Serie Los del Podio
12 de diciembre de 2023

Serie Los del podio II. Cap 12 (último). Ana Teresa Torres

Serie Los del podio II. Cap 12 (último). Ana Teresa Torres

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Recuerda que nos puede seguir en arroba Mundo UR Web y arroba Radio Escuela UR. Bien, en nuestro programa Venezolanos, en esta oportunidad de la serie que venimos adelantando, Los del podio, vamos a conversar, vamos a tener el gusto, el honor de conversar con Ana Teresa Torres. Bienvenida, Ana Teresa.

Gracias, Rafael, gracias por la invitación. Una caraqueña nacida en la Clínica Córdoba en el año 1945, en la parroquia La Candelaria, hija de Miguel Torres Cárdenas y Felicitas García Elorrio, hija única. ¿Cómo es ese mundo, esa familia, esa Caracas a la que tú vas a llegar?

¿Cómo son esos primeros años tuyos, tus recuerdos más antiguos? Bueno, yo creo que vengo de una narrativa complicada y no sé si eso me ha hecho también seguir por el camino de la narración, es una narrativa complicada. Mi madre era española, no era una inmigrante propiamente hablando, sino que se enamoró de un venezolano.

Y según me dijo una tía mía, ella no tenía ojos para más nadie sino para tu padre, entonces se empeñó en el venezolano y apareció aquí. En una época difícil, era la época franquista, pero no solo por eso, yo siento cierta admiración porque atravesó el Atlántico con los submarinos alemanes, no debía ser una experiencia muy grata, y las mujeres españolas en esa época perdían la nacionalidad al casarse con un hombre no español, quedaban sin patria. ¿Y además tú quedaste huérfana a los ocho años?

Ella murió muy joven, en el año 53, ella tenía 35 años, yo tenía ocho y, bueno, claro, a partir de allí toda la vida se complicó todavía más. Afortunadamente estaba mi abuela, la mamá de mi papá, que fue una figura muy importante para mí, como casi siempre ocurre con las abuelas que de alguna manera tienen que sustituir a las madres. Lamento mucho no haberle preguntado más cosas, claro, no haberla grabado incluso.

Bueno, no hubiera llegado tanto, pero por lo menos preguntarle cosas. Por ejemplo, ya a veces digo: ¿dónde era que ella y sus hermanas y su mamá, porque ella fue huérfana de padre bastante temprano, dónde vivían? Sé que vivían en Caracas, pero no lo puedo saber. ¿Pero qué esquina, entiendes? Yo digo: bueno, ¿no se me ocurrió? Fíjate. Y a ellas tampoco se les ocurrió.

Entonces ella fue una fuente importante para mí de estructuración de lo que era la familia, el núcleo familiar, en Campo Alegre vivía. Mi papá y sus hermanos realmente giraban en torno a ella, ¿no? Ella era, no sé si es la matriarca o no sé si es la palabra, pero la cuestión matricéntrica que se ha señalado en Venezuela mucho, ¿no?

Claro. Y ella se mudó a Campo Alegre creo que contra su voluntad, porque lo que le gustaba era vivir en lo que ella llamaba Caracas. ¡Claro! Campo Alegre es el este, es una cosa lejísima y además no era la Caracas. Porque la habían llevado para allá, tienes razón.

Entonces me imagino que fue mi papá y sus hermanos que obligaron a que se mudara del centro de Caracas y se fuera a las urbanizaciones del este, que fueron las que ya conocimos. No tengo ninguna persona conocida de mi generación que hubiera nacido en el centro, no la recuerdo. A lo mejor tú conoces a alguien, pero no lo recuerdo; todos ya pertenecíamos a eso que era tan lejano que era el este de Caracas.

Y sin embargo, bueno, muere tu mamá, vives en Campo Alegre y cerca de la adolescencia estás viviendo en Madrid, cuéntanos esa etapa, ¿con quién te vas, con tu papá? Bueno, es que como te decía la narrativa se iba complicando y entonces hubo... bueno, no voy a llamarlo un exilio dorado porque no era, es un exilio heroico, pero digamos que un tío mío resultaba bastante mejor que se fuera de Venezuela. Ok, muy bien, y bueno...

Se fueron todos. Mi abuela, no, tu abuelo se quedó en Campo Alegre, ella viajó en avión, que creo que fue la primera vez que se montaba en un avión, pero ella se quedó en su casa hasta su muerte. Entonces eso hizo que nos fuéramos para allá y bueno, de alguna manera eso se fue como quedando y hasta un punto en que yo pensé: yo no quiero seguir aquí porque yo no pertenezco a esto. Ahí estabas de 12-13-14 años en Madrid.

