Lisandro Alvarado
Un auténtico sabio.
Transcripción
Muchos sospecharán que voy a hablar de Lisandro Alvarado. Nació en El Tocuyo en 1858 y murió en Valencia, estado Carabobo, en 1931. Pocos personajes venezolanos despiertan un interés tan diverso como el que se desprende de la obra y vida de Lisandro Alvarado, porque no son muchos los venezolanos que hacen corresponder con precisión sus ideas, sus valores y su sueño con su trabajo diario. Y eso fue lo que logró Alvarado con su vida y probablemente por eso fue una vida tan fértil que dio tantos frutos.
Quizás esta coherencia entre su vida y su obra conduce a que sus biógrafos, muchas veces fascinados con las aristas de este personaje, casi olviden las obras, que es lo que realmente hace de Alvarado un hombre de aportes excepcionales. Lo que ocurre es que estos biógrafos se embelezan en la dignidad del ser humano y no se detienen suficientemente en la obra titánica de este larense, que comentaremos a lo largo de este programa. Hay varios ensayos biográficos sobre Alvarado: uno de los primeros es del poeta Jacinto Fombona Pachano. También hay un buen estudio biográfico de un paisano, Pascual Venegas Filardo, y un estudio que precede sus obras completas de otro paisano, el historiador Guillermo Morón.
Alvarado, como dije, era tocuyano, y todos coinciden en que la figura de Egidio Montesinos, el director y creador del colegio La Concordia en El Tocuyo, es esencial para comprender la vida y la obra de Alvarado. Esto también lo señala su biógrafo más reciente, el académico Francisco Javier Pérez, autor de la biografía de Alvarado que forma parte de la colección de la Biblioteca Biográfica Venezolana, que dirigió durante muchos años Simón Alberto Consalvi y fue apadrinada por el Diario El Nacional y el Banco del Caribe. El número 143 de esta colección es la biografía de Lisandro Alvarado, de Francisco Javier Pérez. Todos coinciden en señalar la égida y la influencia benéfica de don Egidio Montesinos y su colegio La Concordia, que quedaba en El Tocuyo.
La denominación de esta ciudad es más extensa y vale la pena señalarla: El Tocuyo se llamaba, o se llama, Nuestra Señora de la Limpia y Pura Concepción del Tocuyo, fundada el 7 de diciembre de 1545, y fue un epicentro fundacional en todo el occidente del país. Cuando iba a decir El Tocuyo dije se llama y se llamaba, tuve esa duda porque el terremoto de Tocuyo a mediados del siglo XX verdaderamente arrasó con la ciudad colonial. Y es muy poco lo que queda de esa ciudad colonial a la que aludíamos o estábamos pensando cuando pensábamos en Egidio Montesinos y sus alumnos en el Colegio La Concordia. Lisandro Alvarado llega al mundo el 19 de septiembre de 1858; lo esperaba un hogar humilde, de muy escasos recursos.
Sus padres fueron Rafael Alvarado y Gracia Marchena; por cierto, este nombre, Gracia, es bastante frecuente en el estado Lara y muy infrecuente en el resto del país. Alvarado y Marchena soñaban con que su hijo pudiese tener una educación completa, como ellos no la tuvieron. Y a los cinco años, cuando cumple cinco años el pequeño Lisandro, es cuando Egidio Montesinos funda su colegio en el estado Lara. La huella de Montesinos es indeleble: por citar a dos grandes larenses que pasaron por las aulas de Montesinos, venimos hablando de Alvarado, pero hay que sumarle su compañero de aulas, el gran historiador José Gil Fortul, que fue amigo de Alvarado toda la vida.
Por cierto, Gil Fortul era barquisimetano y se mudó a El Tocuyo para disfrutar de la pedagogía de Montesinos. Vamos a ver en dónde está la huella de Montesinos en Alvarado. Diríamos que hasta en las diferencias estuvieron unidos el maestro y el alumno. Montesinos jamás salía de su casa, al lado del colegio, porque siempre estaba allí trabajando y estudiando, y Alvarado no soportaba permanecer en el mismo sitio mucho tiempo.
