4 del 28. Rojas Guardia, Pardo, Fombona Pachano y Blanco.

Cuatro integrantes de la Generación de 1928.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a hablar de cuatro integrantes de la generación del 1928: Pablo Rojas Guardia, Isaac Pardo, Jacinto Fombona Pachano y Andrés Eloy Blanco. Es decir, vamos a hablar de tres poetas y un ensayista, que es el caso de Isaac Pardo. Por supuesto, en el caso de Andrés Eloy Blanco, pues de un político importantísimo también.

Comencemos con Rojas Guardia. Pablo Rojas Guardia, el padre de Armando Rojas Guardia, nació en Caracas en 1909 y murió aquí en Caracas en 1978. Fue fundamentalmente un poeta, un muy buen poeta, que ejerció a su vez algunos cargos diplomáticos y algunas otras tareas en el periodismo.

Pero fundamentalmente el legado de Rojas Guardia es la poesía y allí vamos a tener un poemario titulado Poemas sonámbulos, de 1931; otro de 1945 titulado Trópico lacerado; y un último poemario en 1970 que se titula Espejos de Noviembre para Sueños de Abril. Su mejor poesía, a mi juicio, está en Trópico lacerado, un libro, como les dije, de 1945. Ahí la vida y la poesía, desde el dolor intransferible hasta el sitio único en la fraternidad, hacen su viaje. Y ese es el viaje del poeta Rojas Guardia, un espectro amplio de la existencia.

Hay cuatro aspectos en su obra en los que quiero detenerme, cuatro conceptos y categorías que lo persiguen: la angustia, el naufragio, la fraternidad y la aspiración a Dios. La angustia, de hecho, con su verso "Amanecimos sobre la palabra angustia", se emblematizó y se convirtió en una suerte de bandera de la generación del 28. Y desde esta primera que ya señalé, la angustia, pues se convierte en ese emblema; ese poema está en Poemas sonámbulos, su primer libro de 1931, y esa angustia fue un tópico fundamental del siglo que comenzó con ella, que es el siglo XX.

Fue un distintivo del hombre contemporáneo, una suerte de patrimonio común, que en Rojas Guardia se formalizó desde su primer libro como una patente irrevocable de su poesía. En un libro titulado En el rostro de la patria, que es un libro de ensayos, hay un trabajo que se titula Al servicio del hombre, y este trabajo es muy significativo de la personalidad de Rojas Guardia. Les voy a leer un fragmento: en el ensayo Al servicio del hombre dice:

"Es muy cierto que nuestro siglo, que ya dobló el Cabo de Buena Esperanza en la cincuentena, nació bajo el signo de la angustia. Que es como vivir en un estado de naufragio, pero no es ahogarse; que es como vivir en agonía y no morirse a las puertas de nuestra muerte, pero aferrados a esa parte de nuestra vida que consideramos la excelente, la que nos prestigia nuestro diario quehacer y acontecer. La que nos salva, lo que nos conforma, lo que nos resigna, lo que nos conforta".

Muy interesante esta visión sobre la angustia como una situación a caballo, una situación transitoria que no llega a ser definitiva, pero que signa el estado anímico del poeta. El naufragio, que es la otra imagen en la poesía de Rojas Guardia, es muy frecuente porque además el mar surge con frecuencia. El escenario del viaje en su obra está presente, y el protagonista de esos viajes, que es el propio Rojas Guardia porque hay mucho de autobiográfico, en su poesía se ve a sí mismo como un náufrago que aspira a las profundidades del mar, donde él intuye que vive la sabiduría. Aquí recoge un tópico clásico de la mitología: en el fondo del mar o en el fondo del pozo o en el río hay un tesoro sabio.

Hay un tesoro de sabiduría; este mito lo retoma, lo trabaja Rojas Guardia en su poesía. Aquí estamos frente a un angustiado que es lúcido y que gobierna esa conciencia agónica que ha escogido al agua como espacio, como ámbito, porque ahí está la verdad en las posibilidades del fondo. Además, el agua está psicológicamente vinculada con la creación; también el mar y la playa en Pablo Rojas Guardia se vinculan con la sensualidad, con el esplendor del cuerpo, con el goce del cuerpo. Y él, antes de ser un náufrago, es un marinero a la intemperie de un viaje que funciona como aspecto existencial iniciático, vamos a llamarlo así.