Sí, sí. Y bueno, era mucho más, hasta los 17, pero ahí cuando ya tú eres grande. Claro, 17 años, eras una mujer y en esa época más, entonces tú dices: ¿yo qué es lo que hago aquí? No tengo aquí futuro salvo uno casarme, claro. Entonces, eh... no, esa no es la idea de este momento. ¿Y te devolviste acá?

Y me devolví. Bueno, yo siempre había venido, quiero decir, pero digamos, me devolví completamente y entré en la Universidad Católica para estudiar psicología. Ya, ¿la Católica estaba en Montalbán o te tocó una parte del centro? El primer año lo hicimos en las esquinas de jesuitas, ok, en el centro, y nos mudamos en el segundo año a Montalbán. Y ahí te gradúas de psicóloga.

De esos estudios de psicología, ¿tú recuerdas algún profesor que significó algo particular para tu formación? Muchísimos, los recuerdo casi todos, no creo que haya ninguno demasiado vigente por ahora. Había un haitiano exiliado, era un neurólogo, el profesor Rafael Bredy, claro, el profesor Bredy. Le temblábamos, pero era un hombre que se tomaba en serio lo de enseñar, ¿no?

Sí, nos dio neurología y antropología. Estaba también Fernando Rizques, nada menos. Estaba Luis Mayi, que no le he vuelto a ver, era un psiquiatra clásico, vamos a decir, pero muy bueno.

Estaba José Miret, que era un español, no sé si exiliado o no. Pero bueno, en la Católica no había psicólogos venezolanos porque éramos de las primeras; los psicólogos eran extranjeros, el 90%. De hecho Miret no era psicólogo, era psiquiatra. Estaba el Padre Asagras, recuerdo casi todo, con gran agradecimiento además.

Y tú regresas allí a mediados de los años 60, en el año 68, y empiezas a trabajar inmediatamente como psicóloga. Bueno, yo había trabajado ya en la clínica que tenía el doctor Mayi con otras personas, que era una clínica para enfermos mentales agudos. ¿Qué es lo que hoy son las cúpulas? Imagínate, los cambios que da la vida.

Yo había trabajado allí en la experiencia de la enfermedad mental severa y después de ahí me fui al Peñón, para mí era el mejor centro de estudios de psicología clínica y psiquiatría, esos fueron tres años de formación. Allí estaba un célebre psiquiatra judío de origen argentino, Goldenberg, creo que se llamaba. Bueno, Goldenberg, yo conocía Goldenberg, pero Goldenberg no, quizás le dio algunas clases o algo, pero no era promotor; el promotor sí era argentino, que fue César Otalagano. Nosotros tuvimos mucha influencia de los argentinos en materia psicoanalítica y psiquiátrica y de atención de salud mental en general, mucha influencia tuvimos en esa época.

Y bueno, ya desde ahí, la vida, unas cosas te llevan a otra. Bueno, pero ¿en el camino te casaste con Gastón Carvallo? En el camino me casé con Gastón Carvallo, déjame ver qué parte del camino, es 75. Sí.

Pero antes del camino yo conocí Francisco Herrera Luque, que fue a través de quien conocí a Gastón Carvallo porque ellos eran muy amigos, infancia. Y entonces este Pancho Pepe me dijo: "Tú te tienes que casar con él", y dije: bueno, aquí hay dos problemas, pero Pancho es celestino. Era celestino, cómo no, y no era malo, le dije: hay dos problemas, Pancho. El primero es que Gastón está casado y el segundo que yo también, entonces no sé cómo resolveré, pero bueno, se resolvió.

¿Tú estabas casada? Yo estaba casada con alguien anteriormente y Gastón todavía estaba, no había terminado su divorcio, pero era cuestión de... era un tránsito, estaba en un trance. Pero bueno, total, que sí nos casamos y ahí nació los hijos, Gastón Miguel e Isabel, hoy en día emigrados, canadienses, como... desde el año 2008 creo que viven en Toronto, ¿no? Sí, desde el 2008, correcto; tienen 15 años, se pueden hacer como 15 años, porque mi primer nieto ya nació allá en Canadá.

Bueno, vamos a una pausa, estamos conversando con Ana Teresa Torres y en la próxima parte del programa ya hemos visto su infancia, adolescencia, sus estudios en la Universidad Católica Andrés Bello. Ya tenemos una psicóloga y vamos a abrir la puerta de su vida literaria y su vida de escritora en la próxima parte del programa, ya regresamos. Formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos conversando con Ana Teresa Torres en la conversación, tenemos una psicóloga, ¿en qué momento haces la formación de psicoanalista y cuándo empiezas a tener pacientes en el consultorio? No muy temprano, yo tenía, cuando terminé el posgrado, no antes de terminar el posgrado que mencioné del Peñón, yo justamente me fui a trabajar en el consultorio de Pancho Herrera Luque. Ok, él me invitó a trabajar con él y yo trabajaba allí. Podía haber casos personales, pero la idea que él tenía es que yo le ayudara con algún tipo de caso, y entonces, bueno, ahí empecé con él.