Es una de las características de Alvarado que señalaremos con precisión más adelante. Los unía, por otra parte, un ejercicio de la austeridad acentuada: ambos sonreían displicentes frente a todo aquello que se les ofrecía, que no fuese estrictamente lo indispensable. ¿Qué le enseñó Montesinos a Alvarado? Donde colocó el acento fue en la enseñanza del álgebra, la geometría, la aritmética, el latín y sobre todo de la filosofía, que para don Egidio era esencial en la formación del niño y el adolescente.
De allí que don Egidio fue una suerte de faro o linterna, porque le abrió los ojos al mundo a Alvarado. Y a su vez, más allá del aula, don Egidio solía llevarse a los alumnos a hacer incursiones taxonómicas. Es decir, salían al campo a ver la naturaleza, les explicaba la flora y fauna y la utilización de determinadas plantas y hierbas. Los llevaban a recorrer el río, a que viesen los sembradíos de caña cercanos a El Tocuyo.
Y bueno, allí les enseñaba, en ese método peripatético, la gramática latina y se interesaba particularmente en que sus alumnos conocieran la conducta de los animales, que distinguieran perfectamente la vegetación xerófila. De modo que El Tocuyo, aquel micromundo del Tocuyo, tuvo suerte de tener un maestro como Egidio Montesinos, y allí anidaron estos futuros sabios. Del que estamos hablando hoy es Lisandro Alvarado, pero en algún otro programa hablaremos de José Gil Fortul. Todo este método pedagógico de Montesinos sembró en Alvarado una curiosidad insaciable; ese era el epicentro, la clave de su personalidad: una curiosidad por comprenderlo todo, por registrarlo todo.
Pasada la adolescencia, el joven Alvarado se prepara para presentar el examen de bachillerato; esta certificación no era posible que la diera el Colegio La Concordia y allí se traslada a la ciudad de Trujillo a presentar el examen. Entonces se va con su gran amigo José Soledad Jiménez Arráiz y los dos llegan a Trujillo a presentar la prueba. Entonces contaban ambos quince años y relata la leyenda que los examinadores se quedan asombrados con Alvarado. Venegas Filardo, en relación con este episodio, dice lo siguiente: "Allí estaba la anticipación de un sabio. Aquel joven de ojos miopes, de nariz sobresaliente, de tez ligeramente morena y de ideas fáciles, comenzó a deslumbrar por sus conocimientos".
Otro de sus biógrafos, Fombona Pachano, refiere que el jurado probablemente se debió sentir incapaz para evaluar los conocimientos de Alvarado, a tal punto que lo proclaman bachiller antes de cumplir todas las pruebas, de manera unánime y entusiasmada. Es decir, Alvarado sabía tanto sobre lo que le estaban preguntando los examinadores que estos no esperaron a proclamarlo bachiller, a graduarlo sin necesidad de hacer las preguntas que faltaban porque había abundado tanto que ya no hacía falta. Así es como se graduó de bachiller Lisandro Alvarado. En la parte anterior del programa referíamos el viaje.
El traslado de Alvarado de su tierra natal a Caracas, pero es que ese traslado tuvo un intermedio: la pobreza de los Alvarado le negó a Caracas en lo inmediato, no tenían recursos para que el hijo estudiara medicina en la capital. De modo que el bachiller Alvarado se traslada a Barquisimeto para trabajar atendiendo una farmacia. Pero no pierde tiempo este farmacéutico y se procura por sí mismo sus conocimientos: se hace un autodidacta, profundiza en aquellos estudios, en aquella semilla que había sembrado don Egidio Montesinos. Es entonces cuando estudia a fondo el latín porque sabe que el latín le va a ser muy útil cuando logre estudiar medicina.
