Serie Los del podio II. Cap 10. Leopoldo Baptista
Serie Los del podio II. Cap 10. Leopoldo Baptista Zuloaga
Transcripción
Recuerda que nos puede seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR. Estamos en Los del Podio, segunda temporada, el programa Venezolanos. Hoy tenemos el gusto de sostener esta conversación con un venezolano de múltiples realizaciones: Leopoldo Baptista Suluaga.
Bienvenido, Leopoldo. Muchísimas gracias, Rafael, por esta invitación. Bueno, gracias a ti por venir, vamos a recorrer tu vida. Leopoldo, eres hijo de un trujillano y una caraqueña, naces en Caracas en 1940, ¿cómo fue esa familia si se quiere bicultural?
Porque los trujillanos y los caraqueños entonces tenían raíces culturales diferentes, ¿no? Sí, bueno, sobre todo en el caso de mi papá porque mi papá fue educado principalmente en Estados Unidos dado que mi abuelo se peleó con Gómez en el año 1913 y tuvo que irse. La escapada fue muy interesante, algún día la amplío, y se fueron primero a Curazao, después a Nueva York, en donde él vivió la mayor parte, o sea que él era un individuo.
¿Tu papá estudió primaria y secundaria en Nueva York? En Nueva York. Lo que él estudió en Venezuela fue relativamente poco. ¿Y vivía allá con tus abuelos? Vivía allá con mis abuelos, posteriormente se fue a Canadá y se fue de Europa y tal, pero esencialmente el centro de operaciones era Nueva York.
Mi abuelo murió en el año 1931 y mi papá pidió permiso para regresar a Venezuela a encargarse de una hacienda en Valencia y el general Gómez le dio permiso. Hay un cuento que te puedo recordar, que es muy simpático. Mi papá se dejó una chiva muy grande, una chiva, y alguien le preguntó: "¿Hasta cuándo te vas a quedar con esa chiva?" y él dijo: "Hasta que salga Gómez". Entonces alguien fue y le contó el cuento a Gómez y Gómez dijo: "Se la va a mear", claro, por su...
Pero en todo caso mi padre regresó en el año 31 y se casa con mi mamá, que era una muchacha relativamente joven de Caracas desde esa época. Mi abuelo había fundado la Electricidad de Caracas. Tu abuelo, Ricardo Zuluaga Tovar. Sí, exactamente, había fundado la Electricidad de Caracas y eso originó la mezcla de unos andinos con unos caraqueños de origen vasco.
Muy bien, ¿y cómo es esa infancia tuya cuando tú naces? Ustedes vivían en El Paraíso, me parece. Nosotros vivíamos en El Paraíso. Yo fui a un colegio que mi abuelo Ricardo Zuluaga había hecho en El Paraíso porque él era ateo, entonces no quería que su hijo, que era mi tío, fuera a un colegio católico, y por lo tanto hizo un colegio y se le daba a uno profesor, a la profesora Toyce, entonces la conozco.
Y a ese colegio, que era una vaquera que convirtieron en colegio, ahí fui yo primero. Después, con los años pasados y dada la influencia muy religiosa de la parte del padre, pasé al Colegio San Ignacio, donde tuve gran cantidad de tiempo. Y el San Ignacio en esa época quedaba en la esquina de Jesuitas. ¿Y cómo te ibas del Paraíso a la esquina de Jesuitas?
Había un transporte... me llevaban, pero cuando yo empecé a ir ahí tenía 11 años y yo me iba y venía, como era la Venezuela segura en ese entonces. Yo caminaba a veces los domingos, sobre todo, desde el centro de Caracas hasta El Paraíso donde yo vivía solito, éramos uno o dos muchachos de 11-12 años. Cruzábamos por San Juan y el Puente Ayacucho. Sí, sobre todo la Plaza Miranda, pasábamos siempre por la Plaza Miranda porque siempre tenía una alternativa de conseguir un autobús que costaba un medio, que se llamaba Paraíso Directo.
Exactamente. En El Paraíso, un poquito antes de yo, cuando estaba chiquito pasaban los tranvías. Imagínate, claro. Los tranvías eran muy simpáticos porque uno ponía la línea de tranvía una locha y el tranvía, cuando pasaba, las doblabas; eso era para una gran satisfacción.
