Serie Los del Podio
25 de enero de 2023

Serie Los del podio I. Cap 1. Rafael Cadenas

Serie los del podio I. Cap 1. Rafael Cadenas.

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Soy Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos, mi número de productor nacional independiente 30.720, y hoy comenzamos una serie nueva, Los del Podio, y la inauguramos con el poeta Rafael Cadenas, el único venezolano que ha obtenido el Premio Cervantes de Literatura, que es el premio Nobel de la Literatura de la Lengua Española. Estamos con Rafael Cadenas, el único venezolano que ha recibido el Premio Nobel de la Literatura de la Lengua Castellana, que es el Cervantes, que otorga España. Ha recibido ese premio por su obra poética y ensayística; se nos olvida con alguna frecuencia que la obra ensayística de Cadenas es de altos quilates también.

Rafael, muchísimas gracias por aceptar esta conversación para nuestro programa Venezolanos. Esta serie se titula Los del Podio y es un honor comenzarla contigo. Te saludamos, Rafael, gracias por estar con nosotros. Bueno, gracias a ti también. Tengo que decir que lo nuevo es mío también porque estoy contigo. Quiero un gran trabajador que abarca casi todo...

Pero yo no sé si estoy equivocado, pero creo que a Uslar le dieron, pero compartido, el Premio Cervantes. No, tocayo... A Uslar le dieron el Premio Príncipe de Asturias y estuvo varias veces nominado al Cervantes y nunca se lo otorgaron. Al que se lo dieron compartido, el Cervantes, fue nada menos que a Jorge Luis Borges. ¡A Borges!

De ahí quizás viene el recuerdo tuyo, que se lo habían otorgado a Uslar. No, tú eres el único venezolano que ha recibido esa distinción y nos enorgullece muchísimo. Vamos a comenzar por el principio. Tú naces en Barquisimeto en 1930, ¿cómo es esa casa a la que tú llegas?

¿Tú fuiste el hermano mayor o menor del medio? ¿A qué se dedicaban tus padres? Mira, ahora supe porque estamos haciendo gestiones para la cédula que nací en la parroquia Concepción, porque hasta eso exige la cédula. Y recuerdo de niño que era una quinta pequeña y la familia era numerosa. Estaba mi padre, que era un comerciante nato, que nunca prosperó porque, por ejemplo, yo recuerdo que él tenía una pequeña panadería, pero a los meses la vendía y compraba otra empresa; incluso yo recuerdo que en una oportunidad tuvo una de refrescos.

¿Una venta de refrescos? ¿Fábricas? Eran empresas pequeñas todas, y en la casa pues estaba mi mamá, una tía que era también como mamá, alguien que no era de la familia, pero contribuyó a criarme o a malcriarme, ¿no?

No se sabe. Porque era la que me sacaba a pasear por la ciudad y estaba también el abuelo de parte materna, y la relación con él es muy parecida a la que el coronel no tiene quien escriba, porque yo me convertí en una especie de secretario de él. Porque le costaba mucho escribir ya por la edad, entonces me dictaba cartas a mí dirigidas al gobierno en las cuales solicitaba una pensión por su servicio a la patria. Y yo en ese tiempo no sabía de qué se trataba, ¿no? Pero él peleó en una de esas montoneras.

Una de esas montoneras de esa guerra que Antonio Arráiz llama revoluciones. Exactamente. Realmente eran luchas entre caudillos, eran guerras. Eran guerras, claro. Entonces yo nunca tuve la curiosidad de preguntarle en cuál de esas guerras había participado. Pero allá lo llamaban General González. Ahora el más conocido fue Sebastián González, que forma parte de la historia del territorio Amazonas, que antes se llamaba territorio.

Porque él era como el intelectual de Funes. Sí, sí, yo estoy tratando de igual toda esa historia porque él tenía un buen nivel en cuanto a lectura e incluso escribió un libro en defensa de Funes, que era un dictador. Claro, claro. Incluso Juan Vicente Gómez mandó a, creo que, a Vicencio Pérez Soto a encargarse del territorio Amazonas y él se dio cuenta de que no podía, y le dijo al general Gómez que era mejor que Funes siguiera que estuviera allí. Y en esa etapa, tú recuerdas, ¿quién puso los primeros libros en tus manos?, porque los libros signaron pues toda tu vida, ¿tienes algún recuerdo?

