4 inmigrantes luminosos. Cervigón, Cunill Grau, Ferrero y López Pedraza
Grandes aportes.
Transcripción
Me refiero al doctor Pedro Cunill Grau, que nació en Santiago de Chile, y me refiero al doctor Rafael López Pedraza, que nació en Santa Clara, Cuba. Y me refiero a la escritora Mari Ferrero, que nació en La Plata, Argentina. De ellos cuatro vamos a hablar a lo largo de este programa, sobre sus aportes a la venezolanidad y sobre la obra que hicieron en Venezuela. Comencemos por señalar que quien penetre en el laberinto de la venezolanidad hallará que la contribución de los extranjeros que se han quedado para siempre entre nosotros es, en muchos casos, ingente, titánica, obra fundacional, obra pionera.
Muchas de las obras primeras con las que comienza una rama del saber en Venezuela han sido fruto del tesón fervoroso de algún venezolano nacido en otras tierras. Esto es muy importante recordarlo y en el caso de España han sido muchos de sus hijos los que han adoptado la nacionalidad venezolana y han hecho de nuestro país el campo exclusivo de sus afanes profesionales y laborales. En lo personal, cuando estaba haciendo las entrevistas para un libro que se tituló España-Venezuela 20 Testimonios, publicado el año 2004 por la Fundación para la Cultura Urbana, me afligió no poder extender el número de testimonios más allá de la veintena que habíamos fijado en el diseño de esa colección sobre inmigrantes en Venezuela. Muchos personajes de primer orden se quedaron afuera.
Entre ellos, precisamente, el doctor en Ciencias Biológicas Fernando Cervigón Marcos, nacido en Valencia, España, en 1930. Llega a Venezuela a principios de la década del 60 y no dejó de trabajar ni un segundo, aportando a la nación venezolana una de las obras fundamentales de la ictiología marina venezolana. Ustedes se preguntarán: ¿y qué es eso de la ictiología? Pues el estudio de las especies marinas, y este hombre, naturalmente discreto, Cervigón Marcos investigó, documentó, descubrió en algunos casos y escribió, por supuesto, sobre las especies marinas venezolanas, e incluso a partir de 1981 fundó en Margarita el Museo del Mar.
Fernando Cervigón es el fundador del Museo del Mar en Margarita. Esta conmovedora institución que cualquiera puede visitar en la isla es fruto del fervor de don Fernando Cervigón. Acabo de decir don Fernando porque fue elegido para incorporarse como individuo de número de la Academia de Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas en el año 2002; allí ingresó con todos los méritos habidos y por haber el Dr. Cervigón Marcos. En lo personal, yo casi no recuerdo cuándo cayó entre mis manos un primer libro del doctor Cervigón, de los muchos que escribió y publicó, pero son varios de sus libros los que asisten investigaciones venezolanistas.
Hay una anécdota interesante que puedo referirles y que lo retrata de cuerpo entero. En una oportunidad yo estaba haciendo un libro con un fotógrafo submarino caraqueño y él me refirió a una anécdota que involucraba plenamente al Dr. Cervigón. Este buzo estaba en los islotes de Los Frailes, para que los ubiquen son esos islotes que quedan justo enfrente de Playa El Agua, Playa El Tirano o Guacuco, siempre se ven desde esa costa, y estaba él buceando allí y alumbró unas rocas y retrató un pez mínimo que no había visto antes. Y eso era un caso extraño porque este amigo fotógrafo submarino, para ese entonces, tenía 20 años fotografiando peces en las costas de Venezuela; la imagen del pez diminuto lo dejó inquieto.
Al salir del agua le llevó la foto al maestro Cervigón, que estaba en el museo, en su sitio de trabajo. Y Cervigón se emocionó y le sugirió que trajera un ejemplar. Mi amigo regresó al día siguiente, se sumergió y capturó un pecesito. Se lo llevó a Cervigón y certificó que era una especie nueva para la ciencia, por eso le pidió que trajera los tres ejemplares reglamentarios para que la comunidad científica mundial lo registrara como tal. ¿Y qué hizo Cervigón? Le colocó a ese pez nuevo para las ciencias el nombre de mi amigo, que fue el descubridor; no colocó su nombre sino el nombre de mi amigo que fue el descubridor.
