Transcripción
El gobierno de López Contreras fue, como sabemos, una suerte de puesta al día de un país rezagado durante la dictadura gomecista. La apertura que trajo el gobierno de López incluyó todos los órdenes de la vida social. Se presentó un Plan de Modernización Institucional del Estado, de la República, el llamado Plan de Febrero de 1936, que incluyó reformas en casi todas las facetas de la vida nacional.
Producto de ese plan es la creación durante el gobierno de López Contreras del Banco Central de Venezuela, la Contraloría General de la República, el Instituto Técnico de Colonización e Inmigración, el Instituto Pedagógico Nacional, el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, el Consejo Venezolano del Niño y el Banco Industrial de Venezuela. Y en materia legal se promulgan la Ley de Educación de 1940, una ley muy importante, la Ley del Seguro Social Obligatorio también de 1940, y en 1941 se firma el tratado sobre las demarcaciones fronteras y navegación de ríos comunes con Colombia.
Antes, en 1940, se ha firmado el Tratado Comercial con Estados Unidos. Entre las leyes de ese gobierno de López Contreras, ya un quinquenio por voluntad propia, destaca en materia petrolera la Ley del Trabajo promulgada el 16 de julio de 1936. Esta ley es la que va a consagrar el derecho de asociación colectiva de los trabajadores y el derecho a la huelga.
Esto le daba marco legal a la huelga petrolera de finales de 1936. Esta huelga comenzó el 14 de diciembre de 1936 y concluyó el 22 de enero de 1937. Concluye con un decreto presidencial que sube el salario de los trabajadores petroleros y lo llevaba hasta un bolívar diario, eran otros tiempos, por supuesto.
Esta fue la primera huelga laboral de Venezuela moderna, fue precedida por aquella famosa manifestación general del 14 de febrero de 1936 que, si bien no fue una huelga laboral, sí dejó claro que los venezolanos habían perdido el miedo y tomaban la calle. En esto insistió mucho el gran historiador Manuel Caballero, en el tema de que Venezuela perdió el miedo el 14 de febrero de 1936. Por su parte Rómulo Betancourt, en su libro Venezuela Política y Petróleo, un libro de 1955, le da una interpretación optimista al significado de la huelga.
Él veía en la huelga un despertar de la conciencia nacional en relación con el control de la riqueza. Por su parte, el 5 de agosto de 1936 el Congreso Nacional sanciona una nueva ley de hidrocarburos y demás minerales combustibles, así era como se llamaba. Esta ley la presenta quien entonces se desempeñaba como ministro de Fomento, Néstor Luis Pérez. Hay un debate parlamentario intenso sobre el proyecto de ley, a diferencia del período gomecista donde muy poco se discutían las leyes en el Congreso, por no decir absolutamente nada.
Las críticas a las concesionarias no se hicieron esperar en ese debate; el espíritu de la ley apuntaba a un mayor control por parte del Estado de la actividad petrolera. La ley entonces va a subir los cánones a pagar por parte de las concesionarias y, sobre todo, indicaba un derrotero a seguir por parte del Estado en relación con la renta petrolera. Por supuesto, la consecuencia inmediata es que Néstor Luis Pérez, el ministro de Fomento de López Contreras, se gana la antipatía de las concesionarias, quienes veían en este proyecto de ley un instrumento legal que afectaba a sus intereses. En este debate nacional, que cobra cuerpo en el Congreso y otros ámbitos públicos, comienza a hacerse el petróleo el epicentro de la vida política venezolana.
En este contexto va a ocurrir el famoso editorial del diario Ahora. A ese periódico había entrado a trabajar un joven en enero de 1936; ese muchacho se llamaba Arturo Uslar Pietri y entre sus labores estaba escribir sin firmar los editoriales del diario. El 14 de julio de aquel año, 1936, publicó un editorial titulado Sembrar el petróleo.
Al tiempo se supo que el autor era Uslar Pietri y a partir de entonces le atribuyeron directamente la escritura del editorial famoso, que se convirtió en un lema, quizás el lema más comentado y popular de la historia política venezolana: Sembrar el petróleo. Desde entonces hasta hoy este lema de Sembrar el petróleo forma parte de las deudas centrales del país con su proyecto histórico. Asimismo, constituye una suerte de desiderátum del proyecto nacional. Voy a leerles un párrafo del editorial de Uslar Pietri.
