Serie Fueras de Serie
31 de enero de 2024

Serie Fueras de Serie. Juan Liscano. Cap 2.

Serie Fueras de Serie. Juan Liscano. Cap 2.

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com: debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en @MundoURWeb y @RadioEscuelaUR. Bien, en este segundo programa dedicado a la vida y obra lo retomamos en el año 1958 y, al saberse la noticia de la caída de la dictadura militar, el 23 de enero del año 58, los Liscano comenzaron a preparar el regreso.

El poeta, curiosamente, no tomó un avión y llegó al aeropuerto de Maiquetía de inmediato, sino que fue acercándose paulatinamente a costas venezolanas. Esto se debía a una fobia muy acentuada que tenía Liscano en relación con los aviones, de modo que primero recaló en Jamaica, luego en Barbados, y siempre estaba enfrascado además en un libro-río que estaba escribiendo. Por otra parte, él en algún momento confesó que no lo entusiasmaba demasiado regresar.

No porque no lo animara la construcción de la democracia en su país, sino porque debía enfrentarse a los rigores de la separación matrimonial y por muy dolorosa que se le presentara ya no podía postergarla más. Eso le dice a Arlet Machado y regresar a Venezuela significaba un conflicto íntimo, duras decisiones a tomar, definiciones violentas de carácter personal. La Venezuela efervescente que recibe al poeta no cesa: 1958 fue un año del estremecimiento social y político importante, no solo el sofocamiento de intentos de golpes militares en contra de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, sino un año de definiciones candidaturales con miras a los comicios de diciembre.

Entonces Liscano refrendaba la proposición de una candidatura de unidad nacional, pero terminó imponiéndose la pluralidad y venció Betancourt cómodamente en las elecciones. Por su parte, Liscano retoma sus trabajos de campo en la geografía nacional, los mismos que tanto emprendió en los años en que se entregó al estudio del folclore que vimos antes en el programa anterior. En esta oportunidad ya es al Zulia a trabajar in situ con la cadena petrolera en los campos de la GEL; él buscaba concluir el poemario iniciado en París.

Y además, al regresar Miguel Otero Silva le propone que retome la dirección del papel literario de El Nacional, de lo que acababa de separarse Mariano Picón Salas después de seis años de dirección de Picón Salas. Liscano acepta y se abre un nuevo espacio para su siempre buena voluntad hacia los escritores que comienzan. Esto fue, hay que decirlo, una constante en toda su vida: apoyar a los nuevos, abrirles puertas, recibirlos con los brazos abiertos.

Innumerables escritores venezolanos de distintas generaciones pueden suscribir esto que estoy afirmando, empezando por mí mismo, y hasta finales de 1959 estuvo al frente del papel literario. De modo que en estos años de exilio, que ya habían concluido, un cambio en la psique del poeta había tenido lugar. Tenía 43 años, regresaba a su país, buscaba horizontes distintos y el tema político le interesaba menos.

Estaba por comenzar su mejor etapa creadora: los años que vendrán, la década de los años 60, no solo serán de transformaciones radicales en el mundo como sabemos, sino también lo serán de transformaciones importantes para Liscano. El matrimonio con Fifa Soto llega a su final, comienza la democracia representativa en Venezuela y asume la Presidencia de la República Rómulo Betancourt en febrero del año 1959. A Liscano se le ofrece participar en el gobierno que recién comienza, pero declina la proposición.

No cree que su destino sea la burocracia gubernamental y hasta finales de año va a estar al frente del papel literario de El Nacional. Ese año sale en París, con un sello venezolano, su trabajado poemario Nuevo Mundo Orinoco; no obstante la importancia de la obra, los jóvenes escritores de Venezuela de entonces no lo reciben con entusiasmo. Este silencio ha debido dolerle al poeta.

