Siglo XIX Venezolano
29 de octubre de 2019

Siglo XIX Venezolano. Cap 10.

Historia política esencial de la centuria.

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Productor nacional independiente número 30.720. Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En la continuación de esta serie sobre la historia política venezolana del siglo XIX, este es el programa número 10 y vamos a comenzar con un hecho.

Como sabemos, sobre los últimos días del Libertador se ha escrito abundantemente. Solo podemos agregar que el deterioro de su salud fue paulatino y vinculado con problemas respiratorios que, en la autopsia practicada por el doctor Alejandro Próspero Reverend, se confirmaron. Reverend dice textualmente en su autopsia: "En su principio un catarro pulmonar que, habiendo sido descuidado, pasó al estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa". Fin de la cita.

Bueno, la última carta de Bolívar, que escribió miles de cartas, es una duda. Esa última carta la redacta o la dicta el 10 de diciembre de 1830 y tiene como destinatario el general Justo Briceño; incluso su proclama final y su testamento también están dirigidas al general Justo Briceño. En este testamento, por cierto, se dice de Bolívar lo siguiente: natural de la ciudad de Caracas, en el Departamento de Venezuela, que nos deja ante dos caminos: ignoraba la refundación de la República de Venezuela el 22 de septiembre de 1830 o se negaba a aceptarla.

En todo caso, su última voluntad testamentaria aludía a Venezuela como el Departamento de Venezuela, no como la República de Venezuela, sino como el departamento integrante de la República. La muerte de Bolívar era evidente que traía para él dos fracasos muy claros: uno, el de su proyecto político, es decir, la implantación de la Constitución de Bolivia en Colombia y sus ideas centralistas y hereditarias sobre el gobierno que están recogidas en la Constitución de Bolivia que él propone que sea la que rija en la República de Colombia. Y lo otro, el otro fracaso es la separación de Nueva Granada, Venezuela y Quito entre repúblicas que se van a llamar Nueva Granada, Venezuela y Ecuador.

Porque recuerden ustedes que cuando se deshace la República de Colombia, la actual Colombia vuelve a llamarse Nueva Granada. Ellos asumen el nombre de Colombia varios años después, 20 años después aproximadamente, y se separa del proyecto son tres estados autónomos libres. Y uno se pregunta si tenía razón Bolívar al afirmar, en una carta que le envía a Juan José Flores el 9 de noviembre de 1830, lo que dijo.

Por cierto, Juan José Flores es un general venezolano oriundo de Puerto Cabello, que fue un hombre importantísimo en Ecuador, presidente de la República varias veces y para mucha gente el fundador de la república ecuatoriana. Le dice entonces a Juan José Flores lo siguiente: "Usted sabe, yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos".

"La América es ingobernable para nosotros, el que sirve una revolución hará en el mar la única cosa que se puede hacer en América: emigrar. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas. Devorados por los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período en América". Muy duro.

Claro, este es un hombre que está conociendo la arena del fracaso y está hablando desde la depresión, desde el fracaso, tiene una visión muy negra del futuro de estos países y del proyecto que él ha tratado de implantar. Nosotros en lo particular creemos que estaba abatido en Bolívar, además de la enfermedad que lo tenía muy mal y, en consecuencia, no advertía con claridad lo que él había logrado. Y su aversión a la anarquía lo llevaba a no interpretar con claridad la manifestación de las ideas divergentes y la abierta confrontación, eso que él llama en la carta.

La América es ingobernable para nosotros, él siempre tuvo el temor de la anarquía y la veía, la detectaba con mucha facilidad, y uno se pregunta si no la confundía con el libre ejercicio de la disidencia democrática. Eso es lo natural, pero él lo ubicaba como anarquía y caos. Él estaba convencido de la necesidad del gobierno fuerte y centralizado, que veía en cualquier expresión disidente el germen de su propia disolución. Y también veía la existencia de partidos políticos y, bueno, con mucha frecuencia vio cualquier disidencia hacia su pensamiento más que como una disidencia natural, muchas veces lo vio como una traición.

