Historia de Caracas
18 de noviembre de 2024

Historia de Caracas. Cap 7. Siglo XIX.

Historia de Caracas. Cap 7. Siglo XIX.

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Venezolanos: ya está disponible el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Bienvenidos todos a Venezolanos, en esta serie que venimos adelantando sobre la historia de Caracas. Hoy nos vamos a dedicar, al comienzo, a revisar las ordenanzas de Miguel José Sanz. Estamos en el año 1802.

Estas ordenanzas se titulaban Ordenanzas para el Gobierno y Policía de la muy ilustre ciudad de Santiago de León de Caracas, cabeza de la Provincia de Venezuela. Pero ha querido el infortunio que los diez tomos de las Ordenanzas de Sanz se perdieran, y lo único que se conoce de ellas son los párrafos que cita François de Pons, el viajero francés, en su libro cuando aborda el tema de la educación. Allí lo que puede hacerse es cotejar en las actas del cabildo caraqueño lo que él cita, y al leer lo que queda salvado de estas ordenanzas comprende uno por qué se perdieron los tomos.

El retrato de la realidad es muy adverso para la administración imperial española. De allí que Guevara y el cabildo no admitieran las ordenanzas y Sanz perdiera su trabajo por partida doble, ya que no aceptaron y, encima, se extravió lo escrito. Por el ilustre doctor caraqueño, las ordenanzas se titulaban, como dije antes, Ordenanzas para el Gobierno y Policía de la muy ilustre ciudad de Santiago de León de Caracas, cabeza de la Provincia de Venezuela. Vamos a referirles algunos párrafos citados por de Pons de lo que se salvó de estas ordenanzas.

Dice Miguel José Sanz: en Caracas el sistema de instrucción es generalmente malo. Aún no ha logrado el niño pronunciar bien las letras, garabatear y leer sin comprender, cuando ponen en sus manos la gramática de Nebrija. Sin tomar en consideración que si no sabe hablar bien su propia lengua, leer, escribir y calcular, es ridículo que aprenda latín y se dedique a las ciencias que enseña la universidad, pues en la sociedad se hallará expuesto a muchos desagrados y errores, a pesar de que hermosos cordones y gruesas borlas le pregonen doctor.

Como vemos, una crítica severa al sistema educativo colonial. Estas observaciones no cesan y sigue diciendo Sanz, citado por de Pons: vemos conventos y cofradías que poseen inmensas dotaciones, vemos imágenes riquísimas, sacerdotes con prevendas de 10, 20, 30, 40 mil pesos de capital. ¿Quién puede contemplar a sangre fría el que en esta provincia ninguna propiedad esté libre de censos eclesiásticos y religiosos, mientras no hay con qué pagar maestros que públicamente enseñen a los niños la religión que profesan y sus deberes de hombre y de vasallo?

Bueno, entendemos ahora por qué se perdieron los diez tomos. Es sumamente crítico, era imposible que el gobernador y el cabildo toleraran semejantes observaciones críticas. Lo poco que se salvó habla maravillas del doctor Sanz, un personaje de nuestra historia al que hay que revisar con otros ojos. Y en cuanto a disposiciones propiamente urbanas, sabemos por las actas del cabildo que Sanz objeta que no se le pongan límites al crecimiento de la ciudad y que esta debe quedar circunscrita entre los ríos Catuche y Caroata.

También se detienen asuntos menores como la morfología de las ventanas. Lo que quedó nos lleva a echar de menos estas ordenanzas, que como vemos hablaban sobre lo divino y lo humano. Veamos ahora la visión de Dauxion Lavaysse, un viajero francés que pasa por Caracas entre 1806 y 1807 y ese viaje lo recoge en el libro que se titula Viaje a las islas de Trinidad, Tobago, Margarita y a las diversas partes de Venezuela en la América Meridional. Fue publicado en París en 1813 y en español se publica por primera vez en 1967 en la Universidad Central de Venezuela, traducido por la profesora Angelina Lemos y la profesora Hilda de Rodríguez.

Dice sobre Caracas lo siguiente Dauxion Lavaysse: hay en general lujo y mucho dorado en el mobiliario de las casas de los ricos y en todas las casas más limpieza y comodidad que en España. Esta ciudad no posee ningún edificio público notable por su belleza y magnitud, a excepción de la Iglesia de Altagracia, construida a costas de la gente de color de Caracas y sus alrededores.

