Historia de Caracas
24 de octubre de 2024

Historia de Caracas. Cap 2. Siglo XVI y XVII

Historia de Caracas. Cap 2. Siglo XVI y XVII

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Nuestro programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo. Escuela UR, y @RafaelArraiz en X y @RafaelArraiz en Instagram. Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Bienvenidos todos a Venezolanos en esta serie que venimos haciendo sobre la historia de Caracas.

En el primer capítulo nos dedicamos a los intentos iniciales de fundación de la ciudad, hasta que finalmente la funda Diego de Lozada en 1567. Presumiblemente porque el acta de fundación de la ciudad no aparece, de modo que no hay una prueba documental acerca de ese año. Pero todo indica que ocurrió ese año.

En este capítulo vamos a ver cómo fueron estos primeros años en la ciudad y, al final del capítulo anterior, estuvimos hablando de García González de Silva. Lo señalábamos como un arquetipo del criollo que se va desarrollando en Hispanoamérica, de los primeros criollos, porque él no era nacido en América sino en España, pero hizo toda su vida de adulto en Venezuela, en Caracas. También, así como Diego de Lozada fue un prototipo del futuro criollo, él hizo lo mismo, pero en El Tocuyo y Barquisimeto, donde fue alcalde. Tenemos también el caso de las hermanas Rojas Queipo, a ellas las señalamos también.

Es un caso muy curioso porque ellas habían nacido en Cubagua y algunas en Margarita, y se casan con cuatro conquistadores principales y se mudan a Caracas. Ana casó con Alonso Díaz Moreno, el fundador de Valencia; Francisca con Francisco Infante, el primer alcalde de Caracas; Mariana con Lázaro Vásquez, uno de los capitanes principales; y Beatriz, como señalamos en el programa anterior, con Garci González de Silva. Cuando tuvieron lugar sus matrimonios, ya los padres habían muerto porque habían sido asesinados por López de Aguirre en 1561, en Margarita, en la población del Paraguachí. Muy cerca de la playa El Tirano, esa playa se llama El Tirano porque ahí desembarcó López de Aguirre.

¿A qué se deben estos matrimonios de estas niñas con personajes tan principales? Bueno, tenemos dos hipótesis. Una, que podían probar su limpieza de sangre y eso en esa época para ellos era muy importante. Dos, que eran muy hermosas; de lo segundo no hay pruebas, de modo que nos inclinamos por lo primero.

Eran blancas, con limpieza de sangre, y había unas leyes en ese tiempo colonial que quienes no demostraban la limpieza de sangre tenían unos derechos reducidos. Por ejemplo, no tenían acceso a la educación, etcétera. La gente buscaba demostrar su limpieza de sangre. ¿Por qué se casaban con ellas estos capitanes principales?

Porque sus hijos iban a poder demostrar su limpieza de sangre y ustedes preguntarán, bueno, ¿es que no había muchas blancas en Venezuela en esa época? Bueno, pues no, porque la población que se había trasladado de España a América todavía era muy pequeña y en su mayoría eran hombres. De modo que eso va distinguiendo a estas hermanas Rojas Queipo, de quienes descienden centenares de miles de venezolanos desde ese entonces porque todas ellas tuvieron muchos hijos. De ahí descendió un buen contingente venezolano en la zona central del país.

Durante estos años iniciales de Caracas, las resistencias indígenas que se daban en el valle y en sus alrededores fueron languideciendo poco a poco. La primera ejecución que contribuyó a desarticular la resistencia fue la de Guaicaipuro, como dijimos en el programa anterior, y pocos años después la del otro cacique principal, como veremos más adelante. Los indígenas sobrevivientes se acogieron al sistema de las encomiendas una vez derrotados sus caciques principales. Así ocurrió después de la ejecución de Tamanaco, cuya fecha de muerte no hemos podido fijar pero estimamos que ocurrió entre 1571 y 1573.

El relato de su ejecución lo refiere el hermano Nectario María con base en documentos hallados en el Archivo de Indias de Sevilla, donde el hermano Nectario María trabajó durante muchos años recopilando documentación fundamental para la historia de Venezuela. La resistencia indígena final en este período la ofrecían los mariches, y hacia allá se dirigieron Pedro Alonso Galeas y García González de Silva. Tamanaco y los suyos les salieron al paso y tuvieron una batalla. En esa batalla García González de Silva y Pedro Alonso Galeas hacen prisionero a Tamanaco y, dándole un punto de honor, le propusieron que se trenzara en una pelea con los feroces perros que acompañaban a González de Silva, un perro portentoso.