Y cuando me refirió esta anécdota confirmé lo que los libros de Cervigón me indicaban, pues su humildad y el respeto típico de un hombre verdaderamente importante, como era el doctor Fernando Cervigón. Luego, en avatares académicos, compartí mesa de trabajo con él. También me llevé la estupenda sorpresa de conversar con un lector de milla larga y acendradas lecturas sobre literatura hispanoamericana, y con humor de voz baja, típico de los hombres que están acostumbrados a trabajar en ámbitos silenciosos, en bibliotecas o laboratorios, etcétera.
Esa humildad del doctor Cervigón también certificaba lo que la anécdota del fotógrafo submarino había revelado para mí, y no deja de ser triste que estos personajes como Fernando Cervigón los venezolanos casi no sepan quién es. Y bueno, muchos de ellos que pasean por Margarita y van al Museo del Mar ignoran que él fue el creador de esa institución y que ha sido uno de los más grandes ictiólogos marinos que han habido en Venezuela. Tanto es así que la Academia de Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas lo elige como individuo de número en el año 2002. Y me detengo a comentar un libro de él precioso que se titula Araya Naturaleza y Cultura, publicado por la Fundación Polar.
Allí hay una investigación geográfica, natural y antropológica en la que la lupa generosa de Cervigón va posándose con esmero sobre todos los relieves del espacio peninsular, la península de Araya. Y allí hay un matrimonio, digamos que perfecto, entre la investigación científica y humanística, dándose las manos en una escritura precisa que además revela una escritura literaria o un cuidado del lenguaje; es algo más allá de un informe científico. Hay una voluntad de escritura literaria en todas las obras de Cervigón. Y en este caso es como si el espíritu y la materia se dieran la mano, o como si uno pudiese dibujarse sin el influjo del otro y viceversa.
Y para muchos el horizonte marino es resonancia interior y para el Dr. Cervigón sigue siendo un enigma a desentrañar, por más que fuera uno de los hombres que más conoció el horizonte marino venezolano. Buena parte de su vida, a partir del año 60, en Venezuela se consume entre la isla de Margarita, entre Araya, Cumaná. La amistad con muchísimas comunidades de pescadores que querían mucho al doctor Cervigón y él, en su trabajo, un trabajo para el que la vida le dio tiempo porque nació en 1930, en Valencia de España, y va a morir en Caracas en el año 2017. De modo que murió muy cerca de los 88 años; si acaso no los cumplió, es probable.
De modo que tuvo una vida dilatada y fértil, con muchos aportes para las ciencias venezolanas y para la cultura venezolana. Para las ciencias en el terreno de la ictiología marina y para la cultura en el terreno de la historia y de la geografía y de los territorios insulares, porque hay un libro del Dr. Cervigón sobre los territorios insulares venezolanos que es un libro prácticamente de texto, un libro base para el conocimiento de nuestras islas. De modo que el doctor Fernando Cervigón Marcos ha sido el primero de estos venezolanos, los cuatro que nacieron en otra parte y todos se quedaron para siempre en Venezuela y abrazaron al país, y fue aquí donde desarrollaron sus obras en el ámbito profesional.
En la próxima parte del programa vamos a hablar de los aportes de Pedro Cunill Grau, nacido en Santiago de Chile, en 1935, un hombre de 83 años. Ya regresamos. Les decía en la parte anterior del programa que hablaríamos de la obra en Venezuela de Pedro Cunill Grau, nacido en Santiago de Chile en 1935. Pero antes hay que decir algo paradójico y es que los venezolanos tenemos que agradecerle algo a los dictadores militares de otros países.
Imagínense, la dictadura de Francisco Franco en España aventó a Venezuela nada menos que al gran filósofo Juan David García Bacca, al extraordinario politólogo Manuel García Pelayo, al extraordinario bibliógrafo, escritor e historiador Pedro Grases, al doctor Moles Cobet, un abogado de primer orden. A los Vila, que fueron unos geógrafos fundamentales para Venezuela, Pablo y Marco Antonio Vila, por señalar algunos de los españoles que llegaron a Venezuela huyendo de la dictadura de Francisco Franco; también se pudiera añadir a Carlos Pizuñer y a muchísimos, muchísimos. Y el otro dictador es Augusto Pinochet, que nos mandó a Venezuela, sin proponérselo, a Pedro Cunill Grau, que va a llegar, nosotros estimamos que después de la caída de Allende, ha debido ser en el año 74 porque encontramos al profesor Cunill dando clases en la Universidad Central de Venezuela en 1976. De modo que ha debido llegar un año o dos años antes como mucho. En todo caso, el motivo fue la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile.
