Historia de Caracas. Cap 5. Siglo XVIII.
Historia de Caracas. Cap 5. Siglo XVIII.
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Música. Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo. Y a todo el equipo de operaciones de Radio y Mundo UR. También puede seguir la transmisión en vivo en MundoUR.com y recuerda que nos puede seguir en arrobaMundoURWeb, arrobaRadioEscuelaUR y arrobaRafaelArraizEnX y arrobaFaelPuntoArrais en Instagram. Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural.
Seguimos, queridos amigos, con esta historia de Caracas y estamos entonces en el quinto capítulo. En el cuarto capítulo leímos una descripción bellísima de Oviedo y Baños, y en este vamos a continuar con otra descripción de Oviedo y Baños. Por supuesto nos estamos refiriendo a su libro Historia de la Conquista y población de la provincia de Venezuela, una obra que fue publicada en Madrid en 1723.
Y entonces dice lo siguiente: "Fuera de la innumerable multitud de negros y mulatos que las asisten, la habitan mil vecinos españoles. Se refiere a Caracas, por supuesto, y entre ellos dos títulos de Castilla que la ilustran y otros muchos caballeros con conocidas prosapias que la ennoblecen. Sus criollos son de agudos y prontos ingenios, corteses, afables y políticos. Hablan la lengua castellana por perfección sin aquellos resabios con que la avician en los más puertos de las Indias, y por lo benévolo del clima son de airosos cuerpos y gallardas disposiciones, sin que se halle alguno contrahecho ni con fealdad disforme.
Siendo en general de espíritus bizarros y corazones briosos, y tan inclinados a todo lo que es la política que hasta los negros, siendo criollos, se desdeñan de no saber leer y escribir. En lo que más se esmeran es en el agasajo con que tratan a gente forastera, siendo el agrado con que las reciben atractivo con que la detienen, pues el que llegó a estar dos meses en Caracas no acierta después a salir de ella. Las mujeres son hermosas, con recato y afables con señorío, tratándose con tal honestidad y tan gran recogimiento que, del milagro entre la gente ordinaria, se ve alguna cara blanca de vivir escandaloso, y esa suele ser venida de otras partes, recibiendo por castigo de su defecto el ultraje y desprecios con que la tratan las otras".
Fin de la cita. Bueno, es muy interesante ver cómo ya en 1723 hay una alusión a la belleza de las mujeres, y otra alusión a una característica de los caraqueños que se mantiene. Y es la alegría con la que reciben al forastero. Lo hospitalarios que son, que después la gente no se quiere ir de aquí.
Bueno, también lo otro es la recurrencia de Oviedo y Baños en señalar la inclinación hacia la política por parte de los caraqueños, esto también es muy interesante. Pues esa inclinación es señal de que ya hay una trama cultural, ya hay lecturas. Y bueno, el buen trato hacia los extranjeros del que hablábamos es el cosmopolitismo caraqueño que es proverbial.
Y este, por lo general, está presente en ciudades portuarias o con el puerto cerca, proclives al encuentro con el otro, con el distinto. Y Caracas, aunque no es un puerto, en alguna medida lo era y lo es porque es una ciudad casi portuaria; está muy cerca el puerto de La Guaira. No será la primera vez que nos topemos con este dato sobre la belleza de las mujeres.
No deja de ser curioso, pero por ahora no sabemos cómo leerlo; quizás a medida que avancemos podríamos iluminarnos en algún sentido. La Caracas que describe Oviedo y Baños será la misma que verá Pedro José de Olavarriaga en su informe. Veamos el informe de Pedro José de Olavarriaga y lo que tiene de particular con la ciudad de Caracas: este es un informe del año 1721 que da pie a la creación de la Compañía Guipuscuana por parte del rey de España, en 1728.
Ese informe se titula Instrucción General y Particular del Estado Presente de la Provincia de Venezuela en los años 1720 y 1721. Y él dice lo siguiente, ¿no? Dice varias cosas sobre la ciudad de Caracas. La ciudad capital de la provincia de Venezuela estará gobernada por factores de la Compañía Guipuscuana.
Eso será en lo sucesivo. Lo que señala Olavarriaga sobre la ciudad capital es muy parecido y no vamos a redundar en lo señalado por Oviedo y Baños. Y hay otro viajero también, Miguel de Santiesteban, que hace un viaje desde Lima hasta Caracas en los años 1740 a 1741.
