Serie Fueras de Serie
2 de marzo de 2024

Serie Fueras de Serie. Santos Michelena. Cap 6.

Serie Fueras de serie. Santos Michelena. Cap1.

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Estamos en Venezolanos, en esta serie titulada Fueras de Serie, y hoy vamos a hablar de un personaje extraordinario, uno de los grandes civiles venezolanos, muy poco conocido, y que tiene una relación muy cercana con la fundación de la República de Venezuela en 1830, cuando ya la república se independiza del proyecto Colombia.

Me refiero a Santos Michelena. Santos Michelena era hijo de Santiago Michelena y Urzain, que provenía de Oyarzún. En el País Vasco era agricultor y se casó en Venezuela con una valenciana, María Teresa Rojas Queipo.

Y desde que llega se dedica a cultivar en los valles de Aragua añil, tabaco y algodón. Esta pareja de Santiago y María Teresa tiene 10 hijos y Santos Michelena es el cuarto. Y, siendo un muchacho, se va a sumar al ejército juvenil de la Batalla de La Victoria el 12 de febrero de 1814 y cae preso.

Pero el jefe realista Juan Manuel de Cajigal lo deja libre con la orden que se vaya al exilio. Eso hace Santos Michelena. Cajigal hubiese pensado que le estaba haciendo un daño; por el contrario, esto lo va a favorecer enormemente a lo largo de su vida.

Michelena se va a Filadelfia y allá va a estar trabajando entre 1814 y 1826, entre sus 16 y sus 22 años. Y dicen sus biógrafos, Pedro José Vargas, Simón Alberto Consalvi y Oldman Botello, que estudió en la universidad, pero ninguno señala en cuál, lo que nos lleva a creer que probablemente no siguió estudios formales, porque si hubiese hecho estudios formales se sabría el nombre de la universidad, el título, y no es el caso.

Lo que sí es seguro es que trabajó y conoció un país que estaba creciendo bajo el imperio del liberalismo económico y la impronta de ese libro capital para la humanidad que Michelena señaló, que se titula La riqueza de las naciones, de Adam Smith, un libro de 1776. No solo consta que Michelena leyó con lápiz para subrayar el libro en todos sus aspectos esenciales, sino que lo va a citar varias veces a lo largo de su vida.

Otro de sus biógrafos, Carlos Tinoco Richter, afirma: "Todas las ideas de Michelena estaban guiadas por la opinión que, sobre la manera y forma como debía dirigirse la economía, triunfaban en Inglaterra. Se llamaba el libre cambio, posteriormente comenzó a propagarse por toda Europa y el mundo". Esto dice Tinoco Richter en una biografía de Michelena publicada en 1952. En esos años de trabajo en Filadelfia tiene una experiencia fundamental para su futuro: es la experiencia del contabilista, el que lleva números y conoce a fondo la dinámica de los costos en producción, la oferta y demanda, todo el universo esencial para la dinámica económica que luego va a ser de notable utilidad.

Además, aquellos años filadelfianos fueron una escuela de venezolanidad. ¿Por qué? Porque allá vivían en el exilio Manuel García de Sena, Manuel Palacio Fajardo, José Rafael Revenga, Pedro Gual y Juan Germán Roscio. Nada menos una pléyade de grandes venezolanos de su tiempo.

En 1820 Santos Michelena decide mudarse a Cuba, no sabemos por qué se mudó, pero allá se casa con la cubana Encarnación Bosque y trabaja en otra empresa en La Habana como administrador. Ambos, la pareja, regresan a Venezuela en 1822 y se establecen en La Guaira al frente de una casa comercial. Él tiene 25 años y comienzan a nacer los hijos.

Encarnación nace en 1822, Teresa en 1823, Martina en 1825, Santos en 1827, Camilo en 1829, Jorge en 1831, Mariano en 1833 y Tomás Michelena Bosque, en 1835. Esta seguidilla de hijos nos revela que nacía uno cada año y medio o cada dos años. Lo vamos a hallar en 1824 en Caracas y entonces es electo diputado al Congreso de la República de Colombia.

