Serie La Democracia en Venezuela. Cap 6. Fin del siglo XIX y los andinos en el poder
Serie La democracia en Venezuela. Cap 6. Fin del siglo XIX y los andinos en el poder
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Recuerda que nos puede seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR. Saludos para todos. En este nuestro sexto capítulo de esta serie que venimos desarrollando sobre la democracia en Venezuela vamos a ver este período muy interesante que comienza en 1899 con la hegemonía militar tachirense que se va a extender durante varios años del siglo XX, 46 años para ser exactos entre 1899 y 1945.
Por supuesto, con muchos matices en cuanto a lo que significa la democracia en los cuatro gobiernos, tanto de Cipriano Castro como de Juan Vicente Gómez, de Eleazar López Contreras y por último de Isaías Medina Angarita. Vamos a revisar este período, sus retrocesos en cuanto a la democracia y, en algunos casos, sus avances. Digamos que se inicia con la entrada triunfal del general Cipriano Castro y sus tropas a Caracas el 22 de octubre de 1899, y concluye con el golpe de Estado civil-militar que derrocó al general Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945.
Suele decirse, a mi juicio equivocadamente, cívico-militar. Cívico no es exactamente igual a civil; yo prefiero decir civil-militar porque así fue, un golpe dado entre un sector militar y un sector civil. El vocablo cívico refiere más a una conducta ciudadana, mucho menos a la connotación civil que tenían los participantes en ese golpe de Estado.
Esta etapa va a estar signada por el gobierno militar tachirense, esa es una constante: los cuatro son oriundos del estado Táchira y los cuatro deben su elección a la entonces más sólida institución con que contaba Venezuela, el Ejército. Y durante el dilatado período, además, Venezuela padece la más prolongada dictadura militar que le ha tocado sufrir, la de Juan Vicente Gómez. También el país va a avanzar hacia formas democráticas de convivencia con el ejercicio del poder por parte de Eleazar López Contreras y luego de Isaías Medina Angarita.
Para tomarle el pulso a la salud del espíritu democrático nos vamos a fundamentar en las reformas constitucionales de los cuatro presidentes que conforman el período. Castro efectuó dos, en 1901 y 1904. Gómez, siete reformas constitucionales: 1909, 1914, 1922, 1925, 1928, 1929 y 1931. López Contreras una en 1936 y Medina Angarita una en 1945.
Suman 11 reformas constitucionales en 46 años, no es poco, como es evidente. El gobierno de Castro va a iniciarse con la incomodidad no manifiesta del grupo de andinos que lo acompañan en la aventura, ya que a partir del paso de Castro por Valencia se hace acompañar por lo que se llamó entonces el círculo valenciano, que en cierta medida impidió que los andinos detentaran todos los puestos de mando en el gobierno de Castro. Sin embargo, la ascendencia de Castro sobre sus paisanos era suficiente como para mantenerlos satisfechos.
Por otra parte, la influencia de los valencianos en el gobierno de Castro no fue óbice para que los andinos ocuparan otros destinos públicos, por supuesto. Luego, durante las largas dictaduras de Gómez, la presencia andina se pronunció mucho más. En todo caso, con la llegada de Castro al poder comienza el largo camino de mando de un gentilicio que no había gobernado antes.
Esto no quiere decir que en gobiernos anteriores no hubiesen figurado andinos en puestos claves del aparato, y tampoco quiere decir que los andinos estaban completamente aislados del resto del país. Por el contrario, la región era de las principales productoras de café y contaba con un desarrollo propio incluso muy superior al de otras zonas del país. Además, por razones históricas, no contaron con mano esclava durante el período colonial, lo que obligó a las familias andinas a trabajar la tierra ellas mismas y llevar la administración de sus fincas con criterios económicos muy exigentes.