Muy bien, entonces haces bachillerato con los jesuitas, de modo que tienes en la formación, pues una influencia agnóstica, la de Ricardo Zuluaga, pero después una influencia católica. Te gradúas en el San Ignacio y entras en la Universidad Católica Andrés Bello. A estudiar dos carreras además. Acuérdate entonces el quinto año de bachillerato no se hacía en el Colegio San Ignacio sino en la universidad, entonces yo hice quinto año allá en el año 1956 y después empecé ingeniería, estudié primer año de ingeniería. ¿Ingeniería civil o industrial?
Ingeniería civil, que era lo único que había. Ahorita están celebrando los 70 años y nosotros, que fue... ellos empezaron en la Católica, empezó a dar ingeniería en 1953; yo empecé en la Católica en el año 56 y entré en ingeniería en 1957, o sea, estaba muy cerquita todo ahí, ¿no? Lo interesante de esa profesión es que yo me di cuenta que en las noches podía yo recibir otras clases, entonces me metí en economía cuando estaba en segundo año de ingeniería y estudiaba las dos cosas al mismo tiempo.
Ok, ¿no trabajabas todavía? No trabajaba, tenía tiempo de estudiar las dos carreras, pero el último año de ingeniería fui presidente del centro de estudiantes. Claro, nosotros teníamos la poli, establecimos en la Católica una cosa que fue histórica, que es que nosotros no queríamos que en la Universidad Católica hubiese política. Por lo tanto hicimos un grupo que se llamaba Plancha 2 y era antipolítico.
En las escuelas de ingeniería, pero eso duró muchos años cuando yo estudié en la Católica, excepto a la Plancha 2. Bueno, ese es el resabio de lo que quedó, de los que nosotros formamos. Y en ese entonces nos organizamos y nosotros dominamos las elecciones a toda la universidad. La Federación del Centro era Marcel Granier, el centro de ingeniería era yo, el derecho era Francisco Paz-Parra, y así sucesivamente dominamos totalmente, y enseñamos a una juventud que en ese entonces se preocupaba por la política.
Era muy interesante las discusiones políticas de ese entonces, pero nuestros contendores eran los copeyanos, que eran los que querían tomar control de la universidad. Te gradúas en 1962, me parece que en esa fecha no se había inaugurado el campus de Montalbán, ¿o sí? El campus... no, era yo 62 y estaba... ¿Tú llegaste a estudiar en Montalbán? No. Yo estudié en el bachillerato segundo y tercer año. En cuarto año, tres años estudié en Montalbán, exactamente, y tuve muy buenas experiencias de esa zona.
Ok, entonces ya estaba inaugurado el campus de Montalbán. Quiero decirte que cuando tenía 16 años le dije a mi padre que yo quería aprender a volar. ¿Y tu papá era aviador? No, pero mis tíos eran aviadores, Ricardo y Roberto Baptista, que era médico. Que por cierto los dos perdieron hijos, o sea, la aviación le costó caro. Entonces yo aprendí a volar y era muy curioso porque en ese entonces te daban licencia para ser alumno piloto a los 16 años, pero no podías manejar carros.
Entonces yo tenía que conseguir un chofer que me llevara a volar, volaba y me tenía que volver a llevar a la casa. Y eso era en el Aeropuerto de La Carlota. ¿El aeropuerto de La Carlota ya estaba asfaltado o era todavía tierra? No, bueno, no fue de tierra muy poco tiempo, sí, ya entonces en el año 1956-57. Pero tú estás volando aviones desde 1956. ¿Te recuerdas quién era tu instructor, en qué avión aprendiste?
Sí, el instructor era un italiano, era muy curioso porque la formación principal la tuvimos extranjeros, ¿no? El instructor es un italiano que se llama Marazco y las clases no las daban, normalmente, españoles que se habían peleado en la guerra civil y que se habían venido para Venezuela. Y por cierto fue una inmigración extraordinaria porque nos hizo una formación que tenemos muy completa e internacional.
Y una vez que te gradúas el 62 de ingeniero y en el 63 de economista. Y me parece que te vas de inmediato a hacer un máster en Stanford o así, ¿no trabajaste, si no te fuiste? No, cuando me gradué ingeniero empecé a trabajar con una oficina del doctor Hipólito Quirós, en hidráulica, brillante profesor, y ese individuo estuve casi un año, pero cuando decidí que me iba a ir me retiré y fui a la Universidad de Stanford. De las cosas interesantes es que en la universidad de Stanford, a mi manera de ver, me marcó mucho y tuve muchos amigos.
Bueno, yo llegué allá en enero de 1964 y el mes de mayo de 1964 los cursos eran trimestrales. Entonces yo vi que había un viaje alrededor del mundo, entonces me fui, convidé a mi hermana y nos fuimos cuatro meses alrededor del mundo. Mi experiencia en ese entonces fue muy interesante. ¿Cuál de tus hermanas, Morela o Anita? Anita, la más grande.