El latín le ayudó además: le acendró, le purificó, le estructuró la lógica en la mente; sus declinaciones, su manera de proceder, de estructurarse, el latín fue dibujándole las estructuras como instrumento al joven Lisandro. Pareciera que estos años, de los 15 a los 20, antes de que él logre venirse a Caracas a estudiar medicina, son unos años como de entrenamiento, como que si alguien acude a un gimnasio a prepararse para una batalla posterior, una batalla física en este caso, por supuesto. Allí investiga y accede a métodos modernos y se prepara entonces: para él era un designio, era una vocación que había de cumplir, que era hacerse médico. De allí que finalmente reúnen los recursos necesarios y abandona Barquisimeto rumbo a Caracas a los 20 años, en 1878, y después de seis años de residencia estudiantil caraqueña Alvarado obtiene el título de doctor en Ciencias Médicas.
Le tocó, en estos años, vivir la influencia de los positivistas, de Adolfo Ernst y de Rafael Villavicencio. Entonces el positivismo abría sus alas y comenzaba a estar en boga en la mente de todos, pero no solo los positivistas influyeron en la formación caraqueña de Alvarado. Hubo uno muy particular que no era precisamente un positivista sino un católico, que es el caso de Cecilio Acosta. Acosta va a ser el guía en estos años caraqueños, así como Montesinos lo fue en la infancia y adolescencia.
Acosta era el faro de estos años para Alvarado; él acudía a la tertulia de Acosta, era muy nutrida en extraordinarios personajes. Allí conoció nada menos que a José Martí, de modo que la tertulia de Acosta fue un taller, una peña o sitio de encuentro y de vínculo y posibilidad de escuchar pensadores con grandes conocimientos discurrir en sus conversaciones. Por esa época también Alvarado estaba leyendo nada menos que El origen de las especies, de Charles Darwin, un texto que dio pie a una revolución planetaria y por supuesto no era bien visto para la Iglesia católica. Tampoco veían con buenos ojos entonces los primeros principios de Herbert Spencer, un libro que también él leyó con fruición.
Y por supuesto los orígenes de la civilización de Vico. También leía novelas: allí estaba María, de Jorge Isaacs, que fue una novela muy querida por él. Estos años de formación caraqueña, como vemos, lo hacen copartícipe de una generación ilustre, de médicos: estoy pensando en José Gregorio Hernández y Luis Razetti, y también de otros personajes de otras disciplinas como César Zumeta o Luis López Méndez. De esta generación, por cierto, Santiago Key-Ayala afirmó lo siguiente: "Tanto Alvarado como Gil Fortul son representantes en primera línea de una renovación de ideas, sistemas y guías que acaeció para Venezuela hacia el año de 1881". Hasta aquí la cita de Key-Ayala.
Graduado Lisandro Alvarado de médico, comienza su vida errante por Venezuela y en 1885 lo tenemos establecido en la pequeña ciudad de Ospino. En esta ciudad del estado Portuguesa es donde contrae nupcias con Amalia Rosa Acosta Zúñiga, con quien tiene nada menos que ocho hijos, mientras el ejercicio de la medicina se le va tornando en un apostolado y comienza su vida errante porque lo vamos a tener en 1889 en Guanare trabajando allí. Luego lo vamos a tener entre 1890 y 1892, casi tres años, como cónsul de Venezuela en Southampton, en Inglaterra, una curiosa estadía, un paréntesis que ha debido ser muy favorable para él, no solo para perfeccionar su inglés sino para acceder a conocimientos médicos del primer mundo. Regresa luego a Guanare, allí desempeña cargos académicos y públicos, y comienza a acentuarse lo que yo he llamado su dromomanía.
¿Y ustedes dirán? ¿Y qué diablos es esto de dromomanía? Bueno, es una condición de determinados seres humanos que están permanentemente en movimiento. Cuando digo permanentemente no quiere decir que vivan, que pasen todas las noches en un sitio distinto; no es eso, pero sí que vivan en muchos lugares a lo largo de su vida.
En el caso de Alvarado era prácticamente su vocación la que llevaba esto, pero era una vocación múltiple porque Alvarado no solo era médico sino que se adueñó de él la pasión del filólogo: ¿de dónde vienen las palabras, cómo se forman? Se adueñó de él la pasión del lexicógrafo y la pasión del historiador. Entonces estos movimientos por todo el país, mudándose con su mujer y sus hijos, lo llevaban a clasificar la flora y la fauna, a buscar en el español los vocablos que se utilizaban en cada pueblo en el que vivía y también las voces indígenas. La lista de sitios donde vivió Alvarado es larga, les anuncio algunos sitios: además de Ospino y Southampton, como le señalé, vivió en Guanare, vivió en San Carlos, El Tinaco, en Barquisimeto, en Sarasa y por allí en varios sitios más.