Qué bien. Sí, bastante, 71-72, más o menos. Ok, ahora tú asomas la cabeza como escritora, ganándote el Concurso de Cuentos de El Nacional del año 84. Yo recuerdo mucho ese cuento, no sé por qué, pero se me quedó grabada la imagen de un cuadro de Arturo Michelena en Francia, es una marina, es una playa que él está pintando y a partir de ahí tú construiste la historia.

Es como una historia, no sé ya cómo calificarlo, pero era algo que la mujer estaba hablando consigo misma y contando su historia; alguien desde afuera estaba haciendo como una segunda historia de las historias desde afuera. Eso fue el año 84 y eso tuvo una importancia para mí muy grande porque hasta ese momento yo había escrito, por supuesto; nadie empieza a escribir a esa edad, no creo yo. Pero yo no tenía, digamos, relaciones con el mundo literario venezolano salvo una muy importante, que era Miguel Otero Silva.

Tenías 39 años. Sí, era una persona en la mitad de la vida. Exactamente, entonces esto fue algo que me hizo tomar una decisión por lo que acabas de decir, porque era la mitad de la vida; yo dije: bueno, yo no puedo seguir como coqueteando con las dos cosas, o voy para acá o voy pa' allá, y entonces tomé la decisión de escribir. ¿Por qué? Porque yo creo, siempre me han preguntado: "¿y es que la literatura te influye en la psicología?". No.

Yo soy una persona que ha tenido dos vocaciones, ambas son paralelas. Se tocan, no son contradictorias para nada, pero tienen algo contradictorio en la práctica: no puedes trabajar en dos cosas a la vez todo el día, el día sigue teniendo las mismas horas. Así es, es un tema de eso, pero la vocación, yo tenía las dos, o sea, ¿qué fue más importante? No, no puedo decir que fue más importante porque...

Ahora acabas de mencionar algo que yo no sabía, y yo sabía que habías trabajado con Herrera Luque en su consultorio, que había una amistad importante. Incluso me atrevo a pensar que tu primera línea de la novela histórica en alguna medida tenía la influencia de él, probablemente. Sí, pero nombraste a Miguel Otero, que yo no lo sabía. Miguel era, bueno, imagínate lo que era para mí tener una relación bastante cercana con Miguel, era un icono.

Claro. Pero ocurre que Gastón tenía una gran amiga de él y de toda su vida que se casó en segundas nupcias con Miguel. Claro. El segundo matrimonio de Miguel... ¿Mercedes Bonmestes? Mercedes Bonmestes, el segundo matrimonio de Miguel Otero no era tan conocido, pero ocurrió, por supuesto, yo fui testigo de lo que ocurrió, entonces Miguel encantaba salir con nosotros y conversar, y quedarse hasta cualquier hora hablando. Era un enorme conversador, qué maravilla.

Y entonces cuando gané el premio me llama, le dije: bueno, Miguel, yo no te dije nada que yo lo iba a mandar, y me dijo: menos mal porque yo te hubiera dicho que no lo mandabas, para que no te decepcionaras. Entonces no te lo dije por eso, pero bueno, no lo dije, y entonces ahí yo tomé la decisión, no como de algo de hoy, mañana o pa' mañanas, pero de ir preparando mi vida para cambiarte a la literatura. Claro, y fíjate, aquí hay un detalle interesante: El exilio del tiempo, que es tu primera novela, se publicó en 1990, pero me comentabas antes que se había escrito antes.

Tú la estuviste escribiendo entre 85-86, exactamente, o sea que una vez ganaste el premio de cuentos de El Nacional te entusiasmaste con esta historia y lamentablemente se tardó un tiempo en ser publicada, que eso no debe pasar, pero eras una autora primeriza. Eso pasa, ¿no? Pasaba... A mí me aceptaron la novela inmediatamente, el problema no era ese, eran esos problemas burocráticos.

Entonces yo esa novela, cuando gané el premio, ya yo tenía un material de esa novela. Lo que hice fue: me voy a sentar a escribirla, y la llevé a Monteávila. No, es anterior a tu dirección, sí, y la novela fue aceptada inmediato; el problema estuvo los tiempos hasta que después, bueno, finalmente bajo tu dirección salió en el 90.