De estas familias proviene la mayoría de los tachirenses que llegan al poder con Castro, entre ellos su sucesor y compadre Juan Vicente Gómez. En cuanto a la legalidad del mandato de Castro, recordemos que irrumpe con su revolución buscando restaurar el hilo constitucional que dice haber roto Andrade. De modo que mediante decreto del 27 de octubre de 1899 sanciona la vigencia de la Constitución Nacional de 1893.
Sin embargo, muy pronto, como era usual, va a convocar una Asamblea Nacional Constituyente para que redactara una nueva carta magna. Esta constitución se aprobó el 29 de marzo de 1901. ¿Qué novedad trae? Fija el período presidencial en seis años, pues por aquí ya tenemos una trampa: sin reelección inmediata, y establece un nuevo método para la elección del presidente de la República.
Esta misma asamblea por su parte designará a los generales Ramón Ayala y Juan Vicente Gómez como primer y segundo vicepresidentes de la República, respectivamente. Y a partir de entonces, en el mes de octubre del año en que se fijaran las elecciones, los consejos municipales escogerían entre los candidatos a uno. En caso de no ser unánime la decisión, el Congreso Nacional la perfeccionaría y, como era de esperar, para las elecciones de octubre de 1901 se presentó un solo candidato, Cipriano Castro.
Evidentemente esta reforma fue un duro golpe para la democracia que acogía la Constitución de 1893. Según Castro fue el motivo que lo llevó a alzarse en armas proponiéndose restaurar su valía, pero vemos cómo apenas dos años después consagra un nuevo texto constitucional que lleva de 4 a 6 el período presidencial y lo más grave para la democracia elimina el voto directo que consagraba la Constitución de 1893. Escoge un método restrictivo, no democrático, mediante el cual un grupo reducidísimo de personas escogía al presidente de la República.
Luego con la reforma en 1904 se reduce todavía más ese universo reducidísimo de electores. Bien, Castro había sido electo para gobernar por seis años, con la Constitución de 1901, y entre 1902 y 1908 sería su período presidencial sin reelección. Sin embargo...
La reforma a la Constitución Nacional promulgada en abril de 1904 hace lo siguiente: suspende el período vigente y modifica otra vez el sistema de elección. Ya no será a través de los consejos municipales sino de un grupo, escuchen bien, de 14 electores, muy parecido a lo que hizo Guzmán Blanco. Y así se elige a Castro como presidente de la República para un nuevo período que comenzaba con la Constitución de 1904; ese período de 6 años iba de 1905 a 1911.
Esto era un episodio ya descarado y viene a consolidar lo que antes era una tendencia: el presidente de la República de turno se manda confeccionar una Constitución Nacional como si fuese un traje a la medida. ¿Para qué? Para perpetuarse en el poder. No han pasado tres años de la Constitución de 1901 y Castro ya modifica el período a su favor con la Constitución de 1904.
Además, sobre la base del nuevo texto constitucional designa dos vicepresidentes de la República, Juan Vicente Gómez otra vez y José Antonio Belutini. Consolidado en el poder, Castro se entrega con mayor fruición a la alegría de vivir, entonces en la prensa comenzaron a llamarlo el bailarín eléctrico por sus dotes para la danza desenfrenada. Su actitud festiva contrastaba con la del vicepresidente Gómez, quien llevaba una vida rutinaria.
El hipocondríaco Castro enferma de los riñones y es operado de emergencia en Macuto, en febrero de 1907. La enfermedad despierta apetencias en distintos sectores y se activan varias conspiraciones: una en contra de Gómez por parte del círculo castrista que lo adversa, otra por parte de los exiliados que ven en el general Antonio Paredes la persona indicada para invadir a Venezuela y derrotar las fuerzas de Castro, cosa que se intenta. Pero al fracasar es apresado Antonio Paredes y es fusilado en abierta violación del marco constitucional, y otra, lenta y más segura, que adelanta el propio Gómez en secreto, como veremos en la próxima parte del programa.
