Transcripción
Jesuita en Quito, que a su vez es ratificado el 29 de abril de 1830 por parte del Congreso Nacional de la República de Venezuela, que ya se ha separado de la República de Colombia. La república que los historiadores y la gente llamaban la Gran Colombia, pero esa denominación nunca existió. Fue siempre la República de Colombia.
Les decía entonces que ya separada Venezuela de Colombia gobernaba el general José Antonio Páez y ese Congreso va a ratificar lo dicho por Bolívar en Quito un año antes. Sobre este particular, el doctor Antonio Planchar Burguillos, en un estudio sobre el tema, señala lo siguiente. Les voy a leer un párrafo que lo explica, dice: "Todas nuestras tradiciones desde la más remota antigüedad parten del sistema regalista. Los orígenes romanos y españoles de nuestra legislación en cuanto a minas son enteramente inspirados en la vieja institución regalista y señorial, según lo cual los yacimientos mineros pertenecen al soberano, teniendo por objeto satisfacer las personales necesidades de los príncipes, quienes pueden concederlos a los súbditos mediante mercedes reales, en virtud de las cuales los interesados se obligaban a prestar a los señores determinadas regalías".
Aclaremos que el soberano al que se está refiriendo Planchar Burguillos no es el pueblo, es el rey, por eso se habla de sistema regalista, que viene de regalia. Planchar previamente ha aludido a las cuatro posibilidades que existen en cuanto a la propiedad de las minas. Se refiere al sistema de accesión, en el cual el dueño del suelo es dueño del subsuelo; ese es el que impera en los Estados Unidos, por ejemplo. El sistema de regalía es cuando el Estado es dueño de la mina y concede el dominio a los particulares mediante un canon o arrendamiento.
El sistema de la libre minería, res nullius, es aquel en el que el particular es dueño de la mina y el Estado regulariza la explotación. Y el sistema dominial es aquel en el que el dominio directo del Estado sobre la mina permite la concesión del derecho a explotación. Ese es el vigente en Venezuela. Desde la colonia española hasta nuestros días ha prevalecido este sistema dominial que se diferencia del de las regalías en que el dominio es facultativo, es decir, el Estado puede o no otorgar la concesión.
Esto es importante porque es la columna vertebral, base y piedra angular sobre lo que el derecho minero venezolano va a levantarse, sobre ese primer decreto de Bolívar que a su vez recoge la tradición española. Esto es también necesario señalarlo, recuerden ustedes: en pocas palabras, el sistema de regalía establece que las minas pertenecen al rey. Y el otro, el dominial, es el que establece que el soberano o el Estado, en este caso, puede o no cederlas en concesión.
¿De dónde viene este sistema jurídico que es el que recoge Simón Bolívar? Pues la referencia más lejana es la del Fuero Viejo de Castilla; estamos hablando de 1128, o sea, muchos años. Después tenemos el Ordenamiento de Alcalá, que es de 1384, cuando el rey Alfonso XI. Después vamos a tener las ordenanzas de Valladolid, de enero de 1559, firmadas por Felipe II, que ratifican el criterio que les vengo señalando.
Y vamos a tener después, más cerca, el 22 de mayo de 1783, cuando Carlos III dicta en Aranjuez las Reales Ordenanzas para la Dirección, Régimen y Gobierno del importante cuerpo de la minería de Nueva España y de su Real Tribunal General. Esas van a estar vigentes por extensión en Venezuela a partir de 1784, a esas es a las que va a aludir Bolívar en su decreto quiteño, en Quito. De acuerdo con Manuel R. Egaña, autor de un libro básico en estos temas que es Venezuela y sus minas, estas ordenanzas a las que aludimos constituyen un código de minas exhaustivo y pormenorizado.
Allí, su artículo 22 establece el objeto amplio de la ordenanza, lo voy a leer porque además: "Asimismo concedo que se puedan descubrir, solicitar, registrar y denunciar en la forma referida no solo las minas de oro o plata, sino también las de piedras preciosas, cobre, plomo, estaño, azogue, antimonio, piedra calaminar, bismuto, sal gema y cualesquiera otros fósiles, ya sean metales perfectos o medios minerales, bitúmenes o jugos de la tierra, dándose para su logro, beneficio y laborío, en los casos ocurrentes, las providencias que corresponden". Fíjense, el petróleo está comprendido en esta expresión: bitúmenes o jugos de la tierra, y una hermosa expresión sin duda, jugos de la tierra. Añadamos que el régimen de concesiones queda establecido en las ordenanzas e igualmente se establece que las concesiones son transferibles y que la regalía es el procedimiento tributario escogido. Bien, entonces, ahora recordar que el Libertador, en su decreto quiteño, alude a esta ordenanza en el artículo 38.
