Serie Fueras de Serie. Santos Michelena. Cap 7.
Serie Fueras de Serie. Santos Michelena. Cap 2.
Transcripción
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com; debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba Mundo UR Web y arroba Radio Escuela UR.
Bueno, estamos de nuevo en Venezolanos, en esta serie que venimos desarrollando, que se titula Fueras de Serie, y vamos a continuar con la segunda y última parte de Santos Michelena, que lo habíamos comenzado la semana pasada. Recordemos que veníamos hablando de Robert Kerr Porter, el embajador o ministro plenipotenciario, como se le llamaba en aquella época, de Gran Bretaña en Venezuela. Porter escribió un diario que ha sido valiosísimo para entender aquella época, y anota en su diario lo que señalamos en el programa anterior en relación con Michelena.
Obvio que Porter tenía una gran estima por Michelena, y también es innecesario recordarlo: Porter influía en el ánimo del general Páez de manera significativa. Recordemos que trabaron una estrecha amistad al punto tal que Páez le pide a Porter que dibuje, porque Porter era un muy buen dibujante, el escudo de la República de Venezuela. El escudo de la república nacional, de acuerdo con las reglas de la heráldica que las manejaba muy bien Porter, lo diseñó, lo dibujó o lo concibió y lo hizo en su plenitud Robert Kerr Porter, por solicitud de José Antonio Páez. De modo que el escudo nacional, dentro de esos parámetros de la heráldica, es del dibujante Porter en este caso.
Ya no como embajador, sino como dibujante por encargo del general Páez. Bueno, y tenemos a Michelena en Bogotá; allá va a estar con su numerosa prole, había tenido muchos hijos, y llegó a Bogotá por unos caminos accidentados y precarios. Va a estar allá entre 1837 y 1839, hasta que se firma el acuerdo y las cifras fueron proporcionales y satisfactorias para Nueva Granada, Venezuela y Ecuador.
Entonces, en el acto de despedida, el presidente de Nueva Granada, José Ignacio de Márquez, le tributa un reconocimiento y Michelena responde lo siguiente: "Vuestra excelencia se persuadirá que, si bien la vuelta a la patria debe serme bajo muchos respectos placentera, no es posible sin sentir profundo pesar separarme para siempre de un país naturalmente amigo y aliado de Venezuela, donde he residido largo tiempo en diferentes épocas, cuyos altos funcionarios me han honrado con su aprecio y estimación y al cual me unen vínculos de estrecha amistad. Si algo puede templar tan justa pena es la consideración de que la paz y la buena correspondencia entre los dos países se hayan sólidamente establecidas y que la Nueva Granada, recobrando la calma interior necesaria para la actividad del trabajo y el desarrollo de la industria, continuará progresando a la sombra de sus instituciones políticas y bajo la vivificativa influencia del saber y del patriotismo de sus primeros magistrados".
Esto lo dice en muy buen castellano Santos Michelena. Y por su parte el general Páez, en su autobiografía, ese documento extraordinario para entender, conocer y valorar la historia de Venezuela en el siglo XIX, destaca el hecho y la participación de Michelena. Va a decir Páez en su autobiografía lo siguiente: "Desde el 25 de abril del 1838 se había instalado en Bogotá la Asamblea de Plenipotenciarios de las tres repúblicas del Ecuador, Nueva Granada y Venezuela, a fin de reconocer, liquidar, dividir e adjudicar los créditos activos y pasivos de la antigua Colombia, con arreglo a las estipulaciones del 23 de diciembre de 1834".
"Y habiendo terminado las tareas el 16 de marzo de 1839, el señor Santos Michelena, ministro plenipotenciario de Venezuela en Bogotá, le envió al secretario de Estado una comunicación dándole cuenta de la parte que correspondía a Venezuela en la deuda interior colombiana. En nombre mío manifestó el secretario Smith, se refiere a Guillermo Smith, que el gobierno se hallaba plenamente satisfecho del acierto con que el señor Michelena había desempeñado las delicadas funciones que se le confiaron y de sus desvelos por promover y consultar los intereses de Venezuela y de sus ciudadanos respecto a las adjudicaciones y compensaciones de los créditos correspondientes".
Les recuerdo lo siguiente: cuando se deshace la República de Colombia en 1830, Venezuela siguió llamándose Venezuela y se constituye como una república. Quito pasó a llamarse Ecuador y se constituye como una república, y un venezolano va a tener un papel fundamental en todo este proceso: un venezolano nacido en Puerto Cabello, Juan José Flores. La actual Colombia no regresa a llamarse Colombia, sino que se denomina Nueva Granada, como se llamaba antes de constituirse en una república.
