Serie Militares
8 de julio de 2021

Serie Militares. Antonio José de Sucre

Militares. Antonio José de Sucre

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"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente 30.720. Hoy continuamos con la serie de militares venezolanos que venimos desarrollando desde hace ya varias semanas. Nos toca hoy Antonio José de Sucre, el gran mariscal de Ayacucho."

El primer Sucre llegó a Cumaná en 1733 y provenía de Flandes, que era noble. El tatarabuelo del mariscal fue Carlos Adrián de Sucre de Yves, y fue barón y marqués de Pré y de Nojela. El primero que se establece en Cumaná de manera definitiva es Antonio de Sucre y Treyes, padre de Vicente de Sucre y Urbaneja. Este último casó con María Manuela de Alcalá, Sánchez, y tuvieron nueve hijos, entre ellos Antonio José.

La señora Sucre fallece en 1802 y el padre se vuelve a casar en 1803 y tiene nueve hijos más. De tal modo que nuestro futuro mariscal es huérfano de madre como Bolívar, desde los siete años. Como vemos, se trata de una familia principal por todos los costados.

El bisabuelo de Sucre, Carlos Francisco de Sucre y Pardo, fue gobernador y capitán general de las provincias de Nueva Andalucía y Guayana, además del fundador de Aragua de Barcelona. Su abuelo Antonio de Sucre y Treyes hizo carrera militar y llegó a coronel. El padre de Antonio José, Vicente de Sucre y Urbaneja, también coronel, fue además regidor y alcalde de Cumaná.

Luego, ya con la República, integró la Junta Suprema del Gobierno de Cumaná y fue gobernador de Guayana y comandante militar del Bajo Orinoco. Por otra parte, los Alcalá se distinguieron como educadores, escritores y sacerdotes. Ambas familias participaron decididamente en la causa republicana.

Es muy poco lo que se sabe de la infancia de Antoñito Sucre. Integraba una de las familias de la elite cumaneza, como es obvio, y su padre era una autoridad en la ciudad. De tal modo que creció con el poder metido dentro de la casa.

También es cierto que conoció la tristeza infinita de la orfandad, pero siendo integrante de una familia numerosísima, 18 hermanos, la soledad no le acompañó nunca. También sabemos que frecuentó la hacienda de su padre, cerca de Mariguitar en Cachamauré, y fue un nadador aventajadísimo, habiendo pasado su niñez chapuceando en las aguas de los cumanagotos y huyéndole al calor exasperante de la ciudad.

Sabemos que al morir la madre, ante las exigencias del padre frente a tantos hijos, se ocupó de su educación su tío José Manuel de Sucre, quien lo llevó a estudiar con Juan Pires y Correa. Luego, José Manuel convenció al padre de que enviaran al adolescente a estudiar a Caracas, cosa que se logra al cuidado de su padrino, el arcediano de la Catedral de Caracas, Antonio Patricio de Alcalá.

Y será en casa del arcediano Alcalá donde llegue el muchacho entre las esquinas de Salvador de León y Cují en 1808, con 13 años y muchas ganas de estudiar. Eso hace, en la escuela de ingeniería militar recién fundada por el coronel de Ingenieros Tomás Mires. Estudia matemática, álgebra, aritmética, geometría, topografía, dibujo lineal y topográfico, construcciones civiles y militares, además del manejo de armas, táctica, estrategia y ceremonial militar, así como dirección de tropas y ejercicios militares.

De modo que Sucre tuvo una muy buena formación para lo que podía obtenerse en la época en Caracas. Estaba en la capital el 19 de abril de 1810 y los sucesos lo condujeron a abandonar los estudios y a regresar a Cumaná. La junta de gobierno de su ciudad natal lo designa subteniente de infantería como oficial del cuerpo de ingenieros y se inicia su carrera militar.

Allá sigue su entrenamiento hasta que en 1811 es trasladado a Margarita con la designación de comandante de ingenieros y luego es ascendido a teniente. En 1812 es enviado a reforzar el ejército con que Miranda enfrenta a Domingo de Monteverde, y tiene lugar su bautizo de fuego: la Batalla de La Victoria del 20 de junio de 1812. Luego es enviado a Barcelona al frente de la comandancia de artillería, en una avanzada presidida por su padre.