Sentía que los grupos que actuaban en la Venezuela libre —Sardio, Tabla Redonda y luego Techo de la Ballena— lo dejaban de lado, es posible. Las distancias entre muchos de estos jóvenes y Liscano crecerían en los años sucesivos, ya por razones políticas como veremos luego. Nuevo Mundo Orinoco es el título de un poemario de considerable extensión en que el autor va a trabajar lo americano en su esencia histórica.

La etapa precolombina, el período colonial, las guerras de Independencia y la era republicana, hasta las dictaduras, con los trancos temporales que se poetizan en la obra. Es evidente la intención del autor de trazar un arco y componer un fresco con el desarrollo histórico nacional; también es evidente la influencia del Canto general de Pablo Neruda, piedra fundacional de un buen número de poemarios-río en Hispanoamérica. De ello formó parte; no concitó la atención debida en el momento en que fue publicado, nueve años después del poemario de Neruda, catorce después de Mi padre, el inmigrante, de Vicente Gerbasi.

Como vemos, una vez más, el momento de publicación atentaba contra la valoración de la obra, probablemente. No obstante lo dicho en las líneas precedentes, la arquitectura del poemario, así como muchos de los textos que lo componen, constituyen un aporte significativo para la poesía hispanoamericana. Así lo reconoció el crítico norteamericano Michael Dudorov en el prólogo a la edición de la colección El dorado de Monte Ávila Editores en el año 1992.

Dice Dudorov algo muy interesante: "Me parece que Nuevo Mundo Orinoco cierra una etapa en la historia intelectual del siglo. La evolución del liberalismo que va del inocente triunfalismo optimista y precoz que todavía sentimos, por ejemplo, en Doña Bárbara, a una perspectiva más compleja, crítica de sus propios mitos y postulados, alarmada aunque todavía teñida de esperanza". Veo el poema de Liscano como una especie de eslabón perdido entre el encuentro en Neruda, Marx, Machu Picchu y esa otra obra cumbre, a su vez, Piedra de sol, intensa conjugación de muchos de los mismos elementos: historia personal, historia racial, sexualidad y mito. La figuración poética de la esencia americana.

Hasta allí Dudorov. De modo que el crítico, además de ubicar la obra en su contexto cultural, la valora en su propio peso. No cabe duda de que estamos ante la primera y quizás la única obra del poeta que exhibe una concepción arquitectural como un derrotero temático muy claro.

Lo americano en su devenir, en su desarrollo, el mestizaje cultural, la circunstancia americana con énfasis en la singularidad venezolana, tampoco cabe duda de que estamos ante una tentativa de construcción de un canto nacional que en su propósito no encuentra parangón que lo anteceda. ¿En qué sentido? Bueno, si bien es cierto que la silva a la agricultura de la zona tórrida de Andrés Bello o la Silva criolla de Francisco Lasso Martí son unos cantos extensos que recrean el entorno nacional, no es menos cierto que el de Liscano abarca un arco histórico que los otros no se proponen.

El poema de Bello es un retrato del trópico, el de Lasso Martí hace énfasis en la diversidad geográfica y se pronuncia sobre ella, pero el de Liscano pasa revista a cuatro siglos de historia. No cabe la menor duda acerca de la envergadura; quizá por ello la medida de sus riesgos es también mayor. En suma, la magnitud del proyecto nuevo mundista de Liscano es similar al de Neruda y con su realización el poeta concluyó sus investigaciones nacionales siempre vinculadas a su interés por el folclore, la historia, los mitos criollos.

Con este libro Liscano cerró el capítulo de su poesía en que se atiende a las circunstancias exteriores, pero cuidado, no olvidó que lo exterior en la percepción de Liscano está siempre referido al mito, a la resonancia interior que va tallando el hecho externo en la metabolización que ocurre en la psique de la noticia que viene de afuera. El año de la publicación, este poemario-río coincide con la asunción del poder por vía de las armas en Cuba y sus compañeros. Esta gesta, como se sabe, le entregó a la izquierda venezolana un norte a seguir después de haber luchado contra la dictadura de Pérez Jiménez y haber abogado por la vía democrática y pacífica.