¿Y qué era lo que estaban resolviendo? Que mientras fue una sola república, la de Colombia, se tomaron unos créditos. Se incurrieron en unos créditos que había que pagar y el pago de esos créditos tenía que hacerse de manera proporcional entre las tres partes, entre las tres nuevas repúblicas que habían salido de una sola.
Ese arreglo tenía que hacerse proporcional al tamaño y a la población. Y algunos otros factores han debido considerarse. Bueno, en esto fue lo que trabajó Michelena y el general Páez señala el éxito de su trabajo.
De modo que regresaba al país Michelena habiendo cosechado un éxito importante, no así en relación con el tratado Pombo-Michelena, desaprobado por el Congreso venezolano, como vimos antes lamentablemente. En todo caso, la aureola de prestigio lo llevó a la candidatura a la vicepresidencia de la República, y Santos Michelena fue electo holgadamente vicepresidente de la República. Recordemos un hecho: la vicepresidencia de la República se elegía en la mitad del período.
El presidente de la República tenía un período de cuatro años; a los dos años de su ejercicio se elegía al vicepresidente, que iba a trabajar dos años con ese presidente de la República y dos años con el nuevo. Era una institución muy interesante que buscaba la continuidad administrativa. Que cambiara el presidente de la República, pero que los asuntos que se consideraban asuntos del Estado podían llevarlos a un vicepresidente que trabajaba dos años en un período y dos años en otra legislatura o en otra administración, como también se le llama.
Esta institución se perdió por los vericuetos constitucionales del siglo XIX, pero dada su importancia, su interés o naturaleza, es interesante recordarla, ¿no? Bueno, y entonces cuando Páez es electo de nuevo presidente de la República para el período 1839-1843, Michelena es electo vicepresidente en 1840. Y asume el 29 de enero de 1841, a mitad exacta del período de Páez.
¿Cómo lo establecía el texto constitucional? Su prestigio entonces era enorme y se presentaba luego como candidato a la presidencia de la República en 1843, pero pierde ante Carlos Soublette, que también tenía una resonancia pública muy grande por razones obvias. Era un militar triunfador en la guerra de Independencia y Michelena era un civil; el tercer candidato en esa contienda fue Diego Bautista Urbaneja.
Cuando Michelena pierde la presidencia, se retira de vida pública y se establece en su hacienda Otoño en el estado de Aragua, hasta que regresa como diputado al Congreso Nacional en 1846, pero estos hechos los veremos en la próxima parte del programa. Para alguna sugerencia sobre este espacio, pueden escribirnos al correo.
En la parte anterior del programa estábamos hablando de esa contienda electoral a la presidencia de la República que Michelena pierde y realmente era muy difícil. Un civil como Michelena le ganara unas elecciones al general Soublette, sobre todo después de los hechos ocurridos con el doctor Vargas, lamentables hechos en los que Santiago Mariño y José Tadeo Monagas le dan un golpe de Estado con el único argumento de que un civil no podía ser presidente de la República. Ese es un momento triste, lamentable en la historia de Venezuela porque los civiles tienen tanto derecho a gobernar como los militares y cualquier ciudadano que reúna los requisitos que establece la Constitución Nacional para presentarse como candidato a cualquier cargo público y, con mayor razón, a la Presidencia de la República.
Bueno, y no obstante no haber alcanzado la primera magistratura, Michelena ofrece una vida pletórica de contribuciones centrales para la formación del Estado en el siglo XIX. Es un estadista de gran calado, además es un liberal. Lamentablemente, en el oprobioso asalto al Congreso comandado por José Tadeo Monagas el 24 de enero de 1848, una verdadera vergüenza, Michelena fue herido varias veces y falleció 48 días después.
Recordemos que no existía la penicilina, ese milagro de la ciencia médica del siglo XX. Volvamos a la autobiografía del general Páez, donde deja escrito lo siguiente sobre estos hechos. Dice Páez: "Allí cayó herido para luego morir el virtuoso Santos Michelena, que tantos y tan grandes servicios había prestado a la hacienda de Venezuela".