Tuvimos Hawaii, Japón, etcétera, experiencia muy interesante porque después, cuando regreso, ya yo era amigo de un japonés que estaba estudiando en Stanford, cuando regreso me alcanzó y alquiló una casa. En esa casa nos quedamos tres personas, un iraní, un japonés y yo. Él era el japonés, era el nieto del primer ministro japonés durante la época de MacArthur, imagina, y había sido el que había firmado el Tratado de San Francisco en 1951. Y ese fue el que consiguió una casa que por cierto se la alquiló a un amigo de su abuelo; esa es la casa donde vivíamos, que se la alquiló a un amigo de su abuelo que era el presidente de Standard Oil de California.
Bueno, lo cierto es el asunto: es que este japonés con el pasar del tiempo se metió a política, a pesar por el lado de su padre. El lado de la madre era descendiente del primer ministro y por el lado del padre, este era el propietario de la fábrica más grande de ese evento que había en Japón, que se llama Aso Cement, porque el nombre de este era Taro Aso. Pero lo más interesante es que era de religión católica, eso es rarísimo, muy raro. Ah, de los católicos de San Francisco. A ver, vamos a hacer una pausa, estamos conversando con Leopoldo Baptista Suluaga y claro, esos son los jesuitas que llegaron al Japón. Es interesante, vamos a hacer una pausa y ya regresamos en breve.
Continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre el espacio pueden escribirnos al correo rafaelarice@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarice. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.
Estamos conversando con Leopoldo Baptista Suluaga. Entonces egresas de Stanford, entiendo que una maestría en planificación estratégica e ingeniería... para la investigación económica de ingeniería. Y te regresas a Venezuela a trabajar 65. ¿Cómo son tus inicios laborales y dónde comenzaste?
Bueno, yo había estudiado con una beca de la Electricidad de Caracas. Muy bien, y cuando regresé me dijeron: sería bueno que trabajaras con nosotros. Claro, pues, hemos becado a trabajar con nosotros, exactamente, entonces empecé a trabajar con ellos en 1965 y tuvimos... empecé por todo tipo de entrenamiento en la electricidad, que realmente de aquella forma funcionaba quedaba a gusto verdaderamente. Yo fui entrenado a trabajar como peón, yo fui entrenado y después llegué a hacer en la Luz Eléctrica de Venezuela, que le había comprado ese mismo año la Electricidad de Caracas los americanos, porque era una compañía americana que se llamaba American Foreign Power.
Entonces estaba hecha por equipos de gente diferentes de lo que era la Electricidad de Caracas, pero eran unos equipos muy buenos de gente, verdaderamente competentísimo. Entonces yo fui gerente de relaciones industriales y fui presidente de las electricidades por años que tenía Luz Eléctrica, que era el Yaracuy. El Yaracuy tenía la Luz Eléctrica del Yaracuy. Te pregunto, entiendo que ahí ustedes distribuían, comercializaban la energía eléctrica, ¿y cuál era la fuente en el Yaracuy? En el Yaracuy había una planta.
Ah, ok... Pero plantas termoeléctricas. Una planta termoeléctrica. En algún momento después le compramos algo a CADAFE. Muy bien. En un momento de... Después también, que a la electricidad de Barquisimeto le faltaba corriente, no estaban generando suficiente y que Barquisimeto estaba creciendo mucho, estudiamos hacer una planta, la electricidad de Puerto Cabello que le pertenecía a los Galavís, no a los Stelling; no, no, a los Stelling era Valencia.
La de Puerto Cabello les pertenecía a los Galavís, el gerente ahí era un individuo muy competente, se llama Magdaleno Hernández. Que por cierto es el padre de un hombre al cual apreciamos mucho que ha estado en el Banco Central y se llama Hernández Delfino. Carlos Hernández Delfino. Claro, hijo de Magdaleno Hernández, no lo sabía, un hombre verdaderamente muy interesante y muy buen amigo. Sí, muy bueno, este es un habilísimo en persona.
Y después de eso empezamos a estudiar la posibilidad de poner unas estaciones de generación de electricidad para las tres compañías y no hubo mucha acogida por parte de las autorizaciones del gobierno, que no quisieron... No les permitieron crecer. Pero tú también dirigiste durante mucho tiempo Electricidad de Guarenas-Guatire, que también era de la Electricidad de Caracas. Sí, acuérdate en el año 1968 o 67, por razones políticas y siendo la Electricidad de Caracas el signo del capitalismo y estimulado por algunas personas como era el hijo del Negro Prieto, Prieto Silva se llamaba él, sí, pero Prieto Figueroa era el papá.
