Venezuela: 1498-1728. Conquista y Urbanización. Cap 3
Una historia del período colonial venezolano
Transcripción
Venezuela. Nuestra peripecia histórica entre 1529 y 1546 fue gobernada por los factores de la Casa Prestamista del Banco, en pocas palabras un banco alemán que le había prestado a Carlos V los recursos necesarios para coronarse en aquella diatriba que él mantenía con Francisco I. Referimos entonces la peripecia de estos alemanes y concluimos el programa anterior con un personaje central de este contingente alemán en Venezuela: Nicolás de Federmann o Nicolás Federmann. Hoy, en esta primera parte del programa, vamos a concentrarnos en él, su peripecia y lo que eso significó.
Recordemos que Federmann llega a América por primera vez en 1530 y llega con Ambrosio Alfinger. Entonces ocurre un hecho que se va a presentar varias veces en este período: Alfinger sale con su tropa a dar vueltas, a buscar minas, a buscar el que ya se estaba convirtiendo en el mítico Dorado, y deja a Federmann encargado del gobierno en Coro. Cuando Alfinger regresa de su peripecia de un año y tantos meses encuentra que Federmann también ha salido de viaje, también se ha ido en expedición.
Lo que nos señala es que la permanencia en Coro de los alemanes era inútil, de acuerdo con los planes que ellos tenían. Ellos tenían que recuperar su inversión lo más rápidamente posible y no era a través del cultivo de la tierra o de ganadería, ni mucho menos en una región tan seca como Falcón, como iban a recuperar esos recursos de su inversión. De modo que salían en expedición en busca de minas, en busca del oro, y si así lo hizo Alfinger, ¿por qué no lo iba a hacer Federmann por su parte? Pero ocurre esta vez que, cuando Alfinger regresa y encuentra que Federmann ha desobedecido sus órdenes, cuando Federmann regresa es hecho preso y es enviado por Alfinger a España detenido por haber incumplido sus órdenes.
De aquel primer viaje, de aquella primera experiencia, Federmann publicó un texto en 1557 que se llama Viaje a las Indias del Mar Océano. Este es un texto importante porque es de los primeros textos que se escriben sobre lo que está ocurriendo en las tierras venezolanas. Voy a leerles un párrafo muy breve de Federmann, que también es muy elocuente. Dice en su libro, Federmann, por cierto un libro traducido al español por el doctor Pedro Manuel Arcaya, publicado en 1916: “El segundo día de octubre de 1529, yo Nicolás Federmann, el joven de Ulm, embarqué en Sanlúcar de Barrameda, puerto de la provincia de Andalucía.
En España iba nombrado por el señor Ulrich Ehinger, en nombre de los señores Bartolomé Welser y compañía, capitán al mando de 123 soldados españoles y 24 mineros alemanes, a quienes debía yo conducir a tierras de Venezuela, situadas en el Gran Mar Océano y cuyo gobierno y dominio ha concedido su majestad imperial a dichos Welser, mis señores. Debía además ir en auxilio de Ambrosio Alfinger, que gobernaba y administraba tal provincia”. Aquí hay dos datos interesantes: hay 123 soldados españoles y 24 mineros alemanes.
Una proporción cercana al 15% de alemanes, un 85% de españoles, a pesar de que la empresa era totalmente alemana. Pero fíjense que los 24 alemanes que vienen son mineros porque ese es el objeto: rastrear las piedras preciosas, el oro, en el territorio venezolano. De modo que ellos tenían bastante claro a lo que venían y lo hacían con la urgencia del caso porque les quedaba poco tiempo e intuían ellos que podía durar la capitulación, como en efecto así fue, porque fueron apenas unos 17 años.
Dejamos a Federmann preso en España, al tiempo es liberado y regresa a Coro, esta vez con Jorge de Espira. Jorge de Espira, que era como se le llamaba en castellano a este alemán, va a regresar. Federmann en 1535 vuelve a ocurrir exactamente lo mismo: Espira lo deja al mando de Coro, sale a dar vueltas, Espira buscando riquezas, y en lo que Espira sale, Federmann también se va. Y avanza primero hacia Maracaibo, después pasa Maracaibo hacia el hoy territorio colombiano y llega a Valledupar siguiendo el rastro y el camino que había seguido Alfinger, donde encontró la muerte, por cierto.
