Serie Los del podio III. Juvenal Ravelo. Cap 1.
Serie Los del podio III. Juvenal Ravelo. Cap 1.
Transcripción
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com: debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos pueden seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR. Saludos para todos los venezolanos y estamos en la serie Los del Podio, en su tercera temporada.
En esta tercera temporada tenemos el placer, el gusto de tener en estudio a un extraordinario artista plástico venezolano cuyo nombre es Juvenal Ravelo. Bienvenido, Juvenal. Muchísimas gracias y feliz año nuevo. ¡Feliz año nuevo!
Juvenal Ravelo nació en Caripito, estado Monagas, el 23 de diciembre de 1934. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, además en la Escuela de Artes Plásticas Martín Tovar y Tovar de Barquisimeto, y una vez que ingresó fue profesor en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas. Hay un momento importante en tu vida que es en 1964, cuando viajas a París, pero antes de entrar en la vida parisina y el cinetismo, Juvenal, háblanos: ¿cómo es esa vida tuya en Caripito?, ¿cómo es el hogar al que tú llegas?
¿A qué se dedicaban tus padres? ¿Cómo fue tu infancia allí en Caripito? Bueno, mi padre era un pintor autodidacta. Y yo comencé pintando a los 12 años, más o menos, y me entusiasmé por la pintura porque la sentía mucho. Nosotros íbamos a muchos trabajos para ganarnos la vida: pintábamos muebles, cunas de niños, y yo recuerdo que eso casi nunca lo conté y no llegué a decírselo a Carlos Cruz-Diez, que siempre fue profesor amigo en la escuela.
Después fuimos grandes amigos y allá en París disfrutamos de esa amistad junto con Soto y los otros amigos que están allá. Bueno, esto en Caripito, yo recuerdo cuando estábamos ganándonos la vida pintando las cunas de los niños: unas eran rosadas para las niñas y otras eran de un color azul claro para los varones. Yo recuerdo que cuando yo ponía el plano de color azul o el rosado, me quedaba mirando al color y sentía una cosa rara por dentro. Y cosas que no se supo explicar ni se las comuniqué a mi padre nunca, ahora es cuando yo vengo a pensar y digo, Dios mío, era cuando me estaba identificando con las pinturas, que quería ser el pintor.
¿Te estás identificando con los colores? Con el color, sí. ¿Y cómo era Caripito en 1934 o en la década de los años 40? Bueno, ahí llegaron dos empresas petroleras norteamericanas, la Standard Company, ellos fueron los que construyeron las refinerías y construyeron el muelle para embarcar el petróleo por un río inmenso, compañero del río Orinoco, porque el Orinoco lo tenemos más hacia este, y el río San Juan allí es navegable. Es un río que trabaja, se surte con las mareas: la marea cada seis horas sube y baja. ¿Ah, sí? Sí.
Y bueno, por allí embarcaban el petróleo en los grandes buques que venían de diferentes países que estaban importando el petróleo venezolano, y bueno, había el auge económico producido por la presencia del trabajo. Había mucho trabajo en ese momento y se vivía cómodamente, ¿no? Y allí había una vida social que se iba acompañando con el deporte y el terreno político también. Claro. Sí.
¿Y en qué momento, Juvenal, lo deciden tus padres o decides tú venirte a estudiar pintura en Caracas? ¿Qué edad tenías?, ¿cómo fue ese momento? Bueno, ya tenía 18 años, yo decidí venirme a Caracas, pero en circunstancias muy difíciles, camino muy espinoso, porque no tenía ningún recurso. Yo intenté a ver si conseguía una beca y eso fue difícil, imposible, pero decidí venir a buscar a una tía mía que estaba viviendo en La Guaira.
De esa manera, en 1953, hice un primer viaje para buscar a mi tía y logré conseguirla en La Guaira. Luego me vine en una cola que me dieron unos amigos libaneses que tenían unos almacenes y venían a comprar acá ropas para revender. Yo les pedí que me dieran la cola porque yo tenía que venir a Caracas, por qué también ese interés mío es porque yo tenía mucha información de dos fuentes: la Revista del Farol, que editaba la Creole Petroleum Corporation... Claro.
