Teresa Carreño

La venezolana universal.

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Nace el 2 de diciembre de 1853 y muere en 1917. Me refiero a María Teresa Gertrudis de Jesús, conocida mundialmente como Teresa Carreño. Teresa Carreño es hija de Manuel Antonio Carreño, nada menos que el autor del Manual de Carreño.

Un libro que ha tenido infinidad de ediciones; todavía se edita, casi que se puede decir que es un libro venezolano con mayor cantidad de ediciones, el Manual de Urbanidad de Manuel Antonio Carreño. Un político y músico venezolano, hijo de Cayetano Carreño, que también fue un músico importante, hermano de Simón Rodríguez. La familia Carreño, como sabemos, fue una familia que dio muchos personajes vinculados con la música, la poesía y la educación. Una familia ilustre de tiempos coloniales y también, por supuesto, ya de tiempos republicanos.

Manuel Antonio Carreño nace en 1812 y muere en 1874 y, como les vengo diciendo, es el hijo del famosísimo Cayetano Carreño y el padre de Teresa. El Manual de Urbanidad de Carreño se titula Manual de Urbanidad y Buenas Maneras para el uso de la juventud de ambos sexos, en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre. Bueno, título de su tiempo; hoy en día nadie titula un libro con una frase tan larga. Este libro no es solo manual de urbanidad, que lo es, pero además es un tratado de civilidad.

De civilización, de buen gusto, de delicadeza. Pero bueno, Manuel Antonio Carreño además era matemático, científico, humanista y, por supuesto, artista, y desempeñó unos cargos públicos de importancia: fue canciller en el gobierno de Manuel Felipe de Tovar por muy poco tiempo, fue ministro de Hacienda del gobierno de Pedro Gual también por muy poco tiempo. Y va a ser, sobre todo, el padre de Teresa, y Teresa Carreño, sin la menor duda, es la venezolana de dimensión universal más consistente que nosotros tuvimos en el siglo XIX, y me arriesgo a decir que en el XX y la actualidad.

A los efectos de nuestro programa vamos a organizar la vida de Teresa Carreño en seis etapas, que voy a anunciarles. En esas seis etapas ella va a desarrollar 64 años de vida y, para la expectativa de su tiempo, era una edad respetable. Ella muere siendo una anciana; hoy en día una mujer de 64 años no es una anciana, pero en aquel entonces sí lo era por las razones de salud y del desarrollo de la medicina, que se desarrolló mucho en el siglo XX.

La primera etapa de Teresa la vamos a tener entre 1853, año de su nacimiento, y 1862, que es la etapa caraqueña. Ella vive en Caracas desde su nacimiento hasta sus nueve años. Fíjense, después va a regresar a Venezuela a vivir en Venezuela apenas un año y medio, casi dos años, muchos años después, de modo que de los 64 años de vida de Teresa Carreño suman sus años venezolanos a lo sumo 11 años.

Estamos hablando de 53 años viviendo fuera del país. Tenía que ser así porque su carrera como pianista, como compositora e incluso como cantante, para llegar a las cotas de consagración y reconocimiento universal que tuvo, no podía ocurrir exclusivamente en Venezuela. Tenía que vivir en los lugares capitales para la música planetaria en aquel entonces, que eran, por supuesto, Londres, París, Berlín y Nueva York, y Boston, donde también vivió durante un período. De modo que, les decía, esa primera etapa va a durar hasta los nueve años; viene una segunda etapa entre 1862 y 1872, cuando vive en Nueva York, París y Londres, de los 9 a los 19 años.

Más adelante en el programa iremos detallando cada una de sus etapas. La tercera es cuando vive en Europa y ocurre su primer matrimonio entre 1872 y 1876, esa etapa de cuatro años en que ella vive Europa. Y está moviéndose permanentemente por los conciertos que tiene que dar; es una etapa dura de su vida, como veremos en detalle luego.

