Serie Los del Podio
25 de octubre de 2023

Serie Los del podio II. Cap 5. Rodolfo Izaguirre

Serie Los del podio II. Cap 5. Rodolfo Izaguirre

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com, es buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en @MundoURWeb y @RadioEscuelaUR.

Bueno, aquí estamos en Los del Podio, segunda temporada, en casa de Rodolfo y Sagir Retosta, qué alegría y qué honor. Este caraqueño nació el 9 de enero de 1931 en la parroquia San Juan, entre las esquinas de Pescador y Cochera. Yo creo que tú fuiste, y además naciste en una casa, porque en esa época se nacía en casa. No había una clínica todavía. Parece que las clínicas comienzan después de la muerte de Gómez, con López Contreras. Claro.

Creo que la primera clínica era la Clínica Jordova, es posible, y la Concepción Palacios. La maternidad se crea en el año 37, claro, con López Contreras, porque con Gómez no había una clínica: en el hospital había medicaturas. Naciste con una comadrona. El 9 de enero se presentó a mi casa el doctor Osío y una comadrona que era su asistente, su ayudante.

Yo hablo siempre de ese nacimiento mío porque tuvo unas circunstancias muy excepcionales, porque la comadrona a veces me lo cuenta mi hermano, pero la comadrona cuando no, así, me levantó hacia el aire antes de que yo empezara a llorar y dijo: "Parece un cochino inglés". No, los cochinos ingleses.

Yo nunca he visto un cochino inglés, pero me imagino que los cochinos en inglés son rosaditos. Son rosaditos, bellos, y yo estaba diciendo: "¡cochilo!". Después me han dicho de gordo, pero ya me dijeron cochilos, no importa lo que me digan. Ya lo que venga es nada. Esta infancia mía fue muy particular porque, como digo, estaba llena de situaciones, porque yo tenía entonces cuatro años cuando muere Juan Vicente Gómez.

Sí, no tenía edad para montarme en el poyo de la ventana, claro, pero tenía memoria para recordar lo que vi a través de las celosías de las ventanas de la sala: eran los saqueos. Claro, la gente saqueando las casas de los gomecistas, porque la parroquia San Juan en ese momento era una parroquia muy acreditada. Mucho. Una bella parroquia, pensaba que hubiese un degredo, pero la bella: vi a muchos gomecistas y barraganas mujeres de los gomecistas, y en lo que murió Gómez hubo lo que se llama el saqueo. Bueno, para mí la primera violencia política fue esa.

Después eso se llamó violencia política de calle, se llama hoy, no sé, dice saqueo si dice política de calle, sí, pero para mí era saqueo; es decir, una violencia a los cuatro años de edad, ya había vivido la violencia que me va a acompañar el resto de mi vida, pues un país muy violento. A ver, Rodolfo, y ustedes eran siete hermanos, ¿cuál era tu número? Yo sí, el menor de todos, el menor en la familia.

Tus hermanos mayores tendrían más de 100 años. Creo que mi hermano Pablo murió a los más de 90 años. Son los viejos, yo también.

Lo voy a contar siempre, en mi vida la he contado muchas veces, pero cada vez que la cuento me encanta contarla porque es como si naciera de nuevo y no me repito porque siempre son cosas diferentes, palabras distintas, pero me encantan. Bueno, lo que quiero señalar con esto es que en el saqueo mis hermanos representaron con un escritorio de caoba pulido, una belleza de escritorio. No se lo compramos a un señor por cincuenta bolívares y después se presentaron con la silla giratoria, y yo hice mis tareas escolares en ese escritorio, el escritorio del Sapo Velazco, que había sido de Caracas, fue de Najo Odiado porque que había, pues faltaba ojo a cirar una mujer estudiante. Pío de Gobe y yerno de Cipriano Castro.

Ahí hacías las tareas primarias. Yo estudié entonces, pero no en escuelita parroquial ya porque lo mío es que yo era un niño pobre pero rico. Porque mi familia, mi mamá era una mujer muy rica, ¿verdad?

Ni esta favorita del general Tosta García, Virgilio Tosta García. No, él se llamaba Rafael Francisco Tosta García. Sí, este es el Congreso cuando hubo un banco o algo así, dueño de media manzana. Sí, yo muy rico.

Entonces se encontró a la salida de la iglesia y yo se encontré con un tipo de maúl pábolo y seguí recorreccionar en mi papá. Impresentable, un aventurejo que él enamoró, le puso siete hijos y les quiso las fortunas. Y yo nací, era una familia venida a menos. Ya. Pero con una suerte increíble, porque él es un tipo impresentable, ¿no? Pero no me mantuvo su nivel, su distinción.

