Serie Militares
14 de junio de 2021

Serie Militares. José Antonio Páez. Cap 1.

Militares. José Antonio Páez. Cap 1.

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Rafael Arráiz Lucca. José Antonio Páez Herrera nació en Curpa, en las afueras de Acarigua, el 13 de julio de 1790 y murió en Nueva York el 16 de mayo de 1873, a la edad de 82 años. Un periplo vital asombroso, pletórico de acontecimientos, lo llevó a estar presente en la vida venezolana desde 1810 hasta 1863, siendo el compatriota que mayor y más extendida influencia tuvo en el siglo XIX de Venezuela. De esto no cabe la menor duda. Sus padres fueron Juan Victorio Páez Mendoza y María Violante Herrera Jaimes.

Los abuelos paternos fueron Juan José de Páez y Luisa Rodríguez de Mendoza de la Motta. Los maternos fueron José Manuel Herrera Güedes y Juana Jaime de Agüero y Núñez. Sus bisabuelos paternos fueron Gabriel de Batista del Campo, de quien Juan José Páez era hijo natural, y una señora de Valencia de la que no hallamos su nombre. Y Luis Rodríguez Mendoza y María Venancia de la Motta, habitantes de Icod de los Vinos, en Tenerife, Islas Canarias.

De modo que sus bisabuelos maternos, Agustín José de Herrera y Catalina Güede Fonseca, eran tocuyanos, como vemos, y el origen de los Páez era propiamente Tenerife; el de Herrera, El Tocuyo. Su madre María Violante tuvo dos hijos en un primer matrimonio con Domingo José Suárez, de quien enviudó. Y su padre tuvo ocho hijos, de tal modo que los Páez Herrera fueron José Francisco, José de los Santos, José Ramón, José Antonio, Ubalda, María del Rosario, Luis Amarilla y Ana María. Y todos los testimonios señalan que la pareja gozó de estabilidad afectiva, pero de una marcada itinerancia.

La familia vivió en Guama, San Felipe, Acarigua y Guanare, y Juan Victorio Páez era un funcionario del estanco del tabaco y los Páez Herrera llevaban una vida sin lujos, pero tampoco cerca de la pobreza. La educación formal de José Antonio fue precaria. Las primeras letras las estudió en Guama, en casa de la señorita Gregoria Díaz. Su infancia transcurrió en su mayor parte en lo que hoy es el estado Yaracuy.

De hecho, cuando tenía 17 años ocurrió un episodio sórdido que le cambió la vida. Hasta entonces, su entorno había sido eminentemente agrícola, cacaotero, tabaco y pecuario, en un ambiente mestizo y con presencia marcada de canarios. Y siendo un muchacho la madre lo envió a llamar a San Felipe para que se trasladara a Guama. El objeto del viaje era que llevase una encomienda de dinero a Cabudare.

El joven se detuvo, en Yaritagua, a comprar víveres y en una pulpería e hizo ostentación de la pistola que llevaba y algo de dinero, una muchachada, y unos bandoleros que estaban allí lo ficharon y lo siguieron sigilosamente hasta que lo abordaron cuando estaba en la montaña de Mayurupí. Eran cuatro, los asaltantes que buscaban robarle el dinero a José Antonio Páez. En cuanto lo vio venir se bajó de la mula.

Uno de ellos se acercó con un palo y machete en las manos y Páez le disparó y lo mató en el acto, mientras los otros corrieron despavoridos. Se montó a su mula y siguió su camino. La noticia corrió como pólvora en Acarigua y Guanare. Y aunque fue en legítima defensa, el joven Páez tuvo miedo de ir preso y se fue solo hacia Barinas, lejos, donde nadie supiese lo que había hecho y lo que había ocurrido.

Ya se va y al no más llegar al hato La Calzada, en Barinas, el capataz que se llamaba Manuel Ote lo somete a tratos cercanos de la humillación. El dueño del hato no estaba presente todavía. Me refiero a Manuel Antonio Pulido-Briceño, a quien va a conocer luego cuando pase el Hato La Calzada al Hato Paguey. Estamos en 1808, ese Hato Paguey también era de Pulido, a su vez Pulido es de Cariña o el muchacho de 17 años, y lo privilegia una vez que advierte que sabe leer y escribir.

Y tiene un nivel cultural superior, por supuesto, al de los otros peones, y a Manuel Ote no le hace gracia el ascenso. Pero Pulido encarga a Páez de comprar ganado y lo tiene cerca en su casa, como un asistente. Lo ha privilegiado y muy pronto el propio Pulido comprende que el joven merece un destino autónomo y lo alienta a irse por su cuenta, y eso hace José Antonio Páez. Compra y vende ganado y en esas tareas conoce a Dominga Ortiz Urzúa, la conoce en Canagua y se va a casar con ella el 1.º de julio de 1809.