Allí se lee, dice Bolívar en su decreto: "Mientras se forma una ordenanza propia para las minas y mineros de Colombia se observará provisionalmente la Ordenanza de Minas de Nueva España, dada en 22 de mayo de 1783, exceptuando todo lo que trata del Tribunal de Minería y jueces diputados de minas y lo que sea contrario a las leyes y decretos vigentes. Tampoco se observará en todo lo que hay reformado por el presente decreto". Como vemos, aquí está el presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, en 1829, aceptando este antecedente colonial en sus aspectos no modificados por el decreto que él ha firmado. Bueno, el otro instrumento jurídico que vamos a encontrar es el Código de Minas sancionado por el Poder Legislativo venezolano, 15 de mayo de 1854, cuando gobernaba José Gregorio Monagas.
Este código deroga toda la legislación anterior y se perfecciona a su vez con un reglamento del Código de Minas, que se sanciona el año siguiente, en 1855. Es el momento también de recordarles que la Constitución de 1811, la de Juan Germán Roscio, no aborda el tema minero en ninguno de sus artículos, tampoco lo hace la Constitución Nacional de 1819, la de Angostura, la de Simón Bolívar. Tampoco lo hace la ley que crea la República de Colombia ese mismo año, de 1819.
La Constitución Nacional de 1821, la que se firma en Cúcuta, tampoco norma el asunto minero. De modo que va a ser después, con el Código de Minas, cuando esto ocurra, porque incluso la Constitución Nacional venezolana de 1830 no alberga disposiciones sobre las minas, tampoco lo hacen la de 1857. La de Monagas y la de 1858, la de Julián Castro, tampoco lo hace.
Esto se va a modificar con la Constitución de 1864, cuando el federalismo de Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco entra triunfante y consagra un texto constitucional netamente federal. Y de allí que se le otorguen gran autonomía política y administrativa a los estados. De hecho, la nación, el Estado venezolano en su forma federal, pasa a llamarse Estados Unidos de Venezuela. Y con base en esta carta magna, donde como he dicho los estados tienen gran autonomía, comienzan autónomamente a otorgar concesiones mineras.
Eso no quiere decir que se cambie el sistema dominial que hemos señalado, pero sí quien las otorga es el presidente del estado, que era como se llamaba a los gobernadores de acuerdo con esa descentralización político-administrativa que trajo la Constitución Federal en 1864. De todo esto que les he dicho queda claro que Venezuela, ni en el período colonial español, ni en el republicano en curso, ha prevalecido el sistema de accesión, que hace al propietario del suelo propietario del subsuelo. Ese es el sistema que tiene vigencia en los Estados Unidos y Norteamérica; aquí, por el contrario, siempre ha prevalecido el sistema dominial establecido para la corona española y ratificado por el presidente de Colombia, Simón Bolívar y Palacios, en 1829.
En la próxima parte del programa veremos la participación del doctor José María Vargas en estos temas petroleros, ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que en esta nos dedicaríamos a ver la participación del doctor José María Vargas en el tema petrolero, lo que es muy interesante y ocurre en 1839. Recordemos que Vargas había ejercido la Presidencia de la República entre el 35 y el 36, y después de esa experiencia tan amarga para él había vuelto a sus tareas científicas y clínicas.
Entonces el Ministerio de Hacienda y Relaciones Exteriores le pide un informe sobre unas minas de asfalto en Pedernales, en Guayana, y entonces el doctor Vargas hace su investigación, presenta un informe escrito de acuerdo con la solicitud del ministerio. Y afirma lo siguiente, que es muy interesante, dice el doctor Vargas: "Es mi única convicción que el hallazgo de las minas de carbón mineral y asfalto en Venezuela es, según sus circunstancias actuales, más precioso y digno de felicitación para los venezolanos y su liberal gobierno que el de las de plata u oro". Bueno, esto es en 1839.