Gabrina aristócrata. Le decidas oraciones en francés porque están estudiando el San José de Tarbes.

Ah ya, imagínate... pero es lectora, hoy sería presidenta de Fundarte. Leía Stendhal, leía Balzac, leía Lovero, Víctor Hugo y nunca me habló de Hansel y Gretel ni nada de esas tonterías. No... me contaba las historias, pero los cuentos de ella eran lo que le ocurrían a los personajes de la novela que leía.

Yo era amigo de Cordelia, la hija del rey Lear. Y cuando un grande tuve en mis manos, Hamlet es una persona que yo conocía porque era lo suétero de mi mamá. ¡Qué bien!

Tengo una infancia muy triste de niño pobre, rico-pobre, pero con buena cultura. Una cultura literaria que eso explica por qué soy hombre de la cultura. Y tus hermanos, que fueron médicos y gente muy... Había una vitrina en mi casa, con una colección de novelas españolas del siglo XIX.

Emilia Pardo Bazán. Emilia Pardo Bazán, Pereda, no sé quiénes son, ha sido. Yo nunca había visto a ninguno de mis hermanos abrir esa vitrina y leer uno de esos.

Yo me lo leí todo sin saberlo que estaba abriendo. No entendía nada. Era muy fatigosa, pero la leía, es decir, que tenía una avidez por lectura. Me hice hombre de la cultura polémica. ¡Qué bonito! ¿Cómo fue tu bachillerato?

¿Dónde lo estudiaste, Rodolfo? Miré a mi mamá y claro, yo tenía 11 años, mis hermanos mayores no sabían qué hacer conmigo y me pusieron interno en el colegio de Hugo Orlan, el Liceo Santa María, que cabía y estaba muy grande. Ah, bueno, pero estar interno es como estar preso. Bueno, pero era un buen colegio, era una buena educación por otra parte, en un buen colegio, pero me sacaron de ahí y llegué entonces al Fermín Toro.

Pero el Fermín Toro fue precioso para mí porque ahí conocí a Adriano González León, a Elisa Lerner, a Luis García Morales y con ello lo hicimos un amigo porque me llamó los mismos libres o la misma y con ellos dos años más tarde se incorporó Guillermo Sucre, Salvador Garmendia, Peran Germini y formamos el grupo Sardio.

Ya estaban en la universidad cuando eso, ¿no?, ya estábamos a la Central... Ellos estudiaban derecho, Mariano Picón Salas no había creado todavía la Escuela de Letras, claro, todo estudiaban en derecho. Un tipo brillante, tú también estudiabas derecho, sí, pero no. En París fue cuando mis hermanos, este, cuando yo dije, bueno, que el lugar donde mi aspiración legítima y un niño de clase media, rico pero pobre, que quiere ser culto, era París. Convencí a mi familia y me mandaron para París a estudiar leyes, es la Sorbona.

Pero el camino que iba de mi cuarto de estudiante a la Escuela de Derecho pasaba por la Cinemateca francesa. Eso se llama torcer el rumbo porque en vez de seguir hacia la universidad me metía al cine y me quedé más arrabillado de las maquetas de Georges Méliès, del Viaje a la Luna, las películas de la netas francesa, primitiva película, un lugar fascinante sin saber que nunca más iba a salir de esa cinemateca porque me iba a tocar dirigirla desde aquí durante más de 20 años. Pero tiempo después tengo que torcer el rumbo de la vida, no solamente intentar decirle.

No es que después me convertí en un cronista o crítico del cine, pero entendí la preocupación mayor: ¿cómo hago para transmitirle al lector desde esa revista o ese periódico la belleza visual de esas películas que acabo de ver? Pues un código visual, yo tengo un código de palabras. Tenía que perfeccionar mi idioma.

Tenía que enriquecer mi idioma, pulirlo, dignarlo... ¿Y cómo lo hiciste? A ver, Rodolfo, el cine me hizo que yo fuera escritor. ¿Tienes fechas en la cabeza cuando te fuiste a París, cuando regresaste? Te fuiste a finales de la década de los 50 probablemente.

Antes. Antes, pero a ver, coincidiste allá con Alfredo Silva Estrada, con Alfredo Chacón, con Antonia Palacios, no lo conocí acá. A Perán sí lo conociste allá, entonces fue que estaba llegando.