Una cuarta etapa es la que va de 1876 a 1885, cuando ocurre su segundo matrimonio con Giovanni Tagliapietra; allí nacen varios hijos: nace Lulú, nace Giovanni y nace Terecita Carreño, su hija. Una quinta etapa, que es la etapa caraqueña, entre 1885 y 1887, cuando viene a Caracas; gobierna Guzmán Blanco, la respalda, se establece muy poco tiempo en Venezuela y regresa a Nueva York en 1887. Entonces comienza su sexta etapa, la que va de 1887 a 1896: vive en Nueva York, vive en Berlín y tiene lugar su tercer matrimonio. Lleva tres con Eugen d'Albert; de ese matrimonio van a ser Eugenia y Herta; se divorcia en 1894.

Y yo ubico su última etapa entre 1897 y 1917, los últimos 20 años de su vida, de los 44 a los 64, cuando conoce lo que podemos llamar el bienestar, cierta felicidad; ella misma da testimonios de que es una etapa dulce de su vida. Y ocurre su cuarto y último matrimonio con Arturo Tagliapietra, su cuñado. Que a su vez se desempeñaba como su secretario personal, abundan testimonios sobre la felicidad que ella experimentó en estos largos años de pareja con Tagliapietra, el cuñado, no el primer esposo.

Va a morir en Nueva York Teresa Carreño el 12 de junio de 1917; su biógrafa Violeta Rojo, una biografía muy buena publicada por la Biblioteca Biográfica Venezolana, dice que Teresa murió de cansancio, y es cierto. Tomemos en cuenta que Teresa Carreño comenzó a trabajar a los nueve años de edad y murió trabajando a los 64. Refiere y relata muy bien la profesora Rojo cómo ella, en una gira por La Habana, comienza a ver doble y un médico en La Habana la atiende y emite un juicio.

El doctor Pénichette dice: "Certifica que ha examinado a la señora Teresa Carreño encontrando que padece de una diplopía de origen central, debido a la influencia local en una postración nerviosa general, y recomienda un reposo absoluto que debe durar hasta que sus ojos vuelvan a su estado normal, sin atreverse al apreciar el tiempo fijo en que esto pueda realizarse". Es decir, que le manda un reposo sin fecha de caducidad, que se vaya a reposar, que está verdaderamente agotada. No es para menos, una vida de trabajo incesante.

Ella regresa entonces a Nueva York a seguir su tratamiento y fallece el 12 de junio de 1917. Es cremada y su cuarto y último marido guarda sus cenizas. Estas cenizas regresan a Venezuela en 1938 y entonces son depositadas en el Cementerio General del Sur, en Caracas, en el Panteón de su familia y luego se trasladan al Panteón Nacional de la República de Venezuela en 1977.

Y allí están desde entonces reposando las cenizas de esta caraqueña universal, como no ha habido ninguna otra en materia musical y en materia de vida, porque apenas estamos comenzando el programa. Y la señora Carreño, hemos dicho, se ha casado cuatro veces; esto es algo absolutamente inusual en nuestro tiempo, imagínense si lo será inusual en el siglo XIX. En la próxima parte del programa iremos viendo cada una de estas etapas de la vida de Teresa Carreño, la caraqueña Teresa Carreño. Dice su biógrafa Violeta Rojo, en el comienzo de su biografía, un párrafo que les voy a leer porque vamos a comentarlo.

Dice: "Vivió como una mujer del siglo XXI en pleno siglo XIX, lo que no es poco mérito. Hizo con graciosa naturalidad y sin mucha alharaca lo que nosotras podemos hacer después de los movimientos sufragistas y de liberación femenina. Fue una profesional, cabeza de familia, y al mismo tiempo tuvo una vida privada tan intensa como la pública. Todo lo hizo de manera superlativa, era un genio, mantuvo a su familia desde 9 años de edad, fue una destacadísima pianista famosa y reconocida por sus pares y por el público, se casó cuatro veces".

Tuvo siete hijos, de los que sobrevivieron cinco; vivió en muchos países; dominó varios idiomas. No solo fue una de las pocas intérpretes de piano de su época, sino también una de las escasas compositoras y la primera mujer que dirigió una orquesta en nuestro país. Eso dice su biógrafa Violeta Rojo y, por supuesto, lo respaldamos, lo suscribimos en su totalidad cuando señala que no solo fue una de las pocas intérpretes del piano en su época: no se está refiriendo a Venezuela solamente, sino al ámbito mundial. No abundaban grandes pianistas como Teresa Carreño.