En la próxima parte del programa veremos cómo se van desarrollando estos hechos en Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm.

Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba RafaelArráiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que Betancourt y Castro se van a alzar como dos modelos antagónicos: el de la democracia representativa, encarnado por Betancourt, que llega al poder por la vía electoral y pacífica, y el otro, en el que se llega al poder por la vía de las armas. Ante la disyuntiva, que no todos veían clara entonces, Liscano sí la vio y optó por defender a la democracia representativa.

Y lo hizo con toda su energía de polemista, era un polemista consumado, insistente, tenaz. De inmediato la mayoría de la intelectualidad venezolana, que era en su mayoría de izquierda, le hizo un vacío, lo confinó al gueto del ostracismo. No fue nombrado más salvo para señalarlo como culpable de lo peor, como representante de la CIA, y los mismos que ensalzaban su obra antes ahora callaban o denostaban de él.

No obstante, y este manto adverso que se posó sobre Liscano y su obra, este no abandonó la lucha, sino que arreció en defensa de sus criterios por la vía del articulismo. Abundan las pruebas documentales de lo que afirma: las polémicas en la prensa fueron muchísimas. El centro argumental de Liscano estaba en que la lucha armada en Venezuela era una locura condenada al fracaso, ya que no se contaba con condiciones objetivas para el triunfo.

Los hechos le dieron razón, pero mientras estos hechos se manifestaron de manera concluyente, la artillería apuntaba hacia este solitario articulista a quien intentaban fusilar contra el paredón de la ignominia. Y además de este argumento preciso, a Liscano lo inspiraba una posición que iba más allá de las circunstancias concretas. Así lo expresó en 1970, cuando ya las polémicas habían pasado y se habían pacificado los guerrilleros.

El periodista Jesús Anós Hernández, en la revista Papeles del Ateneo de Caracas, dijo desde un punto de vista espiritual: "La violencia me parece una forma inferior de manifestación del ser humano y pienso que mientras ella sea la parte no se habrá avanzado en el camino de liberación". Esto lo dice Liscano ante una pregunta de Jesús Anós Hernández, una entrevista que le está haciendo publicada en Papeles. Y la verdad es que la posición de Liscano era compleja, ya que no hablaba desde convicciones liberales clásicas.

Nunca fue un defensor del capitalismo, sino que hablaba de valores democráticos que no lo hacían endosar el modus vivendi de las sociedades liberales en su vertiente consumista, de la que fue un acérrimo adversario hasta el final de sus días. Estos matices no se advertían entonces o no quisieron advertirse en aquellas polémicas. Y entre las polémicas más amargas que sostuvo Liscano se cuenta la que protagonizó con J. R. Guillén Pérez a partir de unas declaraciones de Salvador Garmendia sobre la novela venezolana.

Esta diatriba tuvo lugar en marzo de 1960; Liscano enriqueció la postura de Garmendia dialogando, pero lo respondió Guillén Pérez con mucha violencia, descalificándolo en sus posiciones y en su personalidad. A ello respondió Liscano con vehemencia y así se trenzaron en una discusión pública de alto calibre. Discutieron sobre lo venezolano, sobre el rescate o la negación del pasado cultural.

La agresividad fue creciendo hasta que Liscano concluyó la polémica y dio pie, como hizo siempre, a un diálogo pacífico con Guillén, con quien desde entonces sostuvo una fructífera amistad. Más aún, las posturas del primero fueron escuchadas por el segundo e incluso representaron una puerta de entrada hacia otras culturas, hacia otros intereses. Terminaron siendo muy buenos amigos y, como vemos, en 1960 el polemista no bajó la guardia, pero su vida se acompañó de un nuevo amor.

