Serie Fueras de Serie
7 de febrero de 2024

Serie Fueras de Serie. Juan Liscano. Cap 3.

Serie Fueras de Serie. Juan Liscano. Cap 3.

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Hernando Camacho. Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturrisa, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgües, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com; debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos pueden seguir en @MundoURWeb y @radioscuelaUR.

Saludos para todos en este tercer programa sobre la vida y obra de Juan Liscano. En el programa anterior estábamos viendo obras de él publicadas ya en los años 80 del siglo XX, y de esos tiempos es un libro que hemos citado ya varias veces, que es una conversación larga con Arlet Machado, que se titula El Apocalipsis según Juan Liscano. Este fue el único libro de conversaciones que sostuvo Liscano con alguien. Fue publicado en 1987 y recibió una muy buena acogida por parte de los lectores; los lectores siempre agradecían en el autor su sinceridad, incluso cuando esta atentaba contra sí mismo o contra personas de su entorno afectivo.

Ese desparpajo de un hombre radicalmente libre como era Liscano lo recogió también el periodista Nelson Hipólite Ortega, en aquellas famosas entrevistas que hacía Hipólite para el suplemento feriado del Diario Nacional. En junio de 1986 Liscano le confesó a este periodista lo siguiente: "Yo me he desviado por muchos caminos, fundé revistas, investigué el folclore, acepté cargos burocráticos, me metí en política, todo un trabajo permanente hacia los demás. El tiempo que me queda quiero dedicarlo a escribir y al amor". Eso le está diciendo Liscano en 1986, pero realmente no pudo, porque vamos a hallarlo como un factor determinante de la fundación del grupo de opinión que se llamó Fundapatria.

A este grupo le consagró casi tres años de intensa actividad política e integró antes otro de un signo similar que se llamaba el Frente Patriótico. Él logró sustraerse de cargos públicos en los últimos años de su vida y de la fundación de nuevas revistas, pero no pudo dejar de escribir sobre la obra de los otros. Escribió muchos prólogos, artículos y ensayos que siguieron emanando esa pluma generosa, siempre dispuesta a estimular la lectura de nuevos escritores, a señalarlos y destacar a los nuevos autores que gozaban con la valoración de Liscano en cuanto a su obra, por supuesto.

Este libro de Arlet Machado va a coincidir con la organización de una exposición bibliográfica, hemerográfica, sonora, fotográfica y de manuscritos de Juan Liscano en la Biblioteca Nacional, en aquella biblioteca que dirigía Virginia Betancourt Valverde. En 1988 publicó un libro para el que uno intuye que se había preparado toda la vida. Se titula Los mitos de la sexualidad en Oriente y Occidente.

Allí recoge conclusiones sobre las múltiples lecturas que ha hecho Liscano a lo largo de su interés por estos temas. Y como una prueba de honestidad intelectual del ensayista, en una suerte de advertencia editorial redactada por el propio autor, rinde tributo a los autores que motivaron y fueron la base para la escritura del libro: Fray Césario de Armellada, Marc de Sibrié, Jacques Lisotte, Michel Perran y Philippe Mitrani, que son antropólogos y lingüistas. Es un texto de divulgación, una suerte de compendio que cumple con su cometido; al final, cuando él aporta intuiciones, lo hace con significación, por ejemplo señalar el momento del amor cortés occidental, del amor romántico, como una encrucijada en la que pudiera ahondarse la mano, el cuerpo y el alma sin que hubiese una escisión dramática.

También condena, como es un tema liscañano, la deshumanización del mundo capitalista y consumista. Esta condena le permite articular un discurso en contra de las desviaciones del mundo occidental moderno. De modo que ahí está, ¿no?