En Bogotá se mudó a la ciudad andina y dos años después, introduce en el parlamento de la República de Colombia, del que nosotros éramos un departamento, una nueva ley de comercio. Lamentablemente no fue aprobada y en el discurso que pronuncia el 2 de febrero de 1826 ante el Congreso de Colombia, presentando el proyecto de ley, afirma lo siguiente:

"Tengo el honor de presentar a vuestra consideración un proyecto de ley, por el cual se hace una variación absoluta en el actual sistema que tantos perjuicios ocasiona a la moral como al erario público. A la moral porque hallando los comerciantes muy poco o ningún beneficio en sus negociaciones lícitas por razón de los excesivos derechos que tienen que pagar a la importación de sus mercaderías, hacen contrabando ya por las costas y por las mismas aduanas en connivencia muchas veces con los empleados de ellas. Y al erario público por la considerable disminución del ingreso ocasionada por estas importaciones fraudulentas".

Bueno, aquí se nota una claridad extraordinaria en relación con los impuestos y cómo eso puede perjudicar la producción e incitar al contrabando por parte de los actores económicos. Como vemos, una argumentación de claridad meridiana que condujo a Michelena a proponer la reducción del impuesto de importación, y como era de esperarse el Congreso no aprobó las leyes. No lo entendieron.

Prefirieron alentar el contrabando y percibir menos ingresos que bajar los impuestos de importación. Absurdo: estaban buscando lo óptimo y perdieron lo bueno. En 1826 el vicepresidente de la República de Colombia, Francisco de Paula Santander, lo designa cónsul en Londres y allá va a estar hasta 1828.

Esto ocurre a pesar de que Santander no simpatizaba con Michelena porque este se opuso a su reelección como vicepresidente, pero él fue el único que se presentó a concurso para el cargo y Santander, con gallardía, no se opuso a su designación. El cargo lo había sacado a concurso el canciller Pedro Gual. Todo esto lo sabemos porque el presidente de Colombia, Simón Bolívar, pregunta por el caso y el vicepresidente Santander le da una explicación satisfactoria en un oficio.

Algunos analistas han visto en esta pregunta epistolar de Bolívar un dejo de animadversión hacia Michelena, pero la verdad es que no necesariamente es así. Se sabe que el Libertador estaba sobre los asuntos de Estado hasta en sus mínimas expresiones y esta no lo era. Se trataba del cónsul de Colombia en Londres, de tal modo que la pregunta epistolar no era baladí.

Por supuesto, Michelena tenía una ventaja muy grande: hablaba inglés perfectamente. Había vivido seis años en los Estados Unidos. Y estos dos años en Londres se van a sumar a los seis de Filadelfia para decantar en Michelena sus conocimientos acerca del funcionamiento del mundo liberal.

De tal modo que aquel joven de 31 años, en 1828, ha vivido doce años entre Filadelfia, Cuba, Bogotá y Londres, casi la mitad de su vida fuera, en lugares neurálgicos como Filadelfia y Londres, donde tienen lugar la Revolución Industrial y la vanguardia del mundo liberal económico y político. No eran muchos los venezolanos que en aquella coyuntura podían blandir esta experiencia.

Regresa a Caracas en 1828 y se ocupa de actividades agrícolas y comerciales, y al ser electo José Antonio Páez presidente de la República de Venezuela, ya separada de Colombia, para el período 1831-1835, designa a Michelena con dos cargos, los más importantes: canciller y secretario de Hacienda. Tiene 34 años, le toca organizar las cifras de una nueva república, la de Venezuela, ya separada de Colombia.

De tal modo, estamos hablando del creador de la hacienda pública nacional y del canciller que negoció el Tratado Pombo-Michelena. Esto lo lleva a mudarse de nuevo a Bogotá entre 1833 y 1834. En la próxima parte del programa continuaremos viendo estos episodios excepcionales de la vida de Santos Michelena. Ya regresamos.

En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estamos refiriéndoles la vida, los hechos de Santos Michelena y habíamos quedado cuando el canciller Michelena del primer gobierno de José Antonio Páez se trasladaba a Bogotá para negociar lo que se conoció como el Tratado Pombo-Michelena.