Ya su posición ha mejorado notablemente, tiene una casa. Su mujer es huérfana del padre Francisco de Paula Ortiz y de madre, Micaela Úrsula. Ha heredado un hato importante en Barinas, Dominga Ortiz, la familia de su esposa desde las principales de la zona, evidentemente. De modo que su fortuna le va a sonreír, capaz, y atrás quedan las vejaciones de Manuel Ote, aquella suerte de iniciación en las tareas del hato, el dominio de las bestias.

El cruce de los ríos Anado y el hacerse un jinete excepcional. Vista a la distancia aquella fue la iniciación del héroe que va a surgir después. De la unión con Dominga Ortiz nacieron Manuel Antonio, María del Rosario, María Antonia y Hermenehildo Páez-Ortiz. El primero se casó con Soledad Lovera Paúl; la segunda con Juan de las Llamosas; la tercera con José Felipe González Baptista; y al cuarto no se le conoció esposa.

Dominga, por su parte, reconoció a Ramón Ricaurte, Mójiño de Páez y Margarita Ricaurte. Entre los otros que tuvo podemos señalar a Alejandro Muñoz, Tomás Páez, Alejandro Montiel y Stanislao Reyes, todos ellos hijos de José Antonio Páez. De Dominga se va a separar en 1821 cuando conoce a Bárbara Nieves, con quien tendrá dos hijas, Úrsula y Juana, y un varón, Sabás Páez Nieves. Juana casó con José María Francia Palacios, el pariente de los Bolívar Palacio, por supuesto, y Sabás con Sofía Travieso Salgar.

Úrsula no contrajo matrimonio que sepamos y Bárbara Nieves fallece en 1847 y Dominga Ortiz, en 1875. Es muy probable que Páez haya tenido otros hijos naturales de los que no se tienen noticias. Bueno, evidentemente la procreación no fue un problema para el catire Páez, como lo apodaban, al igual que usaba el mote del Taitán para designarlo sus soldados. Y después de los sucesos del 19 de abril de 1810 en Caracas, diversas provincias se suman a la causa. Entre ellas Barinas, donde Manuel Antonio Pulido forma un ejército y Páez incorpora, a solicitud de Pulido, a un escuadrón de caballería.

En su autobiografía Páez equivoca el año del desembarco de Monteverde, ya que lo apunta en 1813 y fue en 1812, lo que crea una confusión en la secuencia de los hechos. Él dice haber estado hasta tres meses antes de la llegada de Monteverde al ejército de Pulido, es decir, diciembre de 1811, ya que Monteverde llega en marzo de 1812. Y en verdad el año en que Páez está atendiendo sus negocios en Canagua es 1812, cuando le han autorizado retirarse con el grado de sargento primero. En 1813 estaba Páez y sus asuntos ganaderos cuando lo mandó a llamar al jefe realista Antonio de Tizcaripedrosa para que se incorporara a su ejército.

Va a su casa y Tizcar lo designa capitán de los ejércitos del rey de España y entonces Páez pide permiso para ir a su hato en Canagua antes de incorporarse. Sale de la casa de Tizcar y se suma al ejército de Pulido, que va a tomar Barinas con rango de capitán; estamos en 1813, en octubre, cuando Pulido le ordena ir contra el realista Miguel Marcelino y lo derrota en el sitio de las matas guerrereñas. Y cuando regresa a Barinas recibe carta que señala que ha caído en manos de los realistas, pasa la noche en el hato de La Calzada de Pulido y parte en la mañana hacia Guadualito, pero los suyos no le acompañan. De esta soledad se entera Manuel Pacheco, el jefe realista del Canagua, y lo invita a regresar.

Páez acepta y cae preso en diciembre de 1813 en manos del comandante Antonio Pui, quien acaba de ser designado en la zona y hace presos a 115 personas. Gracias a una confusión nocturna, los carceleros creyeron que el grupo que había venido a liberarlo era inmenso, cuando no lo era, y abandonaron a los presos, se fueron corriendo. Páez, al recobrar la libertad, se fue a su casa en Canagua. En la próxima parte del programa seguiremos con todo este período inicial de la formación de Páez como guerrero. Ya regresamos.