Dice: "La única política económica, sabia y salvadora que debemos practicar es la de transformar renta minera en crédito agrícola. Estimular la agricultura científica y moderna. Importar sementales y pastos. Repoblar los bosques. Construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen del agua. Mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros. Esa sería la verdadera acción de construcción nacional, el verdadero aprovechamiento de la riqueza patria, y tal debe ser el empeño de todos los venezolanos conscientes. Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica, lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina en crear riquezas agrícolas reproductivas y progresivas. Sembrar el petróleo".
Bueno, noten que el proyecto propuesto por Uslar es exclusivamente agrícola y ganadero porque menciona los sementales y los pastos. Y habla en alguna medida de la agroindustria, pero no es un proyecto industrial como tal, cosa que llama la atención ya que la industrialización para 1936 ha debido ser un norte a seguir. Sin embargo, quizás pensó Uslar que era hipotético, utópico pensar en la industrialización en aquel momento.
En cambio sí era urgente y perentorio colocar el acento en el desarrollo agrícola y pecuario. Seguramente pesaba en el ánimo del joven editorialista el perjuicio que ya comenzaba a notarse en la producción agrícola en la medida en que la producción petrolera ascendía. También es probable que pesaran mucho en su ánimo las teorías agrarias de su amigo Alberto Adriani, conocidas y compartidas por Uslar entonces. El mismo ministro Néstor Luis Pérez, en el camino de darle mayor importancia a la institucionalidad estatal en relación con el petróleo, va a crear la Dirección de Hidrocarburos del Ministerio de Fomento y va a revisar con lupa los mecanismos de fiscalización sobre las concesionarias.
Como vemos, en 1936, cuando está comenzando el gobierno de López Contreras, se colocan sobre la mesa unos temas que no habían sido tocados antes. Hemos aludido a la famosa frase del editorial de Uslar Pietri, Sembrar el petróleo. Hemos aludido a la Ley del Trabajo que produce la huelga petrolera, la primera que hubo. Y bueno, también hay que señalar que el clima entre el ministro Pérez y las compañías vino a enrarecerse más con la nacionalización del petróleo en México.
Esto lo hace el gobierno de Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938. ¿Por qué? Porque las concesionarias temían algo similar en Venezuela. Pero, en verdad, este no era el propósito de López Contreras, por más que su ministro de Fomento ajustara las tuercas cada vez más en cuanto a la exigencia del cumplimiento y pago de tributos, y también al pago de deudas pendientes por parte de las concesionarias. Acabamos de decir que Pérez empeñado en fortalecer la fiscalización, a partir de la creación de la Dirección de Hidrocarburos del Ministerio de Fomento, fue un paso más en la institucionalización de la actividad petrolera.
Recordemos que para esta fecha no había sido creado el Ministerio de Minas e Hidrocarburos y que la actividad petrolera dependía en su totalidad del ministro de Fomento. El petróleo era una rama del Ministerio de Fomento, que era uno de los ministerios esenciales para la actividad económica del país. En la próxima parte del programa continuaremos revisando estos aspectos esenciales del gobierno de López Contreras y el petróleo; ya regresamos.
En este marco de 1936 y 1937 que venimos hablando, en los primeros años del gobierno de López Contreras, el ministro Néstor Luis Pérez presenta a consideración del Congreso Nacional una nueva ley de hidrocarburos. Las compañías extranjeras, las concesionarias, se llevan las manos a la cabeza, pero nada pudieron hacer para impedir el curso del texto legal. Recordemos que entonces la opinión pública estaba ganada a la idea de exigir mayor rendimiento para el Estado de la actividad petrolera.
La ley finalmente es aprobada el 13 de julio de 1938 y se esperaba su vigencia a partir del 21 de diciembre de ese mismo año. La ley trajo una modificación tan radical de lo que entonces estaba vigente que las compañías no se animaron a pedir nuevas concesiones bajo el marco legal nuevo. Esto trajo unas consecuencias graves también. Con semejante cambio a favor del Estado y en desmedro de las concesionarias, estas optaron por quedarse inermes, no hicieron nada, es decir siguieron con sus concesiones de tiempos del general Gómez, que se regían por las leyes entonces, y no pidieron nuevas concesiones.