Son siete meses, es un texto muy ameno con algunos datos de interés: calles empedradas y anchas, casas amplias, patios y jardines, el número cuantioso de mulatos y negros y el elogio en la educación de los criollos. De modo que aquí caben dos posibilidades: que se basó en Oviedo para la escritura de su texto, o que lo dicho por Oviedo fue corroborado por Santiesteban. Nosotros nos inclinamos más a creer en esto, que Santiesteban vio lo mismo que vio Oviedo en la ciudad de Caracas en esos años.
Vamos a tener la insurrección de Juan Francisco de León en 1749. Esto va a ser importante porque revela ya un descontento de los productores del cacao en relación con la Compañía Guipuscuana, porque la Compañía Guipuscuana era un monopolio y, como monopolio, fijaba los precios de compra del cacao. Y estaba poniendo a producir a pérdida a los productores.
Y Juan Francisco de León reúne a los productores de Panaquire y de Caucagua y avanza hacia Caracas; ahí hay una situación muy compleja. Claro, estamos en 1749; no existía ninguna república en el mundo porque la creación de Estados Unidos es desde 1776. Entonces lo más que podía decir Juan Francisco de León era "muera la Compañía Guipuscuana, viva el rey", con el problema de que el 51 por ciento de las acciones en la Compañía Guipuscuana las poseía el rey de España.
Entonces ese malestar por la injusticia que supone un monopolio en estos términos se expresa en esta rebelión de los habitantes de los Valles de Caucagua y Panaquire que avanzan hacia Caracas. Son muchos, unos historiadores apuntan 900, otros 800. En todo caso se plantea una escaramuza compleja alrededor de esta situación y finalmente se resuelve.
Se resuelve no a favor de los León, su padre e hijo, sino a favor de la Compañía Guipuscuana. Recordemos que en esos años de la Compañía Guipuscuana, de 1728 a 1780, el rey designaba gobernador de la provincia de Venezuela, capital Caracas, a un factor o a un funcionario de la Compañía Guipuscuana. De modo que los vizcaínos gobernaron en la ciudad y el territorio en su totalidad durante casi 50 años, un poco más de 50 años más bien.
Esa es una singularidad venezolana que tiene a Caracas como epicentro porque el lugar donde residían los capitanes generales en aquel entonces era ya la ciudad de Caracas. Y así llegamos al obispo Diego Antonio Diez Madroñero y la nomenclatura caraqueña. Esto está pasando entre 1757 y 1769; Diez Madroñero fue designado obispo por el papa Benedicto XIV en septiembre de 1756 y estuvo ejerciendo autoridad en Caracas a partir del año siguiente y hasta el momento de su muerte en 1769.
¿Qué fue lo que él hizo? La designación de las esquinas de Caracas con nombres de la religión católica, pero eso lo vamos a ver en la próxima parte del programa cuando nos detengamos a advertir con cuidado por qué el obispo Diez Madroñero toma esa particular decisión de atribuirle a las esquinas de Caracas nombres vinculados con la fe religiosa católica. Ya regresamos.
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Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que íbamos a explicar en esta el origen de los nombres de las esquinas en la ciudad de Caracas, que es algo tan caraqueño, tan particular, prácticamente único en muchos sentidos.
Arístides Rojas lo explica de la siguiente manera. Se refiere al obispo Diez Madroñero; dice: "Comprendió que la ciudad necesitaba de una patrona que llevase nombre indígena y creó Nuestra Señora Mariana de Caracas, y desde entonces llamó a Caracas la ciudad Mariana. Vio que las calles y esquinas no tenían nombre sino referencia y bautizó calles con nombres del martirologio, e hizo excavar nichos en algunas paredes para colocar imágenes e impuso a todas las familias del poblado que fijaran sobre la puerta interior del zaguán la imagen del patrón o la patrona de la casa".
Bueno, esto dice Arístides Rojas. Además, él afirma que se propuso hacer un censo detallado y logró componer un padrón específico de quiénes vivían en cada casa y se dedicaban a cuáles oficios o qué ocupaciones tenían. Ese padrón de Diez Madroñero incluía la noticia sobre quiénes se confesaban, quiénes comulgaban y quiénes no.