Y allá también negoció el tema de la deuda externa, es decir, la parte que le tocaba a Venezuela de las deudas que había contraído Colombia. Me explico: Colombia había contraído una deuda, esa república se dividió en tres: Ecuador, Colombia que pasó a llamarse Nueva Granada otra vez, y Venezuela. Entonces, ¿la deuda que esta contrajo? Había que prorratearse de acuerdo con algún sistema convenido para pagar esa deuda, que era fundamentalmente una deuda con Inglaterra.

Allá negoció el tema de la deuda externa y logró que los neogranadinos aprobaran los términos del tratado que nos entregaba la mitad de la península de La Guajira. Aquí me estoy refiriendo al Tratado Pombo-Michelena, pero el Congreso de Venezuela lamentablemente no lo aprobó, con unos argumentos de menor cuantía que esgrimían muchos diputados. Fue lamentable.

Así se perdió una oportunidad única que, si bien no era óptima porque no era toda la península de La Guajira como pretendían estos diputados, era bastante mejor que lo que resultó siendo el límite entre Venezuela y Colombia en la península de La Guajira. Se perdió un trabajo consistente que nos hubiera favorecido.

Sobre esto afirma uno de sus biógrafos, el canciller Simón Alberto Consalvi. Dice Consalvi: "El tratado fue aprobado por el Ejecutivo colombiano y por su Congreso, y fue suscrito por el Ejecutivo venezolano, pero lo rechazó el Congreso de nuestro país entre 1836 y 1840, negando reiteradas iniciativas del Ejecutivo".

Nunca mejor aplicado ese refrán: lo perfecto es enemigo de lo bueno. Así fue como se perdió el trabajo del canciller Michelena, que nos favorecía abiertamente. Pero los diputados del Congreso de entonces consideraban que no era así, a diferencia de los presidentes Páez, Vargas y Soublette que sí respaldaban el tratado. Una verdadera lástima.

Bueno, Michelena es uno de los que respaldan la ley del 10 de abril de 1834 también. Por cierto, antes de referirme a esta ley, debo señalar en el Tratado Pombo-Michelena los límites se establecían con base en los títulos del período colonial que señalaban de los montes de Oca en derechura hasta el río de la Hacha. Es decir, los límites de Venezuela que había aprobado el Ejecutivo y el Congreso colombiano eran hasta el río de la Hacha.

Recuerden ustedes cuáles son los límites actuales. De modo que lamentablemente esto ocurrió no por responsabilidad de los colombianos, los neogranadinos en aquel momento, sino por responsabilidad de los diputados del Congreso venezolano de entonces. Bien, venía a referirme a esa ley del 10 de abril de 1834.

Esa ley está respaldada por Michelena y permitió la libertad de contratos y estimuló enormemente el desarrollo agrícola y pecuario. Hasta tanto los precios internacionales bajaron, las ejecuciones judiciales, la entrega de las prendas en garantía, fueron mayores que los beneficios que se habían obtenido con la ley, pero no hay duda de que funcionó durante 10 años una etapa del crecimiento económico en Venezuela. Esto lo certifican las cifras del profesor Asdrúbal Baptista en su libro sobre las cuentas nacionales.

No lo digo yo, lo dicen las cifras: el crecimiento económico de Venezuela a partir de la ley del 10 de abril de 1834 fue muy grande, sobre todo por la producción y exportación de café. Bueno, y es importante también aclarar que durante el debate de la ley en el Congreso de la República y las observaciones publicadas en la prensa nacional, Michelena estaba ausente porque estaba en Bogotá. Pero es evidente que el espíritu de la ley se corresponde con sus ideas económicas.

Además forman parte del pensamiento económico del Partido Conservador que se había ido nucleando alrededor de Páez y Soublette. En el fondo son ideas liberales, esgrimidas y defendidas por el Partido Conservador, aunque parezca un contrasentido, pero no lo es. Quien tenía ideas liberales en lo económico en Venezuela era el Partido Conservador.

En cambio, el Partido Liberal, que también tenía ideas liberales, propendía más a cierto intervencionismo de Estado en aquella coyuntura. Bueno, recordemos además que los partidos conservadores y liberales en Venezuela se definen así en relación con la cultura eclesiástica que fue acrecentándose durante los tres siglos coloniales.

