Venezuela: 1498-1728. Conquista y Urbanización. Cap 7

Una historia del período colonial venezolano.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. La semana pasada hablábamos de la gobernación de Juan de Pimentel entre 1576 y 1583. Hoy seguiremos avanzando en esta historia de la fundación de la mayoría de las ciudades venezolanas en el siglo XVI.

Y es por ello que nos referiremos a Francisco de Cáceres, el fundador de la provincia del Espíritu Santo de La Grita en 1576. Cáceres es un aragonés que viene a América con Diego Fernández de Serpa y regresa a España, y hace gestiones ante la Corte Imperial para que le adjudicaran una capitulación, cosa que logra con Felipe II.

Y esta capitulación que Felipe II firma con él lo autoriza para conquistar y poblar la provincia del Espíritu Santo, es decir, nos estamos refiriendo a los llanos de Casanare y Vichada en la actual Colombia. Y desde el Valle de La Grita, y Tunja también en Colombia hoy en día, hasta las desembocaduras del río Zulia, de modo que estamos hablando de un espacio bastante amplio.

Queda establecido que el territorio entregado va a depender del corregimiento de Tunja y, en lo jurídico, de la Real Audiencia de Bogotá. Desde la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, Cáceres va a autorizar a Juan Andrés Valera, un vecino de la ciudad de Mérida, para que funde otro poblado en Barinas. Y así fue como se fundó una ciudad con nombre precioso: Altamira de Cáceres, el 30 de junio de 1577.

De modo que estas dos ciudades, Espíritu Santo de La Grita y Altamira de Cáceres en Barinas, van a ser fundadas por gente proveniente de Bogotá, de Tunja y Mérida. Y la vida de Cáceres va a terminar en un pueblo hoy en día de la República de Colombia, Santiago de las Atalayas, que fue uno de los pueblos fundados por él. Decíamos antes que terminaba la gobernación de Pimentel en 1583 y lo sucede un gobernador que fue unanimemente detestado por los caraqueños. Me estoy refiriendo a Luis de Rojas, que gobierna de 1583 a 1589.

¿Por qué lo detestaban? Porque Rojas, con un esmero puntual, se dedica a desconocer la autoridad de los alcaldes. De paso, se enemista con la mayoría de las familias principales de Caracas, que eran, por supuesto, las familias integrantes del cabildo. De modo que entra en conflictos con los habitantes naturales de la ciudad porque, recordemos, que estas autoridades eran itinerarias, itinerantes: Luis de Rojas va a estar un tiempo aquí, otro tiempo en otro sitio, y los que siempre estaban eran los habitantes de la ciudad en las que se estaba.

Rojas, no obstante, va a tomar la decisión que tiene unas consecuencias importantes de designar a Sebastián Díaz Alfaro para que funde la ciudad de San Sebastián de los Reyes. Esto va a ocurrir el 6 de enero de 1585. ¿Por qué fue tan importante? Porque San Sebastián de los Reyes abre el camino para la fundación de otras ciudades que hoy en día son, en la mayoría de los casos, más grandes que San Sebastián.

San Sebastián funcionó como una suerte de cabeza de playa: fue abriendo camino para que, a partir de allí, se fundaran Calabozo, Altagracia de Orituco, San Juan de los Morros, El Sombrero, Camatagua, Zaraza, San Casimiro. Todas, creo yo, que hoy en día son ciudades más grandes que San Sebastián y esa fue una ruta del ganado muy particular, porque esa zona desde entonces comienza a ser una zona rica en ganado en la provincia de Venezuela. Y esto va a ocurrir, como le señalaba, por decisión del gobernador detestado Luis de Rojas y por la designación de Sebastián Díaz Alfaro para que funde San Sebastián de los Reyes.

Y después, con el tiempo, abriéndose el camino al ganado hacia el sur, se fueron fundando otras ciudades que les he mencionado. El caso de Luis de Rojas es muy interesante por cómo resulta su gobernación: hemos hablado en programas anteriores del juicio de residencia. El juicio de residencia ocurre al final de la gestión de un gobernador, pero también podía darse el caso de que el gobernador cometiese tal cantidad de desmanes, desafueros y disparates, que los afectados pudiesen formar un expediente y elevarlo hacia las autoridades, y eso fue lo que ocurrió con Luis de Rojas. Los caraqueños estaban verdaderamente hasta la coronilla en los abusos del señor y le van formando minuciosamente un expediente y se lo hacen llegar a las autoridades.

