Serie Los del Podio
1 de mayo de 2024

Serie Los del podio III. Luisa Pernalete. Cap 6.

Serie Los del podio III. Luisa Pernalete. Cap 6.

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Venezolanos. Nuestro programa Los del Podio. Querida en Venezuela por todo su trabajo. Bienvenida, Luisa. Bueno, muchas gracias y muchísimas gracias por la oportunidad, pues la agradecida soy yo. Bueno, Luisa, tú naciste en Barquisimeto en el año 1953. ¿Cómo era esa casa a la que tú llegaste?

Mira, una familia grande, nosotros somos cinco hermanas y un varón, yo soy la quinta de esta familia, una familia muy unida. Hoy ya murió el varón, pero seguimos muy unidas todas las chicas. Y bueno, tengo que decir que mi papá, que era músico de profesión, de joven me apegó a lo trujillano. Pero claro, mi abuelo también músico, también de Trujillo, bueno, yo creo que él fue caroreño, pero se mudó a Trujillo, y era el director de la banda, que era algo así como la orquesta de hoy.

Y mi papá aprendió de mi abuelo sus dos profesiones: la música, me tocaba saxofón, clarinete y sastre, porque él decía... Mi abuelo decía: con la música no puedo mantener familia. Entonces mi papá decía lo mismo. Me pasé un momento acá, de ahí a Carigua, después a Barquisimeto y bueno, hice caso con mi mamá, pues una mujer muy de Cojedes pero muy trabajadora. ¿Cómo se llamaban tus padres? Mi papá, Fran Pernalete. ¿Y tu mamá?

Mi mamá, Luisa Elena de Pernalete Pérez de Pernalete. Yo soy la número cinco. Dicen los psicólogos que los sánduches, que no somos ni los mayores ni los menores, nadie nos para mucho, entonces somos muy libres, todo así, ¿no? Y una familia muy... además de muy unida, el arte fue muy importante en mi casa. O sea, mi papá era un gran lector y, te digo, nosotros crecimos escuchando a mis papás tocando.

O sea, esto fue clarinete, aunque él después se iba a su trabajo, tenía una sastrería; en ese tiempo los trajes de ustedes, los hombres, eran hechos a la medida. Claro, ¿dónde era eso? En Barquisimeto, en la avenida veinte, en lo que hoy sigue siendo. Y tenía también, le gustaba el campo, entonces cuando estamos pequeños me acuerdo de que se compró una granja y después también empezó a ser productor de leche, ¿no? Pero para nosotros los de la música, el arte, yo recuerdo que nosotros llevábamos... yo iba con mi papá a ver exhibiciones de pinturas y me acuerdo que les decía: uno compra lo que le guste.

Si después el tipo de famoso no es famoso, eso no es el problema, la cosa es que uno lo disfrute. También lleva a los conciertos en el Teatro Juárez y todas nosotras las chicas estudiamos piano en la casa. O sea que Barquisimeto es la capital musical, tenía un profesor de piano, había una profesora que yo me acuerdo que iba todos los días a una casa de la cuadra donde nosotros vivíamos. No sé, aquí todo el mundo estudiaba algo. Y yo cuando tenía como siete años me compré un cuatrico y empecé con un manual del piano, no sé si todavía existe.

Me encerraba en el cuarto, mi hermana decía: ¿hasta cuándo, Luisa, con ese cuatro? Hasta que arranqué con padre Pancho y a partir de ahí el cuatro ha sido muy importante en mi vida, porque sigo tocando cuatro. Pero lo que iba a decir es que yo sí también estudiaba piano como todas mis hermanas porque eso era así, obligado en la casa. Pero no éramos para ser concertistas sino para que nos gustara la música, claro. Y de verdad yo me acuerdo que un profesor de origen alemán todos los días iba a una casa de la cuadra donde nosotros vivíamos, en el este de la ciudad.

En un lugar donde apenas habían cuatro o cinco casas. Ahí crecí yo, una casa muy grande con muchas matas. Mi mamá le gustaba mucho las plantas. Mi mamá murió hace como cinco años y mi papá sí murió hace como veinte, ¿no? Pero lo que quiero decir es que en mi casa la música, el arte, la lectura... Yo leí la biografía de Gandhi a los quince años porque mi papá tenía una biblioteca sustanciosa y nos permitía, él nunca me dijo si yo podía leer eso, ¿no?

Yo lo que sé es que yo me leí la autobiografía. Sí, y además, bueno, era una familia... Antes de que vayas más allá hay dos datos que me parecen muy interesantes: tú alfabetizaste a una señora que trabajaba en tu casa, esa señora tenía dieciocho años, sí, tenías siete, o sea ya estaba su vocación de maestra, eso me encantaba. ¿Qué sabía yo? Yo el otro día decía: ¿qué le enseñé yo a Amalia Rosa, si se llamaba, no? Amalia Rosa, sí, que es un nombre barquisimetano. Era de Duaca, donde era la tienda de mi papá. Yo pues aprendí, ya sabía leer y escribir, y le dije a mi mamá: yo quiero enseñarle a Amalia Rosa a escribir.