Y esto es cierto: hemos dicho antes, en el programa anterior, que Michelena es fundador de la Hacienda Pública, al que restablece las cuentas nacionales cuando Venezuela se separa de Colombia. Se necesitan unas cuentas propias, una república autónoma e independiente, que no lo fuimos durante el período en el que fuimos departamento de la República de Colombia y no lo fuimos en términos hacendísticos, es decir, no teníamos nuestras propias cuentas porque nuestras cuentas eran las de la República de Colombia. Entonces, cuando se refunda la República de Venezuela bajo la impronta del general Páez, Michelena tiene la tarea de establecer las cuentas nacionales y esos informes que hace el secretario de Hacienda, entonces a los ministros se les llamaba secretarios.
Son muy interesantes, hay memoria del secretario de Hacienda Michelena en el año 1831-1832, 1833 y 1834 también; son un banquete para los amantes de la precisión, lo que revela el nivel del detalle con que Michelena llevaba sus cuentas y también sus preocupaciones. El 23 de mayo de 1831 Michelena presenta la primera memoria de Venezuela, independiente de Colombia. Y fíjense lo que dice allí.
Habla Michelena, o escribe Michelena: "Resta ahora a examinar de qué manera se cubrirá el déficit para una nación que por repetidas faltas en el cumplimiento de sus promesas ha perdido la confianza aun de sus propios ciudadanos; no queda otro medio que el de aumentar los impuestos o establecer otros nuevos. Pero será justo, será posible que por los efectos de una larga guerra y de una administración locamente dispendiosa se hallen los pueblos reducidos a la más espantosa miseria, cuando para apagar los consuelos de vida se aumenten las exacciones y con ellas sus privaciones y desgracias? ¿No dictan más bien la prudencia, la conveniencia y la razón que, mientras se reponen de las calamidades pasadas, se disminuyan aquellas, ya que no es posible franquearles auxilios? La adopción, señor, de semejante arbitrio reducirá los pueblos a la desesperación y expondría la tranquilidad del Estado a frecuentes convulsiones. Y después de causar tantos males no se crea que produciría siquiera el resultado prometido. Parece, pues, que debe hacerse desaparecer aquel déficit disminuyendo los gastos por una suma de igual importancia en las clases que aún admitan economías".
Fíjense, él no está proponiendo subir los impuestos, que es lo que haría un populista; él está proponiendo disminuir los gastos, que es lo lógico. Y sigue diciendo: "Solo así podrá el erario salir de las dificultades que lo rodean. Solo así podremos algún día cumplir con los sagrados empeños que, junto con la Nueva Granada, contrajimos con algunos extranjeros y nacionales. Y solo así lograremos ver consolidado el crédito, sin lo cual ni hay poder, ni bienestar, ni felicidad nacional".
Bueno, es muy interesante porque la primera reacción es: hay un déficit, no hay dinero, sube los impuestos, y él no lo hace. Él dice: "¡No!" Esto sería castigar a la gente que ya ha pasado mucho trabajo. ¿No subamos los impuestos? Reduzcamos donde se pueda los gastos del Estado.
Bueno, una prudencia de una sabiduría extraordinaria que ojalá se hubiese cumplido con más frecuencia a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI. Hay dos afirmaciones que merecen nuestra atención: él dice "una administración locamente dispendiosa"; caramba, ¿se refiere a qué? A la administración de Colombia no puede ser otra, porque es el primer informe que él está dando de la República de Venezuela, ya separada de la República de Colombia.
Se está refiriendo a la administración entre 1819 y 1830, cuando el presupuesto nacional se administraba en Bogotá, encabezado por el presidente de la República, Simón Bolívar, y el vicepresidente Francisco de Paula Santander. De modo que la crítica no es menor. "Locamente dispendiosa" es una calificación severa que refleja lo que pensaba Michelena de Santander como administrador, y además se retrata él mismo, se autorretrata, porque él propone otro camino que se expresa en la segunda observación que queremos hacer.
Y es que ante la urgencia del déficit presupuestario nacional se abre esta disyuntiva de la que hablamos antes: subir los impuestos o bajar los gastos, y Michelena opta por lo segundo y lo argumenta con base en el pueblo. No se le puede pedir a la gente que pague por lo que no ha hecho. En el fondo está diciendo: esto sería inmoral, en el fondo es la máxima que lo guía a él, ¿no?
Esto es lo correcto desde el punto de vista humano y aquí asoma, además del hombre de Estado, más allá del administrador que con subir los impuestos equilibraba las cuentas, pero eso tenía un costo social muy alto y Michelena no quiere que sus compatriotas paguen un costo social de esa magnitud por unas deudas que no las contrajeron ellos. Las contrajeron los gobernantes, no los ciudadanos, y opta por reducir los gastos. Esto es verdaderamente un ejemplo interesante, ¿no?
