Serie Militares
27 de mayo de 2021

Serie Militares. Santiago Mariño

Serie Militares. Santiago Mariño.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Hasta la fecha hemos revisado la vida y obra de Miranda, de Piar, de Bolívar, de Monagas, de Urdaneta. Y hoy nos toca Santiago Mariño.

Santiago Mariño Carich nació en el Valle del Espíritu Santo en Margarita, el 25 de julio de 1788, muy cerca de donde hoy en día está el Santuario de la Virgen del Valle. Sus padres fueron Santiago Mariño de Lovera y Acuña, nacido en Pontevedra, Galicia, en 1755, y Atanasia Carich-Ortega, nacida en Chaguaramas, en Trinidad. A la sangre gallega de su padre se sumó la de su madre, hija de un irlandés, Gerald Carage Fischerl, y una criolla, María Rosa Ortega de la Cova.

El padre de Santiago Mariño fue comerciante y teniente de justicia mayor en el Golfo de Paria y amasó una fortuna considerable, sumada a la buena posición económica de la familia de su madre. Se casaron en Margarita, en fecha imprecisa, y se fueron a vivir a Trinidad, donde Mariño también tenía intereses importantes. En el año 1800 hallamos al joven Santiago Mariño Carich estudiando en Trinidad, en un colegio que había fundado su abuelo materno. Según nos informa su biógrafo Manuel Donís Ríos, por otra parte Héctor García Chuecos, en una nota biográfica sobre Mariño, afirma que en 1808 fallecieron su padre y su abuela materna, en Trinidad, lo que condujo al hijo a trasladarse a Margarita a atender los bienes heredados de la isla y también otros bienes en tierra firme.

Ya es un joven de veinte años educado en Trinidad entre profesores de habla inglesa y española, con intereses personales que defender. Cito: era para entonces un joven adinerado que había heredado de su padre una cuantiosa fortuna, que ascendía a los 40 mil pesos en bienes raíces. Esto lo dice el profesor Manuel Donís Ríos en su biografía de Santiago Mariño publicada por la Biblioteca Biográfica Venezolana. La otra mitad de la fortuna pasó a manos de su única hermana, Concepción Mariño, dueña de la hacienda de algodón en el islote de Chacachacare.

En 1810, el Cabildo de Cumaná, después de los hechos caraqueños del 19 de abril de ese mismo año, le encargó al joven Mariño una misión ante el gobernador inglés de Trinidad. Luego regresa y sirve como capitán en la división que comanda el coronel Manuel Villapol. Muy pronto Mariño es ascendido a coronel, le asignan la custodia de la costa de Paria, pero ante la capitulación de Miranda en julio de 1812 se va a Trinidad, en resguardo de su vida.

Luego, convocados por Mariño, 45 jóvenes orientales se reúnen en el islote Chacachacare y redactan la famosa acta, y emprenden la campaña de Oriente. Invaden por Güiria y alcanzan la primera de una serie de victorias a partir del 13 de enero de 1813. Entre ellos van los hermanos Bermúdez, José Francisco y Bernardo; los hermanos Martínez, Juan y Francisco Manuel; Carlos Piar; Juan José y Manuel Valdés; Francisco Javier Maíz; José Francisco Asuaje; Agustín Armaño, entre otros de los cuarenta y cinco.

Y Francisco Javier Cerveris, el temible realista, embiste contra este grupo oriental en Irapa el 23 de enero y es derrotado. Luego Bermúdez y Piar se dirigen a Maturín mientras Mariño busca sitiar Cumaná. En febrero toman Maturín, en marzo los realistas Suasola y Fernández de la Osa, al frente de 1500 hombres, atacan a los patriotas y estos vencen otra vez encabezados por Piar. El 11 de abril insisten los realistas y son nuevamente derrotados por Piar.

Entonces toma cartas en el asunto Domingo de Monteverde, quien se desplaza personalmente e intenta tomar la plaza el 19 de abril, pero ahora el propio Mariño lo vuelve a vencer. Insiste otra vez el 25 de mayo y Piar de nuevo lo vence. La seguidilla de derrotas fue catastrófica para los españoles. A Monteverde no le queda otro camino que huir hacia Barcelona.