Y allí en Valledupar se topa con las tropas del gobernador de Santa Marta que le advierte que está penetrando un territorio que no le pertenece, un territorio en el que no está autorizado a penetrar. Tuerce el rumbo y entonces decide bajar por los llanos venezolanos hacia, ¿verdad?, los llanos colombianos. Atraviesa los ríos, remonta el río Meta y ya para 1537, que ha pasado por Barquisimeto o por Acarigua, por Guadualito, que ha llegado al Casanare colombiano, decide seguir hacia abajo y va bordeando la cordillera oriental colombiana.
Recuerden ustedes que Colombia tiene tres cordilleras: la Occidental, que es la que da al frente al Pacífico; el puerto de Buenaventura; y la Central, que está en Bogotá, y la Oriental, que está al borde de los llanos colombianos, que forman parte del territorio de Colombia. De modo que Federmann y su tropa, y sus expedicionarios, van bordeando la cordillera oriental neogranadina hasta que deciden superarla. Y lo hacen por el páramo de Sumapaz, a 4.300 metros de altura.
Allí mueren muchos de sus soldados no acostumbrados a estas alturas. 4.300 metros de altura para un europeo son unas alturas inimaginables realmente, y bueno, no solo la altura sino el frío. De modo que en el paso del páramo de Sumapaz mueren muchos sus soldados; finalmente logran cruzar el páramo y llegan a la Sabana de Bogotá. Y ahí, ese es el territorio de los muiscas, que es como se llama la etnia que ocupa toda la meseta cundiboyacense de Colombia.
Los muiscas son los que hablan chibcha, y estando allí se encuentra con una situación muy curiosa: es que el territorio lo reclama porque ya lo ha visitado antes el adelantado Gonzalo Jiménez de Quezada. Y para mayor complicación viene llegando de San Francisco de Quito, de Popayán y de Santiago de Cali, Sebastián de Belalcázar. Belalcázar es el fundador de Quito, Popayán y Cali, que también viene a Bogotá.
En ese año de 1539 van a encontrarse tres conquistadores que están reclamando la fundación de la ciudad: Gonzalo Jiménez de Quezada, Sebastián de Belalcázar y el alemán Nicolás de Federmann. Los tres no se ponen de acuerdo, llegan paradójicamente a un acuerdo, y el acuerdo es que los tres se van a embarcar en la misma nave, van a ir a España y van a dejar en manos de Carlos V la decisión en relación con quién ha fundado Bogotá y a quién le pertenece el territorio. Esto, que parece una decisión delirante, fue la que se implementó y viajan los tres allá.
Y cuando llegan allá, se encuentra Federmann con la mala suerte de que en la Corte de Carlos V está Bartolomé Welser, que ha recibido muy malas informaciones sobre Federmann por esta afición de Federmann de abandonar Coro e irse a dar vueltas buscando riqueza. Entonces Welser malpone a Federmann con Carlos V y el pobre Federmann termina preso, y allí lo están acusando de no haber ingresado en las cajas del imperio de Carlos V el oro que había conseguido en América. Lo estaban acusando de haberse apropiado de algo que le pertenecía al emperador, y tamaño emperador porque estamos hablando de Carlos V, de modo que lo envían a Madrid para que sea juzgado; llega a Madrid en 1541 ya cansado y muy enfermo y muere en Valladolid en febrero de 1542.
De modo que es una vida muy, muy curiosa y, si se quiere, emblemática de lo que fue esta aventura a los alemanes en Venezuela, que mordieron el anzuelo del mito de Manoa o el mito del Dorado, que era como lo llamaban los españoles. Hasta aquí llega la vida de Nicolás de Federmann y a nuestro regreso vamos a retomar al otro personaje muy interesante que señalamos en el programa anterior, que es el obispo Rodríguez Bastidas.
Ya regresamos.
En 1539 también de estas aventuras de Federmann y de Espira llegan noticias a la Real Audiencia de Santo Domingo. ¿Y cuáles son las noticias? Que los alemanes están dando vueltas, de viaje o de expedición, y no hay gobierno en Coro. La situación con los alemanes que permanecen en la ciudad, más el contingente de españoles, que ya es grande en Coro, es una situación de gran tirantez, de gran dificultad. De modo que la Real Audiencia de Santo Domingo decide enviar de nuevo a Rodrigo Bastidas a poner orden.