En el 90, y después viene una novela muy hermosa, que es Doña Inés contra el olvido, del año 1992. Yo creo que ya esas dos novelas te ubicaron en la narrativa venezolana, yo recuerdo comentarios muy elogiosos de ambas, críticos además que en aquella época significaban mucho, como Alexis Márquez Rodríguez, por ejemplo.

Y entonces, bueno, te fuiste abriendo un camino en ese mundo de la novela histórica y en paralelo han aparecido trabajos tuyos en el orden profesional psicoanalítico: Elegir la neurosis, desde el año 92; El amor como síntoma es del año 93; Territorios eróticos es del año 1998, y me parece que ese fue el último, o quizás hay otro en el orden psicoanalítico de tus libros de trabajo y ensayo, como suele llamarse. Sí, hay otros posteriores que se llaman Historias del continente oscuro, no recuerdo ahorita el año, pero es bastante posterior, es del año 2007, Ensayo sobre la condición femenina.

Eso es recogida también, pues, algunos artículos que yo he escrito, conferencias que por alguna razón vas a dar, o sea, y que yo trato de que ese material no se pierda porque en mucho tiempo uno pone esos artículos y esas charlas y cosas, entonces yo dije: no, aquí yo tengo un libro, aquí lo que quiero es sentarme a darle un sentido. ¿Ese sí ya fue el último? Fue el último en esa área.

Tengo uno mixto, que se llama El alma se hace de palabras, pero esta es una recolección de artículos, cinco ensayos sobre escritura y psicoanálisis. Es como un híbrido, hay mezclados artículos de distintos temas en el mundo del psicoanálisis. ¿Cómo te pueden ubicar a ti los oyentes, qué líneas desarrollabas tú? ¿Trabajabas a Lacan, a Freud, Jung, o hacías una mezcla de todos?

No. Yo pertenecía, y de hecho todavía pertenezco, a la Sociedad Psicoanalítica de Caracas, que depende, es una afiliada de la Asociación Internacional del Psicoanálisis, que es la que Freud creó. Ok, muy bien. Yo me siento hija de Freud, he sido freudiana. He leído otras cosas, por supuesto, pero mi línea siempre ha sido freudiana desde el principio hasta ahora, sí.

Hasta estos días. Excelente. Y después aparece Vagas desapariciones, en el año mil novecientos noventa y cinco. Sí, hay un cambio de línea que yo di voluntariamente porque dije: si yo sigo escribiendo novelas históricas esa etiqueta no me la quita nadie. Es verdad, es un país muy proclive a las etiquetas, totalmente. Esa novela no gustó en ese momento, después Alfa le hizo una reedición en el 2011, gustó más porque ahí la gente la entendió más.

Esa novela, me atrevo a decir, modestia aparte, estaba un poquito adelantada a lo que era el imaginario venezolano en ese momento. Sí, entonces, ¿por qué lo crees? Porque la gente después lo entendió, la novela ya habíamos... bueno, de todas maneras tengo, por ejemplo, Marina Arria que siempre ha seguido toda mi obra como crítica, ella dice que a ella le pasa al revés, que es la que a ella le gusta más, ¿entiendes? O sea, yo pienso que hay lectores para todos, claro, no tienes que gustarle a todo el mundo, entonces hay un libro tuyo que le gusta a una gente y a otra otra, está muy bien.

Y después viene Malena de cinco mundos, y a seguir por otros caminos vino La favorita del señor y Los últimos espectadores, que ya es una novela que está, digamos, bastante vinculada al imaginario, a los cambios que se fueron produciendo en el país. Pues claro. Ahora, antes de continuar con tu obra, yo te pregunto: hiciste un desplazamiento porque Gastón Carvallo era un hombre de izquierda y yo entiendo que tú también, en la medida en que ubicándonos en ese contexto, a los años setenta y ochenta en Venezuela.

Pero te fuiste desplazando hacia, vamos a llamar, un centro liberal, ¿cómo viviste tú, o si lo hubo, un período de desengaño de aquellas ideas juveniles? Bueno, lo que pasa es que te voy a decir y tú seguramente lo puedes saber. Para mí la cultura venezolana era una cultura de izquierdas, sí, totalmente. Yo vine a conocer intelectuales de derecha ya ahorita. Claro, claro, Carlos Rangel lo ha sido...

No, sí, gente, bueno, yo dije: bueno, estaba aquí, ¿dónde estaban? Sí, dónde estaban, bueno, entonces, yo creo que mis ideas no han variado tanto en el sentido, yo nunca hubiera sido una persona radical. Nunca he sido una persona de ese tipo de cosas. Yo muy joven pensé: yo quiero ir a los países nórdicos porque yo creo que esta gente tiene la solución, y la tienen. Sí. ¿Y fuiste? Sí, sí, pero después la vida me llevó acá, nada, claro, es muy similar, sí.