Increíble en los ojos de nuestro tiempo, pero era todo un sistema de control social organizado por el obispo. Por si fuera poco, logró que el cabildo de Caracas, el 22 de enero de 1764, cambiara el nombre de la ciudad y a partir de entonces se llamó por un tiempo, porque después se deshizo, se llamó Ciudad Mariana de Santiago de León de Caracas. Bueno...
La lista de las esquinas con nomenclatura católica es larga. Vamos a dar algunos ejemplos de esquinas que llevan este nombre: la Encarnación, el Hijo de Dios, Nacimiento, el Niño Dios, Circuncisión y Bautismo de Jesús, Huida a Egipto, Oración del Huerto, la Sangre de Jesucristo, la Agonía, el Perdón, el Juicio Universal. Bueno, en esta materia también nos remitimos al formidable trabajo de Rafael Valerí Salvatierra, titulado La nomenclatura caraqueña, donde se abunda en el origen de las denominaciones organizadamente y Valerí sitúa en 1766 exactamente el año que Diez Madroñero bautizó las calles y esquinas con nombres.
Además, Valerí asevera que será en los planos individuales de las parroquias caraqueñas en 1836 cuando se fijen los nombres en mapas por primera vez, y va a ser el plano completo de Caracas de 1843 cuando se incorporen las denominaciones. Bueno, la mayoría de estas denominaciones eran bíblicas y los caraqueños han debido tener la sensación de vivir en una suerte de prolongación callejera del ámbito eclesiástico. Bueno, era una absoluta inundación de lo público por parte de la Iglesia Católica.
Y bueno, luego ocurrió lo previsible: fallecido el obispo, la nomenclatura de las esquinas comenzó a cambiar. Ya no había fiscal que vigilara que no cambiaran los nombres y comenzaron a hacerse populares las denominaciones. Pero lo interesante es que la práctica de denominar a las esquinas se mantuvo, pero con otro signo.
Además, el obispo tuvo unas disposiciones religiosas muy particulares: obligó a tocar el ángelus tres veces al día, al amanecer, al mediodía y al anochecer. Prohibió el juego de Carnaval, aquel que se hacía con agua y harina, y en sustitución del juego de Carnaval organizó largas procesiones en las que se rezaba el Rosario. Imagínense ustedes, todo esto condujo a que Arístides Rojas titulara una de sus crónicas sobre los tiempos de Diez Madroñero como "Caracas era un convento". Bueno, con buenas razones.
Y Enrique Bernardo Núñez, en La ciudad de los techos rojos, dice lo siguiente: "Los portones estaban decorados con imágenes de los santos patrones. En las esquinas ardían candiles de grasa ante las cruces e imágenes piadosas". Bueno, toda esta imantación religiosa de la ciudad duró los once años del obispado de Madroñero.
En 1769, cuando él muere, la ciudad volvió al Carnaval, ya no se rezaba el ángelus y, por supuesto, se modificó el ritmo de las procesiones y hubo unos tonos musicales más festivos, menos lúgubres, menos de luto. Era una cosa verdaderamente muy triste. Y en los tiempos de este obispo, José Luis de Cisneros escribió su Descripción exacta de Venezuela, publicada en España en 1769.
Allí él tiene una visión sobre la ciudad de Caracas muy particular. Por ejemplo, señala Cisneros en 1764... me equivoqué el año, disculpen. Dice: "El ambiente es algo melancólico y especialmente por las tardes a causa de las nieblas que descienden de la alta cordillera que tiene a la espalda la ciudad". Bueno, eso obviamente ha cambiado bastante.
Luego apunta una cifra que es interesante. Dice: "Su vecindario pasa de 26.340 almas". Sin embargo, Cisneros no dice de dónde obtiene esa cifra. No sabemos en qué censo se basó, pero esa es la cifra que él da, y el consumo del cacao en el país está excesivo porque se tiene por alimento imprescindible; unos lo toman en chocolate, otros, y son los más, sin canela ni azúcar, solo con papelón, que es una especie de azúcar morena.
Y en todos los valles de la costa del mar y ciudades de tierra adentro no toman sin ninguna especie dulce que llaman cerrero y a todas horas del día, por cuya razón debemos considerar consumidas en el propio país 34.109 fanegas, 90 libras, 5 onzas de cacao. Aclaremos que no estamos hablando de chocolate sólido porque eso para esa fecha no existía; estamos hablando de chocolate que se bebe, una bebida amarga en algunos casos porque no estaba endulzada. En otros casos sí, como él dice, con papelón.