Sí, sí, ya te voy a contar para terminar. Sí, Sebastián González... lo terminan matando y yo no he sabido por qué. ¿Lo matan en un duelo de la época? ¿En un duelo quizás por un tema de honor habrá sido? No, en guerra... Lo mandó a matar. Y quien acaba con esa dictadura es, creo que se llama Arévalo González. Que invade el territorio... Rafael Arévalo González fusila a Funes. Los dictadores terminan siempre así, una historia muy venezolana, una historia muy venezolana, lamentablemente.

Bueno, y el otro hermano muere peleando con la tropa, así me decían en la casa. Él estaba en un techo de tejas y disparándole a los soldados del gobierno, digamos... Claro. De manera que lo matan también. Caramba. Pero ese abuelo se ocupaba bastante de mí, incluso me ponía a hacer ejercicio. A levantar, por ejemplo, sacos de arena a los cuales yo debía cada día echarle un poquito de arena para que fuera cada vez más pesado, más pesados, y él quería que yo fuera un hombre fuerte, algo que no consiguió, pero la relación mía con él se parece a la de un discípulo con un maestro zen.

Porque, por ejemplo, algo muy zen es que él decía: tiene que estar alerta. ¿Muy zen? Sí, muy zen. Totalmente, porque eso tiene que ver con la atención, ¿no? Claro. La otra pregunta... Los libros. ¿Quién puso los libros en tus manos? Yo leí muchos libros de tiras cómicas de México. Recuerdo una que yo esperaba ansiosamente que llegara porque eran historias, se llamaban Chamacochico la revista.

Entonces me acostumbré a leer, pero sobre todo libros con imágenes, y luego pasé a leer ya como a los 12 años, ¿no? Y por ejemplo me gustó muchísimo la biografía de Goethe de Emil Ludwig. Toda la vida me ha interesado la figura de Goethe, ¿no? También recuerdo que leí un libro de Jack London, cuyo personaje principal era un joven socialista. De manera que me identifiqué con él.

¿Ya estabas en el liceo, en Barquisimeto? No, estaba todavía en la escuela primaria, con muchachos de barrio que me veían a mí como de familia rica, pero realmente nosotros éramos como de clase media, más bien pobre, ¿no? Y luego pasé al liceo Lisandro Alvarado. El legendario de los liceos de Barquisimeto, porque hoy me parecen esos liceos y otros como preuniversitarios, eran de un excelente nivel. Por ejemplo, los profesores generalmente eran graduados del Pedagógico o españoles transterrados, digamos, ¿no?

Claro. Entonces eso le daba a los liceos de la época un excelente nivel. Sin duda. Y ahí conociste las ideas de izquierda en el liceo y la militancia política te llevó al exilio muy pronto, ¿no? Sí, pero antes del exilio el gobierno de la dictadura, creo que el presidente era Delgado Chalbaud, entre el 48 y el 50. Ajá, entonces me expulsaron del estado. Y terminé en el Pedro Gual de Valencia, muy bien, un liceo que era como el... el mejor liceo de Valencia en la época, era como el Lisandro Alvarado de Barquisimeto.

El equivalente. Y ahí estuve con Manuel Caballero... ¿En Valencia? Sí, que también fue expulsado del estado. No, claro, entonces él me precedió a mí. Terminamos el bachillerato, pasamos a Caracas y con la idea equivocada de mi parte de estudiar Derecho. Sin embargo, sí estudié durante un año esa carrera y conocí como profesores a Jóvito Villalba, a Rafael Caldera y a Rafael Pizani. ¿Qué tal? Sí, eran los profesores de la universidad y luego como a Chalbaud lo asesinaron, entonces se encargó de... Germán Suárez Flamerich.

Ajá, Suárez Flamerich, sí, pero después... Pérez Jiménez. Pérez Jiménez. Y en la primera gran huelga universitaria, a Manuel, a mí y a Guillermo Sucre, a otros compañeros, nos encargaron de tomar la universidad, algo que hicimos sabiendo los riesgos que corríamos, porque la universidad estaba como a media cuadra de la policía. Era la Universidad que hoy es... el Palacio de las Academias. Claro, en el centro de Caracas.

Bueno, entonces cumplimos con tomar el edificio. Luego la policía creo que tumbó la puerta, entró, nos detuvo y estuvimos como cinco días en la cárcel de El Obispo, que era de presos comunes. Pero los presos comunes nos respetaron porque, claro, éramos 13 y además a los estudiantes siempre los respetaban un poco, ¿no? Luego nos pasaron a uno de ellos. Ahí pasé como cinco meses. Luego agentes en la seguridad vinieron a buscarme un día, me llevaron al aeropuerto y me invitaron a entrar al avión. ¡Qué amables!

