Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente 30.720. Estamos en la continuación de la serie sobre el siglo XX venezolano, este es nuestro capítulo número 7.
En el anterior estuvimos viendo el primer gobierno de Rafael Caldera, que va desde 1969 a 1974. Un episodio importante de ese gobierno fue la enmienda constitucional que hubo de hacerse a la Constitución de 1961. Recordemos que la votación alcanzada por la Cruzada Cívica Nacionalista en las elecciones de 1968 fue motivo de preocupación para las fuerzas democráticas. Primero la Corte Suprema de Justicia había declarado nula la elección de Pérez Jiménez como senador en 1968 y ahora Acción Democrática y COPEI sumaban sus votos para aprobar una primera enmienda a la Constitución Nacional de 1961.
Las encuestas entonces señalaban que, de presentarse Pérez Jiménez como candidato a la Presidencia de la República en 1973, la suma de sus votos sería considerable, por lo que la urgencia de la enmienda se hizo perentoria. En octubre de 1972 se presentó el texto de la enmienda al Congreso Nacional y en julio de 1973, después de que Pérez Jiménez había sido lanzado como candidato presidencial en abril del mismo año, el Consejo Supremo Electoral declaró nula su candidatura, con fundamento en la enmienda que había llenado los requisitos legales en mayo.
Cuando ya las asambleas legislativas de todos los estados la habían aprobado, porque ese era el mecanismo: no solo aprobaba la enmienda el Congreso Nacional sino las asambleas legislativas de los 23 estados. En esa época no eran 23 porque había dos territorios federales, el Delta Amacuro y Amazonas. Por otra parte, más allá de esto de la enmienda, el cuadro electoral se atomizaba en cuanto al número de candidatos, ya que llegaba a 12.
Pero la polarización bipartidista comenzó a reflejarse como nunca antes lo había hecho entre nosotros. De hecho puede decirse que el bipartidismo como fenómeno comenzó en estas elecciones de 1973, cuando entre el vencedor de las elecciones, Carlos Andrés Pérez, y Lorenzo Fernández, de COPEI, entre los dos obtuvieron el 85% del voto. Los otros candidatos, ¿cuánto obtuvieron? Jesús Ángel Paz Galarraga, del MEP, obtuvo el 5,07%; José Vicente Rangel, del MAS, partido recién constituido en 1971, obtuvo 4,26% de los votos.
Óvito Villalba, que ya era un hombre mayor, de URD, obtuvo 3,07% de los votos y de los otros candidatos ninguno alcanzó más del 1% de los sufragios. Los enumero en orden de llegada, los que obtuvieron menos del uno por ciento: Miguel Ángel Burelli Rivas, Pedro Tinoco, Martín García Villasmil, el general había sido ministro de la Defensa, Germán Borregales, que se presentó muchas veces a las elecciones, Pedro Zinggini La Cruz, Raimundo Verde Rojas y Alberto Solano.
Por lo menos en tres sentidos el gobierno de Rafael Caldera fue de transición. El primero, en cuanto al paso hacia el bipartidismo que imperaría en Venezuela hasta las elecciones de 1993, 20 años de bipartidismo entre Acción Democrática y COPEI. El segundo sentido es en cuanto a los precios del petróleo, ya que a finales de 1973 pasaron los precios de un promedio de 3 dólares a la astronómica cifra de 10,53 dólares por barril. Esto ocurrió impulsado por la crisis del Medio Oriente, la llama que se destapó por la Guerra del Yom Kippur, y por otros factores también.
De modo que comenzaba el boom petrolero que le tocaría administrarlo a Carlos Andrés Pérez. La tercera condición transicional del gobierno de Caldera estriba en que la deuda externa venezolana era insignificante durante su primer gobierno y comenzó a crecer astronómicamente durante el primer gobierno de Pérez. Continuó creciendo indeteniblemente durante el gobierno de Luis Herrera Campins y se detuvo cuando ya constituía un problema gravísimo para el país en 1983, durante el gobierno de Luis Herrera, que veremos en algún momento.