Sin embargo, no hay duda que durante toda su vida Bolívar mantuvo un espacio de gran lucidez de interpretación de la realidad. Incluso en los casos en que sus errores lo condujeron a desafueros, y eso se desprende claramente de una de sus últimas cartas. Esa carta, voy a leerles un párrafo, está dirigida al general Rafael Urdaneta, escrita en Barranquilla el 16 de noviembre de 1830, y le dice Bolívar a Urdaneta.

"Voy a escribir de nuevo sobre esto, rogándole a usted de paso que tampoco desoiga mis avisos en esta parte y que mejor es una buena composición que mil pleitos ganados. Yo lo he visto palpablemente, como dicen: el no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos, les repito. Mejor es una buena composición que mil pleitos ganados. El no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos".

Una gran lucidez, y bueno, aquí vemos cómo dos procesos paralelos están llegando al fin: la enfermedad de Bolívar que lo lleva a la muerte y también la enfermedad de Colombia que la lleva a su disolución. Y se puede decir que esa enfermedad de Colombia comenzó prácticamente desde el momento de su nacimiento, pero bueno, pasaron once años antes la disolución formal y definitiva y la recreación de la República de Venezuela en Valencia. El Congreso Constituyente, bajo la égida de José Antonio Páez, y por supuesto la recreación de la República de Nueva Granada y la conversión de Quito en una república que a partir de entonces va a denominarse Ecuador.

De modo que estos son los últimos momentos de Simón Bolívar, allá en Santa Marta, Colombia. Sus restos serán traídos a Venezuela 12 años después, cuando gobernaba José Antonio Páez y cuando el albacea testamentario de Simón Bolívar, que fue el doctor José María Vargas, trae los restos de Bolívar desde Santa Marta y los deposita en la Catedral de Caracas porque el Panteón Nacional es una construcción posterior a tiempos de Antonio Guzmán Blanco. Bueno, en esta historia que venimos desarrollando Bolívar sale de escena, estamos en 1830 y ahora viene otra historia en la que Venezuela ya no tiene entre sus protagonistas principales al Libertador Simón Bolívar.

Empieza Venezuela a avanzar sola y vamos entonces a entrar en un período político, histórico, que José Gil Fortoul llamó el de la oligarquía conservadora. Yo lo llamo el período de los conservadores, que va de 1830 a 1846, y en la próxima parte del programa nos vamos a detener en todos estos hechos de la refundación de la República de Venezuela en la Casa de la Estrella, donde se reunió el Congreso Constituyente de Valencia. Ya regresamos.

El Congreso Constituyente se reunió en la Casa de la Estrella, como decíamos en la parte anterior del programa, en la ciudad de Valencia a partir del 6 de mayo de 1830. Su integración estuvo de acuerdo con el decreto 13 de enero de 1831, en que el general Páez instaba a las provincias a elegir sus diputados. Y dos días después de instalado el Congreso se convino en que una comisión integrada por un diputado de cada una de las provincias redactara la nueva Constitución Nacional. Esta comisión cumplió con su trabajo y presentó el texto a consideración del Congreso el 19 de junio de 1830, y luego de varios meses de discusión, en los que se ventilaron de nuevo las tesis centralistas y federalistas, el texto constitucional se aprobó el 22 de septiembre.

A ver, tenemos la Constitución de 1811, la de 1819 en Angostura, la de 1821 en Cúcuta, y esta es la cuarta constitución que tuvimos los venezolanos, la del Congreso Constituyente de Valencia. ¿Quiénes fueron los redactores de la Constitución? Pues fueron Antonio José Soublette, representando Guayana; José Graúl, Cumaná; Eduardo Antonio Hurtado, Barcelona; Andrés Narvarte, nombre muy importante, Caracas; Juan José Osío, Carabobo; José Tejera Corro; José Eusebio Gallegos, Maracaibo; Juan de Dios Picón, Mérida; y Juan José Pulido por Barinas. Estos son los redactores de la Constitución de 1830.

