Serie Los del Podio
14 de febrero de 2023

Serie Los del podio I. Cap 4. Alicia Alamo Bartolomé

Serie Los del podio I. Cap 4. Alicia Alamo Bartolomé

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Les habla Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos. Mi número de productor nacional independiente 30.720. Bueno, estamos con Alicia Álamo Bartolomé, todo un privilegio, una venezolana que nació el 13 de enero de 1926 y ha tenido una vida esplendorosa, llena de realizaciones, un orgullo para Venezuela.

Aquí vamos a conversar con Alicia, recorriendo algunas etapas de su vida porque en una vida tan larga es imposible cubrirlas todas. Vamos a comenzar por esa primera vocación tuya, Alicia, por la arquitectura. Fuiste además la segunda mujer en Venezuela en ejercer la arquitectura y en graduarse de arquitectura.

Sí, exactamente, la segunda. La primera fue Carmen Méndez Arucha, que murió muy joven en un accidente de tránsito; caramba, no voy a cumplir, pero era como 28 años ya. Entonces quedé yo de más vieja, porque no soy la primera, pero sí la más vieja; no conseguí otra más vieja que yo.

¿Estudiaste en la Central cuando estaba abriendo las facultades?

Sí, en la Central. Yo soy de la segunda promoción porque la primera se graduó dos años antes que nosotros; lo abrieron un segundo año y no abrieron sino al tercero, entonces ahí éramos muy pocos. Y tú me preguntaste por qué estudié arquitectura, y te voy a decir que no sé.

Muy bien, quizás la mejor respuesta. No sé por qué... La verdad es que yo me fui como variando de profesión; a mí me gustaba todo. A mí me gustaba la ciencia, me gustaban las matemáticas mucho, me gustaba el castellano, me gustaba la literatura. Entonces una gente con tantas predilecciones era muy difícil de decir una profesión.

Yo creo que yo estoy en la arquitectura porque le vi cómo quedan entre ciencia y humanidades, vamos a decirte algo para el arte... Pero muchas veces pienso que me equivoqué de profesión. Yo no me siento arquitecta de verdad porque yo no lo defino, digamos, como los arquitectos. Entonces yo veo... yo tengo muchas distancias de lo que es un arquitecto.

Lo siento porque no lo veo tanto como un arte en la arquitectura sino como una ciencia social. Claro, y eso lo conectó con algo, me sorprendió. Y te dedicaste a la vivienda popular, trabajaste en el MOP; pude trabajar con Eugenio Mendoza en la vivienda popular, yo fui el primer arquitecto de las viviendas populares cuando se fundó, cuando se fundió.

Sí, porque me llamó a mí y al que era el gerente, quedaba Arturo Pardo Sánchez; entonces él era muy feminista y quería poner allá una prima del que era arquitecto, compañeras mías que estudió conmigo, Rostauro Pardo, pero al señor no le gustaba el nepotismo, entonces me dijo a mí y yo no seguí para allá. Fue una experiencia estupenda.

¿Construyeron unas casas en Valencia?

La primera organización de la Fundación Fuerza de Valencia, la fundación Valencia por Barquisimeto y en otras partes. Ya yo después me fui de allí, pero las primeras casas, las primeras organizaciones, se debieron a mis proyectos; la primera casa de Valencia fue una casita realmente. Se vendieron con 25 mil bolívares en una organización con todo su servicio y era realmente una ayuda al agente sin dinero para las clases más pobres.

Y así fue lo que quería el señor Mendoza; él fue un hombre que se preocupó mucho del pueblo venezolano. Entonces él quiso eso, inventó esto y recogió ayudas con nosotros en personas ricas o comerciantes e industriales y salió la fundación. Bueno, esta vocación múltiple ya tú nos comentaste te llevó a estudiar periodismo, en una época en que todavía no existían los estudios de comunicación social como tal sino licenciatura en periodismo.

Sí, exactamente. Había dos... había licenciatura en periodismo y otro como lo que llamábamos, no sé por qué, tú sabes que en esa época cuando empezaban esas escuelas... Los que ejercían la profesión sin tener estudios los aceptaban para que estudiaran aunque no tuvieran el bachillerato, pero el título no era el mismo. Yo soy licenciada en periodismo porque yo era universitaria, por supuesto, y ahí teníamos otra profesión.

Ellos tenían un título diferente, pero fueron una cantidad de personas que eran periodistas conocidos aquí que revalidaron, vamos a decir. Exacto, o sea que validaron su práctica profesional. Yo siempre estoy al principio de todo: al principio de lo que es arquitectura, al principio de lo que es periodismo y en la universidad es lo mismo.

Al principio de la Universidad Metropolitana...

¿Verdad que sí? Cierto... al principio de la Universidad Civil Bolívar, no tan en el principio, pero había cosas que no estaban construidas cuando entraste allí. Entonces siempre estoy como al principio, por eso he llevado mucho polvo porque están las construcciones; yo ahí. Y también de la Universidad Monte Ávila, sí, también, y en el principio de tres universidades.

¿Y de la Central?

No, como que las fundaron en el siglo XVIII, claro. Pero desde la Ciudad Universitaria, sí, por supuesto. Yo estudié en galpones; ahí no había nada, el edificio de la Facultad de Arquitectura no estaba terminado ni asomaba. El primer edificio donde yo hice la carrera propiamente es un edificio que se construyó para residencia.

