Venezuela: 1498-1728. Conquista y Urbanización. Cap 1

Una historia del período colonial venezolano

Escuchar
Reproduce el episodio aquí

Transcripción

Aviso: puede contener errores de transcripción involuntariamente confusos y/o inexactos. Si encuentras algo, escríbeme.

Venezolanos, con Rafael Arráiz Lucca, una presentación de Unión Radio. Rafael Arráiz Lucca les habla desde Unión Radio. Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a hacer un mapa, un dibujo del proceso de encuentro entre dos mundos, como algunos lo han llamado el proceso de conquista y colonización, como lo han llamado otros. Del proceso de conquista y urbanización, como también lo han llamado otros. Y lo primero que debemos preguntarnos es: ¿quiénes estaban en Venezuela en el momento de la llegada fortuita de Cristóbal Colón, buscando un camino expedito para llegar a Oriente?

¿Quiénes estaban en nuestro país? Hay distintas teorías sobre este particular. Se barajan cinco teorías históricas sobre el origen del poblamiento de América. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la teoría autóctona, según la cual los aborígenes americanos provenían de la propia América. Me estoy refiriendo a la teoría africana, según la cual provenían de África, a la teoría oceánica, según la cual provenían de Oceanía, la teoría del origen múltiple, según la cual provenían de diversos orígenes, y a la teoría asiática, hoy la más aceptada.

Esta teoría, según la cual los pobladores originarios de América provienen de Asia, fueron pasando a través del estrecho de Bering en pequeñas oleadas en distintos momentos de las glaciaciones y fueron bajando desde la América del Norte hasta la Patagonia para poblar todo el continente americano en sus tres segmentos: América del Norte, Centroamérica y América del Sur. De acuerdo con esta teoría, que es más aceptada, la teoría asiática, en Venezuela los rastros antiguos del hombre que se han hallado, de acuerdo con los procedimientos arqueológicos o científicos, datan de aproximadamente quince mil años. Son quince mil años de permanencia y distintas etnias que fueron las que estaban aquí para el momento de la llegada fortuita de los españoles.

Y, en particular, de Cristóbal Colón, que zarpa el 3 de abril de 1492 del puerto de Palos, hace una escala importante en las Islas Canarias. Vienen en esa aventura 120 hombres en la Santa María, la Pinta y la Niña. Y toda esta aventura ha sido posible porque Isabel, reina de España, Isabel la Católica, ha decidido apoyar el proyecto colombino. ¿Por qué lo hizo? Es un misterio. Fernando se oponía no frontalmente, pero tampoco era un entusiasta del proyecto de Colón, pero Isabel tuvo la intuición de apoyarlo.

Hay que recordar que los Reyes Católicos venían del sur de España, esto también es importante. Venían de recuperar para lo que ellos llamaban la Cristiandad el sur de España, después de 700 años de colonización musulmana. De modo que vienen de una victoria, vienen de la monarquía teocrática, porque el tejido o matrimonio entre poder político y eclesiástico era absoluto, indisoluble. De hecho, Fernando y Isabel actuaban en nombre de la Iglesia Católica. De modo que era una conquista armada de un territorio, pero también era una conquista espiritual religiosa la que está ocurriendo cuando ellos recuperan Granada y todo el sur de España.

De modo que ellos vienen de allí, vienen de esa sonora conquista. Y decide, como decía antes, sin que haya una explicación demasiado precisa más allá de la intuición, Isabel decide apoyar el proyecto del navegante almirante genovés Cristóbal Colón. Que se propone llegar a las Indias por otro camino; en esa primera expedición son muy importantes los hermanos Pinzón. ¿Por qué son tan importantes los hermanos Pinzón?