Y han sido tantas las obras del doctor Cunill en Venezuela que enumerarlas a todas va a ser imposible. Voy a referirme particularmente a esta edición, que además es bellísima, que se titula Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela. Es un libro del año 2007 y una obra diseñada nada menos que por Álvaro Zotillo e impresa en Ex Libris, una de las mejores imprentas que ha habido en Venezuela en toda su historia, dirigida por Javier Aispuro, uno de los grandes impresores venezolanos de todos los tiempos. Esa obra es del año 2007 y hay otra, también extraordinaria, que se titula Historia de la Geografía de Venezuela, siglos XV al XX.
Esa obra en 2009 está publicada por la OBSU del Ministerio de Educación y tiene abundancia de mapas e ilustraciones. Y Cunill Grau forma parte de una saga, una tradición de protogeógrafos y de geógrafos ya aquilatados y profesionales. En esa lista, en esta tradición se incluyen los sacerdotes jesuitas Gilij y Gumilla, por supuesto el barón de Humboldt, por supuesto el coronel de ingenieros Agustín Codazzi, también Alfredo Jahn, Eduardo Röhl, Pablo y Marco Aurelio Vila, Francisco Tamayo, Pascual Venegas Filardo, Leví Marrero. Y bueno, esos son algunos de los que podemos mencionar en esta bellísima tradición de protogeógrafos y geógrafos propiamente profesionales que ha habido en Venezuela y que han levantado el mapa físico de nuestro territorio. De modo que allí está en esa tradición la obra del doctor Cunill Grau.
Digamos que en esta tradición también conviene señalar varios hechos. Por ejemplo, el estudio minucioso de documentos centrales para los estudios geográficos, comenzando por las misivas del almirante Colón, lo que da pie al recorrido asombroso que Cunill efectúa desde 1498 hasta nuestros días. De modo que el lector tiene entre manos la más completa historia de la geografía de Venezuela jamás antes escrita, esta que mencioné antes: Historia de la Geografía de Venezuela, de los siglos XV al XX. Y Cunill reconoce con gallardía y con bonomía el esfuerzo anterior de Eduardo Röhl cuando publica Historia de las Ciencias Geográficas de Venezuela, un libro de 1990.
Pero claro, esta obra de Eduardo Röhl culmina en 1948 y la verdad es que el nivel de detalle y precisión que un académico de larga trayectoria y solvencia como Cunill alcanza es obra de nuestro tiempo, cuando ya la geografía ha avanzado muchísimo desde el punto de vista profesional. Sin embargo, Cunill reconoce ese extraordinario antecedente en el libro de Eduardo Röhl. Y recorrer esta obra de Cunill es ver a través de los ojos de Colón, de los viajeros que vinieron después, de los misioneros, por supuesto, de las expediciones militares, también de los aventureros, hasta llegar a estos primeros geógrafos profesionales, y en el recorrido vamos a detenernos en el tema de los límites territoriales, en el tema espinoso de los diferendos, así como las primeras aproximaciones modernas a sectores de nuestra geografía.
La resonancia de esta investigación naturalmente excede los límites de la geografía nacional para adentrarse en los bosques de la antropología y la historia. Esta es una de las maravillas que tiene la investigación de Cunill: no se queda solo en su área profesional, que es la geografía, sino que abre la puerta a la antropología y la historia, como ya señalé. Haciendo estos trabajos, unos trabajos multidisciplinarios, híbridos y además fascinantes de leer. Y además Cunill combina la pupila del viajero que ve, cata y sigue con aquella del que se queda y desarrolla un trabajo diario, o de campo o de escritorio, que finalmente alcanza unos resultados para una data científica más decantada, más sólida.
Pero no desdeña, por supuesto, el trabajo en el que se acerca a ver los hechos, pero también es necesario el que se sienta en el laboratorio o en el escritorio a decantarlo. Las dos cosas las hace Cunill y sirvan estas palabras de reconocimiento para la obra venezolana del Dr. Cunill Grau, con enorme utilidad e importancia para los estudios geohistóricos venezolanos. Y sospecho que mucha gente me está escuchando; es probable que por primera vez haya escuchado el nombre y los dos apellidos de Pedro Cunill Grau, pero les aseguro que mucho de lo que los venezolanos le debemos en terreno de la geohistoria viene de sus investigaciones. Amén de los muchos años que pasó dando clases en la Universidad Central de Venezuela donde muchos de sus alumnos conservan el mejor de los recuerdos.
