Serie Los del podio III. Javier Vidal. Cap 5.
Serie Los del podio III. Javier Vidal. Cap 5.
Transcripción
Sí. Y descubrió, bueno... Listo, un país que vivía en la Edad Media. Totalmente, yo digo: esto era mucho más moderno. Me acuerdo de mi mamá, me llegó a decir: "Javier, ¿te gustaría quedarte acá?" Ya estaban pensando e inmediatamente digo no. ¿Tú me dices?
Listo, estamos en Venezolanos, en la tercera temporada de Los del Podio, y tenemos hoy un invitado especialísimo: Javier Vidal, encantado de tenerte acá en nuestro programa. Yo más que tú, creo, de que tú me estés invitando a este programa tan importante. Muchas gracias por venir. Javier nació el 23 de abril de 1953 en Barcelona, llegaste con 20 meses a Venezuela.
Tus primeros recuerdos son venezolanos. ¿Cómo era esa familia que se traslada, tu padre y tu madre? ¿Había hermanos? ¿A dónde llegan en Caracas? Pues mi mamá se casa en el cincuenta allá y ya vivían acá en Venezuela su hermano, el tío Sol, y otros primos de mi madre que los llamaba, por supuesto, tíos porque eran mayores.
Y entonces, en uno de esos viajes que hicieron a España, los primos hablaban de que Venezuela era América. Claro, ahí la gente tenía carros, ahí había teléfono, la gente tenía teléfonos en la casa. Esto: televisión, la radio, es decir... Entonces, claro, la situación de papá y mamá era muy humilde, muy, muy, muy humildes.
Mamá era costurera, papá era mecánico. Y entonces, bueno, agarraron con ese carajito de 20 meses, como decía siempre mamá, cumplió veinte meses en el barco y entonces llegamos el 2 de enero de 1955, es decir yo de 20 meses. Y bueno, pues por supuesto tuvieron la posibilidad de que los primos, es decir el tío Sol, comenzaron; ya el tío Sol trabajaba en el Hotel Tamanaco, era jefe de la lavandería del Hotel Tamanaco recién inaugurado.
Y bueno, pues comenzaron a trabajar. Mi primera visión que tengo yo de Caracas es en Bello Monte, porque ahí se alquiló un apartamento en Bello Monte. Los dos edificios, ¿por qué fueron dos edificios? Uno, Río, es el que más me acuerdo; ese está pegado a la autopista.
Cuando yo llegué la autopista no estaba y yo podía cruzar del edificio Río al río Guaire, que para aquel entonces ya apestaba. Entonces los muchachos, éramos muchachos, y ya había un olor. Y bueno, pues era parte en juego y en parte ese rechazo por todo el día.
¿Y aquí nace tu hermana? Mi hermana nace aquí en el 59, Silvia. Ustedes son dos. Somos dos y papá aquí terminó siendo motorista, digo yo; él fue motorista, es decir, tenía una moto, fue cobrador, para aquel entonces era un oficio que ha desaparecido por completo.
Y mamá, pues costurera, llegó a ser una de las costureras del Gimelié, imagínate, que fue un gran modisto, vistió muchas de las mises y a Carmen Victoria Pérez. Era la que vestía a Carmen Victoria. Ella me decía que era muy estricto, muy perfeccionista, como tiene que ser. Todo esto ahora que vimos Balenciaga, puedo imaginarme, me lié un poco, que era no solamente diseñador sino costurero también.
¿Y dónde estudiaste escuela primaria? La primaria, después ya nos mudamos a Capri, al colegio. Bueno sí, el edificio Capri, La Carlota, avenida principal de La Carlota. Ah, la que tiene la isla grande.
Exacto, al bulevar este, ¿no? Claro que aún está ahí, aún está precioso, siempre ha sido muy bello ese bulevar, vamos a llamarlo, y a la vuelta de la esquina estaba el Colegio Francia. Mi papá era el que decía: el mejor colegio es el que está cerca de casa. Pero además un gran colegio, eso fue un privilegio, ¿no?
Sí, sí, yo después me enteré, después de muchos años, que tenía media beca, es decir que claro, vieron la situación de mis padres, no era pues boyante. Pero eso no se tocaba en casa y era administrado por los maristas franceses. ¿Y aprendiste algo de francés? Aprendí francés.
Llegué a hablar francés porque si no lo hablabas con nadie pues... y ahí te graduaste de bachillerato. No, me gradué de primaria porque ya no había... ya no consideraban que ya tenía que seguir todo el resto del bachillerato y me cambiaron a otro colegio que estaba cerca, para aquel entonces, de La Carlota, que era el Colegio Claret.
Entonces estudié después de los maristas franceses, los claretianos. Ahí fue, pues, el gran colegio de la formación. Creo que el bachillerato es muy importante, por supuesto, pero todo ese concepto de la amistad y todos los trabajos extracurriculares que uno hacía, es decir el excursionismo...