De nuevo una visión crítica. Y luego dice lo siguiente: la población de Caracas era 47 mil 228 personas de todas las razas. En 1807 se elevó en 1810 a 50 mil almas. Bueno, y estas cifras no difieren de las cifras de Humboldt. Sí difieren de las cifras de José Domingo Díaz, quien afirma en su libro de 1829 titulado Recuerdos sobre la rebelión de Caracas lo siguiente: "Yo fui encargado en 1805 por aquel gobierno e intendencia de formar la estadística de la provincia y a mi disposición estuvieron para ello todos los archivos de un siglo. En 1778, la población de la capital consistía en 18 mil habitantes y en 1805 en 35.000. En este período la agricultura, el comercio y las rentas se habían triplicado".

Bueno, son unas cifras diferentes porque 35 mil personas es muy distinto a 50 mil. Bueno, ya ahora van a ocurrir los sucesos de Bayona en 1808 y eso va a tener una repercusión muy particular en Caracas. No voy a referirles todos los sucesos de Bayona, pero sí vamos a referir, aunque sea brevemente, lo que ocurre el 19 de abril de 1810 fundamentado en los sucesos de Bayona de 1808. ¿Qué son los sucesos de Bayona? Que Napoleón Bonaparte pone la corona de España sobre la cabeza de su hermano José Bonaparte en Bayona y deja en cautiverio a Carlos el rey y a su hijo Fernando VII.

Los dos quedan en cautiverio en Valençay y pasa a ser España reino de Francia. Cuando esas noticias llegan a las provincias americanas comienza el proceso de independencia, pero la espita, la clave y el motivo o la causa fueron los sucesos de Bayona. El 19 de abril de 1810 en Caracas el cabildo caraqueño rechaza al rey francés y se declara la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII y se forma un gobierno. Es la primera vez que los venezolanos forman un gobierno propio para actuar en nombre de Fernando VII, que está preso.

Estos sucesos no vienen al caso en la historia que estamos haciendo de la ciudad de Caracas, pero sí es necesario referirlos aunque sea muy, muy someramente. Veamos ahora a Robert Semple, que también pasa por aquí en un libro que publica después en Londres en 1812, y él pasa por Caracas en 1810. ¿Qué dice Semple allí sobre la ciudad que nos pueda interesar? Afirma Semple: "La población de Caracas pasa de 40 mil habitantes, una tercera parte de los cuales es de blancos. Entre los restantes hay muy pocos indios, pero las mezclas de sangre india; de general casi todos los oficios son realizados por libres de color, quienes son generalmente ingeniosos, pero indolentes e indiferentes en alto grado. Ellos prometen sin la menor intención de cumplir y se quedan perfectamente inconmovibles cuando se les reprocha su falsedad".

Algo similar apuntaron los viajeros franceses de 1783, la misión secreta referida por Carlos Duarte. Y más adelante señala Robert Semple: "El libre pensamiento está propagándose, sin embargo, con mucha rapidez entre la gente joven y puede suceder que más tarde produzca muy importantes efectos". Bueno, tenía razón, pues así fue. Luego le atribuye Semple la rapidez y viveza del caraqueño a las bondades del valle, al clima, y confirma lo que es un apunte generalizado en la literatura de los viajeros: me refiero a la belleza de la mujer caraqueña.

Es increíble, todos lo señalan. Igualmente refiere a la inclinación por la música que se manifiesta en la ciudad. Todos lo dicen también y así, al final del libro, nos regala Semple unas observaciones valiosas sobre la Sociedad Patriótica que ya está reuniendo, pero esto se los vamos a referir en la próxima parte del programa. Este es, pues, el retrato mínimo que hace Robert Semple sobre la Sociedad Patriótica que han formado Miranda y Bolívar y sus compañeros en Caracas.

Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre el espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. Les decía en la parte anterior del programa que Robert Semple afirmaba esto sobre la Sociedad Patriótica: "Un número considerable de franceses forma parte de esta sociedad, en la cual desempeña un papel importante". En efecto, esta sociedad tiene marcadísimas tendencias de origen francés y una estrecha afinidad con el memorable club de los jacobinos, tanto por la violencia y extravagancia de los discursos que frecuentemente se pronuncian en sus sesiones, como por su influencia sobre los acuerdos que adopta el gobierno. Seis meses más o menos después de su llegada, el general Miranda fue electo presidente de esta sociedad e inmediatamente introdujo cuatro mulatos en calidad de miembros para gran contentamiento a los amantes de la igualdad efectiva.