¿Y llegaba allá a Caripito? A Caripito, y mi padre la recibía porque trabajaba con la empresa petrolera, hacía toda la publicidad que necesitaban en la empresa, la hacía y allí salía mucha información. Y Carlos Cruz-Diez trabajaba en las revistas también, era el diseñador gráfico de las revistas, claro, cómo no, por eso yo empecé a conocer muchos artistas porque se publicaban muchos trabajos sobre los artistas, sobre el Reverón, sobre Héctor Poleo y sobre todas esas generaciones.
Bueno, ¿y la página de arte nacional que creó Miguel Otero Silva? La página de artes allí publicaba todo lo que tenía que ver con las artes plásticas y la pintura venezolana, pues las pinturas que estaban desarrollándose. Y cuando yo logro ingresar, ese mismo año, a la escuela producto del encuentro con mi tía Lila, Lila Perfetti en el apellido de mi padre, ¿no? Yo tengo el apellido de mi madre, es Ravelo, pero mi padre, mi abuelo era Corso, mi abuelo paterno, mi padre tenía el apellido Perfetti.
Claro. Ese nombre italiano viene porque la isla de Córcega era italiana originalmente y pasó a manos de Francia. A manos de Francia y mis bisabuelos... No, bisabuelo no, es mi abuela. Era ya allá, pues, Corso carupanero, probablemente. En la isla de Córcega, sí. ¿Entró por Carúpano o por Río Caribe? Entró por el Golfo de Paria, en Yaguaraparo, y allá nació mi padre y mi madre nació en Yaguaraparo.
Ok, entonces consigues a la tía en La Guaira. Sí. ¿Cómo te vienes a Caracas?, ¿vives en una pensión, como lo hacían los muchachos que se venían del interior? ¿Sabes cómo eran esos estudios? Yo tenía que levantarme de madrugada porque viajaba todos los días. Mi tía me daba para pagar el autobús por la carretera vieja Caracas-La Guaira. No puede ser.
¡Todos los días! Dos horas por lo menos, dos horas para ir y dos horas para venir por la carretera vieja. Y hay gente que se queja hoy en día, ¿no? Y se queja cuando lo agarra una colita. No. Sí, bueno, y tenía que levantarme de madrugada para estar a las ocho en la escuela, es la primera clase. ¿Y qué profesores recuerdas particularmente, Juvenal? Los recuerdo con inmenso cariño.
¿Recuerdas algunos con gran cariño? Sí, y bueno, de emoción, claro, te emocionaste recordándolos. Bueno, los que me dan clase de pintura: Marcos Castillo y Juan Vicente Fabiani; en el paisaje, Rafael Ramón González; Francisco Narváez era director de la escuela, nos daba las clases de cultura, nosotros, ¿verdad? Y luego teníamos teoría, estaba Alejandro, que era un francés que se había radicado acá, era agregado cultural de la embajada en Francia y él se quedó a vivir aquí porque tuvo una galería 10 años.
Diez años, y hasta que luego se le terminó el período en la embajada y regresó a París. Yo lo encontré en París cuando llegué en el año 1964. Claro, sí, bueno, tenía la amistad con Carlos y con Soto porque se conocieron justamente acá y él es muy amante del arte venezolano y convivió mucho tiempo acá; incluso le nacieron unos hijos aquí en Venezuela. Sí, bueno, estamos conversando con Juvenal Ravelo.
En la próxima parte del programa vamos a seguir indagando sobre ese período de formación. Ya tenemos a Juvenal mudándose de Caripito a La Guaira y de La Guaira a Caracas todos los días para asistir a la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de la capital. Ya regresamos.
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Estamos de regreso con Venezolanos. ¡Somos Unión Radio Cultural! Estamos conversando con Juvenal Ravelo en Los del Podio, tercera temporada, en nuestro programa Venezolanos por Unión Radio. Juvenal, ya te tenemos estudiando en Caracas, pero ¿cómo es este paso a Barquisimeto? ¿Por qué te vas a la Escuela Martín Tovar y Tovar de Barquisimeto?