Esta paradoja no es fácil de comprender, es decir, cuando los ingresos petroleros venezolanos fueron más altos durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera surgió la deuda externa. Vamos a ver cómo ocurrieron estos hechos. Y fíjense que ahora este período del bipartidismo que abarca 20 años de la vida nacional estuvo signado por la confrontación natural en un sistema donde predominaron los dos partidos políticos y una alternancia en el poder.
Durante estos 20 años funcionó la tendencia a la polarización con la llamada economía del voto; desaparecieron los denominados fenómenos electorales. Un momento de comentar que Venezuela no ha acogido ni entonces ni ahora la segunda vuelta electoral, un mecanismo electoral que depura mucho estas circunstancias. Y bien, este cuadro bipartidista va a tener lugar dentro del entorno contradictorio signado por las variaciones de los precios del petróleo. Fueron muy altos los precios entre 1973 y 1982, y muy bajos entre 1983 y 1993.
Se manifestó en la segunda etapa la irrupción de una realidad económica dramática. En otras palabras, cuando bajan los precios del petróleo, la Venezuela que sale a flote es una Venezuela que no hubiésemos querido ver: la crisis de la deuda externa, la devaluación del signo monetario, el inicio y la enfermedad económica de la inflación, la fuga de capitales que nunca las había habido en esas dimensiones. El control de cambios que no lo habíamos conocido y todo esto comenzó a ser un pan nuestro de cada día en Venezuela, y eran circunstancias totalmente desconocidas por varias generaciones de venezolanos. Esa es la verdad.
Además, la agenda pública se adueñó del tema de la corrupción, convirtiéndose en un asunto de mayor importancia para el debate político. La corrupción pasó a estar sobre la mesa, y estos 20 años que van desde 1973 a 1993 son los del apogeo del bipartidismo, como venimos diciendo, y la gestación de la crisis del sistema de partidos políticos. Aquí también va a surgir la antipolítica en estos años. También va a surgir el mito del militarismo mesiánico y el rechazo a las instituciones partidistas por parte de sectores muy amplios de la población.
Veamos entonces este primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, que va de 1974 a 1979. Recordemos que Pérez gana las elecciones en 1973 con el 48,70% de los votos. Además, Acción Democrática recupera notablemente su caudal electoral y va a pasar del 25,57% que obtuvo en 1968 al 44,44% de los sufragios en 1973. Una recuperación casi del 100%.
Y este ascenso trajo como consecuencia que Pérez pudiera comenzar su gobierno el 12 de marzo de 1974 con un muy grande apoyo popular, con un respaldo en el Congreso Nacional sólido y, como el impulso se traía de la campaña electoral, que se articuló sobre la base del lema entonces muy oportuno que fue: democracia con energía. Esta consigna respondía a estudios de mercado electoral, que indicaban que los votantes le reclamaban a la democracia su incapacidad para tomar decisiones, mientras añoraban en la dictadura militar que las tomaba probablemente en exceso. Puede afirmarse que la campaña electoral de 1973 fue la primera que utilizó métodos modernos de mercadeo político y logró convertir a un candidato que se le asociaba con la represión en un hombre abierto a las grandes mayorías.
En la próxima parte del programa continuamos con esta historia. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.
Miguel Delgado Estévez y Laureano Márquez, una manera diferente de contar las cosas fue lo que él dijo. A veces lanza la pelota debajo del armario y tengo que ir a la chimenea y recogerla con el atizador. Eso quiere decir: hay un dúo perfecto que conduce uno de los espacios más divertidos, educativos y culturales de la radiodifusión en Venezuela. Divagancias, sábados 4 de la tarde y domingo 1 de la tarde. Somos Unión Radio Cultural. Usted escucha Venezolanos, Somos Unión Radio Cultural.
