Serie La Democracia en Venezuela. Cap 3. El proyecto liberal de los conservadores.
Serie La democracia en Venezuela. Cap 3. El proyecto liberal de los conservadores.
Transcripción
En este tercer capítulo de la democracia en Venezuela, vamos a abordar esta etapa tan interesante entre 1830 y 1847, cuando se adelanta lo que pudiéramos llamar el proyecto liberal del Partido Conservador. Vamos a ver esta etapa que tiene dos personajes como protagonistas esenciales, a José Antonio Páez y a Carlos Soublette. Recordemos el congreso constituyente que se reúne en la Casa de la Estrella, en Valencia, a partir del 6 de mayo de 1830.
¿Cómo se integró? De acuerdo con el decreto del 13 de enero del mismo año, el general Páez invitaba a las provincias a elegir sus diputados. Dos días después de instalado el Congreso se convino en que una comisión integrada por un diputado por cada una de las provincias redactara la nueva Constitución Nacional de la República de Venezuela, ya separada de la República de Colombia. Esta comisión cumple con su trabajo y presenta el texto el 19 de junio. Después de varios meses de discusión allí se ventilaron sobre todo las tesis centralistas o federalistas y el texto constitucional se aprobó el 22 de septiembre de 1830.
Mientras se perfeccionaba el texto constitucional, el Congreso Constituyente estaba presidido por el doctor Miguel Peña y se sancionó un reglamento el 10 de julio. Mediante este reglamento el Poder Ejecutivo Provisional recaía sobre la figura del general Páez, con la denominación de presidente del Estado de Venezuela. Qué interesante que no decía la República de Venezuela sino el Estado de Venezuela. A su vez Diego Bautista Urbaneja era designado vicepresidente en este interregno, vamos a llamarlo así.
Así venía a perfeccionarse un mando de hecho que detentaba Páez desde 1829, cuando la separación de Venezuela de la República de Colombia ya era un hecho de fuerza jurídica. Aunque a partir de 1826, con los acontecimientos de La Cosiata y la incorporación de Venezuela al proyecto grancolombiano de Bolívar, estaba en entredicho. El constituyente equilibró entre las tendencias federalistas y centralistas en pugna y logró redactar una carta magna centrofederal que tomaba en cuenta la autonomía de las municipalidades, así como reconocía el impulso central. Va a consagrar el principio de la separación de los poderes y definió en su artículo 6 la naturaleza del Estado, dice el artículo seis.
El gobierno de Venezuela es —y será siempre— republicano, popular, representativo, responsable y alternativo, muy importante recordarlo. Esa Constitución fija el período presidencial en cuatro años y estableció la no reelección inmediata, contemplando que con un período de por medio como mínimo se podía presentar a una nueva elección presidencial. La Constitución estableció además quiénes gozaban los derechos del ciudadano, es decir, los mismos que les permitían ser elegidos y elegir los destinos públicos. En el artículo 13 de la Constitución se lee: "Todos los venezolanos pueden elegir y ser elegidos para los destinos públicos si están en el goce de sus derechos de ciudadano".
Artículo 14: Para gozar de los derechos de ciudadanos se necesita: 1) Ser venezolano. 2) Ser casado o mayor de 21 años. 3) Saber leer y escribir. 4) Ser dueño de una propiedad raíz cuya renta anual sea 50 pesos o tener una profesión, oficio o industria útil que produzca 100 pesos anuales sin dependencia de otro en clase de sirviente. Como era la costumbre de la época en 1830, este articulado retrata a un personaje. Es un personaje que sabe leer y escribir, que es dueño de una propiedad raíz, pues estamos hablando básicamente de la élite porque estas dos circunstancias no se han extendido mediante el proceso democrático. De modo que forzosamente estos gobiernos van a estar integrados por la élite.