Porque van a ser los capitanes y los dueños de dos de las embarcaciones, así como la Santa María, que era la nave principal, pertenecía a un cosmógrafo que va a ser muy importante en nuestra historia, Juan de la Cosa. Las otras dos pertenecían a Martín Alonso y a Vicente Yáñez Pinzón. Porque son tan importantes porque, como ustedes probablemente recuerdan, a mitad de la travesía no aparecía tierra por ninguna parte y ocurre un motín a bordo. En ese motín los hermanos Pinzón le tuercen el brazo a Cristóbal Colón y cambian el rumbo de manera tal que, según ese rumbo nuevo que se está tomando ante la desesperación de no encontrar tierra, según este rumbo se debe llegar a Sipango, que es como entonces se denominaba a Japón. A Colón no le queda otro remedio que aceptar torcer el rumbo hacia Sipango, pónganle todas las comillas del caso porque realmente no llegaron a Sipango, llegaron a una pequeñísima isla del archipiélago de las Bahamas.

Una pequeña isla que se llama Watling y entonces los indígenas la llamaban Guanahaní, y que Colón bautizó como San Salvador porque fue el momento en que encontró tierra después de meses de navegación y de desesperación. La desesperación de los tripulantes ya era insoportable para el almirante, de modo que por eso acepta la proposición de los hermanos Pinzón, cambia el rumbo y da fortuitamente con esa pequeñísima isla de Watling que ustedes pueden buscar en los mapas hoy en día con ese nombre.

El regreso de Colón a España va a ser muy importante porque, si bien este viaje la mayor parte del costo corrió por cuenta las arcas de la Corona Española, ya los siguientes, habiendo sido descubierta tierra, comienzan a ser aventuras particulares. Aventuras particulares, por supuesto, con la anuencia de la Corona Española, porque estas aventuras no podían emprenderse sin un acuerdo o contrato y lo que se llamaba una capitulación, en la que la Corona le otorgaba un rango al aventurero, al expedicionario o al viajero y, una vez descubiertos los territorios, les otorgaban también el territorio a conquistar y colonizar en nombre de Dios y de la Corona española. De modo que podemos decir que si bien el primer viaje tuvo el respaldo económico de la Corona, ya los segundos viajes de viajeros diferentes a Colón tuvieron lugar por medio del mecanismo de la capitulación.

La capitulación, para explicarlo de una vez, no es otra cosa que un contrato entre la Corona y el capitulante, y la persona que firma el contrato como contraparte, en el que se comprometen a determinadas tareas: a evangelizar a los indígenas, a conquistar el determinado territorio. En algunos casos la capitulación ordena la fundación de pueblos o ciudades o puertos, etcétera. Cada capitulación tiene unas especificidades y una condición que le otorga al expedicionario que encabeza la capitulación.

Estos son entonces esos primeros momentos en los que unos hombres que se lanzan al mar buscando llegar por una vía más expedita hacia la India van a encontrarse fortuitamente con habitantes, ¿verdad?, que provienen de Oriente igualmente, pero por oleadas migratorias que han ocurrido muchísimos años antes. Vamos a ver, en lo sucesivo, cómo son estos primeros encuentros que vengo relatando. En el caso venezolano, el encuentro de Colón con tierras continentales va a ser muy fugaz y va a ocurrir en el tercer viaje de Colón.

En ese tercer viaje, Colón llega a la desembocadura del Orinoco en medio del mayor desconcierto y baja sus naves en el hoy pueblo de Macuro. Y lo más importante es lo que él relata en carta a los Reyes de España. Me voy a permitir leer dos párrafos preciosos que comunican el asombro de Colón con lo que él ha visto allí, porque en ese momento él cree haber llegado al paraíso terrenal. Después de los párrafos que voy a leer explicamos por qué dice Colón: "En la tierra de Gracia hallé temperancia suavísima y las tierras y árboles muy verdes y tan hermosos como en abril, en las huertas de Valencia. Y la gente de allí es de muy linda estatura y blancos más que otros que haya visto en las Indias, y los cabellos muy largos y llanos y gente muy astuta y de mayor ingenio, y no cobardes.