El Dr. Cunill ya estaba en una avanzada edad, unos 83 años, pero sigue trabajando, sigue empeñado o jubilado, por supuesto, en la Universidad Central, ya no en tareas de docencia diaria, pero sí en sus tareas de investigación que continúa adelante. Sirvan pues estas palabras para darle gracias al profesor Cunill por allanar el camino de la comprensión de nuestra geografía y ahora vamos a abrir la puerta a una mujer, Mari Ferrero, a quien conocimos mucho y quien nació en la Argentina y llegó a Venezuela y desarrolló toda su vida aquí hasta que murió acá entre nosotros. Pero esto lo vamos a desarrollar plenamente en la próxima parte del programa; en esta adelantemos que el motivo por el que Mari Ferrero llega a Venezuela es porque estando el gran novelista venezolano Adriano González León, autor de País portátil, estando Adriano como agregado cultural de la embajada de Venezuela en Buenos Aires, en la Argentina, conoció a Mari, se enamoraron, se casaron y cuando Adriano cesó en sus labores de agregado cultural en Buenos Aires regresó a Caracas con Mari Ferrero.
Y Mari Ferrero a partir de entonces hizo de Venezuela su propio país y aquí tuvo sus hijos y aquí desarrolló su vida y su obra. En la próxima parte del programa nos referiremos con detalle a Mari Ferrero, ya regresamos. En la parte anterior del programa les advertí que en esta hablaríamos de Mari Ferrero. Y Mari Ferrero forma parte de esa tradición venezolana de mujeres que han hecho mucho en el mundo cultural.
En el siglo XIX encontramos la labor insólita a favor de las artes de la poeta Polita de Lima en la ciudad de Coro y también encontramos, pues, la dimensión internacional de Teresa Carreño con esa danza prodigiosa de sus dedos sobre el teclado y la consagración planetaria de Teresa Carreño. Y también vamos a hallar los aportes ya en el siglo XX de Teresa de la Parra, a los que se suman el tesón de Ana Julia Rojas sobre las tablas o el tesón de Iselvira Suluaga frente al lienzo y también la dilatada tarea de activismo cultural que tuvo María Teresa Castillo, que murió más allá de los 100 años. Y también la obra periodística y museística de primer orden en toda América Latina que hizo Sofía Ímber. También, por supuesto, ese titanismo bibliófilo de Virginia Betancourt, que dirigió la Biblioteca Nacional durante muchos años; hizo una tarea extraordinaria y a esa tradición de mujeres fértiles para el país se suma el trabajo editorial que hizo Mari Ferrero.
Como les decía antes, llegó a Venezuela siendo una muchacha recién casada con Adriano González León y aquí ya comenzó a participar en las aventuras juveniles de la generación de los años 60 y fue factor principal de los grupos Sardio y El Techo de la Ballena. En aquellos tiempos en que su realismo vernáculo se daba la mano con las utopías de la lucha armada y luego, ya en tiempo de pacificación, ingresó a trabajar a Monte Ávila Editores. Eso fue durante el primer gobierno de Rafael Caldera y contribuyó a concebir una de las colecciones fundamentales de esta casa editora, esa colección que ha estado destinada al clásico venezolano: la colección El Dorado. Y en los tiempos de la República del Este pues sus brazos y su alma se entregaron a la revista del grupo, aquella que se cocinaba en el famoso Triángulo de las Bermudas, que era como se llamaba en Sabana Grande el triángulo que formaban tres restaurantes donde ocurrían las peripecias culturales y bohemias de la República del Este, presidida por lo general por ese poeta y personaje fuera de serie que fue Caupolicán Ovalles.
En lo personal, yo conocí a Mari Ferrero estando en el ejercicio de la presidencia de Monte Ávila Editores en 1989 y ella formaba parte de la Junta Directiva de la empresa, en representación de la Confederación de Trabajadores de Venezuela. Y desde entonces hicimos una buena llave para todo aquello que significara el rescate y relanzamiento de Monte Ávila Editores, como en efecto lo hicimos. Ella me ayudó mucho en la internacionalización del sello editorial, fuimos año a año recuperando el prestigio perdido y nos empeñamos en asistir a las ferias del libro de Frankfurt. Había que explicarles a los colegas editores que aquella casa editora legendaria en los años 60 no había desaparecido y que tampoco estaba de vacaciones, sino que renacía desde sus cenizas con nuevos ímpetus.
