Serie Los del podio II. Cap 1. Laureano Márquez
Serie Los del podio II. Cap 1. Laureano Márquez
Transcripción
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Gian Carlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com; debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR.
Bueno, hoy comenzamos una nueva serie, Los del podio II, nada menos que con nuestro amigo, nuestro admiradísimo amigo Laureano Márquez. Te saludamos, Laureano. Hola, mi querido profesor, qué gusto estar aquí; bueno, no lo veo a usted ya porque eso es muy feo, pero yo me siento muy extraño en este programa, porque yo tendría que estar haciendo la entrevista, porque la personalidad aquí eres tú. No, Laureano.
De ninguna manera. Todo lo contrario. Mira, vamos a recorrer tu vida, ¿vale?
Tú naciste en 1963 en un pueblito que se llama La Medida, al sur de Tenerife. Es correcto. Ahí estaban Olegario, que se llamaba tu padre, Olegario Márquez, ¿y su madre? Sabina. Sabina Flora y Delfonsa, le pusieron un montón de nombres. ¿Cuál era el apellido de tu madre? Pérez Torres. Pérez Torres. Bueno, más canarios los apellidos imposibles.
Así es. Estaba mi madre, pero curiosamente no estaba mi padre, porque mi padre ya había venido a Venezuela. Se había venido a hacer la América, se había venido en el año... bueno, mi papá se había venido al año 54, volvió en el 62 y mi mamá quedó embarazada de mí. Mi papá volvió a Venezuela y apareció en el 70 otra vez de vuelta a buscarnos. Y tú te viniste con ellos dos. Tienes un hermano mayor. Un hermano mayor, mi hermano Valerio, y mi mamá se vino embarazada ya en el noveno mes, claro. De tu hermana menor, Jamilet.
Ahora entonces Jamilet ya nace en Maracay porque ustedes se vinieron directo a Maracay. Mi familia tenía allí su oficio, sí, o sea tu papá ya se había establecido desde hace ya varios años, ¿por qué Maracay? Pues Maracay porque había una sucursal de un mayor de víveres que estaba en Caracas, que era Frigorífico San Juan, y mi papá comenzó a trabajar con esa gente.
Eso eran negocios que habitualmente estaban en manos del canario, entonces mi papá empezó a trabajar con ese negocio; al final, él con sus hermanos lo compraron y empezaron a trabajarlo y bueno, se fue el negocio toda la vida de ellos, mayor de víveres. Qué bien, o sea, ¿y tú llegaste el año 1970 y entraste en la escuela primaria de inmediato? De inmediato, ¿en cuál? En el colegio Miguel de Cervantes.
Ah, pero qué apropiado. Absolutamente, en la cooperativa en Maracay. Que un colegio que todavía hoy existe; en aquel momento era solo colegio de primaria, pero ya es colegio de primaria y liceo también, con la señora Inés, doña Inés de Pérez. Era la directora del colegio, qué bien.
¿Era un colegio religioso? No, no. O sea, nosotros veíamos religión, pero no era un colegio religioso, eso es de curas y monjas. ¡No! Después sí estudié con los hermanos maristas en el San José de bachillerato, en Los Teques. En Maracay también, el bachillerato lo hiciste con los maristas, esos son los del Champagnat. Esos son los mismos del Champagnat aquí en Caracas y allá se llamaba el San José de Maracay, y está también el Colegio Champagnat del Mar...
No. El Maracay creo que se llama La Chinita. Creo que sí. Sí, que también son maristas.
Mira, no sé si sabes que compartes con un célebre venezolano el hecho de haber estudiado la primaria y el bachillerato en Maracay. ¿Con quién será? Arturo Uslar Pietri. Ah, cómo no, cómo no. Sé que Arturo, paisano tuyo, pues sí señor, además sé que Arturo, su familia sí efectivamente creció en Maracay y creo que en algún momento él contaba una anécdota de que se había encontrado con Juan Vicente Gómez. Le había dado un fuerte o una morocota, no sé qué le había dado a Maracay. Yo creo que era un fuerte en esa época, probablemente era mucha plata, mucho, claro, don Arturo, qué buena honra.
Carlos Eduardo Frías estudió con él en esa misma, se llamaba el Colegio de Barones Felipe Guevara Rojas, que existe, bueno existe todavía el colegio Felipe Guevara Rojas que queda en los linderos de la Avenida Bolívar en Maracay, correcto, y de modo que Maracay fue tu ambiente sin duda hasta que llegaste a los diecisiete años. Te gradúas de bachiller y dices, voy a ser político. Y te vienes a estudiar Ciencias Políticas, así es, en la Universidad Central, en mi alma mater.
Efectivamente, yo los dos últimos años de bachillerato los había hecho en un liceo público en Maracay porque el colegio San José no tenía humanidades. Ah, claro, era solo ciencia. Y la verdad que yo era muy malo en toda el área científica. Somos dos. Sí, entonces no pude y me fui del colegio y me fui a un liceo público que tenía un método experimental de semestre-crédito y allí me hice dirigente estudiantil. Ah, mira tú. Entonces eso despertó en mí una curiosidad política que me llevó a estudiar ciencias políticas después, fíjate.