Entonces ellos nos atacaron mucho y también otro que nos atacó mucho, a quien yo por otras razones apreciara, era el ministro del petróleo que era... Pérez Alfonso. Juan Pablo Pérez Alfonso, ¿sí? Pero los atacaban para que ustedes no crecieran en Guarenas-Guatire. Criticaban el servicio, que podía ser mejor, una serie de cosas y cosas que no eran verdad, es decir, porque tú la comparabas con otra, era una excelencia extraordinaria. Y en ese entonces el nivel de conocimientos generales de electricidad en Venezuela era fabuloso, es decir, nosotros estábamos a la cabeza de América Latina con mucho, pero de lejos además.
Y en el año 71 te vas a Harvard, ¿porque sentiste que te faltaba en tu formación? Primero yo utilicé como política que durante los años finales de los 60 cada vez que veía un curso interesante me iba a estudiar. Así estudié a largo planeamiento, a largo plazo. Estudiaste en Chicago también. Estudié en Chicago y estudié en Ann Arbor y estudié en California también, en el Stanford Research Institute, que era separado de la universidad, está muy interesante.
Pero es que en el año 71 ese curso muy bueno, que tenía la Universidad Harvard y que todavía lo hayan mezclado con otros cursos, era para aquellas personas que podían tener el potencial de tener un puesto importante y querían formarlo. Y la formación fue muy buena, qué bueno, hasta ahora yo creo que te tenemos a ti 32 años, algo por el estilo, estás trabajando en Electricidad de Caracas, estás formando allí, pero todavía no has abierto la puerta del constructor. ¿Cuándo comienza esa etapa y cómo fueron esos inicios?
En el año 68, tres amigos míos me dijeron que nosotros nos pusimos de acuerdo, vamos a hacer una compañía de construcción para hacer vivienda y empezamos con viviendas de precio intermedio. Eso es Angarita, Baptista y Arévalo, que tiene por ahí un edificio todavía el mismo nombre. Además tiene un crujías muy bonito ese edificio. No solo el crujío es... el sistema constructivo, el sistema constructivo que se llama Tridilosa impactó mucho porque él lo inventó un mexicano.
Un mexicano izquierdista, totalmente amigo de Fidel Castro; en ese entonces el PRI dominaba México y entonces el Partido Comunista no podía llamarse comunistas, tenía que llamarse Partido de los Trabajadores. Y él y el jefe de ese fue el que inventó ese sistema que se hizo muy brillante, el sistema sigue siendo. Pero ustedes comenzaron porque eso es un edificio de oficinas, ¿si comenzaron construyendo edificios de oficinas? No, vivienda de interés social, tampoco. Viviendo a clase media inicialmente y después cuando pasamos a la vivienda masiva empezamos viviendas...
¿Recuerdas algún conjunto residencial que hicieron de clases medias? Eso fue en Caracas, solo en Caracas o en Valencia. No, no, hicimos en Valencia, asimismo de Caracas. En Guarenas-Guatire hicimos, ¿cómo se llama?, ahí cerca donde está la Avenida Bolívar, unos conjuntos relativamente grandes y tuvimos una experiencia interesante, ¿no? Y estuvieron juntos varios años, Angarita, Baptista, hasta el año 81, ¿no? Ok, estuvieron 14 años juntos, eso fue el momento en el cual cambió un poco antes la política gubernamental y quiso hacer viviendas masivas.
Sí, y estimularon, se estimuló que así fuera. Yo pensé que podíamos una vivienda barata a precios que ni siquiera se conocían en ese entonces. Ahí nada. Las primeras viviendas que las diseñamos y después se hicieron muchísimas, pero muchísimo, por todos lados del mundo se la copió. Eso fue en el año 81, para ubicar a la audiencia.
En el año 1981, ya del primer gobierno de Pérez, ha construido la autopista Caracas-Guarenas-Guatire, entonces ahí se podía construir, y entiendo que las zonificaciones de los Valles del Tuy habían cambiado y se podían construir en Charallave. Ustedes, porque tú todavía no has creado Banpaís. Todavía estás con Baptista y Arévalo. Pero ya está la autopista, o sea que ya puedes pensarse en grandes conjuntos residenciales en Guarenas-Guatire, ¿no?