Con lo que la ley de 1938 pasó a estar en una suerte de limbo que era prácticamente una letra muerta, porque la ley creaba un nuevo marco legal concesionario y las compañías no pedían nuevas concesiones porque pensaban que ese marco no les convenía, era contrario a sus intereses. Y de allí que no se exagera al afirmar que la ley no tuvo aplicación, ya que ninguna concesión fue otorgada bajo su imperio o su marco legal. López Contreras entendió el golpe del rechazo y negativa de las concesionarias y no le queda otro camino que separar del cargo a Néstor Luis Pérez. Iba a nombrar entonces un venezolano verdaderamente de gran trascendencia histórica como fue Manuel R. Egaña.
Egaña va a ser designado ministro de Fomento el 1º de agosto de 1938; por cierto va a ser Egaña quien primero delinee una política petrolera escrita, seria, formulada y articulada. Eso va a ocurrir en la Memoria del Ministerio de Fomento de 1941; allí presenta Egaña 10 puntos generales que le marcan un norte a la política petrolera. Esos puntos van a ser los siguientes, voy a enumerar lo que son sustanciales a nuestro juicio. Dice Egaña: una participación más justa de la nación en la riqueza del subsuelo.
Otro punto: el Estado debe cobrar vigilancia, control y dirección cada vez mayores sobre las actividades petroleras. Otro punto: se busca el norte del desarrollo de los campos productores de petróleo liviano. Otro muy importante: la refinación en el país para fines de exportación. Otro punto: ampliación de los mercados y, por último, el Estado debe estimular la reinversión en el país, dice Egaña, y encauzar los impuestos y derechos hacia las formas más simples.
Esta primera política petrolera claramente establecida en esa Memoria del Ministerio de Fomento de 1941 va a dejar claro que se intensificará la participación del Estado en sus labores de fiscalización, en todo aquello que propenda a proveerle la mayor cantidad de recursos al Estado, fruto de la explotación petrolera. También queda claro que se buscará estimular la refinación en el país. Antes de estas definiciones de Egaña, en materia petrolera, el gobierno, como dijimos antes, había logrado firmar un tratado de reciprocidad comercial con los Estados Unidos el 24 de julio de 1940. Este instrumento trajo un aumento acerca del tope de petróleo venezolano que podía enviarse a Norteamérica.
Este pasó de 35 millones de barriles en 1938 a 58 millones de barriles en 1940, un aumento mayor al 20%. Recordemos que los productores de petróleo en Estados Unidos, como dijimos en programas anteriores, habían hecho un lobby muy eficiente para sus intereses para que se limitaran los envíos de crudo extranjero, ya que iban a competir con la producción norteamericana. Y Venezuela fue el país más perjudicado por esta decisión, y aquí estamos viendo que gracias al tratado esa decisión comienza a revertirse, en modo como un tratado de mayor importancia para los intereses venezolanos.
La participación de Egaña en los asuntos públicos venezolanos no se detuvo en 1941 y el petróleo se va a convertir en un tema permanente de su reflexión económica. Su biógrafo, Luis Javier Grisanti, lo ubica junto con López Contreras como nacionalista prudente y también con buenas razones lo considera al primer historiador del petróleo en Venezuela. Ya que Egaña es el autor de un texto que se titula Tres décadas de producción petrolera, ese es un texto de 1947. Para este año Edwin Lieuwen no había publicado su historia, la primera historia del petróleo en Venezuela; el estudio de Lieuwen concluye en 1954 y, como sabemos, ha sido fuente de inspiración en muchos trabajos posteriores.
Por su parte, en el mundo está ocurriendo un cambio importante: Arabia Saudita y Kuwait entran a la escena petrolera en estos años de los que venimos hablando del gobierno de López Contreras, entre 1936 y 1941. Veamos someramente cómo fue esto: Muhammad bin Saud es el fundador de la dinastía saudí. Esto ocurre en el año 1700; un descendiente suyo, Ibn Sa'ud, conquistó territorio y consolidó la dinastía entre 1900 y 1932. En ese año, el 32, comienza a denominarse Arabia Saudita.
Los efectos de la Gran Depresión también habían llegado hasta la península arábiga. Entonces entra en escena un personaje del petróleo, Harry St. John Bridger Philby, nombre larguísimo; era amigo personal del monarca saudita y lo convence de que las soluciones a sus problemas están bajo el suelo de su país. Por cierto, este Philby era el papá, el padre del legendario Harold Kim Philby, nada menos que el jefe del contraespionaje soviético de los servicios secretos británicos, es decir, el más célebre agente doble de su tiempo. Harold Kim Philby era el hijo, el hijo del padre de quien estamos hablando.