Carmen Cárdenas Gómez, nieta de Juan Vicente Gómez, con quien contraería matrimonio al año siguiente y quien fue musa inspiradora del poemario más celebrado de Liscano, Cármenes, que lo vamos a ver luego. En esos primeros meses de 1961 se traslada a Francia a pasar una larga temporada. Se establece en la costa vasca francesa, una residencia en Urrugne, Villa Mendizka, construida en 1911 y propiedad de la pareja venezolana Julio Méndez Valarino y Graciela Gómez.

Allí, experimentando el amor como epifanía y exorcismo a la vez, escribió todos los poemas entre 1961 y 1962. Alrededor del libro se teje toda una historia liscañana: el sujeto que inspiró el libro, su esposa, lo rechazaba y veía en un libro un nivel de ruptura, la constitución de un distanciamiento entre ella y Liscano. Lo que no deja de ser curioso: ya el lector al margen de esta historia halla en el poemario una exaltación erótica de la cópula, una suerte de celebración del encuentro de dos cuerpos que se desean y se buscan al borde de la locura.

No obstante, el sujeto amoroso veía otro signo. De hecho no es gratuito que el poeta haya esperado a divorciarse de Carmen Cárdenas en 1966 para entonces publicar el poemario. Por otra parte, un primer intento de publicación tuvo lugar a través de su amigo, el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, con quien se vio repetidas veces en viajes cortos a París.

Gaitán quería el libro para publicarlo en las ediciones de la revista Mito, en Bogotá, una revista legendaria donde comenzó a publicar García Márquez. Pero no se sabe por qué Liscano no le entregó el manuscrito. Felizmente así fue, ya que hemos visto antes cómo el poeta no solía quedarse con copias de sus manuscritos y Gaitán encontró la muerte en un accidente de aviación en la isla de Guadalupe, en Pointe-à-Pitre, cuando regresaba de Francia a Colombia.

Todo sucedió extrañamente, como muchos episodios en la vida de Liscano. Liscano insistía que Gaitán se fuera con él y su mujer a Mendizka a descansar, ya el poeta colombiano pasaba por un período tormentoso y requería sosiego, pero Gaitán tan solo pensaba regresar a Colombia. Relata entonces Liscano que el forcejeo alrededor de una mesa del café en París fue estremecedor, como si en ello se le fuera la vida, y así fue.

Liscano imploraba que lo acompañara al sosiego de la costa y el otro le increpaba que solo el regreso a su casa en Colombia era posible. Este es un episodio metempsicótico aparentemente porque Gaitán cumplió su destino y murió, y van a pasar cuatro años antes de que Liscano publique el poemario en Argentina, la legendaria editorial Losada, después lo comentaremos. Y antes de viajar a la costa vasca francesa, el poeta Liscano publicó Rito de sombra, un poemario escrito entre 1947 y 48 que en su momento de escritura comentamos.

También publicó Rómulo Gallegos y su tiempo. Este es uno de los más completos y penetrantes estudios sobre la obra del maestro Gallegos que se ha escrito, y sin duda el trabajo biográfico ensayístico más redondo y exigente de Liscano, que emprendió ampliado y corregido en una edición de 1969. Liscano emprende la lectura de la obra del maestro, auscultando sus símbolos, ubicando las resonancias arquetipales de los personajes.

Sus aportes para la valoración del personaje Marcos Vargas de la novela Canaima son luminosos, y igualmente valiosa es la lectura de conjunto de la obra sin descuidar el dato biográfico, por supuesto. Y al año siguiente, en 1962, van a ocurrir viajes importantes para la vida de Liscano. Participó en un congreso de escritores en Berlín y visitó Yugoslavia, donde se encontraba como embajador de Venezuela, venezolano extraordinario que fue Simón Alberto Consalvi.

La visita interesó muchísimo; Liscano recorrió el país en tren con su esposa, simpatizaba además con las habilidades del mariscal Tito que había logrado imprimirle a su socialismo algunas diferencias en relación con el estalinismo soviético. De esa experiencia Liscano escribe un libro de ensayo que se titula Aproximación a Yugoslavia, publicado varios años después en el año 74 con un prólogo de Gonzalo. En marzo del año 63 regresa a Caracas, ha transcurrido año y medio desde que se fue a vivir a la costa vasca francesa.