Ella no sabe ni leer ni escribir. Con un cuaderno pues le puse: Me llamo AMALIA ROSA, las planas que yo hacía cuando estaba en preescolar, ¿no? Y bueno, creo que le enseñé algunas cosas a Amalia Rosa y si yo en vacaciones jugábamos a la escuelita y yo era la maestra, por supuesto. A los ocho años era catequista en el colegio. Ahí quería ir porque tú empiezas la escolaridad a los seis años, que era lo usual, y de una vez tus padres te inscriben en el Colegio San José de Tarbes de Barquisimeto. Sí, todas estudiamos ahí.

Todas son tarbesianas y te graduaste de bachiller. Yo me gradué allí también. ¿Por qué tus padres escogieron ese colegio y no otro? Bueno, pues no sé, pero mis hermanas mayores que me llevan diez años, creo que había pocos colegios católicos en aquel tiempo en Barquisimeto, no sé por qué eligieron, pero tu familia era muy católica. Mi familia es muy católica y mi hermano estudió en el colegio de los jesuitas, que en ese tiempo había un colegio de los jesuitas también, ¿no? Y bueno, ahí estudiamos todas nosotras, muy católicas.

Nosotros, pues, por supuesto, no solamente quisimos todos los sacramentos reglamentarios, sino que además, con mi mamá, mi mamá nos enseñó a rezar el rosario en familia. Todas las cinco chicas, el varón no, pero las cinco chicas a rezar el rosario en familia todas las tardes y nos acostumbramos, pues, ¿no? Y yo entré a la Acción Católica cuando tenía siete u ocho años, ¿no? Estábamos hablando de la década del 60, ya el Concilio Vaticano II entrando... En el año 62. Sí, y la hermana estaba muy de avanzada, entonces, bueno, había que formar líderes ahí también.

Bienes sociales, ¿no? Claro. Y entonces pues... y yo me metía en cuanta cosa había en el colegio y mis papás me apoyaban eso. Mi hermano es mayor también, no todas, pero ¿qué quería decir en este caso? Diocesana del territorio más amplio, yo coordinaba, claro, coordinaba la Acción Católica de los colegios católicos de aquel tiempo. Pero yo recuerdo que estaba en María Auxiliadora y el Colegio Santana... ah, estaba en un colegio Santo Ángel también en ese tiempo, ¿no? Y yo era líder del colegio en esa área y además ya en bachillerato íbamos con una monja muy simpática, nos llevaban al barrio del oeste de la ciudad a dar clases de catecismo en los barrios o a trabajar en las parroquias.

Yo me acuerdo que yo tenía pues quince años y yo dije: yo quiero esa escuelita de Fe y Alegría que está ahí, una escuelita de Fe y Alegría que quedaba muy al oeste después del Obelisco de Barquisimeto. Y yo daba algo así como una especie de catecismo animado, ¿no? Ok. Entonces digamos que mi preocupación y mi ocupación por lo social también fue de una manera apoyada, digamos la raíz la tenían las familias, pero también tenía el colegio porque ya fue en el tiempo, te digo, del Concilio Vaticano II, nada de misa en latín, entonces yo era del coro del colegio también. Y cantaba con tu cuatro ahí.

Ya a los nueve años tenía un grupo de parranda y aguinaldos en el colegio y salíamos a cantar en la Navidad. Nosotros vivíamos, no había peligro, yo te digo, nueve, diez años, mi mamá no se preocupó: ¿para dónde va esa niña a cantar por ahí? No, nosotros íbamos sin problema. Entonces digamos que ya en esa época tú sentías que ibas a ser maestra. Bueno, eso me gustaba pues, no, todavía no estaba muy clara, pero cuando me tocó la hora de decidir, estudiaba ciencias, humanidades, hicieron un test como lo hacían todos en el colegio y la psicóloga dijo: ella puede estudiar lo que quiera.

Yo era muy buen estudiante, ¿no? Era buena en matemáticas. Era buena en todo y me gustaba la psicología, me gustaba la educación. Mi papá quería que yo estudiara derecho. Mi papá me conocía bien porque hoy soy defensora de los derechos humanos; en haber sido derecho entonces. Pero la educación tenía un gran prestigio en aquel tiempo, no era para hacerse rico, no era una profesión, pero no era tampoco en los grados que estábamos, ¿no? Entonces mi papá me dijo: bueno, pues lo que usted quiera. Y en los tests salió que yo podía estudiar lo que yo quisiera.

Estudié en ciencias, pero porque los que tuvieron humanidades tenían fama de ser los flojos... ¡Era la fama! Y yo era muy buena estudiante. Yo tenía que estudiar ciencias. Pero cuando llegó la hora de estudiar, salir de bachiller y papá nos mandaba al extranjero a estudiar inglés antes de entrar a la universidad, porque eso era importante. ¿A dónde fuiste en los Estados Unidos? A Washington, íbamos a una academia seis meses, seis meses nada más, no interna en una academia. No, interno, vivimos en una residencia de monjas. Sí, mis otras hermanas también fueron, las dos mayores no, pero las tres menores sí fuimos.

Pero tú fuiste sola o ¿cuándo? Sola, sola, pero ya sabíamos dónde íbamos a ir y a una academia y estudiábamos inglés. Y cuando regresé mi papá me dijo: mire, aquí hay un pedagógico muy bueno, también en la Universidad del Zulia es el mismo pensum. Sí, que te vas a la Universidad del Zulia, después se cambió para acá para el pedagógico. Tenía muy buena fama, solo estudiaban ahí gente que era muy buen estudiante, no era así cualquier cosa, ¿no? Pero lo de la vocación de docencia sí, honestamente sí la tenía. Sí la tenía, claro. Pero tu papá influyó un poco porque te puso, investigó y dijo: mira, aquí en la Universidad del Zulia la misma persona que fundó el pedagógico de Barquisimeto fundó la escuela de Educación en la Universidad del Zulia, que tenía muy buen prestigio también. ¿Recuerdas el nombre de ese señor?