A partir de 1989, después de la asunción del poder y presidencia de la República por parte de Carlos Andrés Pérez, Liscano profundiza sus críticas al programa de Pérez. Allí va a integrar este grupo que se llamó Frente Patriótico; estaba formado por Luis Miquilena, Manuel Quijada, Manuela, Alfredo Rodríguez, Nedo Panis, Carlos Fermín, y bueno, van a oponerse al programa liberal que estaba implementando Carlos Andrés Pérez. También en este año va a publicarse una conferencia que él da, que se llama Lo nuevo en el Nuevo Mundo, una conferencia que da en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

En estos años va a morir su madre, Clementina Belutini Couturier. Estamos hablando de una mujer que muere a los 105 años y había dispuesto todo, hasta la ropa con la que quería ser sepultada. Había ordenado que las cartas de amor enviadas por su primer esposo, el padre Juan Liscano, se fueran con ella a la tumba, y para el poeta fue cerrar una etapa en sus vidas. Lo vemos de nuevo escribiendo poesía en un libro de 1995 que se titula Resurgencias; allí Liscano le quedaba tiempo de trabajo, pero va a concentrarse en la poesía en los últimos años de su vida.

Estos años del 90 al 95 van a ser años de reconocimientos, de antologías. Se publica la obra Juan Liscano ante la crítica, la publica Monte Ávila Editores. La selección la hace Óscar Rodríguez Ortiz, es decir, hace una selección de todos los trabajos que se han escrito sobre Juan Liscano; es una serie que es muy interesante, que Monte Ávila Editores publicó durante mucho tiempo. También la Biblioteca Ayacucho le va a dedicar a Liscano el tomo número 166, prologado y organizado en su totalidad por la persona que más estudió la obra de Liscano, que fue Óscar Rodríguez Ortiz. Ese tomo se titula Fundaciones, Vencimientos y Contiendas.

También le llega una distinción muy honrosa, y es que lo designan miembro correspondiente de la Academia Argentina de las Letras. Este grupo del Frente Patriótico se va a sumar al trabajo que hacía el Grupo Arturo Uslar Pietri, designado por la prensa como Los Notables, que le abrieron camino a la destitución de Carlos Andrés Pérez. Hoy en día el trabajo de estos grupos, el Frente Patriótico que integraba Liscano y el grupo de los notables que integraba Uslar Pietri, la gente tiene un juicio muy severo sobre la acción de estos grupos, y con muy buenas razones para tener esos juicios. En el año 93, el 22 de marzo, Liscano se incorpora como individuo de número en la Academia Venezolana de la Lengua.

Le respondió su discurso el académico Pedro Grases, y Liscano sustituía a Manuel Rodríguez Cárdenas, y lo hace con un discurso intitulado Del afroamericanismo a la religión de los yorubas. Es perfectamente lógico que Liscano sustituya a Rodríguez Cárdenas, cuando este fue un poeta muy cercano a los temas que Liscano, en el mundo del folclor y de la etnomusicología, había trabajado. En este año de 1993 también tenemos la publicación de un libro que se titula La tentación del caos. Este libro continúa la investigación de los mitos en la sexualidad en Oriente y Occidente.

Más bien, este libro es como un corolario o una continuación del otro. Allí Liscano trabaja todo lo que ha leído sobre Carl Gustav Jung, sobre Joseph Campbell, sobre Mircea Eliade, sobre Roye Caluá, sobre Oswald Spengler, sobre Octavio Paz, sobre Platón. En el libro se examina el mito del caos preexistente a la floración genética, y a partir de allí se avanza hacia el análisis del amor cortés, del amor en Occidente, para concluir con una tesis sumamente discutible, pero no desdeñable.

Dice el ensayista, lo vamos a leer en la próxima parte del programa. Ya regresamos.

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Dice Liscano en este fragmento del libro que venía comentándoles: "Dicen que la gran contradicción del alma de Occidente consiste en querer servir dos impulsos existenciales antagónicos, la ambición de poder y la realización del amor". En ambas dimensiones el genio occidental alcanzó extremos, la técnica transmutada en supernaturaleza y la interiorización trascendente capaz de darle erotismo a la muerte, pero nunca logrará conciliar la ambición del poder y el ideal de amor. Este desgarramiento afirma inquietantemente el triunfo del mal, pero como el tiempo no es lineal sino cíclico, cabe esperar nuevos advenimientos y renovaciones antes de otras destrucciones. Bueno, aquí la pregunta es, ¿son realmente antagónicos el amor y el poder?