A su vez, es demandado por una de las víctimas, Juan de Guevara. Entonces no solo había un expediente de reclamos contra él en la audiencia de Santo Domingo, sino que había una persona en particular, una de sus víctimas, que lo demandaba. La Real Audiencia atiende a los alegatos que se elevan hasta ella, dada la gravedad de lo que se le está señalando. Estamos hablando de casos graves, entonces toman la decisión de elevar esta querella al Consejo de Indias, y el Consejo de Indias en España también abre las puertas para que se le siga un juicio a Luis de Rojas de inmediato, sin esperar al juicio de residencia.

Eso fue lo que ocurrió y mandan a lo que se llamaba un juez de vara alta, que por cierto esta es una expresión que quedó en el uso, en lenguaje común. Es muy frecuente que digamos fulano tiene vara alta en tal sitio, o sultano cuenta con un amigo que tiene vara alta en tal dependencia. Eso viene de aquí, de la expresión “un juez de vara alta”. Viene, lo hace preso a Luis de Rojas y se lo lleva a Santo Domingo. Por supuesto, lo destituyen de sus funciones.

Lo que quiere decir es que los alegatos y el expediente que se ha formado contra él han sido efectivos en su cometido y nos señala que para entonces, para la fecha que estamos hablando, 1589, ya habían mecanismos jurídicos alternos al juicio de residencia. Esos mecanismos permitían procesar a una autoridad durante el ejercicio de su gobierno siempre y cuando estuviese cometiendo unos delitos, unas faltas o unos abusos particularmente graves, como fue el caso de Luis de Rojas. Este es un ejemplo, pero hay otros que también iremos viendo en el futuro. No obstante, los caraqueños tienen que tolerar a este gobernador entre 1583 y 1589.

Que no son pocos años y fueron años en las relaciones entre la gobernación, la institución del cabildo, que era donde hacían vida los criollos, los terratenientes, las familias principales de la ciudad. Fueron unas relaciones sumamente tensas, sumamente difíciles. Luis de Rojas va a ser sustituido paradójicamente por un gobernador amado, que fue Diego de Osorio, a quien llamaban el gobernador querido y que va a tener un ejercicio muy largo. Va a gobernar durante ocho años, de 1589 a 1597.

El contraste entre Rojas y Osorio no puede ser mayor. Por cierto, los dos mueren en el mismo año, en el año 1600: cuando muere Rojas es unanimemente odiado por todos, mientras el otro es amado por todos. Incluso se comenta que la muerte de Osorio provocó un llanto multitudinario en los esclavos africanos en Santo Domingo porque llegaron a considerarlo su protector más que su verdugo. Lo amaban, y por todas sus ejecutorias y por la consideración que tuvo con ellos.

Esta gobernación de Osorio, junto con la de Pimentel, va a ser de las más largas que contemos en el siglo XVI que estamos trabajando. Una gobernación de ocho años, porque Osorio fue tan querido; bueno, pues precisamente por lo contrario que fue odiado Rojas. Osorio lo primero que hizo fue respetar y trabajar con el cabildo, respetarlos de la manera más escrupulosa y trabajar con ellos, no los enfrentó. Al revés, el plan de gobierno que desarrolla Osorio lo hace de acuerdo con los cabildantes, en combinación con ellos, en diálogo con los cabildantes, lo que es evidentemente una forma inteligente de hacer las cosas.

Este hombre hace lo contrario, lleva el camino del diálogo, el camino del entendimiento, la cordialidad, y sus resultados son extraordinarios. Logra organizar las ordenanzas, incluso convoca a un encuentro o un congreso de procuradores de todos los cabildos. Y esta fue la primera vez que eso ocurrió, que se reunieron todos los procuradores de los cabildos, procurándose, valga la redundancia, acciones colectivas para sus provincias. Y sobre todo, fueron reunidos para hacerle peticiones a la corona española, peticiones que fuesen comunes a todos los cabildos de las provincias que en el futuro serían la Capitanía General de Venezuela y después la República de Venezuela.

De estos temas seguiremos hablando en la segunda parte del programa, cuando relatemos la llegada del primer Bolívar a Venezuela. Ya regresamos.