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¡Somos Unión Radio Cultural! Decíamos, en la parte anterior del programa, que hay otro camino que va a desarrollar en secreto Juan Vicente Gómez y esa oportunidad llega a partir del 24 de noviembre de 1908 cuando Castro se embarca en La Guaira rumbo a Alemania; allí va a ser intervenido quirúrgicamente del sistema renal. El 19 de diciembre de 1908, el general Gómez, vicepresidente de la República, le da un golpe de Estado a su compadre. No encuentra resistencia a sus pretensiones en el ejército, bueno, imposible porque lo controlaba desde hacía muchos años, y recibe el inmediato apoyo de los Estados Unidos, que estaban hasta la coronilla con el presidente Castro.
Desde allá, desde los Estados Unidos, envían un comisionado que llega muy pronto a Caracas al reconocer el gobierno naciente de Juan Vicente Gómez. Por su parte, el calvario de años que sufriría Castro está por comenzar. Estamos en 1908 y Castro muere en exilio en Puerto Rico en 1924. De modo que son 16 años de exilio; después ha pasado todo tipo de vicisitudes, que sería muy largo relatar, además de que estaríamos haciendo un cuento fantástico y no es el objeto de este programa.
Gómez de inmediato destituye a los ministros del gabinete fieles a Castro e inicia una persecución contra los jefes militares que respondían órdenes de Castro. Además, para blindar su acción ordena enjuiciar al general Castro por intento de asesinato del vicepresidente de la República y por el fusilamiento del general Antonio Paredes en 1907. De tal modo que el golpe de Estado está perfectamente investido de las formalidades legales; dicho de otra manera, el vicepresidente ha reaccionado contra el presidente que ha ordenado matarlo y al asumir la presidencia no se abortó el hilo constitucional.
Esta es la trama legal que envuelve el hecho, el argumento jurídico de Gómez. Por otra parte, muchos venezolanos hartos del gobierno de Castro festejan la llegada de Gómez al poder absoluto y él invita a los exiliados a regresar al país, abre las puertas de las cárceles para los presos políticos y acepta la libertad de prensa. A diferencia de la práctica de sus antecesores, no disuelve el Congreso Nacional ni convoca a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, sino que le pide al Congreso constituido que redacte un nuevo texto constitucional.
Esto revela un carácter pragmático en Juan Vicente Gómez. La reforma de la Constitución Nacional devuelve a la República los veinte estados que había fijado la Carta Magna de 1864, aquella que era una Constitución Federal. Además reduce el período presidencial a cuatro años y crea una figura nueva que es el Consejo de Gobierno. Lamentablemente no restituye el voto directo para presidente de la República y este pasa a ser elegido por el Congreso Nacional.
Los diputados del Congreso tampoco son elegidos de manera directa, sino mediante el sistema de segundo grado. Como vemos, el proceso de centralización del poder en unas solas manos seguía en marcha. En el marco de la Constitución Nacional de 1909, Gómez es designado por el Congreso Nacional, el 25 de abril de 1910, general en jefe de los Ejércitos y dos días después es electo presidente de la República para el período constitucional 1910-1914.
En 1913, de acuerdo con la Constitución Nacional vigente, debían convocarse elecciones indirectas. Pero el general Gómez pensaba distinto y, ante la hipotética invasión del general Castro por las costas de Falcón, ¿qué hace Gómez? Suspende las garantías, se declara en campaña, fija su cuartel general en Maracay y el doctor José Gil Fortoul, entonces presidente del Consejo de Gobierno, queda encargado en la presidencia de la República.
Mientras algunos que acompañaban a Gómez en este Consejo de Gobierno no continuaron con esta aventura gomecista. Así fue como salieron los generales Leopoldo Baptista y Ramón Ayala, entre otros, produciéndose un primer sisma en el equipo gubernamental. Gómez entra a Caracas triunfante en enero de 1914 y en abril un Congreso Nacional de Plenipotenciarios lo designa presidente provisional de la República y comandante en jefe del Ejército.