En caso de que lo sean, ¿por qué ello supone el triunfo del mal? El tiempo es cíclico, como que el tiempo es cíclico. Es muy discutible lo planteado por Liscano; son tantas las dudas que surgen de la lectura de sus conclusiones que es justo reconocer el ensayo en una invitación a la discusión sobre temas medulares, eso sí, para los cuales Liscano no presenta interrogantes sino conclusiones con gran seguridad, ¿no? En verdad el ensayista en este texto se conduce más como un convencido que expone sus tesis que alguien que ensaya buscando la verdad, y volvamos a sus poemarios.

Aquí está El origen; sigue siendo que viene a ser como una continuación de Vencimientos. En el año 94 la Galería de Arte Nacional publica un libro muy interesante de él: se titula El erotismo creador de Armando Reverón. Es un ensayo con el que culmina su interés por la obra reveroniana y, sobre todo, el ensayo versa sobre las articulaciones psicológicas que motivaron la obra de Reverón. Es un ensayo escrito en el año 1989, que él retoma, profundiza y finalmente se publica en el año 94.

Un ensayo muy interesante realmente. El año 95 Liscano cumple 80 años; había nacido en el 15, como señalamos al principio del primer programa. Este onomástico lo celebraron los suplementos culturales de la prensa nacional; él mismo lo celebró con la publicación de dos libros de ensayo y un poemario. El libro de ensayo se titula Pensar a Venezuela, Testimonios de Cultura y Política, entre 1953 y 1995.

Allí recoge ensayos sobre estos temas que ya están señalados en el título, y él no recogió nunca, cosa que yo todavía me pregunto por qué, los artículos que publicó en el diario El Nacional. Pasó años escribiendo allí, empezó a colaborar en El Nacional en el año 1943 y colaboró semanalmente allí hasta semanas antes de morir en febrero del 2001. O sea que estamos hablando de 58 años escribiendo artículos semanales y no los recogió nunca; para mí es un misterio porque ha podido hacer una selección, convengo en que 58 años de artículos es imposible recogerlos, pero una selección se ha podido hacer. No lo hizo y no tenemos respuesta para esta interrogante.

Hay otro libro de ensayos que se titula Nuevas tecnologías y capitalismo salvaje, publicado en estos años, por supuesto. Aquí recoge su prédica en contra de la tecnología porque considera que la tecnología está al servicio del poder, y la considera supeditada a los intereses del capitalismo salvaje. Bueno, aquí uno siente que no es lo más interesante de Liscano; pareciera, a mi juicio, que se ha perdido un poco la lucidez política que tuvo en otros momentos. Pero lo consignamos, por ejemplo, él afirma lo siguiente sobre internet: "Internet es el producto no de una expansión generosa de inteligencia fraternal y civilizada fundada en valores elevados del alma, la moral y el espíritu".

"No, mil veces no es la aberrante expresión tecnológica de una voluntad de poder, de dominio o sustitución de la naturaleza, de reafirmación capitalista o estatal imperial". Bueno, muy discutible, por supuesto que no estamos en lo absoluto de acuerdo. Internet es una tecnología y no es una aberrante expresión de la voluntad del poder, del capitalismo imperial. Pero esas eran las opiniones de Liscano de los últimos años.

También dice en ese libro, afirma lo siguiente: "Los tres peligros mayores del mundo actual son obra del hombre mismo en su ceguera autodestructiva, compensadora de su finitud y menester". "Estas fuerzas negativas son el armamento nuclear y perfeccionamiento del mismo, la ingeniería genética con fines políticos y comerciales, la concepción de la globalidad en función de las redes, y esa malla electrónica de informática y comunicación inevitablemente dirigida por las corporaciones del neocapitalismo o los servicios de espionaje para ataque o defensa". Bien, aquí vemos a Liscano muy cerca de las teorías de la conspiración. Pero bueno, es su posición y nosotros la consignamos, por supuesto, ¿no?

En uno de sus últimos poemarios, Resurgencias, hay un libro, Operaciones nostálgicas, está esmeradamente enfocado en la exaltación de la belleza. Es un poemario hermoso, en él regresa a su infancia, a la Caracas de su niñez; le canta con complacencia aquella ciudad que metaboliza en sus recuerdos. Allí no hay ruptura alguna; está Liscano restableciendo sus vínculos con el pasado como si estuviera avanzando hacia una relación materno-filial. En este y otros sentidos, el libro para Liscano es liberador, de un poeta que está tocando aspectos con la gran naturalidad y que antes no le era muy cercana; estamos entonces con la mejor de sus voces.