En julio de 1813, Mariño se dirige a Cumaná para darle combate a Eusebio Antoñanzas. Se rinden a los pies de Mariño Cariaco, Carúpano y Río Caribe, y el 3 de agosto entra triunfante a Cumaná. En Margarita, José Francisco Guevara toma el mando, libera a Juan Bautista Rismendi que estaba preso, y se suma una nueva plaza a los patriotas.

Hasta allá va a navegar Mariño y un joven cumanés que se ha incorporado a su ejército, Antonio José de Sucre y Alcalá. El 19 de agosto navegan hacia Barcelona y la toman. La legendaria campaña de Oriente ha sido un éxito. El país en los meses finales de 1813 tiene dos libertadores, no uno solo, como cierta historiografía desinforma; tiene al Libertador de Oriente y el de Occidente.

Pero el de Occidente, que es Bolívar, ha tomado Caracas y esa fue una diferencia sustancial. Mariño permaneció en sus predios y el 17 de enero de 1814 sale Mariño de Aragua de Barcelona al frente de un ejército de 3500 hombres y va a encontrarse con Bolívar por primera vez en su vida, en los primeros días de abril.

En La Victoria se entera de los aprietos de Bolívar en San Mateo y corre a auxiliarlo, sin saber que Boves ha levantado el campo y se dirige a Villa de Cura con su ejército maltrecho. Ambos se encuentran en Boca Chica, cerca de La Puerta, y Mariño le propina otra derrota a Boves el 31 de marzo de 1814. Afirman los expertos en estos temas que, si Mariño hubiese perseguido a Boves, lo habría destruido para siempre, pero no lo hizo, y este alcanzó a llegar a Valencia, ya no con 7000 hombres sino con 2000 y dos derrotas a cuestas.

Bolívar se desplaza de San Mateo a La Victoria. Tiene lugar el encuentro referido antes entre Mariño y el caraqueño. El 2 y el 3 de abril Bolívar regresa a Caracas y Mariño se queda en los valles de Aragua. Por su parte Ceballos y Boves reúnen sus ejércitos en Valencia y deciden seguir hacia Calabozo por la proximidad de Bolívar, que ha salido de Caracas a buscarlos.

En Arao es atacado el ejército de Mariño y, si no es por la intervención de Urdaneta, el desastre para los patriotas hubiera sido total. Mariño entra en Valencia con su ejército maltrecho el 19 de abril de 1814. Allí está hasta el 16 de mayo, cuando ambos, Bolívar y Mariño, salen a buscar batalla con Cajigal y Ceballos que se mueven hacia Tinaquillo. Va a tener lugar la primera batalla de Carabobo, del 28 de mayo de 1814.

Aunque el ejército realista era numéricamente superior, el patriota contó con 5000 hombres y derrotó a Cajigal y a Ceballos, e hicieron prisioneros a 3000 soldados realistas, así como se adueñaron de un buen parque que comprendía caballos, fusiles, víveres y hasta los papeles del archivo de Cajigal. Cajigal huyó casi solo con Ceballos, y ambos se salvaron de milagro. Afirman los expertos militares que aquí ha debido terminar la guerra, que se ha debido salir al encuentro de Boves de inmediato, pero Bolívar tomó otra decisión y disgregó el ejército.

Urdaneta regresa a Occidente, Rivas se va a Caracas y Bolívar ordena que Mariño, con tres mil hombres, espere en Aragua a Boves. Entonces se ignoraba la magnitud del ejército que había reunido el asturiano, con malicia. Boves logra llevar a Mariño al sitio de La Puerta, donde antes había derrotado a Vicente Campo Elías, y el 14 pernoctan los ejércitos listos para el combate, que ocurre el día siguiente.

Bolívar y su ejército llegan el 15 de junio de 1814 cuando la batalla ha comenzado. El Libertador se percata de la desventaja en que está Mariño y se propone replegarse, pero Boves advierte su presencia en el campo de batalla y enfila a la vanguardia a toda velocidad para no poder eludir el embate. Los destroza. Su superioridad numérica era aplastante.