Alejandro Otero estaba ya... ya bien, estaba antes. Ah, entonces tú fuiste a finales de los cincuenta o principios en los años sesenta.

Ajá, es perezjimenista todavía. Estaba Pérez Jiménez todavía, ok. Sí, no estudié, el cine te atrapó y dejaste el derecho. Abandoné la Sorbona. La Sorbona era una universidad antigua medieval cuando yo llegué allí en los años 50.

Bueno, para hacerlo breve, un auditorio, un telón negro, se oye... se mueve la cortina y aparece, no lo va a creer, parece un ujier, un tipo con un sombrero tricorne y un bastón, pum-pum. El tipo de tiro en el que uno toca, una toca. Según iba a mover la cortina ya aparece el catedrático vestido con tocas...

Pues sí, señor. Como si parecía el zorro. Y entre los alumnos casi no había mujeres, me imagino. Sí, a mí me parecía, poquísima. Así como estoy yo hay niños de todas partes del mundo que están estudiando derecho allí. Eso no.

La primera era que se creó un pequeño desordenio y las personas toman que son bachilleratos que tiran taquitos, chicos, y el paje acelerático me acusó que yo era responsable. No puedo ser responsable porque estoy en ese momento traduciendo a mi idioma un problema de Robert Lo Verdes, no, es Robert Arita que se encantaba mucho. Claro.

Decirme eso a un catedrático... Es la luna que ofertaba al catedrático y hizo lo que tenía que hacer: sorte inmediato y me expulsó de la agunga. Pero yo me expulsé en las Sorbonas y justamente me expulsé de toda relación académica con las personas, con los objetos, con todos.

Si voy a una conferencia me bajo y me pongo cuando está el público, no creo mejor algo que es académico. Con todo respeto, como decía Pablo Escobar, con todo respeto le saco la bonita de la tumba se lo vuelvo a enterrar, ¡con todos los respetos!

Qué pena con usted. Pero bueno entonces me hice un ser... Bueno, este París, cómo habla tú ves, qué maravilla. A los 18 años tenía París como aula, aprendí lo que tenía de aprender y descubrí que la educación, la cultura es muy lenta, da fruto. Y a los políticos eso no les gusta, al político le gusta la economía porque la economía da frutos rápidos y esos frutos se llaman votos, acciones, hay que ver, esta niñita, hay bailarina, ¿no?

Hay que esperar a que ella crezca, que tenga 12 años por lo menos. No, que tenga condiciones físicas primero y después de tener talento musical, no necesariamente, pero hay que esperar, pues, menos 12 años. Pero con el rodón.

¿Y conociste a Belén en París o en Caracas? Tú regresas al año 60 piquito, en el año 61, porque el Techo de la Ballena se forma en el año 61 y ya tú estabas ahí. Ensalvió estaba ensalvando porque es que el problema con ella es que ella bailarina, sí. Ballet clásico, después se liberó y se hizo de una danza contemporánea. Se quitó las zapatillas, ¿aquí en las zapatillas estaba?

Cuando era libre, la amo. ¿Dónde la conociste, cómo fue ese encuentro? Yo no recuerdo realmente en qué circunstancias, lo que sí me acuerdo es que yo la vi y dije: "Me gustaría casarme con una chica como ella", eso sí me acuerdo.

Y así pasó, y así pasó. Dos años más tarde hicimos a amigos que terminamos casando cuando yo regresé de Italia. Regresé a Italia. ¿Qué hacías en Italia? Me fui detrás de una chica, la chica me abandonó por otra chica y se va peor todo.

Ya, ya, ya, ya. Ustedes ven que en Italia sin objeto no, pero bueno, no toman la prendidía italiana. Aprendí latín y entonces Belén de nuevo aquí. Me dice, no me... estoy vivo porque todos mis amigos de Sardio, la lista, el otro Sardio es un grupo literario integrado por Guillermo Sucre, Elisa Lerner, poeta y narradores.

A los que se suban pintores. Sí, tiene la televisión cubana. La televisión cubana hipnotiza a todo el mundo e hipnotiza también a la gente de Sardio, salvo Guillermo Sucre, Elisa Lerner... García Morales, esos son demócratas. García Morales, exactamente. No de gustos, no van por sus puestas. Y se separan de Sardio, entonces Sardio muy de izquierda, así. Se une y chispea el techo de la ballena.