Y él le dijo: bueno, si vences al perro quedas libre. Por supuesto, Tamanaco no lo venció, un horror realmente, y allí terminó la vida de Tamanaco. Lamentablemente, para entonces los teques, la etnia me refiero, habían sido pacificados y los meregotos también. Estos hechos están pasando entre 1571 y 1573, en esta etapa de enfrentamientos encarnizados entre los conquistadores y los pobladores originarios del valle de Caracas.

Esta etapa tomó seis años, se impuso la superioridad tecnológica europea, que era muy superior a la indígena. Y esto, sin embargo, los indígenas eran muchísimos más, pero fueron vencidos por unos pocos que tenían una tecnología que ellos no tenían. A estos sobrevivientes no les quedaba otro camino que la obediencia si querían sobrevivir, y así fue en muchos casos. Otros murieron en el intento, como el aguerrido Tamanaco.

Otros se acogieron a la institución de la encomienda. Vamos a intentar una explicación de qué es una encomienda. Primero, la paternidad de las encomiendas se le atribuye al propio Cristóbal Colón cuando repartió a los indígenas de La Española entre los peninsulares. Luego, en 1518 hay instrucciones precisas en las ordenanzas de Zaragoza sobre la encomienda, igual ocurre en la capitulación de Bartolomé de las Casas en 1520, y las Ordenanzas de Granada de 1526 vuelven a establecer las encomiendas.

En el caso venezolano vamos a ver particularidades. Contamos con Juan de Villegas en 1552, que sirve como ejemplo acerca de lo que consistía y cómo funcionaba el sistema de encomendero. Hay que hacer una advertencia: esto se trata de una institución americana; en España no tenía vigencia, de modo que planteó unos problemas nuevos para los españoles, unos problemas americanos. Recordemos que Isabel se preguntó en la primera relación que le envía Colón: con qué autoridad dispone el almirante de mis vasallos.

Se pregunta en voz alta Isabel la Católica, y ciertamente se trataba de algo nuevo y la institución tenía que perfeccionarse con tiempo, de acuerdo con los intereses del Imperio español. Por eso podemos deducir que quien recibía la encomienda tenía obligaciones con los indígenas y con la Corona. A los primeros se les debía protección, defensa y adoctrinamiento, es decir, a los indígenas se les tenía que proteger, defender y adoctrinar en la religión católica. En otras palabras, eran semejantes a los menores de edad bajo la responsabilidad de sus padres.

En cuanto a la Corona, los encomendados funcionaban como fuerza militar a favor del rey en caso de necesidad. Los encomendados, es decir, los indígenas, debían pagar un tributo al monarca a través del encomendero, pero siendo tan pobres, lo que ocurría es que el tributo se pagaba en un servicio personal obligatorio al encomendero. Es decir, que los indígenas terminaban sirviendo sin contraprestación alguna, sino como pago de los tributos adeudados. Una injusticia impresionante; en algunos casos en que trabajaban por cuenta propia y pagaban sus tributos al encomendero, se establecía claramente el número de días de trabajo.

Esto fue el caso de los indígenas llamados Indios Salineros, que trabajaban las salinas. En todo caso es obvio que se tratara de un régimen menos arduo que el de la esclavitud, pero no por ello dejaba de ser un mecanismo de explotación. Por la manera como se articulaba, la Corona abogaba por la condición de los indígenas como súbditos, pero las realidades de la conquista les imponía unas circunstancias no siempre favorables. De allí que algunas veces los encomendados, es decir, los indígenas, se revelaron en contra de los encomenderos y hasta los pasaron por las armas.

Muy pronto los conquistadores españoles advirtieron que el modelo funcionaba a su favor y solicitaron sus encomiendas. De modo que será imposible entender el proceso de conquista y urbanización sin esta institución, que en la práctica lo que ocurrió fue que le dio mano de obra gratuita a los conquistadores para sus tareas. En la próxima parte del programa seguiremos viendo los intríngulis de la encomienda y algunos otros aspectos. Ya regresamos, en breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural, estás escuchando Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Seguimos con nuestro tema de la encomienda, era evidente que a la Corona le preocupaba que los encomenderos se convirtieran en señores feudales y autores de un mal trato indiscriminado hacia los indígenas, que además trajera como consecuencia la disminución de los indígenas, que a la Corona tampoco le interesaba. De allí que en 1549 se aboliera la obligatoriedad del servicio para los indígenas e instituyera exclusivamente el pago de tributo.