Entonces se enteran de la capitulación de Miranda en San Mateo y regresan a buscar refugio en Cumaná. Han concluido así sus primeros años militares, tiene apenas 17 años. Y ahora lo vamos a hallar en enero de 1813, cuando han desembarcado en Güiria procedentes del islote de Chacachacare Santiago Mariño y los jóvenes republicanos que buscan la libertad.

A ellos se va a sumar Antoñito Sucre, quien participa en la primera batalla en Güiria el 13 de este mes. Entonces es ascendido a teniente coronel por Mariño. Toda la campaña la hace Sucre a las órdenes de Santiago Mariño y llega 1814.

Se unen los ejércitos de Bolívar y Mariño, dan la Batalla de Boca Chica el 31 de marzo y la primera de Carabobo en mayo, hasta que son derrotados por Boves en la Batalla de La Puerta el 15 de junio. Allí es hecho prisionero Pedro Sucre, su hermano, luego ejecutado. Luego, en octubre, Boves toma Cumaná y fallecen Vicente y Magdalena Sucre, dos hermanos más, dados de baja por la contienda.

Sucre termina este año catastrófico en Margarita, adonde se ha ido con Bermúdez, un año que han sido pasados por las armas tres de sus hermanos. En 1815 tenemos al joven cumenés en Martinica, luego en Santo Tomás, y desde mediados de año en Cartagena, donde va a participar en el célebre sitio de la ciudad. Allí resistieron tres meses a las órdenes de Lino de Pombo y Carlos Soublette hasta que fueron derrotados y tuvieron que abandonar la ciudad en diciembre de este año.

Se fueron a Haití y en 1816 pasó Sucre de Haití a Trinidad sin participar en la Expedición de los Cayos presidida por Simón Bolívar. Cuando se enteró de la existencia en Trinidad de esta expedición, ya era tarde para incorporarse. Tomó una embarcación para llegar a Venezuela pero naufragó y salvó la vida por un tris gracias al auxilio de unos pescadores solidarios.

Finalmente llega a Oriente y Mariño lo designa jefe de su estado mayor, comandante del Batallón Colombia, y lo asciende a coronel. Batalla en Cumaná el 10 de junio y pierden, y luego ganan en Jaguaraparo el 2 de septiembre y repiten victoria el 19 de enero de 1817 en Cumaná. Ese año de 1817, Mariño, envalentonado, se dispone a desconocer a Bolívar una vez más y convoca el Congreso de Cariaco, el 8 de mayo de 1817.

Sucre y Rafael Urdaneta abandonan a Mariño y se mueven a Angostura a ponerse a las órdenes del Libertador. Bolívar designa a Sucre gobernador de la plaza del antiguo Guayana y comandante general del Bajo Orinoco en septiembre, y luego, en octubre, lo envía a las órdenes de Bermúdez en Cumaná como jefe del estado mayor. El Libertador le encarga la tarea de lograr un avenimiento con Mariño, pero no tiene éxito.

Sigue este año 1818 bajo las órdenes y combate en Güiria y Río Caribe entre septiembre y octubre de este año. En 1819, el vicepresidente de la República de Venezuela, Francisco Antonio Cea, le asciende a general de brigada y se dirige a Nueva Granada, cuando se encuentra con Bolívar en Achaguas y éste lo trae de nuevo a Angostura. Le encarga la organización de la navegación de la Legión Británica desde Angostura hasta San Fernando de Apure.

Se va ganando el aprecio de Bolívar y éste le asigna tareas cada vez más importantes. Y el 16 de febrero de 1820 sale Sucre hacia las Antillas a comprar armas, municiones, en reivindicación de Bolívar. Regresa el 15 de abril con la misión cumplida y ante la enfermedad del general Pedro Briseño Méndez, el Libertador lo designa secretario de Guerra y Marina accidental, ya se revelaba la confianza que le tenía a Sucre.

