Serie Militares. Simón Bolívar. Cap 4 y último
Simón Bolívar 4 y último
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Este es el cuarto y último capítulo que le dedicamos a la vida y obra del Libertador de Venezuela, de Colombia, de Ecuador y de parte de Perú. En el programa anterior dejamos al general José Antonio Anzoátegui en Pamplona, después de las victorias de Pantano de Vargas y en Boyacá. En ese momento, Anzoátegui, un hombre de 30 años, iba a morir de manera súbita el 15 de noviembre de 1819.
Después de cenar le dio una fiebre muy alta y falleció. La hipótesis de haber sido envenenado no ha sido comprobada, pero no es descabellada, dadas las circunstancias tan extrañas de su muerte. En todo caso, el médico que lo vio, Thomas Foley, dejó escrito que se trató de una fiebre mortal. Bolívar iba a perder entonces a uno de sus mejores hombres, mientras en Nueva Granada han ocurrido estos hechos que veníamos relatando: en Angostura, Arismendi protagoniza un arrebato de ambición que es sofocado por la llegada de Bolívar triunfante de Nueva Granada.
Una vez más, alguien intenta despojar a Bolívar del mando supremo, esta vez es Arismendi. Pero Bolívar regresa con una aureola de triunfador que se ha posado sobre su cabeza y Arismendi se repliega. Por otra parte, Urdaneta y los ingleses, los británicos que han llegado a Margarita, ocupan ahora Barcelona y el Morro de Puerto la Cruz, controlando esa parte del oriente del país.
Y después de las victorias en Nueva Granada, en agosto toma cuerpo en la mente del Libertador la idea de crear una sola república y así lo plantea ante el Congreso reunido en Angostura. Del 11 de diciembre, esta asamblea seducida por la proposición bolivariana dicta la ley fundamental de la República de Colombia el 17 de diciembre de 1819, creándose así una sola república de Colombia con los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca, cuyas capitales van a ser Caracas, Quito y Bogotá. Por supuesto, esto todavía es el papel, porque en 1819 Quito no se ha conquistado todavía; es el proyecto.
La Ley Fundamental ordena la reunión de un Congreso en Cúcuta en enero de 1821 y a este congreso se le encarga la redacción de la Constitución Nacional de Colombia, señalándole el camino de la ya promulgada Constitución Nacional de la República de Venezuela en Angostura el 15 de agosto de 1819. Y a partir del año de 1819, como vemos, la situación va a cambiar muy favorablemente para Bolívar y los patriotas por varias circunstancias. Primero, se contaba con los recursos abandonados por el virrey Sámano y con una Nueva Granada que no se había empobrecido por la crudeza de la guerra como sí ocurría en Venezuela. Y al dejar a Santander en Bogotá apertrechado, se sostenía un bastión inexpugnable desde donde Bolívar podía partir a batallar en otras latitudes; y en enero de 1820 Bolívar regresa a Bogotá procedente de Angostura.
Los encuentros bélicos continúan en Popayán, en la región andina venezolana también, así como las costas orientales de Venezuela. Cumaná está en manos realistas, Margarita está en poder de los patriotas y de allá precisamente van a salir Brion y Mariano Montilla con los irlandeses rumbo a Santa Marta. Y en mayo será cuando Montilla logre vencer a los realistas.
En junio hará lo mismo Valdés en Popayán, y Jacinto Lara en Chiriguaná, y José María Córdoba en Mompox harán lo mismo. Y luego, Hermógenes Maza y Córdoba toman Tenerife y Barrancas a orillas del río Magdalena. En noviembre de 1820, Brion, José Prudencio Padilla, el almirante, y José María Carreño logran desalojar a las tropas realistas de Santa Marta. Sólo quedaba en manos españolas la costa caribeña occidental, Cartagena.
Mientras estos hechos bélicos tienen lugar, en España ha ocurrido otro de naturaleza constitucional que va a ser de la mayor importancia. Recordemos que desde hace por lo menos dos años la corona española reunía un ejército en Cádiz para enviarlo a Venezuela como refuerzo a las diezmadas tropas del general Morillo. Por supuesto, las tropas no tenían ningún deseo de embarcarse en Cádiz, ya que conocían el cúmulo de calamidades que pasaba la enviada por Morillo en 1815. De modo que estaban alerta a cualquier posibilidad de abortar el viaje, y eso fue lo que ocurrió cuando el comandante Rafael del Riego, el 1 de enero de 1820, proclama la Constitución de Cádiz de 1812, que abogaba por el reconocimiento paritario a las provincias americanas en su espíritu liberal y, en consecuencia, hacía innecesaria la expedición armada que se estaba formando.