Grandes indicios son estos del paraíso terrenal porque el sitio es conforme a la opinión de esos santos y sanos teólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí que tanta agua dulce fuese así dentro de vecindad con la salada. Y si de allí el paraíso no sale parece aún mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo del río tan grande y tan fondo".

Aquí hay dos aspectos muy interesantes. En ese tiempo se creía, estamos en la Edad Media, ¿verdad?, que el paraíso terrenal era el lugar de donde emanaba un agua cristalina y eso quedaba en lo que se llama el colmo de una pera. Donde la pera tiene el tallo, de ahí se creía que emanaban aguas cristalinas que bañaban las peras y esas aguas eran del paraíso terrenal. Cuando Colón entra en aquella inmensidad de agua dulce, él dice: bueno, esto tiene que ser el paraíso. Y si no es el paraíso terrenal es un río de proporciones como jamás en Europa hemos visto. En efecto, ese río era el río Orinoco y Colón, por supuesto, no lo sabía y creía, en medio de su gran desconcierto, que se trataba del caudal de agua dulce que se mezclaba con el agua salada, ya debido a haber momentos en que él no veía la costa y, sin embargo, estaba en medio de un océano de agua dulce.

Dejamos a Colón entonces en el paraíso terrenal y nosotros nos vamos, ¡y ya muy pronto regresamos! Estamos de regreso con Venezolanos, con Rafael Arráiz Lucca. Habíamos dejado a Colón en el paraíso terrenal de la desembocadura del Orinoco, del delta del Orinoco, en una situación extrañísima para él, en medio de un mar de agua dulce y de agua salada.

Recordemos que este fue el tercer viaje, ¿verdad?, de Colón, en 1498. Fue la única oportunidad en que Colón tocó tierra firme, porque sus viajes todos fueron el llamado período de las islas. Solo en esta oportunidad toca tierra firme y no tiene demasiada conciencia de que ha tocado tierra firme. De hecho, en alguna oportunidad creyó haber llegado a un nuevo continente, pero muy rápidamente él mismo se corrigió y dijo: no, he estado en Asia. Y Colón muere creyendo que ha estado en unas zonas de Asia poco conocidas, pero no tenía la conciencia de que había descubierto un nuevo mundo, no lo tuvo lamentablemente.

En ese toque en tierra firme, en la península de Paria, tiene este primer encuentro con los aborígenes venezolanos habitantes del territorio y sube hacia Cubagua, después pasa Margarita, después pasa Tobago, después sigue hacia Granada y finalmente se dirige a su cuartel general en la Española, hoy Santo Domingo. En este momento hay un encuentro importante que es el paso por Cubagua. ¿Por qué? Porque en Cubagua Colón va a observar un gigantesco placer de perlas, un banco gigantesco para el que tiene poco que hacer porque es importante recordar que Colón en ese momento está padeciendo de una conjuntivitis muy poderosa. Le sangran los ojos, se le nubla de sangre la mirada y está más bien desesperado por regresar a la Española. Sin embargo, advierte las perlas de Cubagua y esto va a ser un dato muy importante porque ni él ni su tripulación se guardan el secreto y comienzan a comentarlo en la Española.

El rumor llega a España y de inmediato van a armarse entonces los viajes que ya no son viajes colombinos y que van a crear un problema jurídico importante, porque Colón se siente propietario de todas las islas que ha descubierto, incluso la tierra firme que él intuye de gran tamaño, y no concibe que la Corona Española le otorgue capitulación a persona distinta a él. Y, sin embargo, la Corona no se abstiene de hacerlo y le otorga permiso mediante el contrato de capitulación a otros viajeros.