La vida en Villa Mendizka ha concluido, trae un poemario debajo del brazo y una relación de pareja que sospecha que no será para siempre. Vuelve por sus fueros polémicos. Escribe semanalmente en la página de opinión de El Nacional, enfrentando la política de la lucha armada de la izquierda venezolana, recibe respuestas, un vacío.

Se vuelve a formar alrededor del mundo cultural venezolano y él, con muy pocas excepciones, confirma las reglas. Y de pronto empieza un proyecto editorial en el año 64, y se van produciendo reacomodos ideológicos en el mundo cultural venezolano. Comienza un proyecto que sostuvo durante muchos años Liscano: la revista Zona Franca.

Aparece en septiembre del año 1964, acompañan al director dos jóvenes escritores en la redacción, Guillermo Sucre y Luis García Morales. Al año siguiente se suma al equipo Baica Dávalos en condición de diagramador y en aquel primer número fija una posición en una editorial signada por la sinceridad, la densidad, siempre enfrentados a totalitarismos de cualquier signo que sea. A lo largo de tres etapas la publicación, el director fue Liscano; en un momento particular Guillermo Sucre se separa de la revista a mitad de primera etapa, García Morales continúa durante algunos años y, en la próxima parte del programa, vamos a seguir viendo esta historia de Zona Franca y su desarrollo.

Veníamos hablando de la revista Zona Franca, varios escritores venezolanos pasaron por sus páginas: Oscar Rodríguez Ortiz, Pascuale Stradaznar, Carlos Tosco, Blanca Streponi. Una revista que tuvo una importancia muy grande para la literatura venezolana hasta que dejó de salir en el año 1983, de modo que estuvo 20 años saliendo regularmente financiada y promovida por Juan Liscano. En el año 64 también el poeta recoge una cantidad de ensayos y los recoge bajo el título De tiempo desandado.

Allí están las polémicas que ha tenido, allí hay otros artículos, hay un trabajo muy particular que se titulaba Un intelectual venezolano frente a la lucha armada. Y bueno, llega el año 1965, allí va a estar también participando en todas las polémicas de época hasta que en el año 66, concluida la alianza matrimonial con Carmen Cárdenas, Liscano publicó el libro Cármenes. En La máscara y la transparencia, ese libro extraordinario de Guillermo Sucre, sin duda uno de sus mejores libros, dice lo siguiente de este libro.

"La visión del erotismo como actualización de un proceso cósmico y casi de un ritual tiene también en Liscano otro sentido no menos revelador, es un rechazo y una crítica a la historia, se entiende como enajenación de la vida concreta, bajo la idolatría del futuro. La vida sacrificada a la abstracción de las ideas del hombre y al poder." Bueno, este poemario registra con mayor insistencia el frenesí erótico o la pasión del enajenado por amor. De modo que se trata de un amor impetuoso, juvenil, maduro, también muy, muy interesante.

Y Liscano en el año 67 vuelve a casarse con una poetisa, una poeta, Emira Rodríguez, y va a pasar algunos años con ella. La lectura de Krishnamurti va a representar un punto muy importante en la vida de Liscano; aquí se abren otras posibilidades. En el fondo produjo en él un cortocircuito entre la expresión literaria y la búsqueda espiritual.

Este chispazo junto con un segundo divorcio lo condujo a una revisión general de su trabajo y obra. Y al intentar hacer bueno el proyecto krishnamurtiano, de liberación del yo a partir del silencio, dejó de escribir negando así su esencia personal e historia de escritor. Se sumergió entonces en una crisis psicosomática grave.