Hay que señalar también que es lo que comúnmente se denomina una niña prodigio. Teresa empieza a tocar el piano siendo una niña de cinco o seis años. Su padre, que era músico, advierte el gigantesco talento de su hija y él mismo comienza a darle clases. Es el momento de señalar que Teresa Carreño no tuvo estudios formales a profundidad, no estudió en conservatorio; tuvo profesores de piano, el primero su padre, y los profesores de música, pero no se puede decir que el talento desproporcionado, la obra musical gigantesca de Teresa Carreño, es consecuencia de una formación académica porque no la tuvo.

Más aún, solo se registra su asistencia a un colegio, ya me refiero no a estudios musicales sino a un colegio formal, una escuela; eso no ocurre en Caracas sino en Nueva York cuando ella llega a Nueva York con su familia a los nueve años de edad. De modo que Teresa Carreño es un caso doblemente excepcional: no solo es una mujer, sino una mujer que no ha tenido grandes estudios formales y que desde niña presenta un talento totalmente fuera de serie, que es el que conduce al padre a dedicarse a darle clases.

Y comienza a dar pequeños conciertos en su casa; la gente comienza a asombrarse, incluso la niña comienza a componer pequeñas obras, y el asombro va creciendo al punto que los Carreño deciden irse de Venezuela buscando unos mayores horizontes para la niña. Y es así como se van a vivir a Nueva York. Por cierto, este viaje es muy curioso porque se combinan varios factores.

Manuel Antonio Carreño está en una situación política comprometida; es preferible que no viva en Venezuela. No forma parte de los hombres del gobierno de su tiempo. A su vez, su hija presenta un talento musical enorme y decide irse toda la familia; no solo la familia que han formado Manuel Antonio y su mujer, sino también su madre, sus tíos. Y se mudan todos hacia allá.

Recordemos que la madre de Teresa Carreño se llama Clorinda García de Sena y Toro; es una contracción porque el apellido original es Rodríguez del Toro, el famoso Marqués del Toro, Francisco Rodríguez del Toro. Y el apellido García de Sena era un apellido con gran importancia en tiempos coloniales y los primeros años de la República, de modo que su madre también era una señora de familias muy conocidas caraqueñas. Les decía que se va la familia completa a vivir en Nueva York.

Y no con grandes recursos; por el contrario, alquilan los bienes que tienen en Caracas y van a vivir en Nueva York de los bienes alquilados aquí. Pero esa situación pronto va a complicarse y los bienes no son suficientes. Y la familia colateral, la abuela y las tías, deben regresar a Caracas porque el trabajo de Teresa Carreño no da como para mantener una tropa de gente.

Da como para mantener a su padre, su madre, los otros miembros de sus familias. Esto lo digo con cierto asombro, pero porque para Manuel Antonio Carreño tampoco era fácil conseguir trabajo en Nueva York, y más bien estaba todo concentrado en la niña prodigio que asombraba con sus presentaciones allá. Y les redundaba algunos recursos para vivir. Luego se mudan a París y Londres para que ese talento, el talento de aquella niña prodigio, pueda expresarse en los salones y en los espacios para conciertos de Londres y de París.

Y ese suceso es importante; entonces, cuando la situación de los Carreño mejora un poco, pero es la situación de una familia que se va mudando desde ciudad en ciudad, que va acompañando a la niña a sus conciertos, y ese acontecer, en 1866, va a morir la madre de Teresa. Clorinda, como les dijimos que se llamaba, García de Sena y Toro. De modo que queda Teresa con su padre, y eso va a ocurrir en 1866.

De modo que Teresa Carreño tiene 13 años cuando muere su madre. Su mamá va a morir en París. Y la vida continúa hasta que, teniendo 19 años, en 1872, Teresa decide casarse con quien se ha enamorado, que es un violinista.