Esos otros viajeros aquí la historiografía llama los segundones, no por un término despectivo sino porque fueron los segundos; el primero fue Colón, pero estos segundones van a ser en efectos venezolanos muy importantes, quizás habría que decir los más importantes. Sobre todo me estoy refiriendo a un viaje, al primer viaje de Alonso de Ojeda, de Américo Vespucio o Vespucci y de Juan de la Cosa, que es un viaje que zarpa el 18 de mayo de 1499, porque ese viaje es tan importante para los venezolanos.

Porque por primera vez los europeos recorren toda la costa, estamos hablando de un recorrido minucioso desde la desembocadura del Esequibo, es decir más abajo incluso del Orinoco, hasta el cabo de la Vela en la península de la Guajira. Ese recorrido minucioso de la costa lo va registrando un cartógrafo que es Juan de la Cosa, cartógrafo y cosmógrafo. Y Juan de la Cosa va a ser el autor del primer mapa de la costa de Venezuela, el planisferio de Juan de la Cosa del año 1500.

En ese mapa del 1500 por primera vez se menciona el nombre de Venezuela, que va escrito en el nombre Venezuela, y de donde proviene. En este recorrido estos viajeros con sus tripulantes han penetrado en el golfo de Coquibacoa y presumiblemente han visto los palafitos en la laguna de Sinamaica, digo presumiblemente porque hay otras hipótesis. En todo caso lo que sí es cierto es que han visto palafitos y esos palafitos les han recordado la ciudad de Venecia. De allí viene el diminutivo Pequeña Venecia o Venezuela. Por cierto, este diminutivo aclaró con mucha gracia y mucha pertinencia el gran filólogo Ángel Rosenblat, que no es un diminutivo despectivo. No se trata de Venezuela como "mujerzuela" sino del diminutivo afectivo; refiere al pequeño tamaño, no a una condición subalterna o una condición despreciable.

Ese diminutivo afectivo es la reducción de la denominación pequeña Venecia, que es como a ellos les ha recordado la ciudad que viene a la memoria una vez ven estas construcciones, estos palafitos sobre el agua. Juan de la Cosa, al hacer el mapa y publicarlo en el año 1500, coloca el nombre Venezuela muy cerca de lo que es hoy el lago de Maracaibo, la península de Paraguaná y el golfo de Venezuela. Y ese nombre va a tener fortuna porque no es el único que ha colocado. También está Maracapana, que es un nombre precioso, también está Paria, que es otra voz indígena bellísima. ¿Ha podido nuestro país llamarse Maracapana o Paria?

Pues sí, pero el nombre que se fue imponiendo en un proceso muy, muy largo va a ser Venezuela y seguramente Juan de la Cosa no le pasó por la cabeza que aquella denominación marginal que él estaba colocando sobre el espacio del golfo y del lago, Venezuela, Pequeña Venecia, iba a tener tanta fortuna hasta el punto de convertirse en nombre: la provincia de Venezuela, después la Capitanía General de Venezuela y finalmente el nombre de la República de Venezuela, el 5 de julio de 1811. De modo que ese crédito para Juan de la Cosa es insoslayable.

Por otra parte mencionábamos que en este viaje vino Américo Vespucio. Vespucio publica su famosísimo mapa en 1507. Y ese mapa es el origen de una injusticia y una confusión histórica que no hay manera de resolver. A ver, el mapa de Américo Vespucci sobre el Nuevo Mundo se va haciendo popular, se va siendo conocido como el Mapa de Américo, pero como los continentes no pueden llevar nombres masculinos sino que llevan nombres femeninos porque la tierra y la mujer son las fuentes de donde nace la vida. Y los continentes llevan siempre nombre femenino, el mapa de Américo se convirtió en América.

¿Dónde está la injusticia histórica? En que Américo Vespucio es un cartógrafo, es un viajero, pero no es quien descubre el continente. El nombre del continente ha debido ser Colombia, en homenaje a quien lo había descubierto, en caso de que fuese escogerse un nombre europeo, no propiamente las lenguas aborígenes. En el caso de Venezuela ya le señalaba antes cómo se fue imponiendo el nombre cuando ha podido ser otro, Maracapana o Paria, y en el caso del continente que ha debido llamarse Colombia, injustamente se llama América.