Entonces comencé a colaborar en la revista Juventud, que lo organizábamos nosotros. Fundejo Amy, ahí el primer grupo de teatro también. ¿Ah, sí? Ahí empezaste.
Ahí empecé porque empezaba a gustarme esa cosa de que las cosas se hacían en vivo. Es decir, que no era cine, no era televisión sino que uno iba y había gente de verdad que hablaba como uno, ¿no?
¿Tienes un recuerdo de esos años, la adolescencia, de haber ido al teatro aquí en Caracas y que te haya impresionado? Fue en Barcelona. Cuando me llevaron a los diez años, los cumplía ya a los diez años, mi tío padrino, que trabajaba en el metro de Barcelona, era mecánico también del Metro de Barcelona. En Semana Santa tenían el grupo de teatros del metro.
Y entonces me dice el tío. Entonces, bueno, mi tío era un desastre de esos, ¿no? Siempre uno tiene un tío desastre, no es un ludópata bebedor, pero claro era su único sobrino y entonces a él se le ocurrió decir: te voy a llevar una hora al teatro. Yo estaba un poco despistado con esto y ya tenía reservados los puestos porque me llegó un poquito empezada, ya estaba la cosa empezada...
Me sentaron en las sillas y me quedé anonadado, hipnotizado con esa obra de teatro que para mí era la mejor obra. ¿Y estaban en catalán? No, no, estaban en español.
Eran los tiempos de Franco y acuérdate que, bueno, tienes que recordar: para trabajar en el metro tenías que tener grado militar, una forma para que no haya huelgas ni nada, es decir, porque era una cuestión de jerarquía en español. Y claro, ver cómo le pegaban látigos a Jesucristo. En la escena de Judas que cruzaba ahorcado del lado al lado era un cuadro y se apagaba la luz, todo eso, y el aleluya de Händel al final cuando sube.
Entonces ese carajito ya de diez años recién cumplidos se empezaba a decir... y creo que me lo pregunté. ¿Yo quiero estar ahí, no acá? Es decir, yo quiero estar en el escenario, ¿no?, o en el puesto del pueblo.
Cuando vuelvo a Venezuela entonces claro comienzo yo a interesarme, es decir en el periódico busco a ver dónde hay obras de teatro. Y era yo el que le decía: papá, papá, mira llévame a este teatro que no sé dónde queda, y papá, que era todo bondad, una cosa de todo lo que decía Javier él lo hacía, pues me llevaba ahí.
Qué maravilla. Y cuando te gradúas a los 17 años o 18 te inscribes en comunicación social, en la Católica, y bueno, concluyes cuatro años los estudios. Mis padres, como todos los tíos estos que te he nombrado, los tíos vivos eran contadores exitosos.
Entonces claro, mamá y papá dicen: mira, los primos, miran los tíos, es que son contadores, y yo hice un año de contaduría. Bueno, yo nada más quedé activo, pasivo, debe, haber y tal cosa, hice el curso de un año, le monté porque claro yo me graduo cuando está cerrada la Central también. Yo voy a ingresar ahí, nada, pero entonces uno de los padres, el padre Blanco Ruiz, claretiano, era graduado en comunicación y era profesor de la Escuela de Comunicación Social.
Un día nos llevó un grupo así de los que íbamos a la catequesis y todas estas cosas. Y entonces veo en el pénsum que hay una materia que se llama teatro, yo dije: "¡Ay! Yo quiero estudiar esto, porque mira, hay una materia que se llama..." y yo me inscribo después a escondidas de mis padres, porque ya estaba trabajando, ya podía incluso pagar.
Entonces estudio comunicación social porque es teatro, pero después me gusta muchísimo la comunicación social, es decir me gusta el periodismo. Me gustan todas las materias, es decir me destaqué, que creo que fue donde, si dices en cuestiones de nota, ahí en comunicación social.
¿Y quién daba esa materia? Marcos Reyes Andrade, lo recuerdo, uno de los que tengo que considerar como entre mis maestros, ¿no? Porque cuando yo entro ya comienzo a escribir sobre crítica teatral en la revista Suma, y entonces claro, el Javier Vidal, cuando estoy en segundo año, dice: "Usted es Javier Vidal". Sí, sí, profesor Marcos Reyes Andrade.
¿Y participaste en algún grupo de teatro mientras estudiabas en la Católica? Ya se creó el grupo de teatro de la Facultad de Humanidades en 1974, que al año siguiente se convirtió en el TUCAP. Se fue el primer paso para que después... ¿Ya estaba Virginia Ponte?
Virginia estudió conmigo cuando estaba El proceso a Jesús, fue la obra que hicimos de Diego Fabri, esta obra del Teatro de Humanidades. Y yo hacía de Juan, el discípulo, y ella era asistente de dirección, pero ella es fundadora junto con Marcos Reyes Andrade del TUCAP, porque comienza como asistente.
Pero antes ya tú habías actuado en el Centro Catalá e hiciste mayordomo en el año 73, una obra de Amic Sierra, Amics ira, si es conocido también escritor. Esa fue tu primera actuación, tenías 20 años. Sí, yo hice primero, antes que eso, dirigí Prohibir suicidarse en primavera.