Ah, claro.

Que hoy en día es Comunicación Social, no creo, es otro edificio, yo no soy... pero allí eso fue residencia y fue la Facultad de Ingeniería. Ah, ¿ya?

Porque yo era de la Facultad de Ingeniería porque la arquitectura no era facultad en esa época que yo estudié, era escuela de ingenierías. Y en ese edificio nosotros estábamos con el cuarto piso y los demás lo ocupaban ingenierías. Pero siempre estás construyendo esto donde estoy.

Bueno, te ha tocado ser pionera en muchas facetas y ahí, bueno, te gradúas arquitecta, empiezas a trabajar, además tienes un hermano muy importante para el desarrollo del sur de Venezuela, Antonio Álamo, que trabajó mucho con el general Alfonso Rabar. Y tú también creo que participaste en alguna manera ese proceso.

Sí, porque cuando yo estaba trabajando en urbanismo, en Dirección de Urbanismos del Ministerio de las Públicas, el director Gustavo Tamayo, arquitecto Ferreiro Tamayo, me quiso que yo fuera del equipo y iba a tener contacto con la electrificación del Caroní. Porque se pensó, yo pues ya no había idea de desarrollar viviendas y todo; entonces me tocó ir empezando porque se vio que no estaba todavía... estaba empezándose los trabajos para cerrar el río, hacer la taguía, y morir al Salto Macagua.

Porque del Salto Macagua había ese salto; de ahí era que iba a venir la represa Macagua. Sí, entonces a mí me tocó algo muy interesante que fue ver la lucha y el empeño de Alfonso Rovart por hacer un trabajo que eso era como un mes de abril. Y en la taguía estaba, no bien podido cruzar todavía, porque ese río dio mucho problema, porque no lograron saber nunca la profundidad que había ahí.

Entonces, fíjate que hasta se ahogaron algunos en eso... entonces había que estar echando piedras y todo para rellenar eso y desviarle al río, y no sabía cuánto. Pero se trabajaba día y noche esas canteras. Y yo vi echar al río dos vagones de ferrocarril, ¡fíjate!

Y me tocó también una noche que fue muy agradable y yo estaba durmiendo al lado del cuarto del mayor, entonces Alfonso Rua era mayor.

Era mayor, sí. Había una islita en mitad del río que tenía un arbolito y a medianoche le tocaron la puerta al mayor y trajeron el arbolito; habían llegado a las islas. Se lo trajeron para que vieron...

Y aquello siguió porque si llegaban las lluvias se perdió el trabajo. Creo que había unos expertos ingleses que movían en la cabeza, no va a llegar, pero yo creo que el mayor paró la lluvia. Claro, era de un impuesto que no hubo.

Y fíjate otra cosa que me parece interesantísimo es tu iniciación del teatro, primero como actriz y después empezaste a escribir obras de teatro, pero entre el momento en que te inicias como actriz y al momento que empiezas a escribir pasan unos cuantos años, ¿no?

Sí, empezando porque yo me inicio con monjas muy pequeña en San José de Costa Rica. ¡Ah, caramba! Mi primer papel en el teatro fue La bella durmiente y tenía 11 años y 8 meses, pero ve el retrato que una muchacha de 18 o 20 años, porque era maquillada y con toda esa cosa, parecía una señorita. Entonces ahí me quedó el gusanillo del teatro.

Y otros papeles allá, todos escolares, aunque era una función especial porque esas eran las que nos montaban muy bien, se hacían en el Teatro Nacional de Costa Rica.

¿Y ustedes estaban en Costa Rica, tu familia?

En un exilio, sí, porque tú sabes que papá ya fue ministro y presidente del Estado General Gómez. Claro, no te contamos, murió Gómez, no tuvimos que irle al país. Se fueron varios años, 5 años exactos, del 36 a 41, regresaron con Medina como me dirían, claro. Una vez que salió lo fue contraria, pues nos vinimos.

Muy bien, ¿y esos cinco años los pasaron en Costa Rica?

En Costa Rica y yo ahí, ahí llegué yo de 10 años y regresé de 15. Sí, ya eras una señorita. Y quizás es la etapa más importante de mi vida.

¿Por qué?

Porque miro que me dio Costa Rica no me lo daría Venezuela. Es verdad, la conciencia de ese... Qué bien, ¡qué bonito! Ya en Costa Rica se respiraba eso, sí, que es una democracia de verdad. Es decir, yo la palabra democracia la empecé a apreciar en Costa Rica porque como yo me fui aquí perseguida por la democracia y papá odiaba la palabra democracia, entonces yo tenía comuna...

Pero ahí hay verdadera democracia en Costa Rica y todo esto no aprende uno, lo respira. Y la educación es maravilla. Claro, el primer país de América Latina que abatió los índices de analfabetismo. Sí, y no tiene ejércitos; ahora, cuando nosotros llegamos a Costa Rica, el orgullo que ellos tenían era de que tenían más maestros que soldados. A los cinco años, cuando regresamos, ellos tenían ya el orgullo de tener más escuelas que soldados.

En el año 48 ya no tenía un ejército. ¡Qué cosa, qué increíble esto!, ¿no? Y entonces, bueno, ahí te iniciaste como actriz, pero entiendo que te hiciste dramaturga porque te tocó ser jurado en un concurso y te pareció.