Pero la disposición constitucional vigente de ejercer la Presidencia de la República desde Caracas al parecer lo incomoda, por lo que encuentra una solución: designa un presidente provisional que no es él, por supuesto, designa al doctor Victorino Márquez Bustillos. Finalmente, la Constitución Nacional de 1914 es promulgada el 13 de junio y establece período presidencial de siete años. El 3 de mayo de 1915 el Congreso Nacional eligió al general Gómez para el período 1915-1921, pero el tachirense no quiere abandonar Maracay para vivir en Caracas.
No le gustaba Caracas y entonces designa al mismo Márquez Bustillos como presidente provisional. Y así estuvo durante seis años el doctor Márquez Bustillos, mientras el general Gómez ostentaba el extraño cargo de presidente electo y comandante en jefe del Ejército. Bueno, evidentemente el poder lo detentaba el jefe del Ejército, mientras que el presidente provisional se encargaba de los asuntos de rutina del Estado, en una situación muy particular porque era provisional, pero estuvo siete años provisional el doctor Márquez Bustillos.
Y como se acercaba al fin de período presidencial 1915-1922, el general Gómez promueve una nueva reforma de la Constitución, cosa que se materializa en junio de 1922. La reforma establece de nuevo los cargos de vicepresidentes de la República y sobre la base del texto el Congreso elige a Juan Vicente Gómez como jefe de Estado para el período 1922-1929. Los vicepresidentes designados serán Juan Crisóstomo Gómez, llamado Juancho, como primer vicepresidente, y de segundo vicepresidente el hijo de Gómez, el general José Vicente Gómez.
Como vemos, un epítome del nepotismo y la prefiguración de una suerte de dinastía; el período se va a mantener en siete años y se permite la reelección inmediata, como lo había establecido el general Gómez Monagas en la Constitución de 1857. En 1925, el general Gómez se empeña en otra reforma constitucional que va a resolverle una incomodidad. Según la Carta Magna vigente, el presidente de la República no podía permanecer más de 25 días fuera del asiento del poder en Caracas, de modo que se levanta esta prescripción y además se eliminan las dos vicepresidencias.
Y se crea una sola, la de su hijo José Vicente Gómez. En 1928 se acomete a una nueva reforma constitucional para eliminar el cargo de vicepresidente de la República, ya que el hijo de Gómez, José Vicente, ha sido tocado por la desconfianza de su padre. En esta oportunidad se introduce en la Constitución Nacional el inciso 6 del artículo 32, el que prohibía la propaganda comunista o anarquista en Venezuela. Este va a ser un artículo importante en el futuro.
Luego, en 1929 tuvo lugar otra reforma que introducía cambios al período presidencial que se iniciaba en 1929 y concluiría en 1936. La reforma establecía que el jefe del Ejército compartiría funciones de jefe de Estado con quien fuese electo presidente de la República. Gómez recomienda al Congreso Nacional que designe a Juan Bautista Pérez, quien venía desempeñándose en la presidencia de la Corte Federal y de Casación, y propone Gómez que se le designe a Pérez como presidente de la República.
Y Pérez va a detentar el cargo en las condiciones descritas hasta 1931 durante dos años, entonces por conflicto en el interior del gomecismo se ve obligado a renunciar. Y ahora viene la séptima y última reforma que Gómez le hace a la Constitución. Fue sencilla: se reunieron en un solo cargo las funciones del presidente de la República y comandante en jefe de los ejércitos, y el designado no fue un misterio para nadie: Juan Vicente Gómez.
En la próxima parte del programa veremos otros eventos vinculados con esta historia que venimos relatando de la democracia en Venezuela. Decíamos en la parte anterior del programa que esa última reforma constitucional gomecista reunía en una sola persona las funciones del presidente de la República y comandante en jefe de los ejércitos, y el designado para tal tarea no podía ser otro que el general Juan Vicente Gómez. Pero la afección prostática que padecía Gómez desde 1921 terminó por minarle la salud.