Sin embargo, Caldera en su afán de controlar las cosas pasó un decreto por el cual esa zona quedaba congelada, pero no estaba claro de qué manera había la posibilidad de liberar ese congelamiento. Y la razón que se hizo es que ahí se creó la Comisión Nacional, el Consejo Nacional de la Vivienda. El Fondo Nacional de Viviendas. Muy bien, bueno, estamos conversando con Leopoldo Baptista Suluaga, hemos abierto la puerta del constructor que comienza con una primera empresa, Angarita, Baptista y Arévalo, y en la próxima parte del programa veremos cómo es la historia de Banpaís, una constructora que llegó a levantar en Venezuela alrededor de 25 mil viviendas de lo que se llamó entonces interés social.
Ya regresamos. Estamos hablando con Leopoldo Baptista Suluaga, uno en vez de tu biografía, que sin abandonar tu trabajo en las empresas Electricidad de Caracas abres la puerta de la construcción y hay como varios años en paralelo que han debido ser años de muchísimo trabajo para ti. ¿Cómo fue abordar el tema de las viviendas de interés social? Porque eso era una diferencia importante en relación con las viviendas clases medias. Sí. Consejo Nacional de Urbanismo, este urbanismo del Fondo Nacional de Desarrollo Urbano. Ajá, Fondur.
Fondur, sí. Ese fondo pusieron ahí alguna gente que uno conocía, ¿no? Sí. Tuvo inicialmente Luis Pencini y después tuvo Javier Larquitegui, etcétera. O sea, ahí había un programa muy bueno que consistía esencialmente en que el gobierno te prestaba los recursos para comprar la tierra y hacer el desarrollo urbanístico. Y tú le repagabas el crédito con parcelas de terreno, ya ellos les vendían a terceros para que construyeran.
Para construir al tercero, entonces una parte se me quedaba yo o nos quedábamos nosotros y una parte se le pagaba a ellos, con lo cual ellos conseguían otros promotores que tuvieron. O sea, se movía el dinero, era un sistema muy bueno. Fue, sueno muy bien y fue una idea muy... Ahora tú tenías que buscar el terreno, ¿y cuál conseguiste?
Conseguí un amigo mío de mi infancia que se llamaba Alberto Gómez en una hacienda extraordinaria en Guatire y esa hacienda la planificamos perfecto, se llamaba la Meseta de La Rosa, por eso la primera compañía se llamó Ciudad Residencial La Rosa. Eso tenía 200 hectáreas, ahí construimos 6 mil y tantas viviendas, imagínate tú. Y estuvimos verdaderamente innovando y aprendimos mucho qué significaba darle vivienda a la gente de bajo ingreso porque no hay que pensar que realmente lo que la gente quiere son las paredes. Lo que la gente necesita es un hábitat donde vivir y ese hábitat incluye los centros comerciales, la vida social, los parques, los parques de esparcimiento, la seguridad, todo, la garantía de los servicios.
Tú compraste la hacienda y, por ejemplo, ¿la cometida en los servicios de aguas blancas, aguas negras, electricidad? Todo eso lo hacías tú. No, nosotros... en esa primera urbanización, en todas las urbanizaciones que hicimos sí, había métodos diferentes, incluso a veces hacíamos pozos y dábamos agua, las plantas de tratamiento de agua negra las hacíamos nosotros, lo único que no hacíamos era generar electricidad. Claro, pero lo que era importante era que enseñábamos a la población a manejar su servicio, es decir, si tuviese una necesidad de un pozo le enseñábamos cómo manejarlo para que durante muchísimos años de la demanda.
Y además tenía que construir escuelas, me imagino. No, es una escuela, construimos siete escuelas y las manejábamos nosotros, ya todavía están por ahí con un éxito extraordinario. Metí a manejar las escuelas a un muchacho excepcional que se llamaba Juan Maragal, Agua Maragar. Pero lo interesante: en las primeras viviendas que hicimos la alternativa de la gente era vivir en rancho y lo estábamos viviendo en una cosa que era una comunidad moderna, que muchos no sabían ni siquiera vivir.
Yo siempre cuento el cuento que en un momento determinado conseguimos que una familia estaba cocinando en el excusado, ponía carbón al excusado y ahí estaba. Claro que era un sitio para montar una olla. Eso fue... En otro momento un militar o algo así se consiguió una querida y le montó arriba, se compró dos apartamentos, se compró dos apartamentos y como no eran suficientemente grandes tumbó las paredes. Pero al tumbar esas paredes lo que haces es debilitar toda la estructura; se podía caer eso, imagina.