Se le inflamó el nervio facial del trigémino, produciéndole agudos dolores que lo llevaron al quirófano y a la convalecencia. Años después, el poeta consideró esta experiencia como una típica resurrección personal o una suerte del renacimiento personal. Esta crisis espiritual y psicosomática coincide en la publicación de Nombrar contra el tiempo, una extraña antología publicada por Monte Ávila Editores que se acababa de crear en el año 68.

En la que Liscano procedió a seleccionar de la totalidad de su obra unos cuantos poemas y a estructurar un libro como si no hubiera publicado ninguno antes, una suerte de reducción, de poda severa, ¿no? Y en paralelo va a estar escribiendo los poemas de Edad oscura que se van a publicar al año siguiente, en 1969, y la cópula no es exorcismo y resurrección, salida de la historia e alianza con el cosmos, sino algo menos sublime. Por su parte, Liscano va a padecer una depresión.

En el corazón de su psique habían causado efecto la negación de sus contemporáneos, la crítica cerrada a sus posiciones políticas, así como los fracasos en las relaciones afectivas, y Edad oscura entonces será un primer poema radicalmente autobiográfico donde Liscano se veía asimismo como un hombre que habitaba en un zaguán entre la casa y la calle, impermanente disyuntiva. Y ya en 1970, superada la crisis psicosomática, el editor inicia una nueva etapa de Zona Franca con el poeta Rafael José Muñoz en la redacción. Y de esa crisis, ese cataclismo krishnamurtiano, emerge un libro muy hermoso que se titula Los nuevos días, publicado en 1971, dedicado a Emira Rodríguez.

Allí ya uno ve la influencia oriental. Voy a leerles siete versos que dicen así: "Debe haber un lugar en nosotros mismos donde cesa el combate de los contrarios y no se juega más a cara o cruz, donde las cosas brillan con su propia lumbre y la mirada resplandece en el silencio, dominios del doble blanco, donde se unen el agua y el fuego sin violencia". Hermosísimo poema.

Y bien, en estos años comienza a escribir los ensayos que van a componer luego el título Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa, publicada en España. En 1976 ya lo ves enfrascado en la escritura de un libro clásico que se titula Panorama de la literatura venezolana actual, publicado en 1973. Aquí emerge el gran historiador de la literatura venezolana, que también fue Liscano.

Y a su vez ese año 73 publica, después de muchos años, una investigación sobre el folclore que se titula La fiesta de San Juan el Bautista, y durante la campaña electoral de 1973 respalda decididamente la candidatura de Carlos Andrés Pérez y participa en el Seminario sobre Cultura que organizó Acción Democrática. Elabora junto con Antonio Pasquale el proyecto Ratelbe, con el que se pretendía establecer un nuevo marco nacional para radio y televisión. Por supuesto, llovieron críticas sobre el proyecto.

Y bueno, estaba por comenzar la época de la Gran Venezuela, el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, y este le pide a Liscano que organice un nuevo organismo para la cultura, y Liscano crea el Consejo Nacional de la Cultura, el CONAC, después de un trabajo de meses de consultas con expertos. Y cuando ha terminado de constituirse el CONAC, el 29 de agosto del año 75, Carlos Andrés Pérez le ofrece a Liscano la presidencia del CONAC. Y este dice que no, él no está hecho para las tareas burocráticas.

Pérez designa a Luis García Morales y comienza a funcionar el Consejo Nacional de la Cultura, concebido y creado por Liscano. Bueno, se divorcia en 1975 de Emira Rodríguez y viaja a Buenos Aires, y allá conoce su nueva compañera, que va a ser la escritora Elvira Orfe; con ella va a vivir en Buenos Aires unos años y luego en Caracas hasta el año 1981. Buenos Aires fue un respiro para Liscano, de los agobios caraqueños donde se sentía asediado por exigencias no siempre placenteras.