Bastidas era como el apagafuegos de estas escaramuzas entre alemanes y españoles en Coro. Y llega a finales de 1539, cuando está llegando apenas tiene unas semanas de haber llegado a Coro. Bastidas está de regreso: Espira de su expedición, y Espira apenas llega. Es una expedición, no estamos hablando de una vuelta, dos o tres semanas. El viaje de Espira duró tres años y cuando está regresando, después de su viaje de tres años buscando oro, buscando el dorado, fallece.
Fallece y es entonces en ese momento, 1539, cuando las tropas de Espira le informan a Rodrigo de Bastidas de la curiosísima diatriba entre Jiménez de Quezada, Federmann y Belalcázar. Esa curiosísima diatriba que los lleva a navegar rumbo a España en busca de solución a sus conflictos, ¿verdad? El conflicto de intereses que se ha presentado en relación con la fundación y los dominios de la fértil y bellísima sabana de Bogotá, que era en ese momento un prodigio del verdor y promesas para la agricultura, además de que los muiscas daban pruebas contundentes de que trabajaban el oro y que el oro estaba por allí cerca.
De hecho, no podemos olvidar que buena parte de la leyenda del Dorado se pensó o se cultivó sobre la idea de que estaba en la Laguna de Guatavita. La laguna de Guatavita está muy cerca de Bogotá, digamos hoy en día a una hora y media, dos horas de Bogotá; es una laguna que está muy alta en medio de la cordillera, y se decía que el oro, que el gran tesoro del que especulaban los indígenas, estaba en el fondo. La locura orífera española llegó a tanto que en algún momento los españoles vaciaron las lagunas con el objeto de ver si era cierto que el oro estaba en el fondo, y lo que encontraron en el fondo de la laguna fueron unos trastos, unos trastes viejos, algunos peroles, una que otra cosa de valor, pero en ningún caso la montaña de oro con la que ellos estaban permanentemente soñando.
Allí es cuando Bastidas se entera de la diatriba Belalcázar, Federmann, Jiménez de Quezada y, sin embargo, él está en Coro, ahí como autoridad eclesiástica. Y va a estar por un tiempo provisional poniendo orden, como quien dice, en aquella situación tan compleja en la que se han metido en convivencia los alemanes y los españoles en Coro. A todas estas va a llegar otro alemán que es Felipe von Hutten.
Von Hutten llega a Coro y de inmediato arma su expedición y sale en 1541. El obispo Bastidas lo despide. Estamos hablando de una expedición de 200 hombres. En el momento que se van a buscar la futura gloria y la fortuna, el obispo oficia una misa y los despide. Con von Hutten va, por cierto, el hijo mayor de Bartolomé Welser, que tenía su mismo nombre: Bartolomé Welser. De modo que esta expedición de von Hutten, para que vaya el hijo del titular y del dueño de la casa Welser, ha debido ser una expedición prometedora.
Porque lo contrario, ¿qué hacía el joven Welser allí? Es el hijo del dueño de la capitulación en Europa. En todo caso, la expedición avanza, es larga, muy larga, tiene todo tipo de vicisitudes: salen de Coro, pasan por Barquisimeto, Acarigua, bajan a Pore, Arauca, Casanare, ¿verdad?, y siguen hacia abajo hacia el Guaviare, San Vicente del Caguán y a Caquetá. Llegan a Caquetá, que está en los límites con Ecuador, y regresan por camino similar, ¿verdad?, a Venezuela, recorriendo llanos y selva.
De modo que ellos no hacen el giro que da Federmann, es que atraviesa el páramo de Sumapaz y desciende a la sabana de Bogotá, que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar, sino que von Hutten y su tropa siguen hacia abajo por los llanos y la selva colombiana y tocan los límites de hoy Ecuador. ¿Por qué hacen esto? Porque han debido tener noticias de que el dorado estaba allí. Por supuesto, el Dorado no estaba en ninguna parte y von Hutten tiene que recoger sus pasos para regresar a Venezuela.