Sabes más de mi vida que yo. Y te pareció que habían unas obras muy malas y tú podías hacer algo, ¿no? Sí, porque... yo había pensado antes en hacer, pero no me salía como una cosa muy rosa. Ok, yo creo que se necesitaba haber vivido más, para ver más de la vida, vamos a decir.

Ok. Entonces yo pasaba los 50 años, por supuesto, ya, y ya fui jurado en un concurso nacional de teatro, yo estaba entonces en Fundarte y leí 27 obras y eran bien malas. Había unas buenas que ganó el concurso una vez de Hugo Libre, por cierto.

Bueno, un gran dramaturgo. Entonces, sobre todo director.

Y después fue muy amiga del entonces yo dije creo que yo puedo escribir algo mejor y tú, de América Alonso, que era también del jurado, me dijo: "Alice, ¿cuándo hacemos algo juntas?" Yo escribí una obra para ella y para mí.

¿Qué tal? Que no la pudo hacer, la estrenamos, pero ella me dijo no, era ese enfermo el cuello y la hiciste tú con quién?

¿La hiciste tú con quién?

La hice con Virginia Urraneta, a Virginia, y al personaje masculino Carlos Fraga. ¡Carlos!

Y nos dirigió Ulive.

¿Qué tal nuestro compañero en la radio? Eso no lo sabíamos.

Alguien que acompañaron la radio, sí, muy querido por todos nosotros. Yo a veces lo oigo un pedacito un poco antes de las 9 de la mañana desde una vez televisión donde la vieja hoy me gusta mucho los mensajes que ha dado, pero yo no lo digo completo porque voy con misa antes; entonces cuando termina la misa, paso Carlos Fraga.

Bueno, esta confesión yo creo que va a ser muy interesante. Bueno, ya has tocado una puerta que forma parte de tu personalidad y eres una católica raigal practicante... católica apostólica y ahora no se dice, pero también romana. ¿Esa veta católica estaba en tu casa o no tanto? ¿Tú la fuiste cultivando? ¿Qué significó, por ejemplo, cuando estabas muy joven, el conocimiento, la existencia del Opus Dei donde participaste durante muchos años?

No estaba tan joven. Yo entré al Opus Dei a los 30... Yo, pero yo sí fue siempre y yo no sé por qué. En mi casa mamá no era tan religiosa, era católica, que nos hacía cumplir, todos íbamos a misa y todo eso, pero ella no tenía una formación porque ella, su papá, se la echaba de ateo. Y mamá hizo la primera comunión cuando se casó con papá.

¿Me da risa que dice que se las echaba de ateo?

Digo que se les echaban de ateo porque no lo era tanto. A mí me parece que no, sobre todo en el momento de su muerte. Él murió aquí en Caracol, vía Narita, a Aguan; entonces al ver aquí en carácter y en los momentos de su muerte, dos días antes, empezó a decirle a las hijas niñas, les decía: "La niña, hagan mucha caridad, la caridad salva"; eso fue prácticamente sus últimas palabras. Era un hombre muy caritativo, eso sí, pero usted se dice que era ateo, por eso yo no creo tanto en eso a ti mismo.

¿Por parte de tu papá?

Papá, esa familia sí eran muy religiosos. Muy reloj, Álamo. Sobre todo mis tías. Yo le doy mucho a mi tía porque ella siempre nos regalaban libritos de misa y madrina, que era una prima hermana mía pero mayor que mamá.

Sí. Mi papá se casó viejo, claro, y él era como el amistad, tenía sus hermanos mayores, tenía sobrinos casados con un hijo, ese casó con su sobrino, nieto. Ya, ya que me impirimos hermanos, eran todos mucho mayores de nosotros por la bala, bueno, entonces había como un salto generacional. Entonces en las familias, a la mozillo recibí mucha introducción religiosa y sobre todo la generación del papá: mis tías eran muy religiosas, claro, no vivía con ellas en el embarguecimiento de nosotros aquí, pero algo influyeron.

Y yo no sé por qué yo desde pequeña tenía como... yo tenía fe y yo me pregunto ¿por qué? Pero yo tenía fe. Y cuando hice la primera comunión yo no me quedé con eso, ¿verdad?, formación de la primera comunión, le dicen que está rica. Yo tengo una profesora que era alemana, lo sabe, en La Tárremes, daba la instrucción, ya tenía un grupito. Y cuando yo terminé, a mi ser primera comunión, yo le llamaba que yo quería seguir.

Mientras estuve en Costa Rica fui a mis clases de religión y estudié la Historia Sagrada, que era la Biblia para niños. Ahora como que no existen los libritos de Historia Sagrada, ya hacen falta porque la gente no sabe nada de nada.

Es verdad. Y te digo, es la Biblia. Hay muy poca cultura bíblica.

¿Y?

Y es que la cultura bíblica es mágica porque el arte en el mundo se nutre de la Biblia. Entonces tú vas a un museo por ahí en Europa y ves... ¿Y esa quién es? Eso no lo preguntaba tú pequeña... yo sabía quién era Judith, quién era Goliath. También yo me quedé espantada cuando un sobrino mío de colegio religioso ve una mancheta nacional que habla de David y Goliat y me dice ¿y ese quién? Eso quiere eso, imagínate si eso... te digo, me parece que por cultura solamente, no por religión.