Bolívar huye hacia Villa de Cura y Mariño hacia San Sebastián. Boves vence en menos de una hora, muere el secretario de Bolívar, Antonio Muñoz Tébar, Aldao García, Decena, Reites y Pedro Sucre. El valiente Diego Jalón es hecho preso y decapitado por órdenes expresas de Boves, después de arrancarle confesiones por tortura acerca de la magnitud del ejército patriota. Aquí la catástrofe fue completa.

Boves toma Valencia el 8 de julio y el 10 llegan Cajigal y de la Calzada, mientras Bolívar y Mariño, que están en Caracas y saben de las cercanías de Boves, deciden la llamada emigración a Oriente el 6 de julio de 1814. El horizonte no puede ser menos provisorio: va a iniciarse otra tragedia y ante el avance indetenible de Boves, quien ya estaba con sus fuerzas desde el 29 de junio en Puerto Cabello y se dirigía hacia Caracas, una Junta de Notables deliberó acerca de qué opciones tomar. Bolívar impuso su criterio, evacuar la ciudad y huir a Oriente, hacia donde ya había partido el general Mariño y los patriotas conservaban alguna fuerza bélica.

El 7 de julio, afirma Francisco Javier Llanes, el historiador, que abandonaron la ciudad cerca de 20 mil personas. Unos fueron a La Guaira a buscar embarcarse hacia algún destino, otros hacia el oriente del país. También afirma Llanes que perecieron las tres cuartas partes a fuerza de hambre, cansancio y desnudez. Y el 16 de julio entró Boves en una Caracas desolada.

Entre tanto, las fuerzas patriotas sobrevivientes de una y otra derrota se reunieron en Aragua de Barcelona, junto con los emigrantes orientales, incluidos mujeres, ancianos y niños. Y ante el avance de Morales al frente de 6 mil hombres deciden darle batalla, nueva catástrofe. Bolívar logra reunir a 2 mil hombres mal armados, mientras Bermúdez alcanza a armar a otros mil.

Bolívar propone un plan que Bermúdez considera que expone peligrosamente a los orientales, mientras que los centrales quedan a buen resguardo, y no lo acepta. Bolívar conviene y se adapta, y el 18 de agosto tiene lugar la batalla que pierden estrepitosamente los patriotas. Morales entró en el pueblo y pasó por las armas a toda la población, como ya era costumbre.

Mientras Bolívar, Bermúdez, Sedeño y Sucre logran escapar de la carnicería, las cifras de los muertos oscilan entre 3000 y 4000, dados de baja, incluida la población civil. Muchos de los caraqueños que habían emigrado a Oriente a instancias de Bolívar, huyendo de Boves, fueron víctimas. Un desastre. Los jirones del ejército y los civiles emigrantes logran llegar a Cumaná el 20 de agosto con Bolívar a la cabeza.

Por su parte Bermúdez, herido de bala en el brazo, Armaño, Sucre y Monagas llegan a Maturín. De inmediato comienzan a moverse las fuerzas más oscuras, las que buscan un culpable de la derrota. Mariño y Bolívar serán los señalados por los jefes sobrevivientes, Rivas y Piar. La secuencia fue así: Bolívar y Mariño embarcan en Cumaná el 25 de agosto rumbo a Margarita con el tesoro de la plata labrada de las iglesias de Caracas, que vienen encargando desde que salen de la capital para salvarlo de la tropelía saqueadora realista que quería dueñarse de la plata labrada.

El viaje lo hacen en embarcaciones de un italiano aventurero, que participaba en estas luchas esperando recompensa pecuniaria, llamado Giovanni Bianchi, quien aprovecha la coyuntura para presionar el pago de sus acreencias. Al llegar a Pampatar, Piar impide que bajen del barco, los acusa de traición y desconoce la autoridad de ambos. Les toca regresar a Carúpano. El 2 de septiembre, en Cariaco, enterado de los pormenores de la derrota y de los movimientos de los jefes, es designado jefe de Occidente, mientras Piar lo es de Oriente, en sustitución tanto de Bolívar como de Mariño.