¿Y cuando te vienes a Caracas dónde vives? Porque tus padres permanecieron en Maracay. ¿Tú te vienes a vivir en una residencia? Sí, yo vivía en Quinta Crespo, en casa de una paisana del pueblo vecino o de un pueblo tinerfeño, y la señora Elpidia fue como una segunda madre para mí y en esa casa estuve todos mis estudios universitarios, los cinco años de la carrera. Y la señora Elpidia te hacía desayuno, lavaba la ropa. La ropa, yo los fines de semana siempre iba a Maracay y la lavábamos en Maracay, mi mamá. Pero ella sí hacía nuestras comidas y además trabajaba muchísimo porque no solamente hacía comida, tenía varios inquilinos y era un apartamento muy pequeño; o sea, a pesar de ser un penthouse, era pequeño, tenía un solo baño, pero nos amañábamos allí, teníamos turnos del baño y todo funcionaba de lo mejor. Y ella era muy cuidadosa de que comiéramos bien, de que tuviéramos todo el cariño y el cuidado.
Fue como una madre, sin duda. Qué bien. Bueno, ¿tienes muchos amigos comunes que estudiaron contigo en Ciencias Políticas o que fueron tus profesores? Sí. ¿Qué profesores recuerdas, Laureano, por la calidad de la enseñanza, a quiénes tú sientes que le debes? Bueno, mira, si tengo que hacer una lista, yo comenzaría por el profesor Pedro José Martínez, que fue mi profesor de filosofía política. Él era un verdadero maestro de esos, de esa gente que no solamente te da lecciones de clases y de universidad y de la asignatura que les toca, sino una reflexión profunda sobre nuestro sentido como politólogo, pero también como seres humanos, y le quisimos mucho. Fue fundamental para nosotros.
Mira, se lo oí nombrar por primera vez a Magali Pérez. Claro, fue profesor de nosotros dos. Ustedes dos estudiaron juntos y estuvieron casados, y tuvieron a Laura. Sí señor. Laura debe tener 30 años. Laura tiene 24. Ah, no está lejos todavía, Laura, disculpa, sí, pero muy bien, estudiando también. Sí, efectivamente fue profesor nuestro y fue un magnífico profesor, pero después hay otros que podemos recordar: el profesor Ángel Álvarez, claro, que nos dio matemática aplicada a la ciencia política, pero también fue un profesor que nos animó muchísimo en la carrera. Juan Carlos Rey me dio clase, paz descanse, un maestro. Luis Castro no me dio clases desafortunadamente, pero bueno tuvimos allí una serie; el profesor Naím también me dio clase. Umberto, claro, que también fallecido, este... Bueno, profesor de Historia, Jaime Himes-Bert, y también un magnífico, tengo muy buenos recuerdos esos cinco años en la Central.
Siempre los has recordado en las entrevistas que he leído o escuchado o visto antes de hacer esta conversación contigo, los recuerdas como un paraíso de la Central, ¿fue para ti un gran momento en tu vida? Absolutamente. Yo crecí hasta los 18 años, bueno, nuestro hogar, los inmigrantes suelen ser muy cerrados al mundo, entonces yo tenía poca libertad, pero cuando llegué a la universidad no solamente fui libre de lo estricto de los hogares, sino que además en la universidad tuve como el conocimiento a la realidad nacional. Entre otras cosas porque, como dice el Gaudeamus, "los caros et comilitones dispersos congregavit" y los compañeros dispersos del país se congregaban en la UCV. Entonces yo empecé a saber lo que era un llanero, lo que era un margariteño, lo que era un zuliano en la universidad y un andino. Entonces claro, tuve esa visión del país, pero además tuve una visión de la realidad sociocultural, o sea, para mí la formación en la Universidad Central fue algo que marcó profundamente mi existencia.
¿Y empiezas a trabajar en humor estando, estudiando, o eso se te fue despertando después? Porque hay un momento que no logro precisar, que es cuando tú entras en Radio Rochela, creo que entras cuando estás estudiando todavía. Sí, yo ya me había graduado de ciencias políticas y bueno, el panorama... primero yo debo reconocer, ahorita tengo un monólogo cuyo tema es el miedo y una de las confesiones que hago allí es que el mayor de mis miedos que yo he sentido así en la vida, a punto de paralizarme, es el miedo a hablar en público. Es curioso que viva de eso, entonces claro cuando yo me gradué yo tenía fama entre mis compañeros de ser divertido e imitar los profesores y bueno todo este tipo de cosas.