Y él iba por todas estas ciudades y regiones alimentando sus curiosidades hacia sus indagaciones; va a comenzar esta dromomanía en 1885 y va a terminar con la muerte de Alvarado en Valencia, en 1931. Y no hemos hablado de su obra; ahora es cuando vamos a hablar de su obra, hemos referido su manera de ser, su entorno y esta condición humana de la que venimos hablando. ¿De qué obra estamos hablando? Primero señalemos que para su formación fue muy importante el hecho de que Alvarado se formó a sí mismo como un políglota: Alvarado hablaba francés, alemán, italiano e inglés.
Y hablaba perfectamente el latín y, oigan esto, el árabe. Estamos hablando de un señor que ha vivido en estos pueblos y ciudades de Venezuela y se detuvo a estudiar el hebreo, el griego, el provenzal; esta era la fuerza del filólogo que estaba allí en él que lo llevaba a aprender todas estas lenguas. De allí que fue un extraordinario traductor: su traducción del libro De la naturaleza de las cosas, de Tito Lucrecio Caro, es excepcionalmente buena, una traducción al castellano; lo mismo tradujo nada menos que Los viajes a las regiones equinoxiales del Nuevo Continente, de Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland. Esta empresa, por cierto, no la terminó porque la enfermedad y la muerte se lo llevaron, pero dejó muy adelantada la traducción.
A su vez Alvarado es un polígrafo, un hombre que escribió muchísimo sobre distintos temas; ya hablamos de que fue filólogo y lexicógrafo, y van apareciendo libros de Alvarado, el fruto de sus investigaciones. Estamos hablando de Ideas sobre la evolución del español en Venezuela, un libro de 1903; de Glosario de voces indígenas de Venezuela, en 1921; de Alteraciones fonéticas del español en Venezuela, en 1922. De modo que el primer venezolano que estudia el desarrollo del español en Venezuela es Lisandro Alvarado y allí que podemos considerarlo un pionero de estos estudios. Después han sido varios los filólogos que han ensanchado y hasta superado aquel primer aporte extraordinario del sabio tocuyano, pero la obra de Alvarado es la semilla, ya superada hoy en día, sí, pero su condición pionera no se la quita nadie.
A Alvarado lo desvelaba la búsqueda de los vínculos entre las lenguas que formaban el tejido de nuestra cultura. No se le escapaba ninguna pista, seguía sus presas hasta que llegaba al hallazgo y comprobaba las intuiciones que tenía en relación con el origen de algún vocablo. Hoy en día estas investigaciones de Alvarado, como dije antes, han sido superadas, pero su condición pionera no se la quita nadie. Sobre eso afirmó Pedro Grases en un trabajo titulado La obra lexicográfica de Lisandro Alvarado.
Grases señala lo siguiente: Lisandro Alvarado responde a la figura moderna de un humanista interesado por los problemas que podían preocupar a un positivista enfrentados a los hechos de la cultura americana en Venezuela: la historia, las letras clásicas, la lingüística hispánica e indigenista. Las ciencias naturales, la etnología y la sociología fueron disciplinas que embargaron su atención a lo largo de su existencia y le dieron temas para anotables disquisiciones personales. De estas y otras disquisiciones personales hablaremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que Grases reconoce la labor pionera de Alvarado en el campo de la lexicografía en Venezuela, incluso Grases afirma que no ha sido aún superada para el momento en que escribe ese trabajo sobre la obra lexicográfica de Lisandro Alvarado. En cuanto a su trabajo como etnógrafo, hay algo que escribe Acosta Saignes en el prólogo al libro de Alvarado que se titula Datos etnográficos de Venezuela. Dice Acosta Saignes lo siguiente: "Como antropólogo fue Alvarado, no un estrecho especialista sino un cultivador de varias ramas. La antropología cultural que él llamó etnografía, la lingüística y la etnohistoria; escribió también acerca de antropología física y arqueológica, se trata sin duda de un gran precursor cuyos trabajos no han sido suficientemente apreciados en nuestros días, en lo que concierne a su mérito dentro de la época en que escribió, desde las dos décadas finales del siglo pasado hasta finales del primer tercio del presente".