Luego, una vez que se parte en el viaje y se avanza, es cuando se vive el naufragio; se despide del principio y el viaje se convierte en otro. Entonces él dice, en estos cuatro versos, algo vinculado con la otra categoría de lo que íbamos a hablar, que es la aspiración a Dios: "Le voy dando sentido a un mundo sin sentido y sueño la vida como totalidad planetaria. El universo es mío, yo soy el universo, y en cada hombre miro una aspiración a Dios".

Un bellísimo fragmento, cuatro versos de un poema. En otro poema que se titula La multitud es un templo, Rojas Guardia es ganado por la fraternidad, que es otra categoría de las cuatro que hablamos al principio: angustia, naufragio, fraternidad y aspiración a Dios. Y allí, en cuanto a la fraternidad, la fuerza del instinto es muy fuerte, el instinto que lleva a la solidaridad, al encuentro con el otro, a la fraternidad, y allí es cuando Rojas Guardia va a decir esto: "En esas horas yo soy el conciliador, el profeta; todos entráis en mi corazón, todos los de las tierras, los de la catástrofe, los de las inundaciones, los de las monedas, los de los sueños, todos entráis en mi corazón. Yo os toco y sois bellos, y cantamos".

Esa es la fraternidad del hombre abierto al otro. Ese otro incluye a todos, como él hace hincapié y hace su lista de quiénes pueden llegar hasta sus brazos fraternos. Y la fraternidad en la poesía de Rojas Guardia también va a operar como una condición cotidiana, como una conducta cotidiana.

Y esa concepción de la fraternidad es la que Rojas Guardia va a llevar a hacerse cósmica, y es por allí que llega a la aspiración a Dios, que está siempre presente en su poesía. Sin que Rojas Guardia se tratara de un poeta particularmente religioso, porque no podemos afirmarlo de esta manera, pero sin duda era un cristiano. Había una concepción monoteísta y había una aspiración a la presencia divina que está allí, sin que podamos decir que su poesía es una poesía exclusivamente religiosa, porque se trata de un Dios por alcanzar en la resolución del hombre con el otro.

En la comunicación radicalmente congregatoria, para Rojas Guardia, el Dios, su Dios, es el Dios de la fraternidad y el Dios de los cuerpos, la vida concreta de los cuerpos, de los olores, de los abrazos de la gente. Es una poesía que crece a partir de la vida: en su trabajo poético prevalece lo vivencial sobre lo que puede decirse propiamente lo literario; no es el giro literario el que llama Pablo Rojas Guardia, sino la vida, la sustancia de vida. De allí que el artificio del lenguaje subyace levemente bajo la intensidad del deseo. La poesía es asumida como epicentro, de modo que se forman dos duplas: angustia-naufragio, fraternidad-Dios, y allí es donde está, a mi juicio, el epicentro de la poesía de Pablo Rojas Guardia.

En la próxima parte del programa hablaremos de Isaac Pardo, otro integrante de la generación del 1928. Ya regresamos. Les decía en la parte anterior del programa que en esta hablaríamos de Isaac J. Pardo, y les confieso que cuando a mí me tocó la puerta la pasión por la historia de Venezuela, hubo un título que abrió sus páginas para mí y fue fundamental.

Un bellísimo libro que recomiendo fervorosamente, que se titula Esta tierra de gracia, de Isaac Pardo. Un texto indispensable para la comprensión de la venezolanidad, que no solo es fruto de una investigación amorosa, sino que está escrito prodigiosamente. Esa es la verdad y es un ejemplo del rigor de investigación histórica, pero también de amenidad, un ejemplo de liviandad y de peso. Y, por supuesto, es un libro de notable inteligencia; es un libro donde también se respira la emoción, de modo que para mí es un clásico.

Un clásico para la comprensión de la Venezuela colonial, el tiempo al que está circunscrita Esta tierra de gracia, de Isaac Pardo. Un título que se ha reeditado muchas veces y que yo creo que todavía se consigue en librerías de libros viejos. En lo personal, yo tuve la suerte de tratar al doctor Pardo porque, estando yo en Monte Ávila Editores, él me llevó un manuscrito, otra obra suya que se titula Esa palabra no se dice.