Decía en la parte anterior del programa que a Carlos Andrés Pérez se le asociaba como ministro de Relaciones Interiores durante el quinquenio Betancourt, de 1959 a 1964, con la represión frente al desafío guerrillero y frente al desafío de la derecha militarista perejimenista que intentó junto con las guerrillas alcanzar el poder por la vía de las armas. Y Pérez fue ministro, se le llamaba el ministro policía, etcétera, pero esto, con una campaña electoral y con la propia personalidad de Pérez, fue superado en términos electorales.
Pérez solicitó al Congreso Nacional en los primeros meses de 1974 poderes extraordinarios para gobernar por decretos de ley en materia económica y financiera durante un año, y el Parlamento le concedió esto. Esta ley se llamó Ley Orgánica que autoriza al Presidente de la República para dictar medidas extraordinarias en materia económica y financiera. Esta concesión no solo convertía al gobierno de Pérez en uno de los más poderosos de nuestra historia hasta entonces, sino que despertó muchas críticas de juristas que consideraban que el poder legislativo había claudicado sus atribuciones en favor del Poder Ejecutivo detentado por Carlos Andrés Pérez. En todo caso, el gobierno comenzó a hacer uso de estos poderes y administrar la alza inusitada de los precios del petróleo.
Y aunque Pérez manifestó, voy a citar, que iba a administrar la riqueza con criterio de escasez, la verdad es que no fue eso lo que se vivió en Venezuela en el quinquenio 1974-1979. Vamos a tener, el 1 de enero de 1975, la nacionalización de la industria y explotación del mineral de hierro. Esto se celebra con un acto en Ciudad Guayana, concluía un proceso que había iniciado en mayo de 1974 mediante el cual las concesiones que detentaban las empresas extranjeras expiraron el 31 de diciembre de ese año.
En paralelo, el gobierno fue adelantando la nacionalización de la industria petrolera que, dadas sus dimensiones, presentaba mayores desafíos para el Estado que la industria del hierro, que fue estatizada. Se adelantó exitosamente en la estatización del petróleo en Venezuela y el 1 de enero de 1976 la industria petrolera pasó a manos de la República y para tal fin se creó la empresa Petróleos de Venezuela, PDVSA, como una empresa holding de operadoras que sustituyeran a las empresas extranjeras. En buena parte, el año 1975 la agenda pública estuvo tomada por la discusión en el Congreso Nacional del Proyecto de Ley de Nacionalización Petrolera, que así fue como se llamó.
En particular se discutía el artículo 5, que le permitía al Estado adelantar asociaciones estratégicas puntuales con empresas extranjeras en determinados aspectos de la industria petrolera. Los críticos del proyecto de ley consideraron que esto le abría una posibilidad tan grande a las empresas extranjeras y desvirtuaba la nacionalización misma, de allí que comenzaron a llamarla Nacionalización Chucuta para señalar su insuficiencia. Creo que el primero que habló fue Juan Pablo Pérez Alfonso, pero también otros líderes políticos comenzaron a llamarla, entre otros el entonces presidente Rafael Caldera. En este debate, en el Congreso Nacional intervinieron muchos oradores.
Los discursos más destacados a mi juicio fueron los de los presidentes Betancourt y Caldera. Betancourt leyó un texto que ha quedado como una suerte de resumen de lo que Venezuela hizo con su principal industria desde 1936 y hasta este año de 1975, cuando ocurría el debate. Y finalmente, con los votos en Acción Democrática, la ley se aprobó y la industria petrolera pasó a ser gerenciada por venezolanos. Y el crecimiento de los precios del petróleo en el mundo, en los mercados internacionales, había sido constante.
Fíjense estas cifras: el precio promedio de 1973 fue 3,71 dólares por barril. En 1974 el precio promedio pasó a 10,53 dólares por barril, y en 1978 ya estaba en 12,04 dólares por barril. Un crecimiento porcentual enorme, es una montaña de dinero. De tal modo, una economía que venía funcionando con precios estables alrededor de 2,50 dólares por barril desde el año 1950 comenzó a experimentar una abundancia de recursos económicos que el gobierno intentó sembrar de alguna manera.