Hay que saber leer y escribir, tener y ser dueño de una propiedad o, en su defecto, de un dinero o de una profesión que no suponga dependencia de alguien; es decir, que sea un profesional liberal, vamos a decirlo así. Bueno, como vemos el Constituyente acogió las costumbres de su tiempo, le confería el voto a los propietarios y había elecciones de segundo grado, no eran votos directos. Así le coloca una camisa de fuerza al propio Congreso al señalarle una imposibilidad en el artículo 228: dice la autoridad que tiene el Congreso para reformar la Constitución no se extiende a la forma del gobierno, que será siempre republicano, popular, representativo, responsable y alternativo. Esto estaba muy bien porque le impide al Congreso modificar la esencia del gobierno, que está, que acabo de decir, ya por segunda vez.
En cuanto al culto religioso, el texto constitucional no expresó ningún precepto, con lo que la religión católica no fue consagrada como la religión del Estado. Bueno, esto está muy bien porque el Estado liberal es así y esto fue la base de algunos enfrentamientos entre este nuevo Estado y la Iglesia católica, algo similar va a ocurrir con los privilegios militares que la Carta Magna no consagra. La verdad es que el Constituyente, de mayoría liberal en los términos clásicos y la filosofía política, actuó como tal, acogiendo muchos de los preceptos del liberalismo, era lo lógico. Esa era la ideología, las filosofías políticas que le habían dado nacimiento a los estados modernos tanto a los Estados Unidos de Norteamérica como a la Revolución Francesa, como los estados modernos que surgían en las antiguas provincias españolas de América.
Conviene recordar que quienes mandaban entonces formaban parte del Partido Conservador y que, a los efectos venezolanos, era un grupo que abrazaba ideas de la filosofía liberal, paradoja venezolana. Y lo mismo ocurre con el partido liberal venezolano, cuyas ideas eran más cercanas al intervencionismo en términos clásicos. En enero de 1831 el general José Tadeo Monagas, en Oriente, reacciona contra la Constitución Nacional proclamando la integridad de Colombia y la autoridad máxima del Libertador, porque ignoraba que Bolívar había muerto un mes antes. Consideraba Monagas que la Constitución promulgada no respetaba suficientemente los fueros militares.
Luego Monagas se alzó en mayo en Aragua de Barcelona, proponiendo la Constitución del Estado de Oriente integrado por cuatro provincias que llevaría además el nombre de República de Colombia. Entonces el general Páez, ante semejante proyecto, envía al general Santiago Mariño a disuadir al general Monagas y en vez de lograr ese cometido Mariño termina abrazando el proyecto de Monagas y lo desplaza. El Congreso Nacional destituye a Mariño, lógicamente, y queda encargado en la presidencia de la República el vicepresidente Diego Bautista Urbaneja. ¿Por qué? Porque el general Páez con su ejército se tiene que dirigir a Valle de la Pascua a dialogar con Monagas.
Y Páez logra, el 23 de junio, que Monagas deponga las armas y a cambio lo favorece con un indulto. Como estamos viendo, al apenas comenzar el camino republicano el caudillismo mostró su rostro como si se tratara de una ceña presagiante, lo que sería prácticamente todo el siglo XIX. De hecho, esta será la primera desavenencia entre dos caudillos que se enfrentarán luego y también intentarán entenderse en torno a la detentación del mando supremo —me refiero a Páez y Monagas—.
Ahora, entre el primer levantamiento de Monagas en enero y su acuerdo con Páez en julio, el Congreso se reúne de nuevo en Valencia el 18 de marzo de 1831. Convoca elecciones para el 25 del mes de ese mismo mes y Páez es electo con 136 votos de los 158 votos que hay en el Congreso. Comienza entonces el período presidencial de José Antonio Páez de cuatro años que va a culminar en 1835.
Y el general Páez empezó a desempeñar su primera presidencia dentro del marco de la Constitución Nacional de 1830. Este período que estamos abordando comprende la primera presidencia de Páez del 31 al 35, la del doctor José María Vargas del 35 al 36, la de Andrés Narvarte y José María Carreño del 36 al 37, la de Carlos Soublette del 37 al 39, la de José Antonio Páez otra vez del 39 al 43 y la de Carlos Soublette del 43 al 47. Y en todas el signo político predominante fue el liberalismo contando para ello con una figura de primer orden, Santos Michelena. En la próxima parte del programa veremos qué hace Michelena.