Fernando VII envió tropas al mando de generales para aplastar a la rebelión de Rafael del Riego, pero los generales y sus tropas se sumaron a Riego, así como otras provincias seducidas por el alzamiento, con lo que al rey Fernando VII no le quedó otro camino que proclamar la Constitución de Cádiz. De naturaleza liberal, el 7 de marzo de 1820, y en junio ya se estaban reuniendo las Cortes después de ser electos. El liberalismo le había torcido el brazo al absolutismo, pésimas noticias para Morillo, quien esperaba ansioso la llegada de refuerzos, ya que sabía que sin los refuerzos sus posibilidades de triunfar eran ínfimas o inexistentes, y en carta de Morillo al ministro de la guerra en España, fechada en septiembre de 1819, ya después del Pantano de Vargas y de Boyacá, Morillo solicitaba ocho mil efectivos para poder continuar la guerra.
Luego, en carta de febrero de 1820 solicita doce mil soldados, siempre advirtiendo que si no recibe refuerzos la contienda está perdida. Como sabemos, nunca los recibió; por el contrario, recibió instrucciones en junio de 1820 de suspender la guerra y buscar un armisticio, lo que evidentemente fue el principio del fin para la corona española en América. Estas instrucciones estaban en concordancia con la proclama de Fernando VII a los americanos, donde los instaba a deponer las armas y extinguir la bárbara guerra, y a integrarse a las Cortes Constitucionales; era evidente que el rey no comprendía la situación.
Por más que el propio Morillo le advirtió en carta fechada el 28 de julio de 1820 en Valencia, piensen lo que dice Morillo: "Ellos no quieren ser españoles", estoy citando, "así lo han dicho altamente desde que proclamaron la independencia. Así lo han sostenido sin desmentir jamás su opinión en ninguna circunstancia ni vicisitud de la península. Esto repiten ahora, sin dejar las armas de la mano. Lo repetirán siempre, sea cual fuera nuestra conducta y nuestro gobierno. La absoluta independencia o la guerra es el solo arbitrio que nos deja a escoger". Morillo estaba clarísimo en relación con este tema y, a finales de junio de 1820, Morillo envía comunicaciones al Congreso reunido en Angostura y al propio Bolívar.
Cito, proponiendo una suspensión de hostilidades para hasta lograr realizar la reconciliación. Fin de la cita. A partir de ahí, Morillo designa Ramón Correa, Juan Rodríguez del Toro y Francisco González de Linares como negociadores, mientras Bolívar designa a Antonio José de Sucre y Alcalá, Pedro Briceño Méndez y José Gabriel Pérez. Y finalmente en el pueblo de Santa Ana, en Trujillo, el 25 de noviembre de 1820 se firma el armisticio y el tratado de regularización de la guerra al día siguiente. Morillo sabía que la guerra se había perdido.
Que los realistas que quedaban, junto con los criollos que integraban sus tropas, estaban condenados al fracaso sin los refuerzos que no llegarían nunca. El cese de hostilidades se acordó por seis meses y en el encabezado del tratado se estampaba ya la derrota española. Así se lee: "y su excelencia al presidente de Colombia, Simón Bolívar, como jefe de la República". Fin de la cita. Evidentemente se reconocía la existencia de una república, cosa que no se había hecho antes, y al presidente de esa república se le trataba Excelencia.
España reconocida su derrota. No obstante, se necesitaron tres años más de batallas en Suramérica para que la derrota fuese completa, realmente cuatro, porque terminó con las batallas de Ayacucho en 1824. Morillo recogió sus papeles y le entregó el mando a Miguel de la Torre. Zarpó el 17 de diciembre de 1820 hacia España, falleció en Francia en 1837, muchos años después de su aventura de casi seis años en América. Por otra parte, la experiencia liberal en España duró hasta abril de 1823, cuando Luis XVIII de Francia envió tropas para restaurar el poder absoluto de Fernando VII; Rafael del Riego fue ejecutado, los liberales perseguidos y el despotismo entronizado de nuevo, pero la pérdida de América ya no tuvo remedio.
Es evidente que la estocada final de los realistas la dio la rebelión del Riego en España en enero de 1820. Ya quedaron sin efecto las únicas salidas promisorias que tenían en América: la llegada de refuerzos. No obstante, la mención que suelen hacer los panegiristas bolivarianos de este hecho es tímida, velada o premeditadamente reducida. Obviamente, el hecho no abona gloria a los patriotas, pero es inevitable desde una perspectiva de estudio de los hechos históricos; después del armisticio de Trujillo en noviembre de 1820, la derrota realista era cuestión de tiempo, ya que batallaban por supervivencia y sin esperanzas de recibir respaldos fundamentados en el honor. Y sin alternativa, ¿qué podían hacer los españoles?, se iban a rendir, preferían la batalla, y Bolívar en enero de 1821 lo vemos allá en Bogotá, decidido a coordinar asuntos administrativos con el vicepresidente Santander y consolidando su ejército para el momento del cese de hostilidades en seis meses.