Se crearon durante ese primer gobierno de Carlos Andrés Pérez varias instituciones en el área cultural: la Biblioteca Ayacucho, el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles del maestro José Antonio Abreu, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, que luego se llamó Sofía Ímber en homenaje a quien lo creó. La Galería de Arte Nacional, Fundarte, el Grupo Rajatabla y además comenzó el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho para que estudiantes venezolanos, alrededor de 10 mil, recuerdo yo la cifra, cursaran estudios en universidades del exterior. Y además, el Estado comenzó a desempeñar tareas de empresario. Aquí comienza el Estado empresario en Venezuela porque antes, ¿qué había ocurrido?
Bueno, en el primer gobierno de Betancourt, el que va de 1945 a 1948, a febrero del 48, se crea la Corporación Venezolana de Fomento en 1946 y el Estado va a prestar labores crediticias de fomento de la industria privada nacional con una institución como la Corporación Venezolana de Fomento. El Estado no devenía empresario sino financista de los empresarios privados nacientes que se van a dedicar a crear un parque industrial que en Venezuela no existía. Esto es muy distinto a lo que comenzó a pasar a partir de 1974, cuando en ese primer gobierno de Carlos Andrés Pérez el Estado comenzó a ser él mismo empresario.
Se crearon centenares de empresas públicas, en particular en áreas consideradas estratégicas o de las llamadas industrias pesadas. Y todo esto se adelantaba dentro del marco de una política pública continental muy conocida, que era la industrialización por sustitución de importaciones, y en el caso venezolano todo esto se hacía dentro del quinto plan de la nación, diseñado, coordinado y elaborado por Cordiplan, que entonces fue conocido como el Plan de la Gran Venezuela. Y este modelo económico establecido en el país, fundado en el proyecto de sustituir importaciones por producción nacional, como les dije, a partir de 1946 y la creación de la Corporación Venezolana de Fomento, se apoyaba este plan en políticas arancelarias que tendían a gravar al producto importado en defensa del producto nacional.
Y todo ello dentro de un sistema de control de precios fijado por el gobierno, una economía protegida. Este modelo que venía funcionando desde finales de la década de los años 40 se va a ver repotenciado con el incremento de los precios del petróleo, obviamente. Y entonces no solo hubo recursos para prestarlos a los empresarios privados, sino que el Estado mismo se dedicó a la creación de empresas. Bueno, con esos niveles de ingresos en el fisco nacional, gozando todas estas empresas estatales de autonomía administrativa, muchas de ellas pidieron préstamos para su crecimiento y los obtenían con gran facilidad por parte del Banco Internacional, ya que el respaldo petrolero que tenía Venezuela era suficiente.
De modo que, para finales del gobierno de Carlos Andrés Pérez, algunos economistas señalaban que el nivel de deuda pública era muy alto, pero la crisis, como veremos, se va a presentar luego en el gobierno de Luis Herrera en el año de 1983. El tema de la corrupción en la agenda pública se va a recrudecer este período y podemos observar cómo los recursos que el Estado recibía se tradujeron en su propio crecimiento, pasando a desempeñar tareas antes no había desarrollado el Estado. Y su tamaño, el Estado se hizo gigantesco y la presencia en la vida pública del Estado venezolano era cada día más grande.
Y además, como era de esperarse, al circular tal cantidad de recursos en la economía nacional, la tentación de la corrupción se hizo todavía más presente y este tema fue tomando espacio en la agenda pública, como continuaremos viendo en la próxima parte del programa. En la parte anterior del programa estábamos viendo el tema de la corrupción en la agenda pública en el período presidencial de Carlos Andrés Pérez, en su primer período, y no solo se colocó en la agenda pública por parte de distintos factores, sino por los partidos de oposición al gobierno y hasta por uno de los precandidatos presidenciales del partido de gobierno, que era Luis Piñerúa Ordaz, que tenía una famosa lista que nunca presentó con los corruptos. Esa fue una de sus banderas políticas y esto por sí solo habla de la dimensión a la que había llegado el problema. Se añadía además otro asunto.