Estamos hablando de un precursor y estamos hablando, esto es bueno que lo recuerde Acosta Saignes, la época en la que está escribiendo Alvarado. En este sentido es un modernizador de los estudios a los que se dedica, a lo que se consagra, que ya nos hemos ido enumerando: la etnografía, la lexicografía, la filología. Y falta una faceta no de menor importancia: ¿qué es la faceta de historiador? Allí su obra va a expresarse en un libro sumamente valioso, indispensable para comprender ese proceso.
Ese libro se titula Historia de la Revolución Federal en Venezuela desde 1859, un aporte formidable para la comprensión de la Guerra Federal. Y sobre este libro afirma Mariano Picón Salas cuando escribe el prólogo a la edición de las obras completas de Alvarado. Dice lo siguiente sobre su Historia de la Revolución Federal en Venezuela: "Dicen que el libro es fruto de lecturas de periódicos y documentos de la época, de sus largas correrías por la provincia venezolana, de su conversación con los últimos testigos longevos y hasta de su regular conocimiento matemático que se detiene en planos y estrategias de batallas, y marchas, guerrillas por la despoblada y dura Venezuela de los días de 1860".
Esto que dice Picón es completamente cierto y revela que Alvarado trabajó el libro acudiendo a fuentes documentales primarias como son los periódicos, los papeles de la época y las entrevistas que hacía con testigos longevos de aquella circunstancia bélica. La obra histórica de menor aliento, vamos a llamarla así pero no de menor importancia, se expresa en múltiples trabajos. Hay uno de esos trabajos que a mí me llamó particularmente la atención, que se titula Neurosis de hombres célebres. En ese trabajo Alvarado pasa revista a las psicopatologías de algunos venezolanos ilustres como fue el caso de Juan Manuel Cajigal.
En algunos casos no revisa propiamente una psicopatología, sino un estado de ánimo, que es el caso que revisa con Ildefón Sorriera Aguinagalde, o el general León Febres Cordero, o el propio Bolívar, o al propio Acosta. Pero hay algo que me llama mucho la atención, y es lo que él estudia sobre el general Páez. El general Páez padecía de una fobia muy particular que es la ofidiofobia y miren, escuchen este párrafo de Alvarado en relación con el padecimiento del general Páez: "Cuando yo leí este trabajo al tragar la carne de pescado se convertía una vez en el estómago en carne de serpiente y por la impresión del terror y espanto que la vista de un ofidio le causaba hasta producirle a una edad de ochenta años un acceso de epilepsia inmediatamente. Páez era epiléptico. Sigue Alvarado: no es de extrañar que en estas condiciones, tanto las causas determinantes del mal como las obsesiones variasen hasta imitar bastante bien un estado histeroepiléptico".
En el combate de Chire de 1815 provoca la convulsión una serpiente y después de ella vaga todo el día en el campo con síntomas manifiestos de locura epiléptica. En una de las exhibiciones del Barnum, en Nueva York, excita la convulsión es una boa y sin perder el uso de razón manifiesta, en medio de ella, que muchas serpientes le estrangulaban y bajaban enroscándose en los pulmones, el corazón, el vientre y las piernas, pidiendo a gritos que le libraran de los horribles animales. En el curso del acceso reconoce al doctor Bills que le asistía. De modo que esto es muy curioso, estos accesos de epilepsia que se generaban en el general Páez a partir de la visión de una culebra.