Sin embargo, los hechos se precipitan por una decisión de Urdaneta de tomar Maracaibo. El 8 de marzo de 1821, Urdaneta está acudiendo al llamado a la población que se quiere sumar al proyecto republicano. Por su parte, De la Torre advierte que se ha violado el armisticio y Bolívar regresa a Venezuela. Y el 28 de abril rompe formalmente el armisticio de noviembre y prepara la batalla final, que como sabemos no fue la última: es la Batalla de Carabobo. Bolívar le va a ordenar a Páez avanzar desde Apure con sus ejércitos hacia el centro; Ambrosio Plaza ocupa Barinas antes de movilizarse también hacia el centro.
Bermúdez inicia su famosa diversión, es decir, Bermúdez marcha a Caracas de manera tal que ocupara parte del ejército realista en defenderla, mientras los ejércitos patriotas avanzan hacia Carabobo. Por eso se le llama la diversión de Bermúdez, porque empleó a los realistas en defender a la ciudad mientras los patriotas le entraban a Carabobo por otra parte.
Urdaneta toma Barquisimeto y avanza hacia San Carlos, Bolívar busca que los realistas se concentren en Carabobo y finalmente ambos ejércitos están listos para la batalla del Carabobo al amanecer del 24 de junio de 1821. No es necesario describir la batalla, sin embargo sí decir que el estado mayor general estaba conformado, además de Bolívar, por Briceño Méndez, Mariño y Salom; estaban allí también los edecanes del Libertador, Ibarra y O'Leary. Era un ejército que tenía tres divisiones: la primera división con Páez al frente, la segunda con Cedeño y la tercera con Plaza. Los batallones y brigadas estaban al mando de Ferriar, Conderangel del Aceras, Flegel, Gravete, Manrique, Sández, Vélez, Úslar y Argíndigue.
Quienes murieron en combate nada menos que Cedeño, Plaza, Camejo, Bruno, Olivera, Arias, Ferriar, Scott, Meyao y Valero. Y fueron heridos de gravedad Abreu, Lima Martín, entre otros. Al frente del ejército realista está De la Torre con Morales y Montenegro Colón. La mayoría de sus soldados son venezolanos; de los que llegaron en 1815 con Morillo, quedan pocos.
El ejército realista suma 5 mil hombres mientras el patriota, aunque los números varían de autor a autor, está cerca de 7.000 efectivos. La victoria patriota fue completa; los restos del ejército realista se retirarán a Puerto Cabello y son perseguidos por Rangel. Allí se refugian. El golpe para los realistas ha sido fatal. No obstante, después de esta batalla tienen lugar cerca de 60 enfrentamientos bélicos menores, hasta que se da la última batalla, que es la Batalla del Lago de Maracaibo el 25 de julio de 1823. Pero Bolívar ya está en otros territorios.
El 29 de junio de 1821 volvió a entrar a Caracas en medio de una apoteosis; desde 1814 no estaba en su ciudad natal. Está todo julio en el departamento de Venezuela y se embarca en La Guaira hacia Maracaibo, a donde llega a finales de agosto. Volverá a Caracas en 1827; a mediados de septiembre parte hacia la capital de la República de Colombia, donde ejerce la Presidencia de la República. Allí estará todo el resto del año preparando la campaña del sur.
En enero de 1822, Bolívar está en Popayán e inicia la campaña del sur con el objeto de derrotar las fuerzas realistas que dominan el sur de Colombia, el futuro Ecuador y Perú. Sucre adelanta a Bolívar en su camino hacia Quito, mientras al Libertador se le presenta la no buscada batalla de Bomboná, cerca de Pasto, la más surrealista de las ciudades neogranadinas. El 7 de abril tiene lugar la batalla: dos ejércitos con cerca de 2 mil hombres cada uno. La pérdida es casi igual para ambos, de modo tal que si bien es cierto que la retirada la dan los realistas al mando de Basilio García, los daños sufridos por los patriotas no fueron pocos, al punto que Bolívar se ve en la necesidad de detener la marcha y no participa en la batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822, cuando el general Sucre se cubre de gloria.
Bolívar sale de Pasto rumbo a Quito, donde llega el 16 de junio y le espera una apoteosis. Y conoce a quien será el amor de su vida, la señora Manuela Sáenz Aizpuru, la esposa del médico inglés James Thorne, a quien abandonó para acompañar a Bolívar en sus años por venir. Por cierto, el epistolario entre ambos es abundante y les voy a citar un fragmento de una carta: el 6 de octubre de 1826 le escribe Bolívar desde la Magdalena. Le dice: "Tú quieres verme siquiera con los ojos, yo también quiero verte y reverte y tocarte y sentirte y saborearte, unirte a mí por todos los contactos".