Por cultura hay que estudiar la Biblia.

Claro, claro. Y hay una faceta de tu vida muy interesante que es la de gerente cultural; primero tuviste en la Dirección de Cultura del Distrito Federal y después en Fundarte como presidenta. Es lo mismo, pero cuando se constituye Fundarte... ah, no, claro, eso sí.

Eso nos hizo el gobierno anterior y lo hizo Carlos Andrés Pérez, un Diego Árria. La idea de Fundarte es de Diego Árria, que fue una gran idea porque tú sabes lo que pasa con las cosas del gobierno, que trancan todo. La Dirección General de Cultura, el Instituto Federal, bueno, tienen sus presupuestos, pero tú ves sacar una partida y entonces son un papeleo, nunca sale.

Fundarte eso lo hizo Diego Árria, por eso le dio agilidad, claro, al movimiento cultural. Pudo ir a una fundación autónoma y podía sacar... Yo recuerdo que un grupo de teatro que iba para España me pidieron 40.000 bolívares. ¿Y ya se iban? Y no podían dar los 40 mil bolívares en la Dirección de Cultura. Acudía a Fundarte, claramente un cheque y se acabó, ya está.

Y pudieran irse y por lo contrario no se hubieran podido ir. ¿Eso fue, tú estuviste en Fundarte, creo recordar, cuando el gobernador del Distrito Federal era nuestro común amigo Enrique Pérez Olivares?

Sí, él fue al que me metió y él fue a la que me metió en esa cosa.

¿Ah, sí?

Porque yo siempre digo que fue mi descubridor porque yo fui la primera asombrada. Cuando él me dijo eso, que fuera directora de Cultura, no sabía nada de esto. Yo no sé ni nada de administración, de la cultura. No, ni de culturas ni de nada.

Pero lo hiciste muy bien. Yo creo que tenías las suficientes para armarte en el cargo y sobre todo una cosa: yo no soy boba, yo puedo parecer boba pero no lo soy. Entonces claro, llego allí y me encuentro con un personal muy bueno que había dejado Ilias Rivas de Pacheco, que fue la que me entregó el cargo, la madre de Julio Pacheco.

Exactamente, ella me entregó el cargo, ahí nos conocimos y quedamos amigas. Bueno, yo conseguí, yo vi aquello y empecé a que estaba funcionando bien. Yo no fui tonta para estar cambiando personal. Mi secretaria era de... pero la que sabía toda una relación con la gobernación y todo eso yo la iba a sacar; el gerente del secretario es Fundarte, un individuo con una relación escultural dentro y fuera del país, yo lo iba a cambiar porque me llegara una carta con la flechita verde que me estaban proponiendo fulano para sacar.

Yo no cambié entonces me lo quería de militancia, pero yo no soy tonta, ¿aprende todo nuevamente? Claro. Y después el mismo Enrique Pérez creo yo te invitó a ser de las decanas fundadoras en la Escuela de Comunicación Social de Monte Ávila. Bueno, quizás no él sino el grupo.

Sí, ese fue un desafío importante para ti también.

Bueno, eso fue un desafío y yo que estaba trabajando en la Universidad, sigo con Bolívar. Cuando salí de Fundarte, fui para allá y fui extensión universitaria directora, me jubilé y yo tan contenta, estos años... Ay.

Yo voy a dedicarme ahora a escribir, servite al... cuando me llaman que quiere que forma parte del equipo para la universidad esa nueva que se está fundando. Ah, bueno, y me fueron engañando hasta que me doblé donde ca... No.

¿Te fueron mareando?

Mareándose, como voy a decir... No... Y pasaste varios años allí. Además ahí diste clase también, si es otra faceta de las que nos hemos hablado: de Alicia Álamo, profesora, ¿no?

Profesora, yo fui allí profesora de oratoria y de teatro, por la historia del teatro, género. Y después me quedé como profesora en los cursos de formación de profesores, diferentes para animar a los profesores a formarse algo más. Claro, entonces ahí daba muchos cursos sobre el teatro también, los géneros, la historia, y tuve gente muy importante de alumnos porque tenías tal vez el rector del iniciativo.

Tuve gente como Pepe Rodríguez y tú. Teníamos unos alumnos así de primera, ¿no? Pero qué tal, mejor que profesor. Entonces hasta que por fin ese grupo de alumnos, que eran todos profesores o gente de fuera pero mayor, madres de alumno en la universidad, se aficionaron a mis clases y ya yo le había dado todo género del teatro, por el teatro, lecturas dramatistas.

Bueno, cómo se escribe el teatro hasta el arte de escribir teatro, artes de escribir cualquier cosa, pero qué más les doy si no quieres seguir conmigo. Entonces me ocurrió una idea muy buena, qué un curso que hasta ahí es cursos momentos estelares del Teatro Universal.

Qué bien.

Entonces un profesor, un autor, estudiamos su obra, agarrábamos una, hacíamos la lectura dramatizada hasta que me... Bueno, él ganó el concurso, ah, eso fue. Él ganó del concurso. Lo que la intervención maravillosa que hubo fue en Jajo, porque pensamos hasta la conmemoración de año en Jajo.