Cuáles son sus realizaciones más importantes, algo de su biografía. Ya regresamos. Para alguna sugerencia sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarays@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarays. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.
Santos Michelena se suma al ejército juvenil en la Batalla de La Victoria el 12 de febrero de 1814 y cae preso. El jefe de los españoles, de los realistas, es Cajigal, quien se compadece del muchacho y lo deja ir libre al exilio. Cajigal creía que le estaba causando un daño y por el contrario le estaba haciendo un favor en la vida a Michelena porque él se va a Filadelfia y allá estuvo trabajando entre 1814 y 1820, es decir, entre sus 16 y sus 22 años.
Una etapa de formación de oro, y dicen sus biógrafos Pedro José Vargas y Simón Alberto Consalvi que estudió en la universidad, pero ninguno señala en cuál. Por eso nosotros no dudamos de esto. En todo caso, no importa, lo que sí es seguro es que trabajó y conoció un país que estaba creciendo bajo el imperio del liberalismo económico y la impronta de ese libro capital para la humanidad que es La riqueza de las naciones, de Adam Smith.
Un libro de 1776 del que no solo consta que Michelena leyó con un lápiz para subrayar todo, sino que lo citó varias veces a lo largo de su vida, ya como ministro. En esos años de trabajo tuvo una experiencia fundamental para su futuro, la experiencia del contabilista, la del que lleva números y conoce a fondo la dinámica de los costos de producción, la oferta y las demandas. Todo ese universo esencial en la dinámica económica que luego le sería de enorme utilidad.
En 1820 se muda a Cuba, donde se casa con Encarnación Bosque y trabaja en otra empresa como administrador. Regresa a Venezuela en 1822 y se establece en La Guaira. Tiene grandes ventajas: es un hombre que habla inglés a la perfección, tiene años trabajando como contabilista y maneja los negocios. Y eso en aquel momento era una ventaja considerable, de modo que dos años después está en Caracas, es electo diputado al Congreso de la República de Colombia, se tiene que mudar a Bogotá y allá va a pasar dos años e introduce en el Parlamento de la República de Colombia, de la que nosotros formábamos parte, una nueva ley de comercio inspirada en el liberalismo.
Lamentablemente no fue aprobada. Sin embargo, el vicepresidente de la República, que era Francisco de Paula Santander y lo estimaba, en 1826 lo designa cónsul en Londres y allá va a estar hasta 1828. Estos dos años son claves para entender las posiciones económicas y el conocimiento del liberalismo que tiene Michelena.
Regresa a Caracas, y al ser electo José Antonio Páez presidente de la República para el período 1831-35, del que veníamos hablando antes, designa a Michelena en dos trabajos: canciller y ministro de Hacienda. Las dos tareas, las dos carteras ministeriales, tiene 34 años. Le toca organizar las cifras de una nueva república, por eso a Michelena se le puede tener como el creador de la Hacienda Pública Nacional, porque al Venezuela separarse de Colombia después de 11 años del proyecto integracionista tiene que hacer unas cuentas propias. Y además tiene que resolver el tratado de los límites.
Y por eso él es el que negocia el famoso Tratado Pombo-Michelena. Tiene que irse a vivir a Bogotá entre 1833 y 1834 y allá negoció el tema de la deuda externa y la parte que le tocaba a Venezuela de las deudas que había contraído Colombia. Y logró que los neogranadinos, que así se volvió a llamar Colombia, la República de Nueva Granada, le aprobaran los términos del tratado.
Que nos entregaba la mitad de la península de La Guajira. Los neogranadinos estuvieron de acuerdo, pero el Congreso de Venezuela se tardó tanto en aprobarlo, miren qué disparate, que cuando lo hizo en 1839, los neogranadinos ya no lo querían y aludían que habían hallado títulos que los favorecían. Y se perdió el trabajo de Michelena, muy lamentable.
Michelena es uno de los artífices del 10 de abril de 1834, una ley que permitió la libertad de contratos y estimuló enormemente el desarrollo agrícola y pecuario hasta que los precios internacionales del café bajaron y las ejecuciones judiciales —la entrega en las prendas en garantía— fueron mayores que los beneficios. Pero no hay duda de que funcionó esta ley muy bien durante 10 años. Y en estos 10 años hubo gran crecimiento económico en Venezuela.