Sí, porque yo fui allá, porque me llamaron por esto desde que ya escribía y yo quería ser actor, no, pero como me vieron un poco del lírico, digo: no, encárgate de los jóvenes. Entonces me encargué del grupo, dirigía eso, pero después lo que me atraía es la actuación en ese momento.
En ese momento, bueno, vamos a una pausa y regresamos en esta conversación con el gran actor y hombre de teatro, dramaturgo y periodista Javier Vidal.
Estamos conversando con Javier Vidal, estamos recorriendo su vida, del hombre de teatro y de televisión, y veo una primera actuación tuya en el Nuevo Grupo, que ya era un grupo importantísimo. Era entrar al templo... eran dos: el Ateneo y el Nuevo Grupo. Eso fue en el año 76, trabajaste en una obra se titula Arlequín, Servidor de Dos Patrones.
Antes ya había hecho una de J. C. Martín que se llamaba J. C. Martín, ¿no? Sí. Y esta Arlequín, Servidor de Dos Patrones, que bueno, dirigido por Hugo Libé la primera vez... nada menos... que estaba con Hugo Libé, y para qué entonces yo era noviecito de Pilar Romero, bueno novio, éramos novios Pilar Romero y...
Claro, no hay que disminuirme: noviecito, noviecita, ¿no? Éramos novios, novio, esto es la moderna. Claro, claro que sí.
Y vivíamos juntos y estuvimos viviendo juntos... Y claro, Hugo pues se enamoró también de nosotros y quiso montar, eso fue Conectoclotey, una comedia del arte de Goldoni, una pieza preciosa, así que me marcó. Yo con Hugo Libé he hecho dos trabajos sobre la comedia, ¿no? Esta de Goldoni, años después, en principios de los 90, La pulga en la oreja de Georges Feydeau, otro gran comediógrafo francés.
Yo es la primera vez que te vi actuar creo que fue en Lástima que sea una P. En el año 78, en El Nuevo Grupo. Había un desnudo tuyo y otro de Pilar.
Fue la primera vez que te vi actuar y su primera obra dirigida, entiendo, fue La Londra en el año 79, en TUCAP. Sí, yo regresaba de un viaje quizá a Nueva York donde venía con la cabeza, la vanguardia, y cuando llegué yo venía de Lástima que sea una P, perdón es que así se llama.
This is war, Lástima que sea una P, así se presentó y quería... no quería seguir con el teatro profesional, quería estar en el Teatro Universitario porque era donde yo creo que podía experimentar. Entonces claro sale este Autoteatro, primero se estrena como TUCAP, pero claro entre Virginia y yo veníamos con otras ideas. Virginia con otras, entonces para no pelearnos dice: "Mira, sigue tú con el TUCAP y yo creamos el Autoteatro de la Escuela de Comunicación Social", es decir, en la Escuela de Comunicación nos amparó en ese momento, que es cuando recuerdo perfectamente a Carlota Sosa, Corina Sopardo, Marco Antoni Tecky, a Juli, Carlos de Mobono, también estaba Ramón Herrera, que en gloria esté, que también creo que era compañero tuyo de Herrera, sí ciertamente.
Era muy amigo del poeta Zapata, ¿no? Sí, bueno hicieron varias obras, hicieron La Londra, Galileo Galilei, Veladas dadá, Eclipse, La Casa Grande y después aparece el Grupo Teja en 1982. ¿Ya te asocias con José Simón?
Ya, ya con José Simón teníamos mucha relación de amistad porque con Los peces del acuario, que estaba yo como actor, él era el que manejaba la música, él era digamos el que manejaba el operador de música y nos hicimos muy amigos. Y aunque estaba el Teja y estaba en el Autoteatro, como Autoteatro era un grupo de vanguardia, porque yo dije esto es un grupo de vanguardia, yo llegué, los reuní a todos los que formamos y yo digo: como grupo de vanguardia si la vanguardia no puede... se tiene que romper porque si no se canoniza, y si se canoniza ya deja de ser vanguardia. Entonces terminamos eso después de superar las grandes tragedias que fue para el grupo la muerte de Marco Antoniés.
Claro, son una gran tragedia para todos los otros y para los amigos. Y lo más cercano fue muy fuerte aún pasados ya a los cuarenta años de su desaparición, trágica. Entonces como contestando ya tu pregunta me colocan en momento, le digo a José Simón: vamos a pertenecer al Teja cuando yo comienzo siendo de la Junta Directiva, después vicepresidente, hasta el sol de hoy. Hasta el sol de hoy y vienen unos años, los años 80, donde trabajas como actor mucho: Hermes Bifronte, ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, Exiliados, The Jane Joyce, nada menos, esa fue qué es la única obra que escribió Jane Joyce, siempre considero que mi primera obra de la madurez actoral.