Y mientras se perfeccionaba el texto constitucional, el Congreso Constituyente presidido entonces por el doctor Miguel Peña aprobó un reglamento del 10 de julio, mediante el cual el poder ejecutivo provisional recaía sobre la figura del general Páez y entonces tuvo la denominación de presidente del Estado de Venezuela. A su vez, Diego Bautista Urbaneja fue designado vicepresidente y así es como venía a perfeccionarse un mando de facto que detentaba Páez desde 1829, cuando ya la separación de Venezuela en la República de Colombia era un hecho con alguna fuerza jurídica. Porque la fuerza política ya hemos visto que la tiene a partir de 1826 en los acontecimientos de La Cosiata.

¿Y cómo es esta Constitución? Bueno, el constituyente equilibró entre las tendencias federalistas y centralistas en pugna y logró redactar una carta magna, digamos que centro-federal, muy central y con algún rasgo federal. Dice: algún rasgo federal tomaba en cuenta la autonomía de las municipalidades y también reconocía el impulso central, obviamente. Consagró al principio la separación de los poderes, que es fundamental para los estados modernos, y en su artículo 6 definió la naturaleza del Estado. Dijo: "El gobierno de Venezuela es y será siempre republicano, popular, representativo, responsable y alternativo".

Esa constitución fijó el período presidencial en cuatro años y estableció la no reelección inmediata, que es un principio democrático muy sano. Sí contemplaba la reelección con un período de por medio como mínimo. Y también estableció la Constitución quiénes gozaban de los derechos del ciudadano, es decir, los mismos que les iban a permitir ser elegidos y elegir los destinos públicos. En el artículo trece se lee lo siguiente: "Todos los venezolanos pueden elegir y ser elegidos para los destinos públicos y si están en el goce de sus derechos del ciudadano".

En el artículo catorce explica cuáles son los derechos del ciudadano y dice: "Para gozar de los derechos de ciudadanos se necesita, uno, ser venezolano; dos, ser casado o mayor de 21 años; tres, saber leer y escribir; cuatro, ser dueño de una propiedad raíz cuya renta anual sea de 50 pesos o tener una profesión, oficio o industria útil, que produzca 100 pesos anuales sin dependencia de otro en clase de sirviente". Es decir, se necesitaba que fuera un empresario, alguien que generaba sus propios recursos. De modo que ese era el universo electoral y, como vemos, el Constituyente va a coger la costumbre de su tiempo, la costumbre de su tiempo para conferirle la facultad del voto a los propietarios, no hay la menor duda.

Dejando de lado en aquella época les pasaba por la cabeza el voto universal y directo. El voto universal falta mucho tiempo para que se instaure en algún lugar del mundo, en el siglo XIX estamos apenas en 1830, es en Suramérica, de modo que no se le pueden pedir peras al olmo y las elecciones establecidas eran del segundo grado. Y además la Constitución le colocó una camisa de fuerza al propio Congreso al señalarle una imposibilidad en el artículo 2-28: la autoridad que tiene el Congreso para reformar la Constitución no se extiende a la forma del gobierno, que será siempre republicano, popular, representativo, responsable y alternativo. Es decir, no puede formarse un gobierno distinto a ese por más que alguien lo proponga, o sea una camisa de fuerza interesante.

Y en cuanto al culto religioso, aquí se da un paso adelante dentro del liberalismo porque el texto constitucional no expresó ningún precepto, cosa que sí hacían las constituciones anteriores y consagraban a la religión católica como la religión del Estado. Y esto no puede ser en una república, es un lugar donde conviven todos tirios y troyanos, y el Estado no puede tener una religión. Bueno, esto empieza a ser así lógicamente y felizmente a partir de la Constitución de 1830; por supuesto dio pie a no pocos enfrentamientos entre el Estado y la Iglesia católica. Y algo similar va a ocurrir con los privilegios militares que la carta magna no consagró como los militares aspiraban.

Y la verdad es que el Constituyente, de mayoría liberal en los términos clásicos de la filosofía política, actuó como liberal acogiendo muchos preceptos del liberalismo. Y también conviene recordar estas cosas venezolanas: que quienes tenían mayoría en ese Congreso formaban parte del Partido Conservador, que a los efectos nuestros era un partido político que abrazaba las ideas de la filosofía liberal. Es una contradicción, el Partido Conservador era liberal y el Partido Liberal no era tan liberal como el conservador. Y es decir, el Partido Liberal venezolano tenía unas ideas más cercanas al conservadurismo, si se quiere, en términos clásicos.