Me refiero al hecho según el cual Pérez gobernó en permanente comunicación con su partido, pero en AD muchos se resentían porque los funcionarios más destacados del gobierno no formaban parte de sus filas. Era el caso, por ejemplo, de Gumercindo Rodríguez, el jefe de Cordiplan y redactor del quinto plan de la nación junto con el economista y músico José Antonio Abreu; entonces, Abreu era funcionario de Cordiplan. Era el caso también de Carmelo Lauría, que venía a ser presidente del Banco de Venezuela, que se desempeñó como ministro de Fomento en el gobierno de Pérez y luego como ministro de Estado para las industrias básicas. Era el caso de Diego Arria, que no formaba parte de las filas de Acción Democrática y que, sin embargo, fue designado gobernador del Distrito Federal, presidente del Centro Simón Bolívar y luego ministro de Información y Turismo.
Todos ellos eran, por citar los más prominentes, ajenos a Acción Democrática e incluso en el caso de Gumercindo Rodríguez había sido expulsado de Acción Democrática porque se fue con el MIR en esa coyuntura de los años 60. Quizás estas diferencias contribuyeron a la decisión de Piñerúa Ordaz para criticar desde Acción Democrática la corrupción al gobierno, era un caso extraño para Venezuela entonces pero explicable desde esta perspectiva. También hay que señalar que Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez habían roto relaciones, y el candidato de Rómulo Betancourt era Luis Piñerúa Ordaz. Las relaciones entre Betancourt y Pérez eran inexistentes, de modo que ahí también se creó una situación compleja.
No obstante, esta campaña acerca de la corrupción administrativa para la que se contaba con indicios fundamentados, la popularidad de Pérez no bajó sustancialmente durante su mandato. Por el contrario, su carisma fue creciendo y acercándose a niveles de aceptación casi legendarios. En cuanto al cuadro electoral que se avecinaba, el candidato que había escogido AD, Luis Piñerúa Ordaz, no formaba parte de los allegados a Pérez y, como vimos, buscaba desmarcarse del gobierno criticando la corrupción administrativa. Lo mismo hacía el candidato de COPEI, Luis Herrera Campins, con quien las encuestas señalaban que polarizaba a Piñerúa.
Finalmente, Herrera obtuvo una diferencia pequeña ganando las elecciones con el 46,64% de los votos mientras Piñerúa Ordaz obtenía el 43,41%. Entre los dos alcanzaban el 90% y el bipartidismo estaba en su apogeo. Quien parecía destinado a hacer un fenómeno electoral en aquellos comicios de 1978 era Diego Arria, ya que había tenido una gran popularidad como funcionario durante el gobierno de Pérez y, sin embargo, obtuvo el 1,68% de los votos. Incluso por debajo de José Vicente Rangel y el MAS, quienes alcanzaron el 5,17% en aquellas elecciones.
Era la segunda vez que se presentaba José Vicente Rangel como candidato. Así concluía el primer gobierno de Pérez y la verdad es que aquel permanente viajar por el mundo acudiendo a foros internacionales lo fue erigiendo como un líder latinoamericano importante, sobre todo en el conjunto que geopolíticamente se identificaba como el Tercer Mundo. Pérez contribuyó decididamente con procesos democráticos en diversos países, esto hay que reconocerlo y señalarlo. Y buscó entonar una voz propia en los escenarios internacionales, una voz que en el contexto de la Guerra Fría representaba a los no alineados, aquellos que no estaban con un polo ni el otro.