Sus últimos días fueron de severos padecimientos hasta que falleció el 17 de diciembre de 1935 en su cama, en sus residencias de Maracay. Terminaba así la más larga dictadura militar que ha habido en Venezuela y un gobierno cuyo balance es complejo y hasta contradictorio. No cabe la menor duda de que las libertades políticas fueron conculcadas durante su mandato, mientras que las económicas no.
Aunque muchas veces el general Gómez se empecinaba en comprar unas tierras y al dueño no le quedaba otra alternativa a que vendérselas. Tampoco cabe duda de que el fenómeno del caudillismo finalizó en sus manos severas. También es cierto que su gobierno puso orden en la hacienda pública, al punto de haber pagado toda la deuda externa contraída a finales del siglo XIX. También es cierto que se esmeró en las codificaciones civiles y económicas y contó para ello con el doctor Pedro Manuel Arcaya.
También es cierto que construyó vías de comunicación entre regiones aisladas del territorio nacional. Y finalmente también es cierto que fortaleció primordialmente al Ejército Nacional al punto tal que se erigió como la más sólida institución de la República, con todos los problemas que esto trae. También el Estado nacional se consolidó durante su mandato, ya que el caudillismo que lo precedió atentaba contra la instauración de un estado que propendiera a la unidad nacional. Paradójicamente, Gómez irrumpió en la vida pública junto con Castro al frente de unas montoneras caudillistas y falleció dictador.
Habiendo vencido a todos los caudillos que buscaron derrotarlo, no supo o no quiso abrir el país hacia las formas democráticas que la juventud estaba solicitando y prefirió la cárcel o el exilio para nuevas generaciones. Fue implacable con sus adversarios y sumamente generoso con sus amigos. Venezuela bullía durante su gobierno, tanto es así que al apenas morir Gómez el país exigió las reformas a las que el dictador no accedía.
A la muerte del general Gómez, el 17 de diciembre de 1935, se desataron los demonios del poder sucesoral: algunos miembros de sus familias aspiraban a sucederlo, pero el Ejército Nacional y su jefe, el general Eleazar López Contreras, dispusieron de manera distinta. El general Eustoquio Gómez, primo del Benemérito, que era como se hacía llamar el longevo presidente Gómez, en connivencia con el edecán del dictador, Eloy Tarazona, intentó tomar el poder, pero López Contreras y los ministros del Gabinete Ejecutivo actuaron con mano firme e invitaron a irse acorazado en condición de prisionero. Eustoquio Gómez se resiste y muere en la refriega.
Mientras tanto, el Gabinete Ejecutivo designa al ministro de Guerra y Marina López Contreras, el 18 de diciembre de 1935, presidente encargado del Poder Ejecutivo para concluir el período presidencial que vence el 19 de abril de 1936. Luego, el 31 de diciembre de 1935, López Contreras es ratificado en su cargo provisorio por el Congreso Nacional, pero no solo tuvo que lidiar López Contreras con las aspiraciones continuistas de la familia Gómez, sino que la población, al enterarse de la muerte del dictador, procedió a saquear las viviendas de los gomecistas más notorios sin que la respuesta por parte del gobierno fuese contundente en lo inmediato. Esto ocurrió contemporáneamente con la invitación, el 18 de diciembre de 1935, por parte del general López, a los exiliados a regresar al país y a los presos a abandonar las cárceles.
Es decir, el día siguiente a la muerte de Gómez López está tomando decisiones importantes. De modo que los gomecistas no podían estar satisfechos con lo que hacía el nuevo presidente López Contreras. ¿Por qué? Pues sacaba de prisión a los enemigos de Gómez y les abría las puertas del país a sus adversarios en el exilio.