Esto lo dicen las cuentas nacionales, revisen el libro del profesor Asdrúbal Baptista donde esto está clarísimo. Al ser electo presidente de la República el doctor Vargas, este lo ratifica en el cargo. Y se mantiene hasta el momento en que renuncia cuando se le condonó la pena a los que le dieron un golpe militar a Vargas, la llamada Revolución de las Reformas. Luego, cuando Carlos Soublette es elegido presidente de la República en 1837, lo designa otra vez canciller y ministro de Hacienda. ¿Y luego?
Cuando Páez es electo de nuevo presidente de la República, Michelena es vicepresidente. Estamos en 1840. Su prestigio es enorme y se presenta como candidato a la Presidencia de la República en 1843, pero pierde ante Soublette.
Se retira de la vida pública a su hacienda en Onoto, en el estado de Aragua, hasta que regresa como diputado al Congreso Nacional en 1846. Como vemos, una vida pletórica de contribuciones centrales para la formación del Estado en el siglo XIX, un estadista de gran calado, un liberal. Lamentablemente, en el asalto al Congreso comandado por José Tadeo Monagas el 24 de enero de 1848, una verdadera vergüenza, fue herido varias veces y falleció 48 días después. No existía la penicilina, ese milagro de la ciencia médica del siglo XX.
Michelena es uno de nuestros grandes civiles, constructor de una trama jurídica y civil que renacía a las cenizas en el proyecto fracasado de Colombia y halló un ritmo de crecimiento económico como ha habido pocos en nuestra historia. Esa etapa tiene nombres y apellidos: José Antonio Páez, Carlos Soublette, José María Vargas y Santos Michelena. Y la coyuntura que condujo a que aquel jefe del Partido Conservador, Páez, apoyara a un liberal para alcanzar la presidencia de la República para el período 1847-1851 se explica con un personaje, Antonio Leocadio Guzmán.
El desgaste del partido conservador era tal que la única manera que halló Páez para cerrarle el paso a Guzmán fue apoyar a Monagas, así fue como se inició un nuevo período, el Monagato. Que veremos en el capítulo que viene y que en lo personal supuso para Páez la prisión y un prolongado exilio. Por otra parte este período conservador del que venimos hablando, 1830-1847, fue propicio para el crecimiento de la economía.
Se siguió un orden constitucional de alternabilidad en el poder aunque solo lo compartieron Páez y Soublette con la breve excepción de Vargas. Se alcanzó cierta estabilidad, no porque no hubiese habido alzamientos, que los hubo y en cantidad apreciable, sino porque las facultades militares y políticas del país se impusieron siempre, incluso ayudado por el azar como fue el caso de Farfán. Muy pronto va a arrepentirse Páez de haber apoyado a Monagas, pero ya el cambio estaba en marcha y la etapa de cierta estabilidad y prosperidad había concluido. Y como apuntamos antes, en este lapso de 17 años tiene lugar la presidencia de Vargas con todas las vicisitudes que la imantaron, y en relación con ella es imposible dejar de señalar la conducta civilista del general Páez así como los hechos que condujeron al golpe de Estado.
Recordemos que el doctor Vargas asumió la presidencia en la República el 9 de febrero de 1835 y, desde el momento mismo de su victoria, se va creando una suerte de conjura por parte de los seguidores de Santiago Mariño. No hace lo mismo Soublette, que se va a Europa, ni Páez, que se retira a sus haciendas. Por otra parte, muy pronto Vargas entra en diatriba con el Congreso de la República, cuando este último propone una ley de impuestos subsidiarios del 1% recabado en las aduanas con destino a la Hacienda Pública.
El presidente Vargas objeta el proyecto de ley pero las cámaras lo aprueban, a lo que Vargas responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado. Esta prueba de fuerza condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada. Aunque alegaba no disponer de la suficiente fuerza como para mantener la paz en la República entre las facciones en pugna. Las renuncias de Vargas fueron interpretadas por sus adversarios como una muestra de debilidad aunque no les hubiese sido aceptado.