No, ya no es la voz erótica del década en los años sesenta, sino una voz de la vejez y de la senectud que se dispone a ver la maravilla del mundo. Y dice: "¿La belleza existe? Vive, sufre heridas, despide un aura de energía sutil, envuelve las formas oscuras del arraigo. Sus citas, ráfagas de asombro, difumina lo inexistente y lo pesado, crea distancia, se aleja, parece ocultarse y se muestra sensual y libre en cada resurgencia". Concluye este año de 1995 con aciertos poéticos indudables y posiciones políticas que lo acercan a la izquierda, a ese sector político al que él adversaba tremendamente 30 años antes. Quizás secretamente se sentía bien al expresar sus ideas contra la civilización occidental y el capitalismo, cosa que intentó antes, pero de tal manera matizada que la polarización lo ubicó en uno de los extremos.

Por otra parte, su salud se había resentido un tanto, quizá por algunos excesos de juventud nunca desmentidos del poeta. Los médicos le prescribieron cuidar de su hígado, así como un tratamiento preventivo para la próstata. Por una falta de pericia médica, un riñón dejó de funcionarle, lo que comprometía tanto su función renal si las sometía a los embates de las bebidas espirituosas; al parecer hubo una relación entre la muerte del riñón y el tratamiento de la próstata. En todo caso, la lejanía del vino, que ciertamente animaba su espíritu, le cambió un poco el carácter.

Lo acercó todavía más al mundo espiritual con el que tanto había intimado, con el que tanto se había acercado a lo largo de su vida. Lo llevó a valorar más y con más énfasis la relación matrimonial que sostenía desde hacía años con Carmen Teresa Gutiérrez, que fue su última esposa. En la próxima parte del programa vamos a entrar en sus años finales, los años que van de 1996 al año 2001; son años en los que va a estar también publicando, y lo vamos a hallar también en plena efervescencia creadora. Ya regresamos.

Bien, seguimos con la vida de Juan Liscano y estamos en 1996. En ese año publica dos títulos: un poemario inédito que se titula En Aries y una reedición de Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa, a la que le añade otros ensayos. En verdad se trata de una selección de sus ensayos, que lamentablemente salió sin un prólogo introductorio por parte de Liscano o de una especialista en la obra. Lo requería porque habría al menos una noticia editorial que señalara que se trataba de un libro de 1976 y, si la memoria no falla, al que se le han añadido unos cuantos ensayos en los veinte años siguientes, porque está saliendo en 1996.

Por su parte, el poemario es un homenaje a su esposa a través de la lectura de su signo zodiacal. De hecho, la fotografía del autor que aparece en la portadilla de la edición de la editorial Pequeña Venecia es la imagen de ambos, de Liscano y Carmen Teresa Gutiérrez, el fotógrafo Yuri Valecillo. La leyenda que acota la imagen dice: "Carmen Teresa Gutiérrez de Liscano nació en Aries con ascendente en cáncer. Juan Liscano nació en cáncer con ascendente en Aries". Él pidió que esto se especificara en la foto y en la portadilla de la edición. De modo que no solo se entrega una flor del homenaje poético, sino que se hace explícita la creencia en los signos del zodiaco como regentes de la personalidad.

Esto ya se anunciaba en Cármenes, en aquel libro de 1966, pero ahora se asume plenamente como si se tratara de un hecho cumplido. En varios poemas trabaja la contemplación del sueño en la mujer amada y en otros reconstruye la cotidianidad de la misma, en su faceta de Penélope, esa mujer que teje y desteje y vuelve a tejer con la variante de un Ulises cercano en la habitación contigua. Un epígrafe, además, atribuido a la sabiduría popular china, dice: "Los contrarios lo son objetivamente, deben unirse; los opuestos lo son subjetivamente y deben reconciliarse". "Así el amor, batalla y reconciliación, encuentro y desencuentro".

Por otra parte, ya se había hecho costumbre que el poeta y su mujer habitaran temporadas del año, hasta tres meses, vivían en la isla de Margarita; allí tenían un apartamento o condominio cerca del mar. Este ambiente reconfortaba a Liscano, pero la odisea de llegar lo atormentaba porque él no quería viajar en avión salvo que no hubiese otra manera de transportarse. De modo que se iba manejando su carro hasta Puerto La Cruz, tomaba el ferry, conducía él, estamos hablando de un hombre de 80 años, y el ferry los llevaba hasta Punta de Piedras en Margarita. En la isla leía, escribía.