En el año 85, porque ¿Quién le temes? en el 84, ¿verdad? Sí, en el 84. Vino el propio Eduardo y vino a... y vio las piezas. En El Nuevo Grupo, qué maravilloso, también dirigido por Escalona y ahí estaba don Esteban Herrera y Dutch Ferd, que era una actriz uruguaya que se encontraba acá con todos los exiliados que vinieron del Sur y Julién, que hacía el papel de Honey.
Y en el 86 está Hab y Jos. Es una obra que yo la recuerdo... ¿La dirección es tuya? La dirección es mía, sí, escrita por Escalona. Sí, diría para mí: ¡y los dos! Él hacía de Jos y yo hacía de Hab.
Le pedimos a Carlos Duarte, el pianista, Carlos Duarte, que hiciera las suites. Él hizo todas las suites de Hab y Jos, que fue una belleza, una maravilla, que está incluso grabada. En ese mismo año creo, tú que manejas mejor ya mi vida que la mía, monté el otro de don Miguel de Unamuno donde recibo por primera vez el premio como mejor dirección. Fue también una pieza bellísima, no sé si tú tuviste oportunidad de verla...
No la vi. Di Javi Jose, yo sí lo recuerdo. Yo recordo que las fue a ver hasta al padre Basilio Tejorro y los recuerda un intelectual del siglo XV en la Católica, pero yo lo adoro porque él era claretiano. Él me venía dando clases desde el Claret de literatura y después lo encuentro ahí ya como colega, es decir, porque en Comunicación Social él no dio clases.
Claro, y bueno, ya después hay siempre obras. En el 87 hay varias de Solier padre e hijo, El alquimista, Perlita blanca como sortija de señoritas. Y yo recuerdo particularmente en el 89 Su novela romántica en el aire, creo que fue una obra que tuvo mucho éxito. Sí, esa es la que creo que es la que me... incluso los perceptores, los estudiosos, me colocan ya como dramaturgo de la década de los 80, a pesar que la escribí en el 87 y se estrenó en el 81.
Y creo que es la primera obra de teatro que escribo yo ya como dramaturgo, sabiendo qué es la dramaturgia, escribiéndola cómo debe ser una obra de teatro... ¡Y tuvo mucho éxito! Muchísimo éxito. Yo lo recuerdo, creo por aquel entonces también estaba la película esta, tuvo nueve semanas y media.
Ah, de acuerdo. Sí, sí, sí, 9 semanas y media. Ah... bailando, exacto, en la nevera, comiendo, hacer estas y las cosas. Y estuvo ahí, estaba Manuela García Maldonado, Alejo Felipe, Estava Rundo Betancúrens y fue una pieza donde yo ya comenzaba a buscar los contextos históricos para contar historias que son estas las tres piezas que le siguieron como mojiganga clásica, porque Su novela romántica en el aire ocurre en una estación de radio a las ocho de la mañana del 13 de noviembre de 1950.
Usted ya sabe, señor... Sí, claro, el asesino todo de Carlos Delgado Chalvo. En La Mojiganga es el año 1830, es decir, todo el asunto de la Cosiata y la muerte de Bolívar que llegó allá. Y las estrenaste en el año 1993, Mojiganga Clásico.
Exacto, sí creo que sí, 93-92-92, 92 y 93. La presentaste dos veces, ¿y esto? Después cierro eso con Showtime, que ocurre en una estación de televisión el 22 de enero de 1958, es decir, cuando Caracas está en plena ebullición están a punto ya, porque realmente el golpe se da al 22. Porque 23 de madrugada ya es cuando la agarra el avión y se ma...
Pero el 22 es cuando está todo y entonces esta cosa del artista, ¿no? El artista sigo yo presentando mi deber como artista, salgo a las calles si se presentan estos problemas, estos conflictos. Y ya estabas abordando una temática que después la has desarrollado mucho, es el tema de la historia de Venezuela con desde un sesgo muy vitaliano, vamos a llamarlo así, porque no es teatro costumbrista para nada ni teatro histórico sino siempre le encuentras un sesgo particular. Y ya estoy porque estas tres anteriores es el contexto, ese background, pues aquí sí que me meto dentro del poder y Diógenes de dos mil once.
Estamos en el poder porque era un señor que todo el mundo consideraba que iba a ser presidente, están Los compadres, que es en el momento de la aclamación y cuando Gómez le dice váyase a Alemania para que le arreglen su... esos ven del 2013 creo que sería por ahí. Los compadres... Diógenes es del 2011 y Los compadres creo que es del 2013 ciertamente. Yo me inspiré también en las cartas que rescató Simón Alberto González, entre Castro y Gómez.
Y, claro, aparece la figura de Elías Al López Contreras, que es el empece del DECAN que manejaba. Y después, claro... después está La catira del general, esa relación de Camilo José Cela con Valle Jiménez, y cierro con La íntima del presidente. Exactamente, que es Medina Angarita, la medidad agaita con su... con la relación de Estrella Serfati Es madre y esas son las cuatro, ¿y fíjate hay algo?