Así fue como se estructuró una conjura en su contra que se denominó la Revolución de las Reformas, integrada por Mariño, Diego Ibarra, Luis Perú de Lacroix, Pedro Briceño Méndez, José Tadeo Monagas, Stanislao Rendón, Andrés Level de Goda y Pedro Carujo. Esta asonada se expresó el 8 de julio de 1835 en Caracas, cuando Carujo penetró en casa del doctor Vargas para detenerlo y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente. Dijo Carujo después de ese intercambio de palabras, que no sabemos si ocurrió exactamente así, pero así lo recoge la leyenda. Pues se detiene al presidente de la República y son embarcados ambos con rumbo a la isla de Santo Tomás, en la misma tarde de ese día fatal.
Y al no más conocerse la asonada, se acompañó un texto a nueve puntos en el que los conjurados querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño. El entonces jefe de esas mismas fuerzas, designado por Vargas para tal efecto, José Antonio Páez, se pone en marcha para dominar la situación y restablecer el hilo constitucional. Páez entra triunfante a Caracas con su ejército el 28 de julio de 1835 y el 20 de agosto está de nuevo Vargas en la presidencia de la República. Ese movimiento insurreccional, sin embargo, no terminó de ser derrotado sino el 1.º de marzo de 1836 en Puerto Cabello, lo que debía hacerse con los derrotados fue la piedra de tranca entre Vargas y Páez.
El primero y sus seguidores exigían que sobre ellos cayera todo el peso de la ley, mientras que Páez abogaba por la clemencia del indulto. La estrategia conciliadora le había servido en el pasado a Páez en distintas circunstancias, pero Vargas exigía castigos ejemplares con buenas razones. Por otra parte, era evidente que la figura del general Páez había crecido mucho más en esta situación, ya se había convertido en una suerte de árbitro mayor y absoluto de la República, de modo que las posibilidades de Vargas de imponer sus criterios por encima de los de Páez eran improbables.
A Vargas le fue aceptada la renuncia el 24 de abril de 1836, a partir de entonces el eminentísimo doctor Vargas se va a dedicar exclusivamente a la docencia, investigación científica y escritura. No fueron propicias las señales que quedaron en el ambiente nacional después de la presidencia de Vargas, no porque Vargas no fuese el hombre excepcional que fue, sino porque al no más asumir el poder un civil el avispero de los caudillos regionales comenzó a alborotarse y tuvo que venir el caudillo mayor a aplacarlo. Con esto, por más que el general Páez se comportaba con apego a la separación de los poderes y estaba verdaderamente comprometido con la creación de una república, se reforzaba la ascendencia del hombre de armas sobre la mayoría de la población civil.
Comenzaba entonces el caudillismo en Venezuela. Quizás la respuesta sea otra pregunta: ¿podía no ser el caudillismo el signo de la Venezuela republicana cuando lo había sido durante la Venezuela colonial? Todo indica que no, que el caudillismo emergería de inmediato enfrentando la sindéresis republicana, buscando imponer su propia gramática, empuñando para ello una espada y cobrando los servicios prestados durante la Guerra de Independencia.
Esto último, como veremos, será tema recurrente a lo largo de casi todo el siglo XIX, incluso hasta cuando llegue al poder Antonio Guzmán Blanco, ya que muchas de sus actuaciones fueron atributarias de la gesta de su padre, Antonio Leocadio Guzmán. Toda una generación de próceres de la independencia, pasando por encima de las instituciones republicanas, buscó el poder para sí como si se tratara de una deuda que la nación había contraído con ellos. Y veamos ahora esta nueva etapa, que va de 1847 a 1858, cuando se instituye el nepotismo del Monagato y se introduce la reelección inmediata en una reforma constitucional encabezada y propuesta por José Tadeo Monagas.