En esos años tú publicas una novela. El año 66, Los alacranes. ¿Qué tal? ¿Por qué? Porque tocas esa puerta, porque abres esta puerta, porque somos amigos. Algunos grupos se forman porque están inseguros cada uno de sus miembros. Pero bastó con que Adriano González León publicara Las hogueras más altas, ya no necesitaba el grupo porque camina con sus propios pies, y pues Ramon Calomare publica El rey. Cada vez empiezan a publicarse un video; ya no necesitan al grupo. Yo intenté hacer lo mismo también en su escritura, novela.

Los alacrabos, por lo que era una ficción urbana, es una ficción urbana, después hayan más tarde un editorial de cada volvió a publicar el libro, no sé usted decirlo, pero porque creía que los jóvenes supieran que había escrito estos mayores, pero ya tú estabas fascinado con el cine y empiezas a tener...

Se abre la puerta de la Cinemateca Nacional, que le había fundado, marcó una cerrada en el año 66 y tú empiezas a dirigirla en el año 68, me parece. Y estuviste allí del año 68 al año 88, 20 años o más. Yo me acuerdo aquel programa que tenías en el canal 5, Mitología de lo cotidiano.

Ese era en la radio, Cinemateca del aire, y siempre salías en televisión; tu característica imagen eran unos suéteres de distintos colores, amarillos, rojos, verde y ya hablabas con esa gran elocuencia que tienes tú explicando el cine. El cine se convirtió en tu gran pasión durante, yo diría, 30 o 40 años. ¿Sabes por qué?

Porque yo era niño y vi Lo que el viento se llevó, que yo considero que es el melodrama perfecto que ha hecho el cine. Y la protagonista, Vivian Leigh, Scarlett O'Hara, ella era una latifundista arruinada por la guerra de secesión. Ella agarra una raíz y la muerde. Y dice: "Juro que nunca pasaré hambre".

Yo era un niño de siete años o ocho años, yo hice aseguramento, después supe que Boris también lo hizo, mi hijo me dijo: "Boris también". "Boris, tú hiciste así, papá, yo lo hice". Pero que un niño haga un juramento desde un fantasma del cine es porque el cine vive en uno. Sí, yo fui al cine, claro.

Entonces me tocó es acá, al nacer en el año 31 me tocó ver cómo nacen las instituciones culturales, todos los museos de Bellas Artes, Museo de Ciencias. La Revista Nacional de Cultura. Yo vine a hacer todo eso y la cinemateca, el cine también. El cine nace conmigo porque nadie hace cine acá. ¿Qué pasa cine en un país que acaba de morir Gómez? A nadie.

Las dos o tres películas que se hacían eran por milagro, pero conmigo nace el cine acá y con mi mujer Belén también nace la danza contemporánea. El ballet, porque había estado antes en 1917, estuvo Ana Pávlova, una famosa chica, pero ella llegó a Puerto Cabello, bailó en Puerto Cabello. Le bailó a Gómez.

¿A qué tipo tan primitivo? Que extasiado frente al arte de Ana Pávlova y le regaló... Ahí está la foto, le regaló el nombre de Pablo en modo contagioso. Caramba. Ella dijo: "¿Qué es la tema que lo puse en mi nombre completo?" Porque hubieran sido muchos más morocotas, fue la respuesta de Ana Pávlova.

Pero bueno entonces... pero Gómez sabía que Ana Pávlova venía para Caracas al Municipal y no está escrito, yo le busqué por no estar escrito, pero ordenó que todos los hombres de Caracas acompañaran a sus mujeres al Municipal. A ver, el arte de Ana Pa...

Y aquel tipo, ¡todo!, tuvieron que dejar la Giléi las mujeres para acompañar a sus mujeres a un espectáculo que les pareció un poco raro. Bueno, estamos conversando con Rodolfo Izaguirre en esta segunda temporada de Los del Podio y en la próxima parte del programa, Rodolfo, vamos a hablar del cine venezolano. ¿Cómo fueron tus primeras valoraciones de cine? ¿Cómo promoviste el cine en Venezuela?

Ya regresamos. Estamos en la segunda temporada de Los del Podio conversando con Rodolfo Izaguirre, este caraqueño sanjuanero que ha tenido varias pasiones en su vida: el cine, la literatura y articulismo, conferencista y dueño de una gran elocuencia. Y también formaste a una familia del mundo de la cultura porque tu hijo mayor Rasil Izaguirre ha trabajado años en el mundo de la iluminación del teatro, el cine.

Boris Izaguirre, que emigró a España hace ya muchos años, 30 años quizá, ha tenido una actuación destacadísima en Madrid. Y Valentina Izaguirre, que creo que vive en Nueva York también desde hace mucho tiempo, en Los Ángeles desde hace mucho tiempo.