Philby entonces sirve de puente en las negociaciones entre la Standard Oil of California, SoCal, y el rey, y se firma un acuerdo en 1933, el 29 de mayo. El jeque concedía una extensión de seis mil hectáreas por un lapso de 60 años y recibía una suma por adelantado que lo sacaba del atolladero en el que estaba metido. Luego entran otros: en el año 36 la Anglo-Persian y la Irak Petroleum Company obtuvieron otras concesiones de menor extensión, pero las obtuvieron. Y en marzo de 1938 se halla petróleo en el pozo Dammam número 7.
Las prospecciones eran más que alentadoras; un año después el oleoducto entre el campo petrolero y el puerto Ras Tanura fue inaugurado. En ese momento en que Ibn Sa'ud gira la válvula del petróleo ignoraba que su país iba a ser el mayor productor de petróleo en el mundo durante muchos años. De inmediato, el emir de Kuwait, su vecino, empieza a escuchar ofertas para buscar petróleo en sus territorios y se le acerca Frank Holmes de la mano del Golfo. Y finalmente se asocian la Anglo-Persian y la Gulf, 50% cada uno, y crean una empresa, la Kuwait Oil Company.
Esta empresa firma con el emir Ahmad el 23 de diciembre de 1934. Los trabajos de sísmica exploratoria comienzan en 1936 y se halla petróleo en grandes cantidades el 23 de febrero de 1938 en el campo Burgan, al sureste de Kuwait. Bueno, las celebraciones en Arabia Saudita y Kuwait fueron ruidosas ya que comenzaba otra era para ambos estados. Sin embargo, había que esperar porque la guerra mundial estaba tocando las puertas y vino a detener el desarrollo de la península arábiga.
El bombardeo de Dammam por parte de aviones italianos en octubre de 1940 encendió la luz de alarma y las inversiones se detuvieron en seco, no hubo más inversiones. La construcción de la gigantesca refinería de Ras Tanura en Arabia Saudita se pospuso y Kuwait cerró la producción petrolera, ya que existía el temor de que los pozos fuesen tomados por las fuerzas del Eje, aquel Eje formado por Alemania, Japón e Italia, y las fuerzas aliadas llevaron a decisión de cerrar los pozos. Incluso tomaron una decisión drástica porque taponaron los pozos con cemento, de manera tal que las fuerzas del Eje no pudieran adueñarse de los pozos, que era el temor de las fuerzas aliadas. Va a tener que terminar la guerra para que se retomen las inversiones en Arabia Saudita y en Kuwait.
Pero esos serán temas de la próxima parte del programa, donde veremos el gobierno de Isaías Medina Angarita y el petróleo, un gobierno que fue importantísimo para el desarrollo petrolero venezolano. Ya regresamos.
El presidente Medina, desde la primera alocución que da cuando asume la presidencia de la República, el 5 de mayo de 1941, va a asomar sus proyectos tributarios. Dijo entonces: ello implica en primer término la revisión cuidadosa de nuestro sistema tributario, no solo para hacerlo más justo o socialmente y más estable desde el punto de vista fiscal, sino también para que, aumentadas en su estrecha correlación la riqueza pública y la riqueza privada, pueda el Estado atender con eficacia a las necesidades nacionales. Esto se va a expresar muy pronto en la Ley de Impuesto sobre la Renta que se va a sancionar en 1942 y que trae como consecuencia una recaudación tributaria por parte del Estado muy grande, y también incluía la fuente petrolera.
Ya que las concesionarias obviamente no estaban exentas de pago e impuesto sobre la renta, ya que desempeñaban una actividad económica en el territorio nacional. Esta ley fue el primer paso para obtener mayores ingresos sin necesidad de negociar condiciones con las compañías petroleras; obviamente las concesionarias protestaron pero no lograron detener la aplicabilidad de la ley. En cambio, la Ley de Hidrocarburos es diferente.