Estos 11 años, que se inician en marzo de 1847 y concluyen en marzo de 1858, están signados por la presencia de las únicas dinastías que ha habido entre nosotros, los hermanos José Tadeo y José Gregorio Monagas, que detentan el poder alternativamente sobre la base de períodos constitucionales de cuatro años, como lo pautaba la Constitución de 1830. Hasta que José Tadeo Monagas en su segundo período impulsó la promulgación de la Constitución de 1857 y fijaba el período en seis años, permitía la reelección inmediata, era evidente no quería deshacerse del poder. Y esto activó la reacción en su contra, que lo condujo a renunciar a la presidencia de la República.
El general Monagas asume la presidencia el 1.º de marzo de 1847, tiene 62 años de edad, era el hombre más influyente y uno de los más ricos del oriente del país. Gozaba, como Páez y Soublette, del prestigio de haber integrado al ejército libertador en sus primeras filas. Llegaba al poder de la mano del general Páez, quien equivocadamente creyó que mantendría su influencia determinante en el país a través de Monagas.
¡Vaya error! Al principio el gobierno de Monagas así pareció que iba a suceder, pero muy pronto Monagas fue enseñando sus cartas y así fue como el líder del Partido Liberal, Monagas, llegó con los votos del Partido Conservador de Páez para muy pronto olvidar los acuerdos. Monagas conmutó la pena de muerte que pesaba sobre Antonio Leocadio Guzmán por la del extrañamiento perpetuo del país. Esta fue la primera señal para el general Páez.
Luego nombró en cargos menores agentes de su confianza sin consultarles previamente a los ministros del país, con lo que buscaba la renuncia de estos, cosa que ocurrió siendo sucesivamente sustituidos por personajes cercanos a Monagas. Esto va a ocurrir en muy pocos meses y el general Páez permaneció en silencio. Hasta que el 5 de agosto de 1847, Monagas le participó a través del ministro de Guerra y Marina que sus funciones como jefe del Ejército Nacional habían cesado. Esta estocada final dejó en claro que Monagas se proponía gobernar solo, creando su propia red de poder al margen del país.
La ocupación de la totalidad de los cargos de la administración pública por parte de Monagas y sus seguidores se puso en marcha. El año 1847 transcurrió con el empeño de Monagas de ir copando todos los espacios de poder ante el desconcierto del general Páez, y en 1848 ocurren los hechos terribles del Congreso Nacional, que hemos referido antes. El 24 de enero de 1848 el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, Martín Sanabria, se trasladó a la sede del Poder Legislativo a rendirle el informe anual del Poder Ejecutivo y estando dentro del recinto se corre el rumor en la calle de que ha sido asesinado, cosa que enardece a las turbas liberales que estaban apostadas afuera.
Intentan entrar y son repelidas con plomo por la guardia, dándose las primeras escaramuzas y desatándose una violencia incontrolada. Los heridos y los muertos van en ascenso. Los enfrentamientos entre conservadores y liberales son a cuchillo, a puñal, con piedras y hasta con lanzas y bayonetas. Santos Michelena intenta salir por una puerta y es herido con una bayoneta.
Fue tan grave el daño que murió 48 días después. Los parlamentarios Francisco Argote, José Antonio Salas y Juan García son asesinados por las turbas. La misma suerte corren el sargento Pedro Pablo Aspúrba y un sastre que se había animado a participar en la trifulca. Monagas, alertado acerca de los hechos en curso, se presenta a caballo, acompañado del general Santiago Mariño, y con las fuerzas del orden restablece la calma.
La herida para el Poder Legislativo había sido mortal. El Parlamento después de estos hechos tardó años en recuperar su autonomía; Monagas cada vez más lo doblegó como un apéndice de su propio mando. Las cámaras se reunían con Juan Vicente González como secretario, lo que causó un asombro mayúsculo, ya que hasta el día anterior González había sido fervoroso conservador y ahora aceptaba trabajar con los liberales. Bueno, Fermín Toro, a diferencia de González, no acudió al llamado de Monagas y pronunció una de sus frases más famosas.