Y al regresar de sus malestares Briseño Méndez, el Libertador designa a Sucre en la comisión negociadora del Tratado de Armisticio con Pablo Morillo. En la próxima parte del programa veremos estos acontecimientos. Estás escuchando Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarrice@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

El 31 de enero de 1855 se juramenta José Tadeo Monagas en el templo San Francisco en Caracas, como presidente de la República para ese período constitucional 1855-1859. Rafael Arráiz Lucca nos narra la historia nacional en toda su expresión, de una forma profunda y amena. Venezolanos, sábados 12 del mediodía, domingos 10 de la mañana, somos Unión Radio Cultural.

En la primera parte del programa hablábamos del armisticio que va a firmar Simón Bolívar con Pablo Morillo y el primer negociador va a ser Antonio José de Sucre. Y Bolívar, en un texto que se titula "Resumen sucinto de la vida del general Sucre", publicado sin la firma de Bolívar en 1825, pero confirmada su autoría por carta del propio Bolívar a Sucre el 21 de febrero de ese mismo año. Allí Bolívar afirma, cito: "Este tratado es digno del alma del general Sucre".

"La benignidad, la clemencia y el genio de la beneficencia lo dictaron. Él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra. Él será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho". Y en el mismo texto, al referirse a los años en que Sucre estuvo en campaña en Oriente entre 1813 y 1817, afirma el Libertador, voy a citarlo, refiriéndose a Sucre: "Era el alma del ejército en que servía, él metodizaba todo, él lo dirigía todo, más con esa modestia, con esa gracia con que hermosea cuanto ejecutan".

"En medio de las convulsiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el general Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejo, de guía, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. Él era el azote del desorden y sin embargo, ¡el amigo de todos!".

Y en enero de 1822, Bolívar inicia la campaña del sur con el objeto de derrotar a las fuerzas realistas que dominan el sur de Colombia, el futuro Ecuador y Perú. Sucre se adelanta a Bolívar en su camino hacia Quito, mientras al Libertador se le presenta la no buscada batalla de Bomboná, cerca de Pasto. Las fuerzas realistas en las ciudades neogranadinas, y el 7 de abril tiene lugar la batalla de dos ejércitos con cerca de dos mil hombres cada uno. ¡La pérdida es casi igual para ambos bandos!

Los daños sufridos por los patriotas no fueron pocos, al punto que Bolívar se ve en la necesidad de detener la marcha y no participa en la Batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822, cuando el general Sucre se cubre de gloria. En la batalla de Pichincha, la victoria de Sucre es completa a pesar de haber tenido cerca de 400 bajas, mientras los realistas suman cerca de seiscientas y la rendición de más de mil prisioneros. Además de Sucre, en la batalla se distinguieron el neogranadino José María Córdoba y el ecuatoriano Abdón Calderón.

Entonces emergió el genio magnánimo de Sucre: le concedió una capitulación honrosa al mariscal de campo Melchor Aymerich, quien admitió su derrota, quedando libre de fuerzas realistas el territorio de la futura República del Ecuador. Por su parte, al enterarse Basilio García de la derrota realista en Pichincha, capitula ante Bolívar, y éste sale de Pasto rumbo a Quito, adonde llega en junio. Estando en Quito, desde Perú solicitan la presencia del Libertador para derrotar a los realistas, y Bolívar se moviliza hacia Lima por vía marítima.

Allá llega el 2 de septiembre de 1823. Hacia finales del año y en enero de 1824 enferma en Pativilca y le prescriben reposo. En febrero, el Congreso de Perú lo designa dictador y pone en marcha la estrategia para la futura batalla de Junín cerca de Jauja; esta ocurre el 6 de agosto de 1824 y fue la última en la que Bolívar estuvo presente dirigiéndola.

El saldo es favorable a los patriotas después de una hora de combate, cuando José de Canterac se retira hacia Huancayo a reunirse con el virrey José de La Serna e Hinojosa. A darle descanso a las tropas y a prepararse para otra confrontación, Bolívar por su parte se reúne con Sucre en Santa Isca, le entrega el mando del ejército y se retira a Lima a preparar el Congreso Anfictiónico de Panamá. El virrey y Canterac, al mando del ejército de más de nueve mil hombres, buscan el enfrentamiento con Antonio José de Sucre, que cuenta con cerca de seis mil efectivos.