Yo ni sabía para dónde iban. Entonces me dejaron en Trinidad y ahí comienza otra etapa de tu vida. Además, una etapa muy buena. El destierro siempre es duro, pero aprendiste a hablar inglés. Un poco, sí, poco. Y además escribiste tu primer libro. Una isla, los cuadernos... El destierro lo escribí en Caracas, pero Una isla tiene que ver con todo ese período totalmente, está muy claro. Fueron cuatro años.

¿Y cuándo regresas a Caracas, en el 58, después del 23 de enero? Sí. Y entonces en Caracas ya vas a escribir ese primer gran libro que son los cuadernos del destierro, que es un libro extraordinario. Al comienzo escribía artículos para periódicos, sobre todo para Últimas Noticias. Incluso tuve una columna sobre cine que se llamaba Ideas tras la pantalla, ¿no? ¿Tú escribías de cine? Yo no tenía la menor idea... de que fuiste crítico cinematográfico.

Estoy seguro... que esto es una revelación. Bueno, por poco tiempo sí porque luego entré a la escuela de letras, y en ese período sí escribí esos primeros libros, digamos, ¿no? Los cuadernos del destierro y luego Falsas maniobras, que también es un libro muy importante. Hay una característica de la generación de ustedes y es el deslumbramiento que produjo en ustedes Ramos Sucre, ¿verdad? Fue muy importante. Pienso yo, para el lenguaje, lo que ustedes desarrollaban. Sí, sí.

Pero también poetas franceses. También poesía francesa, es... porque algunos escribían poemas en prosa y Ramos Sucre nosotros podemos considerarlo a la par de ellos. Claro, ¿de acuerdo? Porque esa es una forma como muy francesa, ¿no? Incluso en mí influyó bastante Henri Michaux, que me... en cierto modo yo cambié el estilo. ¿Influenciado por Michaux? Influenciado por Michaux, pero después de Falsas maniobras.

Porque Falsas maniobras es del año 1966 y se produce un hiato de 11 años porque lo que viene después es de 1977, que es Intemperie. Ahí en el medio está probablemente la influencia de mi yo, pero vamos a hacer una pausa. Rafael, quédate con esta idea en la cabeza y ya regresamos. Volvemos en nuestra conversación con Rafael Cadenas.

Rafael, habíamos hablado de esa etapa en la que va de Falsas maniobras a Intemperie y Memorial. En Falsas maniobras, Los cuadernos del destierro, tú tienes un verso bíblico discursivo muy musical; después se produce algo, una poesía más escueta, más resumida. Allí me decías que en el medio está la influencia de mi yo, probablemente, ¿no? Sí. Pero Los cuadernos del destierro, más bien... La influencia fue de Saint-John Perse.

De Saint-John Perse, que por cierto nació en una isla del Caribe. Sí, creo que nació en Guadalupe o Martinica, una de las dos. Yo no recuerdo cuál, pero pasamos por alto el período de Barquisimeto cuando formábamos un pequeño grupo con pretensiones literarias. Eso fue con Salvador Garmendia, que fue el que me ayudó muchísimo en cuanto a la lectura. Porque solíamos encontrarnos en la Plaza de Altagracia todas las noches y leíamos en alta voz.

La casualidad es que una de esas lecturas fue Don Quijote y nada menos, y de ahí pasamos por, por ejemplo, a Rubén Darío. Y Salvador tenía un hermano que también escribía y recibía la revista literaria de esa época. Creo era Viernes, ¿no? Viernes y probablemente la Revista Nacional de Cultura, también es de la época. Viernes estaba muy influida por el surrealismo, ¿no?

Entonces todo eso lo conocimos en ese grupo. Estaba además de Salvador, Helio Mujica, que después viajó a Suecia y se casó con una mujer de Suecia, tuvo un hijo, y él escribió poesía, pero después más bien crónica periodística y decidió vivir en Cabudare. Alberto Ansola fue otro del grupo, hijo de Anzola, que dirigía la biblioteca de Barquisimeto. Yo recuerdo que era una quinta y un señor alto era el que se encargaba de buscar los libros.