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Ustedes escuchan Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. En 1814 Páez forma un pequeño ejército y se suma al de Ramón García de Sena, quien lo envía a Guadualito y luego regresa. Páez sigue la campaña con García de Sena hacia Mérida y está allá hasta mediados de año cuando se incorpora el Ejército de Rafael Urdaneta, pero Urdaneta no lo distingue como Páez aspiraba y Páez se va. Lo acompaña hasta Bailadores y toma el camino hacia los llanos de Casanare en Nueva Granada. Se suma al ejército de Francisco Olmedilla en octubre de 1814 y el 29 de enero de 1815 está Páez en Guadualito al frente de un grupo de soldados a las órdenes de Olmedilla y derrotan al jefe realista Manuel Pacheco.

Olmedilla se retira, habichada, le entrega el ejército a Páez. Luego recibe órdenes del gobernador Solano en Casanare para hacer preso a Olmedilla por desertor y entregarlo en Pore. Y eso hace Páez. A finales de 1815 está en Casanare a las órdenes del general Joaquín Ricaurte, cuando de la Calzada invade. Entonces tiene lugar la Batalla de Chire donde Páez se distingue notablemente después de superar un ataque de epilepsia narrado en su autobiografía. Voy a citar lo que dice Páez.

"Al principio de todo combate, cuando sonaban los primeros tiros apoderábase de mí una violenta excitación nerviosa que me impelía al lanzarme contra el enemigo para recibir los primeros golpes, lo que habría hecho siempre si mis compañeros con grandes esfuerzos no me hubiesen contenido, pues dicho ataque me acometió antes de entrar en el combate de Chire cuando ya me había adelantado y tenido encuentro con la descubierta".

Esta batalla y la derrota de la Calzada marcaron el inicio de la buena fama del guerrero del entonces comandante Páez. Estamos en enero de 1816 y, alentado por la victoria de Chire, enfrenta a los realistas de Vicente Peña y los vence. Por su parte, Ricaurte regresa a Casanare y Páez queda del otro lado del río en Venezuela. El 16 de febrero, en Mata de la Miel, vence al coronel Francisco López en un combate nocturno. Al amanecer la victoria patriótica era evidente.

No solo fue sustancial la cantidad de pertrechos de los que Páez se adueñó, sino que se hizo de tres mil caballos de los realistas, lo que le dio un nuevo aire a su ejército. Con las hazañas alcanzaba el grado de teniente coronel y daba un paso más en su autoridad sobre la tropa. Ya se expandía el fragor de la leyenda de José Antonio Páez. Luego, vuelve a vencer a Francisco López en el paso del Frío y se desplaza a Arichuna. Allá está el 16 de septiembre cuando el célebre Motín de Arichuna, referido por mí en mi libro Venezuela 1728-1830, guipuscoana e independencia.

Voy a referirles lo que digo: el ejército patriota de la pequeña República de Casanare está al mando de Francisco de Paula Santander y han elegido un presidente, Fernando Serrano. No obstante, el liderazgo natural de los llaneros lo tiene Páez y la tropa decide elegirlo para comandarla. Antes que el motín pase a mayores, Santander inteligentemente reconoce el mando de Páez y se coloca a sus órdenes, al igual que Manuel Cerviez y Rafael Urdaneta. Esto ocurrió por elecciones y es lo insólito, así como la actitud de Santander.

Por supuesto, no falta quien diga que no tenía alternativa si quería permanecer en el ejército, pero ya hemos visto otras oportunidades como el ego conduce a estos hombres por otros derroteros. Cabe preguntarse, ¿de dónde provenía la enorme ascendencia de Páez sobre la tropa y por qué Santander no la tenía? Habría que remitirse a la formación del liderazgo natural, y este señala se constituyó con base en pruebas de fuerza. El ejército de Páez no era el clásico ejército francés estructurado, sino conformado por la guerra de guerrillas que llevaba a que el jefe guerreara como cualquier otro en el cuerpo a cuerpo de la batalla, cosa que Páez hacía admirablemente.

Esto le daba un ascendente paternal sobre la tropa integrada por guerreros que no dudaban un segundo de la legitimidad de su jefe, ya este participaba en la batalla en el centro. No desde lejos como director al margen del fragor de la contienda, detrás de un catalejo o no. Esta simbiosis entre Páez y los suyos, que son como si fueran él mismo, fue un aspecto sustancial para la consolidación de este ejército llanero, factor determinante de las victorias patriotas que vendrán, fin de la cita.

Y ahora viene la Batalla del Jagual el 8 de octubre de 1816, cuando Páez comanda al ejército, subcomandado por los generales Urdaneta, Cerviez y Santander a sus órdenes, y vuelven a derrotar a las fuerzas del realista Francisco López. Después de la victoria sitian Achaguas y este año culmina con la autoridad de Páez por las nubes. Tres victorias lo han hecho posible, es su año central, la consolidación de su mando. En 1817 se inicia con la batalla de Mucuritas el 27 y 28 de enero.