Y también da una definición de lo que es, él dice, refiriéndose a lo que le enviaron en un frasquito desde Pedernales: "Esta sustancia mineral es la asfalto o betún de Judea de los antiguos, llamado también pez mineral". Su bello color negro de terciopelo, su brillo, su fragilidad junto con su consistencia más o menos blanda según el calor a que está expuesta, su combustión con buena llama dejando poco residuo, su olor y demás modos muestran su buena calidad, si hemos de juzgar por la muestra presentada. También Vargas enumera los usos que hasta entonces se le han encontrado a esta sustancia, que les ha traído de Pedernales, y es una lista pormenorizada y de erudición extraordinaria, voy a leérselas porque nos sirve además para recapitular los usos que el petróleo hasta entonces había tenido.
Dice el doctor Vargas: "El de proteger las maderas contra efectos del agua y la destrucción por los insectos en la misma forma como alquitrán o pez negra vegetal, así es el alquitrán que los indios y los árabes usan". Es uno de los ingredientes del barniz negro de los chinos, disuelta en cinco partes de nafta. Se usa como cemento en la construcción debajo del agua y los viajeros aseguran que los grandes ladrillos de las murallas de Babilonia estaban cementados con ese asfalto. Es un excelente preservativo de la putrefacción animal y de los insectos que atacan esas sustancias, así era el principal ingrediente del embalsamado de las momias egipcias.
Entra en los fuegos de artificio y se cree que era uno de los ingredientes del célebre fuego griego, constituye parte del barniz que dan a sus planchas de cobre antes de morderlas. Muy curioso, ¿no?, que las momias las embalsaban con petróleo. Y él dice que se cree, pero realmente ya hoy en día está comprobado: el fuego griego era petróleo untado en una mopa y, bueno, después hacía combustión. Y a estos usos enumerados por Vargas, el sabio guaireño le añade una opinión que no le están pidiendo, pero que lo retrata perfectamente en su formación, en su proverbial sensatez.
Además de que constituye un programa de políticas públicas e inspiración liberal lo que Vargas va a firmar sobre esto. Antes recordemos que Vargas se había educado en Edimburgo y Londres y había tenido acceso a la cuna del pensamiento liberal. También recordemos que en 1829 Vargas había sido el presidente fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País. Una institución liberal de gran importancia para los planes de construcción de la República en su etapa postbélica.
Dice el doctor Vargas, en relación con el petróleo, una opinión que no le están pidiendo, por cierto, como les dije, porque la opinión que le están solicitando es técnica, pero él entra en un tema que va más allá. Incurren en lo que los abogados llaman ultrapetita. Dice: "En cuanto a las medidas que por el gobierno puedan adoptarse para beneficiar la mina por cuenta del Estado, me atrevo a opinar que convendría más arrendar su uso que beneficiarla por cuenta del fisco. Porque un empresario particular sacaría, según mi parecer, muchísimas más ventajas de un administrador puesto por gobierno, y estas ventajas particulares vendrían a ser públicas e incluso directamente útiles al erario, dando el arrendatario bastante duración para alentar al empresario a entrar en trabajos y en desarrollar su especulación, sin prolongarla tanto o hacerla indefinida que prive al gobierno de participar de las ventajas acaso grandes que esta propiedad pública pueda dar el primer empresario".
Bueno, todo un programa de políticas públicas, con lujo de exactitud y prescripción para darle un marco a las tareas de explotación del asfalto por parte de los particulares y como lo concebía Vargas, con la supervisión, el beneficio, la nación, el Estado. Muy interesante esta participación del doctor Vargas en relación con el petróleo venezolano. Echemos ahora una mirada al mundo, ¿qué está ocurriendo?, para qué él entonces... Bueno, tenemos que los yacimientos más grandes de petróleo del mundo hasta comienzos del siglo XX fueron los de Bakú, capital de Azerbaiyán, en la península de Absherón, el mar Caspio.
Pero también había petróleo en la región de Languedoc, al sur de Francia. Al igual que en Alsacia se reportan emanaciones del petróleo en estas regiones en el siglo XVII y XVIII. También había afloramientos de brea, en menores cantidades pero los había, en Italia cerca de Módena, cerca de Parma, donde ya en el siglo XVIII se saca de los pozos y afloramientos con cubos como si fuera agua que no estuviese sacando un pozo. Y será también en Italia donde el físico italiano Alejandro Volta estudie lo que se llamaba entonces el gas de los pantanos, es decir, el metano, al que llamaba Volta el aire inflamable de los pantanos.