Es el libro que recoge un juicio que hubo en relación con Salvador Garmendia y El Nacional; en esa época el doctor Pardo era presidente de la Compañía Anónima Editora El Nacional, y él recoge esta experiencia allí en el juicio, con el juzgado o con el juez porque era una palabra. El juicio estaba basado en palabras que no podían decirse y ahí están los argumentos de Pardo, que es realmente una delicia pasearse por los argumentos de Pardo, porque a Pardo lo asistía un finísimo humor, mucho humor, pero humor fino. Nada de humor grueso sino un humor muy, muy fino. Y también el doctor Pardo es el autor de una empresa titánica, un gran libro, Fuegos bajo el agua, uno de los textos del mundo hispanohablante donde se rastrea con mayor esmero la naturaleza de la utopía.

Es una joya de la investigación en la que Pardo trabajó durante años, y sobre esto hay una anécdota: me contó el propio Pardo que su amigo entrañable Miguel Otero Silva les decía a los demás: "Hay que detener a Isaac Pardo antes de que llegue a las mil páginas porque encima vamos a tener que leerlo". Las típicas salidas de Miguel Otero. En efecto, el libro casi llegó a las mil páginas porque él está registrando en la historia de la humanidad el pensamiento utópico; imagínense lo que ha sido ese pensamiento para bien y para mal.

El libro lo fue escribiendo como una trama en la que va un hallazgo llevándolo a otro. Y él va refiriendo esos hallazgos de escritura con una escritura muy directa, muy hermosa y a la vez poética. Va como un demiurgo tejiendo aquellos datos que la propia investigación que está haciendo le va dando, y bueno, es un libro, podría decir, un clásico en los estudios de la utopía. Y es, como decía Miguel Otero Silva, un libro de dimensiones ya de tratado, cerca de las mil páginas, y también al final de su vida hay un libro muy hermoso que no es de él propiamente sino de quien lo entrevista.

A él lo entrevistó largamente María Ramírez Ribes, nuestra amiga, y publicó en 1999 este título que se llama El otoño luminoso de Isaac J. Pardo. Allí hay una larga conversación donde Pardo se detiene en los episodios de su vida y entra en escena la voz de su esposa, Mercedes de Pardo. Allí uno constata, pues, la inteligencia y la gracia del doctor Pardo.

Recordemos que él, en materia laboral, además de médico, trabajó muchos años en El Nacional, en su junta directiva, y en la Electricidad de Caracas, muchos años, en todos los asuntos públicos de esa gran empresa venezolana. Los Pardo son descendientes de judíos portugueses establecidos en Alemania y formaban parte de esos emigrantes que venían a América. La vida del doctor Pardo fue muy larga; pasó de los 94 años, siempre con ese extraordinario humor, con esa voluntad de trabajo y con esa manera de asumir las cosas un tanto risueña, siempre humorística. Y se entregó a sus causas permanentemente, entre otras, cuando era un muchacho en 1928, a la causa de la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Y esto hay que señalarlo: se trata de un hombre que tuvo una vida larga, una vida útil y una vida con muchos frutos, con estos libros que les he señalado; probablemente olvido alguno. Tuvo una vida laboral importante y también la formación de una familia. Quizás él no pensó, cuando estaba preso en las carreteras de Juan Vicente Gómez, construyendo, moviendo piedras de un lado para otro, cuando era un muchacho, que su vida iba a ser tan dilatada, tan larga, y que iba a tener tantos frutos. Y que iba a cosechar también tantos amigos a lo largo de tanto tiempo.

Por eso es que María Ramírez va a titular su libro El otoño luminoso de Isaac Pardo, porque realmente los últimos años de la vida de Isaac Pardo fueron luminosos como fue su vida entera. Veamos ahora otro personaje de la generación del 1928; incluso un poquito antes del 28 ya Jacinto Fombona Pachano tocaba flautas, por decirlo con esta metáfora, en la Caracas de aquel tiempo. A diferencia del doctor Pardo, Jacinto Fombona vive mucho menos que él.

Jacinto Fombona va a morir en 1951, de modo que va a tener alrededor de 50 años cuando muere, y aquí hay varios temas que son importantes de tocar en relación con Fombona. Él se inicia como poeta con la generación de 1918, pero nosotros lo estamos ubicando en la Generación del 1928 porque también participó en esa gesta, en la famosa Semana del Estudiante de 1928. Entonces, si en rigor en materia poética perteneció a la generación del 18, como líder estudiantil, porque fue el presidente fundador de la Federación de Estudiantes de Venezuela en 1927, también participa en la Generación del 1928.