Esta vez Páez enfrenta a los ejércitos de la Torre y de la Calzada, nada menos, es decir, al ejército de Morillo, quien llega al sitio después de la batalla. Se enfrentan dos fuerzas desiguales, la de Páez alrededor de mil lanceros, la del realista con cerca de cinco mil hombres. Páez recurre a una práctica que sorprende al realista y le prende fuego a la sabana en la retaguardia, impidiendo que estos se den en retirada, y los acorrala y los lancea sin piedad, causándoles bajas significativas. Finalmente, logran escapar los sobrevivientes y se reúnen con Morillo y entran todos a San Fernando a principios de febrero después de una derrota.

Nueva victoria para Páez. Muchos años después, Morillo escribe lo siguiente, cito: "14 cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que no eran una gavilla de cobardes poco numerosa como me habían informado". Bueno, fin de la cita, muy mal informados estaba Morillo. El año avanza con tres combates menores que se sale victorioso: el ejército de Apure de Páez en San Antonio de Apure, en el paso de Apurito y en el paso de la Dutrera. En agosto toma Barinas. Como vemos fueron 12 meses de victorias y la consolidación de la jefatura de Páez en sus predios.

Y una vez fusilado Piar en Angostura y Bolívar cavillando acerca de las posibilidades de invadir a Nueva Granada como insistentemente le sugería por carta a Santander, se pone Bolívar en marcha hacia los llanos, llega al hato Cañafístolo y de hecho se entera Páez, quien se moviliza desde San Juan de Payara a su encuentro. Nunca antes se habían visto, el general Páez. En su autobiografía da cuenta del encuentro y de la impresión que le causó Bolívar. El general Páez, voy a leerle el retrato que hace Páez de Bolívar la primera vez que lo vio.

"Apenas me vio a lo lejos, montó inmediatamente a caballo para salir a recibirme y al encontrarnos echamos pie a tierra y con muestras del mayor contento nos dimos un estrecho abrazo. Sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos. Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante formaba contraste. La apariencia exterior de Bolívar débil de complexión y acostumbrado desde sus primeros años a los regalos del hogar doméstico con la de aquellos habitantes de los llanos, robustos atletas que no habían conocido jamás otro linaje de vida que la lucha continua con los elementos y las fieras".

Puede decirse que allí se vieron entonces reunidos los dos indispensables elementos para hacer la guerra: la fuerza intelectual que dirige y organiza a los planes y la material que nos lleva a cumplido efecto. Fin de la cita. Páez reconoce la jefatura de Bolívar y le pone a disposición su ejército, que junto con el que sigue al Libertador alcanza a los 4.500 efectivos. Será la primera vez que Páez batalle bajo las órdenes del mantuano caraqueño, van juntos a Calabozo y dan la batalla el 12 de febrero. Luego están juntos en la Batalla del Sombrero, donde no logran abatir a Morillo.

Bolívar ordena a Páez tomar el sitio de San Fernando de Apure en marzo, luego lo envía para San Carlos y el 2 de mayo tiene la Batalla de Cojedes, donde Páez derrota a de la Torre y regresa a su cuartel general en Achaguas. Y volvió al regreso de Angostura a San Juan de Payara y vuelven a juntarse los dos ejércitos y después el Libertador regresa a Angostura a la inauguración del Congreso el 15 de febrero de 1819. Antes asciende a Páez al general de división. El 20 de enero tiene 29 años. Bolívar regresa a Pore en marzo y se junta con Páez. Es evidente que el ejército de Apure es la columna vertebral, la fuerza patriótica.

Por su parte, Morillo comienza el año buscando a Bolívar y reúne sus ejércitos en el centro del país con la intención de retarlo en los llanos. Páez abandona San Juan de Payara y cruza el Arauca. Morillo también lo cruza y va a su encuentro. Morillo está en Achaguas el 8 de marzo; Bolívar, Anzoátegui y Páez se juntan en Cunabiche el 11 de marzo. El 28, Bolívar y Morillo están con sus ejércitos a cada margen del Arauca. Páez convence a Bolívar de que lo autorice para cruzar el río con 150 lanceros; Bolívar acepta y Páez pasa el río y avanza a galope hacia el campamento de Morillo. Este dispone a mil 200 hombres que les corten el paso.