Estamos en el año 1776. Los resultados de esta investigación fueron un paso hacia adelante en el conocimiento de estas sustancias. Es momento de recordarles que hasta entonces la única manera que tenía el hombre de valerse del petróleo era por los afloramientos naturales. El hombre no había desarrollado tecnología para extraerlo; a comienzos del siglo XIX comienza a saber refinarlo muy rudimentariamente, no sabe sacarlo pero sí sabe qué hacer con él.
Ahora, esto es una secuencia muy interesante en relación con la utilización del petróleo. Vamos a hacer la relación desde el principio y recordemos lo siguiente: el petróleo comienza a ser utilizado para el alumbrado porque hasta ese momento el alumbrado se hacía con aceite vegetal, particularmente el aceite de las ballenas. Entonces paulatinamente fue sustituyéndose el aceite de las ballenas por las lámparas de kerosén. ¿Cuándo va a ocurrir esto? En las primeras décadas del siglo XIX y hacia la mitad del siglo XIX.
Aquí empezó a pasar algo: el costo del aceite de ballenas cada vez se hacía más alto, porque cada vez había menos ballenas, escaseaban estos gigantes mamíferos marinos. Recordemos la gran novela Moby Dick. Entonces, ante la escasez de las ballenas, el precio del aceite de ballenas había subido mucho y el hombre siempre busca soluciones, está en nuestra naturaleza. ¿Dónde se inicia esta secuencia de hallazgos?
En Polonia, el año 1815, cuando Josef Hecker logra alumbrar al pueblo de Drojowicz con aceite de piedra, con petróleo que había sido refinado muy rudimentariamente. Continúa la investigación en Bakú cuando los hermanos Dubinín refinan el petróleo para convertirlo en aceite para el alumbrado, estamos hablando de 1823. Sigue en Francia cuando los científicos Sellig y Legros, en la década de los años 30, avanzan en los experimentos de destilación. Y hay un momento crucial en Escocia, cuando James Jones destila el aceite de Buckhead y construye una pequeñísima fábrica para destilar ese aceite en 1847.
Jones, por cierto, va a hacer una gran fortuna vendiendo este aceite para las lámparas en Inglaterra. Y de allí pasan los Estados Unidos. A su vez, en Canadá, Abraham Gesner, en Nueva Brunswick, está procesando asfalto que le envían del Lago de Asfalto de Trinidad, el más grande del mundo, el Lago de Asfalto de La Brea, y logra destilar ese asfalto y convertirlo en un líquido que fue prácticamente milagroso, que es el kerosén, basándose en el vocablo griego keros. ¿De dónde viene la palabra kerosén? El vocablo griego keros significa cera y el ayón significa aceite.
Y como vemos, la designación de Gesner tuvo una gran fortuna porque hasta hoy en día se usa el kerosén, y bueno, se le dice kerosén; con K o con Q se escribe también en algunos sitios. Y entonces el petróleo halló un uso, lo que quiere decir que hay un mercado. Que es el petróleo que se convierte en el alimento de las lámparas sustituyendo al aceite de las ballenas, pero de este aspecto y otros nos vamos a ocupar en la próxima parte del programa cuando sigamos viendo esta historia maravillosa de los usos del petróleo en el siglo XIX. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que el petróleo había encontrado un uso y, en consecuencia, había hallado un mercado. Nos referimos a que era el alimento de las lámparas y había un mercado ávido, hambriento. De modo que eso trajo como consecuencia que hubiese inversionistas que quisieran a su vez invertir en desarrollar una tecnología que permitiese extraer petróleo. Porque le insisto en recordarles: hasta este momento no sabemos cómo sacar el petróleo, lo aprovechamos en los sitios de que el petróleo emana naturalmente.
Pero bueno, ya el mercado estaba allí y la necesidad siempre obliga. Comienzan entonces a ocurrir los primeros intentos por sacar el petróleo, extraer petróleo de manera organizada y no solo aprovecharse del afloramiento o las emanaciones naturales como ya hemos dicho. Por su parte, el proceso de refinación sí había avanzado tecnológicamente y se comenzó a obtener un aceite mejor que el que se conseguía antes. Y bueno, estas lámparas de kerosén se popularizaron en el mundo, sobre todo en los Estados Unidos, que siempre ha sido un mercado ansioso para todo.