Al llegar a Carúpano, estos son informados de la noticia y se les invita a abandonar el país al día siguiente. Zarparon Bolívar y Mariño para Cartagena y salen de la escena venezolana hasta cuando regresan de Haití a Margarita, pero ya el 3 de mayo de 1816, casi dos años después, y en Haití se forma la expedición de Los Cayos, de la que son integrantes además de Bolívar, por supuesto, que la encabezan Mariño, Piar, Gregor MacGregor, Carlos Soublette, José Antonio Anzoátegui, Bartolomé Salom, Ambrosio Plaza, Pedro, el general franco-prusiano Ducoudray-Holstein, quien provenía del sitio de Cartagena, y también, por supuesto, el curazoleño animador de la aventura, Luis Brión.

Y van a zarpar el 31 de marzo de 1816. Siete goletas se hacen a la mar, después de que volvió a reconocer, tuvo que imponer otra vez su primacía. Y antes de recalar en Juan Griego el 3 de mayo de 1816, libran un breve combate naval frente a los islotes de Los Frailes, del que salen bien librados. En Margarita estuvo la expedición hasta el 31 de mayo, cuando zarpan con destino a Carúpano.

Desde allí Mariño es enviado a tomar Güiria. Piar es destinado a Maturín y Bolívar envía mensajes a Monagas, Sarasa, Sedeño y Rojas notificándoles su llegada. Antes, en Margarita, ha sido reconocido como jefe supremo el 7 de mayo, de modo que la autoridad de Bolívar está otra vez ratificada. Y el 1 de julio decide moverse hacia Ocumare de la Costa.

Allá llega el 6 del mismo mes, envía su flota a tomar los valles de Aragua y esta es avistada por las tropas de Morales. Bolívar recibe información en Ocumare y advierte la precariedad en su situación, y ante la posibilidad de perder la vida se embarca a toda prisa hacia Bonaire el 15 de julio. Allí se reúne con Brión y deciden intentar de nuevo el desembarco, y al acercarse a Choroní advierten que el puerto está ocupado y recalan al lado en Chuao, pero no hay nadie.

Alzan velas y se van a Güiria. En Güiria, Bolívar culpa del fracaso a Mariño y es expulsado de Oriente. Bolívar recoge sus pasos en medio del fracaso y se va a Haití otra vez. Allá va a recalar abrumado por un nuevo revés, en agosto. Y bueno, una junta reunida ante la expulsión de Bolívar nombró a Mariño jefe supremo y a Bermúdez su segundo.

Esta fue una nueva vuelta de tuerca de las rivalidades en el mando patriota y una nueva humillación para Bolívar. Muy pocas semanas después, ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo los distintos jefes patriotas, deciden reclamar la presencia de Bolívar, quien se encuentra en Haití, y hasta allá va el neogranadino Francisco Antonio Zea a buscarlo, vuelve a regresar de inmediato. En diciembre de 1816 está en Margarita. Por su parte, en el ámbito personal, Santiago Mariño se ha casado en Valencia con Ana Teresa Malpica Hidalgo, con quien va a tener dos hijos, Santiago en 1817 y Eusebio Mariño Malpica en 1819.

En la próxima parte del programa seguiremos con esta historia extraordinaria de Santiago Mariño. En la parte anterior del programa veníamos señalando que Mariño, en el orden personal, se ha casado en Valencia y que ha tenido dos hijos allá, uno en 1817 y otro en 1819. Y luego vamos a ver que Bolívar y Mariño se juntan en Barcelona, iban a enfrentar sucesivas contiendas entre febrero y marzo de 1817 hasta que Bolívar decide bajar a Guayana buscando otros derroteros.

En abril, Mariño pierde Barcelona y desconoce a Bolívar una vez más. Este Bolívar decide seguir hacia Guayana y asegurar una plaza; le siguen Bermúdez, Sarasa, Arismendi, Soublette y Santander, entre otros. Mariño sigue en abril hacia Cariaco, entre tanto Piar consolida posiciones en el Caroní y la batalla de San Félix. Y el sitio de Angostura ocurre.