Y cuando Páez los ve venir implementa su plan y retrocede, se deja perseguir hasta que regresan al grito de "¡Vuelvan caras!" y se lanza sobre el enemigo. Los realistas desconcertados son lanceados con furia por los llaneros. Y para colmo en la retirada aparatosa van atropellándose a sí mismos y causándose estragos hasta que se refugian en los bosques de las inmediaciones. Entre los héroes de la acción es justicia recordar a los coroneles Cornelio Muñoz y Francisco Aramendi, así como a los tenientes coroneles Francisco Farfán, José Manuel Arraíz, Juan José Rondón, Leonardo Infante, entre otros. En la próxima parte del programa veremos lo que dice Bolívar, de esta hazaña en las Queceras del Medio.

Ya regresamos. En la parte anterior del programa hablábamos de las Queceras del Medio y esta hazaña fue vista por todo el ejército patriota llevando el prestigio de Páez hasta la cúspide. Bolívar redacta una proclama consagrando a los 150 como héroes. Por su parte, Morillo se retiró hacia Achaguas mientras Bolívar lo hacía hacia Cabujaral. Desde allí le ordenan a Urdaneta navegar hasta el Arauca por el Orinoco con las legiones extranjeras que ya han llegado, las británicas realmente. Después de tantos intentos, Bolívar se convence de que no podrá llegar a Caracas, ya que es imposible derrotar al ejército de Morillo. Entonces, muy pronto la vanguardia de Santander en Casanare va a tener compañía.

La hazaña de las Queceras del Medio fue ensalzada por Bolívar en su proclama a los vencedores en las Queceras del Medio, dada el 3 de abril de 1819 en el Cuartel General de los Potreritos, Marreñeros. Y afirma lo siguiente, esto dice Bolívar en su proclama: "Soldados, acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones". Fin de la cita. Lo que resta en 1819 y todo 1820 Páez lo emplea en varias tareas como él mismo las explica en su autobiografía. Él dice: "casi todo el año 20 se pasó en reunir y disciplinar reclutas, empotrerar caballos, coger y castrar toros y ponerlos en dehesa para tener reses cuando el ejército abriera la campaña, ¡y enviar armas!"

Para la Nueva Granada Bolívar le ordena a Páez avanzar desde Apure hacia el centro. Ambrosio Plaza ocupa Barinas antes de movilizarse también hacia el centro, vamos hacia la batalla de Carabobo. Bermúdez inicia su famosa diversión, es decir, marcha hacia Caracas, de manera tal de ocupar a parte del ejército realista en defenderla, mientras los ejércitos patriotas avanzan hacia Carabobo. Urdaneta toma Barquisimeto y avanza hacia San Carlos. Bolívar busca que los realistas se concentren en Carabobo. Finalmente, ambos ejércitos están listos para la batalla al amanecer del 24 de junio de 1821.

No es necesario describir la batalla. Se ha escrito mucho sobre este episodio. En el estado mayor general, además de Bolívar, está Pedro Briseño Méndez, Santiago Mariño y Bartolomé Salom. Los edecanes del Libertador están presentes Diego Ibarra y Daniel Florencio O'Leary, entre muchos otros. El ejército consta de tres divisiones, la primera con Páez al frente, la segunda con Sedeño, la tercera con Plaza. Los batallones y brigadas están al mando de Ferrear, Conde, Rangel, Delaceras, Lejel, Gravete, Manrique, Sandés, Vélez, Úslar, Yargín, Díguez.

Murieron en combate Sedeño y Plaza, Pedro Camejo, Bruno, Olivera y Arias, Ferriar y Scott, Meyao y Valera, y heridos de gravedad Raíz, Abreu Lima e Martín, entre otros. Al frente del ejército realista está de la Torre con Morales y Montenegro Colón. La mayoría de sus soldados son venezolanos de los que llegaron en 1815 con Morillo, quedan pocos. Suman cinco mil hombres y entra el ejército patriota más, aunque las cifras varían de autor en autor, el número está cerca de los 7.000 efectivos. La victoria patriota fue completa.

Los restos del ejército realista se retiran a Puerto Cabello y son perseguidos por Rangel. Allí se refugian. El golpe para los realistas ha sido fatal, después de esta batalla tendrán lugar cerca de 60 enfrentamientos bélicos menores hasta la última batalla en el lago de Maracaibo del 25 de julio de 1823. A Páez se le asigna perseguir y llevar a la derrota o rendición a las fuerzas realistas sobrevivientes de la Batalla de Carabobo. En esto está en 1822 y parte de 1823, hasta que lo sitia en Puerto Cabello el 7 de noviembre de este año.