Allá se popularizó mucho la llamada Lámpara de Viena. Eso comenzó alrededor del año 1850. Esta lámpara había sido inventada en la hoy República Checa, pero fue popularizada en Austria y por ello se conoció como la Lámpara de Viena. Se dice que sus características eran formidables porque el kerosén no olía mal y el humo no se dispersaba en las salas donde se encendía la luz.
El aceite de ballenas, el olor era particularmente ingrato, entonces este avance para la comodidad de la humanidad fue importante. De modo que ya había un líquido, el kerosén, que permitía alumbrar la lámpara de Viena, pero faltaban, escaseaban: no se había desarrollado una industria. Y esto fue lo que constataron un empresario y abogado, George Bissell, y contactó al profesor Benjamin Silliman, de la Universidad de Yale, para investigar si el aceite que emanaba naturalmente en las montañas del noroeste de Pensilvania era apto como lubricante para las máquinas y como fuente para las lámparas de iluminación.
En verdad, el estudio no era necesario, se sabía que ese aceite era apto, pero para este señor conseguir unos socios que pusieran plata para hacer la indagación se necesitaba un estudio académico. Esto sigue ocurriendo hoy en día, esta práctica que el estudio académico viene a reconfirmar lo que ya por las vías empíricas se intuye o se sabe. Bueno, el estudio de Silliman corroboró que el aceite de esas montañas al noroeste de Pensilvania era el correcto, era el adecuado. Y entonces con esto se entusiasmó James Townsend y se crea la Pennsylvania Rock Oil Company.
¿Cuál era el objetivo? Extraer petróleo por métodos distintos a los de los trapos. Da risa hoy en día, pero así es que el petróleo se sacaba con trapos. El trapo se humedecía y se escurría en un tobo, esa era la manera como se sacaba petróleo: había una emanación natural, se lanzaban unos trapos como si fuera un coleto y se extraía petróleo y se secaba, se escurrían los trapos sobre unos cubos. Por supuesto, este método ultra artesanal no daba para crear una industria.
Entonces estos señores Bissell, Silliman y Townsend consiguen a un personaje que va a ser legendario en la historia del petróleo. Este personaje se llama Edwin Drake. ¿Quién era este extraño ser? Un desempleado del servicio de ferrocarriles que merodeaba en el hotel donde se alojaba el banquero Townsend y realmente Drake no era experto en nada, es lo que llamamos un todero, pero sí estaba dispuesto a todo con tal de salir de la pobreza.
Entonces él escuchó las conversaciones y dijo: yo soy el hombre, contrátenme a mí. Demostró tal entusiasmo, arrojo u obsesión, que ellos dijeron: bueno, vamos a probar con Drake. Como Drake en su pasado era bastante gris, ellos deciden inventarle una leyenda, hay un título, y lo llaman el Coronel Drake. ¿Por qué? Bueno, porque iba a llegar a un sitio agreste, a unos pueblos cercanos a las montañas, y si llegaba con el título de coronel ellos intuían, con buenas razones, que lo iban a respetar un poco más.
Entonces le atribuyen ese título y el señor Drake jamás había estado en el ejército. Y así llega a la ciudad maderera de Titusville, en Pensilvania, en diciembre de 1857. Ya dijimos que Drake era obsesivo y empecinado y no iba a abandonar el esfuerzo fácilmente, porque estaba huyéndole a la pobreza y quería abrazar una aventura como esa. En 1858, entre los empresarios y Drake se les ocurre la idea afortunada de hacer una torre de perforación, como las que se usaban para extraer sal.
Esas torres se usaban en la extracción de la sal desde hace muchos años y sobre todo en China se usó esa torre. Ellos ven en un libro que esta torre existe y se van a intentarlo con ello. Por su parte, Drake busca unos ayudantes y consigue otros personajes, William Smith y sus dos hijos, a quienes Drake entusiasma con la aventura y se dedican a eso, a buscar petróleo con este método de la torre y un tubo que perforaba los pozos. Va pasando el tiempo, no ocurre nada, no consiguen absolutamente nada.