Esto fue un paso a favor de los indígenas: solo pagaban tributos, ya no tenían que pagarlos trabajando para el encomendero. Con ello aminoraba el poder del encomendero sobre los encomendados, pero los primeros se hicieron de la vista gorda y no implementaron esta ley con diligencia en muchos casos, invocando aquello tan común en aquellos tiempos: se acata pero no se cumple. Naturalmente no les convenía y la fiscalización de la Corona no siempre contó con recursos para hacer eficiente el texto de la ley. Además, los misioneros que vinieron en plan distinto al de los encomenderos abogaban por los indígenas, como vemos la institución de la encomienda fue cambiando con el tiempo por dos factores.

El religioso, que trabajaba para la evangelización y no a la esclavitud velada de los indígenas. Y también la propia Corona, que no veía con buenos ojos el servicio obligatorio de los indígenas, ya que convertía a los encomenderos en señores feudales sin que el tributo además entrara en las arcas de la Corona, en las arcas reales. Como vemos, para 1567 el sistema de la encomienda funcionaba en la provincia de Venezuela, establecido en 1552 por Juan de Villegas. La ciudad naciente no estaba exenta a este régimen jurídico; por el contrario, se ordenó de inmediato.

La etapa guerrera de consolidación de la ciudad tuvo además de García González de Silva como gran capitán a Sebastián Díaz Alfaro, a Francisco Maldonado de Armendáriz, a Pedro Alonso Galeas y a Juan de Guevara. Quienes en conjunto terminaron de asentar el dominio. Como es obvio, no he extendido el período que en este caso, ni en algunos otros; ya hemos consignado las razones de superioridad militar y tecnológica que hacían posible la victoria rápida. Claro, hay excepciones como la de los jirajaras en Nirgua, que resistieron más de un siglo.

Resistieron hasta 1625-1628. Bueno, y ahora vamos a ver la relación de Juan López de Velasco de 1574, exactamente titulada Corografía de la Gobernación de Venezuela y de la Nueva Andalucía. Años de 1571-1574, se trata de una de las primeras relaciones donde aparece nuestra ciudad. Al referirse a la provincia de Caracas señala lo siguiente: hay en toda ella dos pueblos solos de españoles; entre ambos tendrán 80 o 90 vecinos españoles y en Sucamarca como 10 o 12 mil indios, repartidos en tantos repartimientos como vecinos españoles.

Es tierra sana y fértil, rica en minas de oro que pasa a 20 quintales, muy poblada de naturales, entre belicosa, grandes flecheros de hierbas caribes, que sirven mal por ser tan rebeldes. Y así mataron al capitán Juan Rodríguez de Suárez y en otra ocasión al capitán Rodríguez Narváez con más de 60 soldados. Hasta allí el texto de la relación. Recordemos que se refiere a la provincia, en este caso no a la ciudad de Caracas; las dos ciudades a las que alude son Santiago de León y Caraballeda.

Luego al referirse a Caracas apunta, dice literalmente: tiene 50 o 60 vecinos y otros tantos repartimientos de indios, en que habrá como 6 o 7.000 de ellos, gente belicosa y brava, como queda dicho. Poblóle el capitán Diego de Lozada en el año 1567 por mandato del gobernador don Pedro Ponce de León. Queda la duda acerca de si los datos le fueron proveídos en 1571 o 1574, en todo caso la ciudad en 1574 cuenta siete años de fundada. Por vecino debemos entender padre de familia; si es así, estamos hablando entonces entre 250 a 300 habitantes, como mucho.

Las cifras de indígenas aportadas por López de Velasco no se distancian de las apuntadas antes. Coinciden estas cifras con las que apunta Pablo Vila, comparándola a otras ciudades antes fundadas. Dice Vila lo siguiente: a los ocho años de su existencia reunía Caracas más vecinos que ninguna otra de las poblaciones fundada anteriormente, El Tocuyo, unos 50. En cambio, ya Caracas tenía 60.