Bueno, por razones económicas. Resulta que yo hago este primer año y también se me olvidaba nombrar unas personas: es que por el azar de la vida consigo a uno de mis compañeros de estudio primaria en Caripito, en El Silencio. Pero cosa rara de la vida, una ciudad tan grande y yo iba caminando para El Silencio, por donde están las toninas que hizo Francisco Narváez y la urbanización que hizo Carlos Raúl Villanueva en El Silencio, ¿no? Bueno, y me llaman.
Ese es Juvenal, yo dije contra nadie, y me llama a mí por el nombre: aquí este tiene que ser de Caripito. Exactamente, era uno de los compañeros de estudio que se había venido con su padre. Sí, habían venido para Caracas. Bueno, nos conseguimos, Simón Miranda se llamaba él, bueno, y me dice: oye, ¿qué estás haciendo en Caracas? Le cuento todo.
Me dice, vamos, como era sábado tenía el tiempo, pues yo le dije sí, sí, dispongo de tiempo. Él me dijo: yo quiero que vayamos para que mi mamá te vea porque éramos muy amigos nosotros ahí en Caripito. Bueno, y fuimos allá, y cuando yo he hecho el cuento que tengo que viajar todos los días a Caracas, La Guaira-Caracas, me dieron: mire, vamos a hacer lo siguiente. Su mamá me dijo: usted se va a venir a dormir para acá.
Para acá, ellos vivían en urbanización Urdaneta, en Catia. Claro, Lomas de Urdaneta. Sí, bueno, así lo hicimos y los viernes yo me iba a La Guaira y estaba desde el viernes en la tarde que salía, estaba sábado y domingo. Y el lunes muy temprano regresaba a la escuela y después me iba a dormir allá, y bueno, así se dio ese primer año, en esa circunstancia, pero fuerte, muy difícil, y entonces decides irte a Barquisimeto.
Bueno, cuando termina, yo ingresé en la escuela en 1953. Al mes de octubre comenzaron las clases, bueno, continuó ahora en 1954 todo el año escolar viajando todos los días. Bueno, primero todos los días viajaba, ahora los fines de semana, pero siempre muy difícil la situación porque esta gente estaban en situaciones económicas muy pobres, pues, y bueno apenas me daban una arepa para que yo me la trajera de almuerzo porque no regresaba para allá, era muy lejos, estaba en la esquina del cuño, allá, no estaba en la escuela de Bellas Artes. Entonces bueno, con esa arepa era mi almuerzo, a veces con un poco de mantequilla, a veces con queso, más nada.
Bueno, sí, pero las fuerzas que tiene la voluntad, el amor es lo que uno quiere ser, porque a mí se me olvidaba que tenía que comer. Claro, tú estabas en tus estudios, en tu pasión. La pasión es un goce, la clase de dibujando, pintar, las clases teóricas. Ahora hay un salto muy grande de este relato que estás haciendo al momento en el que te vas a París, ¿cómo logras eso?
Bueno, para terminar, porque fui que había a Barquisimeto. Porque uno de los profesores nos llevó a una excursión en la escuela de arte. Era Semana Santa y nos pusimos a pintar, ya conjuntamente con alumnos de la escuela, pero había una escuela que le había mandado hacer el gobierno de general Pérez Jiménez. Era un edificio muy lindo, de dos plantas, y nosotros estábamos en la parte de arriba; abajo era artes y oficios para las damas. Y yo me di cuenta que allí le daban habitaciones a los que no eran de Barquisimeto.
Entonces yo dije: voy a hacer un experimento y estaré en esta escuela por motivo económico, porque resulta que Francisco Narváez, cuando termina el primer año de estudio, le escribe al gobernador de la época allá a Maturín diciéndole, bueno, que contra, que tengo buenas notas, que ayude, para que me ayude. Y bueno, contestó rápido, como el tiempo que tomaba una carta, pues, ocho días, diez días, y apareció un sobre con las planillas, un cheque por doscientos bolívares. Bueno, y con eso continuó, entonces ya los estudios fui mejorando la situación.