El miedo que les tenía los ofidios era de tal magnitud que le provocaba estos estados de alteración de la conciencia, de la salud, recogidos por Alvarado en ese ensayo notable que se llama Neurosis de hombres célebres. Hay otros ensayos como los delitos políticos en la Historia de Venezuela, u otros ensayos dedicados al movimiento igualitario en Venezuela, todos ellos recogidos en las obras completas de Lisandro Alvarado, publicadas por la Casa de Bello en tiempos del director Óscar Sambrano Urdaneta. Una edición bellísima con dos tomos y papel biblia de las obras completas de Alvarado en unas tres mil páginas que se consiguen, o hasta hace muy pocos años se conseguían fácilmente. También hay una vertiente que no hemos señalado, que es la de crítico literario.
Que no era menor, por ejemplo, cuando él se incorpora a la Academia Venezolana de la Lengua en 1922, su discurso de incorporación es una conferencia que se titula ¿La poesía lírica en Venezuela? En el último tercio del siglo XIX conocía al dedillo la poesía venezolana del siglo XIX y como crítico literario era nada desdeñable, hay que señalarlo, con observaciones muy agudas y valiosas. También Alvarado se incorpora, como les dije, a la Academia Venezolana de la Lengua en 1922, pero también va a incorporarse a la Academia Nacional de la Historia en 1923, y primero se había incorporado a la Academia Nacional de Medicina en 1905. De modo que fue individuo de número de tres academias nacionales; varios venezolanos han sido individuos de número de tres academias.
Es el caso de Arturo Uslar Pietri; Rafael Caldera fue de dos academias que yo recuerdo. Uno de los venezolanos que ha sido individuo de mayor número de academias es el doctor eminentísimo Blas Bruni Celli, que fue académico de medicina, historia, lengua y ciencias físicas y naturales, un caso completamente excepcional en el mundo académico venezolano. Del caso del doctor Bruni Celli, que en algún momento haremos un programa sobre su vida y obra, les adelanto que fue un digno discípulo, aunque no lo conoció, de Lisandro Alvarado. ¿Por qué? Porque Bruni Celli también era larense y también anidaba en él ese amor por el conocimiento poliédrico que se expresaba en distintas facetas.
Recordemos: Bruni Celli fue médico, igual que Alvarado, pero fue profesor de griego en la Universidad Central de Venezuela y cuando tenía casi 80 años hizo estudios formales de filosofía en la Universidad Central de Venezuela, se graduó con honores. Y comenzó a dar clases a los ochenta años en su casa estudio donde había jubilado el profesor de anatomopatología muchos años. De modo que este larense Bruni Celli fue un émulo digno del otro larense, Lisandro Alvarado. Un hombre completamente dominado por la curiosidad y la búsqueda del conocimiento; habría que preguntarse ¿por qué el estado Lara ha arrojado o le ha ofrecido a Venezuela unos hombres con esta entidad académica, al que se suma Fortul en otra esfera pero también con unos aportes importantes?
Bueno, vamos a tener a Alvarado entonces los últimos años de su vida; fíjense, ya aquí en Caracas, ya académico, ha cesado un tanto por la edad su condición de dromómano, se mueve menos, viaja menos por el país y está más cerca del mundo de las academias que forma parte en estos últimos años de su vida, ya cercano a la ancianidad o avanzando en la ancianidad. En las últimas partes del programa veremos entonces cómo son estos últimos años y qué ocurre con Lisandro Alvarado. Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que Alvarado recoge las velas y su condición trashumante de dromómano se detiene.
La estrechez económica contribuye a eso, los años también. Y entonces acepta un cargo burocrático un poco extraño, director de política comercial en la cancillería, que a todas luces revela que no era la persona indicada, pero seguramente tuvo necesidad de aceptarlo. Y vienen los últimos años, que son interesantes porque si bien no son años de trabajo de campo, son años de publicación de lo que ha hecho a lo largo de toda su vida. Porque la fecha de publicación de varios de sus libros es en esos quince últimos años de su existencia.