¿Cómo fue la vida con Belén Lobo? Yo estuve casado 50 años, con Belén Lobo. Monógamo.

Eso no se lo digo una vez a mis amigos y me miraron muy mal porque ninguno de ellos era un monógamo, el único soy yo. Para que nos llamaban las guacharacas, porque las guacharacas son monógrafas y andan en pareja. Es así. Los pingüinos, mira, gente que es monógama.

Pero logré con ella realmente un verdadero milagro porque hice mi vida sentimental serena, tranquila, amorosa. Hizo tres hijos preciosos. Concedí un trabajo que no era una carga. No, era una pasión personal, que era trabajar con el cine y papá nunca entendió que a mí me pagaran por ver películas y que a mi mujer le pagaran por bailar. Es que es una cosa muy rara, Rol.

Nunca entendió lo que... mi papá era comerciante. Pero mi vida con Belén fue realmente una bella aventura de vida intelectual porque era una bailarina que adoraba su trabajo y era bailarina. Era amiga de escritores, no de bailarines, tenía una mente muy amplia, abierta y un carácter muy fuerte para entender que la profesión de bailarina es una profesión muy difícil, de una exigencia, de una disciplina casi militar.

Es repetir el mismo movimiento año tras año, crear un instrumento muscular muy... y eso por todo. Y logró una cosa preciosa que es quitarse las zapatillas porque el ballet clásico, en un académico muy riguroso, obedece a normas muy precisas. Y la danza contemporánea libera el torso, libera el cuerpo, libera la mente, el espíritu.

Se hace libre y ella, como tú, trabajó en el Conac también en el área de la danza, ¿no? La dirigió muchos años, entiendo, ¿no? Por eso terminamos casados porque Sofía Ímber le dijo a Belén: "Belén, tienes que casarte con Rodolfo".

Porque no puede ser que ustedes dos estén trabajando juntos en el mismo instituto. Eso se ve mal y entonces la casa mentira de Sofía hizo que vení yo los casas y fuimos entonces... Y ella en su libro dice que les dijo a ustedes: ahora que van a tener familia necesitan papeles, tienen que casarse.

En efecto, Belén fue a la alcaldía de Chacao y preguntó cómo hace uno para casarse lo más rápido posible. Bueno, mire, está el artículo 70, le dijeron. ¿Qué es? La unión concubinaria. ¿Y cuándo puede ser eso? Con un libro que dijo el martes a las cuatro de la tarde.

Esto estaba desde ahí Chanel en una elegancia. Y todos mis dos testigos y yo estábamos tomando una cerveza en el botiquín de la esquina y apareció Belén, que ya llegó el juez. Y mientras estaba el juez casando, sonó el teléfono y era el juegico, perdón, pero voy a tener la llamada allí del pasillo.

Estoy en la calle sacado y Salvador Garmendia, que era mi testigo, se fue detrás y hoy yo que el tipo decía: fue un teléfono, aguántamela allí mientras salgo de este setentazo, decir aguántame ahí, o antes la partida dominó, aguántame las bolas criollas, qué sé yo. Ese Salvador vino y me dijo al oído: eres un falso, es un funcionario de esta alcaldía que se está casando por el artículo 70.

Ninguna chica decente se casaba en artículo setenta. Se casaron campesinos, gente. Un setentazo, por eso lo llamamos un 7-tazo. Era mi matrimonio, pero yo me casé por el setentazo y todos mis amigos que se casaron en unas mansiones prestadas por unos tíos, unos invocings, duraron un año de matrimonio, en cambio yo duré cincuenta, más de cincuentas.

Fíjate tú, ¿el 70 funcionó? El 70, o no, ese me tocó entonces agarrarla a Puma Fuente del juventud, para firmar, pero como yo no estoy acostumbrado a eso le seguí la fuma fuente mi mujer y el juez se alertó. No, no, artículo 200, no sé cuánto, el marido a la mujer tiene que seguir al marido donde este se encuentra, yo sé qué prestarles o ganar servicios o cuántos, a menos que te lo...

Yo estaba contra un contrapodigo. Sí, claro. Entonces, bueno, tuve que firmar yo primero y después le firmé. La cosa espantosa es lo que me pasó allí con ese setentazo, hasta que el país mejoró, hoy modificó el Código Civil y convirtió al concubinato en una unión de derechos y... Gracias, hubo un humano precioso como la que yo tuve con Belén.