Esa peripecia le toma un tiempo considerable: salen en 1541 y regresan unos cuantos años después. En el interín ha pasado algo importante y es que ha regresado Rodrigo de Bastidas, el obispo, a Santo Domingo y a Puerto Rico, donde también ejercía su autoridad eclesiástica máxima. Y la Real Audiencia de Santo Domingo ha nombrado a Juan de Carvajal como gobernador y capitán general interino de la provincia de Venezuela en 1544. Uno se pregunta cómo pudo ocurrir esto si la capitulación de los Welser no había expirado.
¿Era posible que la Real Audiencia de Santo Domingo enviase a un gobernador a la provincia de Venezuela, a sabiendas de que le había sido entregada a los Welser y sin que la corona en España lo supiera? Pues pareciera que sí. Que sí era probable, porque había un argumento de mucho peso, y el argumento de mucho peso no era otro que los alemanes no estaban en Coro gobernando ni desarrollando la provincia de Venezuela como se esperaba de ellos, sino que estaban de expedición buscando el dorado por el lugar que les ofreciese mayor ventura o mayores posibilidades. De modo, cuando llega Juan de Carvajal a Coro halló la ciudad con muy pocos habitantes, en precarias condiciones, y decide que no es ese el sitio donde él va a establecerse.
Y le hablan de una zona de gran clima, con buenos ríos, donde debería moverse hacia allá. Y eso es lo que él hace, y se mueve hacia el valle del Tocuyo y funda la ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de El Tocuyo el 1º de noviembre de 1545. Eso va a ocurrir a finales del año 45, pero antes de que eso ocurra, antes de que Carvajal funde El Tocuyo, están regresando von Hutten y Welser de su peripecia. Y cuando están regresando se encuentran con que hay un gobernador, hay un gobernador español ocupando el territorio que, pónganle las comillas, le pertenecen a ellos y reclaman sus títulos.
Y también Carvajal reclama sus títulos, de modo que cada uno esgrimía la veracidad en los títulos. Los alemanes decían: “Aquí está mi capitulación”, y Carvajal decía: “Aquí está la mía, entregada por la Real Audiencia de Santo Domingo”. En esa circunstancia, Carvajal toma una decisión asombrosa, desconcertante, y es que mientras duermen von Hutten y Welser, Carvajal los despierta. Los saca a campo traviesa y la hueste de Carvajal les corta la cabeza a von Hutten y a Welser.
Y hasta ahí llegó la aventura de estos alemanes en América; imploraban a gritos no ser ejecutados, pero Carvajal había tomado la decisión de hacerlo. Esto es verdaderamente asombroso porque, si recapitulamos, recordamos que Alfinger había muerto por una flecha de los indígenas que se había alojado en su garganta. Espira, la verdad es que muere de muerte natural en Coro. Federmann está preso en Valladolid y allí muere enfermo y cansado, y ahora Hutten y Welser son decapitados en El Tocuyo. De modo que la aventura alemana en América no es, ¿verdad?, la más halagüeña.
La aventura alemana en Venezuela de la capitulación de los Welser, pero este acto tan terrible y tan sanguinario y tan desproporcionado de Juan de Carvajal, por supuesto, no va a quedar así, no va a quedar así. Y la Real Audiencia envía a un nuevo gobernador que sustituye a Carvajal. Ese gobernador llega a Coro en 1546, se va a llamar Juan Pérez de Tolosa, le va a seguir un juicio de residencia a Carvajal, como veremos en la próxima parte del programa. Explicaremos qué es un juicio de residencia, que esta institución tan interesante del derecho indiano, el derecho español para las Indias, como ellos llamaban los territorios de América.
Ya regresamos. Expliquemos ahora en este regreso, en esta tercera parte del programa, qué era un juicio de residencia. El juicio es una institución jurídica que se le seguía a la autoridad que estaba abandonando un cargo. La autoridad que llegaba seguía un juicio consultado con los vecinos; en algunos casos el juicio lo llevaba la autoridad que estaba llegando, en otros casos la Real Audiencia enviaba un juez a que hiciera el juicio distinto a la autoridad que estaba llegando. En todo caso, la autoridad saliente tenía que responder por sus actos.