Esto le dice Bolívar; ya un Bolívar enamorado viaja a Guayaquil en la famosa entrevista con José de San Martín, el 25 y 26 de julio de 1822. Jamás sabremos lo que hablaron a solas ambos libertadores, pero el resultado fue que San Martín se retiró y le dejó a Bolívar el campo dispuesto para la culminación de su apopeya. Sobre esta entrevista apunta John Lynch en su biografía de San Martín, voy a citar: la campaña requería el apoyo militar de Bolívar y él lo solicitó; Bolívar no le proporcionó las fuerzas que necesitaba. Él se ofreció servir a órdenes de Bolívar con todas las fuerzas de que yo disponía, le dice San Martín, y ese ofrecimiento fue ignorado, con lo cual le resultó obvio que en Perú no había espacio para dos libertadores y, en consecuencia, decidió marcharse. Esto dice el biógrafo de San Martín, el gran historiador británico John Lynch.
En suma, San Martín se retira ante la negativa de Bolívar de apoyar su campaña. Es evidente que Bolívar prefiere culminarla solo. Desde Perú solicitan su presencia para derrotar a los realistas, una vez que se ha ausentado San Martín, por supuesto, y Bolívar se moviliza del departamento de Quito, donde ha estado varios meses, hacia Lima. Por vía marítima llega al Callao el primero de septiembre de 1823; hacia finales de año y en enero de 1824 enferma, se debilita, y le prescriben reposo durante un mes. En febrero el Congreso de Perú lo designa dictador y pone en marcha la estrategia para la futura batalla de Junín, cerca de Jauja.
Y esta ocurre el 6 de agosto de 1824 y fue la última batalla en la que Bolívar estuvo presente dirigiéndola. El ejército patriota contaba con algo más de 8.000 efectivos, mientras el realista está disperso, pero en el campo de Junín no pasa de 5.000 hombres al frente de José de Canterac. El saldo es favorable a los patriotas después de una hora de combate y cuando Canterac se retira hacia Huancayo a reunirse con el virrey, que se llamaba José de la Serna e Hinojosa, a darle descanso a las tropas y a prepararse para otra confrontación. Bolívar, por su parte, se reúne con Sucre en Sañica y le entrega el mando del ejército, que se retira a Lima para preparar el Congreso anfictiónico de Panamá.
El Virrey de la Serna y Canterac, al mando de un ejército de más de 9.000 hombres, buscan el enfrentamiento con Sucre, que cuenta con cerca de 6.000 efectivos. Los movimientos y preparaciones se prolongan desde agosto hasta diciembre, hasta el día de la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, fecha en donde tuvo lugar la última batalla de importancia entre los patriotas y los realistas en América; ha terminado la guerra. Después de la victoria de Ayacucho, Bolívar le ordena a Sucre seguir hacia el Alto Perú, una región aislada con características propias de tal significación que va a resultar lógica en la creación de una república, además de que la jurisdicción de la zona la ejercían tanto Argentina como Perú sin que se avizorara una solución negociada. Por su parte, Bolívar va a pasar el año de 1825 recorriendo Perú.
En abril está en Arequipa, en junio en Cusco, en agosto en Puno y La Paz. El 5 de octubre entra Potosí y el 3 de noviembre llega a Chuquisaca. Precisamente donde, meses antes, el mariscal Sucre le pareció viable la conformación de una Asamblea; esta asamblea se reúne y opta por declararse independiente el 6 de agosto de 1825. Y se forma una nueva República, que es la República de Bolivia. El primer nombre que escogieron fue el de Bolívar, pero el diputado y sacerdote Manuel Martín Cruz dijo que si de Rómulo, Roma, de Bolívar, Bolivia; ya todo les pareció convincente, e incluido al propio Libertador a la distancia, por supuesto, quien a partir de ese momento se sintió comprometido hondamente con aquella contribución definitiva a la eternidad de su gloria.
De hecho, desaparecida Rodesia, que se llamaba así por Cecil Rhodes, dividida entre Zambia y Zimbabue, los dos únicos estados del mundo que llevan por denominación un apellido son precisamente Colombia y Bolivia y, que sepamos, el único estado cuyo nombre alude a otro es Venezuela, la pequeña Venecia. De tal modo, la República de Bolivia dio sus primeros pasos y la Asamblea Constituyente le encargó a Bolívar las redacciones para la primera constitución. Entonces el centralismo sempiterno del Libertador y su horror a la anarquía le llevaron de la mano al redactar una carta magna que establecía la presidencia vitalicia del designado y la posibilidad de que éste escogiera a su sucesor, como era de esperarse. Los neogranadinos formados en el pensamiento liberal se opusieron a la impronta monárquica de las propuestas, ya que era un contrasentido haber hecho la guerra a la monarquía española para venir a instaurar una suerte de monarquía propia.