No, eso sí no recuerdo. Pero bueno, entonces yo le dije que estaba bien. Me inscribí en la Universidad del Zulia y ahí se tomó mi carrera. Y a la próxima parte del programa nos vas a contar cómo fue tu llegada a Maracaibo, dónde vivía, con quién vivía, sí, como qué profesores tuviste allí, porque entiendo que el profesor Lombardi fue muy importante en tu vida. Ya regresamos.

Estamos conversando con Luisa Pernalete, una educadora venezolana con una trayectoria ejemplar. Luisa, estamos en Maracaibo. Te estás formando en la Escuela de Educación de la Universidad del Zulia y allí tienes un profesor que es Ángel Lombardi, un hombre importantísimo, uno de los grandes intelectuales de Venezuela. ¿Y él te orienta o te acerca a Fe y Alegría? Bueno, era mi profesor de Historia Contemporánea, muy buen profesor, me encantaba, bueno, a mí me encantaban todas mis clases, honestamente yo disfruté de mis estudios, ¿no? Pero yo también quería hacer algo por el país. Entonces ya y yo como que no estoy haciendo nada más que ser buen estudiante, ¿no?

Entonces me llamó un día el profesor Lombardi y me dice: mira, Luisa, Fe y Alegría ha comenzado una innovación pedagógica, una normal. Estamos hablando desde la década del 70, donde todavía los maestros de primaria se formaban en normales, ¿no? Claro, es una normal experimental muy interesante. Yo he comenzado a dar clases ahí, pero soy candidato a decano y lo más seguro es que yo salga como decano. Por ello, tengo una alumna muy buena, estaba estudiando el quinto semestre, que yo la puedo recomendar. Entonces dije: claro. Sin preguntar dónde quedaba, yo vivía en una residencia cerca de la universidad, relativamente cerca, ¿no? Y entonces, bueno, ni me pregunté dónde quedaba aquello.

Con el profesor Lombardi, fui hasta el barrio que quedaba en el municipio San Francisco, hoy se llama San Francisco, o sea en el sur. Bueno, y aquello a mi gusto era un barrio popular, pues, ¿no? No de esos ranchos cayéndose, pero un barrio popular, ¿no? Entonces, bueno, me presenta al equipo de Fe y Alegría y me dicen: mira, queremos que des Historia Contemporánea. Yo a la semana siguiente, bueno, estudiaba la mención Ciencias Sociales, yo estudiaba Ciencias Sociales, concentración en Historia, eso era lo que me gustaba. Pero además no tenía carro en ese tiempo porque yo vivía relativamente cerca de la universidad, y bueno, entonces me dieron cuatro horas. Entonces yo cambié una materia para las tardes.

Pero para no hacer demasiado largo el cuento, al semestre siguiente me dijeron seis horas más de Geografía Económica, y al siguiente semestre me dieron... yo me tuve que cambiar a estudiar de noche, ¿no? Y mis papás me regalaron un carrito porque la cosa quedaba lejos. Claro. Pero sí me gusta decir una de las cosas simpáticas del primer examen que yo hice con mis alumnos. Bueno, hago mi examen y resulta que los alumnos salen mal y lo digo: pero qué pasó, no entiendo. Me dice la delegada de curso: mire, profe, usted muy simpática, muy bien, pero no le entendemos nada.

¿Cómo hacer? Digo yo que creía que todo el mundo me entendía. Entonces sí, yo dije: si yo quiero seguir dando clase aquí tengo que hacerme entender. Entonces empecé a ser lo que le dije un día a una periodista y yo digo: soy traductora simultánea. ¿Y qué traduce? Yo leo cosas difíciles y las vuelvo fáciles. Entonces yo seguí haciendo... muy buena estudiante, pero tenía que ver cómo hacía para que aquellos muchachos que tenían 16, 17 años me entendieran. Entonces, bueno, empecé a cambiar muchas cosas y me acuerdo de que yo leía El Nacional, ¿no? Y en Maracaibo leía Panorama. Por ejemplo: profe, usted lee El Panorama de Caracas porque el Panorama de Caracas no es Panorama de aquí.

Bueno, dije yo, ¿por qué? Así como que cómo era que uno iba a estar en un país y no leer El Nacional, decía yo. Entonces empecé a leer Panorama también, ¿no? Y empecé a ser traductora simultánea. Y entonces, claro, disfruté mucho esos siete años que yo trabajé en esa escuela, pero haciendo traductora simultánea. Fue tu primer vínculo con Fe y Alegría. Pero te gradúas de primera en su promoción. ¿Te vas a estudiar a México? No todavía. Me gradué y entonces me nombran directora de la normal. Y me acuerdo que también Lombardi sale rector de la universidad. Yo me acuerdo cuando yo me gradué, era decano.