Inmediatamente me explico, es decir, lo que uno fue aprendiendo: un proyecto cultural de pedagogía es importantísimo. Hicimos una cosa que era muy importante y que algunos de mis competidores no la hicieron, que fuera la propia población la que nos defendía por sí mismo. ¿Cómo es eso? Manejaba el agua, manejaban los centros comerciales, manejaba juntas de condominio y le entregaban para que ellos fueran. Amigos míos, cuando vieron que había unos negocios en eso se pusieron a desarrollar ese negocio, hicieron que la población se sintiera demasiado dependiente de ellos y lo empezaron a odiar.
Fíjate, fíjate, me explico, ¿ah? En cambio tú estabas entregando las llaves. Cuando Chávez le da la oportunidad con el decreto de que frieguen a los promotores en 2010, esos fueron los primeros que trataron de atacar a los... porque ya venía una relación que no era buena, una relación que no era buena exactamente. Construyeron en la zona de Guarenas-Guatire, ¿en los Valles del Tuy también? En el mismo esquema de construcción y hubo algún arquitecto particular que te ayudó con el diseño de las casas, en qué te inspiraste para las casas; la casa era muy ingenieril y se estudió para que socialmente fuera lo más acorde a ese tipo de gente.
Por ejemplo, ahí no habían cosas comunes, trataba de no haber cosa común porque el condominio no fuera un peso... para que no estuviese un peso en los ingresos de la gente. La gente entraba y salía y se entendía, porque el venezolano, sobre todo esos ingresos, no entiende, por ejemplo, que poner la música alta le molesta a los vecinos, ¿ok? Y todo ese tipo de cosas nosotros tuvimos que meter trabajadoras sociales para enseñar al agente a vivir, a convivir. Nos sentimos muy orgullosos lo que hicimos, realmente muy orgullosos, y la parte educativa es la misma cosa.
¿Y en qué otras zonas del país construyeron además de los Valles del Tuy? En Valencia. Decimos no queríamos ir muy lejos porque era tu zona. Además no es fácil, porque primero tienes que comprar un terreno y no todos los terrenos están en venta. No solo eso, sino por ejemplo hubo momento en el cual conseguimos un desarrollo muy atractivo en Guarenas y salimos a la venta y el éxito era de tal magnitud que las colas en la calle eran hasta el otro lado.
Dos o tres cuadras más... Pero ese no es La Rosa, ¿tenía otros nombres? Sí, sí, ahora te acuerdas porque fueron muchos y ahí llegamos a... En Eze y en otro que hicimos en Guatire llegamos a construir 2 mil viviendas en un solo año, muchísimo. Y cuando más construíamos 36 viviendas por día, ¿ok? 36 por día es un sistema modular, me imagino.
Ahora una vez que terminabas la vivienda y llegaba yo como comprador, tú me canalizabas hacia un banco hipotecario que me diera el crédito para... Normalmente el banco que me había dado el crédito se subrogaban, le otorgaba el crédito al comprador. Tengo que dar crédito a tu pariente que fue factor importante en esa fabricación masiva, que es Domingo Luca. Ah, qué bien, me alegro mucho. Muy competente, él hizo con nosotros por lo menos 18 mil, 19 mil viviendas, caramba, bastante. Tempreca se llama la empresa de ellos.
Claro que bien. Qué bien, volvamos en estos minutos que nos quedan de esta tercera parte a tu trabajo en el conglomerado de Electricidad de Caracas. Pasaste muchos años presidiendo esas filiales de electricidad, pero también estuviste en el directorio en alguna oportunidad. Cuando tú estuviste en el directorio de Electricidad, ¿quién estaba administrando la empresa? Te tocaron varios probablemente... Cuando yo estuve de secretario de la Junta de la Luz Eléctrica ahí estaba Oscar Machado, Ricardo Zuluaga y el doctor Belutín.
Mucha gente con quien aprendí mucho porque en una junta se aprende mucho. Cuando estuve en la Junta Directiva de Electricidad el presidente era El Curro, ¿te recuerdas? Claro, un gran ingeniero y muy amigo mío, es decir, desde la primera promoción de la Católica, yo soy de la quinta, El Curro venía de Delca. Él se había formado en las empresas públicas y después entró en la electricidad, se impresionaron mucho con lo que le había hecho en Delca porque él tenía muy buena mano izquierda y un gran sentido para saber qué era la parte conveniente y saber esperar cuando era necesario.