Pero es algo a discutir, por supuesto. Muy pronto, en enero de 1831, comienzan los temas y el general José Tadeo Monagas en Oriente reacciona contra la Constitución Nacional proclamando la integridad de Colombia y la autoridad máxima del Libertador, pero cuando él se alza ignoraba que Bolívar había muerto, por supuesto. Y Monagas, como era de esperarse, consideraba que la Constitución promulgada no respetaba suficientemente los fueros militares. Bueno, también se va a alzar en mayo en Aragua de Barcelona, proponiendo la Constitución del Estado de Oriente integrado por cuatro provincias y que llevaría el nombre República de Colombia.

Esto parece un delirio, pero no, así fue, eso fue lo que propuso José Tadeo Monagas. Y claro, el general Páez envía al general Santiago Mariño, otro oriental, a disuadir al general Monagas. Y en vez de lograr su cometido, Mariño, que dio muchos bandazos en su vida, termina encabezando el proyecto inicial de Monagas, desplazándolo. Es una de las piruetas más extrañas de la que se tenga noticia entre nosotros.

Por supuesto, el Congreso Nacional destituye a Mariño: lo han mandado a que sofoque la rebelión de Monagas y termina no solo no sofocándola, sino encabezándola él y desplazando a Monagas. Entonces, por supuesto, lo destituyen y queda encargado de la Presidencia de la República el vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, porque el general Páez va con su tropa a Valle de la Pascua a dialogar con Monagas. Y el 23 de junio Páez logra que Monagas deponga las armas, lo favorece con un indulto y, bueno, se pacificó a Monagas. Pero fíjense cómo apenas está comenzando la república y ya hay un caudillo oriental y otro caudillo oriental, Monagas y Mariño, alzados en contra del nuevo proyecto republicano.

Y el general Páez se ve en la necesidad de negociar con ellos porque no se trata de cualquier persona, son integrantes heroicos del ejército libertador, no es un levantamiento de personajes subalternos. De modo que muy pronto comienza a manifestarse la enfermedad más larga que tuvo Venezuela en el siglo XIX, y fue el caudillismo. En la próxima parte del programa seguiremos viendo estos hechos. Ya regresamos.

Bien, entre el primer levantamiento de Monagas en enero y el acuerdo al que llega con Páez en julio, el Congreso se reúne de nuevo en Valencia el 18 de marzo y convoca elecciones para el 24 del mismo mes. Así es como es electo José Antonio Páez con 136 votos de los 158 sufragios, porcentaje altísimo. Y va a comenzar entonces el período presidencial de cuatro años que culminaría en 1835 y, bueno, siempre dentro de los parámetros fijados por la Constitución de 1830. Como dijimos antes, el 24 de junio de 1831 el presidente Páez, en Valle de la Pascua, alcanza un acuerdo con el general José Tadeo Monagas y este se somete al imperio de la ley.

Y a partir de entonces Páez va a gobernar con menos presiones, con menos fuegos prendidos a los costados. La capital de la República pasa de Valencia a Caracas y mucha gente interpreta esto como una disminución de la influencia del Dr. Miguel Peña sobre Páez. Entonces también en la prensa se va a señalar que la influencia del general Carlos Soublette va a ser cada vez mayor en el ánimo de Páez. Ahora, no cabe la menor duda acerca del peso del Dr. Peña en el ánimo de Páez y esto provenía por su autoridad jurídica, del conocimiento del mundo civil, que era un ámbito a Páez obviamente le era menos familiar.

Pero sería exagerado señalar que su influencia fue tan determinante como para desplazar las propias ideas que Páez tenía sobre los hechos, tampoco los consejos de Soublette fueron asumidos en su totalidad por Páez. Páez tenía criterio propio, obviamente. Y en esta época, para 1825, hubo un censo oficial y en Venezuela vivían apenas 659 mil personas, y esto hacía evidente que uno de los problemas centrales que tenía la República de Venezuela es que era un país despoblado. Y por ello el gobierno de Páez promueve la iniciativa de ofrecer facilidades a los canarios que quisieran radicarse en el país.