¿En qué materia quieres concursar? Porque tu concurso es ganado. No, yo me voy a quedar trabajando en el barrio. Me dijo: Luisa, eso es infantilismo de izquierda. Yo no le dije nada, pero yo me quedé. Me nombraron directora al año siguiente, ¿no? Resulta que a los dos años él sale rector y firmamos un... bueno, ya el tiempo después de que yo salí, fui a México y volví, me nombró directora regional de Fe y Alegría en el Zulia. Estoy hablando apurado. Y entonces él era rector. Entonces firmamos un convenio de cooperación entre Fe y Alegría Zulia y la Universidad del Zulia. Y le dije yo a Lombardi: ¿vio que lo mío no era infantilismo de izquierda? Yo simplemente dije: contra, si me meto en una normal como esta va a transformar la educación del barrio. Pero más las muchachas salían súper creativas porque además todo el equipo era una cosa impresionante, ¿no?

Pero antes de que siga por ahí vamos a México. ¿Qué pasó allí? ¿Hiciste tu maestría? Bueno, comencé a estudiar en Ciencia Latinoamericana. Confieso que ahí vino el Viernes Negro. Yo tenía una beca por la universidad porque me había graduado con las mejores notas. Me tuve que venir antes de terminar la tesis porque con el Viernes Negro no me daba, y confieso que ha sido mi decisión de la cual me he arrepentido más, por haberme venido sin terminar la tesis, porque allá se le daba mucha importancia. Los pobres, por lo menos en Fe y Alegría. No, yo me quedé con el tercer capítulo de la tesis y no terminé la tesis. Entonces yo esa maestría no la terminé, pero aprendí muchísimo, claro, porque además era la UNAM, eran unos tiempos, el tiempo de la revolución nicaragüense, el tiempo de la guerra en Centroamérica. Primeros años de los ochenta, sí, claro, de los 80 a los 83, muy movidos.

Entonces yo me involucré con los movimientos de cristianos, digamos, que apoyaban a los que venían de Centroamérica buscando refugio. Yo apoyaba a esa gente porque venía en muy mala situación. Pero me arrepentí siempre de no haber terminado esa maestría, ¿no? Porque a Fe y Alegría no le daba mucha importancia a eso. Y cuando yo regreso, pues al tiempo me nombran directora regional y bueno... yo pues hice lo que tenía que hacer, pero aprendí muchísimo.

Después hice una especialización, pero cuando me mudaron a Guayana, porque yo me quedé en Maracaibo por muchos años, me nombraron directora y me recorría todo el estado. Fundé en 1992 una escuela que está en la frontera con Colombia, en la Alta Guajira. Creo que Fe y Alegría para la época tenía alrededor de treinta escuelas. ¿En el estado Zulia?

No, no tenía tantas, no tantas. En ese tiempo en el estado Zulia tendrían unas doce y yo fundé como cinco. Ok. Cuando te fuiste dejaste diecisiete escuelas. Exactamente, ¿no? Pero esa me acuerdo, la de 1992, porque fue del año, pues, de los 400 años de, como le llamemos, descubrimiento, en cuanto a lo que sea. Yo hago el estudio porque nosotros no vamos a donde creemos sino donde nos piden. Entonces Corpo Zulia nos había pedido que fundáramos una escuela ahí, ¿no?, en un local que tenía Corpo Zulia abandonado. Entonces yo hago el estudio y me dice un guajiro de Paraguaypúa: donde sí había escuela fue Fe y Alegría.

Me dicen: profesora, usted decide, pero hoy no hay nada. Toda la escuela de la Alta Guajira ya va hasta tercer grado, eran escuelas unitarias. Un simple hecho: que la Alta Guajira llegara hasta sexto grado después de 400 años. Entonces yo hago el estudio y le digo a la oficina nacional: mire, yo creo que esa escuela la tenemos que hacer.

Entonces Corpo Zulia nos apoyó unos transportes, del sur al norte recogíamos todos los muchachos de aquí y allá. Y bueno, fue la primera escuela que llegó hasta sexto grado casi en la frontera con Colombia, ¿no?, ya cerca de Maicao.

No por ese lado, más bien de la Guajira. Por eso los wayú decían que nosotros no somos ni venezolanos ni colombianos, nosotros somos wayú. Sí, bueno, y es una nación anterior a las dos repúblicas. Entonces nosotros citábamos colombianos y venezolanos porque se sentaban los wayú. Y ahí todos los maestros tenían que hablar wayú y hablar también español, ¿no?

¿Y aprendiste algo de wayú? No, muy poco, era muy difícil, es muy difícil, apenas aprendí a saludar, eso. Pero lo que sí me acuerdo es que yo insistía en que los niños y las niñas tenían que conservar sus creencias y sus costumbres. Por eso en Paraguaypúa utilizaban mantas guajiras en el uniforme; en ese tiempo se podía hacer esto, ¿no? Yo conseguí plata para que todas las niñas de Paraguaypúa utilizaran mantas. De Paraguaypúa, pero eso está cerca de Maicao. Claro.

Para Guaypoa y Cojoro, que es la escuela que yo fundé en 1992 también, los uniformes eran mantas para las niñas, ¿no? Y yo me acuerdo que dije: bueno, y aquí vamos a utilizar en vez del delegado de curso palabreros, que es lo que se utiliza ya, ¿no? Entonces me dice un wayú: profe, mire, aquí no se usan palabreras, acá se usan palabreros. ¿Y por qué las chicas no pueden ser palabreras? Porque las mujeres a veces hablan más de la cuenta y enredan. Yo me puse muy brava, entonces, ¿cómo es eso? Claro, él me dio mala cara, yo era la jefa, bueno, pero las mujeres son nuestras asesoras. Pero después comprendí que algo de razón tenían los guajiros, ¿no?