"Decidle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero Fermín Toro no se prostituye". Muy hermoso. Monagas le envía una carta a Páez el 26 de enero solicitando su colaboración para restablecer la convivencia pacífica, entonces le atribuye la tragedia al desatino de la Guardia del Congreso que enardeció a las turbas, exime a sus seguidores de responsabilidad. Páez le responde con otra misiva en la que se lamenta haberlo llevado a la presidencia de la República y apela a la responsabilidad moral que siente por semejante error, le dice a Monagas que se ha colocado como el más grande, el más ingrato y vengativo de todos sus enemigos.
La voz de la experiencia no inspira confianza a la parte más sana, más concienzuda y más fuerte de la sociedad. Bueno, la respuesta de Monagas era una declaración de guerra. Y el 4 de febrero de 1848 Páez entrega una proclama en Calabozo y luego se traslada a Apure. Monagas encarga a Mariño enfrentarlo y este delega al general José Cornelio Muñoz, antiguo paecista, para batir sus tropas en contra de las de Páez.
Ocurre la batalla en el sitio de Los Araguatos el 10 de marzo, Páez derrotado logra huir a Colombia acompañado por Soublette y por Ángel Quintero. De allí se traslada a Curazao, desde donde invade a Venezuela por las costas de Coro el 2 de julio de 1849, logra armar un ejército de 600 hombres y parte de sus recursos han sido confiscados por el gobierno de Monagas. Esta nueva ofensiva de Páez concluye en otro fracaso.
En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm.
Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarays@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarays. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. El general José Laurencio Silva hace preso a Páez en Cojedes, en el valle de Macapú Abajo, y lo remite a Valencia donde es humillado con la colocación de grillos en los pies.
Tratos que muchos consideraron inaceptables para un hombre que había acumulado los méritos que había acumulado Páez. Luego es trasladado a Caracas, donde fue nuevamente humillado; el encargado de su prisión era Ezequiel Zamora. En los traslados callejeros del prisionero lo zarandeaban y le gritaban abajo el rey de Los Araguatos, haciendo alusión a la derrota en la batalla en el Llano.
Luego es trasladado al Castillo San Antonio de la Eminencia en Cumaná, donde va a partir al exilio arruinado el 23 de mayo de 1850, y el año 1850 de acuerdo con la Constitución Nacional tenía que ser un año electoral. A los comicios convocados en agosto y octubre se presentan los nombres de Antonio Leocadio Guzmán, que saca 64 votos, Stanislao Rendón 30 votos, José Ángel Ruiz 20 votos y el general José Gregorio Monagas 203 votos. La victoria fue para el hermano menor de José Tadeo, quien gobernaría para el período constitucional 1851-1855.
Bueno, por primera vez se perfeccionaba una dinastía en Venezuela, un hermano le entregaba el poder a otro. De modo que el nepotismo estaba aquí... en su epifanía. José Gregorio Monagas se traslada desde su casa en Barcelona, estado Anzoátegui, hoy en día, hasta Caracas a tomar posesión de la Presidencia de la República el 5 de febrero de 1851, tenía 56 años. Era el cuarto hijo de una poderosa familia de ganaderos en el oriente del país y al igual que Páez y Soublette su hermano había formado parte del Ejército Libertador.
De hecho, Bolívar lo había bautizado como la primera lanza del Oriente, cosa que escuchó con celos José Tadeo, su hermano, y advertido por los celos volvió y le dijo: "Usted es la primera lanza de Venezuela y el general Páez la primera lanza del mundo". Y ahí todos quedaron satisfechos. Como suele suceder alrededor del segundo Monagas se formó un grupo al que el pueblo denominó los gregorianos, mientras que los seguidores de sus hermanos se llamaban los tadeístas. Había una pelea sorda por el poder y aunque había algunos matices distintos entre uno y otro, pues no hubo una separación total de los dos hermanos, más bien se entendieron en aspectos esenciales más allá de las diferencias que no llegaron a ser tantas como para que hubiese una ruptura.
Desde 1850 se venía hablando de la necesidad de abolir la esclavitud y el tema se ventila en el Congreso Nacional hasta que José Gregorio Monagas la ejecutó el 24 de marzo de 1854. En esa época ya el número de esclavos en Venezuela era bajo, no pasaba de 15 mil, los manumisos llegaban a ser 11 mil. Bueno, se había reducido ostensiblemente. A las elecciones de octubre del año 54 se presentó un solo candidato, José Tadeo Monagas, y bueno, el 31 de enero del año 55 se juramenta en el templo de San Francisco como presidente de la República para el período 1855-1859.