Y eso fue lo que hicimos y allá en Frankfurt siempre tuvimos el apoyo de quien era cónsul de Venezuela en la ciudad alemana, me refiero a Araceli de Gil, que nos apoyó muchísimo para que Venezuela recuperara un papel o una presencia en la feria del libro más importante del planeta, que es la Feria del Libro de Frankfurt. Las dimensiones son tales que para mí sería difícil explicar el tamaño, pero puede ser algo así como 20 o 40 veces el Poliedro de Caracas, para que ustedes se imaginen lo que significa esa feria donde se reúnen todas las editoriales del mundo. Y de aquellas incursiones en la feria surgió la idea de hacer una Feria Internacional del Libro en Caracas. Nadie mejor que Mari Ferrero, que me había acompañado en varios periplos libreros, para adelantar aquella tarea.
Entonces el Estado venezolano, entonces era ministro José Antonio Abreu, creó una empresa para tal fin: fue Fundalibro. Estamos hablando ya del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y la gerente general de esa empresa que iba a organizar la Feria del Libro de Caracas fue Mari Ferrero. Y en las presidencias estuvo el profesor Gustavo Luis Carrera. Luego Fundalibro se transformó en el CENAL, Centro Nacional del Libro, y desde allí también continuó Mari organizando la Feria de Caracas y coordinando la participación de Venezuela en el mecanismo más eficaz de promoción del libro y de la literatura nacional, me refiero al circuito de las ferias internacionales.
A Mari le ayudaba muchísimo con esta tarea la incansable Elisa Maji, que fue haciéndose su espacio en la feria cumpliendo sus cometidos desde aquella primera feria que organizamos en el Teatro Teresa Carreño el año 1991, hasta los tiempos en que Mari estuvo en la Gerencia General del CENAL. Pero su amor por la escritura también le llevó a desempeñarse como escritora y como editora y ofreció a los lectores mucho de su entusiasmo por las vidas intensas de mujeres universales y durante años colaboró con artículos en la prensa nacional. Y hace algunos años, la editorial Alfa, que entonces se llamaba Alfadil Editores, publicó una colección de temas de actualidad política; esa colección estaba coordinada, editada por Mari Ferrero, de modo que ese entusiasmo por los libros por parte de Mari tuvo expresión tanto editorial como en las ferias y ella decididamente contribuyó a organizar.
Yo recuerdo cuando ella estaba un poco enferma; un amigo me dijo que lo que tenía ya era terminal y la llamé por teléfono y sostuvimos una conversación larga, llena de entusiasmo. Y a mí su voz no me parecía como la de una persona que había sido operada recientemente. Era la voz de siempre. Llegué a pensar que mi amigo exageraba y que una mujer que hablaba de esa manera no estaba lista para morir, pero después comprendí que Mari Ferrero jamás iba a estar lista para morir. Que una persona que amaba la vida de esta forma no era posible que estuviese lista para irse de este mundo, este mundo en el que ella pobló de entusiasmo los libros y las colecciones editoriales y, bueno, de gracia, de vivir, de imaginación y de inteligencia.
Ese paso por la vida de Mari Ferrero fue fértil; habiendo nacido en La Plata, Argentina, murió aquí en Caracas, pero lo esencial de su vida estuvo aquí en Venezuela, ella se hizo venezolana, aquí se casó, aquí procreó y aquí se realizó profesionalmente. El último de estos cuatro venezolanos que nacieron en otros ámbitos va a ser el gran psicoanalista, psicoterapeuta, como también se les dice, Rafael López Pedraza. Un hombre que nació en Santa Clara, en Cuba, en el año 1920 y que murió en Caracas en el año 2011, cuando tenía 91 años. Y es muy interesante porque la obra de López Pedraza va a hacer eclosión en los últimos años de su vida, me refiero a la obra escrita, porque la obra profesional de López Pedraza, imagínense, comenzó en los años 60 cuando él regresó a Venezuela doctorado por el Instituto Jung, en Zúrich, y comenzó su ejercicio profesional en Caracas.
Y también formó parte de su obra los muchos años que sostuvo en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela su cátedra, a la que no sólo acudían los alumnos en un contingente de oyentes que llevaban cursos formales, pero que entraban a oír hablar al sabio Rafael López Pedraza. En la última parte del programa hablaremos en detalle de una obra que particularmente me gusta, se titula Emociones. Una lista. De ella hablaremos y de otros aspectos en la vida de Rafael López Pedraza. Ya regresamos. Les decía en el programa anterior que en esta nos referiríamos a ese libro de Rafael López Pedraza titulado Emociones. Una lista, uno de sus últimos libros, y este libro parte de la lista de emociones que estableció Aristóteles en la retórica.