Tenías diez años allá. Yo viví veinte años en el Zulia, entonces yo le digo: mira, yo ya, está bien y estoy cansada, entonces quiero cambio. Pues yo quería entrar al centro de formación que se acababa de fundar en Maracaibo. Eso era lo que yo quería, ser investigadora.

Dice: mira, estamos necesitando alguien que sustituya al jesuita, director de Fe y Alegría en Guayana, ¿no? Sí. Guayana, le digo yo, pero eso qué es, es lejos. Bueno, el asunto es que yo hice un retiro aquí en Caracas con jesuitas, muy amigos míos, y yo dije: bueno, vamos a probar, eh. Y les dije lo mismo al provincial de aquel momento. Le digo: mira, ok, me voy a Guayana, eh, pero si en un año yo no soy feliz allá, porque yo en Maracaibo me conocía a todo el mundo, me cacareaban que iba a ser candidata a alcaldesa porque yo era muy conocida, ¿no?

Entonces, bueno, me fui a Guayana y era otro mundo. ¿En qué año llegaste allá? En el año 1999. Sí. Otro mundo, otro mundo. Me alquilaron un apartamento por un año porque tenía casa propia en Maracaibo y me dieron prueba para ver qué tal. Era todo el estado Bolívar, había 25 escuelas en aquel momento cuando yo llegué y empecé a conocer todo aquello, incluyendo la Gran Sabana. Bueno, a la Gran Sabana iba yo cada tres meses por obligación. Yo decía: esto es una bendición, iré a la Gran Sabana por obligación. Pero además era un estado muy rico, pero muy desatendido.

Entonces habían muchas peticiones de escuela, yo fundé diez escuelas en el estado Bolívar, una por año prácticamente, pero en zonas donde se dice de broma Valentina Quintero. Y yo porque, como digo, uno no crea escuelas de Fe y Alegría donde uno se le ocurre, sino que uno los pide.

Entonces yo hacía el estudio, decía: cónchale, si yo digo que sí y si la Dirección Nacional me lo aprueba, eso es para que tengan niños para toda la vida, para que tengan educación para toda la vida. Entonces fueron escuelas en zonas indígenas, fue una escuela en zona... las mineras estaban ya fundadas. Y bueno, me recorría el estado todo el tiempo, ¿no? Y además, UCAB Guayana estaba naciendo el pregrado. Yo asistí al pregrado, pero no era el tiempo de la Gran Venezuela, con las empresas básicas todo funcionando, solo la casa estaba mal. Todas las demás estaban muy bien y había un convenio entre Fe y Alegría y las empresas básicas para atender a los hijos de los obreros de las empresas básicas. Entonces yo era Ciudad Bolívar, Ciudad Guayana, para aquí para allá. En los estados mineros era realmente... yo solo el lunes no viajaba, ¿no? El resto viajaba.

Pero me acuerdo que el provincial me dijo: mira, UCAB Guayana va a abrir pregrado. Queremos que tú concurses... Yo creo que yo tengo mucho trabajo, sí, pero queremos que la UCAB nazca con lazos y con la comunidad.

Entonces, bueno, concursé y gané en la Escuela de Derecho el seminario de Educación en Derechos Humanos. Y durante el tiempo que estuve en Guayana también trabajé en la UCAB Guayana, no me cambiaron el día, solo los lunes puedo dar clases. Bueno, entonces los lunes yo daba clases, pero eran dos horas y el resto del tiempo ya era el tema de los derechos humanos. Ya en Maracaibo yo venía con los derechos humanos, sí, muy bien. Pero claro, Guayana era otro mundo, pues, eran los indígenas, con los indígenas aprendí muchísimo. Yo tengo que decir que muchas de las cosas que yo voy a hablar de educación para la paz son de los indígenas. Y mi vocación ambientalista la aprendí de los indígenas, no de los libros. Lo aprendí con los indígenas, porque en Guayana Fe y Alegría tiene escuelas en medio del acceso y a veces había que ir en avioneta.

Y a veces en curiara y a veces a pie, una cosa. Mi mamá decía cuando venía a Barquisimeto: ya me hubieran votado porque yo no podría hacer esas cosas que haces tú. Pero yo disfrutaba todo aquello, ¿no? De verdad fueron diecisiete años, once años como directora regional y después me quedé trabajando en lo que estoy trabajando ahora. Pero de verdad fue descubrir otra Venezuela. Era el Orinoco, el Caroní, eran los indígenas, eran los pueblos mineros ya con problemas de ambiente. Cuando iba a la selva en avioneta yo veía ya los manchones, los cráteres. Fui a la sede de una escuela en Las Claritas y cerca hay una mina y se dice: oh, mi Dios, pero ¿qué estamos haciendo con este país? Estoy hablando del 2005-2006-2007, ahora la cosa es mucho peor, ¿no?