Un violinista de apellido Soré, cuyo desempeño musical no es particularmente excepcional y cuya prestancia tampoco lo es, pero ella se enamora de Emil Soré, violinista francés, flaco, un tanto desaliñado, pero ese es el hombre del que se enamora Teresa, y van a tener una hija Emilia. Cuando tienen su hija, la situación económica de la pareja ya no es la mejor. El padre a su vez ha muerto en 1874, cuando Teresa tiene 21 años.

Muere quien fue su maestro y su gran gerente y su gran promotor. Fue un padre que sintió devoción por aquella hija prodigio que tuvo. Muere muy temprano en la vida de ella.

Teresa queda un poco, digamos, a la deriva; ya está acostumbrada a sostenerse, a proveerse sus recursos, porque está trabajando desde los nueve años y cuando muere el padre tiene veintiuno. También ocurre un hecho del que ella se va a arrepentir toda su vida, y es que toma la decisión, ante la situación económica tan grave, de entregar en adopción a su primera hija, que se llama Emilia. Esto lo atormentó toda la vida, la verdad, porque imagínense lo que es entregar en adopción a una hija, pero ella llega a la conclusión de que no es compatible la vida que lleva, dando un concierto detrás de otro en larga gira a lo largo de los años, y la educación de una niña. De modo que entrega a Emilia en adopción y, bueno, imagínense ustedes.

Ella después le cuenta a una amiga, Amarí Lipsius, que le escribe la carta donde dice: "Después de mi matrimonio con Soré nuestra situación era tal que tuve que dejar de lado mi carrera como cantante por un tiempo, ya que tenía que proveer por los dos y lo podía hacer mejor como pianista. Soré era totalmente desconocido en aquella época, no ganaba ningún dinero, así que me tocaba a mí tomar las previsiones para mi familia; además yo también tenía que ocuparme de mantener a sus padres, a los padres de su marido. Cuando Soré me dejó en 1877, yo tuve que dejar de cantar nuevamente para ganarme la vida y alimentar a mi bebé". Esa bebé es la que finalmente entrega en adopción por las situaciones económicas tan duras que ella está atravesando.

Ella se la entrega a su amiga, la señora Bischoff, que se compromete a educarla y hacerla heredera de una fortuna familiar importante. Pero la señora pone como condición que ella se olvide de la existencia de Emilia y, bueno, Teresa tiene que cumplir esa condición. Emilia creció como la hija de la señora Bischoff en un ambiente y un hogar que no era el suyo. Y será muchos años después cuando se entere que en verdad es hija de nada menos que Teresa Carreño; esto va a ser una herida en el corazón para Teresa, pero así ocurrió y así lo hizo.

El matrimonio con Soré se viene a pique, se separan, y Teresa batalla por reconstruir su vida de la mejor manera posible. Eso será lo que seguiremos en la tercera parte del programa. Ya regresamos. Buscando Teresa Carreño nuevos horizontes profesionales y económicos, incursiona en el canto, la ópera, y va a interpretar el papel de Zerlina en la obra Don Giovanni de Mozart.

Entonces un periódico de Nueva York, el Daily Tribune, dice: "La debutante de la noche, Mademoiselle Carreño-Soré, en el papel de Zerlina, fue calurosamente ovacionada por el auditorio y produjo una agradable impresión. Su voz revela un cuidadoso estudio y método excelente. En segundo acto parecía más segura y cantó solo de manera exitosa". Sin embargo, Teresa va a incursionar en el canto no siendo su fuerte.

Su fuerte es la interpretación pianística, pero la realidad le exige diversificar sus talentos para poder sostenerse, y es en estas tareas en las que conoce a su segundo esposo, Giovanni Tagliapietra, al que ella va a llamar con un diminutivo que es Tag. Es una reducción del apellido de este italiano, y comienza a tener hijos. Primero nace su hija Lulú, que muere muy pronto.

La niña va a morir de tres años, nace en 1878 y muere en 1881. Pero no se entristece la pareja; sí se entristece mucho, pero toma voluntad y fuelle y ánimos, y al año siguiente nace Terecita Carreño, por cierto el 24 de diciembre de 1882. Y tres años después ya nace Giovanni, el 7 de enero de 1885.