Y no tengo ninguna duda que ahí está la solución, no en la radicalidad de la derecha ni de la izquierda, sino en esa democracia social que estos países tienen y tú lo ves en el resultado de la gente, educativa, de salud. Por cierto, son todas democracias parlamentarias. Todas ellas, sí, es un dato interesante. Es interesante, incluso hay dos países petroleros, porque Noruega es un país... Canadá no es un país petrolero, pero tiene mucho petróleo.

Entonces yo he podido verlas de cerca viendo a mis hijos y mi nieto, y yo digo: esto funciona. Mira qué interesante. Estamos conversando con Ana Teresa Torres sobre su vida y obra, vamos a una pausa y ya regresamos.

Estamos conversando con Ana Teresa Torres, hemos ido recorriendo su obra narrativa y ensayística. Y hemos llegado a un libro que yo juzgo muy importante, Ana Teresa, creo que es uno de los libros que va a quedar casi que canónico en el ensayo venezolano, que es La herencia del atributo. Del mito de la independencia a la Revolución Bolivariana tiene... es desde 2009, pero tiene varias ediciones, es un libro de consulta permanente.

Ese libro lo fuiste tejiendo a lo largo de esos años en que la vida en Venezuela era muy difícil y era evidente, estaba ocurriendo una suerte de cambio cultural, si se puede decir así. Sí, sí, claro. Bueno empezó como todo porque me empezaron a invitar... en algunas creo que coincidimos nosotros, me empezaron a invitar como a eventos que estuvieran de dar un... y entonces fui acumulando material hasta que pensé: no, esto yo debería hacer lo que llaman un libro orgánico, es decir, no solamente unir los artículos.

Y entonces me puse a leer mucho de lo que los pensadores venezolanos de los años cuarenta y cincuenta habían escrito. Uno en el libro ve la huella de opiniones del pensamiento de Picón Salas, de Mijares, algo de Briceño Iragorri, creo recordar algo de Briceño Guerrero. No, no me lo han, más bien me han criticado que yo no lo incluí. ¿Ya? No, por alguna razón.

Por alguna razón, no, nada en particular. No, para nada en particular. Sí, Velázquez, quizás Ramón Velázquez. Arturo Berlisca, no, yo traté de leer todo, quiere decir, al leerlo es que yo estaba de acuerdo. Claro. Yo traté de decir: esto es lo que este señor decía.

Exactamente, y me pareció que era una manera de ver cuál era la herencia del atributo, o sea, que era también una herencia intelectual que se ha despreciado mucho, pero que estaba. Y el libro, bueno, tuvo un éxito increíble, sí, increíble, me invitaron a yo no sé a cuántas cosas me pudieran invitar para hablar y ahora la cosa se tranquilizó y... Pero fue para mí importante porque fue como decir: bueno, déjame ver qué está pasando. Estamos un poquito sorprendidos, diría yo, de lo que ha pasado.

Y después vienen dos libros que me parecen muy interesantes: una biografía, que no lo había ensayado ese camino antes, es la biografía de la doctora Inés Coronil, publicada en el año 2010 en la Biblioteca Biográfica Venezolana del diario El Nacional, aquella que concibió Simón Alberto Consalvi. Probablemente fue un encargo de Simón, ¿te dijo, no? No fue al revés, yo se la propuse.

Qué bien. Yo se lo propuse y él me dijo: qué bueno, porque yo andaba buscando quién podía hacerlo. Ok. Entonces dije: bueno, yo creo que yo lo puedo hacer, yo la conocí personalmente y fui muy amiga de María Elena Coronil, también de Fernando, pero más de María Elena; trabajamos juntos incluso en una época que éramos muy cercanas y yo iba a su casa con frecuencia. Y yo creo que ella merecía, aunque fuera una modesta biografía, porque como aquí se olvida casi todo, pues entonces por lo menos un trabajo bueno.

Si ella viera lo que pasa hoy en el hospital de niños, no sé lo que pasaría. Claro. Pero no lo ven, y bueno, el trabajo de ella junto con el doctor Machado Hernández, Gustavo Enrique, que fue presidente del Consejo Venezolano del Niño... aquí vienen tiempos de López Contreras, Medina, y durante varias décadas hubo un particular interés en el tema de la infancia abandonada. Pastor Oropeza también trabaja mucho con ella. Sí, los grandes pediatras de ese momento.

Y además estamos hablando de la primera mujer graduada de médico, ¿no? La primera mujer que estudió y se graduó de médico, sí, porque habían reválidas, había un poco de confusión. Por ejemplo, la madre de Teodoro Petkoff hizo una reválida y había otras mujeres que también trabajaron, se graduaron, pero después de ellas. Ella fue la primera que se inscribió y estudió, y se graduó aquí.