En el caso de Carvajal los hechos eran demasiado graves, y el licenciado Juan Frías, que es quien le sigue el juicio a Carvajal, primero lo hace preso, después escucha a los vecinos, después escucha a la tropa, después escuchan a los testigos de la hueste que están presentes cuando él ordenó la decapitación de von Hutten y de Welser. Y una vez escuchadas las partes en conflicto, Carvajal es sentenciado y la ejecución de Carvajal es inevitable. La sentencia de Carvajal podemos leerla, cuatro líneas donde dice: “Debemos condenar y condenamos al dicho Juan de Carvajal, reo acusado, a que se ha sacado de la cárcel pública donde está atado a la cola de un caballo, por la plaza, desde asiento se ha llevado arrastrando hasta la picota e horca, y allí se ha colgado del pescuezo”.
De modo que Carvajal es ahorcado en la plaza pública pagando por sus desmanes; el desmán central fue la orden de decapitación de von Hutten y Welser. Hasta aquí llega la aventura de los Welser en Venezuela con la ejecución de sus dos factores principales. Por supuesto, ellos no se quedan de brazos cruzados y entablan un pleito judicial con la corona española por sus derechos sobre la provincia de Venezuela. Ellos invocan a la capitulación y se abre un juicio, pasan los años, no se toman decisiones, y finalmente es un juicio que ellos pierden.
La Corona recupera sus territorios y el personaje que va a desarrollar esta nueva etapa va a ser, como les dije, Juan Pérez de Tolosa. Y va a tener como epicentro El Tocuyo, que va a ser el epicentro fundacional de todo el occidente de Venezuela, como veremos poco a poco. Las pretensiones judiciales de los Welser no terminan pronto, es decir, comienzan en 1546, cuando se sienten despojados del territorio, pero terminan en 1557 cuando ya ellos desisten de seguir reclamando lo que consideraban que era suyo, con base en la capitulación firmada con la corona española.
De modo que cuando ellos desisten, pues la facultad de nombrar gobernadores por parte de Carlos V es absolutamente plena, pero eso ya venía pasando porque cuando ellos desisten han pasado ya 12 años de la ejecución de von Hutten y Welser. Y ya la provincia de Venezuela estaba en otras manos, como señalamos: las primeras manos de Pérez de Tolosa y después iremos viendo en manos de quién. Estos 17 años de los Welser en América, en Venezuela, pues realmente cuál es el balance que nosotros podemos sacar de la permanencia de los alemanes en el territorio venezolano.
Desde el punto de vista del que ordenaba la capitulación, que era el desarrollo del país y la construcción de ciudades o la construcción de puertos, nada de esto se hizo realmente. Desde lo que los alemanes, en su afán por la búsqueda del oro, fueron descubriendo, sí fue un saldo a favor del imperio español. Porque recordemos que Alfinger es fundador del primer caserío, y después va a ser Maracaibo; Federmann llega hasta Bogotá, todos los llanos colombianos y venezolanos los registra la expedición de von Hutten; Alfinger pasa de Maracaibo a Valledupar. Quiero señalar con todas estas movilizaciones por el territorio que, en la búsqueda de la riqueza, conduce a lo largo de estos 17 años al descubrimiento del territorio por parte del imperio español.
Pero no puede decirse que la obra de los Welser en Venezuela es una obra que pueda señalarse como encomiable. Por otra parte, es absolutamente cierto que los Welser muerden el anzuelo del dorado, mordieron la pretensión de conseguir ese tesoro del que están hablando los indígenas permanentemente. Esto, como insisto en señalar, es que el haber mordido ese anzuelo conduce a los Welser a recorrer el territorio. Pero el balance, yo no diría que es favorable ni a los intereses del imperio español y, por supuesto, muchísimo menos a los intereses de los españoles que están viviendo en la provincia de Venezuela.
Entonces, porque fueron varios los pleitos entre los españoles y los alemanes sobre la base de la participación que tenían cada uno de ellos en la aventura de la conquista, una participación que no les convenía claramente mientras estaban los alemanes y que tenía otros esquemas de participación cuando estaban los españoles gobernando. De modo que este es el fin de la aventura de los Welser en Venezuela: termina con una decapitación después de 17 años de gobierno entre nosotros que se solapan con la llegada de Juan Pérez de Tolosa, que viene a poner orden y que en la próxima parte del programa veremos con mayor detenimiento. Por ahora, concentrémonos en algunas reflexiones sobre el Dorado.