Allá, ya en la capital argentina, va a leer a Héctor Moreno y además a trabar con él una amistad muy importante, también con Alberto Girri o Jorge Cruz. Incluso participa con Jorge Luis Borges en el teatro Cervantes en el año 1979 en un homenaje que se le da a Borges. Allí también se va haciendo muy amigo de Olga Orozco, la gran poeta.

De modo que esos años en Buenos Aires para Liscano fueron una suerte también de nuevos y buenos aires. Y en el año 76 va a publicar un nuevo poemario, Animalancia. También dije antes que se publicaba Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa.

Este libro extraordinario de ensayos, quizás el mejor de los que publica, lo publica Seix Barral en Barcelona, en España, gran libro a mi juicio. Bueno, al año siguiente, a su vez, acepta ser director literario de Monte Ávila Editores, donde se desempeñaba como vicepresidente. Y ese año 1978 salen de imprentas dos poemarios que fueron escritos en tiempos diferentes, me refiero a El viaje y a Al rayo que al alcanzarme, dos poemarios.

Y así vamos a tener ahora a Liscano en el plan de director de Monte Ávila Editores a partir de 1979, y esto lo examinaremos en la próxima parte del programa, la última. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos.

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Bueno, Liscano va a sustituir a don Benito Milla en la Dirección General de Monte Ávila Editores a partir de 1979. Así lo decide el gobierno que comienza, el de Luis Herrera Campins, y allí va a estar Liscano hasta 1984, cuando le entrega el cargo a Néstor Leal. En esos años, en el año 1980, el Ateneo de Caracas va a publicar un libro valiente de posiciones a contracorriente con la izquierda cultural de la época, se titula El horror por la historia, y allí vemos ya el tono apocalíptico de Liscano que va creciendo en su espíritu.

Ese título proviene de un ensayo que se titula Experiencia borgiana, y El horror por la historia es un libro polémico, ahí está un ensayo importante sobre el Che Guevara y lo que él significa. Y bueno, va avanzando en sus posiciones, se van afinando y vuelve con un poemario de 1981 que se titula Fundaciones y es un poemario que comienza con un epígrafe de Claude Lévi-Strauss: "El mundo comenzó sin el hombre y terminará sin él". Ya la beta apocalíptica de Liscano está establecida hasta sus anchas.

Liscano ve al mundo al borde del apocalipsis desde la desaparición. Y sigue avanzando, quedan ya muy pocos años para que termine Zona Franca; ese año 81 la Galería de Arte Nacional recoge los trabajos sobre artes visuales de Liscano y se titula Testimonio sobre artes plásticas. Ahí está un lúcido ensayo sobre Reverón, publicado antes en la revista Zona Franca.

Pero también hay trabajos allí sobre la obra de Mario Abreu, que fue un pintor que Liscano estimó muchísimo, sobre las obras de Héctor Poleo y Rafael Monasterio, con Pedro León Castro, Gabriel Bracho, Carmen Montilla, Ángel Ramos, Juni Manuel Espinoza. Y en el año 82 publica un poema largo titulado Miesis, que es un vocablo griego, que significa iniciación. Es un poema polifónico que incluye voces individuales y un coro.

Está muy bien trabajado este libro, evidente que los versos fueron sometidos a una criba ardua, ahí no hay nada gratuito. De modo que a Ludovico Silva, el gran ensayista, le impresionó tanto el poema que escribió un largo ensayo, se titula Los astros esperan: poesía y mito en Miesis de Juan Liscano, publicado en 1985. Por cierto, ya era evidente que las polémicas con Liscano habían desaparecido y un hombre de izquierda como Ludovico Silva escribiera un libro sobre la obra de Liscano, de modo que los puentes se habían restablecido después de muchos años haber sido rotos entre la intelectualidad de la izquierda venezolana y Juan Liscano.

Y en el año 1983 también se va a publicar un libro importante de él en Buenos Aires. Se titula Descripciones, ahí hay ensayos sobre Hermann Hesse, sobre D. H. Lawrence, que fue un autor que lo marcó toda su vida. Hay ensayos sobre César Vallejo, Alberto Girri, Jorge Gaitán Durán, Rafael José Muñoz, Héctor Moreno, Olga Orozco y su amigo de París Octavio Paz.