Decíamos antes que Diego de Osorio reúne con un conjunto de procuradores los cabildos de la futura República de Venezuela, y ese se convierte en un primer congreso. Y ellos toman las decisiones para hacer una lista de peticiones para la corona de España y de enviar un procurador único y común que representara a todos los cabildos. Ese procurador se va a llamar Simón de Bolívar. Estamos hablando del primer Bolívar que llega a estas tierras, acompañado de su hijo, que también se llamaba Simón de Bolívar.

El viejo Bolívar, el viejo para las expectativas de vida en la época, llega a Venezuela procedente de Santo Domingo y tiene 30 años viviendo allá. Cuando él llega a Venezuela tiene 55 años y para la época era prácticamente un anciano. Él había llegado a los 30 años a Santo Domingo, pasó 25 años en Santo Domingo, y su amigo Diego de Osorio le propone venir a Venezuela. Cuando el viejo Bolívar, vamos a llamarlo así, el primero, llega a Santo Domingo, llega procedente de Vizcaya, de un pueblo muy cerca de Guernica.

Esa pequeñísima puebla se llama Bolívar, lo que viene a significar, valga la redundancia, el vocablo Bolívar, es decir, molino de la ribera. Eso es lo que significa Bolívar. Allí en ese pequeñísimo poblado nace Simón de Bolívar en 1532, cuando él llega a Venezuela ya está viudo, pero viene con este hijo que les he mencionado antes. Ese primer Bolívar va a morir en Caracas el 9 de marzo de 1612. Simón Bolívar y Palacios, El Libertador, viene a ser su quinto nieto. Muy bien...

El cabildo de Caracas, previa reunión con los otros cabildos, decide enviar a España, a la Corte de Indias, a Simón de Bolívar como Procurador de Beneficios y Reivindicaciones, que era como se llamaba. Esto va a ocurrir en 1590 y regresa en 1592 con buenas noticias para los propósitos que ellos habían establecido. Primero, viene con la autorización para la creación de un seminario. Ese seminario va a ser la semilla de la futura Universidad de Caracas, fundada en 1725.

Esta proto-universidad, este mínimo seminario, Simón de Bolívar trae la autorización. También esto es un aspecto que en esa época contaba mucho: se le otorga un escudo de armas a la ciudad de Caracas, es decir, ya era una ciudad con una entidad mayor, ya había dado un paso más en su crecimiento, se había alargado los pantalones. También lo autorizan, pero no se hace efectiva esa autorización, a la compra de tres mil esclavos africanos. Bueno... de regreso en Caracas el gobernador Osorio lo designa contador general de la Real Hacienda, y aquí continúa su vida hasta que termina y es el fundador de la estirpe de los Bolívar en Venezuela, que obviamente va a tener tantísima importancia para nosotros.

Concomitante con todo esto, les estoy señalando, está la fascinante aventura de Antonio de Berrío en el Orinoco y Trinidad en busca de Manoa, en busca del Dorado. ¿Quién era Berrío? ¿Y por qué se embarca esta aventura? Berrío estaba casado con una sobrina de Gonzalo Jiménez de Quesada, María de Oruña se llamaba.

Jiménez de Quesada muere sin descendencia en 1579, muere de lepra en la ciudad colombiana de Mariquita, y testa, es decir, hace testamento a favor de su sobrina y el esposo de su sobrina. Y ellos heredan entonces esa capitulación que Jiménez de Quesada había firmado con la corona, que rezaba literalmente: “pasada la Cordillera del Reino hacia Levante”, es decir, de la cordillera oriental de Colombia hacia la derecha, lo que viene es llano, ríos y la desembocadura del Orinoco, la isla de Trinidad o también la desembocadura del Amazonas.

Pero Berrío se esmera en el tema de Guayana y de Trinidad. Lo vamos a encontrar en Tunja en 1580, haciendo los preparativos para su expedición, y donde asume lo que ha heredado: la capitulación a favor de ellos en esos territorios donde presumiblemente estaba el Dorado. Al menos eso creía Gonzalo Jiménez de Quesada y eso también creyó Antonio de Berrío. Entonces Berrío inmediatamente arma una expedición, baja de Tunja, llega al Orinoco y sigue su curso hacia el Delta del Orinoco y luego llega a Trinidad.