Y se casó con un médico, pues, que después también fue muy notable, era Rubén Coronil, y bueno, no me fue difícil recoger los datos porque tenía Sofía y Enver, fue también muy generosa conmigo, me dio muchos datos de su infancia y todo eso, ¿no? Y después viene un libro que yo estimo mucho, que es El oficio por dentro, es donde tú reflexionas sobre el arte de escribir. Es un libro excepcional porque muy pocos escritores a su vez reflexionan sobre lo que están haciendo en materia de escritura.

Sí, bueno, es que a veces los libros se van haciendo no sé ni por qué y, por ejemplo, una parte del libro es un curso de cómo se escribe la novela. Eso fue una petición que me hizo María Fernanda Palacio, pero cuando yo trato, tú sabes, de no dar puntadas sin hilo, y yo tengo que dar este curso, tengo que prepararlo. Yo no voy a perder ese tiempo, eso lo voy a escribir, claro, y queda. Y me han invitado, tengo unos chamos, el año pasado me invitaron para que dé ese curso por Zoom.

Y eso fue la Escuela de Letras de la Central. No, no, eso fue lo que ella tenía, San Francisco, los diplomados de San Francisco, que era maravilloso, altamente de élite, era una parte. Entonces, bueno, te digo chamos para mí que han querido que repita este curso, ahora por Zoom, y el año pasado se escribieron 50 personas, me parece que era un éxito, para mí, cincuenta personas ya es mucho. Muchísima gente, claro.

Vamos a continuar con la línea de ensayo y después retomamos la línea narrativa. Después viene El diario en ruinas, que son los años 1998-2017, publicado en 2018. Allí yo sentí, cuando lo leí, una veta que no había visto antes en ti, que es una suerte como de analista política y que hace pesquisas periodísticas. Ahí noté en ese diario una angustia muy particular por el país o por lo que estaba pasando. ¿Es quizás tu libro más político?

Bueno, esos años que empezaron en el 98, bueno, nos cambiaron la vida a todos, y parte de ese cambio, a mí siempre me gustaba la política, Gastón era un hombre que siempre hablábamos de política. Pero esto fue distinto porque ya no era la política, es lo que está pasando, te está pasando a ti, entonces yo me sentí muy afectada por eso y durante esos años yo estuve en muchísimas, digo, en bastantes agrupaciones de activismo, vamos a llamarlos exactamente. A veces digo: bueno, lo que estabas haciendo era perder el tiempo, pero otras veces no pienso que no, porque también fue parte de mi vida, de mi experiencia.

Así es. Entonces el libro, bueno, era eso de decir: yo no quiero que a mí se me olvide esto. Claro, que ya se ha olvidado, porque claro, porque los jóvenes de veinticinco años saben, no lo sé, pero eso pasó, pero ahí está recogido y a mucha gente le gusta. No pretende ser una obra literaria, sino algo así como un diario, un diario mezcla algunas cosas personales y otras son cosas de memoria colectiva, claro.

Y en esta área aparece Viaje al poscomunismo. Viaje al poscomunismo puede ser un libro, una crónica de viajes, pero también unas anotaciones ensayísticas sobre lo que ustedes están viendo allá en ese mundo que desapareció en 1989, pero que ahí están sus rastros. En ese sentido abriste otra puerta de la crónica y viajes con este sesgo tanto narrativo, que lo tienen todas las crónicas, como reflexivo, ¿no? Sí, claro, porque no era un libro de turismo. No, claro, no es una postal.

Exacto, entonces lo que quería era, bueno, recoger lo que uno podía ver y podría entender, que no hay mucho porque estás viendo realidades muy distintas a la tuya y no tienes las referencias. Ya han pasado 30 años, además, pero el poscomunismo no ha pasado, el poscomunismo está claro, y el comunismo lo ves todavía. Sí, pero en gente mayor, pero el poscomunismo ahí está, ¿no?

Y queríamos ver un poco, Yolanda Pantin y yo, que fuimos autoras del libro, queríamos ver qué similitudes tenía con este país. Yo digo que este país pasó al poscomunismo sin tocar el comunismo; el que sepa un poco de comunismo sabe que aquí no lo hubo, entonces este agarró, digamos, sí, algunas cosas. Es el libro que fue, lo comentábamos esta semana en una librería, fue interesante, fue interesante hacerlo y interesantes los viajes, por supuesto. Y a la gente le gustó, a la gente le interesa.