De modo que por eso lo estamos ubicando aquí a Jacinto Fombona. Si bien proviene de las canteras del 18, también proviene de las canteras del 1928, y allí participa en la Semana del Estudiante. Y ahí es cuando comienza a modernizarse la política venezolana, cuando la política venezolana recibe a unos nuevos protagonistas que entonces no aparecían en el panorama, que son los estudiantes.

Unos estudiantes desarmados que batallaban contra la dictadura del general Gómez con las palabras, porque no tenían armas, de modo que sus batallas eran verbales. Algunos de sus dardos más poderosos eran los poemas, los discursos; en el caso de Jacinto Fombona, particularmente los poemas. Aunque en su condición de presidente fundador de la Federación de Estudiantes de Venezuela ha debido dar muchos discursos, al igual que Raúl Leoni, que también lo fue y que lo sucedió a él en ese cargo.

Y es a Leoni a quien le corresponde organizar propiamente la Semana del Estudiante, de la que también participa Fombona Pachano. En el próximo aparte del programa veremos otros aspectos en la vida de Jacinto Fombona Pachano. Ya regresamos.

Comentábamos en las partes anteriores del programa acerca de Jacinto Fombona Pachano, y vamos a hallarlo con un cargo diplomático en el gobierno de Eleazar López Contreras. Cuando regresa al país después de su primera experiencia diplomática, el entonces presidente de la República, el general Isaías Medina Angarita, lo nombra presidente del estado Miranda. Recordemos que en esa época los gobernadores de estado se llamaban presidentes de los estados, porque en esa época además Venezuela se llamaba Estados Unidos de Venezuela.

Y cada estado, de alguna manera, al menos en el papel, tenía una autonomía frente a los otros; por eso a los gobernadores del estado se les denominaba presidentes. Él fue lo que hoy en día se denomina un gobernador del estado Miranda. Y entonces, en ese momento, recordemos que durante el gobierno de Medina Angarita hay un enfrentamiento político entre Medina Angarita y López Contreras por la silla sucesoral.

¿Quién va a suceder a Medina? Medina se oponía con buenas razones a que regresara al poder López Contreras, y López aspiraba a regresar al poder; en esa diatriba Fombona opta por respaldar a López, y eso también supone la salida del gobierno de Medina de Fombona Pachano. Y lo vamos entonces a encontrar al frente del diario Ahora, como director del periódico, y después lo vamos a hallar como director del semanario Diagonal.

Y ya su última incursión en la vida pública tiene lugar cuando su íntimo amigo, su gran amigo Andrés Eloy Blanco es designado canciller, y es entonces cuando Andrés Eloy lo designa director general de la Cancillería, o vicecanciller, como también se le denominaba. Esto va a ser durante el gobierno de Rómulo Gallegos, que comienza en febrero de 1948 y termina en noviembre de ese mismo año, gobierno lamentablemente efímero. Su muerte va a ocurrir el 6 de febrero de 1951, cuando apenas tiene 50 años.

Su obra poética como tal, digamos que no alcanza a cerrar el círculo completamente, pero hay libros allí importantes como Las torres desprevenidas, un poemario de 1940, y otro poemario que se titula Balcón, que es de 1938. Y el crítico literario y gran poeta Fernando Paz Castillo encontró en la poesía de Fombona rasgos modernistas, influencia norteamericana e influencia clásica. Y sobre todo a él le interesa que nosotros también veamos que hay una gran influencia de los versos de Whitman, sobre todo cuando Fombona va a trabajar la blanca del invierno en los Estados Unidos, justo antes de la Guerra Mundial.

Eso es lo que se va a recoger en ese poemario titulado Las torres desprevenidas, que es de 1940, y la Guerra Mundial está ya en 1939. Y allí hay un poema muy hermoso en el que Fombona dice lo siguiente: "Yo soy el que no sabe dónde asentar los pies. Soy el de 1940, soy el atado, soy esa pared de aire que divide la conjunción de dos extremos, y ya he perdido el tacto de mis manos, pero guardo mis ojos".

Bueno, es muy interesante porque "yo soy el de 1940": hay que ver en lo que está el mundo en 1940. Hitler ha invadido Polonia, ha comenzado la Segunda Guerra Mundial, el avance de los nazis es electrizante y pavoroso en Europa. Y la verdad es que la vida del mundo occidental en 1940 transcurría en medio de una tormenta, o muchos nubarrones por decirlo menos. Por eso Fombona va a decir: "yo soy el que no sabe dónde asentar los pies".