Eso se le ocurrió a la Asociación de Escritores, porque ya estaba en Requidad Terán. Claro, ya vivía ya, sí, una gran poeta venezolana. Hay un taller de costura, creo. Tiene una casa que se llamaba... bueno, no me acuerdo en el instante.

Una casa colónica preciosa y ahí tuvimos una sesión muy linda la misma de San Juan, como una fogata y los poetas recitaron. Se empezó allá y después habló González León, Adriano. Mira, a mí no se me olvida eso, porque él abogó a San Juan de la Cruz por los poetas malditos. Una belleza, sí, muy bonito.

Mira que fue estupendo, ahí empezamos en Jajo. Además hay un pueblito cerquita, no de Jajo, de Valera, es cerca de Notoú, hay un pueblo cercano que solo ha comido la fama de Inotu. Pero eso se llama San Juan de la Cruz.

Entonces estuvimos también, hicimos unos saltos muy lindos que nos quedó muy bien y se hicieron varias cosas aquí, el concurso, se presentó el Cántico de San Juan de la Cruz en una función que hizo Ulive como Margo, Salo y varios, muy bonitos quedó. Generalmente no tuvo mucho éxito de público, la propaganda no fue buena, pero bueno, no quiero hablar de eso porque es un episodio que me molestó mucho, claro, no quiero mal de nadie, así es.

Hablemos de otra veta de tu trabajo. Yo no sabría calcular cuántos años tienes tú escribiendo columnas de opinión en El Impulso, en distintos periódicos de Venezuela, son muchos años y yo no sé tampoco cuánto. Bueno, yo sé que con El Impulso empecé el siglo pasado, pero claro ahora todo el siglo es pasado. Pero yo escribí en El Nacional.

Sí, lo recuerdo.

Escribía en El Nacional, escribí Estampas del Universal también, escribió La Religión que se apareció ya como periódico y escribía también en un... pero de aquito que se llamaba Al Cierre de Copei o que me pidieron también, escribí ahí, sí. Yo he escrito mucho.

Muchísimo.

Sí, hasta ni me acuerdo lo que escribía. Claro, son muchos años escribiendo columnas en la prensa.

Ahora tengo don Fija, El Impulso de aquí tiene más de 20 años, tienen no sé cuánto. Yo creo que tienen bastante más, bastante más, yo creo eso por los años 80 que yo empecé.

Cuarenta años puede tener esa columna fácilmente y es una herencia del papá, bueno, si le le pusieron el mismo nombre que tenía papá. Él me escribía de aquí a El Impulso y se llamaba El Guay del Turbio, correcto. Y yo agarré en la misma... ¿en la misma nombre?

Exactamente, El Guay del Turbio se llama la columna. ¿Qué tal?, ¿qué tal?

Y Alicia Venezuela, tú eres una venezolana pues por generaciones y generaciones. Nos comentabas fuera del aire que había encontrado el primer Álamo, Alamón, no llegó el siglo XVIII como se cual era el apellido de este que llegó con Colón, Mateus, pero yo deciendo porque ese Mateo fue que se casó con la india y tuvo que pedir permiso a la corona, porque no se podía casar un español con una india. Entonces por eso lo sabemos, porque consta en los antiguos de India.

Y alguien de las familias lo consiguió. Él se casó con esa. La hija de ese matrimonio del español con la india fue la esposa de Damián del Barrio. Ah, Damián del Barrio, más importante de los fundadores. Porque sí, yo desciendo, nosotros descendemos los Álamos directamente de Damián del Barrio. Sí, porque la esposa de don José Álamo fue el español que llegó en el siglo XVIII; el capitán se casó con la Concepción del Barrio, descendiente directa de Damián del Barrio.

¿Cómo llevas tú a Venezuela en el corazón?

Qué difícil llevarla. No, pues miren, dice, mira, ¿tú crees que yo soy muy venezolana? Yo no soy tan venezolana, ¿verdad? No, a mí cosas de los venezolanos que no me gustan nada, sería el momento de decirlo. Eso, por ejemplo, la viveza venezolana no me gusta nada.

Ah, a mí tampoco.

Me repongo. Después esas cosas de que bella es Venezuela y nada como Venezuela, tampoco. Claro. Entonces... y yo cuando he estado fuera, yo también me hace falta la patria, así no. Ahora estoy venezolana que me duele. Claro, me duelen Venezuela y como me duele hoy en día, pues me duele doble, pero este hacía pasión nada de Venezuela, no soy ya.

Ahora hablaste de cuando tú has vivido fuera de Venezuela. De eso nos hemos hablado, los cinco años en Costa Rica es una época yo no tenía como criterio claro a una niña. Yo, por ejemplo, yo añoraba a Venezuela, mi país, no sé qué cosa. Después cuando regresé, tuvieron unos choques difíciles.

En Barquisimeto nosotros vivimos un año en Barquisimeto al regresar de Costa Rica y estudié en el Liceo Lisandro Alvarado el segundo año de bachillerato. Ah.

¿Ahí estudió a mi papá?

Sí, seguramente, sí. Y no coincidimos, es posible, bueno, porque mi papá nació el dieciséis, te llevaba diez años a ti. Diez años de la edad de Caldera, exactamente, sí. Bueno, entonces de ahí nos vivimos en Caracas y entre... vivíamos en El Paraíso, con mis casas, donde yo nací, entre el colegio, se nos ve de tal vez, y ese tercero y cuarto año de bachillerato.