Se daba baños de mar que le gustaban muchísimo, compartía con amigos que frecuentaban la isla, tenía allá sus rutinas. Por ejemplo, buscaba todas las mañanas el desayuno en una arepera cercana, leía la prensa nacional, la prensa local. Sus dos últimos libros de poesía, Sola Evidencia y Baibén, fueron escritos allá. Pero este remanso veraniego hallaba su antípoda en Caracas, donde en 1996 se incorporó a nuevas luchas sociales y políticas.

A mediados de año se va a crear Fundapatria, fundación pro defensa del patrimonio nacional, que era una organización civil en la que él va a tener participación destacada desde su fundación. En el acta fundacional constitutiva de Fundapatria están Luis Vallenilla, Juan Liscano, Manuel Díaz Poncelles, Romelia Arias, Diego Luis Castellanos, María Teresa Castillo, Jacinto Convit, Ernesto Maíz Vallenilla, Domingo Felipe Maza Zavala, Fruto Vivas, Tomás Enrique Carrillo Batalla, Luis Fón Mayor Toro, Pedro Grases, Salvador y Triago, Pedro José Larapena, Trino Alcides Díaz, Mateo Manaure, Isbelia Sequera Tamayo, Luis Pastori, Román Rojas Cabot, Gonzalo Ramírez Cuvillán, Blas Brunichelli, Guillermo Morón, entre otros.

Como vemos, un conjunto de valiosos venezolanos que incluye tanto izquierdistas como centristas, como derechistas, pero tenían todos un denominador común: el nacionalismo. Entonces la primera campaña emprendida por Fundapatria fue contra el proceso de apertura petrolera iniciado por el segundo gobierno de Rafael Caldera. Por supuesto, esto molestó mucho a Caldera, al presidente en ejercicio, y muy particularmente su relación amistosa con Liscano, que era de muy vieja data, una relación de amistad que incluso tenía en el medio unos parientes, porque Tomás Liscano, quien fue el padre adoptivo de Rafael Caldera, era un pariente cercano de Juan Liscano, el padre del nuestro biografiado. Los Liscanos vienen del estado Lara, eran parientes muy cercanos.

Además, Clementina Belutini Couturier durante décadas apoyó la vida política de Rafael Caldera. Sin embargo, bueno, esta distancia no llevó a una ruptura de la relación, pero se mantuvo con alguna situación de tensión. Fundapatria se pronunciaba públicamente con frecuencia y había colaboraciones de Liscano. Hoy estamos en la campaña electoral de 1998: Luis Vallenilla, un factor determinante, decidió apoyar la candidatura del teniente coronel retirado Hugo Chávez y allí empezó un proceso interno en la organización de ruptura porque no todos estaban de acuerdo con las posiciones de Vallenilla, entre otros Liscano, que no apoyaron la candidatura de Hugo Chávez en 1998.

En el año 96 va a recibir el doctorado honoris causa de la Universidad de Los Andes, en Mérida. Hasta allá va a ir el poeta y el 29 de febrero de ese año va a recibir en el aula magna este Doctorado Honoris Causa. De modo que condecoraciones y premios literarios le fueron entregados en varias oportunidades. De hecho, el presidente Caldera en 1995 le confirió la Orden del Libertador en un sencillo pero muy emotivo acto en el Palacio de Miraflores. Allí Caldera no perdió oportunidad de hablar de la madre de Liscano, que fue durante años su amiga y simpatizante política.

El doctorado de la ULA se enmarcó perfectamente en una tradición estupenda de esa universidad, como es la de señalar a los venezolanos cuyos aportes a las humanidades hayan sido descoyantes, así como los científicos también. En 1997 publica Recuerdo del Adán Caído, un poemario escrito muchos años antes que no había publicado, y entregó su último libro de ensayos titulado Anticristo, Apocalipsis y Parucía. Las primeras 86 páginas del libro las ocupan los textos ensayísticos de Liscano. La siguiente es la traducción al español, del inglés, que hizo el poeta Alejandro Salas del manifiesto de Unabomber, Theodore Kaczynski, y las notas al final del texto son de la autoría del traductor. Veamos a qué se trata esta última incursión ensayística del poeta, en la misma línea argumental de su libro de ensayos anterior, dominado por una sensación apocalíptica.