Y años después, en 1837, una ley general de inmigración le va a abrir puertas a los inmigrantes de otras nacionalidades, y entre 1832 y 1859 llegaron franceses, alemanes, portugueses, italianos, por supuesto canarios y españoles también de otras regiones. Y esto fue un flujo migratorio relativamente importante que se va a detener en 1859 cuando comienza la Guerra Federal. Pero lo interesante de ver esto es que esa necesidad del pueblo estaba allí, urgente, y una política y una ley de inmigrantes. Y fíjense que los primeros que responden son franceses, alemanes, italianos, ingleses, portugueses y, por supuesto, españoles.

El gobierno de Páez va a eliminar los derechos de exportación y con eso logra un incremento en los rubros que para entonces se cultivaban en Venezuela. El tabaco, que fue cultivo principal durante el período colonial, desde hace tiempo venía descendiendo su importancia al punto de que las exportaciones eran mínimas para la fecha, y esta política estimuló el crecimiento de las haciendas de tabaco. Algo similar ocurrió con el algodón. El añil, que era entonces el tinte natural conocido en el mundo, se cultivó en Venezuela con énfasis hasta que en 1830 la utilidad que él tenía, el añil fue sustituido por el cruciato de hierro, que comenzó a hacer las veces del añil y el añil entró en desuso en todas partes del mundo.

Y así como el cacao fue el fruto rey en el siglo XVIII, ahora el que iba en camino de su reinado era el café, que va a despuntar como el principal producto de exportación a partir de 1830. Fíjense, las cifras son elocuentes: en 1836, 127 mil sacos, el doble de los 60 mil sacos que produjo el café en los años anteriores, un crecimiento grande. En 1840 ya se exportaban cerca de 200 mil sacos y en 1848 por encima de 300 mil sacos. Venezuela empezó a ser uno de los principales productores de café en el mundo y exportador.

Estamos hablando de un crecimiento de alrededor del 500 por ciento en menos de 20 años. Y claro, la más alta producción se va a alcanzar en 1915, ya en tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez, cuando se produjeron 1 millón 373 mil sacos de café, pero bueno para ese entonces ya el petróleo despuntaba como el fruto rey del siglo XX. En cuanto a los censos de ganado, pues las cifras son poco precisas, pero durante el siglo XIX no va a ser la ganadería la actividad económica principal, aunque era importante sin duda. Y toda esta política económica del general Páez la va a adelantar un hombre importantísimo en Venezuela, muy poco conocido, que es el creador de la Hacienda Pública venezolana, el organizador de las cuentas del Estado y ese gran patricio que fue Santos Michelena.

Por su parte, Páez va a enfrentar una cantidad de problemas, entre otros, lo que significaban los bandidos. Estos son gente que tenían una banda de malhechores, ladrones, de facinerosos que actúan por su cuenta e incluso invocaban al rey de España. Era el caso de un bandido muy famoso en la época que se llamaba Dionisio Cisneros. Y Páez, a través de la negociación, logra pacificar a Cisneros en 1831.

Por su parte, Michelena, que además de secretario de Hacienda era secretario de Asuntos Exteriores, es decir, canciller, va a representar a Venezuela ante Colombia. Ese tratado lo tejieron Santos Michelena y Lino de Pombo, y bueno, ese tratado cuando se resolvió y le entregaba prácticamente la mitad de la Guajira a Venezuela gracias al trabajo de Santos Michelena. El Congreso venezolano se tardó tanto en aprobar el tratado que, cuando lo hizo y regresó Michelena a Bogotá con el tratado firmado, los colombianos dijeron no, ya no. Nosotros tenemos ahora otros títulos y creo que se impone otra cosa, y perdimos los venezolanos esa coyuntura, ese gran momento en el que ese venezolano extraordinario que fue Santos Michelena había tejido un tratado con fundamento que favorecía a los límites de Venezuela en relación con la Guajira colombiana.