Sí, entonces yo iba mucho a esa librería y un día revisando los libros tomé en mis manos el libro de Walt Whitman, Canto a mí mismo, en traducción de León Felipe; después ha habido otras traducciones y me gustó mucho. Yo seguramente tendría unos trece o catorce años en ese entonces. Rafael, y después he sido fiel a Walt Whitman toda la vida, pero sobre todo lo redescubrí a mi regreso de Trinidad. Y en esa época ya había nacido tu afición por los deportes.

Muy poca gente sabe que tú vas al estadio universitario y allí sigues algún equipo de béisbol, yo no sé si eres de los Cardenales de Lara hoy en día o eres de los Leones del Caracas, e incluso llegaste a escribir crónicas deportivas. Sí, es que cuando estaba en la escuela teníamos un equipo. Incluso después de dejar la escuela seguíamos jugando. Yo no era ningún astro, por supuesto. Recuerdo que jugaba a segunda base. Bueno, pero esa es una posición exigente, ¿no?

No estabas en los jardines por allá lejos. Y era bastante bueno en cuanto a los rolling, que atrapaba bien los rolling. Y bueno, así era un jugador medio. Bueno, volvamos a Caracas y la escuela de letras. Y hay un momento muy importante en tu desarrollo intelectual y espiritual, y es cuando te acercas al mundo oriental y cuando conoces también la obra de Jung, de Alan Watts, de Krishnamurti. Es un momento importante en tu vida, ¿no? Sí, claro, yo creo que sí, muy importante, quizás porque he estado como unos 40 años leyendo autores de esa línea, digamos.

Por ejemplo Alan Watts, por supuesto, y otros procedentes de la física cuántica, que me parece una revolución, aunque claro se necesita tiempo para que eso se conozca. Muchos de esos pensadores vienen desde la física cuántica, pero desembocan en lo místico, cuando el pensamiento ve sus límites, ahí entonces como una apertura hacia lo que Wittgenstein llama lo místico, que es el hecho de que haya mundo, ¿no? Claro, y que hay un misterio, un gran misterio que no se va a conocer.

Por ejemplo, los físicos han llegado a la última partícula del universo que llaman quark y de ahí en adelante, porque ahí hay un espacio que es todo un misterio, pero lo asombroso es que, por ejemplo, Walt Whitman se adelantó a todo eso. Yo no sé si los norteamericanos leen a Walt Whitman, pero sería importante que lo hicieran. Porque en Whitman están esas mismas ideas o experiencias más bien, ¿no?, de las cuales hablan estos autores que yo leo bastante.

Claro. Sí, claro, y porque aparte de Alan Watts está Jiddu Krishnamurti, está Jeff Foster, Tony Parsons, bueno, te podría mencionar otro, pero por supuesto. Creo que es suficiente. Ahora, Rafael, la amistad profunda que tuviste con Rafael López Pedraza contribuyó a acercarte a la obra de Jung y otros psicoanalistas de la psicología arquetipal también, ¿no? Acercarme a la obra de Jung, de Carl Jung. Bueno, yo antes más o menos había leído a Jung, pero la experiencia con Rafael López fue importante porque yo estaba, y sigo estando, un poco en la luna.

Y me trajo a la realidad, aunque él rechazaba todo lo oriental. En eso nunca nos pusimos de acuerdo, pero la influencia de López tenía que ver mucho con su personalidad, ¿no? Era fuerte. Sí, López era imponente, ¿no? Sí, imponente. Y después, bueno, nos hicimos bastante amigos. Yo recuerdo que en una oportunidad yo estaba con mi esposa, Milena, a quien le debo demasiado, y le hablé a López de dinero.

Y López llamó a su esposa, ¿vale? Ve acá para que oiga a Rafael hablando de dinero, dinero como símbolo de la realidad que había tocado tierra. La realidad cotidiana, así es donde estamos, ¿no? Así es tal cual. Hay un libro de ensayos tuyo que yo amo, esa es la palabra, que es En torno al lenguaje. Ese es un gran libro y además recoge una preocupación tuya de muchos años por lo que representa el lenguaje en una nación, en una comunidad. Y tú has también reflexionado sobre eso en términos políticos, ¿no? De alguna manera somos como hablamos y lo que hablamos.

Y eso lo recoge en ese libro extraordinario. Con respecto al lenguaje, tanto Ruso como Bello dicen que las cabezas se forman mediante el lenguaje. Incluso un autor como George Orwell dice que, pensando en este caos en que estamos en el mundo, se podría comenzar por estudiar el lenguaje para buscar cierto orden, ¿verdad?, para encontrar el orden perdido, ¿no? Sí. Es como nuestro hilo de Ariadna. Nuestro hilo de Ariadna. Exacto. George Orwell es muy importante. La frase esa, tu hermano mayor te está mirando, eso es famosísima, ¿no? Con los ojos.