Por supuesto, no halla ningún tesoro y regresa a Nueva Granada en 1585 a buscar refuerzos; ya estaba tomado por la fiebre del oro. Ya lo había picado la culebra de la fortuna y va a partir por segunda vez en 1587, pero esta vez convencido de que va a hallar el tesoro que está buscando. Y recorre, da los mismos pasos de su primera expedición, pero no logra continuar: las inclemencias climáticas del terreno, las enfermedades y las desventuras que va pasando su hueste son muy grandes, y lo encontramos en 1589 en el Casanare, esperando que lleguen refuerzos de Bogotá.

Los refuerzos llegan en 1590, y emprende en ese momento su segunda expedición. Esta vez se van a concentrar en el Orinoco, del Orinoco sube por el Caroní, establece un campamento a orillas de este río y espera de nuevo refuerzos. Los refuerzos no terminan de llegar, él se desespera y navega al río hacia la desembocadura, y llega a Margarita. Y en Margarita se establece esperando que lleguen los refuerzos, y allí le llega la trágica noticia de la muerte de su esposa.

Decide entonces quemar las naves, no volver a Bogotá ni a Tunja, sino establecerse allí hasta que hallara la fortuna. De Margarita navega hacia Trinidad y en Trinidad, en honor a su mujer, el recuerdo de su mujer, funda San José de Oruña, en 1592. Pero Trinidad no formaba parte de la capitulación, o formaba parte pero en discusión con otros capitulantes, y entonces van a reclamar los otros gobernadores: Diego de Osorio reclama desde Caracas que qué hace allí Antonio de Berrío, Francisco de Vides, el gobernador de Cumaná, reclama desde Cumaná que qué hace allí Antonio de Berrío, y Juan Sarmiento de Villandrando desde Margarita también le reclama: ¿qué hace en Trinidad?, que esos no son los territorios que le han sido asignados.

Berrío se defiende de la manera que puede y ocurre un hecho insólito realmente, y es que Berrío escribe unas cartas diciendo que ha encontrado el Dorado. Yo creo que pareciera que estaba mintiendo o que estaba exagerando buscando que le enviaran refuerzos, que luego enviaran asistencia. Esas cartas van en una embarcación que la intercepta Walter Raleigh, el famosísimo pirata inglés. Raleigh intercepta las cartas y decide buscar a Berrío, busca a Berrío, lo hace preso y trata de que Berrío lo conduzca hacia ese sitio que él, por cartas, ha dicho que es el Dorado, que es Manoa.

Pero esto no lo consigue Raleigh. Por su parte, al rato Raleigh lo abandona, queda a su suerte otra vez, y Berrío logra irse. Y entonces ahora sí decide fundar la ciudad de Santo Tomé de Guayana el 21 de diciembre de 1595. Venía Berrío de Margarita, después de haber sido liberado por Raleigh. La ciudad es de muy difícil sostenimiento.

Berrío espera la llegada de su hijo Fernando, que ha ido a Bogotá a buscar refuerzos. Su hijo Fernando llega en 1597, dos años después de haber seguido. Para ese momento, Antonio de Berrío, su padre, sobrevive a duras penas en una ciudad que está ya en condición fantasmal. Y es una ciudad que se ha venido a menos, así abandonada: el viejo Berrío ya está enfermo y está a punto de morir.

Y bueno, eso es lo que finalmente ocurre y así termina la aventura de Berrío en Guayana, una aventura más de las muchas que hubo de aquellos hombres hipnotizados con la idea de conseguir la fortuna y conseguir el oro. En este caso ya no los alemanes que mencionamos en programas anteriores, sino en Guayana, en otra zona de nuestro territorio donde al parecer había oro, pero nunca en las cantidades que ellos esperaban, y ciertamente Berrío nunca lo encontró. Y más bien lo que encontró fueron una desgracia detrás de otra. Estas son las aventuras de estos hombres en estos finales del siglo XVI.

En la próxima parte del programa vamos a dar con la aventura todavía más insólita de Walter Raleigh, el pirata inglés que estuvo en Trinidad y en el Orinoco o Caroní en 1595. Ya regresamos.