Ahí hay un trabajo sobre Paz que es verdaderamente importante e interesante. Y los trabajos sobre Moreno, que era un experto en temas esotéricos, también son notables en este libro, y recuerdo con gran alegría o interés. Bueno, iba a llegar 1984, significa el año 83 un punto de inflexión.

Cierra la revista Zona Franca y el año 84 le entrega la Dirección General de Monte Ávila Editores, perdón, a Néstor Leal, de modo que dos etapas de su vida están terminando. Están terminando y viene una nueva etapa en subida: el año 1985 funda una editorial que se titula Mandorla. La funda junto con su hija Clementina Liscano, que vive desde hace muchos años en Barcelona, en España, y la editorial surge con la publicación de tres libros.

El dios de la intemperie, de Armando Rojas Guardia, Erotía, de Alejandro Salas, y Terrenos de quien les habla, de Rafael Arráiz Lucca. Y en estos años también Liscano retoma su veta de gran polemista, pero esta vez ya no es contra la izquierda, sino contra algunas expresiones de la cultura popular. Por ejemplo, escribe un trabajo contra Michael Jackson y los jóvenes le van respondiendo muy duramente.

Pareciera que Liscano no está leyendo los signos del tiempo juveniles; él ve en Michael Jackson una suerte de engendro diabólico y no lo que verdaderamente Michael Jackson era. Entonces publica Liscano un libro que se titula Reflexiones para jóvenes capaces del E. R., ya por sí vemos en una actitud muy dura frente a la juventud, frente a los medios o mass media. Pareciera que no estaba comprendiendo el fenómeno o que, comprendiéndolo, lo adversaba muy, muy profundamente.

De modo que por allí vemos un cambio importante en la posición de Liscano. El año 1985 va a ser el libro Lecturas de poetas y poesía, ahí recoge muchísimos trabajos que había publicado en revistas. En un libro se salvan de esa dispersión hemerográfica y han quedado este libro como un documento importante para el estudio de la poesía venezolana.

En el 85 publica Domicilios, un poemario muy interesante donde va recuperando las casas de infancia, la presencia de la madre. Recordemos que Liscano es hijo único y para el momento en que publica Domicilios tiene 71 años y la madre está viva. De modo que no exagero si a Domicilios lo consideramos como la última y definitiva revisión del pasado familiar del poeta.

La madre de Juan Liscano murió a los 105 años de edad, Clementina Belutini Couturier de Liscano primero y Deitrago Chacín, como vimos en el programa anterior. Y ahora viene Vencimientos, un poemario donde el autor alcanza quizás su punto más alto en cuanto a la formulación del poema en lo relativo a la temática espiritual. Es un poemario de peso, Cármenes es muy denso en su vertiente erótica, en cambio Vencimientos es un poemario importante en su indagación espiritual, esa indagación orientalista que Liscano inició en su juventud.

Bien, allí está Vencimientos y vamos llegando al final del programa. Con motivo de la publicación de estos libros yo entrevisté a Liscano para la revista Imagen. Entonces me dijo que el trabajo psicológico del hombre consistía en pasar de ser hijo a madre; el hombre es su mujer y que él lo había logrado.

También afirmó que la búsqueda de su subjetividad estaba colmada y que lo esperaban otros trabajos, entonces creía que si tenían nuevos brotes poéticos serían de preparación para la muerte. Se equivocaba: Liscano publicó seis poemarios más, y ciertamente en algunos poemas se prefiguraba la muerte, pero en otros no. De modo que más bien se adentraba en unas selvas vitales de otra índole.

Hasta aquí el programa de hoy. En nuestro próximo programa ya estamos en el año 1985 de Juan Liscano y veremos la última etapa de su vida. Hasta nuestro próximo encuentro.

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