Recordemos que las compañías petroleras mundiales vienen de un hecho reciente y para ellas muy traumático, me refiero a la nacionalización del petróleo en México en 1938. Este hecho les coloca a la defensiva por una parte y en actitud comprensiva por otra. Se sabía que el Estado venezolano podía hacer lo mismo y las consecuencias para las empresas transnacionales eran contundentes, como pasó en México, que no pudieron participar en el negocio petrolero a partir de la ley del 38. Ellos se preguntaban las concesionarias: ¿por qué no puede ocurrir lo mismo en Venezuela?, de modo que estaban muy alertas en este sentido.
Hay otro factor que incide particularmente en el ámbito petrolero, la reacción de las leyes, y es la Segunda Guerra Mundial, como sabemos ha comenzado en 1939. Y en el momento de asumir Medina en 1941 estaba lejos de terminar; la guerra termina en el año 45. De modo que era un factor importante en las negociaciones.
De allí que los Estados Unidos buscan que Venezuela sea ajena a decisiones radicales como la mexicana y Venezuela, por su parte, con inteligencia aprovecha el temor para avanzar en sus pretensiones. Esta atención fue conduciendo a un acuerdo básico dentro de la política de Franklin Roosevelt, del buen vecino para América Latina. Sobre todo recordemos que estábamos en una situación bélica y el petróleo venezolano era un factor fundamental en la confrontación planetaria. De allí que los Estados Unidos y Roosevelt, su presidente en particular, manejaran el tema petrolero con Medina con mucho cuidado.
Aquí va a ser entonces muy importante el papel del embajador Frank Corrigan. En este sentido, Margarita López-Maya, en un trabajo muy bueno que se titula Estados Unidos en Venezuela 1945-1948, revelaciones de los archivos estadounidenses, llega a afirmar lo siguiente en relación con Corrigan. A los fines de evitar una nacionalización como la mexicana y asegurarse el abastecimiento durante el período de la guerra, eso era lo que pretendía Corrigan, es decir el trabajo que le habían asignado desde el Departamento de Estado en los Estados Unidos. De modo que había una atención importante e interesante sobre la base de esos dos factores que ya señalamos: la nacionalización mexicana del 38 y el curso de la Guerra Mundial.
Y de allí que los Estados Unidos no podían arriesgarse a romper el hilo con Venezuela, ya que habría sido una catástrofe para los suministros de energía que demandaba la guerra. Por otra parte, Venezuela necesitaba urgentemente salir del limbo en el que se había colocado ella misma por la ley 38, porque esta ley fue tan ambiciosa en sus pretensiones que condujo, como vimos antes, a que las compañías no solicitaran nuevas concesiones. Y esto perjudicaba notablemente el país, porque lo dejaban suspenso en cuanto a la exploración petrolera y no llegaban nuevas inversiones derivadas de la actividad petrolera.
Por su parte Medina, entre sus objetivos estaba expandir la industria petrolera nacional; para ello el otorgamiento de nuevas concesiones era indispensable, pero con la ley del 38 parecía imposible. De allí que Medina toma la decisión de nombrar una comisión especial presidida por él mismo para que redacte una nueva ley de hidrocarburos. Esta comisión comenzó a sesionar el 6 de enero de 1943 y estuvo integrada por funcionarios públicos de alto nivel que tenían relación con el tema petrolero. Estoy hablando del ministro de Hacienda, Alfredo Machado Hernández, el ministro de Educación Nacional, Gustavo Herrera.
El procurador general de la Nación, Gustavo Manrique Pacanins; el ministro de Fomento, esencial en todo este proceso, Eugenio Mendoza; el secretario de la Presidencia de la República, Arturo Uslar Pietri; un asesor y exministro de Fomento, Manuel R. Egaña, y una lista importante y larga de consultores jurídicos de ministerios, técnicos y expertos petroleros. Allí estaban Julio Medina Angarita, hermano del presidente, Luis Loretto, Rafael Pisani, Pedro Ignacio Aguerrevere, Edmundo Luongo Cabello, Carlos Pérez de la Coba, Ángel Demetrio Aguerrevere, Luis Herrera Figueredo y Luis Jerónimo Pietri. Esta comisión denota un cambio simbólico importante, ya que con excepción de su hermano Julio no advertimos a otro tachirense en la lista y tampoco a ningún militar. Cosa muy significativa porque se trataba del gobernante escogido dentro de las filas de las Fuerzas Armadas, como ya era tradición para entonces dentro de la conocida hegemonía militar tachirense.