Después de ofrecerle capitular y recibir la negativa de de la Calzada, Páez asalta al castillo de Puerto Cabello y vence en la refriega. Mueren cerca de 150 soldados realistas y muy pocos patriotas. Finalmente, de la Calzada capitula con un largo articulado el 10 de noviembre de 1823, que le entrega su espada personalmente al general Páez. Ha concluido la guerra en el departamento de Venezuela. La bandera española es bajada del asta, de la Calzada hecho prisionero y luego liberado a comienzos de 1824 cuando viaja desde Puerto Cabello hasta La Habana; así se entrega al último jefe realista con sus soldados.

Y va el hombre fuerte consolidando su prestigio como vemos, el general Páez. Y en ese mismo año de la batalla de Carabobo conoce a Bárbara Nieves e inicia una relación amorosa intensa hasta el momento de la muerte de Barbarita, como lo llamaban, en 1847. De tal modo que es un año de hechos esenciales en la vida de Páez. Ambos acontecimientos, la Batalla de Carabobo y la aparición de Barbarita, marcan una nueva etapa. En febrero de 1822 el presidente de Colombia, Simón Bolívar, y su vicepresidente Santander designan autoridades en el Departamento de Venezuela, nombran a Carlos Sublet, intendente general, el cargo más alto.

A José Antonio Páez, comandante general del Departamento de Venezuela, que incluía Caracas y Barinas. A José Francisco Bermúdez, lo mismo pero en el Orinoco, que incluía Guayana, Margarita, Barcelona y Cumaná. Y a Alino de Clemente en Zulia, que incluían Mérida, Trujillo, Coro y Maracaibo. No sorprende que Sublet sea el intendente, dada la cercanía e importancia de Sublet para Bolívar, además de su larga historia en el ejército patriota. Las discrepancias, eso sí, entre el vicepresidente Santander y el jefe militar del Departamento de Venezuela, general Páez, inician su ascenso.

Ya a Páez le había molestado la designación de Sublet como intendente, pero todavía más cuando se designó a Juan Escalona para sustituir a Sublet. Eso era imposible, ya que Escalona era un enemigo abierto de José Antonio Páez. Sin embargo, Páez aceptó a regañadientes y en diciembre de 1824 se presenta un tema con un grupo de hombres armados que intentan hacerse del armamento que estaba empeñado. De inmediato el general Páez interviene y los dispersa, mientras ordena juzgar militarmente a algunos prisioneros.

Cosa que al intendente Escalona le pareció impropia, ya que Páez no dio aviso al intendente ni a la Corte Superior de Justicia y estaba obviando el orden constitucional. Así se lo reclamó Escalona al gobierno en Bogotá y este le dio la razón, ordenándole al poder militar entregar al civil a los imputados. Pero cuando esta comunicación llegó, ya Páez había indultado a los del intento de Petare. Aquí hay un primer desencuentro importante en la cadena de mandos. El vicepresidente Santander pide autorización del Senado para un decreto sobre conspiradores y este lo autoriza, sancionándose el decreto 17 de marzo en 1825.

Casi de inmediato la Municipalidad de Caracas le encarga al doctor Alejo Fortique un alegato jurídico reclamando la inconstitucionalidad del decreto, circunstancia que viene a avivar aún más las diferencias entre el poder ejecutivo radicado en Bogotá y el de la municipalidad caraqueña, otro desencuentro. Y el comandante general Páez convoca del 29 de diciembre de 1825 a la población de Caracas para un alistamiento militar solicitado por el poder ejecutivo desde Bogotá, que pocos acuden a la cita, cosa que enervó a Páez y terminó increpando a las casas y audiencias que habían asistido. De esta circunstancia se valió el intendente Escalona para solicitar ante el Ejecutivo la investigación de los hechos y sus posteriores sanciones.

Escalona era un enemigo de Páez, esto hace el Ejecutivo ante el Senado y suspende a Páez de sus funciones y le ordena comparecer ante el poder legislativo reunido en Bogotá. Páez no acata la orden, mientras tanto es sustituido por el general Escalona. Lo que para muchos fue una ofensa al máximo líder militar de Venezuela y a partir de entonces se comienza a articular el desconocimiento a la medida tomada desde Bogotá, colocándose al margen de la Constitución vigente. La Municipalidad de Valencia, reunida el 30 de abril de 1826, argumentando que el pueblo había caído en un disgusto supremo como consecuencia de la separación del general Páez de sus funciones, acuerda restituirle el mando al país.