Pero lo que iba a decir era descubrir otro mundo, pues, ¿no? Y quiero mucho a Maracaibo también, quiero mucho a Guayana, pero ahora vivo en Barquisimeto. Claro. Y estuviste en Guayana hasta el 2017 más o menos, que ya mi mamá estaba muy viejita, mis hermanas me dijeron hay que ayudar. Entonces: mire, acérquenme a Barquisimeto porque Guayana queda muy lejos, ¿no? Entonces, bueno, entre Caracas y Barquisimeto estuve unos tres o cuatro años y ya con el Centro de Formación dejé el plan de la Escuela de Investigación de Fe y Alegría que se creó en el año 2010. ¿Ya estaba creado o lo fundaste tú? No, yo estaba en Maracaibo cuando se creó, yo propicié eso, pero la oficina nacional me dijo: pero el Centro de Formación no va a ser maracucho, va a estar nacional. Yo me puse muy brava, ¿no? Pero después dije: mejor.

Como si Maracaibo no fuera, ¿verdad? Algo así, como que Maracaibo ya ha crecido demasiado, pero fue bueno porque tiene cobertura nacional. Aunque tenga sede en Maracaibo, el centro queda de Maracaibo y yo estoy asignada al Centro de Formación aunque yo viva en Barquisimeto, ¿no? ¿Y qué hace el Centro? Mira, el Centro de Formación e Investigación, así nos llamamos, ¿no? Padre Joaquín en honor al que fue director de Fe y Alegría en El Salvador cuando la matanza aquella de los jesuitas. Ahí mataron a Joaquín y Lolo, que era como le decíamos. Lolo quería hacer un Centro de Formación, entonces en recuerdo del padre Lolo Joaquín a ese centro se le puso ese nombre, ¿no? Entonces, bueno, ¿cuál es el apellido Joaquín? López. El Centro de Formación Joaquín López. Lo decimos el Centro del Padre Joaquín.

En más o menos en el año 2009-2010 yo diría que estoy cansada, ya tengo once años directora zonal y habíamos tenido unos eventos violentos muy severos. En un semestre nos mataron a tres chicos, a una la violaron o todas las secuestraron, otra que era suicidio resultó que no era suicidio, la mamá de unos alumnos. Entonces ellos dicen: mira, tenemos que cerrarlo por la convivencia para prevenir violencia, ¿no? Entonces la Dirección Nacional me dice: mira, sí tiene razón, y no era solo Guayana, era todo el país. Entonces me dice: mira, déjala la dirección, tómate unos meses para estudiar este tema y después nos dices qué es lo que tú propones, ¿no?

Entonces, bueno, me puse a estudiar, me fui a Guatemala a hacer un curso, me vinculé con los estudiosos de violencia, con los estudiosos venezolanos de la violencia, y bueno. Y entonces digo: mire, hay que trabajar con los maestros, con las mamás y con los muchachos.

Yo quiero empezar por las mamás, porque con las... me dice el director: bueno, ¿por qué? A las maestras alguien le da la mano. A las mamás todo el mundo les echa la culpa y nadie les da la mano. Y si uno se gana a la mamá, se gana a toda la familia. Bueno, inventa lo que tú quieras, ¿no? Entonces diseñé un curso para formar madres, para darles herramientas. De ese curso yo empezaba a hacer, elegimos tres comunidades ahí en Guayana para ensayar el curso y yo iba escribiendo unas hojitas para que las mamás se fueran con unas hojitas. Cuando terminé las hojitas me dice el director del centro y me dice: eso no es una hojita, de ahí va a salir un libro. Entonces buscaron unos buenos diagramadores, pero me conservaron el estilo porque el estilo es conversado. De lo que yo hablaba con la mamá yo escribía y sacaba cosas, chistes, anécdotas, situaciones. Por eso se llama Conversaciones sobre la convivencia y la paz. Es una invitación a la convivencia pacífica, ¿no?

Claro, esta es la segunda edición porque el curso comenzó a ensayarse en 2010 ahí en Guayana y después se hizo programa nacional. Ahorita se suspendió por la pandemia, pero estamos relanzándolo y queremos buscar dinero para una tercera edición porque la situación va cambiando un poco. Ahora hay mucha violencia intrafamiliar, pero lo que quiero decir es que yo llevo desde el año 2010 hasta la presente en el eje de convivencia y ciudadanía desde el Centro de Formación, pero en Barquisimeto. El Centro de Formación forma maestros, el Centro de Formación investiga, el Centro de Formación publica. Entonces estoy asignada al Centro de Formación y aunque ya estoy jubilada sigo trabajando, ¿no? Allá en Barquisimeto. Sí, otro momento en Barquisimeto para todo el país. Tienes la experiencia pedagógica, ¿la tienes en el aula?

Mira, tengo tres actividades. Uno, yo escribo, ¿no? Sí, ajá. Segundo, estamos relanzando el programa de madres promotoras de paz presencial, entonces ya comenzamos con grupos allá en Barquisimeto formando facilitadores porque yo me recorrí todo el país para que este programa fuera nacional. Lo considero un recurso. Y en tercer lugar, el otro eje que es ciudadanía, bueno, para el cual también escribí algo para la Federación Internacional. Será que Fe y Alegría está en 23 países, 22 países. Entonces ese es un eje... Democracia, participación y ciudadanía. Eso lo hice por la Federación Internacional, pero lo he releído y sigue estando vigente, ¿no? Porque Venezuela tiene déficit de ciudadanía. Entonces derechos humanos, ciudadanía, convivencia, están como muy cercanos.

Claro. Entonces yo doy conferencias y yo doy clases a donde me invitan, si puedo pues voy, ¿no? Pero estamos actualizando algo para la radio. Nosotros tenemos 22 emisoras de radio. Bueno, Luisa, sí, vamos a una pausa y nos cuenta el tema de la radio, que es muy importante como canal de comunicación de todo esto que ustedes hacen en Fe y Alegría. Ya regresamos.