No obstante, la oposición que fue hallando en el camino, Bolívar hizo aprobar su constitución y designó a Sucre presidente vitalicio. Este caballero aceptó a regañadientes ejercer la presidencia, siempre en consonancia con la extraña relación que tuvo Sucre con el ejercicio del poder; lo asumía como una suerte de obligación. Por cierto, basta leer las cartas de Sucre a Bolívar en estos dos años, entre 1826 y 1828, para comprobar cómo sufrió Sucre con los incesantes disparates de Simón Rodríguez, a quien Bolívar le había enviado a Bolivia para poner en práctica sus teorías educativas.
Pero este fue uno de los problemas que tuvo que enfrentar Sucre, tuvo muchos otros, esto lo digo simplemente como un inciso. Si Bolívar se hubiera dado por satisfecho con la Constitución de Bolivia, sus problemas hubieran sido menores, pero estaba convencido de que la implantación en Colombia y Perú de su modelo boliviano sería la solución a los problemas. Y en carta del 6 de julio de 1826 Santander le escribe a Bolívar, explicándole un negativo para presidencia vitalicia. Escuchen lo que les dice Santander: "¿Quién es el emperador o rey en este nuevo Reino?
Un príncipe extranjero no, no lo quiero, porque yo he sido patriota y he servido 16 años continuos por el establecimiento de un régimen legal bajo la forma republicana en mi posición. Y después de que he logrado una mediana reputación sería a mayor iniquidad traicionar mis principios y faltarán mis protestas. El emperador es usted, obedezco gustoso y jamás seré conspirador porque usted es digno de mandarnos, porque nos gobernará según las leyes".
En la parte anterior del programa leíamos la carta que le envía Santander a Bolívar y sin duda es una pieza de notable sutileza que pone el dedo en la llaga. El único vitalicio aceptado por Santander es Bolívar, mientras todos los demás aspiran legítimamente a sucederlo. Era imposible de digerir la proposición bolivariana y, como veremos, origen de futuras desavenencias. Por otra parte, las discrepancias entre el vicepresidente Santander y el jefe militar del Departamento de Venezuela, el general Páez, venían en aumento.
Ya a Páez le había molestado la designación de Soublette como intendente, pero todavía más cuando se designó a Juan Escalona para sustituirlo. Era imposible que Escalona pudiera ejercer autoridad sobre Páez, que era el jefe natural y, para colmo, su enemigo. No obstante, Páez aceptó a regañadientes; Santander se queja ante Bolívar del desconocimiento de la Constitución por parte de Páez y le ruega que intervenga. El presidente Bolívar envía a O'Leary para parlamentar con Páez, para buscar una conciliación. Y después de 10 días de conversaciones en las que O'Leary intentaba que Páez se acogiera a lo dispuesto por Santander con base en la constitución vigente, el llanero le dijo: "Cito, espero que el presidente no me forzara a hacer su enemigo y destruir Colombia con una guerra civil", fin de la cita.
Como vemos, ya Bolívar sabrá a lo que se enfrenta al iniciar el viaje a finales de 1826, buscando poner orden en la casa, y le mandó una carta el propio Bolívar a Páez el 11 de diciembre. Una carta sutil y amenazante a la vez le dice: "Contra mí el general Castillo se perdió. Contra mí el general Piar se perdió. Contra mí el general Mariño se perdió. Contra mí el general Río Agüero se perdió. Y contra mí se perdió el general Torre Tagle; parece que la providencia condena a la perdición de mis enemigos personales, sean americanos o españoles. Y ve usted hasta dónde se han elevado los generales Sucre, Santander y Santa Cruz".
Bueno, una carta bastante elocuente por parte de Bolívar y más allá de esta carta, lo cierto es que se llegó a una solución ecléctica. Páez no se acogió a la Constitución vigente de 1821, pero sí reconoció plenamente la jefatura de Bolívar. Y con esto Bolívar se dio por satisfecho, mientras Santander, por su parte, comprendió que para Bolívar, antes que la Constitución, estaba evitar una guerra civil en Venezuela. Tenía buenas razones Bolívar para hacerlo y, mientras estas tensiones van en aumento no sólo en relación con Páez en Venezuela, sino en Bogotá, con los seguidores de Santander y su oposición a la Constitución de Bolivia, el Libertador logra que el Congreso anfictiónico de Panamá tenga lugar, aunque muy lejos de la importancia que hubiera querido que tuviera. Asistieron delegados, deliberaron, pero nada de mayor importancia para el futuro se desprendió del encuentro. Más allá de cumplir con el sueño integracionista bolivariano, en verdad el clima de descomposición de Colombia iba en aumento, mientras en Perú la unanimidad hacia Bolívar se resquebrajaba y Sucre batallaba en Bolivia con varios problemas.