Los únicos dos años que yo estaba en el colegio de monjas. ¿Ah, sí? Porque los primeros años aquí no teníamos profesores sino en la casa. Yo llegué a Costa Rica y estrené todo, escuela, país, bastante difícil.

Bueno, hubiera sido difícil si no hubieras sido justo rica, porque inmediatamente entró a la escuela por primera vez, pisa de una escuela los 10 años y entré al tercer grado aterrada, porque hasta el norte ya era uniforme porque me dio una gripe y tal que... hasta la manera de vestirme era distinto. Pero allá son tan inteligentes que al primer recreo las niñas me rodearon y invitaron a buscar, que son los tíos de la maestra.

En cambio el contraste cuando llegué aquí fue al revés, embarguecimiento no muy bien, pero ahí primero la primera que estudié con Marones, claro, porque el liceador a un mixi, sí, y después con al Consejo de Tarbe, sí, fue muy duro porque ahí conseguí con un grupo de muchachas que son amigísimas.

Fueron amiguisimas mía, me queda una, creo que todos se han muerto entonces. Pero al principio sentí como, no como, me rechazaba, ¿por qué? Porque el caraqueño es muy levantado el arige. Ah, mira tú, mira tú. Entonces me llegaban a pasar cosas, por ejemplo, había una que celebraba sus 15 años con una fiesta y delante de mí invitó a todas menos a mí, como si hubiera pintado en la pared.

Y después no me gustaban tampoco que eran como muy niñas, yo estaba acostumbrada a ser muy madura ya, todo lo que me haya pasado, claro, no entiendes, algo que fue una cosa seria para nosotros todos. Yo era como madura, entonces me sentía con ellas y hacía una cantidad entérica de la muchacha.

Entonces las monjas las regañaban, que no era... Y entonces usaban unas fórmulas muy raras que eran los contrarios, cosas en Costa Rica, sino en Costa Rica y a escuelas, si algo que no estaba bien no lo regañaban en público, ellos lo llamaban aparte de dirección: mire, sus padres que se preocupan, esa educación que esté bien, como siéndole su árbol, va a tener vergüenza de ustedes si uno hacía algo.

Y aquí era el revés, me decía a las mujeres eso lo harán en su casa pero aquí no, caramba. Yo no me salía al colegio por una compañera que ya me paraíso y caminábamos juntos, esto que murió hace no hace tanto, y venía aquí al bolsar conmigo, Anita, a tías de Benayn chachajudilla porque ella me calmaba porque yo conducía aquellas cosas que decían.

Yo eso, yo me quedaba y entonces ella me decía no, Ali, se quede y por ella ya me calmé y terminé porque quería mucho las monjas, ella me quería a mí, pero aquella cosa como que era bien. Empezando porque yo llego en pesado el curso, así llego octubre finales y ya habían empezados.

Llegué de Barquisimeto primero, ¿qué le dice la monja o la muchacha? Viene una señorita pero muy visita a ustedes, muy educada. Caramba, ya te creó un clima... ya me puso el sombrero rojo.

Por cierto que tu madre doña Inginia Bartolomé de Álamo escribió un libro, ¿dos? Bueno, yo conocí uno. Entonces la experiencia del viaje también ha sido importante para ti o heredaste ese gusto por la crónica de viajes.

No tanto por la crónica, pero por el viaje como tal. Y yo, gozado muchísimo viajando, muchísimo. Viajé Europa o lo que conozco...

¿Pero no viviste en Europa?

¿O sí pasaste una temporada...?

Yo pasé una temporada en París, como 9-10 meses, casi un año en París. Sí, estuve estudiando en francés, vi mucho teatro, por supuesto, compraba las entradas del teatro por zona, estación de métro, que es un teatro que daba al cerque comprado y vencioso toda la noche prácticamente.

Entonces sí... no, esa experiencia fue muy buena, la de París. Claro, estuve en la Alianza Francesa. Mira, además está decirte que yo a los actores, las actrices, los admiro muchísimo porque hay un tema con la memoria que me asombra. ¿Cómo hacen ustedes para aprenderse un parlamento y convertirse en otra persona durante hora y media o dos horas? ¿Ese acto de magia cómo se logra?

Primero por la timidez.

Sí, esa respuesta sí me sorprende.

Te sorprenderé, pero pregúntale a cualquier actor para que tú veas. La mayoría de los actores somos tímidos y uno en el teatro se realiza.

Claro.

Comprenden entonces realmente fíjese los actores, personas que se meten al teatro, que yo he visto ensayando, pues, que son casi como muy abiertas, no son buenas. A mí el actor se realice en cada persona y lo de la memoria, sin actores que no tienen memoria, actores que están soplándose.

Ah, ¿sí?

Eso hay unos que son así si es televisión. A mí me hablaba el mundo área cuál dice la lectura desarramatizada, él es primo mío, entonces que había un autor que ponía la chuleta en la espalda de las actrices. Bueno, no todo el mundo tiene memoria, pero sí hay unas reglas nemotécnicas, vamos a decir, que tú usas por los movimientos, con los movimientos claro, cuando voy para allá tengo que estar, tú te acomodas un poco, ¿no?, y te ayuda mucho el diálogo como el otro actor, te da pie cuando empieza tu paridad.