Ya no estaba más con esta familia porque la señora me dijo: ahora que consiguió su beca, muy de cerca a la escuela, en La Pastora, para que tenga cerca, pues, no esté tan lejos así, y me vine a La Pastora. Pero entonces cuando terminó el año escolar, después de haber ido allá a Barquisimeto, me entusiasmé y dije además, era una buena escuela. Este profesor era un pintor de las mismas generaciones, estudiaron juntos en la generación de estos artistas que hicieron el Realismo Social: Héctor Poleo, César Rengifo, Gabriel Bracho, Pedro León Castro.
Y estaba también, que fue hacia una pintura cubista, Armando Barrios, de la misma generación, y él perteneció a esa generación; José Requena, pero muy buen pintor, muy buen artista dibujante en los colores del retrato. Me decía, bueno, lo que pasa es que el que se queda en la provincia tiende a apagarse, a que no se asiente su nombre por ningún lado. Claro, eso es, pasaste un año en Barquisimeto, regresas a la escuela y termino aquí la escuela.
Terminas en la escuela. ¿Y entonces qué ocurre con tu vida? Bueno, cuando terminó la escuela yo me negué a regresar a la provincia para nada, porque me ofrecían un cargo ya para dar clases en diferentes escuelas de la provincia, en el mismo Barquisimeto y después en Valencia, que se me recibo es una que estaba naciendo en Barcelona. Y yo dije: no, para la provincia no regreso yo; yo desde aquí París o Roma, pero para la provincia no. Entonces así fue, y lo que hice fue: cuando regreso a la escuela inmediatamente me nombran un profesor auxiliar, Virgilio Trompiz.
Sí, Trompiz tenía la clase de grabado y muy grabados. Yo era su ayudante. Bueno, y esto sí que yo me agarré a las clases para mí, con ese fervor por el arte y tal. Trompiz iba bien vestido, con corbata y todo, yo me ponía una bata con los alumnos. Y después del año siguiente me dejaron solo ahí a Trompiz y lo pasaron al otro lado.
Y te ocurrieron esa clase, hasta el año... eso fue años 50-58 en la escuela cuando cayó Pérez Jiménez. Claro. Y 59 comienzo a trabajar en la escuela y al 64 decidí irme para París a estudiar allá. Muy bien. En el cincuenta y ocho tuviste tu primera exposición en el taller libre de arte de Caracas.
Esas primeras piezas ya eran cinéticas, eran conquistas... No, no, no. ¿Cómo eran? Estaba recién regresado a la escuela, eran paisajes naturales, naturalezas muertas... ¿Conservas algunas? Bueno, es lo que he logrado conservar alguna que, por cierto, como vamos a llamarlo, como primicia lo que voy a decir, el libro mío que yo escribí va a salir ahora este año, sí. Va a estar porque tengo hace años haciéndose el libro y claro, por no conseguir quien le edite tal vez se ha demorado, pero conseguí una empresa que me va a patrocinar el libro.
Qué bueno, qué buena noticia. Sí, bueno, entonces en ese libro yo voy a publicar allí ese período escolar primero, es la autodidacta, los cuadros, algunos que he logrado conseguir las fotos, y al período autodidacta y del período escolar. Muy bien, y después comienzo a hacer una pintura neofigurativa que gané unos tres premios, 1961, en el Salón Anual de Arte que se hacía en el Museo de Bellas Artes, que hacía todos los años y allí otorgaban el Premio Nacional de Artes Plásticas directamente a la obra que estaba ahí. Y ahora cambió el formato.
Bueno, estamos conversando con Juvenal Ravelo o con el maestro Juvenal Ravelo. En la próxima parte del programa vamos a acompañar en la vida de Juvenal, su viaje para París y los años que viviste allá. Ya regresamos.