Lo curioso es la observación de que una bebida generalizada en la ciudad que la tomaba todo el mundo. Bueno, y no resulta extraño por qué los reportes aduanales hallados por el maestro Eduardo Arcila Farías. Dice que en el año 1763 exportaban 83.215 fanegas de cacao, de manera que la cifra que ofrece Cisneros es casi la mitad del consumo interno. Es un dato interesante.
Y otro dato valioso de Cisneros es este: aunque camino es muy fragoso, se anda en cuatro horas. Ojo con esto, se refiere al tiempo que toma ir de Caracas a La Guaira, aunque no lo precisa; suponemos que se trata del descenso de los 800 metros de altura de la ciudad hasta el nivel del mar. Sospechamos que el mismo camino en ascenso puede ser que tome más tiempo, quizás el doble, pero él dice que bajar de Caracas a La Guaira toma cuatro horas. En cualquier caso es un dato preciso.
Bien, y en 1764 también vamos a tener de vuelta la viruela. De nuevo, dice Luis Alberto Sucre en su libro Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, que la epidemia de viruelas alcanzó grandes proporciones. Él refiere un manuscrito de fray José Antonio Domínguez que reposa en el British Museum de Londres, y que allí se dice que la enfermedad causó mil muertes.
Y a causa del amontonamiento no se les pudo dar sepultura individual por razones sanitarias y fueron dispuestos los cadáveres en una zanja en el cementerio de Santa Rosalía. La verdad es que mil personas parecen mucha gente si damos por bueno el censo de Cisneros: se trataría entonces del 0,5 % de la población. Por su parte, Agustín Codazzi dice que fueron entre 6.000 y 8.000 los fallecidos, pero tampoco dice de dónde obtuvo esas cifras; parecen abultadas.
Pero en todo caso fue una epidemia terrible, que seguiremos viendo en la próxima parte del programa. Bueno, estábamos hablando de la epidemia terrible, viruela, en 1764. Entonces gobernaba en Caracas un hombre entonces muy apreciado, don José Solano y Bote, que había llegado a La Guaira en noviembre de 1763 y fue gobernador hasta 1771, y le tocó implementar buena parte de las reformas borbónicas.
Y además le tocó instrumentar la expulsión a los jesuitas; tuvo que lidiar con Diego Antonio Diez Madroñero, este obispo tan particular, de modo que no fue fácil para él la situación. Y además, Solano y Bote es el fundador del pueblo de Chacao, esto es importante. De hecho, la orden que otorga la Alcaldía de Chacao es la Orden Don José Solano y Bote, porque fue el fundador de ese pueblo que quedaba en las afueras, muy en las afueras de la ciudad, y tomaba tiempo llegar a él por caminos de tierra, por supuesto.
En cuanto a la expulsión de los jesuitas, el decreto real fue firmado el 27 de febrero de 1767 y los expulsaron de todo el reino; eso incluía, por supuesto, las posesiones americanas. A Solano y Bote lo va a sustituir Felipe Fondeviella, y después asumió otro gobernador, Francisco de Arce. Y en 1766 vamos a tener un terremoto en Caracas, el 21 de octubre al amanecer.
El norte del país es sacudido por un sismo de considerables proporciones; la capital se vio afectada aunque en menor medida, en relación con el terremoto anterior. Bueno, hay un párrafo de Carlos Duarte donde dice lo siguiente: "Los edificios de la ciudad fueron examinados cuidadosamente y se comprobó que habían sido muy pocos los que sufrieron daños. La antigua torre de la catedral se agrietó de tal forma que fue necesario mandarla a demoler hasta el primer cuerpo". Su reconstrucción tardó varios años y dio lugar a la ejecución de la estatua de la Fe, que la coronó luego.
Por otra parte, un historiador y antropólogo experto en temas de terremotos, que se llama Rogelio Altez, señala que con todo el terremoto causó muy pocos daños y tampoco hubo fallecidos, señala Altez. Bueno, y les comentaba antes que don José Solano y Bote va a fundar el pueblo de San José de Chacao, el 19 de abril de 1768. ¿Por qué lo puede hacer? Porque hay una donación muy grande en los terrenos por parte de doña Rosa Pantoja, propietaria de la hacienda San Diego.