No hay manera de corregir este entuerto. Este entuerto permanecerá así por los siglos de los siglos, pero no es menos cierto que debemos señalarlo y que debemos recordarlo. Francisco de Miranda, por ejemplo, que tenía mucha conciencia de esto que les estoy señalando, cuando imaginó el proyecto de integración de las provincias españolas en América con miras a crear una gran República, una nación unificada de todas estas provincias.

Cuando soñaba con eso, Francisco de Miranda pensaba en la denominación Colombia, que fue por cierto la denominación que asumió el Libertador cuando el 17 de diciembre de 1819 en la ciudad de Angostura, hoy Ciudad Bolívar, le pide al Congreso reunido que se redacte la Ley de Creación de la República de Colombia para la integración de tres departamentos: Quito, Cundinamarca y Venezuela. Que es el proyecto de integración. Los historiadores y el común de la gente denomina este proyecto la Gran Colombia para distinguirlo de otros períodos históricos de la República vecina de Colombia. Pero la denominación Gran Colombia jamás existió, nunca existió como tal, siempre se denominó la República de Colombia y nosotros durante 11 años, de 1819 a 1830, fuimos colombianos, habitantes del departamento de Venezuela.

Decía que Bolívar retoma ese nombre de Colombia de los papeles mirandinos haciéndole un homenaje a Miranda, un justo homenaje a Miranda, y ese es el nombre, ¿verdad?, para los departamentos, para el proyecto de integración de estas tres unidades territoriales que después van a llamarse Ecuador, Colombia y Venezuela. Por cierto, la única unidad territorial que conservó su nombre del comienzo fue Venezuela, porque Nueva Granada pasó a llamarse Cundinamarca y Quito muchos años después se llamó Ecuador. Y cuando se deshace el proyecto de integración colombiana llamado la Gran Colombia, Colombia no pasa a llamarse Colombia, pasa a llamarse Nueva Granada. La asunción de la denominación Colombia es posterior.

De modo que, hecha esta aclaratoria, señalada la injusticia histórica de la denominación América para un continente que no fue descubierto por el florentino Américo Vespucio, sino por el genovés Cristóbal Colón con el respaldo de los Reyes Católicos de España, señalado también el origen de la denominación Venezuela. Producto de ese primer viaje de 1499 que venimos rememorando y que nos explica por qué el país donde nosotros vivimos se denomina Venezuela. Vamos a una pausa y regresamos ya con otra situación histórica dentro de la misma continuidad. Volvemos a Venezuela y a su primer gobernador.

¿Quién fue el primer gobernador español, el primer gobernador de la Corona Española en Venezuela? Fue Alonso de Ojeda, quien firma capitulación con la Corona española en 1502 y la Corona, los reyes, lo designan gobernador de Coquibacoa, que es la zona, ¿verdad?, que comprende hoy en día el lago de Maracaibo, el golfo de Venezuela, la península de la Guajira y también las zonas de los actuales Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.

Ojeda, una vez con la capitulación en la mano, busca tripulación, busca embarcaciones y se viene a conquistar ese territorio que los reyes le han entregado en su condición de gobernador. Por supuesto, para enamorar a una tripulación a hacer un viaje tan azaroso y la aventura de irse a unos territorios desconocidos tiene que ofrecerle villas y castillos. Se dice aquello está lleno de riquezas, coloca su dinero aquí, arriesguémonos juntos en estos barcos, vámonos allá y les ofrece el oro o el moro a aquella tripulación de marineros e financistas.