En la gran diferencia los movimientos y preparaciones se prolongan desde agosto hasta diciembre. Y el 9 de diciembre de 1824 tuvo lugar la última batalla de importancia entre los patriotas y realistas en América, la Batalla de Ayacucho. El ejército patriota comandado por Antonio José de Sucre contaba como jefe del Estado Mayor a Agustín Gamarra, peruano; como jefe de la caballería a Guillermo Miller, un inglés. Al frente de las tres divisiones estaban José María Córdoba, neogranadino, José de La Mar, que había nacido en Cuenca, Ecuador, pero se consideraba peruano, y Jacinto Lara, el venezolano.

Nótese que, casual o no, las nacionalidades representaban el mismo crisol de toda la guerra de la independencia, incluso en sus gradaciones de importancia. Por su parte, los realistas estaban comandados por el virrey José de La Serna, el comandante de caballería Valentín Ferraz, el jefe del Estado Mayor José de Canterac, y los jefes de divisiones Jerónimo Valdés, Juan Antonio Monet, Alejandro González Villalobos y José Carratalá, quienes enfrentaron la contienda.

La batalla toma hora y media y el triunfo de los patriotas es contundente: alrededor de 1.800 muertos, cerca de dos mil prisioneros y más de 600 heridos realistas, que condujeron a la capitulación requerida por Canterac, ya que el virrey sufrió siete heridas y quedó fuera de combate. El ejército de Sucre sufrió cerca de 400 muertos, alrededor de 700 heridos. En el mismo campo de batalla, Sucre otorga los ascensos a Córdoba y Lara, a Silva, Carvajal, Otero y Sández, y él mismo es ascendido días después por Bolívar a Gran Mariscal de Ayacucho, el título más alto alcanzado después del Libertador.

Sobre esta tarea de Sucre en Ayacucho afirma Arturo Uslar Pietri, cito: "La capitulación de Ayacucho, que es una capitulación que concede todos los honores, lleva estampada la firma de Sucre. Esa es en realidad la que pudiéramos llamar el acta final y definitiva de la emancipación del mundo americano, del dominio de los grandes imperios coloniales que lo han sujetado durante más de tres siglos, y esa gloria recaía primordialmente en un joven de veintinueve años, que era la edad que Sucre tenía en Ayacucho". Eso dice el maestro Uslar Pietri.

Y después de la victoria de Ayacucho, Bolívar le ordena a Sucre seguir hacia el Alto Perú. Una región aislada con características propias de tal significación que resultó lógica la creación de una república. Además, las jurisdicciones de la zona las ejercían tanto Argentina como Perú, sin que se avizorara una solución negociada, y como añadido era un reducto realista a vencer definitivamente.

En medio de este contexto, al mariscal Sucre le pareció viable la conformación de una Asamblea en Chuquisaca y ésta se reunió y optó por declararse independiente el 6 de agosto de 1825. El primer nombre que escogieron fue el de Bolívar, pero el diputado y presbítero Manuel Martín Cruz dijo que si de Rómulo, Roma, de Bolívar, Bolivia. A todos les pareció un argumento convincente, incluido al propio Bolívar a la distancia, por supuesto, y a partir de ese momento él se siente comprometido hondamente con aquella contribución definitiva a la eternidad de la gloria bolivariana.

De hecho, fíjense, desaparecida Rhodesia, que se llamaba así por Cecil Rhodes, dividido en Zambia y en Zimbabwe, los dos únicos estados del mundo que llevan por denominación un apellido son Colombia y Bolivia. Y además, que sepamos, el único estado cuyo nombre alude a otro es Venezuela, que alude a Venecia, por supuesto. De tal modo que la República de Bolivia dio sus primeros pasos y la Asamblea Constituyente le encargó a Bolívar la redacción de la primera Constitución.

Allí, el centralismo del Libertador y su horror a la anarquía les llevaron de la mano a redactar una carta magna que establecía "la presidencia vitalicia" del designado como presidente y la posibilidad de que éste escogiera a su sucesor. Como era de esperarse, lógicamente, los neogranadinos formados en el pensamiento liberal se opusieron por la impronta monárquica de la propuesta, ya que era un contrasentido haber hecho la guerra a la monarquía española para venir a instaurar una propia.