La ley y los cometidos en política petrolera de aquella época tenían como uno de los asuntos centrales lograr que las concesionarias refinaran en Venezuela. De allí se negocian con las concesionarias grandes y pequeños estímulos tributarios, a cambio del compromiso de ampliar y construir nuevas refinerías en el país. Estas negociaciones ya no las lleva Manrique Pacanins como procurador, sino directamente el ministro de Fomento, Eugenio Mendoza, y el resultado es positivo. Recordemos que la Refinería de Puerto La Cruz comenzó a levantarse en 1945 y fue inaugurada en 1950, construida por la Venezuela Gulf Refining.
La refinería de Cardón, obra del AYEL, comenzó a operar el 1º de febrero de 1949. Y la refinería de Amuay, construida por la Creole o la Standard Oil, comienza a operar el 3 de enero de 1950. Como vemos, las tres grandes refinerías petroleras que aún funcionan en Venezuela fueron consecuencia directa de las disposiciones tributarias favorables que otorgó la Ley de Hidrocarburos de 1943. En el proceso de discusión de la ley con las concesionarias, Medina buscó tres asesores norteamericanos que trabajaran a favor del texto legal en sus aspectos técnicos y en el convencimiento de las compañías.
Esta asesoría no era del conocimiento público, pero cuando Juan Pablo Pérez Alfonso fue designado ministro de Fomento en el gobierno de Rómulo Betancourt, a partir del 18 de octubre del 45, halló la documentación escrita en la contratación de los asesores y no se guardó la información. Era de importancia, por supuesto. Por eso sabemos que el Departamento de Estado de los Estados Unidos designó a Max Thornburg como asesor para la negociación y el borrador del texto legal tuvo mucha influencia de Thornburg. Es decir, los lineamientos de este experto petrolero y abogado en estos temas fueron tomados muy en cuenta para el momento en que se prepara el borrador.
El 30 de octubre de 1942, ese memorándum que le manda Thornburg a Manrique Pacanins, si uno lo coteja con la ley, encuentra que hay muchísima influencia en todo el tema formal y legal. De allí que en febrero de 1943 el presidente de la Creole Petroleum Corporation en Venezuela, Arthur Proudfit, da su visto bueno en nombre de la concesionaria más grande que operaba en el país. Que en Venezuela se llamaba la Creole Petroleum Corporation y era la Standard Oil of New Jersey. Ellos están de acuerdo con las leyes y aceptan el texto legal y deciden no ponerse, no van a prender ninguna luz roja frente a la ley.
De modo que en pocas sesiones, en el Congreso Nacional, donde solo se oye una voz disidente y es la voz de un partido pequeño, que entonces era pequeño, y que se llamaba Acción Democrática. Allí Pérez Alfonso presenta sus objeciones al texto legal. La ley se aprueba, las negociaciones habían desgastado mucho el ministerio de Eugenio Mendoza y él renuncia, lo sustituye Gustavo Herrera. Y el propio Medina Angarita, en su autobiografía que se titula Cuatro años de democracia, dice en relación con Mendoza: "He de agregar algo más. La reforma petrolera en todos sus aspectos fue dirigida por mí personalmente, pero en ella conté con la eficiente colaboración que para ese tiempo ejercía el cargo de ministro de Fomento, ciudadano Eugenio Mendoza, quien estuvo presente en todas las conversaciones y discusiones, llegando su actuación hasta el momento en que la ley recibió el ejecútese".
Fin de la cita de Medina Angarita. En la última parte de nuestro programa seguiremos viendo estos aspectos extraordinarios y fascinantes del gobierno de Medina y su política petrolera. Ya regresamos.
En el momento de presentar la ley en el Congreso Nacional, el presidente Medina deja por escrito los motivos que tuvo para la reforma. Ellos fueron la necesidad de unificar las concesiones bajo una sola ley, derogando todos los contratos firmados bajo leyes anteriores en aras de la unidad y la coherencia. Así como una mejor y unificada recaudación de las regalías. Se buscaba también mayores ingresos para el Estado por la actividad petrolera y también, lo que ya hemos señalado, el interés de los venezolanos porque se refinara en su país su petróleo.
Estos objetivos se alcanzaron en tiempo. Por otra parte hay un factor clave y las voces oficiales no lo revelaban en sus intervenciones públicas. Nos referimos al hecho sustancial de que la ley del 43, al unificar las concesiones, también suspendía sus caducidades. Es decir, había unas concesiones que iban a concluir en los años 60 y con la nueva ley todas las concesiones iban a terminar en 1983.