Aquí hay un error de Semple porque, realmente, Miranda es el que crea la Sociedad Patriótica y no Miranda se incorpora después de creada. Bueno, pero es una imprecisión menor. A lo que nos interesa es lo que dice sobre la composición de la sociedad. Bueno, es un comerciante bastante desprevenido como comerciante, pero es culto, conoce la historia, tiene claro el papel de Gran Bretaña en el mundo; las observaciones de Robert Semple sobre la vida política venezolana, entonces, son precisas, significativas.

Advierte el peligro del fanatismo antieuropeo de los patriotas americanos y da ejemplos de ello, así como llama a su país a tener un papel más activo en América del Sur, más allá del comercio. Y este mismo año de la visita de Semple, en 1810, es el plano de Caracas que traza, que dibuja Enrique Mendoza Solar, y ahí se advierte claramente en el plano el límite sur de la ciudad desde el río Guaire. Estamos en 1810.

El límite este es el río Anauco, donde justo antes de llegar hay un peaje en el camino hacia Sabana Grande. El límite oeste son las quebradas de Leandro y Caruata, aunque esta última ya comienza a dejar de serlo en dos caminos crecientes: el Decatia y La Vega. El límite norte será el cerro del Ávila, y la quebrada de Catuche y, bordeándola, estará el camino hacia La Guaira. De muchas manzanas, Mendoza Solar precisa casas y edificios, ya sean públicos o privados.

Están las casas de los tres condes que habitan en Caracas: me refiero al conde del Tobar, al conde de San Javier y el conde de la Granja. Y están las casas de los cuatro marqueses que habitan en Caracas: el marqués de Mijares, el marqués del Toro, el marqués del Valle de Santiago y el marqués de Casaleón. Además, Mendoza Solar ubica siete puentes: Carlos III, La Trinidad, Punceres, La Romualda, Anauco, Monroy y San Pablo. Precisa plazas y plazuelas, también los cementerios, que hay varios, los cuarteles.

Señala las casas donde vivieron Diego de Losada, Simón Bolívar, Andrés Bello, Humboldt y también la residencia de las autoridades españolas. También precisa los conventos, las iglesias y hospitales. Bueno, es en esta ciudad donde van a ocurrir los hechos del 19 de abril de 1810, ya referidos muy resumidamente, y los del 5 de julio de 1811, también muy resumidamente. Ese día Venezuela funda una república, un Estado moderno, la República de Venezuela en el Congreso Constituyente.

El acta de la independencia la redacta Juan Germán Roscio. Juan Germán Roscio, también junto con Ustáriz y Eznardi, va a redactar la Constitución de 1811. Y a los integrantes del Congreso les cabe el honor de haber sido los fundadores de la República de Venezuela, entre ellos Miranda. Bolívar no era diputado en ese congreso, de modo que esto va a ocurrir el 5 de julio de 1811.

Veamos ahora un repaso del siglo XVIII, de 1701 a 1810. Hagamos un repaso para que no se nos escape el panorama de lo que venimos relatando. Fíjense: el censo de 1696 arrojaba la cifra de 6.000 habitantes, el de 1796, es decir, 100 años después, alcanza la cifra de 35 mil personas, y el de Humboldt en 1812 alcanzó a 40 mil personas en la ciudad de Caracas. De modo que no cabe la menor duda del crecimiento poblacional durante el siglo XVIII, no así en el siglo XVI, que fue muy pequeño, y también fue muy pequeño en el siglo XVII.

Tampoco cabe duda de que las reformas borbónicas incidieron notablemente en la institucionalización de las provincias americanas, y así fue como se procedió en 1777 a darle unidad político-administrativa a estas provincias alrededor de la Capitanía General de Venezuela, institución que junto al consulado, a la Real Audiencia y a la Intendencia le dio un estatuto a la región de mayor consideración que el que tenía antes. La vocación agrícola de estas provincias fue acentuándose durante este siglo que venimos recapitulando. Allí vamos a ver cómo el ganado y los cueros van a dejar de tener gran importancia, pero comienzan a tener notable importancia la producción agrícola.