La frase en inglés era Big Brother is watching you, Jules. Eso se lo dice un personaje a otro en la novela famosa de Orwell, ¿no? Se llama 1984. Vayamos al momento algo anecdótico y bonito por su trasfondo. Alguien me comentó que cuando te llamaron por teléfono de España a decirte que te habían otorgado el Premio Cervantes, ¿tú pensaste que era un bromista? Que era...

Un bromista. No, porque yo había sido candidato el año pasado, como dos o tres veces, y bueno aparecía algún autor a quien le daban el premio, pero sí estuve tentado a pensar que podía ser una, como te diría... una invención de don Quijote. Y en ese caso hubiera tenido que hablar con Sancho Panza, que ha sido un poco subestimado cuando realmente él representa lo que llamamos realidad... así es, aunque estaba contagiado por el quijotismo, de todas maneras se mantenía, bueno, dentro de lo que llamamos realidad, sí.

De modo que has nombrado varias veces el Quijote. En el mundo de habla hispana tú dirías que allí está el tesoro. Sí, claro, pero estaba tratando de recordar una frase, yo voy a tener que recoger frases de Walt Whitman para colocarlas en las redes porque son importantísimas, ¿no? Muy buena idea. Te lo agradeceremos. Él dice, por ejemplo, que la realidad es superior a la ficción y hay otra frase importante que él dice en cuanto a mí: yo solamente conozco milagros.

Milagro no en el sentido de la Iglesia, ¿no? Sí. En realidad para él todo era un milagro y yo, leyendo hoy precisamente un apunte, me di cuenta de que en él hubo un despertar, lo que los autores que yo leo llaman despertar. Claro, tuvo una vida muy activa, imagínate que a los 12 años comenzó a aprender a manejar la imprenta. Fue durante muchos años periodista y eso a veces se olvida, de manera que escribió muchísimos artículos.

Y luego hubo una reunión con unos amigos y una mujer que estaba en esa reunión se dio cuenta de que había tenido una experiencia muy especial. Nada más viéndolo era como si irradiara algo inusual. Y me parece que se trató de un despertar, porque después es cuando él escribe su gran libro, Hojas de hierba. Y él dice que una hierba es igual al recorrido de una estrella, y era tan nuevo su decir que los periódicos lo atacaron. Decían que era una bestialidad, que era una acumulación de inmundicias.

En esos días él recibe una carta que le manda Emerson, otra gran figura. Otra gran figura muy actual también. Ralph Waldo Emerson, sí. Yo creo que hay que actualizar esas lecturas. Rafael, nos quedan pocos minutos. La escuela de letras de la Universidad Central, ahí pasaste 30 años de tu vida, ¿qué significó ser profesor, la renovación? Y a partir de ese momento yo tuve que dar cursos. Y yo les decía a los estudiantes, cuando uno tiene que trabajar como profesor, digamos, aprende más que como alumno porque uno tiene que leer mucho, estar seguro, hacer apuntes.

Algo que, bueno, yo descuidé en la vieja escuela, ¿no? Rafael, se nos ha ido una hora conversando que han parecido cinco minutos. Una hora y se nos ha acabado el programa. No sabes cuánto te agradezco que hayas venido, que hayas conversado... Estoy seguro de que este va a ser un programa inolvidable para los venezolanos, que estamos muy orgullosos de tu obra literaria y la resonancia internacional que ha conseguido tu trabajo. Muchas gracias, Rafael. Bueno, gracias a ti y a las personas que te acompañan. Pero teníamos mucho más que hablar, ya será otra oportunidad.

Así es. Y ahora seguramente... Y espero que me corrijan. Entonces después podemos seguir hablando, pero ya no con micrófono. Así es. Bueno, muchas gracias amigos. Bueno, ha sido nuestra conversación con Rafael Cadenas. Despedimos nuestro programa Venezolanos en esta serie titulada Los del Podio. Recordemos que este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela y Turrisa, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio, quien está aquí en la dirección técnica.

Nos pueden seguir en la transmisión en vivo, en la página MundoUR.com y además nos pueden seguir en arrobaMundoURWeb, arrobaRadioEscuelaUR y arrobaRafaelArráiz en Twitter. Recuerden que Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Hasta nuestro próximo encuentro.

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