No era un pueblo doctrinero, es decir, no era un pueblo donde los misioneros desempeñaban las artes de la evangelización de los indígenas, sino que se trataba de un pueblo de españoles, a diferencia de otros pueblos aledaños que sí eran pueblos de indios o pueblos doctrineros. Además de doña Rosa Pantoja, quien señaló incluso el lugar donde se construiría la iglesia y la plaza mayor del pueblo, eran propietarios en las zonas las siguientes personas: Juan Vicente Bolívar y Ponte, el padre del Libertador, Francisco y Pedro Palacios Sojo, el Padre Sojo, conocido como el Padre Sojo, Feliciano de Palacios Sojo y Gédeler, Isabel María Gildea Ratia, Mateo Díaz de Alfaro, Bartolomé Blandín, Miguel José Sanz.
Y a partir de la creación de la parroquia de Chacao en 1769, un hombre muy importante para el pueblo de Chacao: el padre José Antonio García Moedano, conocido como el Padre Moedano. Fíjense que muchos años después, en 1915, las autoridades locales en Chacao decidieron que la plaza mayor de Chacao llevara el apellido Moedano en homenaje al padre. Pero en 1944 se efectuó una colecta popular para colocar una estatua de Bolívar y la plaza Moedano pasó a llamarse Plaza Bolívar.
Bueno, unas cuantas calles o una docena a lo sumo formaron el primer trazado del pueblo de Chacao. Y va a ser luego, a partir de la inmigración europea en Venezuela entre 1939 y 1958, cuando españoles, portugueses e italianos se muden al Chacao, construyan sus nuevos edificios dándole ese aire de suburbio europeo o mediterráneo que se conserva en todas las calles del pueblo de Chacao. Uno en Chacao cree que está en las afueras de Roma o de Nápoles, y el crecimiento fue tanto en tan pocos años que para 1950 se contaban 25.788 habitantes en el pueblo de Chacao.
Recordemos otra cosa, y es que la avenida Francisco de Miranda se construye entre 1952 y 1958, y la avenida acota al pueblo de Chacao. También señalemos que la autopista del Este, que fue construida entre 1951 y 1956 en su primera etapa, conectaba a la ciudad en expansión con la Caracas antigua. Bueno, hoy en día está totalmente integrado a la urbe; el pueblo de Chacao fue conurbado absolutamente.
Volvamos a nuestros tiempos que estamos revisando y veamos la visita pastoral del obispo Mariano Martí entre 1771 y 1784. Bueno, en relación con su visita, sus observaciones se ciñen a lo propiamente eclesiástico, de modo que no tiene mucho interés para nosotros. Pero la consignamos. En todo caso también es interesante ver un cuadro que organiza Federico Brito Figueroa con base en las cifras del obispo y apunta el número de 24.187 habitantes en Caracas para 1772, y en ese mismo estudio se alcanza una cifra global de la población de Venezuela de 898.243 habitantes para los años 1800-1810.
Y dice Brito Figueroa que el 1,3 % eran blancos peninsulares. El 19 % eran blancos criollos. El 45 % de la población eran pardos. El 4 % eran negros libres y manumisos.
El 9,7 % eran negros esclavos. El 2 % eran negros cimarrones. El 8,4 % eran indios tributarios, el 3,5 % eran indios no tributarios y el 6,5 % de la población era indígena marginal. Es muy interesante estas cifras de Brito Figueroa porque nos dan una radiografía bastante aproximada a lo que era la composición poblacional de Venezuela para el año 1800-1810.
Volvamos a nuestro siglo y veamos el plano de Caracas que hizo, mandó a ser, Juan Vicente Bolívar y Ponte, el padre de Simón, de María Antonia, de Juana y de Juan Vicente Bolívar Palacios. El gobernador José Carlos de Agüero explica en una carta por qué escoge a Juan Vicente Bolívar para hacer el plano y dice lo siguiente: "Y de no tener el conocimiento de toda ella por el poco tiempo que me hallo mandándole, determiné pasar un oficio al oficial real don Juan Vicente Bolívar, que como práctico natural y vecino de esta ciudad debía tener el conocimiento que se requiere". Bueno, recordemos que el primer plano es el de Pimentel en 1578.