Hay una telenovela que te hizo a ti nacionalmente famoso, novela es Estefanía en Radio Caracas Televisión, en 1980. Ahí tú interpretas, haces un personaje extraordinario, el poeta con aquel chaquetón, y en esa telenovela que si mi memoria no falla es de Julio César Mármol. Es de Julio César Mármol, la idea, toda la idea, justicia de Julio César Mármol, después estaba aquí Colivieris, que lo fueron escribiendo, y lo comenzó a dirigir César Bolívar, porque claro era una novela que tenía que durar unos tres meses, cuatro meses, porque José Luis Rodríguez iba hacer la primera gira del Puma.
Él aún no era el Puma. Y claro, él dijo: yo trabajo hasta tal día, hasta tal fecha, pero fue tan abrumador el éxito, fue tan abrumado el éxito que tuvieron que extenderlo. Entonces, bueno, él se fue a hacer su gira y entró Carlos Olivier, que era el otro guácharo, el otro guácalo. Y era con Pierina España y aparecía Tomás Enrique y Gustavo Rodríguez, Pedro Estrada y el negro Silvio Sanz.
Ahí se cambiaban un poco los nombres. Bueno, ahí los venezolanos... Pero es tan impresionante, sí, sí, es que aún, aún la gente me ve ese chaquetón y yo le digo pero bueno usted... yo era un carajito, le digo, cuando me estaba. Hace 44 años, ¿ves? Sí señor, es impresionante.
Bueno, nosotros vamos a una pausa en esta gratísima conversación con Javier Vidal. Y ya regresamos. Seguimos.
Estamos conversando con Javier Vidal, su vida y obra. Javier, la lista de telenovelas en las que tú participaste es muy larga, no lo podemos relacionar toda, pero yo tengo el recuerdo de una obra en el año 85, que es El hombre de hierro. Que a mí me gustó mucho, fue en Venezolana de Televisión y tú hacías allí... el tipo de Alberto Federico Ravell.
Exacto, ¿y tú hacía ahí un papel? Crispín, el protagonista, sí. Es el mejor papel, el mejor rol de televisión que he hecho yo. Fíjate, no me equivoqué en eso. Sí, porque tenía ventaja para un actor decir: "Es una pieza que uno la conocía, pero el Rufino Blanco fue bueno".
A mí cuando me dijeron eso yo no la había leído, déjame leerlo, es decir, entonces ya uno tenía el arco del personaje, ¿no? No como las telenovelas del archadorasio que uno hace y bueno, las de Martin Hank matan una persona, dice: bueno, qué, fui yo el que lo mateo o qué me van a matar mañana. Entonces ese personaje, volviendo a Crispín, pues fue muy... y además hubo, fue una cosa, se creó una camaradería impresionante, ahí estaba Carlota Sosa, estaba, bueno, la misma Rebeca González que hacía la pieza, y la versión para televisión la hizo José Gabriel Núñez.
Y después la lista es larguísima, hay una que también fue una novela muy celebrada, Azucena. Ah, un mucho rating, ¿no? Sí, sí, todo, mucho éxito también en Italia, que es donde después Grecia Colmenares se consagró y ella habla en italiano, pero de corrida así. Y hasta hace poco tiempo, porque el año pasado trabajaste en Dramáticas, ¿sí?, en Hispanomedios y benefición haciendo el papel de Ignacio Mondragón.
Sí, eso fue también, me encantó estar en ese proyecto porque después de haber sido destruido por completo la industria del teledramático, es decir, Daniel Ferrer, que es un productor independiente, yo ya había, él me había llamado para dirigir otra pieza. Venezolanos, desesperado me llamó para bueno, para este proyecto de hacer una serie de producción venezolana independiente como un primer eslabón o como el primero escalera, para ver si de alguna manera se revisa otra vez la industria de teledramáticas y pues los inversionistas se entusiasman en invertir no solamente ya en bodegones, restaurantes que colgantes, sino también en algo que también les puede dar muchos beneficios.
Sobre todo ya no la televisión abierta, porque eso ya tenemos que olvidarnos un poco, como también nos tenemos que olvidar de las telenovelas de 120 capítulos y ahora están los seriados, seriados que pueden ser 12 o máximo 20, pero que puedes abrir temporadas. Yo creo que fue muy importante. Y sí, no, y administras también tu tiempo, ¿no? Fueron muy profesionales.
Todos eran venezolanos, pero ya son venezolanos que tienen su empresa en México porque claro en México sí que la industria continúa muy fuerte. Entonces Daniel quiso llamarlos, vinieron acá y era impresionante, las cámaras, es decir, todo era el electrónico de última, electrónica de punta, es decir, todo era lo más reciente de la tecnología audiovisual.
Volviendo al teatro, hay obras recientes tuyas que a mí me han gustado mucho, ya las hemos mencionado, y hay obras en las que tú has actuado. Hay un unipersonal al que hiciste en el Teatro Chacao, de Primo Levi. A mí me pareció algo extraordinario, realmente la actuación tuya allí, ¿no? Gracias, sí, y era mi primer monólogo.