Del Congreso de Cariaco, veamos los hechos: está de vuelta Venezuela después de tres años de cárcel en Cádiz, liberados junto con Roscio, Isnardi, Ayala, Paz del Castillo y otros. En 1815 está de vuelta, decía el presbítero chileno José Cortés de Madariaga, un personaje central de los hechos del 19 de abril de 1810 en el famoso balcón. Y el canónigo le propone a Mariño regresar al esquema federal de la Constitución de 1811.

Y a Mariño le parece bien, ya que era más proclive a cualquier forma constitucional que mejorara su situación en desmedro de la situación de Bolívar, que se ha dicho además hasta la saciedad, detestaba el federalismo en aras del centralismo. Deciden entonces Mariño y Cortés Madariaga organizar el Congreso y ocurre entre el 8 y el 9 de mayo de 1817. Nombran autoridades sobre la base en las instituciones de cinco años antes, de la Constitución de 1811.

Se forma un triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Maíz y Simón Bolívar, sin consultarle, obviamente. Mariño es designado jefe supremo del ejército y Luis Brión de la Armada. En esa Asamblea estaban presentes Francisco Antonio Zea, Diego Bautista Urbaneja, Manuel Isaba, Diego Vallenilla, Francisco Javier y Diego Alcalá, Manuel Manero, Francisco de Paula Navas y, por supuesto, Cortés de Madariaga.

Cuando Bolívar se entera de la ocurrencia del Congreso o del proyecto federal lo desechó rotundamente con su silencio. Y como era de esperarse, y en lo sucesivo, ya apuntalado Bolívar en Guayana dominando un vasto territorio y con el apoyo de una mayoría que no siguió a Mariño en la aventura del Congreso de Cariaco, pues las decisiones del Congreso fueron quedando en el olvido, en el aire, en letra muerta. A todas estas, Piar es fusilado el 16 de octubre de 1817, y a partir de entonces a Mariño le queda claro que desconocer la autoridad del Libertador tiene un costo muy alto.

De tal modo se pliega definitivamente a sus designios después de haberlo desconocido varias veces, como hemos visto aquí. Por su parte, Bolívar comprende que la dominación del centro del país, la captura de Caracas, su sueño estratégico, son imposibles, y se retira a Angostura. Y allá llega el 5 de junio de 1818, dejando en manos de los realistas todo el centro del país. Entonces es cuando comienza a operar en tres sentidos: 1) aglutinar al ejército en torno al mando supremo, 2) tejer una red institucional civil que legitime lo que hace en el campo de la guerra y se avance en la constitución de una república, y además 3) dar pasos hacia una salida distinta a la conquista de Caracas, es decir, invadir a la Nueva Granada.

Lo primero lo logra aveniendo a Mariño y Bermúdez y alcanzando que el primero reconozca la superioridad de Bolívar, y lo logra. Y así se crea un Estado Mayor del ejército que los incluye a todos, unificado. Lo segundo, el 22 de octubre, hace pública una proclama en Bolívar donde convoca a un Congreso de Venezuela. Y lo tercero, el 26 de agosto, parte Santander de Angostura hacia Casanare a formar el Ejército de Vanguardia de la futura campaña de conquista de Nueva Granada.

Y en ese Congreso de Angostura que ha convocado Bolívar, Mariño es electo diputado por Cumaná y el Congreso se reúne en febrero de 1819. Bolívar y Mariño participan en las deliberaciones y en la creación de la República de Venezuela se hizo una nueva Constitución Nacional. Bolívar se va a la campaña de Nueva Granada y Mariño queda en Oriente. Y cuando Bolívar regresa triunfante de Nueva Granada y crea la República de Colombia el 17 de diciembre de 1819, a Mariño le queda claro que hay un solo jefe y que le toca obedecerlo.

No tiene otro camino, Santiago Mariño. Bolívar destaca a Mariño, lo designa jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador. En pocas palabras, lo reconoce como su segundo, no es poca cosa, y así se mantendrá hasta que llega la batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821. Después de la batalla, Bolívar se va por muchos años a las campañas del sur, a la creación de Bolivia, y regresa a Venezuela en 1827.