Y, el 23 de abril del año 56 el Congreso sanciona una ley de reorganización del territorio nacional. Esa ley lo que buscaba era que Monagas tuviese un poder absoluto para introducir una reforma en la Constitución. Esa reforma la sanciona el Congreso Nacional en 1857 y esa nueva carta magna introducía dos cambios que satisfacían la voluntad de Monagas: extendía el período presidencial a seis años y no prohibía la reelección inmediata. De modo que era evidente que Monagas se proponía gobernar hasta la eternidad.
Y por ello el 5 de marzo de 1858 Julián Castro se alza en contra de José Tadeo Monagas en Carabobo. Se sumaron pronunciamientos en Cojedes y en Guárico y en pocos días hasta los seguidores de Monagas lo dejaron solo. Su personalismo había llegado a exasperarlos. Monagas decide renunciar el 15 de marzo y se refugia en la legación de Francia, en Caracas.
Después de semanas de negociaciones bajo la luz del llamado Protocolo Urrutia, Monagas puede salir al exilio. Su hermano José Gregorio no corrió la misma suerte y fue hecho preso en el Castillo de San Carlos en el Zulia, pero ya estaba enfermo de cáncer y falleció cuando iba a ser trasladado hacia Maracaibo para recibir atención médica. Otros funcionarios cercanos a los Monagas fueron apresados, la caída del presidente autoritario fue rápida e hizo imposible ofrecer resistencia; al momento de conocerse la carta de renuncia de Monagas enviada al Congreso, centenares de personas salieron a las calles de la capital para manifestar su regocijo.
Entre ellos Antonio Leocadio Guzmán, que le debía la vida a Monagas y fue altísimo funcionario del gobierno, y sin embargo Guzmán cabalgaba gritando: "Abajo los Monagas, mueran los ladrones". Bueno, como vemos no solo Juan Vicente González era capaz de cambiarse de chaqueta sin que le temblara el pulso. La etapa de preeminencia del Partido Liberal concluía en medio de estrepitosos fracasos, en el exilio o presos sus máximos líderes y con el país a puertas de una guerra civil. Lejos estaban los Monagas de haber apaciguado los demonios nacionales, por lo contrario les habían dado alimento y fuego.
El abierto nepotismo, el personalismo habían enfurecido realmente a unos espíritus que parecían dormidos y esos espíritus desenterraron el hacha de la guerra, hartos de las arbitrariedades. Y Venezuela estaba a punto de sumergirse en un pleito largo del que va a surgir destruida, me refiero a la Guerra Federal. En este período el signo personalista que relegaba a segundo plano cualquier consideración institucional en aras del individuo se potenció aún más. No obstante sería injusto atribuirles a los dos hermanos Monagas el mismo afán, ya que en José Gregorio primó menos el personalismo que en José Tadeo; de hecho no fue José Gregorio quien se empeñó en la reforma constitucional que lo eternizara en el mando, fue su hermano.
Es evidente que la reforma constitucional de 1857 atentó contra el espíritu democrático de la nación por las razones antes expuestas. Dos impulsos lo articularon: eternizarse en el ejercicio del poder y el nepotismo, que es una expresión radicalmente antidemocrática. De modo que estos son los hechos en este período de 11 años, entre 1847 y 1858.
Donde hay un cambio que afecta severamente al espíritu democrático porque el nepotismo lo es, y porque entonces la reelección inmediata y la prolongación del período presidencial a seis años, de cuatro a seis años, revelaban que el general José Tadeo Monagas no estaba trabajando por un principio esencial de la democracia, que es la alternabilidad en el poder. En nuestro próximo programa —que será el capítulo 4 de esta historia— veremos el regreso de los liberales del Partido Conservador y veremos ese episodio terrible en la historia de Venezuela, que es la guerra federal. Hasta nuestro próximo encuentro.