La primera vez, ¿verdad? Yo siempre me escapaba de los monólogos, yo digo no, es que monólogo, eso no es teatro, un señor ahí, una señora, y hablando solo, hasta que claro me ofrecen esto. Leo texto que era un texto y después, bueno, yo dije bueno sí, yo al principio digo: ¿me podré aprender todo esto? porque estás tú solo ahí dando.
Y después creo que también la dirección de Juli fue muy interesante, muy atractiva para este monólogo, que no era una ensaladita de entrada, no era una cosa muy profunda sobre lo que es este químico de profesión, judío italiano, que bueno, que tuvo que estar en el campo de concentración de Auschwitz y salió. Lo pudo contar, un gran poeta también porque las cosas que ha escrito están muy bien. Y sí, esto me sentí muy satisfecho de haber hecho ese trabajo.
Ya que has nombrado a Juli, nuestra amiga, tú fuiste su profesor, es el clásico caso de la alumna y el profesor que se enamora, ¿no? Y bueno tienen una vida larguísima juntos. Ya tenemos de firma de matrimonio 40 este año, 41 ya, no, sí, pero fue una...
No fue esa atracción de golpe del alumno y el profesor, la alumna y él. Primero fuimos eso, yo fui su profesor, le di radio porque era mala materia que yo daba y también tuve que darles algunas clases de teatro. A veces Marcos Reyes me decía: oye, échame una mano, que no puedo, no sé qué, sobre todo los tiempos que él tuvo que irse a Venezolana de Televisión cuando ganó Luis Herrera Campins, ¿no?
Y entonces claro ahí fue cuando creamos el grupo Autoteatro. Entonces ella se convirtió ya casi como... ya no era una alumna sino una discípula, es decir yo le iba transmitiendo las cosas que ella se convirtió en mi mano derecha y después fue la productora del... entonces claro hay una cosa como que algo nos está pasando o algo está pasando, cada vez más tiempo juntos, esto yo tenía la necesidad de llamar a ella, después me comentaba que dice: es que no te he visto. Y decir, había hasta que dijimos: bueno, mira, vamos a resolver esto, claro, vamos a vernos todos los días.
Entonces nos dimos cuenta que sí, que nos gustábamos, por unas cosas u otras, y bueno creo que ha resultado y tenemos dos grandes obras que no están ahí, ya no mejor anotadas. Es un Jan Vidal y Josep Vidal. ¿Jan es el mayor? Sí, Jan es el mayor, el varón, y Josep... Daimler hay recién. ¿Y cómo llevan ustedes? Los dos son también gente de teatro...
Sí, eso es bueno. Eso no era lo que uno espera porque a mí se dice: concha, esta profesión no es fácil. Lo que quieres es que sean doctores e ingenieros o algo, los que querían mis padres de mí. Exacto, a lo mejor, pero es que, claro, están viviendo, es decir, ya nosotros íbamos a, por ejemplo, Su novela romántica en el aire.
Él estaba prácticamente empezando a caminar y claro no teníamos la nona, estaba, se iba de vacaciones a Sicilia. Entonces claro iban los ensayos y entonces se iba allá y lo teníamos en un Moisés, en el camerino, lo cargaba Fernando Gómez de los brazos o Anola Aroldo Betancourt. Recuerdo, tengo la imagen, un récord, que yo estaba en pleno ensayo, actuaba y dirigía eso, y de repente ves él que se despide y comienza a caminar en medio del ensayo, comienza a atravesar ya, ya no, pues a travesarse, nos queda mirando a ella, a los actores, me mira acá y ya empezaba a actuar.
Precisamente en una pequeña anécdota cuando se entregó el premio Fernando Gómez este año, Juli, que se lo había ganado ya y habló de la relación con Fernando Gómez. Entonces claro es muy gracioso porque cuando hicimos Padre e hijo, Juli y yo éramos hermanos y ella estaba embarazada de Jan. Años después, en el año 92, hace Juli, está haciendo Fernando, es decir Fernando era el papá de Juli. Años después hace El príncipe constante, de Calderón de la Barca, y Fernando Gómez es el papá de Juli, que estaba embarazada de José.
Entonces ella como dice que Jan y José trabajaron al lado de Fernando, porque estaban ahí, estaban, es decir, en la gestación, ya ellos dos estaban, así que claro no pudieron escapar de repente eso, ¿no? Ellos tienen otra, eh, eh, Jan se graduó en Comunicación Social y yo sé maneja muy bien todas estas cuestiones de las redes, tiene un emprendimiento sobre collares cosas, aparte de lo que es actuación, porque lo sabemos y si no lo saben nuestro público es una profesión nada fácil.