Digamos, esa es la línea divisoria y esto siembra el terreno de grandes complejidades y complicaciones que son difíciles de explicar a la distancia sin atender a la coyuntura. Por otra parte, no había muchas otras alternativas. El llamado liberalismo manchesteriano, de hecho los teóricos que surgirán y le darán forma al Partido Liberal también se basan en las mismas doctrinas económicas, esto no tenía en aquel momento alternativa.

Recordemos que el Manifiesto del Partido Comunista de Carlos Marx y Federico Engels es de 1848, y estamos en la ley de abril de 1834. El socialismo no tenía ninguna formulación teórica en lo económico porque Marx no había publicado ni el Manifiesto del Partido Comunista ni El capital, que es su gran libro de crítica al liberalismo económico. Entonces las ideas liberales, eso que se llamaba en el contexto de la época el liberalismo manchesteriano porque aludían a los liberales de Manchester en Inglaterra, era lo que estaba sobre la mesa.

Era lo que estaba allí y sin embargo la gran diferencia con Vargas, Soublette y Michelena es que los tres vivieron en Londres y Michelena en Filadelfia también. En todos estos sitios, en Londres y Filadelfia, el apogeo del liberalismo de Adam Smith era consistente. De modo que era muy poco probable que dado el éxito enorme que había tenido en aquellos países no pretendieran ellos aplicarlo aquí para alcanzar el mismo desarrollo económico e industrial.

Claro, en aquella época un desarrollo industrial en Venezuela era muy poco probable. No solo en Venezuela, en toda América Latina, la verdad. Bueno, en aquellos tiempos la experiencia de primera mano contaba muchísimo, como podemos fácilmente suponer. Además el éxito norteamericano era evidente y se basaba precisamente en las doctrinas liberales que fomentaban el desarrollo de las fuerzas económicas dentro de la arquitectura del libre mercado.

De tal modo que no se trataba de un capricho de Santos Michelena, sino lo que él había vivido in situ en campo o sitio, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña e Inglaterra. Y es evidente que una vez separada Venezuela de Colombia vuelve a ser una república, un Estado independiente, y en tal sentido recupera sus cuentas nacionales. Es una de las primeras tareas urgentes que tiene el ministro de Hacienda, secretario de Hacienda, que era como se llamaba entonces Santos Michelena.

Recordemos que durante once años Venezuela no llevaba sus cuentas porque era un departamento de una república cuya capital estaba en Bogotá. Eso está ocurriendo entre 1819 y 1830, allí estaban centralizadas las cuentas. De modo que porque Bogotá es la capital de la República de Colombia y como hemos dicho ya varias veces, Venezuela era un departamento de esa república, de acuerdo con el proyecto de Simón Bolívar, que tenía a Bogotá como la capital de esa república de Colombia.

Que él había fundado, por cierto, en Angostura en diciembre de 1819. De tal modo que es indudable que el creador de la Hacienda Pública Nacional, el creador de la Hacienda Pública venezolana, es Santos Michelena en su condición de secretario de Hacienda. Y es por ello que en 1840 Antonio Leocadio Guzmán, en un editorial de su diario El Venezolano recién fundado, lo va a reconocer.

En la próxima parte del programa vamos a leer lo que dice Antonio Leocadio Guzmán, el padre de Antonio Guzmán Blanco, sobre Santos Michelena. Ya regresamos.

En esta tercera parte del programa comenzamos recordando lo que va a afirmar Antonio Leocadio Guzmán, un polemista importante, el primero que hubo en Venezuela, tan aguerrido como él, fundador del diario El Venezolano. Allí dice Antonio Leocadio Guzmán: "El señor Michelena se debe todo a la Hacienda Nacional, no hay que equivocarnos. Él es para Venezuela lo que un Necker para Francia, un Pitt para Gran Bretaña, un verdadero fundador de su hacienda y de su crédito, ¡y de los inmensos bienes que de aquí se derivan!"