Coro había quedado con 30 vecinos. Claro está que por el número de sus habitantes no pasaba a ser un villorrio más, pero ya entonces el gobernador residía en la nueva población, si bien el obispo continuaba en Coro. Esto dice Pablo Vila; veamos ahora Juan de Pimentel, el primer gobernador que vivió en Caracas, que se estableció en Caracas en 1576. Antes los gobernadores de la provincia de Venezuela vivían en Coro.

Juan de Pimentel desembarca en Caraballeda, ya desembarcó directamente allí, no en Coro como hasta entonces era lo usual, y sube a Caracas a establecer la gobernación. Es evidente que su decisión abrió el camino para la capitalidad caraqueña; de hecho confirmaba que los intentos por ocupar el valle de Caracas no habían sido en vano. Y la centralidad geográfica del asentamiento lo hacía ideal para el futuro desarrollo de la provincia. Bueno, Felipe II designó a Pimentel en diciembre de 1575 y este asumió el cargo en mayo de 1576 para entregarlo en 1583, habiendo ejercido uno de los gobiernos más significativos para la provincia.

Para entonces el rey abrigaba una especial necesidad de conocer mejor el territorio que le pertenecía y le envió a Pimentel un cuestionario de 49 puntos para ser respondido, cosa que el gobernador hizo con eficiencia. Y dejó escrita una descripción de Santiago de León, Gobernación de Venezuela, 9 de mayo de 1578, que fue la primera en redactarse sobre este territorio. Así como fue el mapa que ordenó hacer Pimentel, el primer mapa que se hizo de Caracas, esta ciudad recién fundada. El mapa es de 1578, la ciudad para entonces tenía 11 años de fundada.

De modo que ambos hechos serían suficientes para distinguir el mandato de Pimentel, pero hay que sumarle el interés que puso el gobernador en conocer en el sitio las 10 ciudades que componían entonces la futura Capitanía General de Venezuela. Además, enfrentó una epidemia de viruela en Caracas que diezmó a la población y se esmeró minuciosamente en hacer que se respetaran los derechos de los indígenas, lo que impidió que prosperara la tendencia a utilizarlos en las minas de trabajo forzado. Por si fuera poco, ordenó el levantamiento de un mapa de la ciudad, como dijimos, el primero que se hizo de Caracas en 1578. De la relación de Pimentel se desprende que para entonces había 10 ciudades españolas, a saber: Caracas, Caraballeda, Valencia, Nirgua, Barquisimeto, El Tocuyo, Trujillo, Carora, Coro y Maracaibo.

Naturalmente Pimentel no viaja a Margarita y Cumaná, que para entonces ya estaban fundadas porque no pertenecían a su gobernación. Se equivoca Pimentel al hablar de volcanes porque aquí no los hay, pero se deduce que es una información falsa que le han dado. Para el momento de entregar el mando a Luis de Rojas en octubre de 1583, Pimentel se ha casado con una dama principal y ha tenido un hijo, pero lamentablemente la madre fallece en el parto, dejando en tal desconsuelo al viudo que éste se interna en un convento y abraza los hábitos religiosos en Caracas. Durante su período tuvieron lugar las incursiones fundacionales de Francisco de Cáceres en La Grita y Barinas, pero fueron ordenadas por Santa Fe de Bogotá y no por Caracas.

En las actas del cabildo caraqueño de su período en la ciudad consta que comparte reunión con los alcaldes Francisco Infante, Diego Denares, Garci González de Silva, Francisco Maldonado, Cristóbal Cobbo, Alonso Andrea de Ledezma, Sebastián Díaz Alfaro, entre otros. Y con los regidores Sebastián Díaz, Alonso Andrea de Ledezma y Pedro Alonso Galeas, entre otros también. Como vemos, la misma plantilla de los integrantes de la expedición de Losada y don Garci, que no vino en la expedición pero que llegó dos años después. Naturalmente cuando llega Pimentel la ciudad no ha cumplido diez años de fundada.

Veamos ahora con mayor precisión la relación de Pimentel, ya se trata del primer texto descriptivo de Caracas y de la provincia de Venezuela, 11 años después de fundada la urbe. Entonces vamos a verlo, verdad que aparte. Y a partir de entonces Caracas va a ser en las residencias la ciudad donde reside el gobernador. Bueno, vamos a ver qué preguntas responde el gobernador Pimentel.