Porque es bueno recordar que estas capitulaciones de estos viajeros posteriores a Colón corrían por cuenta absolutamente de ellos; la Corona no colocaba un centavo en esto. Es decir, de ellos eran los barcos, de ellos era la tripulación y algo tenían que ofrecer porque si no, para qué hacer el viaje, y ofrecían lo de siempre. El honor, la gloria y la riqueza, el oro, eso ofreció, ¿verdad?, como era común hacerlo. Alonso de Ojeda, en ese primer viaje, al cabo de poco tiempo de haber llegado a la península de la Guajira, de haber recorrido sus costas y de haberse encontrado con aquella aridez, con aquel desierto, su tripulación comenzó a preguntarse: ¿y dónde están las riquezas? ¿Y dónde está todo lo que me prometiste?

Finalmente ocurre un levantamiento en tierra, la tripulación lo hace preso. Lo acusan de fraude, de haber incumplido su palabra, de haber ofrecido lo que no era, y se lo llevan preso a Santo Domingo. Allí Alonso de Ojeda es hecho preso. Durante unos meses logra finalmente ser liberado, regresa a España y pide otra capitulación.

Esa capitulación es la de 1504, la Corona le entrega, ¿verdad?, firma con él otra capitulación donde Alonso de Ojeda regresa a estas tierras. Tampoco tiene fortuna, es ya su segundo fracaso, vuelve a Santo Domingo, desde Santo Domingo regresa a España, pasan algunos años, algunos pocos, y Ojeda, empecinado, obsesivo con la aventura americana, vuelve a capitular con la Corona en 1508. En 1508 firma de nuevo, arma una tripulación, consigue embarcaciones y regresa a esta zona que ya lo tiene prácticamente obsesionado.

Esta vez el fracaso fue todavía mayor y, en este fracaso, un enfrentamiento de una escaramuza entre sus hombres armados, los aborígenes también armados, muere su compañero de viajes y de aventuras Juan de la Cosa. Estamos en 1510, allí muere Juan de la Cosa. Ojeda logra escapar y se va a Santo Domingo y allí nunca más vuelve a salir en aventura. Se interna en un convento en Santo Domingo, su vida entera, sus intentos han terminado en fracaso, se consagra a la oración y muere en 1515 en la isla de la Española. Los destinos en la vida son muy extraños y muy diferentes.

Fíjense ustedes, en 1499, 16 años antes, en ese primer viaje de Ojeda y Juan de la Cosa también va Américo Vespucio, que tiene una vida muy distinta a los fracasos ojedianos y que tampoco muere con una flecha como Juan de la Cosa en las costas de la península de la Guajira, sino que Américo Vespucio dibuja un mapa. Hay un continente que va a llamarse con su nombre, es decir hay unos azares que lo conducen hacia unas victorias inmerecidas y una gloria, una eternidad completamente inmerecida. Y Ojeda, que merecía una circunstancia mucho más halagüeña, mucho más feliz, mucho más compensatoria de todos sus esfuerzos, pues termina sus días en la reclusión en un convento.

Claro, yo estoy partiendo de la idea de que no era esa la gloria con lo que estaba soñando Ojeda, pero probablemente estar recluido los últimos dos o tres años de su vida en un convento apartado de todas las aventuras que había experimentado antes, probablemente fue una compensación importante para Ojeda. Pero no tenemos cómo saberlo e intuimos que no era el futuro para el que él había luchado y abrazado durante tanto tiempo. De modo que así concluye ese periplo de Alonso de Ojeda. Olvidaba decirles también que en este tercer viaje de Colón viene a bordo un hombre muy importante para toda esta historia, que es Bartolomé de las Casas.

Que, por supuesto, estaba muy lejos de consagrarse como religioso, era un viajero más, un viajero de Indias más el que viene por primera vez en ese tercer viaje de Colón. Pero es importante porque él queda como imantado con Cumaná, con toda esa zona del oriente del país, a la que va a regresar más adelante. Pero no nos adelantemos. Bartolomé de las Casas es un personaje entrañable al que le dedicaremos un segmento. Detengámonos en el placer de perlas de Cubagua y en la fundación de Nueva Cádiz, la primera ciudad que se fundó en Venezuela.