Y además de comentarlas desde una perspectiva clásica griega, naturalmente de raigambre junguiana en el caso de López Pedraza, López añade otras emociones que guardan relación con su experiencia psicoterapéutica. Recordemos que las emociones aristotélicas son cólera, satisfacción, vergüenza, envidia, indignación, miedo, gratitud, amor, odio y pena. Y López Pedraza añade otras, ¿cuáles añade? Alegría, tristeza, resentimiento y sufrimiento. Y de esta última, sufrimiento, López Pedraza considera que se trata, voy a citar lo que dice, una emoción esencial y básica: "Siento el sufrir como la función por excelencia de nuestra psique", fin de la cita.
Y López Pedraza cree lo contrario de la satisfacción, por la que guarda la mayor prevención. Fíjense en lo que dice el doctor López sobre la satisfacción, voy a citar: "En la satisfacción alcanzo a ver una sensación de plenitud que puede resultar en parálisis. Y, en lo que a mí se refiere, me horroriza pensar que algún día llegaré a estar satisfecho de mí mismo. Pues tal cosa me está diciendo que me faltaría lo que para mí es lo más preciado en el vivir: el constante movimiento psíquico que nos acompaña hasta la muerte".
Bueno, imagínense, por cierto, que como les dije antes, el doctor López nació en 1920 y, con excepción de sus libros Hermes y sus hijos, que es de 1980, y Ansiedad cultural, que es de 1987, la mayor parte de su obra se publica a partir de los 80 años. Esto es interesante para quienes sienten que están viejos y ya no pueden; el doctor López Pedraza comenzó a publicar el grueso de su obra a partir de los ochenta años y murió a los noventa y uno, publicó en esos once años casi un libro al año. De modo que, bueno, no solo el caso de López es un ejemplo; el de Saramago también. Saramago publica sus primeros libros después de los sesenta años hasta el tiempo de ganarse el premio Nobel, pero claro, tanto el de Saramago como el caso de Rafael López Pedraza son casos excepcionales.
Y en las reflexiones finales del libro confiesa que la compasión me interesa sobremanera y López Pedraza va a distinguir entre la compasión y la lástima y afirma algo extraordinario, dice que sin la compasión no puede haber psicoterapia. Esto es importante, escúchenlo: sin la compasión no puede haber psicoterapia. Es extraño, en el momento de afirmar esto, que López no haga referencia al budismo, ya que el budismo se funda en la compasión de una manera estructural, al punto que puede afirmarse que el núcleo de toda la estructura budista es la compasión. Bueno, en todo caso yo señalo la coincidencia con mucha alegría entre López Pedraza y el budismo y voy a citarles otro párrafo donde todavía explica más el doctor López lo que significa la compasión para él, afirma: "Para mí compasión significa estar y conectarse psíquicamente con la emoción de otro, en este caso del paciente. Y esto es lo único que hace posible la simetría como fundamento esencial de la psicoterapia. Mi concepción es que la psicoterapia, si es asimétrica, sencillamente no es psicoterapia".
Bueno, hasta aquí la cita de Rafael López Pedraza y huelga decir que su obra es esclarecedora en muchísimos sentidos y como suele suceder con los trabajos de significación, pues va más allá de las fronteras nacionales. Mutatis mutandis, ocurre igual con la obra de Freud y la de Jung, se leen en homenaje al principio de placer establecido por Freud. Y esto hace nuestro autor causarnos placer y se hace necesaria una revisión de toda la obra de López Pedraza, ya que es sin la menor duda de la mayor importancia entre las que se han escrito entre nosotros en Venezuela y además imanta el pensamiento en toda su magnitud y extensión, sobrepasando propiamente el ámbito de la psicoterapia.
Leer a López Pedraza es ir más allá del ámbito psicoterapéutico y entrar en el pensamiento, en las observaciones de un hombre que durante muchos, muchísimos años tuvo muchos pacientes diarios y todo lo que tenga que decirnos del ser humano es de la mayor importancia. Bueno, hasta aquí este programa donde pasamos revista muy rápidamente a los aportes de Fernando Cervigón, Pedro Cunill Grau, Mari Ferrero y Rafael López Pedraza, cuatro venezolanos que nacieron en España, Chile, Argentina y Cuba, pero se quedaron para siempre entre nosotros y aportaron obra sustancial para la comprensión de Venezuela y para las profesiones que cada uno de ellos desarrolló en nuestro país. Como siempre, ha sido un gusto hablar con ustedes, les habla Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho y en la dirección técnica Fernando Camacho.
A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarays@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arráiz. Ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes, hasta nuestro próximo encuentro.