Y fíjense qué pasa dos años después en la memoria de la Secretaría de Hacienda presentada el 20 de enero de 1833. Esta es la tercera memoria de su gestión. Ahí Michelena se va a dar un gusto colosal porque va a ver cómo recoge los frutos de lo que sembró dos años antes.
De modo que sus hipótesis y sus teorías sobre la conveniencia de reducir los gastos y no subir los impuestos los va a ver, los va a tocar o palpar. Leeremos entonces ese fragmento de sus memorias del 20 de enero del año 1833 en la próxima parte del programa. Bueno, les decía en la parte anterior que en esta leeríamos un fragmento de la memoria de la Secretaría de Hacienda, presentada el 20 de enero de 1833.
La tercera es la gestión de Michelena como secretario de Hacienda y Canciller. Recordemos que durante ese primer gobierno del general José Antonio Páez, Michelena va a desempeñar dos cargos a la vez: canciller, que se llamaba secretario de Estado, y ministro de Hacienda, que se llamaba secretario de Hacienda. Si me apuran, esas son las tareas fundamentales del Estado que se estaba formando, junto, por supuesto, con el secretario del Interior, que equivaldría a un ministro de Relaciones Interiores hoy en día.
Dice entonces Michelena en esta memoria, en el tercer año de su gestión: "Por resultado este nuevo orden de cosas es que en el año económico a que se refiere la cuenta que voy a dar a las cámaras, no solo se satisficieron todos los gastos de la administración y una gruesa suma de las deudas del Estado, sino que quedó en caja un sobrante de consideración. Cuando en ningún tiempo ni bajo el régimen colonial de España ni bajo el sistema departamental de Colombia fueron bastantes las rentas y contribuciones para pagar las erogaciones ordinarias, no obstante que entonces existían varios impuestos que están ya suprimidos o han sido cedidos a las provincias".
Bueno, este es un hecho extraordinario. Es decir, pagado todo, quedó un remanente en caja; les recuerdo, no subió los impuestos, simplemente puso disciplina fiscal, redujo los gastos del Estado, lo que prueba que muchos de esos gastos eran innecesarios, absolutamente innecesarios. Y con solo poner orden en las cuentas iba a pasar lo que pasó, pero quizás él no se imaginó que encima iba a quedar un remanente en caja, cosa que no había pasado nunca.
Escúchese bien: ¡nunca! Nunca había alcanzado el dinero ni durante la República de Colombia, de 1819 a 1830, ni durante el período de la guerra ni durante el período colonial. ¿Cómo es posible que un hecho de esta magnitud, encabezado por un hombre de esa disciplina y de la austeridad del rigor o conciencia manejando las cuentas nacionales, sea tan desconocido y no celebrado?
¿Cómo es posible que los venezolanos no atendamos a estos hombres ordenados que nos trajeron tantos bienes? Ah, bueno, porque esto no representa una épica de ningún tipo. Esto no es una campaña ni es una victoria militar, bueno, pero es una victoria del otro tipo.
Ojo, tampoco podemos pasar por debajo de la mesa que esto Michelena no lo está haciendo solo. Lo está haciendo con el respaldo del presidente de la República, que es el general Páez. Michelena no puede hacer esto sin consultárselo al presidente de la República, sin ir donde Páez y decirle: mire, presidente general, voy a recortar estos gastos.
Y Páez habrá dicho: ¿cómo?, ¿y cómo vamos a...?, mire, si nos hacemos esto vamos a tener tales y tales problemas. Y, sin embargo, los dos lo hicieron y los resultados comienzan a ser notables, y no lo digo yo. Lo dicen las cuentas nacionales: en el programa anterior señalamos que las cuentas nacionales recogidas por el profesor Asdrúbal Baptista en ese libro utilísimo de las cuentas nacionales entre 1830 y el año 2014 o 2013, sin memoria no falla, uno ve perfectamente que durante estos años de 1830 a 1847, cuando gobernaron Páez, Vargas, Soublette, Páez y Soublette, el crecimiento económico venezolano fue notable.
Notable: los rubros de exportación crecieron enormemente, en particular el café, que era ya el producto príncipe que había desplazado al cacao. Había desplazado al añil y al tabaco. El café es la joya de la corona y allí creció muchísimo Venezuela bajo estos criterios de austeridad del rigor fiscal, en arroparse hasta donde nos llegaba la cobija, de no aumentar los impuestos para perjudicar a la gente y de hacer reducciones en los gastos corrientes.