"Soy el de 1940" y hay otro texto de él que se titula Invierno, en el que Fombona va a recoger la experiencia del poeta que está inmerso en el paisaje, que está consustanciado con el entorno en el que está viviendo. Allí dice en ese poema: "No tengo idioma para el clima extranjero; lo que está sucediendo afuera, en los árboles y en el paisaje, ocurre también en mi mente y en mi corazón. La desnudez perfecta, la desnudez de hojas y flores, allá; la desnudez de palabras, aquí".

Es la experiencia del invierno que está viviendo un caraqueño que jamás ha vivido esos inviernos norteamericanos; creo que ellos vivían en Washington, donde la nieve cae copiosamente, donde los árboles se desnudan. Y lo hermoso de este poema es que él vincula lo que está ocurriendo afuera con lo que está pasando dentro de sí mismo, lo que ocurre con su propia psique. Y entonces, cuando dice lo que está sucediendo afuera, en los árboles o en el paisaje, ocurre también en mi mente y en mi corazón: la desnudez perfecta.

Pues bien, una de las virtudes de la poesía de Fombona está en que la resolución, una operación que esperamos de un verdadero autor, es esta en la que él trastoca la experiencia personal en una experiencia universal, en una experiencia transmisible, en una experiencia que sirve al otro. Él va de lo ínfimo a lo general, de lo particular, de esa experiencia del asomado por una ventana viendo el paisaje, a propiamente lo que eso puede transferirse: a otras almas y a otras psiques. Y por eso quizás se dice que los poetas son antenas: son nervios crispados que aguzan los sentidos porque son, a su vez, seres inmersos en el mundo y también capaces de tomar distancia del mundo para verlo o para ocultarlo. Pero lo cierto es que, por más que el poeta tome distancia y vea al mundo, el poeta es siempre un hombre de su tiempo y de sus circunstancias.

Aquí hay dos ejemplos que les acabo de referir: un poeta experimentando el invierno y siente el invierno afuera y el invierno adentro, y un poeta que está en 1940 en los Estados Unidos cuando ya la guerra europea, la Segunda Guerra Mundial, ha estallado en 1940. Imposible que el poeta, por más que se entregue a una tarea introspectiva, pueda apartarse del mundo en el que vive, de su tiempo, y de allí que Fombona fue un hombre de su tiempo. Y logró traducir lo que sus sentidos captaban al universo de las palabras.

Tejió las palabras y construyó esos artefactos maravillosos que son los poemas, esos artefactos que también estudió Fernando Paz Castillo en el caso de casi todos sus compañeros de generación y muy particularmente en el caso de su amigo, muy querido amigo, Jacinto Fombona Pachano. De modo que estos son los rasgos de este poeta, que nació en 1901 y fue muy querido por su generación. Lamentablemente muere a los 50 años y seguramente iba a producir una obra poética que completaría, cerraría el círculo de los libros que publicó, pues fueron Balcón y Las torres desprevenidas.

En 1964, me parece, si mi memoria no falla, Guillermo Sucre recogió toda la poesía de Fombona Pachano en una edición de autor que publicó su familia, con un prólogo de Sucre muy, muy bueno. No olvidemos que la primera esposa de Guillermo Sucre era Julieta Fombona Zuluaga, hija de Jacinto Fombona Pachano y de Julieta Zuluaga, y Sucre estaba organizando la poesía de su suegro, a quien creo que no conoció. Estoy casi seguro de que no llegó a conocerlo, pero su poesía la valoraba extraordinariamente, y ese prólogo es sumamente bueno.

En las últimas partes del programa hablaremos de Andrés Eloy Blanco. Ya regresamos. Y el cuarto integrante de la generación del 28 es Andrés Eloy Blanco, y también hay que aclarar que Andrés Eloy Blanco fue integrante de la generación del 28, de soslayo.

No propiamente lo fue porque era mayor: había nacido en 1897 y, si mi memoria no falla, para el 28 ya estaba graduado, ya era un abogado en ejercicio. Pero también es cierto que forma parte del espíritu de esa generación, por eso lo estamos incluyendo. En este racimo de cuatro integrantes de la Generación del 28, cuando en puridad de criterios él era mayor que los jóvenes estudiantes del 28, pero eran sus contemporáneos y estuvo con ellos.