Comentábamos en la parte anterior del programa que Walter Raleigh intercepta una embarcación española donde iban las cartas de Berrío en la que señalaba que había encontrado el Dorado. Esto va a ocurrir en 1594 y los hechos sucedieron así: Raleigh intercepta la embarcación y se presenta en Trinidad el 22 de marzo de 1595, busca a Berrío. Incendia la ciudad de paso y se lo lleva preso. Entonces Raleigh sube por el río Orinoco, por el Caño Mánamo, hasta el Caroní buscando a Manoa, buscando el Dorado.

La situación debe ser desesperante y desesperada porque Raleigh va subiendo por el río, pasa del Orinoco al Caroní y allí va preso Berrío. Y Raleigh ha debido estarle preguntando todo el tiempo dónde está, ¿dónde está Manoa?, ¿dónde está el Dorado?, y Berrío no tendría mayor cosa que decir. Porque tenemos la sospecha de que esas cartas que él enviaba, más que para referir que había encontrado Manoa, las enviaba para recibir los refuerzos que estaban necesitando para continuar en su aventura. Decepcionado, Raleigh se devuelve por el río, recoge sus pasos y llega a Cumaná y le entrega al preso Berrío al gobernador Vides y sigue su camino hacia Europa.

Pues allí Berrío enfrenta el juicio del gobernador Vides y al tiempo, vimos antes, que es liberado, lo encontramos en Margarita, luego de regreso a Guayana, y ese final triste que referimos antes. Por su parte, ya Raleigh había quedado picado de culebras, como decimos en criollo, y va a regresar a Guayana en 1596, penetrará de nuevo por el Orinoco y seguirá buscando el Dorado de manera infructuosa, totalmente. Ese año regresa a Inglaterra y entonces publican una obra sumamente valiosa que se titula El Descubrimiento de la Guayana.

Es momento de recordar que Walter Raleigh no es un pirata cualquiera: Raleigh es un aristócrata egresado de Oriel College en Oxford, en Leyes. Es decir, estamos hablando de un doctor en leyes de la Universidad de Oxford, que a su vez era un escritor, un poeta y un político de gran significación en la Inglaterra de su tiempo. De modo que cuando publica El Descubrimiento de la Guayana es un acontecimiento literario importante porque no se trata solo de una relación de viajes o funcionarios, sino del libro de un autor, de poeta y escritor. Y es un libro de gran calado, de gran importancia en ese mismo sentido.

Pero la vida de Raleigh va a tener un giro inesperado y es que en 1603 lo hacen preso por una delación e infidencia. Lo acusan de estar conspirando contra el rey Jacobo I y esta acusación, no sabemos si tenía fundamentos o no, lo conduce a pasar 13 años en la cárcel. Trece años, y va a salir en 1616. ¿Y qué hace Raleigh al salir de la cárcel? De inmediato organiza otro viaje a Guayana y llega en 1618, pero ya el Raleigh de 1618 es un hombre viejo y cansado y no continúa el viaje; se establece en Trinidad y envía a su hijo Walter y a un teniente de Raleigh llamado Lawrence Keymis.

Lo que ocurre con su hijo es dramático: encuentra inmediatamente la muerte en un enfrentamiento con el entonces gobernador de Guayana, Diego Palomeque de Acuña, quien también muere en la refriega, en el enfrentamiento bélico entre las dos pequeñas patrullas. Raleigh, bueno, imagínense, pierde al hijo, quebrado en el cuerpo y el alma, y la vida no le da para continuar su aventura. No pasa de Trinidad, no es capaz de volver a penetrar por el Orinoco y hacia el Caroní, y decide finalmente, en medio de esta circunstancia tan adversa, regresar a Inglaterra. Y al regresar a Inglaterra, lo hacen preso de nuevo. Pero esta vez es acusado por los mismos cargos, pero la condena no es la prisión: la condena es la muerte.

De modo que en el interín entre una condena y otra probablemente hallaron mayores indicios de si estaba conspirando contra Jacobo primero o, probablemente, los fundamentos de sus acusadores por alguna razón tuvieron más peso. El hecho es que el hacha del verdugo pasa por el cuello de Raleigh el 29 de octubre de 1618 y muere. Obviamente, ya pues, casi toda buena parte de su vida estuvo dominada por la obsesión doradista, por la búsqueda afanosa del Dorado. Hemos relatado una peripecia en pocos minutos, pero es verdaderamente sorprendente la insistencia de Raleigh en la búsqueda de este tesoro y lo esquivo del tesoro que nunca lo encontró, más bien lo que le trajo fueron unas calamidades detrás de otras a él y a su hijo Walter, que pierde la vida en un encontronazo con Diego Palomeque de Acuña.