Entonces bueno, llegó un momento en que me gradué y no había buenas oportunidades de trabajo. El profesor Andrés Estambúlico, otro de los grandes profesores y queridos, también fallecido, consiguió que yo pudiera estudiar en el Instituto Venezolano de Planificación con una beca; allí estudié y salí muy bien, al punto donde me ofrecieron trabajo. Pero justo en ese momento alguien que me había, que conocía mi fama de la universidad, estaba trabajando en Radio Caracas y empezó a decirme, no tienes que venir, tú eres muy bueno, esto es tu oficio, esto es lo tuyo y tal, entonces empecé a hacer algunas cositas en Radio Caracas hasta que me atrapó el humor. Vale, eso ha debido ser en el año 87. Absolutamente correcto, sí, el año 87.
Bien, estamos conversando con Laureano Márquez y, por supuesto, en la próxima parte del programa vamos a seguir la vida de Laureano, cómo se forma un humorista o un escritor, un articulista o conferencista también. Y nos ha revelado Laureano que un hombre que vive de hablar comenzó teniendo mucho miedo escénico. Sí, y lo tengo todavía.
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con Laureano Márquez. Laureano, entras en Radio Rochela primero como libretista y después te dan la oportunidad de actuar, ¿no?
Y ahí conoces a un amigo que entiendo yo que ha sido fundamental en tu vida, que es Emilio Lovera, efectivamente. Nosotros, bueno y cuando yo comencé en la Rochela, recuerdo que el productor, que era Jorge Citino, me dijo, ¿vos escribís? Y yo que nunca había escrito un guion en mi vida le dije que sí porque bueno... La desesperación es la madre de todos los ingenios. Entonces escribí un guion que ellos al final reconstruyeron, adaptaron y salió al aire, ¿no? Entonces cuando ese guion salió al aire yo me sentí muy emocionado, la primera cosa mía en el programa emblemático del humor de Venezuela, que era la Radio Rochela.
¿Recuerdas el guion? Sí. Era una parodia de los... había en Rusia unos juegos que eran los Juegos de la Fraternidad, ok, y había un problema grave en la Maternidad Concepción Palacios, entonces yo escribí una parodia que se llamaba los Juegos de la Maternidad y entonces esa fue la primera cosa que escribí. Después el productor, cuando me evaluó mi vis cómica, para decirlo así, él me dijo, bueno, todas las personas a las que tú imitas las tenemos aquí: Carlos Andrés Pérez, Caldera, etcétera, pero me dice, bien, en las elecciones en las que se lanza El Tigre y no tenemos quién haga El Tigre. Era Eduardo Fernández, entonces yo comencé, mi primera actuación fue en el 28 aniversario de Radio Rochela, en un debate entre Rafael Caldera hecho por Pepeto, Eduardo Fernández caracterizado por mí y Américo Navarro caracterizando a Marcel Granier como moderador. Qué tal, qué simpático.
Ahora después tú... yo recuerdo imitaciones tuyas de Caldera extraordinarias, no estoy disminuyendo a JP para nada, que lo hacía muy bien. De hecho yo me copié un poco de la imitación... casi siempre los imitadores imitan a partir del otro imitador. Me pasa que Pepeto era el Caldera del primer gobierno y yo era el Caldera del segundo gobierno, era una voz distinta por la edad. Entonces eso fue muy... Mira, y en esos años, Laureano, recuerda que la primera visita de Juan Pablo II fue en 1985, ¿y tú haces una imitación de Juan Pablo extraordinaria? Fue en esos años también ahí, en medio de Rochela, el 87-88. Sí. Fue cuando...
La primera visita me parece que fue del gobierno de Lusinchi y la segunda en el gobierno Caldera 2. Ahí fue cuando nosotros lo hicimos, la imitación en la Rochela, en un sketch, porque recuerdas que eso fue la demolición también del retén de Catia. El Papa se detuvo en el retén de Catia, se corrió la voz que los presos habían sido por razones de seguridad sacados de su celda y puestos en otro lugar, y entonces nosotros hicimos un sketch alusivo a eso que salió en la Radio Rochela y que tuvo un gran éxito impresionante, y después te quedaste haciendo la imitación del Papa.
Después la hacía en las presentaciones e hicimos también un unitario porque a la gente de Radio Caracas le gustó tanto el fenómeno que había producido, que se hizo un unitario, ya no en clave de humor sino en clave seria, sobre el atentado al Papa de Mehmet Ali Agca. Ah claro, pues sí, entonces hicimos un unitario con bueno, muy bien hecho y muy pronto vas a entrar en la radio, primero en KYS FM con un programa que se llamaba Jueves de Humor. Eso lo tenías, ¿con quién? Eras tú solo. Ese programa estaba... era parte del programa de Sergio Novelli y Alba Cecilia Mujica, nuestra compañera en la radio.
Y después Emilio y yo hicimos un programa que le pusimos Qué broma tan seria, porque Qué broma tan seria era el primer espacio que yo había hecho en KYS con Antonio Olivieri. Con Antonio Olivieri. ¿Y cuando surge Divagancias con Pedro León Zapata y Miguel Delgado Esteves? Pues Divagancias estaba, Pedro León Zapata y Miguel eran los conductores del programa cuando lamentablemente Zapata nos abandona o se muda de domicilio. Sí, probablemente se fue a un lugar mejor, un lugar mejor y donde debe también estarnos iluminando con su luz. Bueno, entonces Miguel me invitó a que lo hiciéramos nosotros y empezamos a hacer Divagancias.