Entonces en un momento determinado ahí estaba Carmelo de la Uribe en la junta, pero Fernando, su hermano, y entonces Oscar Machado decidió que había que cambiar todo. Y buscó a El Curro, que era vera, lo entrenó y lo puso de presidente, hizo una labor extraordinaria. Y al rato se murió Oscar Machado, ¿y El Curro lo sucedió? El lugar de El Curro lo sucedió exactamente, sí. Porque Oscar Machado murió por ahí en el año 85-86, exactamente.
¿Y te voy a decir una cosa también? Recibimos mucho apoyo de los sectores gubernamentales, por ejemplo en la redacción de la Ley de la política habitacional. Ah, volviendo a la... Eso fue en el segundo gobierno de Pérez. En el segundo gobierno, 1990-91, exactamente, porque la razón principal de la situación gubernamental en esa época era que había una... Se hizo una primera ley y quisieron hacer una segunda ley y se pusieron de acuerdo con peyes o Democrática, uno nombroso, José Curiel.
Y el otro no, lo que hicieron una ley que excelentes ministros de Obras Públicas, los dos. Bueno, estamos conversando con Leopoldo Baptista Suluaga, vamos a una pausa y regresamos a la última parte de nuestro programa Los del Podio, segunda temporada, en el programa Venezolanos por Unión Radio. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.
Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarice@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarice. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.
En esta última parte del programa, Leopoldo, abordemos dos facetas tuyas. Hay una faceta gremial importante, tú fuiste presidente de la Cámara Venezolana de la Construcción, fuiste integrante de cámaras por el sector construcción también. ¿Cómo fue su participación en la vida gremial y empresarial? Bueno, te tengo que ser sincero, a mí la parte gremial no tenía ninguna experiencia, pero me pareció totalmente necesario y ahí hubo personas que me indujeron, uno de ellos fue Hugo Fonsecabizo. Entonces yo participé, estuve en los dos primeros presidentes, aprendí mucho de él y ya en el tercero, cuarto me nombraron presidente.
Estuve de compañero de vicepresidente a un hombre muy competente que se llama Ignacio Contreras Vibarri. Estamos hablando de la Cámara de la Construcción, que fue además del presidente que me sucedió. Él es un constructor también importante, ahorita tiene hoteles en toda parte del mundo, bueno, dos partes principales, uno en San Barrio y otro en el lago de Como. Bueno, deben ser seis estrellas, me imagino. Sí, seis estrellas exactamente.
Un hotel extraordinario, que es un hombre con una inteligencia que da gusto. Yo aprendí mucho de él, pero lo que... con esto iba paralelo a la electricidad y con la construcción. El punto importante es que en la electricidad, digamos, yo había llegado hasta donde yo podía y en construcción a mí me daba mucha satisfacción lo que construir significa porque eso significa realizar. Eso significa pensar, instrumentar y ver hecho.
Imagínate construir 25 mil viviendas no son conchas de ajo, ¿no? Exactamente, y te voy a decir una cosa. Y da una satisfacción que tenga 125 mil familias viviendo ahí, claro que además se van cambiando. No, hay otra faceta, sí, es muy interesante, que es la aviación civil. La faceta de aviador comienza a los 16 años, pero la gente, por lo general, ignora todo lo que hizo la aviación civil para Venezuela cuando hubo desastres naturales o abriendo caminos también para los negocios y para la economía.
Ahí estuviste en el Aeroclub Caracas durante un tiempo... Muchísimos años. Tuve en la Junta Directiva después del Aeropuerto Caracas y participé cuando se construyó, etcétera, pero lo que a mí me preocupa es que en este momento no he entendido lo trascendente que fuera, por ejemplo, el hecho de que exista un señor que tenga producción de dinero, que vive en Caracas con sus familias y pueda irse toda la semana en su avión a una hacienda, garantiza que en esa hacienda tú vas a tener una mejor producción, un hombre más competente.
El ojo del amo engorda el ganado y cuando el hombre es competente el ganado engorda más. Así es, ¿ah? Y Venezuela llegó a tener, creo, leí yo en alguna oportunidad, la flota de aviación civil más grande de América Latina, pero de lejos además. Cuando Carlos Andrés Pérez salió, es decir, veías en los aeropuertos de Florida, sobre todo, todos aviones Yankee Victor y Yankee Víctor de aviones que se estaban comprando. Venezuela fue realmente un ejemplo para el mundo, en este momento no es posible volar.