Hay varias hipótesis en relación al momento en que comienza a explotarse el placer de perlas de Cubagua, la más aceptada es el año de 1510. Cuando comienzan a levantarse unos toldos en Cubaguá para el buceo de las perlas y allí se va a crear una situación muy compleja. Porque quienes bucean para sacar las perlas del fondo del mar no son los españoles, son los indígenas sometidos, esclavizados por los españoles, y esa va a ser una de las primeras escenas que verá luego Bartolomé de las Casas.

Y escenas que lo tocarán mucho y lo conducirán, en su momento, a esa aventura, esa larga aventura jurídica, demostrando que los indígenas tienen alma y no pueden ser esclavizados. Pero eso va a ocurrir después. Lo que ocurre antes, ¿verdad?, la fundación de esta ciudad que va a llegar a ser una ciudad importante, Nueva Cádiz, en una punta de la isla de Cubagua, va a crecer sobre la base de esa actividad muy comercial, muy rendidora, que es el buceo y la búsqueda de las perlas.

Nueva Cádiz estará allí por un buen tiempo hasta que el placer se agota totalmente y los buceadores se mudan hacia el cabo de la Vela en la Guajira, donde también había un placer de perlas. ¿Pero qué va a ocurrir con Nueva Cádiz? Pues una vez agotado el placer de perlas, sin embargo allí siguieron viviendo algunas familias, pero ya en una situación muy exigua. Y encima de eso ocurre un huracán seguido de un maremoto y, para colmo, en el año 1543 lo que quedaba de Nueva Cádiz es arrasado por los piratas franceses.

En Nueva Cádiz vivió uno de nuestros primeros poetas, que fue Juan de Castellanos. Voy a leerle unos versos que recogen la tragedia de Nueva Cádiz, estos versos están en las Elegías de varones ilustres de Indias. Muy probablemente el libro, el poemario más extenso que ser humano alguno haya escrito, después explicaré por qué. Dice en las Elegías de varones ilustres de Indias, Juan de Castellanos: "No se hallaba ya cosa viviente que tuviese seguro de su vida, porque la calle va como creciente de ríos con furor de la avenida. En las casas no puede parar gente por los amenazar como su caída, y lo que más seguro parecía peligro, mal y muerte prometía".

¿Qué hacía Juan de Castellanos en Cubagua? Pues se había acercado desde España, atraído, ¿verdad?, por el placer perlífero y allí vive y allí está hasta que decide mudarse a Tunja y a Villa de Leyva, dos preciosas ciudades en territorio colombiano hoy en día. Juan de Castellanos va a ordenarse sacerdote, iba a ser el cura de Tunja y el cura de Villa de Leyva. Y allá será donde escriba las Elegías de varones ilustres de Indias, que es un caso sumamente curioso porque él ha podido escribir una historia de todo lo que vio en su largo periplo americano y eso fue lo que hizo, pero escribió una historia en versos.

¿Y por qué escribió la historia en versos? Porque aquel entonces él pensaba que era mucho más probable que la gente leyera 151 mil versos, si mi memoria no falla, que es lo que tienen las Elegías, que leer un libro escrito en prosa. Esto hoy en día nos parece asombroso y una prueba de cómo cambia el mundo, porque hoy en día la poesía la lee muy, muy poca gente. La poesía son unos tirajes ínfimos en los que muy, muy pocas personas tienen la formación y el hábito para leer poesía, y miles y millones de personas leen historias y leen novelas en prosa.

Y fíjense ustedes que, por lo contrario, Juan de Castellanos hizo el esfuerzo gigantesco de escribir esta historia enorme, monumental, haciendo el esfuerzo de la rima de las sílabas, todo ese trabajo formal tan exigente de la poesía rimada, para poder alcanzar grandes audiencias. Al menos eso era lo que él esperaba. Este es un personaje fascinante y parte de su vida está en Cubagua, y la mayor parte de su vida adulta va a ocurrir en Tunja, en Villa de Leyva y Bogotá, donde se ordena como sacerdote, siendo un hombre relativamente maduro.