El Dorado o Manoa: ¿se trataba de un mito o una realidad? Aquí hay varias hipótesis. Si uno visita el Museo del Oro en Bogotá y observa la cantidad de oro elaborado por parte de los muiscas, uno tiende a decir, bueno, aquí había oro y había quien lo trabajara, de modo que no era un mito plenamente. Lo había, lo había en las grandes cantidades que ellos esperaban. Bueno, probablemente no en el territorio del actual Colombia, pero quién duda que en el Cusco y en el Perú había grandes cantidades de oro, que es lo que va a encontrar Pizarro en la conquista del Perú.
Pero uno diría: bueno, pero eso un poco más lejos, sí. Las leyendas van prosperando, van diseminándose por el espacio, y muy probablemente el oro al que aludían los muiscas o las etnias venezolanas que también hablaban de tesoros, de oro escondido, probablemente estaban refiriéndose al oro del Perú o al oro de los muiscas en la sabana de Bogotá. Aquí hay una teoría de Germán Arciniegas, un escritor colombiano conocidísimo, un gran escritor, hombre que llegó casi a los 100 años. Dice que los indígenas mareaban a los españoles y alemanes con este tema del oro, del dorado, de Manoa, y que los mantenían dando vueltas relativamente engañados con esto.
Pero esta es una teoría que hay que verla con cuidado porque si bien los mareaban y los ponían a dar vueltas, digamos así, o los inducían a las expediciones, por otro lado, ¿qué ganaban los indígenas con eso? Más bien no era algo que pudiera favorecerlos demasiado, ¿no? Además de Arciniegas, quien trabajó muchísimo el tema del Dorado fue Arturo Uslar Pietri, y para Uslar Pietri el Dorado se convirtió en un frenesí para los españoles y para los alemanes. Y Uslar lo presenta como una circunstancia absolutamente irracional, aunque realmente la irracionalidad estaba en el frenesí, pero el frenesí no era aéreo o inventado, es decir, no podemos olvidar que ellos estaban buscando conseguir riqueza cuanto antes y la posibilidad de encontrarla era lo que los movía.
Y había una racionalidad en esto, ¿no? Había una riqueza que a ellos les anunciaban los indígenas y buscaban esas riquezas denodadamente en todas partes. A lo que podemos llegar como una primera conclusión es que el dorado existió, pero no concentrado en un solo sitio, sino disperso en toda América, y otro aspecto importante también es que no fueron los alemanes los únicos que se embelezaron o entraron a un frenesí delirante en la búsqueda del Dorado, del oro. También Diego de Ordaz, Antonio de Berrío, también Walter Raleigh, el famoso pirata inglés, eso fue lo que buscó en Guayana.
De modo que había una racionalidad en esto también, dado el hecho de que tenían que conseguir las riquezas y la riqueza se les anunciaba que estaban y por eso las perseguían con esa insistencia. De modo, este fue el mito del dorado que tanto cundió entre nosotros, que prácticamente paralizó a los alemanes en relación con las tareas que debían desempeñar en Venezuela de acuerdo con la capitulación y, por otro lado, los envió a las aventuras más insólitas y más impresionantes, y todas terminaron muy mal. El único que murió de muerte natural en Coro fue Jorge de Espira; los otros murieron en circunstancias muy arduas buscando la fortuna. De modo que el dorado no siempre se le entrega a quien lo busca con denuedo.
En la próxima parte del programa continuaremos con esta historia verdaderamente fascinante de los alemanes en Venezuela y el proceso de creación de las primeras ciudades por parte de los españoles. Ya regresamos.
Muy bien, quedamos en que El Tocuyo lo funda Juan de Carvajal. Ocurren los hechos que ocurrieron, es sustituido por Juan Pérez de Tolosa. Recordamos que a Juan de Carvajal lo ejecutaron en la plaza pública, ahorcado, después de un juicio que se le sigue por la decapitación de von Hutten y de los Welser. De modo que va a ser Juan Pérez de Tolosa el que va a desarrollar El Tocuyo.
Tomemos en cuenta lo siguiente: entre 1498 y 1529 solo los españoles fundan, como dijimos antes, la ciudad de Nueva Cádiz en Cubagua y Santa Ana de Coro, fundada por el hijo de Juan de Ampíes. Los Welser, desde el punto de vista de la aventura pobladora, ¿qué podemos aportarle a su saldo a favor? El establecimiento del caserío en Maracaibo, que da origen a las refundaciones de Maracaibo por parte de Ambrosio Alfinger, pero no mucho más. Incluso cuando Juan de Carvajal llega a Coro encuentra una ciudad completamente abandonada, empobrecida, porque los alemanes han estado dando vueltas, y es lo que lleva a Carvajal a mudarse y fundar la ciudad de El Tocuyo.