Rodolfo, ¿y en el orden espiritual tú has sido agnóstico o creyente? Bueno, cuando me preguntan por eso yo adoro el sol. Ajá, ese es tu... Y digo la providencia. Bueno, Hular cuando murió Hulara. Húlare era glorioso. Me cantaron las palabras de Húllar. Agradezco a la Providencia que me haya preservado mi lucidez.

Eso fue lo que dijo Húler, me encantó, pero dijo la Providencia. Yo digo el sol, pero respeto a los que creen algo, supuesto, y pido que me respeten también. Yo no me meto con eso. No es tema para ti, muy bien, porque es un tema muy delicado... muy personal.

Y los libros sobre cine, tu pasión por el cine venezolano, porque tú viste esa evolución de aquella cantidad de películas, todas del tema guerrillero, al cine que hoy en día se hace, que es otra cosa. Esa transición tú la viste y vi cómo se organizaba el cine acá cuando llegan las cinematecas, lo que vi era una especie archipiélago.

Había muchos cineastas, muy poco dinero para hacer cine, entonces lo primero que tuvimos que hacer y ahí en eso estoy yo, crear la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos. Los organismos gremiales, entonces con los organismos gremiales se pudo hablar con el gobierno del Estado. Se creó Fonsine entonces.

Entonces porque eran las organizaciones y las que hicieron posible, el Estado venezolano culturalmente era decimonónico, del siglo XIX. Creía: "Este libro hay que conservarlo como no. Hay bibliotecas para ello. Este cuadro hay que observar como no. Hay museos para ello. Y este cuadro, esta partitura musical, sí hay un conservatorio. ¿Y esta película qué hacemos con esa película? No es donde conservamos".

Y cuando le hice al ministro lo que cuesta conservar esa película, el ministro se echaba atrás. Bueno, fue hacer mucho dinero, hacerla y conservarla. Entonces, bueno, eso fue muy lento, pero empezaron a escuchar a los gremios, no a los cineastas solos y luego los gremios ya, bueno, tomaron en cuenta y empezaron entonces a hacer acciones a favor del cine con Carlos Andrés Pérez empezó con el primer gobierno de Peleo. Pues primero con Inés Pérez.

Oye, los cineastas han llevado mucho palo, digo yo. Pero están aprendiendo su propia lección. Ahora les tocó una cosa dificilísima que es que la tecnología ha avanzado mucho y los cineastas están aprendiéndolo en la tecnología. Mira Rodolfo cómo contar sus historias de acuerdo con esa tecnología. Puedes hacer una película con un teléfono.

Yo conocí a la Abalévish, era el jefe de cabrón de Bolivar Phil, que aquí cerca eran así, las cámaras eran de este tamaño, pesadas, no pude ir. Bolivar Phil se creó en los años 40 también, otro milagro, las pocas instituciones que todavía existen y cuando se creó para hacer cine se supuso que no era, no pudieran hacer así, no había posibilidad de hacer cine pero tenían que grabar la obra del gobierno de los presidentes de Estado y el noticiero.

El Noticolor, ¿te acuerdas del Noticolor? Así se llamaban los noticieros, no los presidentes de los gobernadores, van un presidente de Estado, claro. Entonces iban a Táchira, Monagas, de fuera, en avión porque no podían ir por carretera porque eran de tierra las carreteras y se echaban a perder la cámara. Iban con los aviones de Aeropostal.

Y después de esas películas las proyectaban en la sala de cine del país. No sé, en la cuarenta y por primera vez un tipo de Monagas vio cómo era San Cristóbal, claro, y un tipo de San Cristón vio cómo era San Juan de los Morros. No se conocían, no habían carreteras, no había manera de y se quedó el gracias al cine, supimos que existía un país geográfico, claro.

Después Juan Liscano con las famosas fiestas eran para la tradición, para honrar a Carlos Mundo Gallego, primer presidente civil en la historia del país. Este vivió El Tamunangue y vivíamos todas esas y descubrimos que existía un país cultural. Claro, en el año 48. Exacto, en los años 40.

Por eso yo considero que los años 40 son tan importantes para el desarrollo de este país porque empezamos a hacer un país. Claro, Rodolfo, y estos últimos años te has dedicado tanto a escribir artículos, crónica, ha sido como recuperar una vocación tuya que estaba allí, ¿no?

Porque el cine me atrapó, te atrapó en el cine muchos años. Hice muchos libros sobre cine, pero ni verdadero debajo era escribir literatura. Escribí un libro sobre Belén y lo voy a publicar pronto. Estoy escribiendo un libro de mí mismo con las memorias, si me han costado mucho. Primero, no tengo memoria. Ya. Y el segundo, porque me cuesta hablar de mí mismo...