Esto ocurrió cuando Bolívar propone implantar la Constitución de Bolivia en Colombia, o sea, no lo logra, obviamente. No obstante la oposición que fue hallando en el camino, Bolívar hizo aprobar su Constitución en Bolivia y designó a Sucre presidente vitalicio. Pero este caballero aceptó ejercerla por dos años.

Le aceptó a Bolívar ejercer la presidencia fundadora del nuevo estado apenas por dos años. Esto está ocurriendo en 1826 y Sucre le dice: hasta 1828, allí me voy, y así lo hizo. En esa época Bolívar demanda a Simón Rodríguez para que se ocupe de la educación en Bolivia, y las cartas de Sucre señalando que era imposible implantar los proyectos educativos de Rodríguez son de lo más interesante, ¿verdad?

Por otra parte, la presidencia desde Chuquisaca, que a partir de entonces va a denominarse Sucre en su honor, estuvo signada por no pocos acontecimientos. Allí el mariscal Sucre padece un intento de asesinato en el motín de Chuquisaca, el 18 de abril de 1828, junto con sus esfuerzos en distintas áreas. Porque mientras tratan de atentar contra su vida, Sucre, por otra parte, está abriendo camino implantando una educación, ocupándose de los correos, la policía y la hacienda pública, de los hospitales, de las escuelas y la justicia.

De la minería o de la agricultura, entre otros temas urgentes para un Estado que está en formación. Además, en 1827 tiene que enfrentar el intento de peruanos y bolivianos por volver a la situación anterior a la creación de Bolivia. Esto no fue coser y cantar, es un proceso complicado, y en medio de toda esta circunstancia apremiante para el mariscal Sucre, pues le quedó tiempo para engendrar dos hijos.

Uno con Rosalía Cortés llamado José María, que nace en 1826, y otro con María Manuela Rojas que se va a llamar Pedro César de Sucre, nacido en 1828. Y con motivo de la invasión de los peruanos, Sucre estuvo temporalmente separado de la presidencia hasta que regresó a Chuquisaca a entregarla ante el Congreso reunido el 2 de agosto de 1828.

Entonces ya le había cumplido a Bolívar y ansiaba irse a Quito, donde lo esperaba su esposa Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, con quien Sucre se había casado por poder el 25 de enero de 1828. Las cartas entre Sucre y Bolívar de esos años dan cuenta de su espíritu, los intereses de este personaje tan excepcional.

El 27 de marzo de 1826 le dice Sucre a Bolívar: "Después de meditar mucho sobre lo que debo hacer, me parece que lo mejor es que usted me permita ir a Europa, a viajar e instruirme por 2 o 3 años. En que estudiaré mucho y volveré el año 29 en que usted será reelegido presidente de Colombia para trabajar mucho, mucho por nuestro país al lado de usted".

"Ahora estoy cierto que mi inexperiencia va a desacreditarme aquí. Yo no haría ni este viaje a Europa, proyecto que si no fuera por el deseo de volver a servir al lado de usted, pues en otro modo desde ahora mismo me iría a mi vida privada, que es el objeto de mi vehemente deseo". Muy interesante que está diciendo, solicitando permiso para irse a Europa, por supuesto Bolívar no se lo concedió.

Y fíjense en lo que vuelve a decirle el 6 de junio de 1826, Sucre a Bolívar, en una carta escrita en Chuquisaca. Le dice: "Confieso que tiemblo con la idea de mandar a ningún pueblo, y mucho más si usted se aleja, pero aunque tenga que forzar mis inclinaciones y mi carácter, aunque tenga que comprometerme, aunque esté aburrido con el mando. Si usted quiere o me exige que me quede, ¿qué hacer? Me estaré en Bolivia como usted desea, pero le suplico que mi permanencia aquí no pase de este año y el que viene".