Y sufrió los rigores de las reacciones de la dictadura frente a esta rebelión estudiantil. Él murió en 1955, el 21 de mayo, en la Ciudad de México. Allá estaba desde 1948, cuando tuvo que irse al exilio, cuando comenzó en Venezuela un gobierno de facto: Carlos Delgado Chalbaud, al que lo sucede Germán Suárez Flamerich y al que lo sucede Marcos Pérez Jiménez.

Y esos años de gobierno de facto Andrés Eloy Blanco no podía vivir en Venezuela. Cuando muere contaba 58 años y la verdad es que en Venezuela ya era una leyenda, Andrés Eloy Blanco. Los venezolanos amaban su ingenio, su poesía entrañable, cercana, la poesía que les tocaba el corazón.

Los venezolanos amaban su honradez, su simpatía, su humor extraordinario, su don de gentes. Yo diría que muy pocos venezolanos, acaso ninguno, han conocido el amor unánime de su gente, de sus paisanos, en vida, porque yo creo que hasta sus adversarios políticos reconocían en él sus virtudes, todas estas virtudes personales que acabo de enumerar, y se puede decir que entonces Andrés Eloy Blanco estaba como tocado por la gracia. La gente lo quería porque era verdad, era verdad lo que él decía; era cierto, había algo genuino en él que la gente respetaba.

Había algo genuino en lo que decía y en sus actos. De modo que esto es importante tenerlo presente. Yo recuerdo que hace unos cuantos años el Congreso Nacional de la República de Venezuela organizó un homenaje a Andrés Eloy Blanco con motivo de algún...

Se cumplía, no recuerdo si años de nacido o se conmemoraban años de muerte. En todo caso, allí habló María Teresa Castillo, que era diputada en aquel Congreso, y ella misma dijo lo siguiente: "Creo que Andrés Eloy sembró una semilla, la de la honestidad, la rectitud, la transparencia, todavía está por recogerse. Él creía en su partido, a pesar de que era un fuerte crítico del mismo".

Bien... En otra ocasión Luis Beltrán Prieto Figueroa también hizo elogios extraordinarios del poeta y parlamentario Andrés Eloy Blanco, y también hizo lo propio Miguel Otero Silva dedicándole un poema, un poemario. De modo que fue un hombre muy reconocido por sus compañeros de generación. Y no tengo tiempo para hablar de su obra poética en lo que me queda de programa, pero sí quiero recordar algo, que son sus cartas de 1945.

En esas cartas él hace una relación pormenorizada de sus bienes personales y de la manera como fue adquiriéndolos mediante créditos. Estas cartas son verdaderamente conmovedoras y tendrían que formar parte de un programa de formación de hombres públicos sujeto a la honestidad, porque Andrés Eloy Blanco va explicando paso a paso quién le prestó el dinero para construir su casa. Cómo fue pagando los créditos que fue recibiendo, cómo fue colocando ladrillo a ladrillo las paredes de su casa.

Unas cuentas de bodeguero, en pocas palabras, y él se siente en la necesidad de rendir esa cuenta porque está a punto de asumir un cargo público. Y quiere decir: ¿de dónde provienen sus bienes? Sin que se lo esté exigiendo nadie, sino que eso es motu propio. Es una belleza ese informe de Andrés Eloy Blanco, y voy a concluir lo dicho por él leyéndoles un poema que él escribió sobre su gran amigo Jacinto Fombona Pachano; cuando murió Fombona dijo:

"Divino don para el servicio humano,

humana entrega para el don divino,

fuerza y bondad viviente alejandrino,

Jacinto puro, mi querido hermano.

Vino sin par en la perfecta mano,

vaso cabal para el perfecto vino

de Patria Lala y de linaje, el trino,

Fombona, el verso, el corazón pachano,

y ahora estás como tu vida entera,

así tan honda, así tan compañera,

y así tan natural como la muerte

y así ha de ser tu claridad sin mancha,

pues para merecerse y merecerte.

El tiempo es largo y Venezuela es ancha".

Yo quisiera decir lo mismo de Andrés Eloy Blanco; él debe ser recordado como él recordaba a su amigo Jacinto Fombona Pachano. Y hasta aquí, el Venezolanos de hoy, como siempre, un gusto hablar para ustedes; me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, y en Twitter, arroba Rafael Arráiz. Ha sido un gusto, como siempre, hablar para ustedes hasta nuestro próximo encuentro.

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