En Caracas va a estar Bolívar por última vez en 1827. Y en medio de flores, arcos de triunfo, coronas de laurel, bambalinas y guirnaldas, entraron juntos el Libertador y Páez a Caracas el 12 de enero de 1827. Bolívar designó a Páez con un cargo que no existía en la Constitución vigente, jefe supremo, reconociendo así su liderazgo y colocándose al margen de la Constitución, provocando el desagrado máximo del Congreso reunido en Bogotá y, por supuesto, del hombre de las leyes, que era como el mismo Bolívar llamaba a Santander. El Libertador permaneció seis meses en Caracas, poniendo orden en distintas ramas y consolidando con su actitud el poder de Páez, mientras en Bogotá la oposición a la Constitución de Bolivia y al propio Libertador iban en aumento.
Formaliza Bolívar la solicitud del claustro de la Universidad de Caracas de una reforma de sus estatutos y con base en esa reforma es electo rector el doctor José María Vargas, primer rector de la Universidad Central de Venezuela. Y entonces comienza propiamente la universidad republicana. Bolívar logra sofocar la rebelión venezolana, pero al hacerlo ofende a los constitucionalistas neogranadinos. Lógicamente, lograba detener la separación inmediata de Venezuela de Colombia, pero en su fuero interno comprendía que había colocado un paño caliente sobre una derrota cantada.
Bolívar va a partir de La Guaira el 5 de julio de 1827 de rumbo a Cartagena. Sube a Bogotá por el río Magdalena, una vía que recorrió infinidad de veces a lo largo de su vida, y llega a Bogotá el 10 de septiembre de 1827. No sólo halló una recia oposición en Bogotá, sino que también en Perú, que rechazan los peruanos la Constitución de Bolivia también. Y Bolívar reacciona gobernando con poderes excepcionales que, en términos puros, pueden llamarse dictatoriales.
La negativa a seguir sus designios las entendió como un llamado a acelerar la marcha hacia un gobierno fuerte, eso hizo. Además de convocar la Convención de Ocaña para abril de 1828, con el objeto de modificar la Constitución de Cúcuta de 1821, mientras las malas noticias llovían sobre Bolívar, otra vino a expresarse de manera inesperada: el 2 de marzo de 1828 se alzó el almirante Padilla en Cartagena contra la dictadura de Bolívar, proclamando la autonomía del puerto. Pero Montilla sofocó hábilmente el intento y a Padilla no le quedó otro camino que moverse hacia Ocaña buscando la protección de Santander. Bolívar consideró que Padilla debía ser juzgado con todo el peso de la ley y esto molestó enormemente a sus adversarios porque ese no fue el tratamiento que Bolívar pidió para Páez. El tema era complicado, Padilla fue enviado a una cárcel en Bogotá donde se le siguió un juicio.
Las relaciones entre Bolívar y Santander estaban rotas desde marzo de 1828. La amistad que habían mantenido durante años ya no pudo obviar las enormes diferencias políticas que se andaban entre ambos. Y en esta situación acudieron los seguidores de uno y otro a la Convención de Ocaña en abril de 1828. Bolívar se traslada a un sitio equidistante de Ocaña y Bogotá, es decir Bucaramanga, que a través de O'Leary monitoreaba la convención. A lo largo de estos meses que estuvo allí conversó con Luis Perú de Lacroix, un oficial del ejército, suyo, francés, y él escribe después el Diario de Bucaramanga, que es un documento de primera mano valiosísimo que nos permite conocer las costumbres y opiniones de Bolívar en una etapa final de su vida. Estamos en 1828, cuando ya está haciendo balances de lo ocurrido y tiene opiniones finales sobre la gente, los hechos, bien, el forcejeo entre bolivarianos, santanderistas, centralistas y federalistas.
Fue intenso hasta que la única solución que iba asomando fue la de ratificar la Constitución de Cúcuta, de modo que no prosperó la Convención de Ocaña en el sentido de redactar una nueva constitución. La convención se levanta, se aborta por voluntad de Bolívar, se suspende, y sigue vigente la Constitución de Cúcuta de 1821. Por su parte, el 13 de junio, en Bogotá un grupo de bolivarianos radicales encabezados por Pedro Alcántara Herrán se reúne en una junta y le confieren poderes dictatoriales a Bolívar. Santander es separado de la vicepresidencia, Bolívar lo designa como embajador de Colombia ante los Estados Unidos, que es un cargo que Santander acepta pero no lo llegó a desempeñar porque los hechos se despeñaron por otro camino. Y el 27 de agosto de 1828, Bolívar sustituye la Constitución de Cúcuta de 1821 por un decreto orgánico firmado por sí mismo, que consagró la dictadura. De modo que el Libertador Presidente asumió el mando con base en la imposibilidad de la Convención de Ocaña de llegar a un acuerdo modificatorio de la Constitución.