Estamos conversando con Luisa Pernalete. Estamos de vuelta en nuestra conversación con Luisa Pernalete. Luisa nos venía enseñando algunos de sus libros: Democracia, participación y ciudadanía y Conversaciones sobre la violencia. La paz: una invitación a la convivencia pacífica. Después una vida intensa en la que pasaste 20 años en Maracaibo, 11 o 12 en Guayana, 17, 17 en Guayana. Ahora estás de vuelta a casa, estás en Barquisimeto, pero desde allí sigues trabajando, no hay manera de detenerte porque es tu vocación.

Pero hay otro elemento más, ¿no? En este trabajo de educación para la paz y ciudadanía, pues uno tiene que buscarse mucha creatividad. Porque no se trata de dar charlas, no se trata de impactar a gente, se trata de convencer. Por ejemplo el curso que yo doy para las mamás son reflexiones, son invitaciones, y entonces yo he ido uniendo mi otra vocación que es la vocación artística.

Entonces con el canto yo hago estrofa, no hago música, pero sí hago estrofas para cada conferencia, seguro que invento una estrofa y las canto, ¿no? Pero además también lo junto con un poco de teatro, ¿no? Entonces yo tengo un morral para la educación para la paz y entonces en ese morral yo saco unas cosas que uno dice: eso es chiste, pero precisamente para impactar.

Por ejemplo, traigo dos cosas del morral. Por ejemplo, aquí estamos muy angustiados todos, ¿verdad? Entonces la mala administración de las angustias hace que las mamás a veces le apunten con los niños que no tienen culpa, ¿no? Y a veces las mujeres o el marido también a veces. Y entonces yo le digo: mire, las mamás tienen que aprender a administrar sus angustias y sus emociones. Entonces los rollos, tenemos que buscar qué hacemos. Entonces cuando usted se levanta o te dice: ¿por qué yo?, ¿qué me pasa?, hoy ando enrollada. Entonces ustedes se ponen su atraparrollo y entonces tiene su rollo, pero no se lo tira a los demás. Y si el rollo es más grande, entonces se pone un rollo más grande. Exactamente. Lo que no sé cómo hacen los pelones para hacer. Entonces uno se pone un rollo más grande y entonces el otro día salí en Barquisimeto con un rollo de esto y me dijo una señora: ¡señora!, cargó un rollo en la cabeza, claro, porque ando enrollada. Entonces el asunto es hacer un poco de chiste.

O por ejemplo esta mirada, hay que afinar la mirada, los oídos para oír a la gente, para mirar con los ojos, el ojo que mira el drama y el ojo que mira las cosas buenas que aquí también pasan. Uno necesita una mirada desprejuiciada, ecológica, amorosa en la mirada del maestro y en la mirada de mamá. Entonces voy sacando cosas de un morral y puedo pasar cuatro horas sacando cosas del morral y haciendo teatro, pero divirtiendo a gente, además. Después con una señora ve esta mirada, dice: ay, de la señora de los lentes amorosos, claro, entonces no se le olvida eso, ¿no? Y de eso se trata. Entonces yo mezclo mis talentos, digamos, y mi vocación artística con la educación y es lo que estoy haciendo, pues, en estos últimos años, ¿no? Qué maravilla, qué maravillada, de verdad.

Háblanos de Fe y Alegría donde tú has pasado 50 años de tu vida. Las he visto crecer porque cuando entraste a Fe y Alegría ya ha iniciado la expansión fuera de Venezuela. Sí, sí, sí, pero quizás ya no era todavía. No era lo que es, que está presente en veintidós, 22 países. Sí, estamos en África, Asia, con aquel lema del padre Velás: Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto. Bueno, ese lema sigue siendo para nosotros, ¿verdad? Estamos en casi toda América Latina. Mejor dicho, no estamos en Costa Rica, pero en todo el resto, no. Estamos en México tampoco. Pero claro, Fe y Alegría tiene una federación y nosotros nos alimentamos de la federación, somos federaciones o franquicias, pues cada país tiene su autonomía, tenemos eso, un marco, ¿no?

Pero además aquí en Venezuela somos muchos. Estamos desde la frontera con Colombia hasta la frontera con Brasil, 177 escuelas, cinco colegios universitarios, como 80 centros de capacitación, que es para chamos que no han terminado el bachillerato y quieren cursos cortos. Y también tenemos educomunicación, que son clases para adultos, y también 22 emisoras de radio. A eso iba, 22 emisoras de radio, ¿no? Es pedagógica, fundamentalmente. Claro, es educación, pero también información, es recreación. Tenemos un programa que se llama La escuela en la radio, que empezó a trabajar con la pandemia para que los muchachos tuvieran, bueno, donde agarrarse, ¿no? Pero se ha mantenido como refuerzo escolar. Ustedes que en las escuelas públicas están teniendo clases dos días a la semana. Entonces este programa se mantiene en la mañana y en la tarde.