Y la experiencia del aviador es delicada, acabamos de decir que dos parientes perdieron hijos en accidentes de aviación, ¿dónde crees tú que está la clave? La seguridad, seguir un protocolo, hacerle mantenimiento al avión. El avión realmente es como toda máquina, una cosa que tú tienes que estar manteniendo continuamente. No hacer tonterías; el avión puede algo perdonarte, pero el día que no te la perdona es fatal. El resultado es fatal, ¿no? Es decir, no puedes parar el avión a un lado y tratar de arreglarlo, eso no se puede hacer.
O sea, el avión enseña mucho, es muy placentero realmente. No solamente poder llegar de un lado para otro, el hecho de volar es una cosa extraordinaria. Es más, la gente utiliza los aviones; mientras en los aviones más pequeños pues más profunda esa sensación. Eso es correctísimo y yo creo que la cantidad de gente que siendo piloto eran al mismo tiempo reserva para la aviación venezolana, caso que fuera necesario, como de suyo, para darte una idea en el año 1969 las elecciones, desde entonces el gobierno se le ocurrió que fuera el Aeroclub Caracas a buscar en las diferentes regiones de Venezuela lo que llamaban el telegrama. Que es la final del acta.
Yo fui al Arauca y el piloto que iba conmigo, aunque el avión era mío... El avioncito era mío. Era un excelente piloto que se llamaba Kike Romer y para darte una idea en el río Arauca pasábamos por donde la arena al lado del río y si no nos calábamos mucho, le dábamos la vuelta y volvíamos a aterrizar. Y se buscaban los telegramas, ¿eso?
Bueno, mira, en el orden personal que siempre termino estas entrevistas tocando esos temas, tú estás casado, tienes tres hijos, no sé cuántos nietos tienes, tus hijos han dedicado también algunos a la ingeniería. Recuerdo que alguno de ellos fue alumno mío hace muchos años en la Universidad Metropolitana, pero además de tu vida laboral, lo sé porque lo hemos conversado muchas veces, te fascina la historia de Venezuela, eres un lector, hay deportes también que has practicado. En pocas palabras, cuando no has estado trabajando, ¿qué has estado haciendo? Bueno, primero tengo que estar muy orgulloso de la familia, es corta, yo realmente tuve tres hijos y tengo cuatro nietos, pero maravillosos, maravillosos nietos.
Y los hijos realmente muy orgulloso, sobre todo que han aprendido de los principios, que es lo más importante; no le puedes dejar a la familia son los principios y esto está muy bien aprendido en ellos. Uno vive en Amsterdam y pasa entre Amsterdam y Nueva York. Otra vive en Lima porque está casada con un peruano y el otro vive en Miami, que tú conociste al mayor. Ahora lo que sí te tengo que decir es de las cosas que yo he gozado toda mi vida es leer historia y me ha llenado mucho. Me preocupa muchísimo el que las generaciones que vienen no van a tener claro la historia porque esa es la base de nuestras raíces.
Claro. Así es. Entonces yo creo que es importantísimo, por supuesto que la gente algo aprende, creo que algo tenemos que hacer. Y Ana Luisa, con quien tengo 51 años, es una mujer muy inteligente y parte grandísima de la educación de los muchachos se le debe a ella, yo estoy muy orgulloso. Qué bueno, en lo espiritual, ¿pesó más el agnosticismo de tu abuelo Ricardo Zuluaga o del catolicismo de tu abuelo Leopoldo Baptista? No, mi abuela era más... realmente yo soy de una estructura religiosa muy formada por los jesuitas.
A Dios realmente lo veo continuamente. No en todas las cosas que hace la Iglesia estoy totalmente de acuerdo, hay algunos principios en los cuales yo creo que la Iglesia puede mejorar, pero normalmente no lo digo para que no piensen que estoy atacando a la Iglesia. Y por último, última pregunta: tú eres un liberal, que algunos llaman un libertario, has estado vinculado con Cedice y las ideas de la economía de mercado, tu tío Ricardo Zuluaga fue un adalid de eso, nuestro pariente Nicomedes Zuluaga Mosquera también lo ha seguido esa línea. Te voy a decir una cosa, si una persona profundiza con pragmatismo el comportamiento humano va a ser liberal indefectiblemente de otras influencias que hayan tenido, y el problema está en que el lastre que llevamos de muchas cosas no te deja ver, no te termina dejando bien.
Este, por supuesto, esto se mezcla con la política y la hace mucho más. Decía Octavio Paz que había una ceguera peor que las cegueras físicas, era la ceguera ideológica, exactamente. Buenísima, concuerda con lo que venías diciendo. Bueno, este ha sido un programa gratísimo con Leopoldo Baptista Suluaga y nosotros nos despedimos hasta un próximo encuentro en Venezolanos.