Y este acepta el 3 de mayo por medio de una proclamación. El 5 de mayo la Municipalidad de Caracas reconoce la restitución del general Páez, sumándose a lo que ha propuesto la de Valencia. Estos hechos el pueblo denominó La Cosiata, fueron de suma importancia ya que en la práctica significaban el desconocimiento del poder ejecutivo radicado en Bogotá y el desconocimiento del texto constitucional. En la última parte del programa veremos hacia dónde van estos hechos, ya regresamos.

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Ustedes escuchan Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. En la parte anterior del programa veíamos cómo avanzaban los desencuentros entre Bogotá, Caracas y Valencia y el 14 de mayo de 1826 el general Páez jura ante la Municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, así como no obedecer las nuevas órdenes del gobierno de Bogotá. Cita textual: el 29 de mayo, en sesión solemne de la Municipalidad de Caracas, juran ante Páez, ahora jefe civil y militar, las nuevas autoridades del Departamento de Venezuela, el general Santiago Mariño segundo jefe militar.

El doctor Cristóbal Mendoza, intendente; el doctor Suárez Aguado, provisor y vicario capitular; y el doctor Francisco Javier Llanes, presidente en la Corte Superior de Justicia. La autonomía del Departamento de Venezuela siguió manifestándose y una Asamblea Popular reunida el 5 de noviembre de 1826 en la Iglesia de San Francisco, en Caracas, solicita mediante voto popular que se instaure, voy a citar, "el sistema popular representativo federal como se halla establecido en los Estados Unidos de América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colón", fin de la cita, y entonces se solicita la remisión del acta al Libertador a quien invocan como mediador de las solicitudes.

Luego, a petición de Páez, se reúne otra Asamblea Popular el 7 de noviembre donde asume una posición más radical en contra del gobierno de Bogotá. Luego el 10 de noviembre se reúne otra asamblea popular en Valencia y el 13 del mismo mes Páez señala por decreto la constitución de los colegios electorales el 10 de diciembre y para el 10 de enero de 1827 la fecha de integración del Congreso Constituyente. Estas posiciones del general Páez tuvieron resistencia y muchos temían que se avanzara rápidamente hacia una guerra civil.

Santander se queja ante Bolívar del desconocimiento de la Constitución por parte de Páez y le ruega que intervenga. El presidente Bolívar envía de avanzada a O'Leary a parlamentar con Páez para buscar una conciliación. Y después 10 días de conversaciones en las que O'Leary intentaba que Páez se acogiera a lo dispuesto por Santander con base en la Constitución vigente, el llanero le dijo a O'Leary: "Espero que el presidente no me forzará a hacerme su enemigo y destruir Colombia con una guerra civil". Fin de la cita.

Como vemos, ya O'Leary sabrá a lo que se enfrenta al iniciar el viaje a finales de 1826 buscando poner orden en casa. El 11 de diciembre de 1826, Bolívar le escribe a Páez una carta sutil y amenazante a la vez. Le dice: "Contra mí el general Castillo se perdió. Contra mí el general Piar se perdió. Contra mí el general Mariño se perdió. Contra mí se perdió el general Torre Tagle. Parece que la Providencia condena a la perdición a mis enemigos personales, sean americanos o españoles, y vea usted hasta dónde se han elevado los generales Sucre, Santander y Santa Cruz". Fin de la cita, evidentemente una carta amenazante.

Mientras estas tensiones van en aumento no solo en las relaciones con Páez en Venezuela, sino en Bogotá con los seguidores de Santander, su oposición a la Constitución de Bolivia, el Libertador logra que el Congreso de Panamá tenga lugar, aunque muy lejos de la importancia que hubiera querido para que tuviera. Asistieron los delegados y deliberaron, pero nada de mayor importancia por el futuro se desprendió del encuentro más allá de cumplir con un sueño integracionista bolivariano. En verdad, el clima de descomposición en Colombia iba en aumento. Mientras empeoraba la animadversión y Bolívar se resquebrajaba, Sucre en Bolivia por la otra parte batallaba con una cantidad de quimeras.

En medio de flores, arcos de triunfo, coronas de laurel, bambalinas y guirnaldas entraron juntos el Libertador y Páez a Caracas. El 4 de enero de 1827 Bolívar designó a Páez con un cargo que no figuraba en la Constitución vigente, jefe supremo, reconociendo así su liderazgo y colocándose al margen de la carta magna, provocando el desagrado máximo del Congreso reunido en Bogotá. Y del hombre de las leyes, que era como llamaban al general Santander. Bolívar permaneció seis meses en Caracas poniendo orden en distintas ramas y consolidando con su actitud el poder del país. Mientras en Bogotá, la oposición a la Constitución de Bolivia y al propio Libertador iba en aumento.