No obstante, la gravedad de estas medidas las pudo tomar sin mayores consecuencias porque contaba con el respaldo al Ejército, institución en que participó desde el momento mismo de su nacimiento. Los llamados a la calma y cordura del presidente López no fueron suficientes y el cuadro de desórdenes públicos alcanzó a mayores, de modo que se vio en la necesidad de suspender las garantías constitucionales el 5 de enero de 1936 con el objeto de poder hacerle frente a los desórdenes. Días después, tomada esta decisión, la Federación de Estudiantes de Venezuela, la FEB, envía una carta al presidente López solicitándole la restitución de las garantías constitucionales.
La activación del movimiento estudiantil hace evidente que los líderes juveniles de 1928 han regresado al país atendiendo a la invitación del gobernante y se incorporan a la vida pública. El Congreso Nacional también tuvo en el orden del día reformas y así fue como se introdujeron cambios en la Constitución Nacional, y esta fue promulgada por el presidente López el 20 de julio de 1936. En ella se reduce el período presidencial de 7 a 5 años. Y aunque López se juramentó bajo la constitución anterior que establecía el septenio, él mismo aceptó reducir su período presidencial atendiendo al nuevo espíritu constitucional.
Este es, justo decirlo, un caso único en toda nuestra historia: un presidente de la República reduciéndose el período presidencial. Por otra parte, la nueva Constitución no modificaba en nada la forma de elegir al presidente de la República, que se mantenía de segundo grado, pero eliminaba la reelección inmediata, una medida que fue celebrada por todos los que combatían el continuismo. Y con la Constitución Nacional vigente se convocaron elecciones de segundo grado en el Congreso Nacional en marzo de 1941, fecha en que vencía el período presidencial establecido de 5 años para el presidente López Contreras.
Y con el beneplácito del gobierno se presentó la candidatura al ministro de Guerra y Marina, el general Isaías Medina Angarita, otro tachirense que resultó naturalmente ganador. Ante la candidatura simbólica del gran escritor venezolano Rómulo Gallegos, presentada por los líderes del PDN como una forma de asomar a una fuerza independiente del gobierno, aunque se sabía que, con las condiciones electorales fijadas, era imposible su éxito. El general López Contreras le entregó la presidencia de la República al general Medina Angarita después de ser electo por el Congreso Nacional el 28 de abril de 1941.
El país había dado pasos hacia adelante, en particular en lo relativo a las demandas democráticas, aunque estas no fueron atendidas en su totalidad. Es cierto que un mandatario le entregó el poder a otro, pero esto no ocurrió por la vía de las elecciones universales, directas y secretas. Con justicia se considera al gobierno de López Contreras como transición entre la dictadura gomecista y formas más dialogantes, democráticas y sobre todo más civiles. Una vez concretada la transmisión de mando entre el presidente López Contreras y su ministro de Guerra y Marina por parte del Congreso Nacional, el nuevo titular designó su gabinete.
Las primeras medidas causaron sorpresa en la población, ya que se creía que el nuevo presidente sería de mano dura y la verdad no fue así. De inmediato se comenzó a disfrutar de una absoluta libertad de prensa, al punto tal que un grupo empresario decide fundar un nuevo periódico, Últimas Noticias, y otros comenzaban a pensar en la fundación de nuevos órganos de prensa. También comenzó a ocurrir de inmediato que el presidente Medina, no siendo un simple acólito del presidente López, se distinguió por su absoluta independencia de criterio. Venezuela entraba en otro espíritu.
Con esta presidencia de Isaías Medina Angarita, como veremos... Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm; para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Cuando se examina con serenidad la apertura política iniciada por Medina Angarita en 1941, sí hay aspectos extraños e inexplicables. Por ejemplo, se autoriza la fundación de Acción Democrática en septiembre de ese año.