¿Nunca estuviste? Nunca estuve con Pedro León. Bueno, un tiempo después. Sí, lo que sí seguimos haciendo en Divagancias son las zapatancias y es que siempre hacemos un comentario de Pedro León Zapata, porque para Miguel y para mí Pedro León es una referencia debida, pero imagínate, bueno para el país entero completamente. Hay una interpretación tuya que vi, me gustó muchísimo, la obra completa, un sketch. Es la llegada de Miranda a la Vela de Coro. Ah, sí, ese con Emilio... que Miranda sale del cuadro y Emilio es un estudiante que anda buscando información sobre los próceres como Bolívar está muy ocupado y Miranda está preso, pues... Yo me reí con esa interpretación. Eso fue maravilloso. Fue una cosa emblemática y además un poco hacíamos una especie de descripción somera de las clases sociales coloniales en la colonia, Venezuela colonial, claro.
Y después también van a aparecer los libros que entiendo yo que son... Yo tengo tres anotados, pero seguramente son más. Recuerdo Amorcito Corazón, recuerdo Se sufre pero se goza y el Código Bochinche. ¿Los publicabas con Alfadil casi todo? Sí señor, con Leonardo Milla que fue nuestro editor. Y después el primero, Se sufre pero se goza, fue con Morales y Torres, una editorial de Barcelona que estaba editando libros de humor acá. Editó cosas de otros vagomas y zapatas también. Y después de eso, bueno, en lo último con Edo hemos hecho juntos una historieta de Venezuela, ilustrada por Edo. ¿Y con cuál de todos los libros te sientes tú, digamos, más satisfecho? Es difícil, pero es difícil, al primero uno siempre lo quiere más porque fue el que más emocionado.
Y bueno, yo en este momento diría que quizá Amorcito Corazón es el menos político de los libros porque además tenía muchas cosas políticas y me gusta mucho también, bien, este último con Edo, que nos costó mucho hacerlo además porque bueno, como saben nosotros no somos como tú unos historiadores de carrera sino unos aficionados, entonces claro, seguramente no es un libro de historia por supuesto, pero es un libro que pretende y en poco eso lo decimos en la introducción, entusiasmar a la gente con la historia. Claro, que la historia no necesariamente tiene que ser algo aborrecible ni duro sino que es lo que somos y eso hay que saberlo. Así es un libro como una bisagra o puerta para las personas entrar en los temas históricos.
Mira, hay una faceta tuya que muy poca gente conoce, tus estudios de teología en el ITER, la institución de los jesuitas. Y además tu amistad con los jesuitas, cuando murió Francisco José Virtuoso escribiste o dijiste algo que me conmovió mucho, se ve que había una amistad muy profunda. Háblanos de eso porque la gente lo desconoce, ¿por qué decides estudiar teología? Bueno, a mí el tema religioso siempre me ha resultado interesante. De hecho, de joven tenía pretensiones de entrar al seminario. ¿Cuán joven estabas? Allá en Maracay. De verdad pensaste, voy a hacer cura. Sí lo pensé en algún momento. Sí lo comento, mi mamá se opuso radicalmente. Ah pero qué bien que diría tu madre. Bueno no sé, a lo mejor sería papa o algo, no sé... Pero yo creo, sí creo que era muy joven todavía para tomar esa decisión, una decisión muy trascendente.
Y después trabé contacto con los jesuitas a través, bueno, primero del padre Arturo Sosa, que también fue profesor nuestro en la universidad, pero después con el Centro Gumilla. Y con el Centro Gumilla, allí con el padre Virtuoso que lo dirigía, tuvimos un proyecto de unos cursillos, íbamos por los barrios dando algunos talleres con temas que habíamos trabajado previamente en el Centro Gumilla, y eso es cuando estás en Radio Rochela o antes. Simultáneamente. ¿Qué tal la experiencia en esos barrios? Impresionante porque uno iba supuestamente a enseñar y uno lo que hacía no era otra cosa que aprender. La gente es muy sabia, la gente tiene mucho que enseñarnos y quedarnos, entonces fue una experiencia de esas que te marcan, las recuerdo vívidamente.
Bueno, a partir de ahí empezó el padre Virtuoso, me metía en todos los asuntos que él andaba, con lo de Catuche, proyecto muy, muy hermoso. Yo les di una mano repetidas veces, todos los años hacíamos algo y después cuando estuvo en la universidad también me llamó para muchísimas cosas, y en Madrid una recolección de fondos que se hizo para la UCAB también tuve la oportunidad de participar a su lado. Entonces bueno, teníamos muchas cosas que nos acercaban y además sobre todo una profunda admiración de mi parte, primero por su capacidad de trabajo, por su infinita bondad y por sus compromisos con Venezuela, con su democracia y con su libertad. Qué belleza.