Como vemos, sofocaba a Bolívar la rebelión venezolana, pero al hacerlo ofendía a los constitucionalistas neogranadinos, lograba detener la separación inmediata de Venezuela, pero en su fuero interno comprendía que había colocado un paño caliente sobre una derrota cantada. Partió de La Guaira el 4 de julio de 1827 rumbo a Cartagena para luego subir a Bogotá por el río Magdalena, una vía que recorrió infinidad de veces a lo largo de su vida. Fue la última vez que estuvo en su país natal y la Asamblea de Valencia entonces designa a Páez para que consagre la separación de Colombia, convoque un Congreso constituyente. Y antes de la fecha anunciada tuvieron lugar las asambleas que convocó Bolívar en agosto de 1829.

Esas asambleas las instaba a manifestarse en cuanto a la constitución que querían, pues casi todas se expresaban a favor de la separación de Colombia y en contra de Bolívar. De modo que no fue Páez el que se propuso esta tarea solo, sino realmente Páez buscaba la separación, pero también la buscaba porque la mayoría así lo quería, eso es lo que hace evidente el acta de la Municipalidad de Valencia, el 29 de noviembre de 1829 serenamente recogía la voluntad del cabildo. Cito: "Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y Quito porque las leyes que convienen a esos territorios no son a propósito para este, enteramente distinto por costumbres, clima y producciones, y porque en la grande extensión pierden las fuerzas y energía", fin de la cita.

El 13 de enero el general Páez asume el mando de acuerdo con el dictamen de la Asamblea de Valencia y convoca un Congreso constituyente, así como a un gabinete ejecutivo. El Congreso se instala en la Casa de la Estrella, en Valencia, el 6 de mayo de 1830 e inicia deliberación. El 13 de mayo, el Departamento del Sur de Colombia se separa y declara al Estado Independiente de Ecuador, al mando del venezolano Juan José Flores de Puerto Cabello. Estas noticias las va recibiendo Bolívar en su viaje hacia la costa colombiana derrotado y enfermo. Entre tanto, el Congreso Constituyente de Valencia continuó en su tarea y la concluye el 22 de septiembre de 1830, cuando se sanciona la nueva Constitución Nacional.

Entonces se restaura la República de Venezuela, aquella que fue fundada el 5 de julio de 1811 y que se subsumió como un departamento de la República de Colombia el 17 de diciembre de 1819. Para entonces, la experiencia constitucional se fundamentaba en las cartas magnas de 1811 en Caracas, 1819 en Angostura y 1821 en Cúcuta. Las deliberaciones del Congreso Constituyente no condujeron una vuelta al federalismo en 1811, pero tampoco al centralismo extremo de 1819. Se redactó una constitución que tenía de ambas improntas. Luego el 24 de marzo de 1831, sobre la base del texto constitucional, va a ser elegido José Antonio Páez presidente de la República.

Mientras se perfeccionaba el texto constitucional, el Congreso Constituyente, presidido por el doctor Miguel Peña, sancionó un reglamento en 10 de julio mediante el cual el Poder Ejecutivo Provisional recaía sobre la figura del general Páez con la denominación de presidente del Estado de Venezuela; a su vez Diego Bautista Urbaneja era designado vicepresidente. Así venía a perfeccionarse un mando de facto que detentaba Páez desde 1829, cuando la separación de Venezuela de la República de Colombia ya era un hecho de fuerza jurídica, aunque ya hemos visto que a partir de 1826, con los acontecimientos en la Cosiata y participación de Venezuela, el proyecto gran colombiano estaba seriamente presente. El general José Antonio Páez es elegido por el Congreso de la República el 24 de marzo de 1831 dentro de los parámetros fijados por la Constitución Nacional de 1830.

La capital de la República pasa de Valencia a Caracas, con lo que muchos autores interpretan que la asesoría del doctor Miguel Peña a Páez deja de ejercer su influjo. No cabe la menor duda acerca del peso del doctor Peña en el ánimo de Páez, peso que provenía de su autoridad jurídica y su conocimiento del mundo civil. Sin embargo, sería exagerado señalar que su influencia fue tan determinante como para desplazar las cavilaciones del propio caudillo llanero, que sin duda la tenía. Así como tampoco los consejos de Carlos Sublet fueron acogidos en su totalidad por Páez.

No hay que olvidar que Páez, a sus 42 años, se acercaba a la madurez, ya contaba con años de entrenamiento en los asuntos de la política. Hasta aquí nuestro programa de hoy, este primer capítulo. Habla para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y en la dirección técnica Fernando Camacho y Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com o en Twitter arroba rafaelarraiz.

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