"En ese tiempo no perderé un momento para plantear la Constitución y las leyes". Esto se lo está diciendo en 1826. Aquí hay un cortocircuito porque por una parte Bolívar quiere que sea presidente vitalicio y por otra Sucre no quiere ni siquiera ser presidente, y le está aceptando por la insistencia de Bolívar, como es evidente en estas cartas.

Es una asombrosa confesión la verdad, sobre todo si consideramos que Bolívar previó en su Constitución de Bolivia de 1826 la presidencia vitalicia hereditaria. O sea, si a Sucre le hubiese gustado mandar, bueno, le habían entregado el poder ad aeternitatem, es decir, para toda su vida, y él al contrario lo está diciendo: dos años y me voy, ¡qué ironía!

Es obvio que Sucre no quería estar allí y así se lo repite a Bolívar en carta del 4 de septiembre de 1826. Dice Sucre, hablando de la presidencia: "Usted me aconseja que admita la de Bolivia si me lo dan". "Y yo creo que desde que la acepte vitalicia, pierdo mucho de la opinión de que yo gozo y esto redundaría contra el país en su arreglo, además no quiero".

"Pensaré qué partido tome, por ahora solo me ocurre, si me la confieren, decir que la aceptaré con tal de que se permita renunciarla el año 28 el vicepresidente, que apruebe el primer Congreso Constitucional". Impresionante, estas cartas, Sucre señalando todo esto es algo realmente asombroso. Y en efecto así lo hizo: renunció en 1828 y se fue a Quito, a experimentar la vida privada con su esposa y una niña que estaba por nacer.

Todo un caso de estudio el mariscal Sucre. Le entregaban el poder en bandeja de plata para toda la vida y él estaba soñando con el momento de entregarlo de vuelta. Una rarísima rara avis entre nosotros. El 30 de septiembre de 1828 Sucre llega a Quito a su casa con Mariana Carcelén y sale, de nuevo al pedido de Bolívar, en enero de 1829.

Tres meses apenas estuvo en su soñada vida doméstica. Las exigencias de la guerra tocan la puerta: es necesario enfrentar a los antibolivarianos del sur de Colombia. José María Obando se alza en Popayán y se le suma a José Hilario López, y ambos estimularon a La Mar al frente del Perú para que la emprendiera en contra de Bolívar.

Este, por su parte, se mueve de Bogotá hacia el sur a parlamentar con Obando y lo convence de que depongan las armas. Llegan a un acuerdo. Mientras tanto, el 27 de febrero de 1829, el mariscal Sucre y Juan José Flores derrotan a La Mar y Gamarra en el Portete de Tarquí cerca de Cuenca, hoy en día Ecuador.

Los peruanos habían invadido a Colombia en oposición a Bolívar. Como vemos, se había abierto la caja de Pandora y los demonios oposicionistas al centralismo bolivariano andaban sueltos. De hecho, La Mar había obligado a Sucre a renunciar a la presidencia de Bolivia en 1828, por más que Sucre no pensaba estar al frente de ella más allá de este año.

La descomposición del mapa bolivariano se generalizaba. Antes de partir hacia el sur, el Libertador Presidente dispuso que las elecciones para un Congreso constituyente se celebraran en julio de 1829 y la instalación en enero de 1830. Así le ponía fecha de caducidad a su dictadura en Colombia, desdiciendo a los que creían que pretendía perpetuarse con poderes extraordinarios.

Bolívar no perdía el sentido de la realidad y era evidente que su gobierno fuerte, lejos de poner orden y acabar con la anarquía que tanto temía, estaba haciendo aguas por todas partes. A la rebelión antivolivariana se va a sumar el general Córdoba. Y el Congreso constituyente convocado por Bolívar se reúne a partir del 2 de enero de 1830, en Bogotá.

El Libertador se presenta el 15 de enero seriamente resentido de salud, así lo confirman diversos testimonios directos. Allí impone al mariscal Sucre como presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Estévez, como vicepresidente. Curiosamente llamó el Congreso admirable a la Asamblea que tuvo muy poco de ello, sobre todo para él, que acudió en medio de la mayor amargura.

Y así se reflejó su discurso de renuncia de la presidencia y abandono de vida pública. Designa a Domingo Caicedo como presidente interino y se va, concluye el discurso afirmando: "Con ciudadanos me ruborizo al decirlo. La independencia es lo único bien que hemos adquirido a costa de los demás". Vaya, vaya.