En el punto 9 afirma: en la provincia de Caracas a su reedificación entraron con el capitán Diego de Losada a 136 españoles, de los cuales hay vivos 18 en esta ciudad y 4 en la de Nuestra Señora de Caraballeda. Es posible que hayan muerto 118 expedicionarios en 11 años, no lo creemos. Lo que sí ha debido ocurrir es que muchos de ellos regresaron a El Tocuyo o Barquisimeto, que eran sus lugares de origen; un ejemplo es el propio Lozada, que no se trajo a su familia a la recién fundada ciudad sino que permaneció en El Tocuyo. La otra explicación es la agresta y la ruda condición que pasaba el habitante de la Nueva Urbe, que le llevaba a abandonar la ciudad.

También hay un número significativo de esos 136 que murieron defendiendo la ciudad, los pobladores originarios del valle de los Toromaymas que batallaron a muerte por no dejarse quitar su tierra, como es natural. Y también cabe la posibilidad de que Pimentel exagerara; esto no podemos dejarlo de lado, ya que al exagerar ante el rey él magnificaba su esfuerzo. En otras palabras, está pintando un panorama más desolador de lo que es porque así superlativiza su tarea. Es posible que así sea, es posible.

Pareciera estar incurriendo en la exageración cuando afirma en el punto 17: el sitio y el valle de esta ciudad, Santiago de León, se tienen por más insalubre que sano por los vientos contrarios que en él corren, como de ellos se dijo en el capítulo tercero. En este acápite sigue Pimentel haciendo una lista larga de enfermedades y les atribuye un poder devastador, afirma. Después que esta ciudad se fundó hubo viruelas y sarampión, que se llevó la tercera parte en los naturales de esa provincia y fue esta enfermedad general en toda esta gobernación y fuera de ella. Esto es correctísimo: por las enfermedades murieron muchos más indígenas que por las armas, porque no tenían mecanismos de defensa.

Bueno, hay diversos puntos en los que Pimentel enumera los cultivos y animales que se hallan silvestres o domesticados en la provincia, también hace una lista de los árboles y los frutos. Y en el punto 31 se detiene en aspectos propiamente urbanos que interesan mucho. Dice: el edificio de las casas de esta ciudad ha sido y es de madera, palos hincados y cubiertas de paja. Las más que hay ahora en esta ciudad de Santiago son de tapias, sin alto ninguno y cubierta de cogollos de cañas.

De dos o tres años a esta parte se ha comenzado a labrar 3 o 4 casas de piedra y ladrillo y cal y tapiería con sus altos y cubiertas de Inglaterra. Son razonables, y están acabadas la iglesia y tres casas de esta manera, y los materiales los hay aquí. Bueno, éste es el breve aporte en cuanto a la primera descripción que se hace de las primeras casas levantadas en la ciudad, casa de tapias. Luego anota la existencia de un monasterio, dice: en esta ciudad de Santiago de León hay un monasterio de San Francisco de tapias no durables.

Comenzó a fundar fray Álvaro Vidal, que vino de Santo Domingo con otros frailes hace tres años al dicho efecto, en cuya fundación le halló fray Francisco de Arta, comisario por orden de vuestra majestad; vino con siete religiosos y con él ocho, los cuales están al presente en este monasterio. Y las doctrinas de los naturales de los términos de esta ciudad, Nuestra Señora de Caraballeda. Cómo vemos, la ciudad cuenta desde 1575 con un monasterio con ocho frailes y hasta aquí lo que nos atañe desde el punto de vista de la ciudad, se asienta en la relación de Pimentel. A Pimentel lo sucede Luis de Rojas, quien estará al mando entre 1583 y 1589 despachando desde Caracas como lo hizo su antecesor.

Este polémico gobernador llegó en 1583 a Caraballeda y en noviembre ya estaba despachando desde Caracas. De allí envió a García González de Silva a Valencia, a batallar contra los indígenas orinoquenses que se proponían tomar la ciudad. Al tiempo se esmeró en desconocer las autoridades alcaldes y enemistarse con buena parte de los principales de Caracas. Despachó a Sebastián Díaz Alfaro a fundar San Sebastián de los Reyes, cosa que se materializa el 6 de enero de 1585.

