vicepresidente en ejercicio de la presidencia lo sustituía el designado, es decir, Ángel Quintero, pero cuando Quintero intuyó que la voluntad íntima de Páez era la dictadura, se fue del país hacia Puerto Rico. Y antes, frente a la insistencia de Gual para que asumiera la presidencia, Quintero había advertido que solo lo haría si se le garantizaba un período suficiente al mando de la república, cosa que en medio de una guerra quién puede garantizar eso, y a los pocos días de haber sido apresado Gual sale hacia Las Antillas, luego se muda a Guayaquil, y allá va a fallecer el 6 de mayo de 1862.
Gual es un gran personaje, abogado, escritor político, canciller en la República de Colombia cuando era la Colombia integrada por Venezuela, Nueva Granada y Quito. Y un estadista venezolano, la mayor y más significativa obra, un gran personaje en nuestra historia que le tocó ejercer la primera magistratura en varias oportunidades como apaga fuego, civil o político de gran importancia. Bueno, entonces comienza la dictadura del general Páez, que va a durar de 1861 al 1863. Páez va a recibir manifestaciones de adhesión en Valencia, en Caracas, y bueno el general manifiesta debatirse entre su demostrado institucionalismo y el apego al régimen constitucional. Y lo que reclama de él la nación propiamente es enfrentar la guerra.
Fíjense lo siguiente: la Constitución vigente ordenaba que ante la renuncia de Tovar asumiera Gual y ante la renuncia de Gual asumiera Quintero. Pues bien, Tovar renunció, asumió Gual, Quintero se fue, Gual estaba preso. Y si Páez hubiese querido mantenerse dentro lo pautado por la Constitución, pues simplemente dejaba libre a Gual y le devolvía el mando, pero lo había hecho preso. El coronel Eche Suría, que estaba bajo las órdenes de Páez. De modo que no hay mayores dilemas.
Páez necesitaba asumir el poder por la vía extraconstitucional. Necesitaba obviar a la Constitución para poder, según él, enfrentar la guerra. Él ha podido hacer los pasos constitucionalmente, pues probablemente sí, pero no lo hizo, por eso se habla de la dictadura del general Páez. Y Páez forma un gabinete designando a Pedro José Rojas al frente de Interior y Justicia; en Hacienda a José Santiago Rodríguez; en Relaciones Exteriores a Hilarión Nadal; y a José Eche Suría, en Guerra y Marina, pagándole los servicios prestados.
Y de inmediato inicia hostilidades contra los conservadores constitucionalistas, entre ellos José Vicente González, el gran escritor, y muy pronto van a aflorar grandes contradicciones, porque la gente que aclamó a Páez para que buscara paz, pero lo primero es enviar a la cárcel a los conservadores institucionalistas. Y organiza un gobierno y toma medidas económicas y fiscales propias de una economía de guerra y designa comisiones redactoras de los códigos civil, penal, mercantil. Y la guerra por otra parte sigue su curso y Falcón lanza un desafío al gobierno en Coro mientras otros federales lo hacen en Guarenas. ¿Y así vamos?
La guerra continúa en medio de esta crisis política que ha asumido el poder José Antonio Páez. Y en septiembre de 1861 Páez va a designar comisiones para dialogar con los federales, con el objeto de avanzar hacia un tratado de paz. Por su parte José Tadeo Monagas regresa al país el 10 de octubre de 1861, después de pasar tres años en Trinidad, y comienza a organizar a sus seguidores liberales. Antonio Leocadio Guzmán funda en Bogotá, por su parte, el periódico El Colombiano, en que proponía el renacimiento de la Gran Colombia.
Y Pedro José Rojas por su parte logra convencer a un grupo empresario de las necesidades para crear un banco y así se crea el primer Banco de Venezuela, que quiebra al año siguiente en medio de las calamidades de la guerra. Por su lado el avance de las comisiones de paz es de tal magnitud y la esperanza de la gente, tan grande, que finalmente se da una entrevista entre Páez y Falcón en Carabobo el 8 de diciembre de 1861. Allí convinieron a seguir al día siguiente por intermedio de sus secretarios, es decir Pedro José Rojas y Antonio Guzmán Blanco. Finalmente Falcón redactó un texto que establecía los parámetros del acuerdo, pero a Rojas le pareció inaceptable. Y bueno...
La sangre no llegó al río y quedaron en verse de nuevo el día siguiente. Pero ese día no llegó ya que Falcón no asistió debido a la noticia que le había llegado, según las fuerzas paecistas habían abierto hostilidades en su contra, en otra región del país. Se intentó otra reunión el 12 de octubre sin Páez y Falcón, pero ya la decisión de Páez y Rojas era la de continuar con la guerra, no había nada que hacer. La guerra seguía su curso, no había un espacio para el acuerdo. En ese momento Páez organizó su gobierno dictatorial, mientras Falcón y Guzmán Blanco hacían lo mismo y seguía el curso de la guerra, que veremos en las últimas partes del programa.
Ya regresamos. Bien, entonces entre los hechos de 1862 va a destacar la toma de Maracaibo por parte de Venancio Pulgar en el curso de la guerra. Pero Pulgar no era ni de un sector ni de otro y declara la autonomía de la plaza para complicar aún más el panorama. Más adelante Pulgar se suma a la causa de los federales. Por otra parte, los generales federales Guzmán Blanco y Linares Alcántara se van destacando en sus acciones guerreras.