Bueno, como vemos, es por primera vez desde su existencia independiente en 1811 que las cuentas de Venezuela fueron favorables. Se pagó deuda incluso y, por añadidura, como dije, quedó un remanente en la caja sin que quedase en cuentas para pagar. Ojo, esto quiere decir que quedó un remanente una vez que pagaste todas las deudas, porque a veces los ajustes contables tú dices: ¿quedó remanente en caja? Sí, pero dime cuántas son las deudas que tienes.
Entonces la deuda es mayor que el remanente... bueno, eso no es un remanente. En este caso sí, porque se pagaron todas las deudas de la República de Venezuela contraídas con particulares tanto venezolanos como extranjeros. Recordemos que hemos hablado del prorrateo de la deuda de Colombia que Venezuela estaba pagando; nosotros teníamos una deuda externa fundamentalmente con Inglaterra y se venía pagando de manera prorrateada de acuerdo a los criterios del tratado que negoció Michelena en Bogotá con los neogranadinos y los ecuatorianos.
De modo que aquí podemos estar hablando de un milagro prácticamente, aunque no es un milagro. Es decir, lo que es seriedad en el manejo de las cuentas; seriedad y severidad también, porque yo imagino que él tendría muchas presiones, presiones de otros funcionarios públicos, presiones del agente porque faltaban recursos para esto o aquello dentro de la mínima organización que tenía el Estado. Me imagino los reclamos del sector militar y, sin embargo, dijo no durante todos estos años, hasta que llevó a Venezuela a tener un flujo de caja favorable.
Un remanente y pagar prácticamente todas sus deudas. Insisto, esto lo hacía con el respaldo del general Páez, que era presidente de la República, y recordemos que se está iniciando una nueva etapa. Venezuela está renaciendo como una república autónoma, había también un espíritu de hacer las cosas bien y ser republicanos, o ser serios al menos en el sector de la población.
Hay otro en que no. Ya aludimos el momento en que los militares Mariño y Monagas le dan un golpe a Vargas junto con Carujo o Luis Lebel de Goda, etc. De modo que no todos tenían esta seriedad del manejo de los recursos públicos y estos criterios republicanos y de separación de poderes, pero Michelena sí. Y tenemos que señalarlo con toda claridad, ¿verdad?
Porque es un personaje muy importante para nuestra historia en este primer gobierno de Páez, en el gobierno de Vargas, luego en el gobierno de Soublette y también en el gobierno de Páez. En el segundo gobierno es donde fue vicepresidente, como dijimos antes. Bien, vamos a una pausa y nos encaminamos entonces hacia la última parte de este programa dedicado a Santos Michelena, ya regresamos.
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm.
Para algunas sugerencias sobre el espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Bien, en esta última parte del programa sorprende leer las pocas biografías de Páez que se han escrito y no advertir que señale la definitiva importancia de Michelena en su primer gobierno.
Lo hace Polanco, lo hace Tomás Polanco Alcántara en su estupenda biografía del general Páez, publicada el año 2001, pero se han escrito muy pocas biografías del general Páez. Hay una de Vitelio Reyes, hay otra de José Antonio Cova y la primera de un escolar norteamericano llamado Cunningham Graham, pero no se hace el énfasis en la importancia de Michelena en ese gobierno de manera clara, precisa. Pareciera que no se comprende claramente que se trata de la refundación hacendística de la República, y eso fue lo que hizo el secretario de Hacienda, así como la consolidación y el pago de la deuda interna y externa.
¿Por qué será que estos logros no son señalados en consonancia con su importancia? Y en cambio muchos de los biógrafos de Páez se esmeran en los pleitos que tiene Páez con Monagas, que fueron muchos. En la persecución del bandido Dionisio Cisneros fue muy importante que Páez lo neutralizara y que dejara de ser un factor de perturbación nacional, como lo fue: estos bandoleros en aquella época equivaldrían quizás a lo que hoy en día significan en algunos estados los carteles de la droga, el cartel de Medellín y el cartel de Cali.
El cartel de Sinaloa en México es equivalente a la época, pero siempre estamos más dispuestos para señalar los hechos bélicos que estos aspectos administrativos que son tan importantes para la vida de la gente. Bueno, esta es la razón para que esto ocurra, debe ser la misma por la que Santos Michelena es un personaje central y casi desconocido, prácticamente desconocido. La administración, los asuntos de la administración del Estado, están fuera del influjo de la épica, del ditirambo.