Porque tiene una inestabilidad laboral bastante pronunciada en un país muy difícil. En la próxima parte del programa, Javier, vamos a hablar de otras facetas, del periodismo, has escrito novelas. Eres un ensayista o articulista de hace muchísimos años y yo creo que tú tienes en el articulismo de opinión, puedes estar cerca de los 50 años escribiendo artículos. Puedes ser, sí. Más de 40, ¿sí? Seguro.
En un momento regresamos, en esta conversación con Javier Vidal. OK. Bueno siempre ha estado. Estamos en Venezolanos, la tercera temporada de Los del Podio, conversando con Javier Vidal. Javier, te dejaba en la parte anterior del programa el tema del periodismo.
Yo tengo el recuerdo de verte y leerte en las páginas culturales que dirigía Sofía Ímber, en El Universal. Y esto ha debido ser en el año 1980-1981. 76. Ah. ¿Antes incluso? Sí, sí, sí, estaba recién graduado, entré ahí y estábamos, Sofía y yo manejábamos esas páginas.
Lo dio para el redactor o reportero y las oficinas eran del museo, se despachaban desde el museo. No sé que tu relación con Sofías es viejísima. Bueno, no sé, tan bueno, sí, de 1976. ¿No lo digo por la gran obra de Juli, ese uniperse monólogo? La señora Ímber, la señora Ímber, que tú la diriges basada en la entrevista de Diego Arroyo. Es una gran obra por donde se le vea...
O sea que ya tú tenías una relación muy cercana con ella. Muy cercana con ella, es cuando deciden que yo sea el que iba a dirigir a La señora Ímber. Recuerdo que Diego Arroyo Gil estaba un poco con dudas y dice: ¿por qué tú tienes su Sofía?, digo: yo no voy a tocar tú, Sofía. Es decir, la Sofía que han visto y que verán ahora en mayo nuevamente celebrando los 100 años de Sofía, porque vuelvo otra vez a escena, es la obra de Diego Arroyo Gil, todo el texto de Arroyo Gil.
Y sí, yo comencé escribiendo, lo que pasa que estuve, sí, del 76 hasta el 81, cuando ya la televisión me estaba jalando demasiado. Yo ya era profesor, tenía todas las tardes como profesor y también la televisión, eran los tiempos de Chaquetón, entonces le dije a Sofía: mira, no puedo, no me da el tiempo. Entonces Sofía dice: pero escribí una columna en los domingos, que fue cuando apareció Lo diario en gerundio y bueno, siguió la colaboración hasta, bueno, hasta que se fue Sofía en El Universal.
Y me llamó entonces Miguel Enrique Otero por si quería pasar la columna, porque ya estaba un poco rara la página cultural, es de dibujado, estaba a transición del señor que vino entre España o Chile, estaba dándole el cambio, y en esa transición pues me llama Miguel Enrique Otero y entonces yo continúo escribiendo hoy, pero aún sigo esto porque me volvieron a llamar en El Universal online. Y bueno, tengo una columna de 300 caracteres que... todas las semanas, ¿no?
Toda la semana es un ejercicio que a mí me gusta como ejercicio, no por escribir algo entre 3000 caracteres, no, no es fácil. No tiene posibilidad de desarrollar mucho, pero bueno es algo que me gusta escribir. Y un amigo común que quisimos mucho, Walter Rodríguez, el alma en la librería Lectura en Chacaíto, también fue asesor editorial de Planeta y recuerdo que algún momento te entusiasmó para que escribieras una novela y escribiste una novela.
Sí, porque ellos primero me editaron Su novela romántica y después, claro, empecé yo. Bueno, fue cuando escribí Todos eran de izquierda, sí, es un poco una creación ficcional, la familia de mi familia anarcosindicalista catalana que termina incluso cuando se encuentran papá y mamá, pero todo dentro de la ficcionalidad, no todo. Sí, ahora en tu obra como dramaturgo ahí es muy autoreferencial.
Testimonial, porque yo recuerdo una obra tuya cuando estabas cumpliendo 40 años, creo, o 50 o 40, que se llama Cuarenta. Ah, te estás hablando de XL 1953. Exactamente. Pero fue en el 93, en 1993. Exacto.
XL 40. La vi en el Alberto de Pájima, ¿te acuerdas? Exacto, porque yo estaba haciendo una comisión, ¿verdad?, de Venezolanos en Madrid. Sí, ¿cómo no? Que iba a ir, estuvo José Antonio Rial, José Antonio Abreu, Carmen Ramírez, y entonces me llamaron para hablar un poco sobre eso, sobre la migración, de una conferencia. Entonces se me ocurrió escribir una escoriografía, era una coreodrama, lo llamé yo, ¿no?
Sí, lo recuerdo. Y luego llegó a montar Escalona, Angélica Escalona, y había toda esta cosa también, sí, una cosa referencial, sí, testimonial, que termina en este caso, claro, el año 93 terminaba un poco con la cuestión del año 92, con los golpes de estado, correcto. Y hay algo que, pues estamos revisando toda tu faceta, hay otra me parece importante que es tu colaboración con la Casa de la Poesía, con Santos López, en los montajes aquellos dramatizados de la poesía.