Por eso quizás este monólogo es todavía más difícil, ¿no? Yo creo que sí, yo monólogo no he hecho, bueno, un monólogo dentro de una obra del teatro que es un trozo grande, pero un monólogo solo lo ha hecho nunca. Yo hace poco vi a un monólogo que me sorprendió algo impresionante, Julie Restifu haciendo de Sofía Imbero. ¡Ah, sí!

Ella es muy buena. Bueno, eso es una cosa extraordinaria, extraordinaria. Yo soy amante del teatro y me gusta muchísimo y voy todo lo que puedo y admiro el hecho teatral. ¿Cómo fue tu experiencia el día en que la obra que tú escribiste fuiste y la viste?

¿Había gran diferencia entre lo que tú habías escrito y lo que estaba allí, o todo se tejía muy bien?

Yo... la primera obra mía que se montó fue la segunda que escribí, que fue Juan de la Noche, que ganó el primer premio del teatro. Bueno, te voy a decir que yo quedé tan satisfecha porque la dirigió Juliér para las obras mayores, sí, y yo tenía hacia esa Juan de los Crujos, Margo Gonzalo, el Inquisidor por llamar de alguna manera, Fernando Gomes nada menos.

Tenía un elenco, el Maldonado, el prior del convento donde estaba preso Juan de la Cruz, José Torres. Yo tenía un elenco. Los ocho minutos que sale en Santa Teresa, Manuela García Maldonado, ¿qué tal? Tenía un elenco maravilloso y una dirección magnífica. Yo gocé mucho.

Claro, yo gocé mucho viendo me representaba, que no me le va a ir a ver nunca. Esto me iba sucediendo en mi vida.

¿Y te dieron la sorpresa o fuiste a un ensayo general?

No, yo fui en ensayos a varios. Y me preguntaban...

¡Y ellos te preguntaron!

Sí, claro, sí. Yo como autora mi costumbre era la siguiente: yo entrego la obra al director y yo no digo nada. También así que el papel de esa Teresa yo lo había escrito para mí y no lo dije. Él escogió eso, porque me parece que ese le toca al director escoger sus personas.

Además, Gulibe no me conocía como... nada, ya lo había visto nunca. Que se lo iba a decir, quiero hacerlo yo... claro, claro, claro.

Yo creo que uno entrega su obra y confía en el director. Claro, si podía hacer una pregunta o una sugerencia, bueno, se la hacía, pero muy levemente, casi nada.

Y Alicia, en los años más recientes aquí se ha creado en tu casa el Ateneo de la Carlota, pero ese Ateneo venía hecho porque yo recuerdo haber dado clases en tu casa hecho hace veinte o treinta años. Hay el curso tuyo de la poesía venezolana y Dios en la poesía venezolana. Ah, sí, es tal cual.

Pero qué alegría cómo se fue formando aquí este Ateneo de gente que viene todas las semanas a cursos que tú organizas.

Venía, ya la pandemia acabó con el Ateneo. Claro, pero se puede recuperar, ¿no? Ah, mira, aquí está el Ateneo, una paleta con el Ateneo y La Carlota. Esa es una alumna que lo pongo a hacer porque el Ateneo en La Carlota se le ocurrió fue a esta señora Quinala, Titi que le dicen a ella.

Ah, sí, sí. Gracias.

Entonces está casa con el arquitecto Quinaan y...

Ah, Elizabeth Ayala. Ayala, claro. Ella dice un día, esto es un Ateneo. Y aquí a él le encantó. El nombre fue también Joaquín Martazosa que tú lo traigiste, te la advertiste y yo no tenía pelos en la lengua. Se los dije, sí.

Y Joaquín, que está viviendo en Castro Urdiales, cuando regrese para acá seguro que van a querer. Yo tengo mucho contacto con él, qué bueno, eso me alegra muchísimo.

Yo le mando todos mis artículos y todas las cosas, y al ver entonces él me conteste y me dice ¿sabes qué es lo que él admira en mí? Mi gusto por el deporte.

Bueno, de esos nos hemos hablado. ¿Cuáles deportes son los que te gustan?

El béisbol, el fútbol, el bowl y el tenis. ¡El tenis! Últimamente me he vuelto muy tenista.

Claro, pero como habrás sufrido con el retiro de Federer. Dicen que es el mejor tenista del histórico.

Bueno, no sufro ya por eso, porque el retiro estamos todos y yo no estoy retirada porque Dios nos ha querido. Pero la verdad sí, me encantaba Federer, como me encanta, pero yo soy sobre todo de Nadal. De Nadal, yo soy fanática del Nadal, el temperamento de Nadal más español. Es que es la fiera y yo lo veo en la cancha cuando él pone los toitos de fiera, nadie puede comer.

Qué cosa, ¿verdad?, que sí, que Nadal es una fiera. Y el béisbol, ¿te aficionaste desde muchacha?

Tú sabes cómo aprendí yo al béisbol. Bueno, yo jugué pequeña una cosa que va a rondar en su abuelo Igor. Quiera como un mejor para mujeres.

Entonces tú te vas con Pablo Escobar y yo lo voy a meter pelota de tele y veas bases pero no veo almohadillas. Eran las reglas del gol. Y después el año 41 que estaba yo en Barquisimeto fue la famosa serie mundial, La Matera en La Habana, que ganó mi suelda. Yo la oí íntegra por radio y aprendí a las cosas oyéndolo.