Los federales y las tropas del gobierno van sumando y perdiendo territorios, la balanza no se inclina decididamente hacia ningún lado, aunque las conquistas territoriales de los ejércitos federales son puntos a su favor y pérdidas para el gobierno. Y el ascendente de Pedro José Rojas sobre Páez se va a incrementar ante los ojos del país al lograr ser electo como sustituto en caso de ausencia del general Páez. Esta figura extraña no estaba prevista, pero ahí se está actuando al margen de la Constitución. En septiembre de 1862 Guzmán Blanco es designado por Falcón como jefe de los ejércitos del centro y entonces entrega una proclama en Guatire.
Y el nerviosismo en Caracas iba en ascenso ante la cercanía del Ejército de Guzmán Blanco. Mientras tanto, la facción conservadora constitucionalista no perdía oportunidad de adversar la dictadura de Páez. Falcón avanzaba en Occidente mientras la destitución del mando del general Rubín por parte de sus segundos, descontentos por sus extremos procedimentales, fue un duro golpe para el ejército occidental de la dictadura de Páez. Mientras tanto Guzmán Blanco rodeaba a Caracas y se acercaba a la ciudad y se abrían allí dos posibilidades: una batalla en las inmediaciones de la ciudad, lo que sería catastrófico, o lo que Guzmán Blanco había propuesto varias veces, un avenimiento.
Finalmente la dictadura convino en conversar y se buscó un lugar neutral muy cerca de Caracas. Bueno, en ese momento cercano a Caracas era la Hacienda de Coche de la familia Madrid y allí la conversación tuvo lugar a partir del 23 de abril de 1863. Y una vez convenidas las partes fundamentales del Tratado de Coche, Pedro José Rojas y su comitiva se trasladan a Caracas y se reúnen con Páez y sus consejeros. Todos estuvieron de acuerdo con lo pautado en el tratado y Rojas y su comitiva regresaron a la Hacienda de Coche al día siguiente. Entonces la familia Madrid brindó un almuerzo, se celebró por todo lo alto.
Se movilizó Caracas, tanto Rojas como Guzmán Blanco y sus comitivas, y se reunieron con Páez en La Viñeta. Al día siguiente, partió hacia Coro vía La Guaira Guzmán Blanco en busca de la ratificación del tratado por parte de Falcón. Cosa que termina de ocurrir en el pueblo de Nirgua el 27 de mayo, Falcón propuso dos modificaciones menores, Páez las acepta. Va y viene Guzmán Blanco y las acciones bélicas cesaron en abril. Se acabó la guerra después de lo acordado en el tratado, aunque la noticia llegó después a los lugares más lejanos y de acuerdo con lo pautado del tratado se convoca la Asamblea Nacional en la ciudad de La Victoria el 15 de junio de 1863, integrada por un número exacto de federales y conservadores.
Ese mismo día se recibe la carta de renuncia del general Páez, la Asamblea la acepta y de inmediato se pasa a designar como presidente provisional de la Federación Venezolana al general Juan Crisóstomo Falcón. Y dice textualmente: "Mientras que reunida la asamblea constituyente que él ha de convocar se organice definitivamente el país". Entonces la Asamblea nombra como vicepresidente a Antonio Guzmán Blanco. Estamos en 1863. Fíjense la cantidad de años que va a tener influencia Guzmán Blanco hasta 1888.
El general Páez sale de Venezuela el 13 de agosto, nunca más regresó al país, vivió en Nueva York, en Buenos Aires, sobrevivió 10 años a este gobierno porque Páez falleció en Nueva York el 6 de mayo de 1873, cuando sumaba 83 años, una vida larga. Desde 1821, con su decisiva participación en la batalla de Carabobo, hasta esta fecha, 1863, suman 42 años, 42 años en los que la figura de Páez fue determinante. De modo que nadie ha ejercido durante tanto tiempo tanta influencia en Venezuela como él. Pedro José Rojas también sale al exilio en agosto, se radica en Madrid y París y regresa a Venezuela y va a conocer la cárcel durante el primer gobierno de Guzmán Blanco y después salió al exilio de nuevo. Muere en París el 28 de mayo de 1874.
Concluía la Guerra Federal con un tratado negociado por un civil, Pedro José Rojas, y otro que conocía el mundo civil y militar, Antonio Guzmán Blanco. No hay una batalla que decida la Guerra Federal sino un tratado de paz, pero la victoria estuvo en manos de los federales y se abre entonces el período de mando del general Falcón, que va a preceder, como les dije, la larga influencia de Guzmán Blanco en Venezuela. Concluía la larga etapa de influencia en la vida nacional de José Antonio Páez y se anunciaban las estrellas ascendentes del otro caudillo determinante del siglo XIX, que es Antonio Guzmán Blanco. Por cierto, el primero de los dos no había integrado las filas del Ejército Libertador, tampoco Falcón.
Venezuela estaba destruida y bueno viene otra etapa que veremos por supuesto en nuestro próximo programa. ¿Cuándo trabajaremos? Pues el nuevo marco constitucional que se crea alrededor de la Constitución Nacional de 1864, la presidencia provisional de Juan Crisóstomo Falcón y la presidencia electa de Falcón. Y veremos todo ese período de intento de establecer un sistema federal en Venezuela, pero eso será en nuestro próximo programa, en el programa número 14, por lo pronto hasta aquí nos trajo el río hoy.
Soy Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián y Fernando Camacho y en la dirección técnica Fernando Camacho y Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com o en Twitter arroba rafaelarraiz. Hasta nuestro próximo encuentro.