Su visibilidad internacional se hizo clara en estos cinco años de gobierno, sobre todo en la tribuna de la Internacional Socialista, a la que pertenecía Acción Democrática. Y desde la que luego llegó a ser Carlos Andrés Pérez su vicepresidente. Pérez fue vicepresidente en un organismo de dimensión internacional como era la Internacional Socialista. Una vez abandonado el cargo, a los analistas políticos les quedó muy claro que era muy probable que Pérez aspirara de nuevo 10 años después.
Eso lo permitía la Constitución Nacional de 1961 y así se presentó de nuevo para las elecciones de 1988, como lograremos en su momento. No cabe duda de que el país cambió en muchos órdenes durante ese primer mandato de Carlos Andrés Pérez. Quizás, el más señalado con el paso del tiempo sea el del tamaño del Estado y las esferas de influencia de la acción estatal, siempre dentro de la órbita de asignarle mayor protagonismo dentro de la vida nacional, no solo como actor político sino como factor económico principal al Estado. También hay que decirlo, el país se aceleró.
Pasó de un ritmo presupuestario sosegado a otro prácticamente vertiginoso y las consecuencias de este impulso dado por los precios del petróleo, obviamente, y la personalidad de Pérez, todavía se discute si fueron convenientes o no. En cualquier caso, a la luz de los hechos posteriores, todo el proyecto de endeudamiento público fue desastroso para la economía del país, pero hay que señalar que cuando se cuenta con altos ingresos son pocos los que piensan en qué ocurrirá cuando no se disponga de ellos. ¿Cómo pasar de las vacas gordas a las vacas flacas? En cuanto al trasfondo político de su gobierno, salvo que no escogió a los más conspicuos dirigentes del partido para todos los cargos de significación, cumplió con las líneas trazadas por Acción Democrática desde su fundación.
Y le tocó cumplir uno de los mayores sueños en su partido, que era la estatización de la industria petrolera, como dijimos antes. El mandato de Pérez marcó el distanciamiento de su mentor político, Rómulo Betancourt, quien consideró como probables las hipótesis de corrupción del gobierno y se empeñó dentro de su partido en una cruzada de saneamiento administrativo encabezado por el candidato presidencial que Betancourt había respaldado internamente, Luis Piñerúa Ordaz. Este distanciamiento entre Pérez y Betancourt trajo hondas consecuencias dentro del partido. Además de la corrupción administrativa, es cierto que Betancourt no se sentía cercano al equipo gubernamental que Pérez había escogido para la tarea, pero Pérez ya tenía fuerza propia como para imponer su voluntad.
La tensa situación dentro de Acción Democrática entre Betancourt y Pérez se prolongó después del gobierno durante dos años más hasta que la muerte le salió al paso al fundador del partido, Rómulo Betancourt, en 1981. Vamos entonces a ver la presidencia de Luis Herrera Campins, una presidencia que va de 1979 a 1984 y que comienza el 12 de marzo de 1979 cuando Luis Herrera forma un gabinete ejecutivo en el que la mayoría de los integrantes provienen del Centro Occidental del país. Algo que no había ocurrido antes, ya siendo Herrera uno de los fundadores de COPEI desde comienzos de su vida pública logró aglutinar en torno suyo un conjunto de compañeros de visión política, en su mayoría provenientes de su estado natal Portuguesa y de los estados vecinos, Lara y Barinas.
Este dato es significativo porque desde los tiempos de la hegemonía tachirense entre 1899-1945 en ningún gobierno se había notado un sesgo regional como este de Herrera Campins que se inauguraba. Esto fue una sorpresa, además se trataba del primer dirigente de COPEI que alcanzaba el poder sin pertenecer a la corriente de allegados al líder fundador, Rafael Caldera. Y en la matriz de opinión del venezolano Herrera se ubicó a la izquierda y entroncaba con tradiciones venezolanas más ligadas con el campo y el interior del país que con la capital y sus prácticas propiamente palaciegas. En el discurso de asunción a la presidencia de la República, Herrera manifestó que recibió un país hipotecado, aludiendo a la deuda pública contraída por el gobierno de Pérez.