Estamos conversando con Juvenal Ravelo en Los del Podio, tercera temporada, el programa Venezolanos por Unión Radio. Juvenal, llegas a París 1964 y ¿cómo fue esa experiencia?, ¿cómo fue que el cinetismo llegó a tu vida?, ¿cuántos años pasaste por allá, ibas y venías?, ¿cómo fue aquello?
Bueno, llego a París en 1964, pero antes de ese viaje yo me leí dos libros de Pierre Francastel, que era el que estaba al frente en la cátedra de Sociología del Arte en la Universidad de La Sorbona. Entonces leí allí Cátedra y Sociedad y Sociología del Arte. Bueno, me interesó muchísimo que yo le escribí una carta a Pierre Francastel allá de la universidad y me contestó, diciéndole que iba para allá pero que necesitaba tener seguridad porque podía ingresar, que por favor me comunicara cuáles eran los elementos que yo tenía que llevar, pues, para ingresar.
Me lo mandó a decir todo completo y me dio como, tenía que hacer todas las cosas, y bueno, cuando yo recibí la carta dije: bueno, aquí es lo que yo quiero, porque yo pensé que tenía primero que prepararme mejor para ingresar en el constructivismo y luego al cinetismo, porque me di cuenta al llegar a París que era necesario tener una formación mucho más contemporánea de lo que se estaba desarrollando en París. Y dije, bueno, pero primero necesito los estudios. Por cierto, que el día que llegué fui a ver a Carlos Cruz-Diez y en la conversación de ese día yo le pregunté a él.
Bueno, me recibió contentísimo: oye, por fin te viniste. Entonces yo le pregunté a él si era muy difícil salir a flote en París, llegar a tener trayectoria, y él me dijo: mira, yo te voy a decir lo siguiente, aquí pasa la historia del bistec, aquí el bistec pasa cada 20 años. Si estás preparado tú lo atrapas, pero si no estás preparado se va, hay que prepararte 20 años más. Entonces yo lo que dije fue, bueno, yo tengo que prepararme bien para yo poder atrapar ese bistec.
Así fue, y bueno, comencé primero a ver, yo le dije: bueno, Carlos, yo sé que estás ocupado haciendo tu trabajo, en ese momento tenía su pequeño taller en el mismo apartamento donde vivía en 1964. Entonces yo le dije a él: ve, mañana, y eso fue el mismo día que yo llegué, te lo fui a visitar, le dije: mañana tú me haces el favor y me llevas a la Alianza Francesa para ya comenzar a estudiar francés. Y después vamos a la Escuela Práctica de Altos Estudios de La Sorbona, que ya hice contacto con ellos. Entonces así lo hicimos.
Me dijo: bueno, te paso buscando a las nueve de la mañana. Me pasó buscando, me llevó a la Alianza Francesa y me inscribí. Después fuimos allá a La Sorbona. Bueno, en las secretarias, yo digo que es belleza de organización y tienen los países desarrollados. La secretaria, cuando Carlos está traduciendo, me presento y ella me dice: ¡Ah! ¿Monsieur Ravelo? Porque ahí le dicen señor, «monsieur» a todo el mundo. Sí, claro.
Es como un título de ciudadanía. Como un título, sí exactamente, porque... «Monsieur Ravelo». Sí, incluso los que son doctores nunca les dicen doctor, es «monsieur». Eso es una regla que tienen. Bueno, yo tenía 30 años, 31 años, y me dice: «Monsieur Ravelo». En Caracas, en Venezuela, ese señor es más de edad, ¿no? Entonces lo estamos esperando, me dice: aquí tengo las instrucciones del monsieur Francastel, y me sacó la carta y todo, y me dijo: lo estamos esperando para inscribirlo.
Muy bien. ¿Y estudiaste allá en La Sorbona? Estudié cuatro años. Cuatro años de La Sorbona, el 64 al 68. Al 68 yo me pagué el primer año porque yo vendí mis cosas acá, mi carro, un montón de cosas, entonces le vendí el carro, que fue a Manuel Espinosa. Yo le dije a él: tú me pagas eso mensualmente, tú me mantienes a plata con esto y yo voy a pagar mi primer año y comencé a gestionar la beca para estudiar allá.