Y ahí me quedó la afición. Después, cuando vine para acá, iba al Estadio San Agustín a ver los juegos. Nosotros nos hablábamos Bartolomeras de un equipo pequeño que no duró nada que le llamaba Los Apos, porque el pitcher de Los Apus era el cirucanónico que fue el que ganó los dos juegos a Cuba el 41. Entonces nosotros éramos y, por cierto, llamo al Estadio San Agustín y los cerveceros cuando veíamos a nosotros que como el sapo nos llevaban el charquito de las ranas.

Bueno, ¿y estás escribiendo o terminando tus memorias?

Terminé ya.

Y tú eres culpable.

Yo soy el culpable, lo reconozco, pero es culpable porque yo escribí la memoria porque le oía que iba a ti una clase: los venezolanos no escriben las memorias y eso es bueno para decir gran historia porque la historia me ludo ahí.

Y yo comprendo que cuando tú escribes una cosa así de familiar tú hablas de comida, de costumbre, que les conviene al historiador para centrarse muchas veces. Entonces, sobre todo, de repente pensé, ya pasado a los 90 años, Alicia, tú has vivido mucho, ¿has vivido mucho?, y lo recuerdas todo. Me sentí como el deuda cómoda del país, que yo contar mi vida por lo que he pasado y yo conocía al general Gómez, pues imagina así.

Yo tuve en las manos al general Gómez en mis brazos. ¡Qué tal!

Entonces ahí qué no he vivido, entonces contemporáneas de Venezuela, toda completa. Entonces tenía como una duda de contarlo que yo vi y como lo vi, no quiero decir que haya sido correcta mi visión pero fue la mía.

Así es, es tu testimonio.

Es mi testimonio, exactamente sí.

¿Y cuándo las publicamos, Alicia?

Están en imprenta ya.

Qué maravilla la noticia. Pero hace una edición de... unos primos míos entusiasmados me costean la impresión, son 100 ejemplares nada más los que hay, que se pueden hacer más. Pero no se lo van a hacer ni con Vinceler, por supuesto.

No creas. No creas.

¿Cuántas mujeres venezolanas de una actuación tan destacada y tan útil para el país como la tuya han escrito sus memorias? Probablemente muy pocas o ninguna. De modo que eso va a ser un libro más importante de lo que probablemente tú misma creas.

Quizá.

Quizás, Alicia, muchísimas gracias. La verdad es que esta entrevista para nosotros es un gran placer haber conversado contigo, que nos hayas referido. Bueno, todas estas facetas de una vida plena que has tenido.

Y quizás en esta última pregunta es el momento de preguntarte si es posible qué te ha dicho la vida a ti, que has aprendido, la vida como maestra. ¿Qué te ha dado?

Para mí la vida es una maravillosa aventura y le digo a las nuevas generaciones que aprendan a vivirla porque uno lo tiene: cada día tiene una sorpresa. Puede ser que sea mala, puede ser un dolor, pero entre el dolor y la felicidad hay contraste como la sombra y las luces. Y en la obra de arte la sombra o la luz juegan un gran papel, si no lo podrías apreciar.

Así es la vida, de luces y sombras, eso es lo que da el contraste y la emoción. Para mí fue una gran aventura y pienso lo que ha pasado el tiempo, qué ha pasado, que fue ayer para mí, todo fue ayer, claro, porque yo me acuerdo, tan pequeña, las cosas que yo pensaba chiquita y me acuerdo en un momento que empecé a pensar hasta ahora. Y claro, sí tuve momentos malos, por supuesto, momentos quizás no era tan feliz, pero eso se fue quedando atrás, a medida que fui madurando.

Y sobre todo que me puse vieja o anciana como estoy ahora, nunca he sido tan feliz como ahora.

¿Qué tal?

Mi mejor decena es esta de los 90.

Qué belleza, qué belleza. Siempre la fe te ha sostenido también, eso ha sido una columna vertebral de tu vida.

Sí, yo soy una mujer de fe y dudablemente no fanática. Sí, ¡no lo veré!

Porque el fanatismo me choca en cualquier... Sí. Ni siquiera en el deporte, me parece que el fanatismo es el origen de todos los conflictos de la historia.

Así es. Fanatismo religioso, político, bueno, lo que sea... no me gusta. Deportivo me parece espantoso porque del deporte para divertirse uno va a estar sufriendo así, tal cual sí. Entonces no, no soy fanática.

¿No eres fanática y eres creyente? Bueno, Alicia, mil gracias, te quiero dar la mano, de verdad. Ha sido increíble.

Y la doy poco con la pandemia, por el lado de él. Bueno, muchísimas gracias y Alicia Álamo está en El Podio con medalla de oro seguramente.

Ay, qué bueno, es la primera que gano. Despedimos nuestro programa Venezolanos en esta serie titulada Los del podio. Recordemos que este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela y Turrisa, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio, quien está aquí en la dirección técnica.

Nos pueden seguir en la transmisión en vivo en la página MundoUR.com y además nos pueden seguir en arroba mundourweb, arroba Radio Escuela UR y arroba Rafaela Rice en Twitter. Recuerden que Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Hasta nuestro próximo encuentro.

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