Estamos hablando con Laureano Márquez, vamos a hacer una pausa y continuamos conversando con este gran venezolano. Bien, estamos conversando con Laureano Márquez. Laureano, yo te hablaba de tus estudios de teología, ¿los concluiste? ¿Presentaste una tesis? No, no los concluí, profesor, yo me defino como el rey de las carreras inconclusas, entonces teología hice como un año y tanto, pero después se me complicó un poco el trabajo y no pude continuar los estudios, pero hice algunas cosas interesantes de teología bíblica, la religiosidad popular también la estudiamos. Estudiamos un montón de cosas, tengo trabajos escritos y hice un trabajo, por cierto, que era como parodiando a la Suma teológica de santo Tomás.
Que el asunto de una argumentación es un estilo argumentativo, yo utilicé el mismo esquema para hacer un trabajo sobre el humor y la fe. Sí, el humor y la fe, entonces este es un trabajo al que me le puse mucho empeño y claro yo quería un poco trabajar mi tesis por el tema de la fe como alegría, no, no la fe como tristeza ni como dolor ni como sufrimiento, sino como la alegría de vivir un mensaje. Y fue muy interesante los estudios, además nosotros tenemos muy buenos profesores calificados en materia teológica, o sea, a mí me daba clases profesores que hablaban arameo. No puede ser, ¿a quiénes recuerda? Sí, no recuerdo ahora el nombre del profesor, pero este era un profesor además de eso que tuve por la calle y no te imaginas qué es ese señor. Hablaba arameo. Es profesor y además habla arameo y hebreo, esas vidas bien aprovechadas.
Por supuesto hay que ver lo que es hablar arameo, ¿no? Sí, porque además las primeras Biblias... Es decir, la Biblia que nosotros casi tenemos es la de la Septuaginta. La famosa traducción al griego, que es la que trabajó la iglesia durante toda la Edad Media, pero después los judíos, que fueron los que tradujeron esa Biblia, no la querían sino querían volver al original hebreo y también a los textos que después, con los descubrimientos de las cuevas de Qumrán, volvió a cobrar fuerza. Y bueno, en esos años también aparece el Laureano articulista, tal cual, donde estuviste mucho tiempo. Y en El Nacional un artículo semanal, es muy exigente.
Sí, quizás la gente sepa que los artículos del Laureano, bueno, los leía el país entero, porque además combinabas algo muy difícil que era la reflexión política con el humor y esos no son conchas de ajo lograrlo, ¿no? Sí. Bueno, eso fue una cosa que tuvo que ver mucho también con el director... bueno, yo sigo escribiendo en Tal Cual, mantengo mi columna allí. Lo que sucedió fue que Teodoro Petkoff... yo había empezado a escribir en Tal Cual y entonces Teodoro me dijo, mira chico, ya que tengo ganas un día de agarrar un artículo tuyo y ponerlo de editorial un día viernes, tengo ganas de hacer eso. Y entonces, bueno, a mí me parecía una cosa.
Entonces un viernes puso un artículo mío de editorial y después para otro viernes lo volvió a poner. ¿Y se quedó así? El editorial de los viernes. Y claro, eso para mí significó mucho, por una parte que una persona tan respetable como Teodoro Petkoff creyera en mí, cuando yo no creía ni sigo creyendo tanto, pero lo otro es que era una responsabilidad muy grande porque un poco igualarlo a él, es porque era la línea editorial del periódico. Un periódico fundamentalmente de línea editorial, entonces eso fue una gran ayuda para mí, para asumir con mucho más coraje y seriedad en la responsabilidad de las escrituras, también la responsabilidad de la situación política que estaba viviendo el país y de poner un grano de arena para, bueno, tratar de comprenderla. Y generar valores, ideas, etcétera.
Laureano... cuando tú estás en el camerino, la tramoya detrás de la escena y tienes que salir, ¿sabes? Que faltan pocos minutos, con toda la experiencia que tú tienes, todavía te dan mariposas en el estómago. Eso nunca se quita, profesor, eso siempre está con nosotros y eso es, te puedo decir, una sensación importantísima, no se debe perder nunca. Y yo casi siempre, la mayor parte de las veces, hago una invocación al Espíritu Santo, que él dé la palabra, el Verbo. El Verbo se hizo carne para que el verbo no esté separado de lo que pienso, porque a veces uno se emociona en el escenario y tiene que tener cuidado con lo que se dice porque uno influye sobre la gente, ¿no? Y uno siente que tiene cierta responsabilidad.