La minería significó muy poco. Michael McKinley, en su formidable estudio Caracas antes de la independencia, publicado por Monte Ávila Editores en 1992, dice lo siguiente refiriéndose a la Compañía Guipuzcoana. Y Caracas, dice McKinley, en el proceso del ejercicio de su poder, la compañía redefinió la relación de Caracas con el imperio. Ya en 1750 España había sobrepasado a México como mercado de exportación para Venezuela y, por el período que estudiamos, el cacao ocupaba el primer lugar como valor de las importaciones no mineras de España en sus colonias.

Caracas mantenía una posición virtual monopolio como proveedor de cacao. El surgimiento económico en la colonia coincidió muy bien con su nueva importancia política marcada por la creación de la Intendencia y Capitanía General de Venezuela en 1777. De modo que Caracas estaba lista para entrar en su edad dorada de expansión económica y madurez política dentro de los límites del imperio. Esto dice Michael McKinley en este libro publicado, corrijo, en 1993, no 1992.

Bueno, de modo que la Capitanía General de Venezuela era la principal exportadora de frutos agrícolas a España, solo superada en términos netos por los virreinatos de Nueva España y Perú, que no exportaban de manera fundamental productos agrícolas sino minerales. De modo que estaba muy lejos Venezuela de ser una capitanía general pobre; todo lo contrario, por todos los contrarios era la tercera provincia más rica de América y no exportaba minerales, o sea que era una riqueza agrícola mucho más extendida. Bueno, en este siglo también que venimos relacionando vimos cómo el seminario de Santa Rosa pasó a ser la Real y Pontificia Universidad de Caracas en 1725.

Vimos cómo la educación sube un escalón en su ascenso con la creación de un recinto universitario. De modo que esta urbe entre 1701 y 1810 tiene un crecimiento interesante y, bueno, además conserva por supuesto el trazado original de Diego de Nares, hecho por instrucciones de Diego de Losada, y las líneas fundacionales elementales allí estaban. Bien, en la próxima parte del programa vamos a entrar en una nueva etapa y es lo que podemos llamar la urbe republicana. Este período, bueno, se sostiene hasta nuestros días, comienza en 1811 y hasta el año 2024 continuamos siendo una república con todas las vicisitudes que hemos tenido.

Esa ciudad que en 1811 tenía 40 mil habitantes, hoy día, sin incluir los Altos Mirandinos, los Valles del Tuy y Guarenas-Guatire, Caracas está cerca de tres millones de habitantes. Si los incluimos, la cifra es bastante mayor. Bueno, entonces este siglo XIX que vamos a empezar a visitar lo referiremos en la próxima parte del programa. Bien, el siglo XIX este que vamos a empezar a revisar es el de una lenta consolidación de la ciudad, porque fue afectada muy severamente por el terremoto de 1812.

De modo que la ciudad que amanece en el siglo XX, estamos hablando del año 1901, tiene alrededor de 72.429 habitantes. De modo que no ha sido demasiado el crecimiento de los 50 mil habitantes que anotó Humboldt en 1810-1812 a 72.000, según el censo oficial de 1891. No es un crecimiento demasiado grande como sí lo fue, proporcionalmente, durante el siglo XVIII. Bueno, en esa época, en ese mismo censo de 1891, la República de Venezuela tiene 2 millones 50 mil 906 habitantes.

Bueno, vamos entonces a ver el siglo XIX. Lo primero es el terremoto de 1812. Hay que aclarar que ese día tuvieron lugar tres sismos casi simultáneos en el eje Caracas-La Guaira, otro en el eje Barquisimeto-San Felipe y otro en Mérida, siendo este fenómeno el más devastador que se ha presentado en la historia sísmica nacional, de acuerdo con todas las fuentes autorizadas. También esas fuentes dicen que la ciudad quedó destruida en gran medida, como nunca antes ni después. El número de fallecidos es muy variado; por ejemplo, el investigador Rogelio Altez, que se ha dedicado mucho a este tema con mucha seriedad, apunta.

Probablemente esta sea la cifra más cercana a la realidad de aquella tarde tan lejana y pueda concluirse que el número de muertos por el terremoto rondaba los dos mil. Bueno, estas cifras son muy diferentes a la ofrecida por Centeno Grau, que había dicho que eran 14 mil, o a la cifra que aporta Robert Kerr Porter, el encargado de negocios de Gran Bretaña en Venezuela. Kerr Porter reseñalaba 16.000, pero es una cifra muy cercana a la de Juan Germán Roscio, que hablaba de 1.000, o a la de Robert Semple, que hablaba de 3.000, y la argumentación de Altez es convincente.