Él centralizó la cuenta de la Tesorería Nacional. Organizó cuánto corresponde a ella, redujo a presupuestos las entradas y los gastos, metodizó las rentas, moralizó la administración, puso las bases del crédito, resucitó la deuda pública, creó valores y cambio. Condujo por en medio de mil dificultades el empeño sagrado de dividir las deudas de Colombia, la clasificó y distribuyó. ¡Y es hoy el hombre de la hacienda nacional!

Eso lo dice en 1840, un reconocimiento importante a Michelena. Recordemos además que el peso de Michelena era tan grande en sus tareas como canciller y secretario de Hacienda, que lo fue durante el gobierno de José Antonio Páez, el gobierno del doctor José María Vargas y el gobierno del general Carlos Soublette, y después lo vamos a hallar más adelante como vicepresidente de la República.

Pero volvamos sobre estos primeros años de la recién fundada República de Venezuela en 1830. El juicio de uno de nuestros mejores historiadores, don Manuel Pérez Vila, es importante en cuanto al funcionamiento de la economía. Y la verdad, todo lo que en esta materia se hizo llevó a la impronta de Michelena.

Hay un trabajo de Pérez Vila muy importante y bueno, con muchas luces, que se titula El gobierno deliberativo: hacendados, comerciantes y artesanos frente a la crisis, 1830-1848. Recordemos que esos 17 años son de un enorme crecimiento económico e insisto: no lo digo yo, lo dicen las cuentas nacionales recogidas en ese libro extraordinario de nuestro apreciadísimo profesor Asdrúbal Baptista, publicado, tiene tres ediciones y donde se ve claramente el crecimiento en los rubros agrícolas, en particular el café.

Bueno, dice Manuel Pérez Vila, durante varios años a partir de 1834 todo funcionó a las mil maravillas de acuerdo con lo previsto por Santos Michelena y quienes pensaban como él. La ley de Libertad de Contratos, unida a las favorables condiciones del mercado exterior, le dio un gran impulso a la economía. Las tasas de interés bajaron del 60% anual, a veces del 120% como se ha dicho, a 24%, 18% y 12%, llegando en ocasiones al 9%.

Las haciendas de café fueron resembradas en algunos casos o ampliadas en otros. Lo mismo ocurrió con otros productos como el algodón, las exportaciones aumentaron según lo hemos visto anteriormente. Todo esto es consecuencia de la ley de Libertad de Contratos de abril de 1834.

¿Por qué? Porque el Estado se liberó de la fijación de las tasas de interés, admitió la libre competencia, y las casas comerciales comenzaron a financiar a los agricultores y entre ambos factores, el productor del campo de café y la casa comercial se fijaban en condiciones del crédito. Esa competencia trajo reducción de tasas de interés.

Imagínense lo que puede representar para un país renaciendo, bajando las tasas del 60% anual al 9%. Bueno, la consecuencia fue un crecimiento enorme de la producción del café en Venezuela, producto de una ley inteligente, una ley dentro de los parámetros liberales, que estimuló la competencia crediticia y las tasas de interés bajaron, se expandió el crédito y el crecimiento de los cultivos.

Por supuesto, la pregunta que se impone ahora es ¿hasta cuándo funcionó de maravillas todo este proyecto de Santos Michelena que señala don Manuel Pérez Vila? Bueno, hasta que cayeron los precios internacionales del café. El talón de Aquiles de aquella política liberal era su dependencia en los mercados internacionales. De allí provenía tanto su fortaleza como su debilidad.

Por eso la ley de Libertad de Contratos lo afirma Fermín Toro en 1834 y años después la enfrenta con el argumento de la usura y sobre todo por la cantidad de ejecuciones judiciales en razón del incumplimiento de lo pactado, por parte de los receptores del préstamo, ya que la caída de los precios internacionales les ha sido imposible honrar lo recibido. A ver si lo explico: tú pactabas unos intereses con quien te dio el crédito, ¿podías honrar esas cuotas y esos intereses porque los precios que te estaban dando por el café en los mercados internacionales eran suficientes como para honrar la deuda que tú habías contraído?