Ahora estamos en 1772, 294 años después entre un plano y otro, y está en medio la nomenclatura de Diez Madroñero. Y este gobernador Agüero también es el que recomienda la creación de los alcaldes de barrio para la mejor atención en sus departamentos, y entonces Caracas para 1774 tenía cuatro barrios señalados: Altagracia, La Candelaria, San Pablo y Santa Rosalía. Y el gobernador Agüero envió una carta al rey con un reglamento para los alcaldes de barrio y el plano del 31 de enero de 1775; el rey le dice que consulte con los cabildos y que llegue a un acuerdo.
Pero esto lo vamos a ver en la última parte. Venezolanos, los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Bueno, les decía en la parte anterior del programa que íbamos a ver el tema de los primeros cuatro barrios con sus alcaldes. La modificación más importante introducida por la comisión que se designa estuvo en que se ordenaba la elección de los alcaldes y no la designación por parte del gobernador.
Esto es un hecho importante, un hecho democrático, fue un momento importante sin duda. Irma de Sola Ricardo de Lovera, en su estudio, afirma lo siguiente: con la creación de los alcaldes de barrio nace un ente jurídico que con el tiempo se transforma y llega a ser lo que es hoy el jefe civil de parroquia. Bueno, ignoraba Agüero, el gobernador Agüero, que estaba escribiendo la prehistoria de los jefes civiles tan importantes como fueron en nuestra vida ciudadana.
Por su parte, el propio Agüero señala en el reglamento lo siguiente: "Que los cuatro barrios antedichos que corresponden a San Pablo, a Altagracia, a La Candelaria y Santa Rosalía, cuya división se hará oportunamente, su tiempo. Y los términos de cada uno serán señalados por calles, puentes y quebradas". Bueno, bueno...
Y es el momento de recordar que el brigadier José Carlos de Agüero fue recibido en el cabildo en 1772 y de inmediato ejerció sus funciones con la mayor diligencia. Ya estaba la tirantez muy acentuada entre las autoridades y la Compañía Guipuscuana; el intendente José Ávalos ya había venido a Venezuela y ya le recomendaba al rey deshacer la compañía, que traía muchos inconvenientes entonces para el desarrollo. De modo que allí hubo una situación tensa en relación con la compañía Guipuscuana.
Y así llegamos a la relación del doctor Marón en 1775. Esta es una relación muy interesante que hace él sobre toda la ciudad; hay cosas que dice que, bueno, uno no está demasiado de acuerdo. Dice que Caracas era una ciudad muy triste y luego añade, especialmente por las tardes. Es muy expuesta a terremotos, lluvias y tempestades, y en el día de buen sol se experimenta en la ciudad y lo dilatado de su vega las cuatro estaciones del año.
Bueno, la tristeza de Caracas es algo que todavía algunos caraqueños anotan. Por ejemplo, en el año 2002 William Niño Araque, Federico Vega y yo entrevistamos a Tomás José Sanabria; el gran arquitecto recordaba la ciudad de su infancia y dice Sanabria: "No había nada que hacer sino meterse en las casas que eran muy sabrosas, muy bonitas. Las calles muy agradables pero, insisto, muy aburridas".
Bueno, Sanabria se está refiriendo a la Caracas de los años 20 y 30 del siglo XX, donde transcurrió su infancia y juventud. Estaba hablando siglo y medio después de la relación del doctor Marón, lo que pasa es que llama la atención que señalen lo mismo. Marón apunta algo que era moneda común en aquella época: la creencia según la cual el viento proveniente de Catia era dañino para la salud. Una cosa muy curiosa, y se creía que el proveniente de Petare era beneficioso.
Al viento de Catia lo llamaban muy enfermo y al viento de Petare, seco y fresco. Y además señala el doctor Marón que la ciudad es muy enferma para todo género de llagas. Bueno, bueno...
Y en cuanto al renglón de frutos y frutas hace una precisión valiosa. Dice: "Tres frutos son los principales que con abundancia produce esta provincia, que son el cacao, azúcar y papelón, ¡y el tabaco!". De cada uno daré una breve relación en un estado que a la vista lo manifieste todo, presuponiendo en primer lugar que los más de estos frutos se ocultan para el comercio ilícito de los holandeses, que en cambio ellos surten todos los géneros que necesitan a mucho menos precio que la Compañía Guipuscuana.