Por otra parte, unos conjurados tomaron la decisión de asesinar a Bolívar el 25 de septiembre de 1828 en Bogotá. Allí estaban Pedro Carujo, Ramón Guerra, Luis Vargas Tejada, Florentino González, Rudecindo Silva, Agustín Orméndez, Wenceslao Sulaíbar, José Ignacio López, Pedro Azuero y todos de comprobada participación; fueron los que ejecutaron el atentado del 25 de septiembre en el Palacio San Carlos en Bogotá.
Ellos irrumpieron al palacio, hallaron primero a Andrés Ibarra en camino hacia la alcoba de Bolívar, la que compartía con Manuela Sáenz. Y Manuela, al advertir lo que estaba pasando, le sugirió al Libertador que escapara por la ventana mientras ella distraía a los conjurados. Así fue, y al irrumpir en la habitación ella estaba sola. La maltrataron y esperaban que dijera dónde estaba Bolívar. Bolívar se había lanzado por la ventana, había corrido hacia el arroyo de las quebradas San Agustín y se había escondido debajo de un puente, y allí estuvo tiritando de frío tres horas hasta que los conjurados fueron derrotados y pudo salir a la superficie.
En este triste episodio, Carujo, el lamentable Carujo, mató de un tiro a William Ferguson, uno de los edecanes del Libertador, quien venía en auxilio de su jefe. Finalmente el general Urdaneta, que en ese entonces era secretario de guerra y marina del gobierno, controló la situación y alcanzó a hacer prisioneros a todos los participantes. Bolívar lo designa para presidir el tribunal que va a seguirle un juicio a los participantes; este tuvo lugar de inmediato y se acusó a Santander y a Padilla de haber formado parte de la conjura. El 7 de noviembre de 1828 se dictaron las sentencias y fueron pasados por las armas casi todos, excepto Carujo, Santander y algunos otros. Entre los sentenciados y ejecutados estuvo Padilla, el héroe de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo. Santander se fue a Europa después de varios meses preso en Cartagena y Puerto Cabello, y Carujo se fue a Venezuela, ya que a ambos se les conmutó la sentencia de muerte por exilio. Bolívar no salía de su asombro; entonces afirmó que Manuela Sáenz era la libertadora del Libertador porque le había salvado la vida.
Era evidente que la oposición a sus proyectos constitucionales y al coqueteo con las formas monárquicas, con las que finalmente nunca se avino, esa oposición tenía más fuerza de lo que él podía prever. Y esta oposición continuó en el sur de Colombia: José María Obando se alzó en Popayán, José Hilario López se le sumó; ambos se sumaron a José de la Mar, que estaba en Perú, y emprendieron una campaña en contra de Bolívar. Este se moviliza de Bogotá hacia el sur, habla con Obando, lo convence de que ponga las armas, llegan a un acuerdo. Mientras tanto, el mariscal Sucre y José Flores derrotan a José de la Mar y Agustín Gamarra en el Portete de Tarqui, cerca de Cuenca en Ecuador.
Los peruanos habían invadido a Colombia en oposición a Bolívar; como vemos, se había abierto la caja de Pandora y los demonios oposicionistas al centralismo bolivariano estaban sueltos. De hecho, Gamarra ha obligado a Sucre a renunciar a la presidencia de Bolivia en 1828, de modo que la descomposición del mapa bolivariano se estaba generalizando y antes de partir hacia Quito y Guayaquil, en febrero, el Libertador Presidente dispuso que las elecciones para un congreso constituyente se celebraran en julio de 1829, la instalación en enero de 1830.
Así Bolívar le ponía fecha de caducidad a su dictadura, desdiciendo a los que creían que pretendía perpetuarse con poderes extraordinarios. Bolívar no perdía el sentido de la realidad y era evidente que su gobierno fuerte, lejos de poner orden y acabar con la anarquía que tanto temía, estaba haciendo aguas por todas partes. A la rebelión antibolivariana se va a sumar el general Córdoba, el antioqueño, y Bolívar regresa en abril de 1829 a Bogotá para encontrarse con la proposición de sus seguidores de instaurar una monarquía. Incluso, su consejo de ministros llegó a hablar con un representante de Francia y el Reino Unido. Era una idea que barruntaban Urdaneta y otros para que el Libertador fuese un rey que al momento de morir lo sucediese un príncipe europeo; estas iniciativas se basaban en sugerencias titubeantes del Libertador. Él había expresado que una solución para Colombia podría ser algo parecido a Gran Bretaña, pero finalmente Bolívar, después de dudar y guardar silencio, se expresó en contra del proyecto monárquico y ya estaba muy avanzada.