Claro, eso es muy interesante lo que dices, porque a veces estás entusiasmado, te viene algo a la mente y vas a decir esto, pero de pronto es una gran imprudencia o estás hiriendo a alguien que no es tu proyecto. ¿Cómo de contenerse? No es fácil, yo digo que uno tiene, bueno, por lo menos yo siento que lo tengo como un comitecito de censura que está ahí en un escritorio del cerebro, que a veces estoy hablando y se me ocurre algo porque uno siempre improvisa cosas y dice, esto no, esto no, y me ha pasado incluso en algún momento que he dicho algo y después de decirlo yo mismo rectifico públicamente: esto que acabo de decir no está bien, por eso. Aunque sea un poco vaya con otro ojo, pero yo creo que bueno, yo asumo que uno tiene también como una función didáctica en el escenario y entonces debe hacer lo correcto.
Claro, mira, y el tema es la memoria, al principio no te costaba memorizarte un guion o tú no tienes un guion estricto sino una suerte de hoja de ruta de la que tú entras y sales, ¿es así? Sí. Es más, esto segundo, sí, yo tengo decir lo que yo digo en el escenario. No está escrito palabra por palabra, yo hago un esquema de trabajo un poco donde voy a poner los toques de humor o qué cosas voy a hacer y voy haciendo ese esquema que es básicamente un esquema. Otra gente trabaja con el guion, o sea, desde buenas noches, como están ustedes aquí, todo escrito; yo eso no me lo aprendo. Así tengo el esquema de lo que voy a decir y bueno, cada noche pues lo digo, digo básicamente los mismos con los agregados que se pueden ocurrir pero de manera distinta.
Ahora tuve una presentación, por ejemplo, donde no sé por qué razón me vino la poesía venezolana y entonces empecé a recitar el poema de Cruz Almerón Acosta tan hermoso, "como los ojos que nunca más contemplarán". Escrito desde Manicuare, curiosamente eso fue fuera de Venezuela y en el público, porque esto fue en Múnich, había una persona de Manicuare. Y yo no sé por qué me vino a mí ese verso, y entonces él gritó, yo soy de Manicuare. Qué belleza. Me pareció muy bonito.
Entonces bueno, lo que hago fundamentalmente, volviendo al tema, es un esquema de trabajo. Cuando me ha tocado aprender guiones serios o de humor lo hago con el mayor rigor posible, pero no resulta tan fácil. En el caso, por ejemplo, del teatro, cuando he trabajado en teatro con un gran director, José Tomás Angola, a quien aprecio, admiro muchísimo, uno de los luchadores porque el teatro venezolano se mantenga en pie. Nosotros hacemos largos ensayos y estos ensayos hacen que uno fije la letra, etcétera, de modo que cuando ya baja la función tienes eso asumido.
Una vez me tocó representar en una obra llamada Chirimoya Flat a don Nicolás de Ponte y Hoyo, que fue el capitán general que perdió la razón, que se volvió loco. Sí, sí, sí. Y bueno, fue muy interesante el trabajo histórico del personaje y todo eso, entonces claro, ahí sí hay que trabajar muy en serio con la memoria. Yo soy muy malo, yo creo que recuerdo mucho, tengo buena memoria para el escenario, pero pésima memoria fuera de él. Se me van los nombres de las personas, en fin... Y te debe pasar lo siguiente, a mí me pasa todos los días, doy clases y hay unos días que digo, oye, la clase me quedó bien, tengo que reconocerlo, y otros días que digo, fallé, me caí aquí, me faltó aquello, ¿te debe pasar? Absolutamente.
Me pasa y no solo probablemente día que tuviste la clase no te gustó a ti, tus alumnos la disfrutaron muchísimo. Es posible, sí, y te van a decir que estuvo muy buena la clase, pero independientemente de lo que le digan a uno, uno sabe cómo está uno, es verdad. Y entonces hay días en que las palabras fluyen, que los temas se concatenan de una manera armoniosa y otros días que cuesta, claro. El día que cuesta también a lo mejor alguien te dice que estuvo muy bien, pero uno sabe que no, que no estuvo como...
Hace poco vi que hiciste una gira en Europa, yo vi la lista y me dio vértigo, o sea, estabas prácticamente un día de por medio, días seguidos en ciudades distintas. Creo que fueron 11 presentaciones, algo así, algo así, ¿verdad? ¿Te cansas, cómo haces, descansas en el hotel un rato, necesitas silencio antes de la presentación? Sí, yo trato de descansar sobre todo, no soy mucho de dormir siesta, pero por ejemplo los días de función me gusta dormir un ratico aunque sea una... Yo necesito una media hora en las tardes como para que el cerebro se refresque y esté mejor, en mejor ánimo para la función. Después sí me gusta estar solo en el camerino, no me importa recibir a la gente que viene a saludar y todo eso, pero sí me gusta los últimos minutos estar solo.
Y otra cosa que me gusta, si puedo hacerlo, es caminar detrás del telón y escuchar los comentarios de la gente mientras se va sentando, como cargarme de su feeling y decir, bueno, a esta gente les voy a hablar, qué les voy a decir, ojalá que lo que les diga sea útil. Hago ahí un poco de reflexiones y después es la función. ¿Qué te gusta hacer, irte a tomar algo con los amigos o te vas al hotel? Me gusta irme en general a descansar, ya casi siempre terminan tarde, pero no siempre se puede, a veces vamos a comer, no me gusta mucho el tema porque después de la función uno termina comiendo más de lo que debe, así es y es tarde. Pero nosotros tratamos de decirle a los productores, mira una cosa frugal y que siempre comemos con el productor. Y ya después a descansar.