La emprende de nuevo contra las nuevas tecnologías y en particular contra internet; conmueve advertir que si en otros momentos tuvo grandes intuiciones que se adelantaban a su tiempo, en esta oportunidad eso no estaba ocurriendo. Todo indicaba un pesimismo militante; se equivocó tanto como un optimismo militante. Por ejemplo, miren lo que dice sobre internet: "Poca duda cabe de que más pronto que tarde las corporaciones nacionales intentarán controlar las agencias de servicio y extender su mensaje y sus proyectos de dominio mundial a través de esa tecnología que ha despertado tanto entusiasmo libertario, hasta el punto en que ha dado lugar a la creación de un movimiento cibernético sin líder, sin oficinas, pero capaz de manifestarse por esa vía electrónica". "Internet es una prueba más de la reversión que suele producir la acción humana de los inventores y tecnólogos". ¿Bien?

Pues nada de esto ha pasado en los términos en los que él lo señalaba. En las últimas partes del programa veremos entonces los últimos días de Juan Liscano. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radiocultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo Hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arráiz. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Bien, pues después de leído aquel párrafo nada de ello ha ocurrido. La libertad con que cualquiera se envuelve en las redes es así y tampoco advertía Liscano con claridad que internet se iba a convertir en el más extraordinario instrumento informativo que ha conocido la humanidad; al día de hoy es una herramienta académica indispensable. Pero estas lecturas apocalípticas del hecho científico-tecnológico se acompañan en un libro de una invectiva en contra de Bill Gates, a quien Liscano comienza a ver como una encarnación del capitalismo salvaje. Bien, por aquí Liscano no comprende muy bien lo que está pasando; ese trabajo en verdad constituye una suerte de grito desesperado de un visionario que ha estado dominado por la idea del fin de los tiempos.

Además, está creyendo en profecías judeocristianas que se han ido cumpliendo, ¿no? Según Liscano, en ese libro Hitler fue el anticristo, el apocalipsis está almacenado en el poder de fuego y las superpotencias, y la parucía, que es el segundo advenimiento de Cristo, está por llegar, según lo que allí se señala. Bien, los dos últimos poemarios de Liscano son Sola Evidencia, que salió en Bogotá en el año 2000, y Baibén, que salió en Venezuela en el año 1999. En Sola Evidencia se respira un aire de despedida; el libro está dedicado a tres afectos de los últimos años de Liscano, Alicia Torres, Óscar Rodríguez Ortiz y Alejandro Salas, y el exordio es un homenaje a Morena, el escritor argentino que fue tan importante para él en la apertura al mundo esotérico por parte de Liscano. Y dice lo siguiente: "De lo arquetipal, de lo mítico".

Estos poemas recogen la lección de Morena y culminan 60 años de ejercicio escritural. Liscano sentía que estaba cerca el final, y hay una carta en la que él le escribe el 20 de marzo del año 2000 desde Margarita, Guacuco, a Óscar Rodríguez Ortiz, donde dice lo siguiente: "Pude revisar mi poemario en parte, rehacer poemas o bien crearlos de un todo, corregir, cambiar el título". Le está señalando lo que está haciendo con el libro que él intuye es su último poemario. Bueno.

De modo, también es muy interesante lo que va diciendo en esa misma carta; le dice a Rodríguez Ortiz: "Un mundo que al convivir con el cotidiano público, exteriorista, combativo o mundano, crea una dualidad conflictiva que me llevó de la aspiración mística nunca realizada, de la verdadera vida espiritual, a la guerra política en la calle". "De las aspiraciones a la femina como gran madre inspiradora de liberación del sí mismo, a la fuga, a la vez posesiva y subalterna, a través de prostitutas y aventuras sexuales que no me dejaron nada". Está en un tono confesional.