Deben ser las mismas razones que llevan a que la enseñanza en nuestra historia ponga el énfasis en los hechos militares y los hechos civiles los invisibilicen, como que si esos hechos no tuvieran la más mínima importancia. Deben ser las mismas razones que suelen confundir la biografía de Bolívar con la historia nacional, como si los hechos venezolanos pasaran al limbo a partir de 1830 y la muerte del libertador. Esta es una confusión muy común, la confusión según la cual la historia de Venezuela es la biografía del libertador.
Cuando en alguna medida lo es, pero en otra medida no lo es para nada. Recordemos que Bolívar se va de Venezuela en 1821, regresa por seis meses, en 1827 vuelve a Bogotá y ya no regresa nunca porque muere el 17 de diciembre de 1830. Entonces estudiar la biografía de Bolívar no es exactamente estudiar la historia de Venezuela.
Y en la historia de Venezuela y su refundación como República, a partir de la separación de Colombia, Santos Michelena es un personaje fundamental, fundamental. De modo que este desconocimiento de la historia, esta lectura sesgada de la historia, esta manera de leerla solo en sus hechos militares, solo en sus hechos políticos, y dejar de lado, desconocer, invisibilizar, minimizar los hechos económicos es un error. Porque no se entiende, no terminas entendiendo la realidad que está allí.
Quizás, además, hay un desdén por la figura de Michelena, quizá proviene una lectura, vamos a llamarla estatista, de la historia nacional. Esa lectura estatista, en alguna medida izquierdista de la historia nacional, considera el período de los conservadores de 1830-1847 como una epifanía del liberalismo económico. Como si eso fuese algo negativo y olvidar los logros que no fueron pocos en aquel Estado que retomaba su camino separado de Colombia con sus propias cuentas nacionales, buscando estimular la producción del café y que le permitiera ingreso a divisas y tener una economía agrícola mucho más poderosa o vigorosa como la que había dejado de tener por causa de una guerra prolongada.
Quizás también en este desdén por Michelena pesa el hecho de que era un hombre serio, organizado, metódico y desarmado. Bien, estos atributos no tienen mayor interés; son más interesantes los locos, ¿verdad? Los desaforados.
Qué sé yo... los personajes ditirámbicos, pero esto es un hombre serio, organizado, metódico, eso de pronto despierta un interés menor. Es lamentable, pero es así. Bueno, y ojalá estas observaciones contribuyan con la relectura de otros civiles de aquel tiempo fundacional.
Ahí está Juan Germán Roscio, que es un personaje importantísimo. Está José Rafael Revenga. Está Diego Bautista Urbaneja.
Está Pedro Gual. Está Manuel Felipe de Tovar. Estoy hablando de personajes de aquellos tiempos muy importantes: Guillermo Tell Villegas y Andrés Narvarte, que merecen la atención de los historiadores venezolanos para ir viendo qué está debajo de la épica militar.
No se trata de desdeñar la épica militar, que también es importante. Pero no puede ser que la atención a la épica militar nos lleve a olvidar que ocurrieron otros hechos, unos hechos menos epopéyicos, menos épicos, pero de gran importancia. Y dentro de esos hechos este hombre, Santos Michelena, es fundamental para la historia venezolana, sobre todo en el período conservador, porque recordemos que él fue asesinado en el asalto al Congreso en 1848, cuando era un hombre maduro, no era un anciano y tenía mucho que darle a Venezuela todavía.
Bien, este ha sido el Venezolanos de esta serie Fueras de Serie. Estos fueras de serie han comprendido tres capítulos dedicados a Juan Liscano, un capítulo dedicado a Andrés Bello, un capítulo dedicado a Isaac Pardo y estos dos capítulos dedicados a Santos Michelena. En nuestro próximo programa, que será el octavo de esta serie, trabajaremos otro fuera de serie venezolano, ya explicaremos por qué.
Y con esos ocho capítulos culmina esta serie de fueras de serie de nuestro programa Venezolanos por Unión Radio, un programa que tantas satisfacciones nos ha dado y que espero yo, y así lo creo, que preste un servicio pedagógico importante para los venezolanos, escuchando historias, procesos, períodos de nuestra vida venezolana desde los tiempos coloniales hasta nuestros tiempos. Bueno, habló para ustedes, como siempre, Rafael Arráiz Lucca. Es un gran placer discurrir. Más información en www.mooji.org.