Y ahora que nombraste a Yolanda Pantin, hiciste El hilo de la voz, este es un hilo muy valioso, esta antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX, publicada en el año 2003, ha tenido dos ediciones. Es una antología muy completa, ¿no? Sí, sí, ese fue un trabajo tremendo, pero bueno, me siento que valió la pena porque mucha gente, digamos, personas del medio crítico literario, etcétera, no solo venezolanos, lo valoran y valió la pena hacerlo.

Y descubrieron autoras que la gente había olvidado o simplemente no las conocía. Incluso algunos seudónimos, por ejemplo una pariente mía, Dinora Tarver, Dinora Ramos, era el Arráiz, una primera hermana de mi papá, y así otras, pues, que a mí me sorprendieron. Sí, esa la iban a borrar, no la iban a borrar de la historia, pero sí estuviera mejor, al menos, de ese grupito. Entonces, bueno, fue muy... yo me siento contenta de haber eso, sí, toma mucho tiempo hacerlo, pero me siento contenta de haberlo hecho, como me parece casi imposible que ese libro se haya reeditado.

Yo le pregunté a Yolanda si estaba de acuerdo y lo puse en mi página, si alguien lo quiere ver, pues ahí está. Bueno, estamos conversando con Ana Teresa Torres, estamos cerca del último aparte del programa donde veremos sus libros más recientes y algunas conclusiones, ya regresamos. En breve continúa ¡Venezolanos! Somos Unión Radio Cultural. ¿Estás escuchando? Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm.

Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con Ana Teresa Torres sobre su vida y obra. Ana Teresa, en el año 2002 en Mérida publican tus cuentos completos, van desde el año 1966 hasta 2001. Yo no tenía memoria de algún cuento tuyo antes del cuento del año 84, pero se ve que los tenías engavetados.

Estaban engavetados y creo que uno o dos fueron publicados en algún medio, pero nosotros no... no, no eran inéditos, yo lo quise publicar porque me parecía muy bueno, porque no son... pero yo quería algo así como cerrar. Y es que un escritor no nace a los 40 años, sino que había una historia detrás de ellos, historia inédita. Inédito, pero ahí estaba, y entonces, bueno, Víctor Bravo se empeñó, se empeñó y se empeñó y lo sacó. Bueno, eso está muy bien.

Y después viene El corazón del otro, me abro tan largamente en dos novelas también publicadas por El Otro, el mismo, ¿no? Víctor Bravo seguramente no. Y El corazón del otro es de Alfadil. Es un libro del año 2005, después tenemos Nocturama, que tiene una reedición muy reciente del año 2021, pero es un libro originalmente de 2006, La fascinación de la víctima, que es del 2008, y La escribana del viento, que es una novela que a mí particularmente me gusta mucho.

Tú lo presentaste. Yo la presenté y escribí sobre ella, a mí me parece una gran novela y, ojo, coincidimos varios de tus lectores en esto, entre otros Roberto Lovera de Sola, que es uno de los críticos más estima tu obra. Yo creo que esta novela es de un orden histórico y supone una investigación histórica, pero hay un trabajo psicológico extraordinario de los personajes y hay un lenguaje muy decantado, que es algo que yo creo que, a lo mejor, coincides conmigo, que se va adquiriendo con el ejercicio de la escritura. Cuando uno ve lo primero que uno escribió y ve lo que escribió 40 años después, tú dices: bueno, algo mejora o algo.

No, esa novela tuvo la suerte que se escribió en dos momentos. Esa novela yo la empecé a escribir después de Doña Inés y lo abandoné, y la dejaste, tenía mucho material de investigación, solo guardé, pero me fui para otras cosas. De manera que cuando vuelvo ya tengo como andado una buena parte del camino. Pero vuelve 20 años después, prácticamente.

Bueno, no más creo. ¿Más, no? Sí, porque... no fue del 2013. 2013, sí, pero entonces vuelvo ya con otra visión porque vengo con la visión de todo lo que he venido viendo. Y yo le di un sentido diferente a esa novela, le di un sentido: una familia perseguida por el poder. Exactamente, tal cual, y el de ver el incesto también. Perseguida por el poder, arruinada y exiliada.

Entonces, claro, ya ahí había unas emociones que yo no tenía en la primera etapa. ¿Y en 2015 aparece una extraordinaria antología tuya? Que es Fervor de Caracas. La publicó Fundabag, que supone una gran investigación sobre temas caraqueños. Ah, eso la disfruté muchísimo. La disfrutaste mucho.

Un gran libro, ¿no? Y a mucha gente le gusta mucho ese libro porque... Bueno, yo traté de escoger lo más emblemático y lo que me gustaba. También hay autores que quizás no son tan conocidos para el gran público, pero hay otros que sí. Ese fue un libro que me gustó mucho hacer y tampoco me parece que sea reeditado, porque esos libros son muy grandes, pero bueno...