Mientras tanto, Mariño queda designado como comandante en los Departamentos Militares de Occidente en 1821, y entonces comienza la relación personal de Mariño con el hombre fuerte que emerge en Venezuela después de la batalla de Carabobo, José Antonio Páez. En 1826, el 14 de mayo, el general Páez jura ante la municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, así como, voy a citar, no obedecer las nuevas órdenes del gobierno de Bogotá. Fin de la cita. El 29 de mayo, en sesión solemne, a la municipalidad de Caracas juran ante Páez, ahora jefe civil y militar, las nuevas autoridades del Departamento de Venezuela: el general Santiago Mariño, segundo jefe militar; el doctor Cristóbal Mendoza, intendente; el doctor Suárez Aguado, provisor y vicario capitular; y el doctor Francisco Javier Llanes, presidente de la Corte Superior de Justicia.

Estos años serán los años de la preeminencia de Páez y el acatamiento de Mariño, quien pasa a un segundo plano, como es evidente. Tiempo después el Congreso de la República de Colombia envía una comisión el 20 de enero de 1830 a dialogar con los venezolanos. La Presidencia del mariscal Sucre busca impedir que Venezuela se separe de Colombia. El presidente de la delegación venezolana es Mariño, no se llega a nada como era de esperarse, porque la separación era un hecho del Departamento de Venezuela de la República de Colombia.

Y una vez refundada la República de Venezuela, a partir de la Constitución Nacional del 22 de septiembre de 1830, se convocan a elecciones que fueron ganadas por José Antonio Páez el 24 de marzo de 1831. Antes de eso, en enero del 31, el general José Tadeo Monagas, en Oriente, reaccionó contra la Constitución Nacional proclamando la integridad de Colombia y la autoridad máxima del Libertador. Pero cuando se alzó Monagas ignoraba que Bolívar había muerto, consideraba que la Constitución promulgada no respetaba suficientemente los fueros militares.

Luego se alzó en mayo, en Aragua de Barcelona, proponiendo la Constitución del Estado de Oriente integrado por cuatro provincias y que ya llevaría el nombre República de Colombia. El general Páez, ante esta proposición delirante de Monagas, envía al general Santiago Mariño a disuadir a Monagas. Y en vez de lograr su cometido, Mariño termina encabezando el proyecto inicial de Monagas, desplazándolo. Así se da una de las piruetas más extrañas de las que se tenga noticia entre nosotros.

Mariño había sido designado por Páez como titular de la cartera de guerra y marina, sin embargo se sumó al proyecto separatista de Monagas. Por supuesto el Congreso Nacional destituye a Mariño, lógicamente, y queda encargado en la presidencia de la República el vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, ya que el general Páez se dirige al frente de su tropa a Valle de la Pascua a dialogar con Monagas. Páez logra el 23 de junio que Monagas deponga las armas y lo favorece otra vez, con un indulto.

El desprestigio de Mariño no puede ser mayor, se retira a vida privada a ocuparse de sus bienes de fortuna sin haber sido sancionado por el grave delito que cometió al desconocer la autoridad del presidente Páez en su condición de secretario de guerra y marina y sumarse a la proposición de Monagas. Sin embargo, Mariño no desistió de llegar al poder y se presentó como candidato en las elecciones en 1834. Como sabemos, a lo largo del segundo semestre de este año tiene lugar la campaña electoral para la selección del presidente de la República.

Se presenta la candidatura del general Carlos Soublette, apoyado por Páez, la del general Santiago Mariño, respaldado por José Tadeo Monagas y otros caudillos orientales, y también la del médico José María Vargas, apoyado por los comerciantes que han visto crecer sus negocios durante los años de Páez y bajo el espíritu de la libertad de contratos, consagrado en la ley del 10 de abril de 1834. El resultado fue favorable a Vargas, con 103 votos, seguido por Soublette con 45, Mariño con 27, Urbaneja con 10 y Salom con 10 sufragios también. Y desde el momento mismo de la victoria de Vargas se va creando una suerte de conjura en su contra por parte de los seguidores de Santiago Mariño.