Ahí tuviste un trabajo muy interesante. Sí, que eso cuando me tocaron el primer poeta que me tocó fue Rafael Arráiz-Lucca y entonces claro venían como una cosa de declamar. Entonces yo con el Grupo Teja comencé a hacer una cosa un poco más teatral, ¿no? También tenía la colaboración de Eduardo Marturet en El amarillo, ¿te acordará? Estabas tú y estaban todos los muchachos que reciclábamos, eso lo hicimos en el Teatro Nacional.
En el Teatro Nacional, exacto, ¿no? Y también hicimos, hice también otros dos poetas cubanos, Cintio Vitier y su esposa Elena, Fina García Marruz, que los llegué a conocer cuando vinieron a Venezuela, estaban ya ellos bastante. En ese programa también estuvo Antonio Constante, el gran maestro, ¿no? Sí, sí, sí, ayudando a Santos en el tema de la poesía.
Exacto y claro fue un desfile, una cosa preciosa, ¿no?, porque fueron varios años y ahí desfiló desde Rafael Cadenas hasta Montejo, hasta los más jóvenes como tú. Sí, exacto, yo esa época era muy joven, claro. Y en los últimos años... una gran experiencia, ojalá se repitan estos movimientos, con los movimientos.
Y en los años más recientes te he visto muy activo apoyando a las orquestas del sistema de orquestas nacionales juveniles e infantiles, que es una obra extraordinaria. Me llamaron para asesorar sobre las comunicaciones, sobre las comunicaciones, cómo abrir. Recuerdo que cuando tú fuiste, recuerdo a la párraga también, cuando vino ella me comentaba: por qué esto está tan guardado, no es que esté escondido, ¿no?
Está guardando y entonces claro fue ese movimiento entre influencer, periodistas, para ver qué es lo que está haciendo el sistema, que es impresionante. Aunque este no es un programa de primicias ni de batacazos ni de tubazos, sí que te voy a decir algo en la que nadie sabe y tardará un poco de saberse, que es que elaboré para el sistema el programa número trece, que es de teatro musical. Es decir que el sistema ahora podrá hacer teatro musical, como ese sistema primero formativo, no solamente en Caracas sino diferentes núcleos y por supuesto ya a nivel profesional.
Y teatro musical es un continente que contiene la ópera, la opereta, las zarzuelas... ¡Maravilla! La ópera rock, la ópera salsa, la ópera tango, en fin, todo este esto. Y muy entusiasmado en eso, fue una cosa que yo comencé a decir: el sistema es un sistema, es muy grande, las cosas tardan, pero bueno la paciencia aún me funciona hasta que me dijeron: Javier, vamos a hacer el programa, y recién está presentándose.
Wow, qué buena noticia. Qué buena, no, me alegra mucho porque es la Venezuela que todos queremos ver, es la Venezuela que somos, queremos oír. Es la Venezuela que tiene que flotar, por algo. De todas maneras el Estado lo toma como uno los mejores embajadores del sistema, sin duda.
A ver, Javier, y 71 años, una vida de trabajo intensísimo. Yo no quiero ya cumplir sino hasta los ochenta. Sí, es que te vas a tragar nueve años, ¿no? Pero mi pregunta es la siguiente: ¿hay algo en todo este recorrido que te quede pendiente y no hayas hecho o que quisieras profundizar más si no hayas podido...
Bueno, esto ha sido un regalo que te acabo de decir, el hecho de realizar esto que no estaba en mis metas, porque yo desde muy joven siempre decía que era un hombre de metas, sino de caminos. Es decir, me gusta como los versos de Machado, ¿no?, y ir caminando y ir viendo qué es lo que se me presenta. A veces cuando se bifurca el camino es cuando tienes que escoger, como dice Heidegger, es decir, si agarras un camino abandonas 999 caminos, ¿no?, pero tú tienes, tienes que coger, tienes que decir. Así que respondiendo tu pregunta, pues no, porque no soy de los que dice: yo quisiera ser King Lear, por ejemplo, es un proyecto que a lo mejor José Simón dice te lo tengo que hacer si viene bien...
Yo creo que sí. Ya estoy en edad de hacer King Lear de Shakespeare y es una gran obra, claro que sí. Oye, Javier, qué placer tan grande haber recorrido en la medida de lo posible, porque esta es una obra con grandes magnitudes en el teatro venezolano, además multifacética. Porque tú eres autor teatral, director, actor y actor en televisión...
Y tenemos la empresa Jota Creativa que está la familia, ¿no? Además está la empresa Jota Creativa y tiene un programa radio que no pudimos hablar, queda pendiente, queda pendiente, y ya este año cumplimos 25 años en el aire con ese programa los sábados. Imagínate, 25 años del aire. Bueno, Javier, muchísimas gracias por haber atendido nuestra invitación, pero yo estoy honrado y encantado de haber conversado contigo. Muchas gracias y nosotros nos vemos, nos escuchamos en nuestro próximo encuentro.