En la próxima parte del programa veremos los hechos de su gobierno. Estás en sintonía de Unión Radio Cultural. Recuerda, todos los programas están colgados en la aplicación Anchor.fm. Este programa Venezolanos lo puedes volver a escuchar los sábados a las 10 de la noche y los domingos a las diez de la mañana, somos Unión Radio Cultural.
Acompaña en Unión Radio Cultural a Carlos Eduardo Vargas en Ideas Inquietas. Radio Ideas Inquietas es un universo de cultura, de sostenibilidad, innovación. Pero es un universo de inquietos y precisamente pues van a haber varias secciones en donde vamos a estar trayendo personas para conversar sobre diferentes temas en diferentes formatos. Decíamos en la parte anterior del programa que cuando asume la presidencia de la República Luis Herrera Campins dice que recibe un país hipotecado y entonces los venezolanos creyeron que comenzaba un gobierno austero de prácticas más domésticas y menos internacionales, guiado por la doctrina de la democracia cristiana.
Pero los hechos al final de su mandato señalaron resultado diferente, como veremos luego. Ese año de 1979 tuvieron lugar las elecciones municipales, con la particularidad de que fueron las primeras en muchísimo tiempo que se realizaban separadas de las presidenciales y aunque la abstención fue alta, el resultado favoreció enormemente al partido de gobierno. COPEI alcanzó 49,04% de votos mientras AD bajó al 30,17% y los otros partidos de izquierda, el MAS, el MIR, el MEP y el PCB, juntos alcanzaron una cifra del 15,26% en votos. Y esto es interesante porque fue la votación más alta de la historia de estos partidos.
Claro que cuando separas las elecciones eso favorece a los liderazgos regionales y a la política municipal, sin embargo la abstención en estas primeras elecciones separadas municipales llegó al 27%. Quizás a los ojos de hoy no nos parezca tanto, pero en aquel momento fue algo importante. Y las diferencias de estilo entre Herrera y Pérez significaron una suerte de cambio del ritmo para el país, pero en relación con las políticas públicas de fondo continuó el esquema del Estado empresario y el avance del Estado como actor y factor principal de la economía. El énfasis del gobierno estaba colocado en aspectos educativos y culturales y en seguir avanzando como fuerza política que perseguía desplazar a su adversario principal, Acción Democrática.
Quizás inspirados por este proyecto fue hecha la denuncia por parte de Leopoldo Díaz Bruzual, alto funcionario del gobierno, sobre el buque Sierra Nevada. La denuncia implicaba a un ex ministro de Fomento de Pérez, al ex presidente de la Corporación Venezolana de Fomento y la acusación versaba sobre un sobreprecio en la compra del buque; por esta vía se pretendía imputar a Pérez. Y el debate público terminó decidiéndose en el Congreso Nacional en una votación histórica del 8 de mayo de 1980. Las cámaras determinaron que sobre Pérez pesaba responsabilidad política, más no administrativa y moral.
Antes la Comisión de Ética de AD había sancionado a Pérez y a los dos funcionarios administrativamente, con lo que su partido había llegado más lejos que el propio Parlamento. El caso fue muy importante porque lo que se jugaba de fondo era el futuro político de Pérez y la posibilidad real en que la corrupción administrativa se sancionara, tema que finalmente había tomado la agenda pública de manera abrumadora. Algunos diputados independientes electos en planchas de COPEI, AD, y el voto de José Vicente Rangel y algunos votos del MIR sumaron más que los votos de COPEI y El MAS. Pérez se había salvado de una condena administrativa por parte del Congreso Nacional con esta correlación de votos que acabó de referir.