No hace lo mismo Soublette, que se va a Europa, ni Páez, que se retira a sus haciendas. Muy pronto Vargas va a entrar en diatriba con el Congreso de la República cuando este último propone una ley de impuesto subsidiario del 1 por ciento recabado en las aduanas con destino a la Hacienda Pública. El presidente objeta el proyecto de ley, pero las cámaras lo aprueban, a lo que Vargas responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado. Esta prueba de fuerza condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada, aunque alegaba no disponer de la suficiente fuerza como para mantener la paz en la república entre las facciones que estaban en pugna.

La renuncia de Vargas fue interpretada por sus adversarios como una muestra de debilidad, aunque no le hubiese sido aceptada, y así fue como se estructuró una conjura en su contra que se denominó la revolución de las reformas. Esa conjura estaba integrada por Mariño, Diego Ibarra, Luis Perú de la Croix, Pedro Briceño Méndez, José Tadeo Monagas, Stanislao Rendón, Andrés Lebel de Goda y Pedro Carujo. Y esta asonada se expresó el 8 de julio en Caracas, cuando Carujo penetró en casa del doctor Vargas para detenerlo y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente.

Al parecer dijo Carujo: "Doctor Vargas, el mundo es de los valientes", y Vargas le respondió: "El mundo es del hombre justo". Y después de la detención del presidente y del vicepresidente Andrés Narvarte, fueron embarcados ambos con rumbo a Santo Tomás esa misma tarde. Y al conocerse la asonada, acompañada de un texto de nueve puntos, los conjurados querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño, el entonces jefe de esas mismas Fuerzas Armadas, designado por Vargas para tal efecto.

José Antonio Páez se puso en marcha para dominar la situación y restablecer el hilo constitucional. Páez entra triunfante a Caracas el 28 de julio de 1835 y el 20 de agosto está de nuevo Vargas en la presidencia de la República. El movimiento insurreccional, sin embargo, no terminó de ser derrotado sino el 1º de marzo de 1836 en Puerto Cabello. Lo que debía hacerse con los derrotados fue la piedra de tranca entre Vargas y Páez.

El primero y sus seguidores exigían que sobre ellos cayera todo el peso de la ley, mientras Páez abogaba por la clemencia y el indulto. La estrategia conciliadora le había servido en el pasado a Páez en distintas circunstancias, acabamos de ver una, la de Monagas, pero Vargas, con toda razón, exigía castigos ejemplares, es decir, se aplicara la Constitución y la ley. Por otra parte, ya era evidente que la figura del general Páez había crecido mucho más con esta situación.

Ya se había convertido en una suerte de árbitro mayor y absoluto de la república. De modo que las posibilidades de Vargas de imponer sus criterios por encima de los del caudillo llanero eran improbables. A Vargas le fue aceptada finalmente la renuncia el 24 de abril de 1836. Por supuesto, no fue propicia para las señales que quedaron en el ambiente nacional después de la presidencia Vargas, no porque el doctor Vargas no fuera ese hombre excepcional sino porque al no más asumir el poder civil el hervidero de los caudillos regionales comenzó a alborotarse con Mariño a la cabeza y tuvo que venir el caudillo mayor, Páez, a aplacarlo.

Y entonces, Mariño fue expulsado del país a perpetuidad. Realmente es un episodio lamentable y vergonzoso, no se puede decir otra cosa. Mariño se va a Curazao, luego pasa a Riohacha y después Haití. Y después de soñar con una invasión a Venezuela para recuperar el poder se establece en Nueva Granada, en la costa caribeña.

Estamos ya en 1840 y Mariño va a estar en Santa Marta, y en 1844 se casó con Rafaela Linero y Campos. Y va a tener tres hijos más: Leonidas, que nació en el año 1845; Pablo, en 1847; y Luisa, en 1849. Al tiempo Mariño tiene que irse de Santa Marta por una situación que no hemos logrado precisar y se refugia en Jamaica. Llevaba una vida azarosa y aventurera, hasta que el magnánimo Carlos Soublette, de vuelta a ser presidente de la República entre 1843 y 1847, firmó un decreto de amnistía para todos los golpistas de 1835.