Yo hago unos micros para los miércoles sobre ciudadanía y convivencia, hago unos micros para la radio, ¿no? Entonces sigo trabajando, pero para los niños. Entonces, bueno, son unos micros de unos cinco minutos donde yo converso con ellos, trabajamos derechos humanos, trabajamos convivencias. Entonces es bien simpático. La cosa es evidente que te ha tocado un país y una etapa muy difícil, muy dura, y batallar contra todas las adversidades seguramente ha sido arduo, pero también debes estar muy contenta con todo lo que has hecho. Sí... Bueno, Fe y Alegría no son solamente un nombre para nosotros. Yo soy una mujer creyente, o sea a veces el único que se puede hacer, no tengo más que, no sé qué más hacer por esta persona o por esta escuela, ¿no?

Pero en segundo lugar hay un problema de nuestro fundador. El problema es el testamento que dice hasta dónde podrán llegar el ingenio, la ilusión y los anhelos, siempre digo, a tal estratosfera, ¿no? Si en Fe y Alegría se promueve la creatividad, se apoya la creatividad, tú propones algo, dices: oye, me parece bien, ensáyalo y vemos, eso puede servir. Entonces nos permite crecer de muchas maneras, pues. Y por otro lado tenemos mucha credibilidad, o sea cuando uno va y uno dice yo soy Fe y Alegría a veces no tengo ni que echar más cuentos del currículo, sino que con tantos años, bueno, es mucho lo que uno puede ayudar a otro, ¿no? Entonces creo que Fe y Alegría es una buena noticia para la educación del país y por eso tenemos dos años con el EMA, una alianza por la educación, porque estamos muy preocupados por el país. Por la educación del país, claro. Entonces también eso hay que decirlo: la educación está en emergencia y no empezó con la pandemia, empezó antes, ¿no?

Entonces nosotros trabajamos con las formaciones de los maestros desde el Centro de Formación, pero también en charlas que me piden, y trabaja más en un movimiento que tiene posibilidad de llegar a mucha gente, pues, ¿no?, cosa que no me sería fácil si yo hubiera... una vez alguien me preguntó: ¿usted por qué no es su propia jefe? ¿Vas a qué le digo yo? Y estoy en una organización que está todo el país, pero eso sería para mí desperdiciar la posibilidad. Entonces, pues yo sigo en Fe y Alegría, estoy jubilada pero sigo trabajando. Entonces de verdad para nosotros es muy importante esta alianza por educación porque estamos muy preocupados, pero hay gente que se nos va sumando, pues, ¿no?, y en eso estamos.

En los minutos que nos quedan, Luisa, más allá de Fe y Alegría, ¿cuáles han sido tus otras pasiones? Ya sabemos que la música y el cuatro, pero probablemente haya otra que la audiencia desconozca. Sí, como la lectura, probablemente, la lectura. Pero lo del teatro también a mí me gusta, ¿no? Pero además digo yo así como gente que hace su docu, ya se cruza y gama. Yo hago estrofa. Me acuerdo que hace dos años me tocó cinco días de cola para gasolina, era noviembre, entonces hice 35 estrofas por la Convención de Derechos del Niño. Entonces eso puede cantar, en solo, gusto, ¿no? Y te hice unas estrofas para hoy, ¿no?

Agradezco a Rafael Arráiz Lucca esta oportunidad de compartir con otros mi creatividad, también a Unión Radio Red con mucha audiencia, a la posibilidad de hablar de educación en emergencia y si fuera Navidad pediría al ángel Gabriel que venga y proteja al señor Rafael. Qué belleza, pero qué bella. Entonces, bueno, hay un jesuita que ya murió de las Indias que decía que uno debe trabajar por el egoísmo legítimo. El egoísmo legítimo es que yo hago una cosa buena para ti y también, ¿no? Entonces yo hago estas cosas. Yo soy presidenta de la asociación de la alabanza mutua, un invento, por supuesto, ¿no? Que practica la autocrítica y la alabanza y la autoalabanza porque también tenemos que descubrir cosas buenas en este país. Hay gente haciendo cosas buenas y hay que decirlas también. Hay que decirlas con frecuencia, hay que decirlas con frecuencia porque si no nos entra la desesperanza.

Te escuché al principio hablando de cómo tomaste un libro de la biblioteca de tu papá y era la autobiografía de Gandhi, personaje importante en tu vida. Claro, además yo estoy cooperando con el Centro Gandhi creado... recientemente, sí. En 2016 ahora soy del Consejo Asesor del Centro Gandhi. ¿Y qué promueve? La no violencia. Entonces sí, Gandhi, todo lo que promueva es la paz, además insistiendo en que ser pacífico no es de ninguna manera ser pasivo ni cobarde. Alguien una vez me dijo, ¿sabes cómo me dijo? Yo sabía que me quería decir que me dio a comer flor. Yo dije: es preferir hacer como el flor y no comer candela, porque el que come flor reparte flores, el que come candela reparte candelas. Y entonces uno puede hacer la paz con valentía, como lo hizo Gandhi, como lo hizo Mandela, como lo hace Malala, siendo valiente pero sin agredir a nadie, sin irrespetar a nadie, sin desacreditar a nadie. Yo puedo decirte que estoy en desacuerdo contigo, pero no te tengo por qué insultar. Y eso se aprende, y eso se enseña.

Entonces eso es lo que yo... pues oye, no tengo cómo agradecerte esta entrevista, Luisa, de verdad que muchísimas gracias por haber venido, por todas tus enseñanzas. Estamos hablando de 50 años o más de trabajo con la educación venezolana, una de las grandes maestras de nuestro país. Muchas gracias.

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