Entonces los financistas, que ya han gastado dinero sin resultados, mandan una carta donde le dicen a Drake que hasta ahí llegó el dinero, que no hay más plata y que levante la operación y se devuelva. Pero la carta llegó tarde y antes de que llegue la carta, a veinte metros en profundidad dieron con algo que al día siguiente supieron lo que era. En el agua del pozo, de ese pozo profundo a veinte metros, había un líquido negro y espeso flotando. Entonces buscaron una bomba de mano y comenzaron a sacar petróleo.
La voz se corrió por todo el vecindario diciendo que el yankee había encontrado petróleo. En ese momento tan sencillo y tan artesanal, en que un señor con otro y dos hijos perforan un pozo y saca agua mezclada con petróleo, estaba cambiando la humanidad, estaba iniciándose la era del petróleo. Entonces comienza a surgir un problema: ya tenemos cómo sacarlo, tenemos una torre, tenemos una bomba con lo que lo extraemos y ahora ¿dónde lo guardamos? Y entonces aparece el barril de petróleo, que no es otro que el barril de arenques.
El barril de arenques inglés, que se había fijado como medida por el rey Eduardo IV, ese barril tenía 42 galones. Esto había sido fijado por Eduardo IV en 1482, o sea, casi 500 años antes de este acontecimiento. Eso lo fijó el rey Eduardo IV para que no lo engañaran y evitar fraudes con los marineros del mar del Norte. Y entonces ellos dicen: bueno, en algún sitio tenemos que almacenarlo, y se les ocurre el barril de arenques, de 42 galones.
El de 159 litros, esa es la medida actual y el origen, como les vengo diciendo, es el barril de arenques inglés fijado en 1482. Empiezan a llenar barriles de arenque en grandes cantidades y, bueno, el problema empezó a ser: ¿de dónde sacamos barriles de arenques?, porque el petróleo manaba con gran fluidez. Les recuerdo: hasta este instante, hasta 1859, específicamente el sábado 27 de agosto de ese año, el ser humano no había desarrollado tecnología para extraer petróleo. Se sabía para qué utilizarlo, para las lámparas de kerosene, pero no se sabía cómo extraerlo hasta que esto ocurre en Titusville, en Pensilvania, y los Estados Unidos, de la mano del personaje extraño y legendario, el coronel Edwin Drake.
Hasta ese momento, en que ellos logran extraer petróleo de un yacimiento que han perforado expresamente, la historia que venimos refiriendo se refiere a los afloramientos, las emanaciones naturales. Ahora va a comenzar la historia de la industria petrolera, la que referiremos en la próxima parte del programa. Pero adelantemos que la fiebre del petróleo en Pensilvania fue vertiginosa. Les hablé de 1859, el año en que esto ocurrió, lo del coronel Drake; ya en 1861, años después, había 75 pozos de funcionamiento y 15 refinerías de petróleo.
Por supuesto, todo muy artesanal, no imaginen las refinerías de hoy en día, eran unos galpones pequeños, pero cada quien iba haciendo lo suyo. Y entonces esta región comenzó a llamarse la Oil Region y los saltos en las cifras fueron asombrosos. En 1860 se produjeron 450 mil barriles en ese año, y el año 1862, apenas dos años después, se produjeron 3 millones de barriles, lo que trajo como consecuencia una caída en los precios del petróleo. Entonces quizás la primera que experimentó la humanidad: había sobreoferta para la demanda, los precios caen.
Cuatro años después, en 1866, la zona de la que les vengo hablando, la producción llegó a 3,6 millones de barriles al año. En las últimas partes del programa seguiremos viendo cómo son esos inicios de la industria petrolera norteamericana, que obviamente van a incidir en lo que va a ocurrir en Venezuela después. Ya volvemos. En estos años, decíamos en la parte anterior del programa, de las décadas de 1860-70, en los Estados Unidos va a desarrollarse vertiginosamente la industria petrolera.
Y se construyen los primeros oleoductos; esos oleoductos eran de madera, más tuberías de madera, y ya se presentan unos primeros problemas porque se quejan los dueños de las carretas. Antes del oleoducto, antes de la invención del oleoducto, los dueños eran los que transportaban los barriles de arenque, que eran 159 litros, que es el barril de petróleo, la medida actual. Pero empiezan a construirse los oleoductos y se hace cada vez más barato el transporte del crudo y más eficaz porque en las carretas se botaba mucho el líquido, dependían de los caminos, del estado de los caminos, etcétera.