Entonces esto también favorecía a las concesionarias porque les daba un horizonte mayor; la ley se está firmando en 1943. 1983 son 40 años. En cuarenta años las inversiones petroleras se recuperan con toda seguridad, de modo que esto fue un aliciente importante para las concesionarias, ya que a partir de entonces contaban con un horizonte de cuarenta años para la explotación en sus concesiones y no la aspiración de veinte años después. De modo que esto fue un punto que también las favoreció y las llevó a ver la ley con menos alarma de lo que podía preverse.
Por su parte, la ley establece el porcentaje de 16 y dos terceras partes como regalía, siempre y cuando los precios no pasen de 81 centavos por barril. No obstante, como el monto de 81 centavos llegaba a $1 por barril, el porcentaje promediaba el 50%. Muchos autores señalan que el llamado 50-50 lo instauró la ley del 43. En verdad, para nosotros se trata de una verdad a medias, ya que los precios internacionales del petróleo fueron mayores a 81 centavos por barril y en consecuencia lo recibido por el Estado no llegó a cincuenta por ciento.
Sin embargo, la Ley del 43 remitía la ley de impuesto sobre la renta del 42 en cuanto a los impuestos generales, como ya hemos dicho. De forma tal que había dos secuencias tributarias en marcha sobre la misma actividad económica. Y con base en esta disposición de la ley del 1943 fue que el gobierno de Rómulo Gallegos, en 1948, estableció plenamente el llamado 50-50.
Eso fue cuando el Congreso Nacional sanciona una nueva ley de impuestos sobre las rentas que consagra el principio en su artículo 31, y esto va a ocurrir el 12 de noviembre de 1948, apenas doce días antes del golpe de Estado militar en contra del presidente Rómulo Gallegos. En relación con este tema, los seguidores de Acción Democrática se atribuyen plenamente el 50-50 y olvidan que fue posible sobre la base de las leyes del 42 y del 43. Por su parte, los seguidores del medinismo le atribuyen los honores del 50-50 al general Medina, obviando la explicación que les acabo de dar sobre la consagración de ese principio por parte de Rómulo Gallegos. De modo que ambos llevan razones de peso, que no se excluyen unas a otras.
Recordemos también que cuando asume la presidencia de la República Medina Angarita el envío de petróleo venezolano a Europa se había suspendido, como dijimos antes, y no había manera de que llegara sin toparse con las fuerzas navales de los alemanes del Eje. Aquella porción de la producción nacional halló destino engrosando las reservas norteamericanas, pero en 1942 se presentaron nuevos problemas y el 14 de febrero de ese año siete buques petroleros fueron atacados por submarinos alemanes en alta mar cuando ya dejaban atrás la península de Paraguaná. Para colmo las refinerías de Aruba y Curaçao fueron bombardeadas por fuerzas del Eje. Era evidente que los alemanes, los japoneses y los italianos querían cortar los suministros de petróleo venezolano a las fuerzas aliadas.
Entonces se implementó un sistema subrepticio de pequeños barcos que salían del Lago de Maracaibo hacia las islas holandesas de madrugada, sin luces y fuertemente escoltados. Así fue como la producción petrolera zuliana no desapareció, pero se redujo ostensiblemente frente a estas hostilidades de los alemanes. A Medina Angarita le toca recibir la noticia del suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945. Igualmente estaba gobernando cuando caen las bombas sobre Nagasaki e Hiroshima, el 5 y 6 de agosto de 1945, de modo que le tocó el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Y muy pronto le va a tocar el golpe del 18 de octubre del 45, donde es sustituido en la presidencia por una junta revolucionaria de gobierno presidida por Rómulo Betancourt. Pero estos otros temas serán objeto de nuestro próximo programa en esta serie sobre el petróleo, Venezuela y el mundo, que estamos trabajando para ustedes. Esto es Venezolanos, les habla Rafael Arráiz Lucca.
Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez, Fernando Camacho. Y a mí me consiguen por rafaelarraiz@hotmail.com, mi correo electrónico, por Twitter arroba RafaelArraiz. Ha sido un gusto, como siempre, hablar para ustedes sobre este tema esencial para los venezolanos, como es la historia del petróleo. Hasta nuestro próximo encuentro.