Claro, el mito trashumante lo precedía, todo el mundo sabía quién era Alvarado y qué había hecho; esa personalidad tan curiosa que tenía, los investigadores comenzaron entonces a interesarse más por su vida que por su obra, cosa que es un error, porque lo esencial de Alvarado, más allá de que sea un personaje para una novela o para una película, es la obra que deja. Además es una paradoja porque Alvarado no era un hombre tímido y no buscaba la notoriedad pública en absoluto ni se propuso jamás ser considerado una especie de personaje curioso. Simplemente era un hombre dedicado a su trabajo, una suerte, como les dije antes, y él no requería, no hubiese jamás trabajado para tener una fama personal más allá que una fama por su obra, que es la que ha debido acendrarse.
Y en Caracas, avanzada ya su vida, lo sorprende una hemiplejía; tiene entonces 68 años, una vida bastante cumplida. Sus amigos y sus admiradores se preocupan mucho, hacen una vaca, recogen dinero y lo envían a París para que sea examinado por los mejores médicos de entonces; en aquella época la medicina francesa tenía una gran fama y logran enviarlo a París. Alvarado es visto por una junta médica en París y el resultado no es favorable. Regresa a Venezuela, se establece en Valencia; tres años después muere allá en Valencia.
Después de padecer tres años de vida con disminuciones corporales, producto de la hemiplejía, en las primeras horas después de la muerte de Alvarado se creó una situación muy extraña en Valencia, porque la Iglesia católica valenciana se niega a que Alvarado sea velado en alguna iglesia. Porque Alvarado había confesado a lo largo de su vida haber sido masón, y la masonería era un anatema, o lo es, no lo sé, para la Iglesia católica. De modo que se da esa circunstancia tan extraña que ninguna iglesia lo recibe: es un positivista o un hombre que creía las teorías darwinianas, encima es masónico, ¿cómo va a ser velado en una iglesia? Entonces a sus amigos y admiradores y alumnos no les queda otro camino que colocar la urna al pie de la estatua de la Plaza Bolívar de Valencia.
Entonces el velatorio de Alvarado fue allí. Curiosamente es un caso extraño y creo que hoy en día no pasaría algo similar, entre otras cosas porque hoy en día existe la práctica de las funerarias o los cementerios, pero entonces no existían esas instituciones y los velatorios se hacían en las iglesias. Alvarado no pudo ser velado en ninguna iglesia y bueno quiso el destino un honor, que fue velado en la Plaza Bolívar de Valencia. Allí le dijeron adiós sus familiares; había entonces dejado de dar vueltas el sabio del Tocuyo y esa paz de los sepulcros fue alterada muchos años después, el 14 de mayo de 1980, cuando sus restos fueron llevados al Panteón Nacional.
Gobernaba entonces en Venezuela un portugueseño que conocía muy bien la obra de Alvarado, me refiero a Luis Herrera Campins, y se empeña el presidente Herrera en llevar al sabio del Tocuyo adonde debía estar, que es el Panteón Nacional. Sigue siendo un misterio de hoy de dónde salía aquella fuerza múltiple de Alvarado, sigue siendo como un misterio para hacer tanto y de tanta utilidad en diversos campos en los años que vivió, de allí que nuestra admiración por su vida y su obra sea absoluta. Y nos parezca un misterio el origen del poder creador, de esta capacidad de trabajo de Lisandro Alvarado, que hizo de su vida una parábola, una parábola en la que buscó afanosamente explicarse el tejido del país y sus vertientes lingüísticas, filológicas, lexicográficas, históricas, naturales. Es verdaderamente un hombre ejemplar, un faro, y yo recomiendo la búsqueda de las biografías sobre Alvarado, los textos que se hayan escrito sobre él, y también recomiendo la lectura de sus obras.
Bueno, este ha sido nuestro homenaje a este ilustrísimo larense nacido en 1858 y fallecido en 1931, a quien yo llamo el sabio dromómano, Lisandro Alvarado. Hasta aquí El Venezolano de hoy. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio. Me acompañan en la producción Merizosa y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho.
A mí me consiguen a través de mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com, a través de Twitter, arroba rafaelarais, en Facebook también. Y estos programas los consiguen en la página UnionRadioCultural.com, donde están allí a disposición de todos ustedes desde cualquier parte del mundo. Ha sido un placer hablar en voz alta para ustedes, hasta nuestro próximo encuentro.