Y otro hecho importante en ese gobierno es: José Antonio Páez va a hacer la ley del 10 de abril de 1834, que va a favorecer la relación entre los particulares al momento de fijar los intereses por los préstamos. Es una ley del corte liberal que trajo un repunte en la economía sin la menor duda. Lo que ocurre es que una vez que bajaron los precios internacionales del café y los productores no pudieron pagar los créditos, los que habían otorgado el crédito ejecutaron los créditos quedándose con la finca. Y eso sí es verdad que no le convino a nadie porque los prestamistas del negocio no era el café, era prestar dinero, y por su parte los campesinos perdían la tierra.

Entonces para eso van a pasar unos cuantos años, de modo que hay unos cuantos años de vigencia en la ley de libertad de contratos del 10 de abril de 1834, que a mi juicio incidió notablemente en el crecimiento económico de Venezuela. Un crecimiento económico sostenido a partir de 1830, como demuestran estas cifras sobre el café que hemos estado ofreciendo para ustedes. También la nueva Constitución eliminó el diezmo, que exigía la Iglesia a los agricultores. Este era un caso curioso porque la Iglesia le cobraba un impuesto prácticamente a los agricultores, que era el diezmo.

La palabra diezmo quiere decir al 10%. Y bueno, imagínense, el Estado pobre casi no cobraba impuestos y la Iglesia sí los cobraba, y los agricultores los pagaban porque si no los pagaban los excomulgaban o qué sé yo, vivir en esa sociedad al margen de la Iglesia católica era pasar a ser una suerte de paria. Entonces la nueva Constitución y el gobierno del general Páez decidieron eliminar el diezmo, liberar a los agricultores de este impuesto taxativo que les cobraba la Iglesia católica. Por supuesto, a la Iglesia católica no le gustó nada, lo consideró una pérdida, uno de sus fueros fundamentales, porque imagínense, eran los ingresos de la Iglesia. Pero esto estuvo muy bien hecho en un Estado liberal y republicano como tal, donde, bueno.

La creación del Estado moderno de América Latina en el siglo XIX: uno de los principales dolientes, de los principales perjudicados, es la Iglesia católica porque va a perder muchas atribuciones, muchos fueros. Pero esos fueros los va a perder y los va a ganar la república, el Estado moderno. Uno de esos es el diezmo que vengo señalando. Y bueno, decíamos que se había conducido la hacienda pública con el rigor con que Michelena la llevaba: la deuda externa descendió, las exportaciones subieron durante los cuatro años de presidencia de José Antonio Páez.

Y bueno, vamos entonces hacia una nueva elección presidencial que la veremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos. Bueno, en la parte anterior del programa dijimos que íbamos hacia la elección presidencial, de acuerdo con lo pautado por la Constitución Nacional de 1830, y a lo largo del segundo semestre de 1834 pues tiene lugar la campaña electoral. Se presenta la candidatura del general Carlos Soublette apoyada por Páez, la del general Santiago Mariño apoyada por José Tadeo Monagas y otros caudillos orientales.

Y se presenta también la del médico, el doctor José María Vargas, que estaba apoyado por los comerciantes de Caracas que habían visto crecer sus negocios durante los años de Páez bajo el espíritu liberal de la Ley de Libertad de Contratos del 10 de abril de 1834. Además, José María Vargas había sido el presidente fundador en 1829 de la Sociedad Económica de Amigos del País y Vargas era un liberal bien formado porque había estudiado medicina en Edimburgo, conocía cómo funcionaba el liberalismo en el Reino Unido, en Escocia y en Inglaterra. Y la Sociedad Económica de Amigos del País le prestó servicios importantes a Venezuela y recibía el respaldo de los empresarios, de la gente que quería generar riqueza, que pensaban era hora de un civil y que ya pasáramos la página de los militares, de los caudillos de la Guerra de Independencia. Y bueno, fue electo el doctor Vargas con 103 votos, le sacó una ventaja grande a Carlos Soublette, que sacó 45, Mariño obtuvo 27 votos, Diego Bautista Urbaneja 10, Bartolomé Salom 10 votos.