Se le hace saber a la nación que el juego político tendrá, en los partidos, su expresión fundamental y estos naturalmente comienzan a presionar por una reforma constitucional que permita la elección directa, universal y secreta del presidente de la República, en concordancia lógica con el sistema tácitamente propuesto, sino porque estás admitiendo la existencia de partidos políticos. El sistema propuesto tácitamente no es otro que el de partidos de masas modernos. Y finalmente la reforma constitucional de 1945 admitió el voto femenino en la esfera municipal exclusivamente, sin que los legisladores dieran un paso más allá en la universalización del voto extendiéndolo a todos los comicios para elección de cargos.
Aquí se avanzó pero de manera insuficiente: se redujo a la esfera municipal el voto femenino y no se extendió a la esfera legislativa, y mucho menos a la presidencia de la República. En otras palabras, ¿se le dio pie a quienes buscaban la reforma para intentarlo por otros caminos? Esto fue un error político de Medina Angarita o era imposible que se dieran esos avances. Hay un testimonio importante, el de Arturo Uslar Pietri, a lo largo del gobierno de Medina Angarita, el segundo hombre a bordo en la nave de este gobierno, y esa opinión apunta a que el Ejército Nacional se opuso a la apertura democrática que traería la reforma constitucional.
Eso me lo dice Uslar, a mí lo recojo yo en una entrevista, la última que concedió en su vida, Uslar Pietri, que se titula Arturo Uslar Pietri: Ajuste de cuentas. Esto ocurrió el año 2000, las conversaciones de esa entrevista recogidas en un libro mío que lleva ese título. Allí me dice a mí Uslar, refiriéndose a Medina Angarita: "Un día me dijo: vamos a hablar, Arturo, vamos a hablar de la sucesión de la Presidencia. Tú deberías ser el presidente de Venezuela, tienes todas las condiciones para hacerlo, pero desgraciadamente en las circunstancias actuales yo soy el heredero de Cipriano Castro, a pesar de que mi padre murió peleando contra él, y no sería posible que yo rompiera esa tradición. Vamos a ver en quién pensamos".
Esto me dice Uslar a mí que le dijo a él Medina Angarita. La tradición a la que se refiere Uslar es la que determinaba que el presidente de la República debía ser militar y tachirense o, en el peor de los casos, tachirense civil, como era la condición de Diógenes Escalante. Esto no estaba escrito en ninguna parte, por supuesto, pero era una tradición instaurada por la hegemonía militar tachirense. Si el testimonio de Uslar es bueno, como creo que lo es, la causa de no aprobación de la reforma constitucional en los términos que quería buena parte de los factores políticos venezolanos fue el ejército.
La reforma de 1945 mantuvo el período presidencial en cinco años, como ya lo había instituido la reforma del 36 e igualmente impidió la reelección inmediata, permitiéndola con un período de por medio, pero no abrió las puertas de la democracia plena, esa es la verdad. En conclusión, es obvio que los gobiernos de Castro y Gómez representaron un severo retroceso para los avances democráticos en la Constitución de 1893. Es cierto que los gobiernos de López y Medina dieron pasos hacia adelante en el espíritu de apertura democrática, pero no dieron el paso final que consagraría las elecciones universales, directas y secretas. Eso será harina del otro costal.
El tema de la sucesión presidencial comenzó a latir en el ambiente a medida que se acercaba el fin del período constitucional de Isaías Medina, en 1946, y a juzgar por las intervenciones de Arturo Uslar Pietri en las asambleas del PDB, el Partido Democrático Venezolano, un sector del llamado medinismo se inclinaba por la reforma electoral para tener comicios directos, pero el sector militar no y fue este el que se impuso. Relató el propio Uslar en entrevista recogida conmigo que el presidente Medina le dijo que él se debía al ejército y este no quería que cediese el último paso hacia la democratización, como referimos antes. De tal modo que Medina escogió al embajador de Venezuela en Washington, Diógenes Escalante, para que le sucediera en el cargo.