Entonces se dijo que muchos de los votos a favor de Pérez se habían producido porque no querían respaldar el empeño de Betancourt y Caldera por sacar a Pérez del juego político. Eso se dijo entonces, es innecesario abundar en que Rómulo Betancourt se había distanciado totalmente de Pérez por el asunto de la corrupción administrativa durante su primer gobierno. Y, por más que el gobierno de Herrera Campins se propuso desacelerar la economía y bajar el ritmo de endeudamiento, la guerra del Medio Oriente entre Irán e Irak disparó otra vez los precios del petróleo a niveles todavía mayores que los que había recibido el gobierno anterior.
Si el precio promedio del barril venezolano en 1978 fue de 12,04 dólares por barril, en 1980, apenas dos años después, el precio promedió 26,44 dólares por barril. De tal modo que el ritmo de inversiones por parte del Estado y la asunción de deuda pública no se detuvo, hasta que México en 1982 se declaró en mora para cumplir con sus pagos. Y esto encendió la alerta roja en el mundo financiero, ya que temían que otros países comenzaran a manifestar lo mismo. La deuda en Latinoamérica más grande era la de México, luego estaba la de Brasil y luego la de Argentina y la de Venezuela, en el cuarto lugar.
Curiosamente no son pocos los economistas que afirman que el origen de esta deuda estaba en los enormes recursos que los países árabes petroleros colocaron en la banca internacional y esta tuvo que salir a buscar a quién prestárselo y halló deudores en estos países que les acabo de mencionar. Y en el caso de Venezuela es irónico, por supuesto. Porque el país además fue beneficiario de los precios petroleros y encima del endeudamiento. Lo que es una ironía. Y a la crisis súbita de la deuda externa se sumó la caída leve de los precios del petróleo que comenzó a manifestarse en 1982.
Esto, más el pronunciamiento de México, condujo a aquellos venezolanos que tenían cómo hacerlo a comenzar a comprar divisas, alcanzándose un monto de compra contra las reservas internacionales y el Estado ya no pudo soportar. Y se hizo necesario cerrar la venta de divisas el viernes 18 de febrero de 1983 y proceder a fijar un control del cambio diferencial, y a devaluar la moneda. Entonces se creó Recadi, oficina del régimen de cambios diferenciales, que estableció un cambio a 4,30 por dólar y otro a 7,50, que luego fue moviéndose. Además, se le encomendó a una comisión ad hoc el trabajo de establecer el monto de la deuda externa venezolana, tanto la pública como la privada.
Es evidente que el modelo económico venezolano, fundado inicialmente en la industrialización por sustitución de importaciones conocida como la ISI, luego con el añadido del Estado empresario iniciando por Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, y siempre sobre las barreras arancelarias y los subsidios a los productos nacionales, habían entrado en crisis. La deuda y el comienzo de la caída de los precios del petróleo dejaban desnudo al modelo venezolano. Comenzaba otra etapa para el país.
En materia internacional el gobierno Herrera diseñó una política para Centroamérica que buscaba el cese al fuego y la reinstauración de la democracia. Y no fueron pocos los esfuerzos en este sentido. Por otra parte, el gobierno organizó con generosidad las exequias de Rómulo Betancourt, fallecido en Nueva York el 28 de septiembre de 1981. Se organizó con esmero el Bicentenario del Natalicio del Libertador en 1983 y se inauguró el Teatro Teresa Carreño.
El complejo cultural Teresa Carreño. También se inauguró la primera línea de Metro de Caracas, que entró en funcionamiento en enero de 1983 después de que el gobierno de Herrera aceleró su construcción en 1979. Bien, en nuestro próximo capítulo veremos el final del gobierno de Luis Herrera Campins y entraremos en el comienzo del gobierno de Jaime Lusinchi. Hasta aquí nuestro programa de hoy, el séptimo capítulo de esta serie que estamos haciendo sobre el siglo XX venezolano. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com y en Twitter @RafaelArraiz. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y, en el control técnico, Giancarlo Caravaggio. Hasta nuestro próximo encuentro.