Y los juicios que se tienen de la gobernación de Luis de Rojas son demoledores, en cuanto a su respeto por lo demás. De allí que los caraqueños, hartos de sus abusos, le formaran un expediente y se lo hicieran llegar a las autoridades, y luego fue demandado formalmente por Juan de Guevara, una víctima. Como solía suceder, la Real Audiencia de Santo Domingo atendió a los alegatos y en esta oportunidad los halló con tal gravedad que elevó la querella al Consejo de Indias. Allá también atendieron las denuncias, enviaron un juez de vara alta que lo hizo preso y se lo llevó con él a Santo Domingo, destituyéndolo de sus funciones.

Como vemos, cuando el gobernador se excedía no era necesario esperar el juicio de residencia, ya que existían mecanismos para juzgarlo. Lo sucede Diego de Osorio, quien va a gobernar entre 1589 y 1597. Antes, vamos a tener la relación de la provincia de Venezuela que envía el obispo de Coro en el año 1581. Allí dice algo muy simpático en esa relación: hay otro pueblo de españoles que se llama Santiago de León a 24 leguas de este pueblo de Valencia, en la provincia de Caracas, y tiene este nombre por llamarse los indios de la dicha provincia Caracas.

Habrá en dicho pueblo como cuarenta encomenderos de indios. Bueno, esto no es cierto; los indios no se llamaban caracas, se llamaban toromaymas. Pero en estas relaciones siempre la información que le dan a las autoridades suele ser en muchos casos imprecisa. Y más adelante nos ofrece otro dato urbano: todas las iglesias de esta gobernación, obispado de Venezuela, son de paja y madera, embarradas por fuera, excepto la de Santiago de León que es de teja.

Y se está cayendo. Como vemos, para 1581, 14 años después de fundada, los caraqueños han levantado una iglesia de teja, pero se está cayendo, según Martínez el obispo decoró bien. Vamos entonces a ver lo que hace Felipe II cuando le confiere un escudo y un título a la ciudad naciente en 1591, y esto es parte del trabajo de Simón de Bolívar, que viene siendo un antepasado del Libertador. El primer Bolívar que vino a Venezuela, él parte en marzo de 1590 y regresa con buenas noticias.

En 1592 se le autoriza la creación de un seminario que será antecedente de la futura universidad, se le otorga un escudo de armas a la ciudad de Caracas. Se suspende el orden de no obligar a los indígenas a realizar trabajos forzados y se autoriza, pero no se hizo efectivo, la compra de tres mil esclavos africanos. La cédula real de Felipe II es pedida el 4 de septiembre de 1591, y en ella se le confiere el Escudo de Armas a la ciudad. Y de ella se afirma: para la muy noble y muy leal ciudad de Santiago de León de Caracas.

Al serle conferida esta distinción, aquella pequeña urbe que entonces contaba con 24 años de fundada recibía el tratamiento de ciudad. El escudo es descrito así: en campo de plata un león color pardo puesto en pie, teniendo entre los brazos una venera de oro con la Cruz Roja de Santiago y por timbre un coronel de cinco puntas de oro. En este mismo año 1591, gobernando Osorio, el cabildo de Caracas establece por primera vez las figuras del regidor perpetuo, recayendo en García González de Silva la designación. Entonces eran alcaldes Sebastián Díaz Alfaro y Alonso Díaz Moreno.

Dos años antes se había incorporado al cabildo como procurador en corte Simón de Bolívar, como dijimos antes. Como vemos, muchos de los expedicionarios de Lozada seguían ejerciendo sus influencias, y ahora se incorporaba Bolívar, cuyo quinto nieto alcanzaría una preeminencia nunca soñada por sus mayores. Durante el período de Osorio tendrá lugar la primera y única incursión pirata en Santiago de León de Caracas. Varias hubo después en la costa, pero que llegasen al valle de Caracas a 800 metros sobre el nivel del mar, está solo la de Amyas Preston, que saquea la ciudad en 1595.

Y contamos con el relato de un miembro de la tripulación de Amyas Preston en su tropelía venezolana. Nos referimos al texto de Robert Davy que da cuenta día a día de los hechos. Partieron de Plymouth en 1595. Bueno, para hacerles el cuento más breve, tomaron la ciudad en un momento en que el gobernador Osorio estaba fuera y había muy poca gente.