Bueno, esto es lo que también apuntaba el doctor Arcila Farías. Y si bien al principio de la relación el doctor Marón estableció como tres los principales frutos en la provincia, páginas más adelante le añade dos más a la lista: el añil y el maíz. Y además suma otros frutos y dice: "Además de estas legumbres se coge mucho arroz, algodón, café, plátanos dominicos, cambures, salinas en la costa, muchos cueros, cordobanes, gamuzas, queso, leche, manteca".
Bueno, como que no eran tres solamente los frutos de la provincia, eran muchos más. Y después ofrece un dato asombroso para las costumbres alimenticias de hoy en día, dice el doctor Marón: "En la inteligencia que todas las personas de esta provincia sin distinción de edad ni sexo comen carne lo menos tres veces al día, así por la costumbre como por valer barata". ¿Qué tiempo es aquello? Comer carne tres veces al día porque era muy barata.
Bueno, no solo asombroso desde el punto de vista económico sino también nutricional. Comer carne tres veces al día hoy en día sabemos que no es nada favorable. Y hay otro dato interesante: "A cada persona sin distinción se le da una arepa y un cuarterón de casabe para cada comida". En esta inteligencia solo regulo dos arepas y tres cuarterones de casabe al día a cada cabeza.
Bueno, no es poca la cantidad de comida que contabilizaba Marón, francamente, sobre todo si la comparamos con las costumbres dietéticas de la actualidad. Fíjense en la ingesta de bebidas diarias que él señala: "El chocolate, llamado así a la bebida que hacen del cacao tostado, es tan común en esta provincia que todas las personas lo toman sin distinción de clase ni edad". Mediante esta costumbre y tomarlo por la mañana, a la tarde o noche, siempre con carne asada, regulo cada persona una onza al día que corresponde a 23 libras de chocolate al año; en nuestro caso, el chocolate sólido es líquido.
Bueno, imagínense, la relación de Marón nos ofrece también datos importantes para la verificación de la situación del comercio ilícito, así como la situación de la Compañía Guipuscuana de la que venimos hablando. Y resulta sumamente curioso el método de pegarle fuego a la sabana cuando hay buen viento, corriendo el riesgo de que el fuego arrase con caseríos y pueblos, así como con el monte. Marón habla de que a pesar de este método las providencias que hay para atajarlo funcionan. Bueno, esto es muy interesante.
También dice Marón en el año 1763: "Con motivo de unos géneros holandeses que se introdujeron en Caracas se levantó allí una peste de viruelas", y aquí da una cifra todavía peor que anteriores: que murieron más de 10.000 personas. Bueno, no lo creemos en esa misma magnitud, pero sin duda aquella peste de viruela fue muy grave con todas las indicaciones que venimos recogiendo de distintos autores.
Y llegamos entonces a la creación de la Capitanía General de Venezuela en 1777. ¿De cuya capital? ¿De quién? Caracas es la capital. Ese proceso de consolidación institucional iniciado con la creación de la Intendencia con la real cédula de 1776 se fortalecía ahora con otra cédula real que crea, el 10 de septiembre de 1777, la Capitanía General de Venezuela.
Allí en la cédula real dice el rey, y con esto terminamos el programa: "Por cuanto teniendo presente lo que me han representado del actual Virrey Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de Granada, los gobernadores de las provincias de Guayana y Maracaibo acerca de los inconvenientes que producen en las indicadas provincias, tanto como la de Cumaná e islas de Margarita o Trinidad, sigan unidas al presente, lo están al virreinato y Capitanía General del indicado Nuevo Reino de Granada, y agregarla a lo gubernativo y militar a la Capitanía General de Venezuela, del mismo modo que lo están por los respectivos al manejo de mi real hacienda, a la nueva intendencia erigida en dicha provincia y ciudad de Caracas, su capital".
Hasta allí el rey de España. Y hasta aquí nuestro programa de hoy, el quinto capítulo sobre la historia de Caracas. Estamos en 1777; en el capítulo sexto avanzaremos a partir de aquí. Como siempre, un gusto muy grande hablar para ustedes. Subtítulos por la comunidad de Amara.org.