El número de fallecidos, lo que trae como consecuencia que la destrucción física no haya sido masiva aquel Jueves Santo, que no haya 14 mil o 16 mil fallecidos, no quiere decir que la destrucción física de la ciudad fue muy importante. La lista de edificaciones públicas y religiosas caídas, arruinadas o dañadas es larguísima. En un cuadro elaborado con base en los estudios de Altez y otras fuentes a las que el autor recurre, como Ibarra o las actas del cabildo, se puede valorar la magnitud del daño.

Y el consejero Manuel María Lisboa, cuarenta años después del terremoto, en su visita a Caracas afirma: quien llega por primera vez a Caracas no puede dejar de contemplar con un sentimiento de melancolía los testimonios que aún están allí, a pesar de haber transcurrido más de 40 años del fatal terremoto de 1812. Bueno, y José Domingo Díaz deja un testimonio escrito. Dice Díaz: eran las cuatro, el cielo de Caracas estaba extremadamente claro y brillante. Una calma inmensa aumentaba la fuerza en un calor insoportable, caían gotas de agua sin verse la menor nube que las arrojase.

Y yo salí de mi casa para Santa Iglesia Catedral; como cien pasos antes de llegar a la plaza San Jacinto, con el convento del orden de predicadores, comenzó la tierra a moverse con un ruido espantoso. Corría hacia aquella; algunos balcones de la casa de correos cayeron a mis pies. Al entrar en ella me situé fuera del alcance de las ruinas de los edificios y allí vi caer sobre sus fundamentos la mayor parte de aquel templo. Y allí también, entre el polvo y la muerte, vi la destrucción de una ciudad que era el encanto de los naturales y de los extranjeros.

Sigue diciendo José Domingo Díaz: a aquel ruido inexplicable sucedió el silencio de los sepulcros. En aquel momento me hallaba solo en medio de la plaza y las ruinas, oí los alaridos de los que morían dentro del templo, subí por ellas y entré en su recinto. Todo fue obra de un instante. Allí vi como 40 personas o hechas pedazos o prontas a expirar por los escombros.

Volvía a subirlas y jamás se me olvidará ese momento. En lo más elevado encontré a don Simón Bolívar, que en mangas de camisa trepaba por ellas para hacer el mismo examen. En su semblante estaba pintado el sumo terror o la suma desesperación; me vio y me dirigió estas impías y extravagantes palabras: "Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca". La plaza estaba llena de personas que lanzaban los más penetrantes alaridos; volví a mi casa, tomé a mi familia y la conduje a aquel sitio.

Fin de cita, de José Domingo Díaz, unos párrafos verdaderamente dramáticos e electrizantes, bien escritos. Bueno, no hace ninguna falta recordar que las simpatías de Díaz por Bolívar eran inexistentes. De modo que estas palabras que se hicieron célebres pareciera que se las dijo Bolívar tal cual; de acuerdo con quien las recoge es José Domingo Díaz. Bien, y sabemos: en julio de 1812, luego la capitulación de Miranda y su posterior entrega en manos de Monteverde por parte de sus coroneles, pues la Primera República se había perdido.

Pero el 6 de agosto de 1813 entra Simón Bolívar a Caracas, proveniente de Nueva Granada, con la famosa Campaña Admirable. Y entonces dice lo siguiente: "Bolívar, desde la ilustre capital de Venezuela tengo el honor de participar a vuestras excelencias el restablecimiento de esta república que los heroicos sucesos de las armas de la Nueva Granada han sacado de la nada". Bueno, esta proclama de Bolívar, pues no vamos a referir todos los hechos de la guerra porque no es el objeto de esta historia de Caracas que estamos haciendo, pero sí tenemos que señalar uno de los momentos más trágicos en la historia de la ciudad, que es la Emigración a Oriente, que ocurre el 6 de julio de 1814.

Bueno, aquí lo que está ocurriendo es que Boves viene avanzando desde Calabozo hacia Villa de Cura, San Juan de los Morros, Campo Elías y va a entrar a Caracas. Y ya ha entrado en Valencia; la población, con Santiago Mariño y Simón Bolívar a la cabeza, deciden abandonar la ciudad para no seguir la suerte que siguieron los valencianos; muchos de ellos murieron por las arremetidas de José Tomás Boves. Juan Uslar Pietri, en su estudio Historia de la Rebelión Popular de 1814, nos refiere lo siguiente.