Aquí hay que señalar que el sostén de la familia era Teresa Carreño; su padre llevaba una vida un poco bohemia. No era exactamente él quien sostenía a la familia, sino que Teresa, trabajando, tocando piano, cantando y componiendo, también lo hizo, y en abundancia levantaba aquella familia y aquella situación. Estamos hablando de una mujer muy joven; Teresa Carreño, para cuando el matrimonio con Tagliapietra se viene abajo en 1885, es una mujer que tiene apenas 32 años. Y, aunque parezca increíble visto a la distancia, suspira diariamente por las Caracas de su infancia.

Quiere regresar a su ciudad natal, quiere ver a sus parientes y al mundo que dejó atrás, y es por eso que toma la decisión de venirse. Viene a Caracas y llega en un barco a La Guaira en octubre de 1885. La esperaba una multitud en el puerto de La Guaira; era como si llegara una diosa, el ser más amado y más famoso de su tiempo. Y se arregló un vagón especial en el tren para que ella subiera a Caracas.

En el Ferrocarril Caracas-La Guaira, estamos en 1885, el tren se había inaugurado muy pocos años antes. Cuando llega, hay una fiesta con arreglos florales, se declaman poemas en su honor, se le dan serenatas y, bueno, se le acuñan los calificativos más extraordinarios. Hija del sol, insignia artista, gloria de ese arte divino, esclarecido genio, viajera encantadora, ángel y mujer, rico tesoro venezolano e intérprete del lenguaje de los cielos, todos los ditirambos del mundo.

Y ella publica entonces una carta en La Opinión Nacional, muy bella, voy a leerles un fragmento de esa carta porque transmite la emoción que ella siente al regresar al país. Dice Teresa: "Al pisar las playas de mi país natal, he tenido la honra de recibir a mis compatriotas una prueba espléndida en su cordial afecto hacia mi humilde persona. No merezco yo tanto. Reconocida, muy reconocida estoy por las finas demostraciones de amistad y consideración con que se me ha recibido en esta ciudad después de mi larga ausencia en el extranjero".

"Y es esta la ocasión de declarar con toda la difusión de mis sentimientos y el agradecimiento en que estoy por tanta bondad, a que yo sabré corresponder. Saludo a la ilustrada prensa de Caracas, a la Junta de Recepción, a los miembros del Club Bolívar y demás personas que me han recibido inequívocas muestras de estimación. Y muy especialmente al digno Presidente de la República, benemérito general Joaquín Crespo".

Claro, recordemos que estamos en uno de esos períodos donde Guzmán Blanco se ausenta del país y gobierna por dos años Joaquín Crespo. Muy pronto va a regresar Guzmán Blanco y ya, pues, el apoyo de quien se hacía llamar el Ilustre Americano será todavía mayor.

Pero los conciertos de Teresa no son solo en Caracas; también toca en Puerto Cabello o en Valencia, en Villa de Cura, en Maracaibo, en Ciudad Bolívar, incluso va a Curazao y a Trinidad. Los comentarios son notables en la prensa de entonces. Hay uno, por ejemplo, en El Cojo Ilustrado, donde se describe a Teresa Carreño de la siguiente manera: "Vestía con suntuosa y correcta sencillez. El porte distinguido, el ademán natural, desembarazado, fácil y seguro, como de quien tiene la conciencia de su superioridad artística, el hábito en los salones del gran mundo".

Bueno, esto es cierto. La mujer que está aquí tiene 32 años. En 1886 tiene 33, está en los grandes salones del mundo desde los 9 años. De modo que no hay nada más natural para Teresa Carreño que estar sobre las tablas y estar siendo observada mientras interpreta el piano; de modo que su soltura es algo que ha debido ser evidente, como lo recoge aquí El Cojo Ilustrado.