Bien, estamos conversando con Laureano Márquez, metiéndonos en asuntos privados de Laureano Márquez, pero bueno, eso se trata, ver cómo es su vida. En la próxima parte del programa estoy seguro que a la audiencia le va a gustar saber cómo es un día tuyo, tú tienes, tienes una disciplina, tienes unas rutinas, unos horarios, qué comes, te gusta cantar en la ducha, vamos a ver. Ya regresamos con Laureano Márquez.
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No. Ni dentro ni fuera canto muy mal. Canto muy, muy mal, mi amigo Emilio Lovera, que es un cantante consumado, me ha dicho, no cantes nunca. Miguel Delgado, mis compañeros de Divagancias, me dicen, ni se te ocurra, y entonces no lo canto. Canto en la misa las canciones que se cantan usualmente.
En la mesa, y un día en tu casa, ¿cómo es? Pues mira... Porque tú no tienes horarios. No tengo horarios, para mí las mañanas son más productivas para la escritura y para la lectura, no en la tarde ni en la noche, no rindo mucho, sobre todo porque casi siempre me levanto muy temprano. Entonces bueno, mi rutina, digamos, los últimos tiempos ha cambiado un poco, estoy fuera de Caracas y de mi país, entonces eso hace que sea un poco cambiante a lo que era mi habitual rutina. Yo me levantaba a escribir. ¿Y no desayunabas? Desayunaba un poco más tarde ya, no en el acto. A escribir todos los días, de escritura, y hacer algún tipo de trabajo que tenía pendiente o lecturas o preparar algo que necesitaba consultar textos o libros, lo que fuese, y después ya en la tarde como más relajado a otras actividades, reuniones, este, ese tipo de cosas.
Ahora que estoy, llevo un tiempito viviendo en Tenerife, me levanto y lo que suelo hacer es que, como era de unas tierras de mis antepasados, me he dedicado a la agricultura. Entonces voy a cuidar las plantas, a ver cómo están los árboles... ¿Qué estás sembrando? He sembrado todo un poco. Primero he sembrado árboles frutales, el manzano que dio este año su primera cosecha. He sembrado higos, he sembrado una fruta que hay allá, que se llama paraguayo. He sembrado ciruelas, he sembrado peras, granadas, que también dio cosecha, y he sembrado después hortaliza, auyama, cebolla, batata.
¿Tienes alguien que te ayuda o tú mismo respondes? No, eso lo hago yo solo y lo hago muy mal, profesor, quiero que lo sepa, muy mal. Y además de esto hice vino ya también con el método tradicional de pisar la uva, con una uva que tiene mi hermano mayor. Vive allá tu hermano, en una parcela cercana. Sí, el pueblito tiene unos viñeditos pequeños y bueno, para 60 litros de uva nomás, pero sí lo hice por primera vez el año antepasado y salió bastante razonable el vino. Entonces eso me entusiasmó a ver si hago mayor cantidad. ¿Y tu esposa te ayuda? Sí, se anima en la casa, ella no trabaja. Sí, ella no se mete en las labores agrícolas ni... Pero hemos hecho un pequeño emprendimiento.
Esto es una casita de mis abuelos, que tienen un poquito más de 100 años. Entonces la hemos podido ir arreglando poco a poco y entonces tenemos una habitación que tiene su cocinito, su baño, lo podemos alquilar y la empezamos a alquilar el año pasado, resulta que a la gente le gusta el lugar porque está metido en las montañas, está aislado. Entonces ahora hicimos una cuevita, o sea, ya existía una cueva y estamos haciendo otra habitación. Entonces, bueno, es un pequeño emprendimiento turístico para recibir huéspedes, Allén Cano. Entiendo que tu esposa fue productora tuya durante mucho tiempo y también es entrenadora deportiva.
Ella se ha dedicado a eso, ella aficionada al gimnasio y después hizo también unos cursos para ser entrenadora, ha hecho de entrenamiento a algunas personas. Sí, qué bien. O sea que además trabajan conmigo, como ves no lo he logrado mucho. No puedes enseñar... no te puedes mostrarte como fruto de su trabajo, Laureano. Pero trato de cuidarme porque doy un... o sea, le vendo muy mal el negocio a ella. Qué bien. Oye, pero en medio de todo suena muy bien esa vida en Tenerife. Sí, es interesante. Supongo que hace falta Caracas, pero creo un cambio.