Este es un capítulo más de la fiebre doradista que esta vez no incluye a los españoles, tampoco a los alemanes del pasado, sino a un inglés, y a un inglés de altura, de alta condición académica, literaria y social. Pero que en estos territorios se comportaba como un pirata porque estaba penetrando en territorios que no pertenecían al Imperio Británico sino al Imperio Español, y estaba llamado por este imán poderoso del oro. En aquella expedición de Raleigh que parte de Inglaterra venía también otro pirata, Amias Preston, pero Preston se separa de la nave capitana de Raleigh y toma otro rumbo. Decide pues tomar su camino, separarse desde la nave madre y seguir sus propias intuiciones en sus aventuras.

La aventura de Preston la conocemos al dedillo porque fue escrita por uno de los hombres que lo acompañaba que se llamaba Robert Davy, que da cuenta día a día de los hechos en un diario. Y los hechos fueron así: partieron de Plymouth, en Inglaterra, en marzo de 1595, y el 17 de abril de ese mismo año estaban en las islas de Los Testigos. El 22 de mayo estaban en Cumaná y el 26 a una legua de Macuto, desde donde desembarcaron algunos auxiliares en la costa; no desembarcan en Caraballeda sino muy cerca, en las zonas de Macuto. Es decir, desembarcaron algunos auxiliares, pues no había cómo atracar los barcos en un muelle.

Allí les advierten que si van a subir a Caracas por el camino real, por el conocido Camino de los Españoles, iban a encontrar al ejército de Garci González de Silva esperándolos y, pues, iban a ser repelidos por las fuerzas del capitán González de Silva. De modo que ellos, de acuerdo con labores de inteligencia, advierten un camino abandonado, un camino que era de los indígenas, y se van por ese camino. Y resulta que por este camino llegan al valle de los Toromaimas, donde está la ciudad de Caracas, mientras González de Silva lo estaba esperando por otro lado. Entonces, por su parte, el gobernador Osorio estaba en alguno de los viajes oficiales y frecuentes y no estaba en la ciudad, de tal modo que cuando Preston y su pequeño ejército entran a la ciudad de Caracas, González de Silva está esperándolo por un lado muy distinto.

Preston solo va a encontrar la resistencia del hombre ya mayor que se llama Alonso Andrea de Ledesma, quien lo enfrenta con muy pocos soldados porque la mayoría de los soldados estaban con González de Silva. Y con mucha facilidad el ejército de Preston le dio muerte a Alonso Andrea de Ledesma y a sus pocos soldados. Esto comienza a ubicarse en la historia venezolana como una leyenda quijotesca: la leyenda de Andrea de Ledesma, y don Mario Briceño-Iragorry lo recoge en una novela o en una historia novelada que se titula El Caballo de Ledesma, de 1951. Donde refiere estos hechos, el quijotesco Andrea de Ledesma que enfrenta y pierde la vida en el enfrentamiento.

¿Qué hace Preston? Prestón se establece en la casa del gobernador Osorio, y espera lo que es habitual en esa época, que es que le ofrezcan dinero a cambio de que él abandone la ciudad sin producir ningún estropicio. Pero las cifras que les ofrecen no son para nada satisfactorias para Preston, los caraqueños no tienen otro dinero que ofrecer. Y Preston toma una decisión sanguinaria: ordena quemar la ciudad y se va al litoral. Una tragedia... La ciudad queda en cenizas, en ruinas, esto está pasando en 1595. Y en la próxima parte del programa veremos cuál fue el desenlace de esta aventura de Amias Preston. Ya regresamos.

Veníamos hablando de Amias Preston, dijimos que había quemado la ciudad de Caracas y había ordenado prenderle fuego. Se va al litoral, se monta en sus barcos y lo vamos a encontrar en Coro el 11 de junio de aquel año, e hizo lo mismo: ordenó dejar en cenizas la ciudad porque no tenía nada que entregarle. Y siguió hacia Maracaibo donde curiosamente no causó ningún daño, pero es una dulce venganza: sus marineros contrajeron una enfermedad fatal en Maracaibo y en el viaje desde el lago de Maracaibo hacia Jamaica murieron 80 miembros de la tripulación de Preston. El origen del fallecimiento, un virus estomacal para el que no tenían cura, fue provocado, fue una dulce venganza tramada por los marabinos. Fue casualidad, no tenemos cómo saberlo, pero conocemos los hechos.