Y la resistencia la hizo Alonso Andrea de Ledezma, quien los enfrentó con unos pocos soldados, y los de Preston les dieron muerte con una gran facilidad. A partir de entonces comenzó la leyenda quijotesca de Ledezma, siempre recordada por los cronistas. En un segundo ya regresamos, en breve continúa ¡Venezolanos! ¡Somos Unión Radio Cultural!

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Bueno, veníamos haciendo la relación de la invasión que lleva adelante Amyas Preston, un pirata inglés, en Caracas. La única que sufrió Caracas directamente, en la costa y en La Guaira. Ahí hubo muchos intentos, pero aquí fue la de Preston. Bueno, una vez está sentado en las sillas en la casa del gobernador Osorio, Preston espera lo usual, que viniera un embajador a ofrecer dinero a cambio de abandonar la ciudad sin estropicio alguno.

La cifra no fue satisfactoria para Preston y los caraqueños no tenían cómo ofrecer más. Entonces Preston quemó la ciudad y se fue al litoral. En Coro, el 11 de junio, hizo lo mismo, ordenó dejar en cenizas la ciudad de Coro y siguió hacia Maracaibo, donde no causó daños pero sí contrajeron sus marinos una enfermedad fatal y murieron ochenta de los miembros de su tripulación en el viaje entre el lago de Maracaibo y Jamaica, una suerte de venganza por obra de un virus estomacal. Y enterado de los hechos regresa el gobernador Osorio a Caracas y se ocupa en las labores de reconstrucción de lo quemado.

En lo atinente a la piratería seguimos la periodización de Manuel Lucena Salmoral en su estudio Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios de América. De acuerdo con Lucena, la piratería en América comenzó en 1521 y culminó 200 años después, en 1722, establece cinco períodos, hay un primero que va de 1521 a 1568. Y en 1713 se firma el Tratado de Utrecht, entonces allí comienza a desaparecer la piratería. Conviene además aclarar los términos para evitar confusiones.

Un pirata es ladrón que no responde a fidelidad imperial alguna, que asalta embarcaciones y sitios con el objeto de llevarse un botín. Un filibustero es lo mismo, un bucanero es lo mismo, ¿verdad?, y lo que pasa es que son variaciones lingüísticas. En cambio, un corsario sí es distinto a un pirata: un corsario es similar a un mercenario, es decir, recibe autorización de Estado para actuar bélicamente en el mar con la retribución del botín. En el fondo es una actividad privada que recibe aprobación por parte de un Estado.

Bueno, entonces estas son las distinciones, estas son las distinciones en relación con este tema. ¿Cuántos habitantes tenía Caracas para el fin de siglo? La incursión de Preston en 1595. Bueno, hay distintas cifras; es difícil saber cuántas personas vivían en Caracas por el año 1600. Pero supongamos que la cifra de 90 vecinos es correcta y pensemos que cada vecino y su familia suman seis integrantes, más la servidumbre.

Estamos hablando de unas 1.200 personas. Añadamos que la población indígena no vivía en las ciudades, como que no la podemos sumar a la urbe. Y además tampoco son cifras precisas. En cuanto a las descripciones de la ciudad entonces, las hay dramáticas, como la de Pimentel que dijimos: el sitio y valle de esta ciudad de Santiago de León se tienen por más insalubre que sano o preciosas.

Como ésta de Juan de Castellanos que les voy a leer, está en El Servir muy adelante, y es de su natural aquella gente en sus disposiciones elegantes, gallarda, limpia, suelta, diligente. La tierra rica, fértil, abundante y para la salud muy excelente. Están pues los dos pueblos hoy enteros, serán para siempre duraderos. La de fray Pedro Simón no se queda atrás, dice: el fraile está a la ciudad tres leguas escasas del puerto de La Guaira, que en mitad es su vida y la otra mitad bajada en un templadísimo país sin ningún frío ni calor todo al año, aunque la costa escalidísima.

Esta buena templanza hace darse en todo el valle, que correrá ocho o diez leguas, mucho y muy lindo trigo y cebada, caña dulce, grandes campiñas de añil, toda suerte de hortaliza, Castilla por extremos, en especial repollos. Y todas las frutas que se le han plantado de nuestra España, como higos, membrillos, en gran cantidad algunas uvas, y todas las naturales de la tierra, que sobre todo tiene el ser muy sana y de muy buenas aguas. Críanse en todos los términos de esta ciudad con grande abundancia toda suerte de ganados mayores y menores, fuera de los de lana, con cuyo natural no se acomodan las tierras calientes o que toquen en eso. Los frutos de esta tierra son cacao, mucho tabaco, zarzaparrilla, corambre, cebo y harinas.