"Cuando aquella harapienta masa desemboca en la costa, lejos de sentir el bienestar de la orilla del mar y de la arena caliente que iban pisando, vieron sus males recrudecidos. Varios barcos españoles les tiraban andanadas de cañonazos para diezmarles y detenerles en su huida. Muchos de los habitantes más distinguidos de Caracas quedaron tendidos para siempre en aquellas solitarias costas bajo los bosques de palmas y cocoteros".

Bueno, la emigración a Oriente es una verdadera tragedia. Las cifras también varían mucho: algunos afirman que murieron entre 5 mil y 10.000 personas, otros afirman que salieron de Caracas 20.000 personas en esta época, pues estamos hablando casi la mitad de la ciudad. De modo que fue una verdadera tragedia; si me apuran, diría que es la tragedia más grande que ha padecido la ciudad desde que fue fundada por Diego de Losada en 1567.

En la próxima y última parte del programa. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. La expedición de Pablo Morillo sale de Cádiz el 17 de febrero de 1815. Consta de la nave capitana, que se llamaba San Pedro Alcántara, un navío grande de 64 cañones. También la integraban dos fragatas, una corbeta, una goleta, una barca, 12 obuseras y 52 buques de transporte que llevan a 12 mil 254 soldados.

Bueno, así fue como España recuperó estos territorios con la llegada de Pablo Morillo. El primer sitio al que llega es en Carúpano; de allí se mueve a La Guaira, de allí Morillo sube a Caracas. Toma posesión de la ciudad e inicia su reconquista de otras regiones de América porque pasó unos ocho o nueve meses gobernando en Bogotá. Estamos en 1815. La ciudad en estos años es muy poco agraciada; estamos en medio de una guerra.

Esa guerra se va a prolongar hasta 1823, cuando ocurra la batalla del lago de Maracaibo y cuando ocurre el sitio de Puerto Cabello y Sebastián de la Calzada se rinda ante el general José Antonio Páez. De modo que en medio de la guerra es poco lo que va a ocurrir de manera favorable para la ciudad de Caracas. De hecho, William Duane y Richard Bache pasan por Caracas en 1822; el libro de Duane se titula Visita a Colombia en los años 1822-1823, y el de Richard Bache, La República de Colombia en los años 1822-1823.

Claro, esto era de Colombia; recordemos que fuimos la República de Colombia entre 1819 y 1830. Ahora, ¿qué dicen ellos que pueden resultarnos interesantes sobre la ciudad de Caracas? Bueno, pues algunas cosas pueden resultar interesantes. Por ejemplo: era ya una hora bastante avanzada cuando me retiré del baile, y debo decir que en ninguna otra fiesta a la que haya asistido vi tanta profusión de obsequios, champaña, borgoña y moscatel en abundancia, ni tampoco aquel ambiente de espontánea felicidad y regocijo como el que allí prevalecía.

Bueno, también Duane relata un paseo a la hacienda Blandín en Chacao y da cuenta de la pulcritud, el manejo de los cultivos de café y la calidad del obsequio y belleza de la casa de hacienda. Recordemos que todas estas observaciones de estos viajeros son fundamentalmente de las casas de la élite, las que ellos visitan. Muy pocos refieren escenas más vinculadas con la pobreza o ciudad, también la vida y en grado importante, sin la menor duda. Pero muy pocos dejaron constancia de eso.

Bueno, hay otras memorias que son muy interesantes, pero cuando digo muy es muy, que son las memorias de Jean-Baptiste Boussingault. Bueno, este es un científico contratado por Francisco Juan Antonio Zea para trasladarse a estas tierras en tareas científicas y militares; era agrónomo y químico. Y estuvo muchos años aquí, estuvo entre 1822 y 1833 y se publicaron sus memorias en cinco tomos muchos años después, en 1892-1903, en París; ya el autor había fallecido.