Y el mariscal Sucre comprende que su trabajo al lado de Bolívar pasa por un cono de sombra y decide regresar a Quito con su esposa. Parte de Bogotá hacia Quito sin tomar el camino de Buenaventura, como se lo habían recomendado muchas veces, es hacia el puerto de Buenaventura y se va por el camino terrestre, no por el océano Pacífico, con rumbo a Guayaquil, sino por el camino terrestre, que forzosamente lo lleva por Popayán y Pasto. Una zona históricamente antibolivariana e hiperrealista.

Y fue asesinado de cuatro balazos muy cerca del bosque de Berruecos la mañana del 4 de junio de 1830, cuando iba por la espesura del bosque con una comitiva reducida, menos de diez acompañantes. En la última parte del programa vamos a ver quiénes fueron los asesinos del mariscal Sucre, ya regresando.

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Decíamos en la parte anterior del programa que íbamos a trabajar a referir el asesinato del mariscal Sucre. Y sobre los autores materiales no hay duda: fueron Apolinar Morillo, José Herazo, Juan Gregorio Sarría, Juan Cusco, Andrés Rodríguez y Juan Gregorio Rodríguez, una combinatoria de guerrilleros mercenarios y gente de malvivir. Sobre los autores intelectuales, en 1839 se hizo preso a Erazo por otros motivos, y entonces se interrogó a Morillo, quien confesó que actuaban por instrucciones del general José María Obando, que formaba parte del grupo de enemigos políticos del Libertador.

Lamentablemente también se cuenta con cartas que incriminan como sospechoso al general Juan José Flores, quien tenía un interés particular en que Sucre no regresara a Quito a disputarle su liderazgo, pero Flores no está entre los sentenciados del juicio, de modo que siempre quedará la duda de si estuvo o no, aunque las cartas lo incriminan como sospechoso. Además, todo indica que el general José Hilario López integró la conjura. En cualquier caso, es evidente que se trató de un asesinato de móviles políticos perpetrado por los enemigos de Bolívar, que veían en Sucre a su legítimo sucesor.

De esto no hay dudas sobre este hecho. Por supuesto han corrido ríos de tinta. Algunos buscan inclinar la balanza hacia Flores, otros hacia Obando, y de acuerdo con lo investigado por nosotros, el contratista directo de los autores materiales fue Obando. Pareciera que Flores y López estaban de acuerdo, según se desprende de las cartas que los comprometen, pero lo que está claro es que quien contrata a los autores materiales es Obando, de modo que allí no hay duda.

Morillo fue ejecutado en la Plaza Mayor de Bogotá en 1842, mientras otros autores intelectuales corrieron con mejor suerte o murieron antes del juicio. La verdad es que si el bolivarianismo contaba con un sucesor de altos quilates, esa perspectiva quedó en un camino boscoso entre Colombia y Ecuador. Con apenas 35 años de existencia, que era lo que tenía el mariscal Sucre, fue la puntilla para los quebrantos de Bolívar entonces en la costa buscando un destino europeo, pero envejecido y batallando con una severa afección pulmonar.

Así estaba Simón Bolívar en la costa colombiana, primero en Cartagena, después en Barranquilla y finalmente en Santa Marta. El concepto que Bolívar tenía de Sucre, como he sabido, era altísimo. En una carta del 9 de febrero de 1825 a Santander, Bolívar afirmaba: "Cuanto más considero al gobierno de usted, tanto más me confirmo en la idea que usted es el héroe de la administración americana. La gloria de usted y la de Sucre son inmensas. Si yo conociese la envidia, los envidiaría. Yo soy el hombre de las dificultades, usted es el hombre de las leyes y Sucre el hombre del augurio".

Fin de la cita. Bolívar, en 1825, en carta dirigida a Francisco de Paula Santander. Ciertamente, las victorias militares de Sucre fueron redondas y Bolívar tenía en alta estima su magnanimidad con los vencidos y sus dotes. Así como su notable modestia. En verdad, Sucre es un personaje excepcional en muchos sentidos.