Bueno, cosas difíciles, es decir, siempre esto ha sido difícil, pero yo ingresé en mis estudios, ¿no? Cómo no. En esos llega una comisión allá, llegó el historiador Ciso Martínez. Ah, José Manuel Ciso-Martínez era ministro de Educación, Educación de Raúl Leoni, y llegó con el doctor Emmanuel Peñalver, gran educador, rector de la Universidad de Oriente, rector fundador. Bueno, y le hicieron una recepción en la embajada y me invitaron a esa recepción.
Bueno, ahí yo aproveché de conversar con el doctor Ciso Martínez, que le dije: mire, yo solicité la beca antes de venirme para acá, pero ya llevo, se me está acercando que finalice este primer año, no lo tengo, ¿cómo vamos a hacer los siguientes? Me va a dar un informe de estos estudios, del organismo donde estás estudiando, y me lo vas a enviar al ministerio. Le colocas en el sobre personal para que no me abran el sobre porque yo me voy a detener en Madrid unos días, después sigo. Bueno, más o menos, gracias a eso me llegó la beca.
Muy bien, y terminaste tus estudios. Pudiste estudiar los cuatro años completos. Claro, el respaldo del Ministerio de Educación. ¿Y te gradúas y te quedas allá en París? Me quedo porque yo, como lo he explicado, pero yo utilicé un termómetro, vamos a llamarlo humano, que yo dije: voy a ver si yo resulto aquí en este escenario donde grandes figuras estaban en el medio y no era fácil la cosa. Bueno, pero eso sí, me metí en la cabeza tal vez seguir el mismo ejemplo de Soto, con su trabajo de Carlos, que estaban días y noches metidos en sus trabajos.
A veces se salían un poco de expansión, pero bien lejos, bien lejos de la bohemia. Porque la bohemia te consume y pierdes el tiempo, como consumió muchísima gente, ya muchos paisanos nuestros lo consumieron, yo vi eso, ya bueno. ¿Cuándo regresas a Venezuela? Bueno, yo vine a hacer una exposición primero en la galería Conra en el año 71, que ya no están ellos aquí, ahora están en Nueva York. Y después, tres años más tarde, o cuatro... No, tres, porque eso fue en el 71, y en el 74 vine a poner Arte Contacto, se llamó esa galería que ya aún no existe.
Pero venías, montabas la exposición, pasaban y regresabas. Sí, iba a Caripito a ver los familiares allá, me veía y me iba otra vez. ¿Cuántos años estuviste así? ¿Cuándo te radicaste de nuevo? Me radiqué allí y empecé a viajar para acá ya cercano a los años 90. Muy bien. Hice el viaje porque hubo una idea que se me ocurrió, que viene de la invención, que llamo Arte de Participación en la Calle. Perfecto. Eso lo vas a referir en la última parte del programa.
Estamos conversando con Juvenal Ravelo y ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural, este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarice@hotmail.com y en Twitter, arroba RafaelaRice. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. En la tercera temporada de Los del Podio, en nuestro programa Venezolanos por Unión Radio. Juvenal, regresas ya definitivamente a Venezuela alrededor de los años noventa, y tienes un proyecto del arte en la calle, ¿cómo fue ese proyecto y cómo lo materializaste?
Bueno, yo se los estoy atribuyendo a dos vivencias. Primero, mi origen, bueno, víctima de la pobreza. Y bueno, cuando llego a París, que hago los estudios con Francastel, es enfoque sociológico del arte, en el que me lleva esta invención ligándola a mi origen y dije: yo descubrí que aquí en Caracas y también en París, también en Londres, por donde íbamos exponiendo en Europa, lo mismo que vi aquí cuando era inauguración de las exposiciones, que nunca asisten la gente que vive en las barriadas, en el sector popular nunca asisten. Y uno ve allí clase media o clases medias altas para arriba, en todas las exposiciones, que hay gente bien trajeada y todo eso.