Escalante era tachirense, con lo que se cumplía con el gentilicio dominante en las fuerzas armadas de entonces, y era civil, lo que constituía un reconocimiento a ese mundo que reclamaba mayor participación. Así fue como, en principio, el tema de la sucesión presidencial estaba resuelto por parte de Medina Angarita. Aún más, reveló Rómulo Betancourt en su libro Venezuela política y petróleo que él y Raúl Leóni viajaron discretamente a Washington a parlamentar con Escalante y este se comprometió a impulsar la reforma electoral para cuando se venciera su período presidencial o incluso antes, a mitad de período. Con lo que los dirigentes de AD, Betancourt y Leóni, regresaron al país con un acuerdo verbal y el compromiso de apoyar la candidatura de Escalante.
Entonces, el azar intervino y el doctor Escalante perdió súbitamente sus facultades mentales en agosto de 1945. Ante este acuerdo verbal entre Escalante y Betancourt-Leóni, una logia militar llamada Unión Militar Patriótica, encabezada por el joven oficial Marcos Pérez Jiménez, venía trabajando subrepticiamente para derrocar el gobierno de Medina. Sus razones eran más militares que políticas y se fundamentaban en el resquemor que sentían estos jóvenes oficiales hacia sus superiores, ya que estos estaban formados dentro de la modernidad profesional, mientras, según ellos, sus superiores eran todavía herederos del sistema anterior. Además, los sueldos de los militares eran extremadamente bajos, lo que se sumaba al descontento castrense.
Esta logia se activó cuando se llegó al acuerdo secreto entre Escalante y Betancourt-Leóni. Por otra parte, el descontento del expresidente Eleazar López Contreras y sus seguidores era absoluto, ya que el general quería regresar al poder y Medina pensaba que no era conveniente. Este descontento era de tal naturaleza que López Contreras y Medina ni siquiera se hablaban y tampoco aceptaban intermediarios de buena fe que compusieran un acuerdo. Todo lo anterior indica que convivían en el país tres proyectos de poder: Medina Angarita con su candidato Diógenes Escalante, apoyado por AD sobre la base de un acuerdo de democratización electoral; el expresidente López Contreras y sus deseos de regresar a la presidencia de la República; y tres, la logia de jóvenes militares que también buscaba el mando.
La enfermedad de Escalante descompuso el cuadro ya que, al proponer Medina Angarita a su ministro de Agricultura y Cría, el doctor Ángel Villagini, en sustitución de Escalante, este no recibió el apoyo de AD ya que no había acuerdo verbal con él. Por otra parte, se activó la logia militar de nuevo manifestando que buscarían el poder al margen de la candidatura de Villagini. Esta vez AD optó por acompañar a los jóvenes militares y tuvo lugar el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945.
Los conjurados contaban con un significativo apoyo dentro de las Fuerzas Armadas, pero si Medina Angarita hubiera querido resistir tenía que hacerlo. La policía de Caracas le era fiel, pero optó por entregarse para evitar un derramamiento de sangre. Fue encarcelado, al igual que el expresidente López Contreras y otros funcionarios del gobierno. A los pocos días fueron todos enviados al exilio.
En los primeros momentos se pensó que habían sido el expresidente López Contreras y sus seguidores dentro de las fuerzas armadas quienes dieron el golpe. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando se supo que fueron otros actores, un pacto entre las jóvenes logias militar y Acción Democrática que condujo a la constitución de una Junta Revolucionaria de Gobierno el 19 de octubre de 1945, integrada por siete miembros, presidida por Rómulo Betancourt. Los miembros eran Raúl Leóni, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Gonzalo Barrios por AD, el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Vargas por parte de las Fuerzas Armadas, el médico Edmundo Fernández quien sirvió de enlace entre estos dos grupos.
Hasta aquí el programa de hoy. En nuestro séptimo capítulo seguiremos viendo estos acontecimientos fascinantes de la historia política venezolana.