Y el oleoducto fue un paso importante y va a entrar en el negocio entonces el legendario John D. Rockefeller, que para el mundo del petróleo fue esencial. Curiosamente, él entra al negocio petrolero no por la vía del transporte ni de la extracción, sino por la vía de las refinerías. En 1865, este hombre metódico, severo, protestante, que tenía apenas 26 años, le gana una subasta en Cleveland a su socio Maurice Clark y se queda con la totalidad de las acciones de una refinería. Allí va a comenzar la prehistoria de la Standard Oil, que fue una empresa mundial legendaria.
En 1867, Rockefeller toma a su vez una decisión visionaria: se asocia con Henry Flagler, quien a partir de entonces va a trabajar toda la vida en la Standard Oil y fue una suerte de alma paralela a la de Rockefeller en la empresa. Este personaje, por cierto, ya retirado, se esmera en la fundación de la ciudad de Miami. Por ello, una de las avenidas principales de Miami lleva su apellido, que es el fundador de un pueblito que sigue llamándose West Palm Beach y, a su vez, fue el constructor del tren de ferrocarril que unía a Miami con los Cayos, en Key West, 80 millas de La Habana. ¿Por qué construyó Flagler ese tren?
Porque en el tren se montaban los carros y los carros llegaban a Key West, y en Key West se montaban los automóviles en los ferris que iban hacia Cuba, hacia la isla. Esto impresiona recordarlo: un ferrocarril que salvaba las distancias marítimas de entre los cayos con unos viaductos construidos en el mar, una obra importante. Bueno, ese va a ser uno de los aportes de Flagler a la vida norteamericana, además, por supuesto, de lo que dio origen al comentario, a esta digresión, a este paréntesis, que fue la asociación de Rockefeller con él.
Cuando se constituye la famosa Standard Oil Company el 10 de enero de 1870, nueve años después, en 1879, la Standard Oil tenía el control del 90% de las refinerías de los Estados Unidos. No había manera de zafarse de Rockefeller para los productores y entonces, una vez controlando las refinerías, Rockefeller pasa también a controlar e incursionar más bien en otras áreas del negocio. En la extracción y en el transporte, pero eso va a ocurrir en 1890, unos diez años después, y allí va a invertir en los conocidos campos de Lima, Indiana, al noroeste de Ohio.
Para 1891, el 25% del petróleo que se extraía en Estados Unidos ya era obra de la empresa de Rockefeller. Un verdadero fenómeno de los negocios. Uno de sus biógrafos, David Landes, hace un retrato del que merece la pena leerlo, muy breve, dice Landes: "Antes de cumplir los 20 años, John D. era ya un gran triunfador, pues paciente y metódico. No se precipitó ni intentó hacerse rico por medios rápidos o tortuosos; su profunda fe en el cristianismo protestante lo ayudó mucho, enseñándole la importancia de la honradez y la moralidad, y proporcionándole valiosísimos contactos personales. Además, obtuvo la ayuda de los bancos con más facilidad porque los prestamistas veían en su piedad una prueba de su fiabilidad".
John D. era el modelo de empresario protestante ascético a lo Max Weber. Claro, él está aludiendo al libro de Max Weber, La ética protestante y el desarrollo del capitalismo. Por cierto, los competidores de Rockefeller no pensaban igual que Landes: lo consideraban un despiadado actor económico que competía a su vez al filo de la legalidad a veces. Nadie negaba su ascetismo, su seriedad y su exagerada austeridad, pero sus prácticas empresariales varias veces fueron combatidas porque fue creciendo mucho y se fue adueñando casi todo el mercado petrolero.
Hasta aquí el programa de hoy; en nuestro próximo programa iremos viendo la participación de los hermanos Nobel en el negocio petrolero y de la familia Rothschild en el negocio petrolero, y veremos también las primeras concesiones que se otorgan en Venezuela, el inicio del petróleo en Venezuela. Les habla Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho.
A mí me consiguen en mi correo electrónico: rafaelarraiz@gmail.com. En Twitter, arroba RafaelArraiz, en Facebook también, y estos programas los consiguen colgados en la página de unionradiocultural.com. Ha sido un gusto disertar y hablar.