De esas memorias Enrique Planchart, escritor venezolano, tradujo 166 páginas referidas a Venezuela y cuando iban a ser publicadas en 1949 por parte del Ministerio de Educación de nuestro país, cuyo titular era Augusto Mijares, este optó por mandarlas incinerar, porque consideraba que lo dicho por el francés lesionaba la memoria de Bolívar y de Manuela Sáenz. Felizmente, en 1974, varios años después, ese gran editor que fue José Agustín Catalá publicó las memorias de Boussingault referidas a Venezuela en ediciones Centauro. Allí, por ejemplo, se lee lo siguiente.

"Todas las mujeres de Caracas fuman y debo añadir con mucha soltura. En sociedad os ofrecen un tabaco y ellas mismas nos dan fuego como muestra de atención; en caso contrario, una negra lo trae en un bracero de plata. La sociedad blanca, la aristocracia y los criollos de Venezuela recuerdan a la sociedad española. Caracas está muy próxima a la costa, sus relaciones con las antillas francesas e inglesas son continuas; donde quiera se encuentra en las costumbres cierto barniz cosmopolita que no se observa en las ciudades del interior. La abundancia de negros en Venezuela sin duda ha modificado algo la sangre azul de Castilla".

"En cuanto al trato social en Venezuela, las relaciones son perfectamente agradables y aquí volvemos con lo de siempre. Las mujeres de Caracas, como todas las de buena sociedad en América española, son seductoras, si bien carecen por lo general de instrucción. Saben leer, escribir, pero no leen nunca, ni siquiera obras de piedad; su religión es de fe ciega. Los hombres, en cuanto he podido observar, son de dos categorías: unos poseen instrucción literaria adquirida frecuentemente en el extranjero, otros viven en sus tierras en medio de esclavos entregados al cuidado de sus posesiones y suelen ser hábiles, poco interesantes, pero acogedores. Todos, tanto los instruidos como los ignorantes, adolecían entonces de pasión por el juego".

Bueno, esto es muy interesante porque realmente casi se puede hablar de una ludopatía en Venezuela en estos años. La pasión por el juego era muy, muy acentuada. Y tenemos además el censo de 1825: 29 mil 846 habitantes. ¿Quién coordinó este censo? Tomás José Sanabria, que es un nombre que se repite mucho en la historia de Venezuela, es un antepasado del gran arquitecto Tomás Sanabria o del estupendo cardiólogo Tomás Sanabria.

Entonces fíjense: 29 mil 846 habitantes es bastante menos en 1825 que los 50 mil que señalaba Humboldt, porque se ha reducido la población: la emigración a Oriente, 20.000 personas, el terremoto, etcétera. Bueno, y en esta época también se publica el Anuario de la Provincia de Caracas; esto lo publica la Sociedad Económica de Amigos del País y alude a los siguientes datos, dice: las parroquias caraqueñas y el número de habitantes. Dice: en la parroquia Catedral hay 7.378, en San Pablo hay 8.935, y así va dando la lista del número de habitantes por parroquia.

También señala las parroquias vecinas que no son propiamente la ciudad de Caracas. Dice: en El Valle, 2.078 personas; en Chacao, 2.063; en La Vega, 1.303; en Antímano, 1.581; en Macarao, 2.030; San Pedro, 1.650; Los Teques, 2.678; San Antonio, 1.152; en San Diego, 1.497; en Paracotos, 4.994. De modo que este es un trabajo muy importante de la Sociedad Económica de Amigos del País, porque para el desarrollo son fundamentales las estadísticas; sin cifras, ¿cómo se puede planificar el desarrollo?

Es imposible. Por cierto, la Sociedad Económica de Amigos del País la fundó ese gran venezolano que fue el doctor José María Vargas, con el respaldo absoluto del presidente de la República entonces, que era José Antonio Páez. Se funda en 1829. Páez en ese instante no era el presidente de la República, pero era el hombre fuerte de Venezuela, porque había sido designado jefe civil y militar por Simón Bolívar cuando vino por última vez a Caracas en 1827.

Bien, entonces, en nuestro próximo programa nos vamos a detener con placer en el diario de Robert Kerr Porter. Ese diario fue escrito entre 1825 y 1842, y Kerr Porter tiene observaciones sobre Caracas geniales e inteligentes. Vamos a dedicarle buena parte del programa a revisar lo que Kerr Porter dice sobre nuestra ciudad de Caracas. Hasta aquí el programa de hoy, como siempre un placer muy grande hablar para ustedes y sobre todo en esta historia de Caracas que venimos haciendo desde hace ya varias semanas. Hasta nuestro próximo encuentro.

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