Por su parte, Osorio, que estaba de viaje cuando ocurre esta incursión de Amias Preston, regresa a toda velocidad a Caracas y se dedica a la reconstrucción de la ciudad, afanosamente. Y para 1597 lo promueven a presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, que era un cargo de enorme importancia, de modo que era un ascenso. Por supuesto, los caraqueños, el cabildo caraqueño no quería que se fuera; él tampoco quería irse, pero no tenía otra alternativa y se va a asumir ese destino en Santo Domingo. Lo sucede el gobernador Gonzalo de Piña Ludueña entre 1597 y 1600, pero es muy poco lo que podemos decir de Piña Ludueña, más allá de haber seguido la rutina del gobierno natural.

Pero no se adjudican a sus haberes grandes realizaciones ni una gran personalidad como se ocurrió con Diego de Osorio. En estos años, por su parte, va a ocurrir un cambio en la Corona Española porque Felipe II, el hijo de Carlos V, fallece y lo va a suceder su hijo Felipe III. Felipe III se corona el 13 de septiembre de 1598 y va a morir el 31 de marzo de 1621. No será un reinado tan largo como el de su padre, tampoco como el de su abuelo Carlos V, pero sí un reinado con alguna dilatación porque estamos hablando de 23 años ejerciendo el mando.

Recordemos que entre Carlos V y Felipe II reinan casi todo el siglo XVI, gobiernan desde 1516 hasta 1598, y el hijo y nieto de Carlos V, Felipe III, va a asumir entonces el manto. Los juicios históricos sobre el reinado que acaba de concluir, el de Felipe II, son extremos. Por una parte, un sector pensaba que había sido un rey católico que gobernaba con seriedad; otros pensaban que se trataba de un rey católico rabiosamente fundamentalista que mantuvo el fuego de la Inquisición para sus detractores. Lo cierto es que Felipe II fue extremado en el tema de la Inquisición, severo como poquísimos, y seguía los consejos que le había dado su padre Carlos V.

Que se pueden resumir en lo siguiente: su padre le dijo “ten siempre a Dios presente, sé siempre respetuoso de la Inquisición, búscate buenos consejeros y administra con pulcritud la justicia”. Esto hizo, administró con pulcritud la justicia, tuvo buenos consejeros, pero sin duda exageró en la aplicación de los criterios de la Inquisición y fue al extremo fundamentalista en la aplicación de estos preceptos. Por otra parte, era muy trabajador, organizado con los papeles o documentos, eso le dio un orden particular a la institución de la Corona. También le tocó enfrentar muchas guerras en Europa.

Y no salió bien librado de todos estos encuentros bélicos, muchos lo afectaron y en algunos casos perdió, casi todos los casos supuso una inversión de recursos cuantiosos. Incluso algunos historiadores consideran que la decadencia del Imperio Español va a comenzar al final de su mandato. Mientras sus seguidores, que también son muchos, dicen que por lo contrario su reinado fue el período del mayor auge del Imperio Español. En todo caso, imposible respaldar a la Inquisición: es un capítulo triste, negro de la historia y muy particularmente de la Iglesia Católica, pero siempre respaldada por estos monarcas.

Su asesor principal o su valido, que era como se les llamaba, fue Francisco de Sandoval y Rojas, el famoso duque de Lerma. Y durante su reinado, estoy refiriendo ahora a Felipe II. Durante el reinado de Felipe III va a aplicarse la llamada Pax Hispánica, que era una estrategia mediante la cual se buscaba treguas con el enemigo, procurándose entrenarse y prepararse para el combate. Eran unas estrategias muy particulares que se llamaban la Pax Hispánica, así como la Pax Romana significaba otra cosa. Lo cierto es que en el reinado de Felipe III, el hijo de Felipe II, el Imperio Español va a seguir expandiéndose.

En nuestro próximo programa veremos un balance de este siglo XVI. Veremos las fundaciones de las audiencias, haremos un recuento de la fundación de las ciudades y una suerte de balance de lo que hemos venido relatando a lo largo de todo este siglo. Les habla Rafael Arráiz Lucca, me acompaña en la coproducción Merizosa, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

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