Y el glorioso e ilustre doctor Vargas asume la Presidencia de la República el 9 de febrero de 1835 y por disposición constitucional continuaría a su lado Andrés Narvarte como vicepresidente. Recuerden ustedes que no lo he dicho, que la Constitución instituía una figura curiosa, y es que en la mitad del período presidencial se elegía un vicepresidente que iba a trabajar dos años en un período y dos años en otro. Una institución muy interesante porque lo que se buscaba era la continuidad administrativa, porque ese vicepresidente iba a trabajar con un presidente y otro. Sin embargo, el Estado iba a seguir su curso en una institución muy bonita e interesante.

Y Andrés Narvarte, civil venezolano tan distinguido, continuaba esos dos años de vicepresidente de Vargas cuando venía de dos años de vicepresidente de Páez. Y el gabinete del doctor Vargas va a estar constituido así: en la Secretaría de Interior y Justicia, que era como se llamaba lo que luego se llamó el Ministerio del Interior, estaba Antonio Leocadio Guzmán. En la Secretaría de Guerra y Marina, que muchos años después se llamó Ministerio de la Defensa, estaba Francisco Conde. Y en las secretarías de Hacienda y Relaciones Exteriores fue ratificado Santos Michelena, que esto está muy bien, Michelena es un hombre de gran importancia.

Y bueno, lamentablemente desde el momento mismo de la victoria de Vargas se va tejiendo una conjura en su contra por parte de los seguidores de Santiago Mariño, qué lástima. Soublette no, Soublette se va a Europa, Páez se retira a sus haciendas, pero Mariño sí empieza a conspirar contra Vargas y Vargas entra también en la diatriba con el Congreso de la República cuando el Congreso propone una ley de impuesto subsidiario del 1% recabado en las aduanas con destino a la Hacienda Pública y Vargas objeta el proyecto de ley. Las cámaras lo aprueban, Vargas responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado. Y esta prueba de fuerza condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada.

La renuncia de Vargas fue interpretada por sus adversarios como una muestra de debilidad y se estructuró todavía más esa conjura que hablé antes, que se denominó la Revolución de las Reformas, un título que no tiene nada que ver con vulgar golpe de Estado. Estaba integrado por Santiago Mariño, Diego Ibarra, Luis Perú de Lacroix, Pedro Briceño Méndez, José Tadeo Monagas, Stanislao Rendón, Andrés Lével de Goda y el inefable Pedro Carujo. Y esta asonada se expresó el 8 de julio en Caracas.

Ahí está la anécdota, según la cual Carujo penetró a la casa del doctor Vargas para detenerlo y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente. No sabemos si esto ocurrió de verdad, pero yo lo repito porque forma parte de la leyenda: al parecer Carujo dijo "Doctor Vargas, el mundo es de los valientes", y Vargas le respondió: "El mundo es del hombre justo". Bueno, fueron detenidos tanto Vargas como el vicepresidente Narvarte, fueron embarcados ambos en un barco rumbo a San Tomás. Y pues, al no más conocerse la asonada acompañada del texto de 9 puntos en el que los conjurados querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño, el entonces jefe de esas mismas fuerzas designado por Vargas para tal efecto, José Antonio Páez, se puso en marcha a dominar la situación y restablecer el hilo constitucional.

Así es como Páez entra triunfante a Caracas el 28 de julio de 1835 y el 20 de agosto de ese año está de nuevo Vargas en la Presidencia de la República. Y el movimiento insurreccional va a ser derrocado el 1º de marzo de 1836, en Puerto Cabello. Aquí se portó muy bien el general Páez, muy cuestionable la actitud de Santiago Mariño y todos sus compañeros en el golpe de Estado, José Tadeo Monagas, etcétera. Bien, hasta aquí el programa de hoy, en el próximo seguiremos viendo las vicisitudes de esta presidencia de José María Vargas y por supuesto veremos las presidencias provisionales de Andrés Narvarte y José María Carreño.

Ha sido, como siempre, un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Fernando Camacho e Inmaculada Sebastiano y en la dirección técnica Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com.

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