Quedan liberados de cargos y Mariño puede regresar a Venezuela a partir del decreto en 1845. Bueno, ahora han pasado los años y gobierna Monagas, quien ha sido electo con el respaldo de Páez, pero tres meses después Monagas se le voltea a Páez e incorpora a Mariño a su gobierno. El 4 de febrero de 1848, Páez entregó una proclama en Calabozo y luego se trasladaba a Apure. Monagas encarga a Mariño enfrentarlo, y este delega en el general José Cornelio Muñoz, antiguo paecista, para batir sus tropas contra las de Páez.

Y ocurre la batalla en el sitio de Los Araguatos del 10 de marzo. Páez es derrotado pero logra huir a Colombia, acompañado por Soublette y Ángel Quintero. De allí se traslada a Curazao y desde allí invade Venezuela de nuevo por las costas de Coro el 2 de junio en 1849. Soublette esta vez no lo acompaña. Páez logra armar un ejército compuesto por 600 hombres con grandes dificultades, ya que parte de sus recursos han sido confiscados por el gobierno de Monagas, y esta nueva ofensiva concluye en otro fracaso.

El general José Laurencio Silva lo hace preso en Güedes, en el Valle del Macapo, abajo, y lo remite a Valencia, donde es humillado con la colocación de grillos en los pies. Trato que muchos consideraron inaceptable para un hombre que había acumulado sus méritos. Luego es trasladado a Caracas, donde fue nuevamente humillado y el encargado de su prisión era Ezequiel Zamora, entonces un joven. En los traslados callejeros del prisionero es zarandeado de nuevo, le gritan abajo al rey de Los Araguatos, haciendo alusión a la derrota en la batalla llanera.

Luego es trasladado al Castillo de San Antonio de la Eminencia, en Cumaná, donde parte al exilio, arruinado, el 23 de mayo de 1850. Por su parte Mariño, ya de 60 años, en 1848 ve reducirse de nuevo su influencia y ese poder en el ejército. Cuatro años después, en 1852, el Estado venezolano le dona 20.000 pesos a Mariño por los servicios prestados y al año siguiente lo hacen efectivo. Verdaderamente se le entrega entonces; gobernaba José Gregorio Monagas, y acusaron a Mariño de formar parte de una conjura en su contra y lo hicieron preso.

Otra vez Mariño inmerso en una trama conspirativa, se defendió. Los masones del Amazonas solicitaron su excarcelación y finalmente hacia septiembre de 1853 salió de prisión por clemencia de Monagas. Y en 1854, en la ciudad de La Victoria, dejó de existir Santiago Mariño el 4 de septiembre, a los 66 años, muy lejos de las glorias de la campaña de Oriente de 1813, con una hoja de servicios con notorias contradicciones, por decirlo menos, significativos hechos bélicos y lamentables violaciones de los preceptos básicos de la República.

El golpe de Estado contra el presidente Vargas en 1835 no hay manera de comprenderlo ni justificarlo desde una perspectiva valorativa a la república. Los restos de Santiago Mariño ya yacen en el Panteón Nacional desde 1877, cerca de los de Bolívar, con quien mantuvo más desavenencias que encuentros a lo largo de toda la etapa compartida. Quien quiera escribir un panegírico de Santiago Mariño va a enfrentar un desafío, se impone una valoración crítica de su vida y de su obra.

No hay otra manera de entender la vida y obra de Mariño sino acercándose a ella con resortes críticos, viendo sus luces y sus sombras, porque en este caso las hay muy pronunciadas. Bien, hasta aquí la vida y obra de este oriental venezolano cuya participación en todo el período de la independencia es muy importante. Y cuya participación en el período de consolidación de la República de Venezuela, ya separada de Colombia, es también importante en unos sentidos y en contradictorio en otros, por decir lo menos.

Bien, esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Habla para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com. En Twitter, arroba Rafael Arráiz. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho.

En la continuación de esta serie sobre militares venezolanos y este programa de hoy sobre Santiago Mariño. Hasta nuestro próximo encuentro.

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