Y que había sucedido así porque Bolívar le había dado cuerda con su silencio y sus sugerencias. Sin embargo, la posición final de Bolívar acerca del proyecto es no. Y Córdoba en el sur no se entera de eso, sino que cree que Bolívar ya va a asumir el proyecto monárquico y Córdoba se alza en armas y O'Leary sale al frente de un ejército a enfrentar a Córdoba en El Santuario, cerca de Medellín. El 17 de octubre de 1829 fue derrotado y cruelmente ejecutado el general Córdoba. Muy lamentable, las noticias corrían como pólvora por el territorio de Colombia y la verdad es que el proyecto de Bolívar estaba herido de muerte y su salud también estaba bastante resentida.
El Congreso Constituyente, convocado por Bolívar, se reúne entonces a partir del 2 de enero de 1830 en Bogotá. Bolívar se presenta el 15 de enero seriamente resentido de salud, impone a Sucre como presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Estévez, como vicepresidente. Llamó a este Congreso el Congreso Admirable, que la verdad tuvo poco de admirable, entre otras cosas por la amargura que experimentaba el propio Bolívar. Así se va a reflejar en su discurso y renuncia de la presidencia y el abandono de la vida pública.
Bolívar designa a Domingo Caycedo como presidente interino y se va, y concluye el discurso diciendo esto: "Ciudadanos, me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás". Muy triste. Había recibido carta de Páez en diciembre de 1829, donde le señalaba que era imposible detener la voluntad separatista de Venezuela y que propusiera esto del Congreso. Bolívar no lo hace, por supuesto; Bolívar sabía que lo inevitable estaba en marcha, que era la disolución de Colombia. El ánimo suyo estaba abatido y parte hacia Cartagena el 8 de mayo de 1830. Luego está en Soledad en octubre, en Barranquilla en noviembre y finalmente recala en Santa Marta el primero de diciembre de 1830.
Sobre los últimos días de Bolívar se ha escrito abundantemente. Tan solo vamos a agregar en este programa que el deterioro de su salud fue paulatino y vinculado con problemas respiratorios que en la autopsia practicada por Alejandro Próspero Reverand se confirmaron, dice Reverand: "En su principio un catarro pulmonar que, habiendo sido descuidados, pasó al estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa". Esto es lo que dice el médico tratante y autor de la autopsia del Libertador. De las miles de cartas que Bolívar escribió a lo largo de su vida, hay una el 10 de diciembre que le envía a Briceño; es la última y allí él se declara natural de la ciudad de Caracas, en el Departamento de Venezuela, lo que quiere decir que no reconoce la creación de la República de Venezuela, que ya ha ocurrido en marzo de 1830. Y luego hay una carta anterior que le envía a Juan José Flores el 9 de noviembre; ahí dice Bolívar: "Usted sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. El que sirve una revolución ará en el mar; la única cosa que se puede hacer en América es emigrar".
"Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de América". Bien, evidentemente Bolívar está en una depresión importante, estaba batido o se siente derrotado; pareciera que su aversión a la anarquía lo llevaba a no interpretar con claridad la manifestación de las ideas divergentes y la abierta confrontación. Y estaba tan convencido de la necesidad de un gobierno fuerte y centralizado que veía en cualquier expresión disidente el germen de la disolución: veía la existencia de partidos, la negación de la unión y, en cualquier negativa a seguir sus proyectos, una expresión de traición.
Bueno, pero la realidad era terrible. No obstante, en lo anterior, durante toda su vida, Bolívar mantuvo un espacio lúcido de interpretación de la realidad, incluso en los casos en que sus errores lo condujeron a desafueros. Eso se desprende de una carta que le envía a Urdaneta desde Barranquilla el 16 de noviembre de 1830. Allí le dice: "Voy a escribir de nuevo sobre esto, rogándole a usted de paso que tampoco desoiga mis avisos en esta parte y que mejor es una buena composición que mil pleitos ganados; yo lo he visto palpablemente, como dicen: el no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos".
Bien, dos procesos paralelos llegaban al fin: la enfermedad de Bolívar, que lo lleva a la muerte, y la enfermedad de Colombia, que la lleva a su disolución. Por supuesto, la enfermedad de Colombia comenzó casi desde el mismo momento de nacer, podría decirse. Hemos llegado al final del momento en el que muere el hombre de las dificultades, como se llamó a sí mismo. En una carta a Santander el 9 de febrero de 1825, Bolívar dijo: "Yo soy el Hombre de las Dificultades, usted es el Hombre de las Leyes y Sucre el Hombre de la Guerra. Creo que cada uno debe estar contento con su lote y Colombia con los tres".
Fin de la cita. Bien, hemos llegado al final del programa: cuatro capítulos dedicados a Simón Bolívar, su vida y su obra. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián; hoy, Fernando Camacho y en la dirección técnica Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arráiz. Como siempre, un gran placer hablar para ustedes, hasta nuestro próximo encuentro.