¿Y Diorama? Que es el último. La última del año 2021, es como una secuela hasta cierto punto de Nocturama. Ya es la distopía. Es un libro doloroso, es un libro. Bueno, es un recorrido largo que ha tenido y lleno de trabajo, de logros...

¿Cómo te sientes después de lo que has hecho? ¿Qué falta? Sí, qué falta, no, porque yo pienso que este no es un tema de faltar, porque lo que yo quería hacer era el recorrido y el recorrido lo he hecho. El recorrido puede ser más amplio, sí, claro, si vivieras mil años, pero eso no va a ocurrir, entonces yo siento que yo hice lo que yo quería hacer, o sea, mis vocaciones yo las pude llevar a la práctica muy bien, no me quedé con eso, claro.

Y bueno, yo me siento satisfecha. ¿Podría escribir más? Sí, claro que podría. Estás en eso. Estoy en eso, sí, más lentamente porque la energía no es la misma que uno tenía antes, pero estoy escribiendo una novela sobre el tema de la emigración, ok, un tema muy venezolano que no lo habíamos vivido nunca. No así como este, no lo habíamos vivido, claro.

Pero no venezolana solamente, sino en general, de otros países, hay personajes de distintos países y venezolanos también, por supuesto. ¿Tú sabes quién tiene una reflexión sobre haber emigrado? Que a mí me tocó mucho, Milan Kundera, porque Kundera sale de Praga y se convierte en otra persona, en otro mundo. Y el otro que también reflexiona mucho sobre eso, me parece a mí, que es Jacques Lacan.

Pero Jacques Lacan no emigró, que yo sepa. No, Lacan es un francés de toda la vida. Un francés del todo... espérate entonces, ¿cuál es el que tiene aquel...? Sí, entonces no es... pero un psicoanalista al que estás pensando. Sí, estoy pensando en un psicoanalista... no, psicoanalistas emigrados hay muchísimos, sí, porque muchos de los analistas eran judíos y tuvieron que irse, exactamente.

Pero no, Lacan era un francés, francés de francés, pero reflexiones sobre el exilio hay muchos. Ya estoy confundiendo a dos personajes, no es Lacan en quien yo estaba pensando sino Emil Cioran, claro, que ese es un rumano emigrante, esos dos, Cioran y Kundera, viven muy fuertemente el hecho de haber emigrado. Fue una confusión que tuve. Sí, bueno, en el fondo lo que te va marcando los temas es lo que va afectando tu vida.

Claro, en el fondo, entonces bueno, ahorita, ¿qué es lo que a mí me ha afectado mi vida y la del casi todo el mundo? Se te fueron los hijos. Entonces yo tengo que estar en una condición de nómada, que me parece muy incómoda, y qué haces. ¿Has pasado meses largos? He hecho una repartición. Y la vas a seguir haciendo mientras pueda.

Claro, me hubiera gustado hacer lo que hizo mi abuela: ustedes tienen que ir, vaya, sé yo... yo me quedo, pero bueno, los tiempos no son los mismos, claro. ¿Y tus hijos te necesitan? Bueno, o yo a ellos también. O de hoy tú a ellos, sí. Es fácil moverse hoy en día también.

Claro. Bueno, total, eso es lo que ha ocurrido, ya no se puede nada que discutir, pero me dio un tema, sí, me dio un tema literario que además no es ninguna novedad, el tema de la emigración, como tú estás recordando, está en la literatura desde Ulises, o sea que, bueno, estoy en eso, me va a tomar un tiempito. Es interesante. Muy bien, bueno, Ana Teresa, creo que hemos ido recorriendo casi todo.

Hay unas facetas también que nos falta, pero no falta por ver tu vida de activista o tu vida colateral a la escritura, por ejemplo el caso de que eres individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. Que participaste en todos esos años en aquellas asociaciones de activismo social político, es como un mundo, casi todos los escritores tienen un mundo paralelo de actividades. Bueno, yo no lo hubiera tenido en otra circunstancia, muy bien. No lo hubieras tenido.

Me vi en la necesidad interior de hacerlo, y en otro contexto de hecho no las había tenido. A la vez pienso que... tú llevas bien la soledad, llevas a estar sola. Yo llevo bien estar sola, yo creo que, bueno, aprendí muchas cosas desde conocer cantidades de personas que yo no hubiera conocido en mi día cotidiano. O sea, me enriqueció mucho y bueno... en realidad no fue algo que elegí, sentí que no podía sino hacerlo. Bien, Ana Teresa, muchísimas gracias a ti y bueno, nosotros terminamos esta conversación con Ana Teresa Torres en Los del podio, el programa Venezolanos, y nos vemos y nos escuchamos en nuestro próximo encuentro.

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