Sus virtudes destacaban particularmente por su civilidad. La precocidad de Sucre además es proverbial, hemos recorrido 35 años de un hombre que muere cuando ni siquiera se acercaba a la madurez y ya tenía una hoja de servicios asombrosa. Ningún prócer, ningún otro prócer de su tiempo, tuvo el respeto de Bolívar en las magnitudes que lo tuvo Antonio José de Sucre y Alcalá.

En una carta del 21 de febrero de 1825 se lo dice expresamente, Bolívar a Sucre: "Usted, créame, general, nadie ama la gloria y usted tanto como yo; jamás un jefe ha tributado más gloria a un subalterno". Bueno, esta es una confesión extraordinaria de Bolívar, la voy a repetir: "Usted, créame, general. Nadie ama la gloria que usted tanto como yo, jamás un jefe ha tributado más gloria a un subalterno".

Bien, además de que le merecía, sin la menor duda, uno puede advertir una identidad y origen entre ambos. Porque fíjense cómo comienza la microbiografía que el Libertador escribe del mariscal Sucre, la que señalamos antes. Dice Bolívar: "El general Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, en las provincias de Venezuela, el 3 de febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos". Fin de la cita.

No hay duda de que Sucre era el sucesor de Bolívar y por eso lo asesinaron. De eso no cabe la menor duda. Suscribo unas palabras de Uslar Pietri sobre la personalidad de Sucre. Les leo: "Junto a esto tenía un valor sereno, una inteligencia sumamente lúcida, un desprendimiento en grado heroico que más tarde pudo manifestarse en plenitud y una formación de ingeniero y de técnico que le daba una superioridad sobre la mayor parte de sus conmilitones en la lucha de la independencia".

Este es un fragmento del programa Valores Humanos, de Arturo Uslar Pietri, recogido en textos, en el año 1974. Tan solo añado a lo dicho por Uslar que la magnanimidad de Sucre con los vencidos es singular en toda nuestra historia y su desapego por el poder es un caso extrañísimo entre nosotros, los venezolanos. Ambas conductas, magnanimidad y desapego, hacen de Sucre el prócer más raro de todo nuestro proceso independentista.

Finalmente, dejemos que sus palabras hablen en un mensaje en que entrega la presidencia a Bolivia el 2 de agosto de 1828. Esta es una pieza digna de aplausos prolongados que hay que leerla, cuando él entrega el poder allá en Bolivia en 1828. Ahí va a decirlo:

"Para alcanzar aquellos bienes en medio de los partidos que se agitaron quince años y la desolación del país no he hecho gemir a ningún boliviano, ninguna viuda, ningún huérfano solloza por mi causa. He levantado del suplicio a porción de infelices condenados por la ley y he señalado mi gobierno por la clemencia, la tolerancia y la bondad".

Fin de la cita. Aquí está Sucre de pies a cabeza, les repito, señalando: "mi gobierno por la clemencia, la tolerancia y la bondad". Caramba, este es un hombre al que apenas comenzando la vida los realistas le han matado a tres hermanos: a Pedro, a Vicente y a una de sus hermanas. A Pedro en campaña, a Vicente y su hermana en Cumaná cuando Boves entró en la ciudad y pasó por el filo a medio mundo.

Este es un hombre que ha padecido un atentado, por cierto, el atentado no eran conchas de ajo. Le dejaron casi inútil un brazo porque recibió tres balazos en un brazo y sin embargo este es un hombre que está diciendo que su gobierno está signado por la clemencia, la tolerancia y la bondad. Yo creo que aquí estamos ante un caso sumamente atípico, extraño, de hondura personal, un hombre que no quiere el poder, que se lo dice a Bolívar de todas las maneras posibles.

Que además era un estratega militar excepcional en quien, por supuesto, Bolívar confiaba plenamente con sus realizaciones. De modo que este es el caso de Antonio José de Sucre, un prócer entrañable que uno no se cansa de estudiar y de admirar con asombro.

Hasta aquí nuestro programa de hoy. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Giancarlo Caravalle. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarrice@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Hasta nuestro próximo encuentro.

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