Recordemos que quizás las primeras crónicas sobre Teresa en la prensa de sus primeros años era la celebración de la niña prodigio, pero aquí ya estamos en la celebración de una mujer hecha y derecha, que tiene una edad, pero extraordinaria: 33 años. Recibe todos los honores, el gobierno le entrega el busto de Bolívar, que es el mayor honor que se le confiere a alguien. Su marido Tag también canta, etcétera, de modo que esos primeros momentos fueron extraordinarios.

Y también ella va a participar en un concierto en homenaje a Guzmán Blanco, cuando ya Guzmán Blanco ha regresado al poder, no está Joaquín Crespo. Y estrena entonces Teresa una composición propia que se titula Inno al Ilustre Americano, para barítono, coro mixto y orquesta. Y ella le propone a Guzmán Blanco que se cree un conservatorio de música, y ella misma escribe un documento que se titula Bases Preliminares para la Fundación en Venezuela de un Conservatorio de Música y Escuela Dramática. Esto está fechado en septiembre de 1886.

Guzmán lo recibe con beneplácito, ella rema a favor de la creación del conservatorio, pero no ocurre nada. Recordemos que ya Guzmán no estaba en sus mejores tiempos; estamos en 1886, su último gobierno, las reacciones antiguzmancistas son poderosas y crecientes. De modo que no es el primer Guzmán quien tenía todos los hilos del poder en su mano.

Sin embargo, ella logra entusiasmar a Guzmán con la creación de una compañía de ópera para presentarse en Venezuela. Guzmán le ofrece un subsidio inicial de 100 mil pesos y entonces sale rumbo a Italia para contratar cantantes, gente que hiciese la producción; también va a Nueva York a buscar músicos, vestuarios, director; decide traerse sus hijos y regresa a Caracas en febrero de 1887.

Entonces la compañía que ha creado con el subsidio de Guzmán Blanco tiene 48 artistas, además, por supuesto, de su marido Tag y de ella, Teresa. Pero la historia de esta compañía no va a ser miel sobre hojuelas: los caraqueños vinculan a la compañía con Guzmán, el rechazo a Guzmán va creciendo y lo que termina ocurriendo es que al público no va a las presentaciones en la compañía. La taquilla no es suficiente, hay compromisos por saldar, empiezan las demandas; una cantante la demanda a ella como jefe de la compañía.

Bueno, aquello se enreda de manera notable, al punto que se suspenden las actuaciones porque prácticamente no iba público. Ella le pide a Guzmán que le ayude y que le dé el subsidio que le ha ofrecido. No puede dárselo, no tiene recursos, hasta que finalmente le da un dinero para que ella pague las deudas y pueda irse, porque encima tenía una prohibición de salida del país hasta que no honrara los compromisos con los cantantes.

Como vemos, su aventura caraqueña comenzó en un gran delirio eufórico y terminó en chasco, en una situación muy comprometida. Finalmente puede irse de Venezuela y no regresa sino en cenizas, como dijimos al principio del programa. Se va rumbo a Nueva York y viene otro cambio importante en su vida que veremos en la última parte del programa. Ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa que Teresa regresa a Nueva York. El matrimonio con Giovanni está muy mal, se separan y Teresa decide buscar futuro en Berlín, que era una catedral y capital de la música en el siglo XIX europeo. Allá se establece y conoce a quien va a ser su tercer marido, Eugen d'Albert, van a ser sus hijas Eugenia y Herta. Y también se va a divorciar en 1894.

D'Albert, a diferencia de sus dos esposos anteriores, Soré y Tagliapietra, es un personaje musical importante. No es un intérprete secundario, sino es un personaje, si no de la estatura de Teresa, es un hombre muy reconocido como músico y como compositor de ópera. Es un músico reconocido y con él va a casarse, a tener estos hijos; comienzan también las desavenencias.

Y en 1894 se separan. De modo que Teresa busca futuro por su cuenta, con cuatro hijos, y se dedica enteramente al piano; tiene 44 años, es una etapa de gran intensidad concertística. Toca en muchísimos lugares, viaja por los Estados Unidos, por Europa, va a Cuba, va a México, realmente algo asombroso. Sigue su tarea de composición.