Pero hay que hacerlo. Hay qué hacerlo porque tú has vivido mucho y tienes mucho que contar, ¿no? En eso antes. Qué bueno. Qué bueno. Entonces he perfeccionado mi idioma también. Muchos. A día me hilo para ti bien mejor.

Claro. Que es lo que uno le debe a ser, por supuesto. ¿Es lo que tú haces? Bueno, yo trato, yo traté, mira, y hablamos de Belén, hablemos de Rasil, hablemos de Boris, hablemos de Valentina. Hay una familia, con mi familia comienza una aventura cultural del país, también consigo a ello su propia vida, su propia carrera.

Rasil es un poeta que se expresa con luces y sonido, iluminador, ilumina una ópera para también iluminar represas o matrimonio, porque ya sabemos que ha hecho muy famoso en España como productor, así como animador de televisión y como escritor, ¿no? Hay algún tipo muy buenmozo, o ve yo. Valentina es vestuarista.

En esa tienda me llevó a esa tienda y en cinco minutos me vistió las cosas que una mujer te daría una hora para buscarme unos pantalones y una camisa, no sé qué. Valentino lo hizo en cinco minutos y dijo aquella era la camisa porque yo me sentía lagadísimo, porque lo que estaba haciendo era que estaba vistiendo a un personaje. Porque el trabajo de ella es vestir, no a personajes del teatro y del cine, claro.

Ella me estaba vistiendo, me convirtió en un personaje, cosa que me encantó como me trataran no como su papá sino como un personaje, eso es Valentina. Impresionante, son mis tres hijos y los nietos. Y tengo dos nietas, las hijas de Rasil, Verónica y Claudia, perfectas niñas bellas, pero preciosa no porque sean nietas mías es que a veces son unas chicas preciosas.

Una vive en México y la otra en Islandia. ¿Islandia? Y tú fuiste allá. No, ojalá, en el Polo Norte nadie vive en Islandia, pero Claudia, bueno, mi turismo llegó a París hasta ahí llegó, pero le llevaba a Islandia. Pero, ¿qué hace esa niña? ¿Qué haces por allá? Bueno, trabaja en Islandia con su hijo.

Trabajo a Islandia y bueno eso te pasa una niña, un anténtico otro día de México presionado. Y los hijos de Valentina porque no tiene hijos. No tienen hijos. O sea, tienes las dos niñas. Vivía en Nueva York y yo, papá, Nueva York no es una ciudad para tener hijos, para ser madre, porque tú la seas muy dura, muy difícil, muy áspera, es cosa que era verdad.

Bueno, ahora vive en Los Ángeles, pero ya tiene como 50 años y no tiene esa vocación de madre. Entendió que para ser exitosa la mujer no tiene por qué necesariamente hacer madre, ¿no? Hay mismas maneras de la mujer, le puede realizarse. Madre es una, pero hay muchas más. Yo prefiero a las que optan por no ser madres también.

Mira Rodolfo y con todos, con tantos hijos afuera aunque Rasil vive aquí, cuando ellos te han dicho papá, vente a vivir acá, ¿qué les respondes tú? ¿Por qué no te vas de Venezuela? Bueno, me preguntaron eso y dije que hago con los helechos. Si puedo llevármelo para Barcelona, a España, pues me voy por Barcelona, a España. Si puedo colgarle el hecho en Los Ángeles me voy a vivir en Los Ángeles, pero si no me quedo acá. Quién se va a ocupar de los helechos.

Y ahí me estaba votando tampoco, claro, pero mis hijos me cuidan mucho desde donde están, Rasil desde Caracas, Valentina desde Los Ángeles y Boris del Bahri, me cuidaban pendientes a ti todos los días. Me hacen vivir en todo sentido, me sostienen económicamente, me hacen vivir espiritualmente, claro, con afecto, con amor impresionante. Es decir que toda mi vida estaba rodeada de amor, es una cosa preciosa y en esas memorias que estás escribiendo ¿qué no vas a contar, Rodolfo?

Bueno, eso, haber encontrado el equilibrio hizo esto la libertad. Sabes que he hecho últimamente: deserté de todas las ideologías, muy bien, me siento libre. Mi pensamiento es mío, no tengo porque seguir el pensamiento de otros, solo la famosa ideologías. No tengo mi propio, si hay aspecto de eso y yo sé que me interesa, pues la acepto.