Sí, sí, yo lo veo como una especie de etapa y que ha sido interesante porque he hecho... bueno, a ver, me he dedicado a la carpintería también, palabra mayor. Armé mi biblioteca, recojo cosas en las basuras, porque la gente en esos países desecha las cosas, la escalera de mi biblioteca, por ejemplo, está recogida de la basura, después pude por fin hacer la biblioteca como quería y bueno, porque tengo una biblioteca en Caracas que añoro también, porque claro. ¿Y qué sueños tienes? Que te digamos, por supuesto tenemos Laureano para rato, vas a seguir actuando, vas a ir escribiendo, ¿hay algo que no sepamos? Bueno, una de las cosas con las que sueño es con poder tener algún tipo de actividad divulgativa, formativa, de contribuir a crear en la gente una mentalidad de compromiso con su nación, eso me gustaría. Por ejemplo, yo disfruto mucho cuando voy a las universidades, cuando me toca hablar con un estudiante. La docencia es una cosa que ya yo la he ejercido en la Central y en las católicas, pero que me gustaría como proyecto de vida después.
En general, con esto de las habitaciones me he dado cuenta que el servicio es uno de las cosas que me gusta. El servir siempre es algo agradable, ¿no? Como dicen los jesuitas, amar y servir. Yo creo que eso que dijo Ignacio Loyola es una clave para la vida, para mí esos dos verbos son la clave de la vida, amar y servir. Sí, yo creo que para ti igual. Sí, absolutamente, yo creo esa convicción jesuítica está sembrada en muchos de nosotros y en todo, amar y servir, porque además el servicio es una forma de darle amor a la gente y hacerlo con cariño.
Y la otra cosa quizá, pues con poder escribir... estuve haciendo en esta ausencia un taller de creación literaria o un máster en Creación Literaria, mejor dicho. Muy bien. Entonces tenía por ahí un proyecto de novela que me gustaría concluir, que va sobre una emperatriz de Bizancio llamada Teodora. Una novela histórica, pero bueno ahí estoy porque... Bueno, y estás batallando con ese trabajo. Pero además en estos días, visitando la librería, compré un libro o una novela que me di cuenta, no recuerdo el autor, pero es un reconocido escritor gaditano que justamente tenía como tema el de la emperatriz Teodora, que es un tema que ha sido tocado varias veces, pero una mujer muy interesante.
Qué bien. Mira, ahora que nombras a Teodora y nombraste a Teodoro Petkoff antes me has hecho recordar que uno de los sueños que tenía Teodoro era navegar, sí, y tenía un amigo, creo que se llama Daniel Fernández, yo, que tenía un velero y se fueron a navegar y él escribió un diario de navegación. ¿Tú tienes algún sueño de eso? De montarte en un velero, dar la vuelta al mundo, quizás. No... no, lo tuyo son los higos, pero por ejemplo sí me gusta, una de las cosas que me gustaría hacer, hice un pedacito alguna vez, para hacer el camino de Santiago en una versión más completa. Me gustan las excursiones, me gusta el caminar, me gusta la montaña. Los senderos, el senderismo, me gusta y me parece que además en la medida en que caminas también meditas un poco, es muy bueno eso, me gustaría este...
Bueno, sueños, volver a los lugares de siempre, Mérida, que uno la quiere tanto, la Gran Sabana, Canaima. Sí, sí, sí. En fin, espectacular. Nosotros tenemos un país bendecido por la providencia, con muchos lugares que bueno, que tenemos que impulsar y aprovechar para difundir para que la gente nos visite, por supuesto que sí. Y cuéntanos de Laura, ¿qué se dedica? Laura está terminando... Cuéntenos, si tienes proyectos para tener otros hijos. Bueno, lo que Dios diga. Lo que Dios quiera. Entonces probablemente vendrá otro por allí.
Laura está terminando su carrera universitaria en idiomas y comunicación, una doble titulación. Y yo, tanto su mamá como yo, estamos muy orgullosos de ella porque creo que ha sido una presencia amorosa en la vida. Creo tiene tan buen corazón y tanta nobleza en su alma que nos hace sentir orgullosos de ella... Qué belleza.
Bueno, este ha sido Laureano Márquez. Yo creo que puede ser la única entrevista que le han hecho a Laureano Márquez en la que no todo ha circulado alrededor del humor. Es correcto, así es. Porque la gente siempre tiene la tentación, como es lógico, pues tú eres un gran humorista, pero bueno, yo quise ver otra faceta y quizás ese puede ser el aporte de esta entrevista. Pues creo que sí porque además, como veo que ha investigado muy bien antes de la entrevista, hemos hablado de cosas que no hablo comúnmente. Lo sé, y eso que no te pregunté sobre cosas inconfesables, lo que quedará para otra, pero además me encanta conversar contigo porque sabes qué, tengo una gran admiración por tu trabajo o por su trayectoria.
Y por todas las cosas que le has aportado a nuestro país en términos de cultura, de investigación, de literatura, de poesía, de todo. Muchísimas gracias, Laureano. Mira, yo no tengo sino que agradecerte que hayas estado con nosotros esta hora conversando y contigo abre una nueva serie de Venezolanos, ese programa que ya ha cumplido ocho años todas las semanas al aire. Muchísimas gracias, Laureano, muchas gracias.