Si caen los precios internacionales ya no podías honrar las deudas y el prestamista, las casas comerciales, porque en Venezuela no existían bancos todavía, se veían en necesidad de ejecutar los predios, los terrenos y los sembradíos para poder cobrar la deuda. Por cierto, las casas comerciales no tenían interés en hacer eso, pero se veían obligadas a hacerlo porque si no, ¿cómo se cobraban el préstamo que habían dado?

De modo que el esquema micheleniano funcionó, pero al caer los precios se tambaleó uno de los factores esenciales de la ecuación, y esta historia hay que contarla completa porque los enemigos del liberalismo sabemos que son muchísimos, solo señalan el fracaso de la ley de libertad de contratos. Y olvidan que Venezuela experimentó un crecimiento económico notable en estos años en que tuvo vigencia y en que los precios internacionales del café fundamentalmente, también del algodón, algo menos del cacao o algo menos del añil, mientras los precios internacionales eran muy altos, el esquema funcionaba.

Bien, y bueno, ahora veamos qué ocurre con Santos Michelena en el gobierno lamentablemente breve del doctor José María Vargas. Lo que ocurre es que el doctor Vargas, esa eminencia médica venezolana, lo ratifica en el cargo, hasta que renuncia cuando se le condona la pena a los que dieron un golpe de Estado a Vargas.

La famosa Revolución de las Reformas. Lo explico. A Vargas le dan un golpe de Estado, Monagas, Mariño, Level de Goda, Pedro Carujo y otros. Interviene el general Páez con su ejército, doblega a los golpistas, Mariño y Monagas, trae de vuelta a Vargas que se ha refugiado en la isla de Santo Tomás, le devuelve la presidencia de la república, y Vargas comienza a gobernar de nuevo.

Y ustedes dirán, bueno, ¿por qué renuncia Michelena? Ah porque el general Páez se opone a que los golpistas sean sancionados y prefiere avenirse con condonarles la pena, no llevarlos a una ejecución judicial que los conducía a la cárcel, y esto Michelena no lo acepta. No lo acepta, no está de acuerdo con que se condonara a los golpistas, a Santiago Mariño, a José Tadeo Monagas, a Pedro Briceño Méndez y a Pedro Carujo, entre otros.

Y renuncia, ¿verdad? Entonces allí viene pues otra etapa de la vida de Michelena que referiremos en la última parte de este primer programa de dos que vamos a realizar sobre la vida y obra. Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. ¿Qué es lo que dice el jueves 26 de diciembre? Venimos hablando de la renuncia de Santos Michelena cuando no acepta la condonación a los golpistas que le dieron el golpe de Estado a Vargas. Me refiero a Mariño, Monagas, Briceño Méndez y Carujo.

Veamos entonces el jueves 26 de diciembre en su diario El diplomático británico acreditado en Venezuela, Robert Kerr Porter. Allí él habla acerca de Michelena y la llamada Revolución de las Reformas, dice lo siguiente: "Vi a Michelena esta mañana y me dijo que el Ejecutivo ha hecho esfuerzos por correspondencia y persuasión personal para inducirle a cambiar su decisión, o más bien sus principios sobre el tema de los indultos pasados y probables del rebelde. Pero su decisión es irrevocable y, por lo tanto, el señor Gallegos ha sido nombrado para sustituirle. Su salida del ministerio, se refiere a Michelena en esta coyuntura, aún es peor que un perdón general a los revoltosos".

"Creo que las circunstancias le traerán tantas dificultades y deshonra al gobierno como honor y respeto hacia él, por parte de todos aquellos que saben cómo valorar una conducta política tan virtuosa". Esto es lo que anota en su diario Robert Kerr Porter. Recordemos el diario de Kerr Porter era una pieza extraordinaria para comprender los años que él vivió aquí, pero es un diario para sí mismo.

Esto se publica muchísimos años después, tantos años después como 1997. O sea que lo que dice Porter aquí no está escribiéndolo para ser divulgado en un inmediato, sino lo está diciendo para sí mismo y con una muy improbable publicación del diario. Lo que ocurre es que se publicó felizmente y es un gran documento para entender los años que Porter vivió en Venezuela.

Bueno, ¿y tal como lo esperaba? Porter, el prestigio de Michelena creció con su renuncia. Y poco más de un año después el presidente Soublette lo busca para que resuelva las negociaciones en Nueva Granada y entonces lo designa embajador.