Tomas de todas partes. Pero me siento libre, pero realmente libre. Y cuando renuncié a las Sorbonas y esta cosa académica me sentí libre también porque tenía París. ¿Y cómo es la vejez, Rodolfo? Bueno, la mía es preciosa. Qué bonito. Precioso.

Viva aprendiendo más que nunca y hago una cosa que no se hace cuando uno está de muchacho: leer los clásicos. Estoy leyendo a CNK, esa lectura que dejó en uno fue muy difícil. Sí, claro. La Ilíada y la Odisea de Homero es un regalo precioso, pero cuando estaba en el bachillerato que los maestros imponían que tenía que leer ese libro me parecía que mis maestras estaban más bien inculcándome odio hacia las literaturas porque no tenía edad para leer esos libros o lo tengo.

Yo te veo mucho en presentaciones del libro. ¿Vas al teatro? ¿Vas al cine? Este... ahora voy porque tengo este aparato, me hace antes no iba porque no escuchaba. Estaba en primera fila del teatro y oía al actor como el doctor estaba ahí, pero cuando estaban lejos de allá y por la espalda, oía nada entonces no iba, ahora sí, hoy.

¿Y vas al cine también? No mucho. Porque cada día me gusta menos, ah ya, ya, que a día lo entiendo menos también. Vas a exposiciones, eso sí, y ya me está gustando mucho ir las exposiciones porque los puedo decir, porque no saben leer, no sabe leer, lees mal el poeta lee su libro y todo lee bien, claro, eso es de crispa mucho, claro. Porque leen atropelladamente.

Claro. No respetan los signos ortográficos o las comas a la par de lo que usted va aparte. Sí, pero tú tienes amigos de todas las generaciones. Me adoran. Contemporáneos tuyos está Elisa Lerner, Rafael Cadenas.

Rafael Cadenas. Callaso Mero porque ya van absentando. Pero tiene amigos muy jóvenes, compañeros de tus hijos y de muchas otras generaciones, unas damas octogenarias, ah caramba, tantos septogenarios, sexagenarios, octogeneres.

Bueno, pero te halaga, ¿no? Así claro que hago me cobo a veces como si persiguiera, como si me persiguieran estas señoras tan honorables. Yo sigo enamorado de mi mujer Belén que murió hace mucho años y es el drama mío ese, estoy enamorado de mi mujer toda mi vida. Estuve enamorado a esa mujer, no me da ninguna vergüenza decirlo, claro, pero se puede ser que no, claro.

El amor me desrondió toda la vida, la violencia política también por su vez, pero el amor me despedió mucho de esa violencia. Pero tú te desataste, te deslindaste de esa violencia hace muchísimo. Era un niángara sin rumbo y era un niángara con razón porque mi padre era tipo de seradán la vida que tuve en la rusa cubana nos hizo todo el mundo pero dejé eso y hice lo libre. París me hizo libre también cuando me llamó Centera, Sorbonna, empecé a entender que llegué a ser libre.

Esa experiencia de vivir allá varios años... La cultura me hizo ser libre. Carlos me afirmó un poco más algo la lectura y lo que no lee. Claro. ¿Tú han vivido en alguna otra región de Venezuela? Vivir, vivir... Bueno, en París solamente. En París. Pero viajé mucho cuando estaba en la cinemateca. Llegué hasta Uzbekistán, claro, todos los festivales vecinos.

Yo era de los festivales que vivía mucho. Pero vivir, vivir solamente acá... ¿Caraqueño? Porque yo me he mudado como en mi vida, el 90 me ha mudado sin treo o cuatro veces, poquísimo. Ah, no, sí, hubiera un tiempo muy sedentario. Eso es otra cosa que también importante.

Bueno, hemos estado conversando durante esta hora con Rodolfo y Sagir Retosta, nacido el 8 de enero de 1931 típico, ¿no? Eso dicen. Sí. Dicen que su persona es muy difícil de pensar, los acuarianos o las libres, a todos. Todos. Es un humano muy complicado. Muy complejo.

Muchas gracias por esta conversación, Rodolfo. Un placer para nosotros. Y también a todos los oyentes también. Muchas gracias y nos despedimos y este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho, Giancarlos Caraballo y todo el equipo de operaciones del MundoUR.

También nos puede seguir la transmisión en vivo en mundour.com y recuerda que nos puede seguir en MundoURWeb, arroba, arroba Radio Escuela UR y arroba rafaelarraiz en Twitter. Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural.

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