Y dije, contra yo, voy a investigar por qué esta gente no asiste a las exposiciones, pero lo voy a hacer, voy a empezar con mi país y empiezo a venir para acá. Y en 1975, después que estructuré en París toda la parte creativa, pues los módulos cromáticos, y dije: necesito hacer un equipo, no puedo ser yo solo. Entonces un arquitecto, una psicóloga, bueno, yo me encargaba de la parte sociológica, pero a veces tenía unas sociólogas y tres o cuatro artistas plásticos que me acompañaban. Ese equipo, la estructura...
Y me propuse en 1975 hacerlo en Caripito, pero en La Barrea, donde yo viví, que se llamaba Los Cerritos, ¿ok? Donde fui víctima de la miseria, pues. Claro. Entonces, bueno, llegué a convocar a la gente y a explicarles junto con este equipo, a explicarle la idea de lo que vamos a hacer: transformar ese barrio en una obra de arte. ¡Qué bonito! ¡Interesante! Un proyecto artístico y sociológico.
Por cierto, que una de las primeras opiniones sobre ese trabajo, porque unos cineastas argentinos fueron a filmar eso allá y el escritor Arturo Uslar Pietri tuvo la oportunidad del cortometraje que hicieron. Entonces escribió, recuerdo un párrafo, lo publicó en El Diario Nacional o conjuntamente cuando se refería a la Tena Calle, con Jesús Soto, con Carlos Cruz-Diez y con Otero. Y aparezco yo de último debido a mi generación, ¿no? Claro. Bueno, y en uno de los párrafos al final dice esto: «En un día de inusitado hallazgo cambiaron el pueblo y el marco de sus vidas. La vieja calle se convirtió en un arlequín de alegría y cuando Ravelo se marchó, se dieron cuenta que les había regalado una fiesta sin términos o acaso una nueva vida».
Qué bonito, qué bonito. Arturo Uslar Pietri. Qué maravilla, qué belleza, ¿no? Y también recibí una nota en París porque ese cortometraje me dieron una copia y en un congreso latinoamericano de escritores, me invitaron para que yo participara y proyectamos el cortometraje con la experiencia. Qué bien. Y entonces allí estaba Julio Cortázar, estaba el proyecto de Manuel Scorza, contemporáneo con Vargas Llosa, claro, peruano, que murió en accidente aéreo en Barajas yendo hacia Colombia.
El avión iba llegando o saliendo en Barajas, ahí murió Ángel Rama y Marta Traba. Y los tres se consiguieron en París, cómo no, ellos estaban ya. Ahora, Juvenal, que nos quedan pocos minutos, la obra pública más conocida tuya es el mural de la avenida Libertador, pero cuando uno examina tu trabajo hay muchas obras públicas en Maturín y en Caripito, es donde más obras públicas hay de Juvenal Ravelo en su región natal, ¿no? Sí, sí, porque yo quería que la gente allá participe.
Bueno, pero también me invitaron para Francia, me invitaron a hacer esa idea, el otro embajador, no es Román Nadal, el que conociste, sino el anterior. Jean-Marc Laforêt me invitó para que lo hiciera en la región donde él nació, junto con su esposa que se llama Marcigny, en la región de Bourgogne, de Francia. Y fui allá y todo este trabajo está afirmado porque están haciendo Atahualpa Lischi... Claro, el cineasta. El cineasta está haciendo un documental conmigo e incluso fue a filmar a Caripito también las costumbres. ¿Cuándo vamos a ver ese documental?
Bueno, estamos esperando que Atahualpa termine eso porque ya está en su recta final. ¿Ya están en postproducción? Claro, ellos están en París y se están haciendo allá. Él y Diana Lyche. Claro. Bueno... Y el resultado que tuve fue que esta gente en una encuesta que hicimos dijeron que ellos no asistían primero porque ellos no sabían nada de eso, de lo que era el arte y nada de eso. Y segundo, por razones económicas, yo no tenía la vestimenta para presentarse un acto como ese en la inauguración o la procesión, ni a un concierto de música ni una conferencia.