Esto dice fray Pedro Simón. Y José Antonio Calcaño en su libro La Ciudad y su Música, que es un libro bellísimo, dice lo siguiente: se cultivaba mucho el trigo en las vegas cercanas, ya había numerosos molinos. Allí estaban el de Alonso Andrea de Ledezma cerca de la Caja de Agua; el de Sánchez de Córdoba, cerca del Guaire junto a su hato de ovejas; el de Alonso Díaz Moreno en el Portachuelo; y el de Diego de los Ríos algo más hacia el valle; el de Alonso García Pineda hacia Chacao; el de Juan de Rivero en Anauco; y otros tantos más.

Esto lo apunta cuando está refiriendo al gobierno de Osorio, es decir entre 1589-1597, y es evidente que fue así porque los molineros que lista son los principales de la ciudad entonces. Sorprende, sin embargo, que el cultivo del trigo fuese tan intenso y la presencia de rebaños de ovejas también, pero bueno. Es un hecho que el clima de Caracas era otro muy distinto al de hoy. Bueno, concluido el siglo XVI, Santiago de León de Caracas cuenta con el trazado de Nárez señalándole el crecimiento.

Bueno, y esto es lo que vamos a tener hacia finales del siglo. En las actas del cabildo de 1591 advertimos órdenes del cuerpo colegiado para que se empedren las calles a cargo de las vecinas, los vecinos, lo que redujo casi nada la incomodidad desde el polvo. El mismo cabildo ordena que las acequias por donde circule el agua sean cubiertas de manera de preservar su limpieza. Esa agua se recogía en la llamada Caja de Agua en el norte de la ciudad, donde se represaba el agua en una caja que estaba allí y desde allí se distribuía por las acequias hacia las viviendas.

Este será una suerte de protoacueducto de la ciudad, hasta que fray Antonio González de Acuña construya otro muchos años después, en 1675. Como vemos, la vocación de aquella ciudad pequeña se manifiesta en sus inicios, en el siglo XVI, ¿verdad? Y bueno, vamos a entrar entonces en el siglo XVII, allí pues es un siglo complicado para la ciudad de Caracas, va despertando lentamente, lentamente, como vemos. La población era muy reducida y bueno, hay una descripción de las viviendas de la pequeña ciudad.

Dice Pablo Vila: el chocerío primitivo convertido en rancherío, luego a principios de aquel siglo era ya un caserío urbano. Se componía de amplias viviendas de planta baja construidas de tapia y piedra, cubiertas de tejas planas al estilo andaluz, que se componían de un patio central, un corral trasero, una huerta jardín con árboles de sombra y frutales. Y de inmediato nos interpela la pregunta: ¿por qué estilo andaluz? Bueno, y la respuesta está en un trabajo muy bueno de José Eliseo López, un extraordinario historiador.

Se titula La emigración desde España peninsular a Venezuela en los siglos XVI, XVII y XVIII. El investigador revisa el Archivo de Indias y establece la lista completa de viajeros de España-Venezuela durante tres siglos. Y en las centurias del siglo XVI, el que acabamos de ver, las cifras son estas: las dos Castillas, la Vieja y la Nueva, suman el 27 por ciento; Andalucía 23 por ciento; Extremadura 13 por ciento; León 8 por ciento. En la suma de los hombres alcanza el 85 por ciento y en las mujeres el 14 por ciento.

En el siglo XVII, que es este que vamos a empezar a ver, la cifra de andaluces crece al 28 por ciento. Baja la de Castilla, baja la de Extremadura, aparecen los vascos y los navarros. Y en la proporción de hombres y mujeres se mantiene más o menos igual, realmente. De modo que eso explica por qué el patio andaluz, porque la mayoría de los que habían llegado en el siglo XVI y XVII eran andaluces.

Bueno, hasta aquí nuestro segundo capítulo de esta historia de Caracas. Venimos relacionando en el próximo, empezamos a ver el siglo XVII. Hasta nuestro próximo encuentro.

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