De modo que la aventura pobladora española en Venezuela va a comenzar con la fundación de El Tocuyo, en grande, porque hasta lo que ha ocurrido hasta ese momento es muy poco y muy exiguo. Y El Tocuyo se va a convertir en el epicentro desde donde van a avanzar muchas otras expediciones fundando otras ciudades en Venezuela, como veremos más adelante. Pero antes quiero referirme al sistema de las encomiendas. En su momento hablamos de cómo funcionaban las capitulaciones, cómo funcionaban las huestes, y ahora veamos cómo funcionan las encomiendas, que se enfatiza mucho su instauración en el caso venezolano en 1545.
Porque es un hecho que el trato que le han dado los alemanes a los indígenas ha sido verdaderamente infame. Los esclavizaron para hacer transporte en sus expediciones, los vendieron al mercado de esclavos e incluso arrasaron con asentamientos enteros de indígenas. De modo que el trato que habían recibido los indígenas por parte de los Welser no había sido el más indicado y la corona española quería tener una relación, un estatuto o relación distinto con los indígenas. Y de allí la creación de la institución de las encomiendas. La encomienda, ¿qué era?
Era que a un capitán español, o a quien se le entregara una porción del territorio de acuerdo con la participación en la hueste, se le encargaban los indígenas que vivieran en el territorio que se les estaba entregando. En principio, las figuras eran las del buen padre de familia y ese capitán debía encargarse de los indígenas como un buen padre de familia; esto es, procurar su evangelización, procurar su manutención en la medida de lo posible, y prohibía muy expresamente la esclavitud de esos indígenas que vivían en su territorio. No obstante, esto tuvo una derivación con el tiempo que no fue la esperada.
Porque el dueño del territorio en el que habitaban los indígenas tenía alternativa de cobrarles impuestos a los indígenas, porque a su vez él tenía que pagarle impuestos a la corona de España, pero los indígenas no estaban en plan de trabajo de acuerdo con la producción del sistema capitalista. Ellos eran unos productores de lo que necesitaban para comer y vivir; no tenían un sentido, no tenían el sentido de la acumulación y de la producción en los términos capitalistas o del liberalismo que conocemos hoy en día. De modo que, al no haber excedentes, ¿cómo le pagaban tributo, cómo le pagan impuestos al propietario de la tierra? No podían hacerlo, entonces le pagaban con servicios.
¿Y qué servicios podían ser? Pues los servicios que podían prestar en las casas de estos señores, en las haciendas de estos señores. Y entonces esto derivó, no en una esclavitud como había ocurrido antes, pero sí en una situación de servidumbre porque los indígenas tenían que trabajar para el dueño de la tierra, para el terrateniente y para el señor de la tierra porque vivían en los territorios que les habían entregado a ellos. Esto fue creando una situación que no era la que se proponía la encomienda cuando fue creada, con la intención de que los indígenas fuesen evangelizados y atendidos por estos capitulantes que, a partir de entonces, tenían la propiedad. De modo que ese sistema de las encomiendas va a comenzar con ese buen pie y va a terminar en una situación de servidumbre lamentable de los indígenas.
La paternidad de la encomienda suele atribuírsele a Colón, porque fue él el que repartió los indígenas de La Española entre los peninsulares, pero hay otras instituciones, hay otros pasos en la institución de la encomienda. Hay un paso en 1518 con las ordenanzas de Zaragoza y otro paso por la capitulación de Bartolomé de las Casas en Cumaná en 1520. Están las Ordenanzas de Granada en 1526 y está lo que diseña Juan de Villegas en Venezuela, en 1552.
Que lo veremos más adelante en nuestro próximo programa, cuando nos dedicaremos a rastrear, a dibujar, a precisar los contornos de esa aventura fundacional de ciudades extraordinarias, que va a partir de El Tocuyo y que nosotros vamos a seguir con la minuciosidad posible en nuestro próximo programa. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca. En la coproducción, Merizosa, y en la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.