La lista de composiciones de Teresa Carreño ocupa varias páginas, hasta que en 1901 viene a trabajar como secretario de ella su cuñado Arturo Tagliapietra y comienza una relación amorosa. Estos últimos años de Teresa Carreño, como les vengo diciendo, de los 44 a los 64, van a ser la mayor intensidad concertística. Por ejemplo, hay una carta que cita Violeta Rojo, su biógrafa, que le escribe nada menos que Béla Bartók, el gran compositor húngaro, a su madre, y en esa carta le habla de Teresa Carreño.

Y dice: "Quiero ahora referirme al concierto de la Carreño del cual tengo mucho que contarte. Su fuerza y técnica son grandiosas, simplemente dignas de ser admiradas, pero su discurso musical es menos digno". Del último, piense aquí, el énfasis lo coloca Béla Bartók en la fuerza y la técnica de Teresa, las que considera absolutamente grandiosas, así mismo ese es el calificativo que utiliza.

Ella va a recibir muchos otros reconocimientos de la crítica; a veces hay momentos en los que los comentarios no son tan favorables, otras veces sí, pero en líneas generales se trataba de un gran personaje. Hay una carta de ella que voy a leerles unos fragmentos donde ella habla de sus últimos años con su cuarto marido y cómo es su vida; dice en esa carta: "Conoce suficiente mi vida para saber cuán sola estaba en realidad, cuán vacío mi pobre corazón, y puedes comprender de veras decirte que soy más feliz de lo que jamás soñé; es una breve y pobre descripción de mis sentimientos".

De modo que al fin ella había conseguido la felicidad con su antiguo cuñado, ahora secretario, que va a acompañarla con devoción durante 20 años en todas estas giras que ella hace, algunas con sus hijos ya no tan pequeños, otras con hijos ya pequeños, y también en estos años finales de su vida. Hacia 1905 aparece su hija entregada en adopción, Emilia. Emilita ha muerto la pareja que la adoptó, ha dilapidado el dinero que heredó y se acerca a su madre biológica; Teresa la recibe con los brazos abiertos, era una herida que ahora queda sanada, regresa Emilia.

Por supuesto, Emilia probablemente no era lo que Teresa hubiese esperado que fuera; se había educado dentro de una gran abundancia y ahora no tenía recursos porque no había sabido administrarlos. Pero sin embargo fue la alegría de reencontrar una hija que había dado en adopción cuando era muy joven y que le había atormentado toda su existencia.

Así vamos avanzando hacia los años finales; Teresa Carreño es una de las grandes pianistas de su tiempo, ha interpretado en los mejores lugares del mundo. Finalmente consigue esa paz después de una vida tan accidentada; sigue trabajando, no puede dejar de trabajar porque no solo mantiene a sus hijos sino a mucha otra gente que está con ella, y ella tampoco quiere dejar de hacerlo porque eso era su pasión, ese era su fervor. Pero el cuerpo le pasó factura y finalmente muere de cansancio, agotamiento, después de una vida de entrega a la pasión musical.

Como les dije al principio del programa, sus restos reposan en el Panteón Nacional aquí en Caracas; es el lugar donde han debido estar siempre. Fue cremada al momento de su muerte, de modo que lo que llega a Caracas son sus cenizas en 1938, y el pase al Panteón ocurrió en 1977. Como vemos, una vida de intensidad, pero abrumante; toda esta carrera musical se ha dado en medio de las mayores tensiones amorosas, en medio de hijos, adopciones, quiebras, fracasos y enormes éxitos.

Esta fue, en muy pocas palabras, la vida de Teresa Carreño, para mí ha sido emocionante referirles a esta historia única del panorama venezolano del siglo XIX. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia; me acompañan en la producción Merizosa y Víctor Hugo Rodríguez. En la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho.

A mí me consiguen en Facebook o en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com, o en Twitter, arroba Rafael Arráiz. Estos programas los consiguen en la página de unionradiocultural.com y pueden ser escuchados desde cualquier lugar del mundo. Para mí ha sido un gusto discurrir para ustedes; hasta nuestro próximo encuentro.

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