Bueno, la verdad es que fue encomiable, señalable, rescatable la manera como Páez impuso su autoridad y le torció el brazo a los golpistas de Vargas, contra Vargas realmente. Y es una conducta republicana la que lo lleva a restituir en presidencia a quien fue legítimamente electo, que era el doctor Vargas. Pero hay que decir que fue lamentable como Páez condona los delitos de los golpistas, como si no los hubieran cometido.

Esto no lo podía dejar pasar por debajo de la mesa Michelena y renunció, como vimos, irrevocablemente. Un dato de oro sobre su personalidad es decir, sus principios estaban por encima de la detentación de los cargos públicos. La gente así lo reconoció. Su carta de renuncia es precisa.

La firma el 19 de noviembre de 1835. Allí afirma: "He votado en el Consejo de Gobierno y opinando, en el de ministros, contra la concesión de grados militares a los jefes militares, a los jefes oficiales de Barcelona, reincidentes del delito de traición, después de haberla combatido por todas mis fuerzas para considerarla una gran trascendencia moral y política. En tales circunstancias debo retirarme del ministerio, mi conciencia me lo ordena y el patriotismo me lo aconseja para que la administración pueda ser homogénea".

Él sentía que su presencia era una cuña de otro palo en aquella circunstancia, donde se estaba haciendo la vista gorda con quienes habían atentado contra un presidente electo democráticamente para los parámetros de la época, como lo era el doctor José María Vargas. Bien, sin embargo, se reincorpora a sus tareas públicas Michelena cuando Soublette lo designa en 1837 ministro plenipotenciario, así era como se llamaban los embajadores en aquel entonces, en Nueva Granada, que era como se llamaba Colombia.

Recordemos que una vez que la República de Colombia se separa, Ecuador pasa a llamarse Ecuador, que antes se llamaba Quito. Venezuela siempre se llamó Venezuela y Colombia pasa a llamarse, como se llamó antes, Nueva Granada. Cuando Colombia vuelve a llamarse Colombia con la Constitución de Río Negro en 1863, faltan muchos años para eso.

De modo que estamos hablando, por eso hablamos de Nueva Granada, que es la república a la que he acreditado el ministro plenipotenciario Michelena, designado por el presidente Soublette para que culmine el tema engorroso de la deuda externa de la República de Colombia, como apuntamos antes. Pero también esta embajada hay fruto de su designación como secretario de Hacienda y canciller, de tal modo que lo ha sido de Páez, de Vargas y de Soublette.

Sobre esta designación Robert Kerr Porter escribe en su diario el 17 de marzo de 1837. "Fui a ver a Páez esta noche, tiene buen aspecto y me dijo lo muy agradecido y orgulloso que estaba por el mensaje que le había enviado al rey", es decir, el mensaje que Porter le había enviado al rey de parte de Páez.

"Hablamos largamente sobre su Soublette y los futuros ministros. Recomendé enérgicamente para el bienestar del Estado que se arreglaran las cosas de ser posible para inducir a Michelena a que vuelva a ocupar su antiguo cargo. Estuvo de acuerdo en que ello traería ventajas y dijo el vicepresidente haría todo lo posible, que estaba seguro de ello".

Esto, de acuerdo, Páez en la renuncia de Michelena era sumamente favorable y traería ventajas. Y en efecto vemos que así ocurrió. Innecesario anotar que Porter tenía en gran estima a Michelena.

Bien, y vamos hoy a dejar hasta aquí esta historia, ¿verdad? Esta historia fascinante de Santos Michelena, ese gran venezolano cuyas tareas y cuyos logros hemos ido enumerando a lo largo de este programa, pero todavía falta un segundo programa donde veremos muchas otras actuaciones de Santos Michelena en la vida pública venezolana, sobre todo en las tareas que le eran cercanas: la Secretaría de Hacienda, la Cancillería y la Vicepresidencia de la República, que también la ejerció.

Como siempre ha sido un gusto hablar para ustedes en esta serie de fueras-de-serie del programa Venezolanos por Unión Radio. Hasta

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