Para Liscano ha llegado el año 98, que fue de grandes angustias políticas para él. La mayoría de los integrantes del Frente Patriótico y de Fundapatria apoyaron la candidatura de Hugo Chávez para las elecciones del 98, Liscano no. Esto causó mucha extrañeza a sus compañeros, ya que si revisitamos las tesis expuestas por Liscano en sus últimos libros de ensayos son muchas coincidentes con las tesis que venía exponiendo Hugo Chávez, incluso con la idea de una convocatoria, de una asamblea nacional constituyente. La prédica liscañana contra el capitalismo salvaje, pues esto lo decía Chávez con mucha frecuencia; las perversiones del mundo occidental, cuando uno hace una lista, las coincidencias son muchas, pero no hubo un vínculo. Liscano no estableció un vínculo con Chávez y no lo apoyó a pesar de las coincidencias de sus últimos años; la salud de Liscano se resintió a lo largo del año 1999 y 2000.

Sus dolencias se agudizaron, se presentaron otras. A mediados del año 2000 olvidó cómo era su firma; esto lo llenó de angustia, intentaba recuperarla, estaba perdiendo realmente facultades. Aquí hay una anécdota que voy a referirles: una tarde de febrero del año 2001 me pidió Liscano que lo llevara a la casa de Arturo Uslar Pietri, quien se encontraba muy mal de salud con un cáncer muy avanzado. Liscano había anunciado su visita; Uslar ya no podía bajar las escaleras y vivía en la parte alta de su casa. Lo encontramos leyendo un diario vespertino con una gigantesca lupa y unos anteojos enormes; se alegró mucho al vernos.

La conversación entre Uslar y Liscano era muy difícil porque Uslar casi no oía, tenía 94 años, y Liscano había ido perdiendo fuelle y casi no se le escuchaban las palabras. Era como si el alma se les estuviese apagando en el pecho. Yo en el medio trataba de suplir aquella circunstancia; le traducía a Uslar lo que decía Liscano, pero tenía que decirlo en alta voz porque si prácticamente no le gritaba, el doctor Uslar no me entendía. Entonces, en un momento Liscano fue al baño y Uslar me comentó que veía muy mal a Liscano. Y cuando regresamos en el automóvil, a su casa, Liscano me dice que veía muy mal a Uslar.

Bueno, pues Uslar estaba en sus últimos días. Uslar falleció el 25 de febrero del 2001, y lo que Liscano en ese momento ignoraba es que él incluso moriría antes, cuatro días después de la visita a Uslar, en su vieja casa de La Florida. Liscano perdió el sentido, cayó al suelo en el baño del apartamento en Colinas de San Román. Fue internado en terapia intensiva en el hospital urológico, y el diagnóstico era complejo, ya que se habían acumulado muchas deficiencias de diversos órganos del cuerpo.

Fui a visitarlo, me permitieron entrar al ambiente helado de la terapia intensiva, un frigorífico, y ya él estaba inconsciente, auxiliado por aparatos que lo mantenían vivos. Me despedí de él, sin que él lo supiera, y a los tres días murió. Él murió el 16 de febrero del 2001, contaba 86 años. Y Uslar murió el 25 de febrero del 2001, y esa última conversación que tuvieron estos dos grandes escritores venezolanos me tocó a mí el trabajo del traductor por las circunstancias que ya les referí.

Bien, la vida de Juan Liscano, una vida larga, muy importante en distintos órdenes: en el orden poético, en el orden ensayístico, en el orden periodístico. En el orden de la fundación de instituciones culturales importantes para el país y en el orden de las polémicas públicas, del debate de ideas, es una obra muy importante esos dos géneros, el ensayo y la poesía, y esa pasión venezolanista que tuvo toda su vida y que signó prácticamente toda su existencia.

Al día de hoy, su obra se consigue con facilidad en distintas librerías. Su obra poética completa la organicé yo, está publicada por la Fundación para la Cultura Urbana. Esto que les vengo hablando forma parte de una biografía, la única que se ha escrito y que la escribí yo para la Biblioteca Biográfica Venezolana. De modo que quienes quieran enterarse de Juan Liscano tienen todas las cartas sobre la mesa.

Muchísimas gracias por la atención de ustedes y por este homenaje que le he hecho a quien fue uno de mis maestros, Juan Liscano, un gran amigo. Hasta nuestro próximo encuentro.

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