Todos esos nos lo dieron y por eso fue aquello que dije: voy a hacer este arte para que esta gente tenga la oportunidad de participar del arte, sobre todo con la idea mía: el arte va a la vida de ellos. A la vida de ellos, y entonces hice esa primera experiencia ya en Caripito, no se había hecho en mi tierra. Y después hice en Margarita, hice en el estado Sucre, en el Llano, la última vez fue cuando vino el Papa, última vez, Guanare, que inauguró el templo votivo que está allí en la quebrada de La Virgen, como se llama esa parte. Bueno, allí fue a Potosí, sí, y el Papa inauguró la obra, por cierto.
Sí, bueno, estas son pues las satisfacciones del arte y a mí me encanta la investigación y sigo continuando con eso, es la razón de mi vida. Claro que si te preguntaba, ¿por el mural de la avenida Libertador?, ¿cómo lo concebiste? Bueno, el alcalde del distrito me lo encargó la Alcaldía de Chacao. Muy bien. En 900... No, 2001, 2000 y 2001. Y después se hizo la restauración 20 años más tarde, 2021, hace poco.
Se restauró con el gobierno nacional y la colaboración de la Alcaldía de Chacao porque la primera vez que la alcaldía de Chacao fue quien lo hizo directamente, pero ahora cuando yo le toqué las puertas para restaurar, me dijo al alcalde: chico, aquí recursos, no hay recursos, y aquí de broma estamos pagando la nómina, hemos tenido que recortarle a varios programas. Y bueno, entonces toqué las puertas al Gobierno Nacional y yo le dije: bueno, vamos a hacer lo siguiente, ustedes colaboran en lo que pueden colaborar, que yo voy a buscar la pintura por otro lado. Y conseguí el apoyo al gobierno nacional conjuntamente con los dos, hice la restauración que fue en 2001.
Ya. Bueno, ¿y qué tienes en proyecto? Nos quedan segundos. Tengo bastantes proyectos. Voy para Madrid porque hay una galería de arte de Chile que me está representando y ya lleva unos cinco años en eso. Y me llevó a la Feria de Artes de Chile, bueno yo estuve aquí primero, después ahora me llevan a la de Madrid porque ellos van a hacer una galería ya en Madrid, entonces voy a participar directamente en la feria de Madrid y debo estar allá. Ellos me dijeron que ya estaban preparando todo para que yo vaya, eso va a ser mitad del año, por allí, mes de mayo, por allí.
Y bueno, y allí continúo hacia París porque hay una galería que se interesó en la obra mía y estamos en conversaciones. Teníamos todo listo para empezar con ellos a exponer, pero apareció la pandemia en el 2020, sí, y entonces no, las obras no pudieron salir y allá en Francia se complicaron más las cosas con la pandemia del COVID-19 y yo me enfermé aquí de COVID, tú eres un enfermo también y me salvaron la vida. ¿Dónde está tu taller hoy en día? Bueno, estamos trabajando cada día en el taller, en La Florida, en el Centro de Arte Daniel Suárez.
Allí hacemos las obras y las ponemos allí también. Bueno, ahora fue que hice esta última exposición que está ahorita en este momento en La Castellana, en el antiguo BOD, y se llama Centro Cultural de Arte Moderno. Así es. Muchísimas gracias, Juvenal, por esta conversación, este año celebramos tus primeros 90 años juveniles y llenos de proyectos y de sueños. Muchísimas gracias por venir. Bueno, gracias a tu programa y gracias recordándome cuando viajamos juntos a Valencia con el embajador de Francia, un hombre, no, allá, Carlos Cruz-Diez. Claro.
En la Asociación de Empresarios del estado Carabobo, que el edificio tiene obra de Carlos Cruz-Diez, fuimos los tres, Román Nadal, tú y yo, fue un viaje extraordinario. Muy bellísimo ese viaje, muy bonito. Bueno, muchísimas gracias, Juvenal Ravelo. Nosotros nos despedimos esta temporada, tercera de Los del Podio, en nuestro programa Venezolanos y hasta nuestro próximo encuentro.