Las primeras noticias, las noticias más antiguas es la expresión correcta que tenemos de Cubagua y este placer de perlas y muchos otros datos sobre la vida colonial inicial en nuestro país provienen desde las Elegías de varones ilustres de Indias. Cuando regresemos volveremos sobre nuestra historia ya con la aventura de franciscanos y dominicos en Cumaná. A partir de 1513 comienza Fray Pedro de Córdoba en la Española a concebir un proceso de evangelización de la costa de Cumaná, de la costa de Tierra Firme. Fray Pedro de Córdoba es un dominico. Los dominicos son, junto con los franciscanos, las órdenes o congregaciones religiosas prevalecientes, dominantes en la Española, hoy República Dominicana.

Fray Pedro de Córdoba concibe este proyecto y lo adelanta y tiene un primer acercamiento. Se establecen en Cumaná unos frailes a hacer trabajo de evangelización, pero este primer intento termina mal. Y termina mal porque por su lado unos corsarios españoles atrapan, capturan a diecisiete indígenas, los hacen presos y se los llevan y los esclavizan. Entonces era un mensaje contradictorio para aquellos indígenas.

Por una parte venían unos sacerdotes a hablarles de un dios que ellos no conocían, a instruirlos, a enseñarles esta nueva doctrina, y por otra parte venían unos compatriotas de esos mismos sacerdotes. Los esclavizaban y se los llevaban, entonces es decir aquí no había una coherencia entre ambos proyectos, ambos españoles, y además muy simbólico de lo que fue buena parte de la conquista española: por una parte la Iglesia haciendo su trabajo de evangelización y por la otra quienes estaban buscando fortuna, urgidos por el hallazgo de la riqueza, cometiendo todo tipo de desmanes en algunos casos.

Quienes pagaban estos desmanes no eran ellos, los corsarios españoles, sino los frailes que intentaban quedarse allí y que tenían cada vez el trabajo más difícil. Sin embargo, lo intentan de nuevo y hacia 1519 vamos a encontrarlos en Cumaná con una escuela, con un establecimiento, ¿verdad?, en la cual hay 40 muchachos, 40 indígenas educándose dentro de los parámetros de la evangelización católica. Por supuesto, estos indígenas ya tenían una mala experiencia anterior y tampoco estaban demasiado convencidos, ¿verdad?, de la presencia de esos señores tan extraños que venían a hablarles de un dios único, venían a hablarle de un Dios que ellos no conocían, venían a presentarles unas doctrinas y unas teorías, y unas explicaciones, unas cosmovisiones del mundo que a ellos no les resultaban familiares.

Si bien es cierto que estos frailes no procedían de manera violenta, no es menos cierto, ¿verdad?, que reaccionaron en algunos casos violentamente; ese segundo intento también fracasa. Estos frailes tienen que irse, salvan su vida de milagro porque estaba muy reciente y además había ocurrido en otras oportunidades que los españoles capturaban y se llevaban por la fuerza a los indígenas, los esclavizaban y los obligaban a bucear en el placer de perlas de Cubagua. De modo que aquí había un cortocircuito muy grande, un cortocircuito muy grande que impedía que este proyecto evangelizador avanzara de manera pacífica, por más que el proyecto fuese pacífico por parte de los frailes dominicos.

Esta situación de esclavitud de los indígenas es la que va a observar Bartolomé de las Casas en Cumaná en agosto de 1521, según afirma Demetrio Ramos Pérez en sus investigaciones. Bartolomé había firmado capitulación con la Corona en mayo de 1520 y se comprometía a evangelizar la franja costera que iba de Paria a Santa Marta, se comprometía a fundar tres ciudades y a permitir el tráfico por esos territorios de otros españoles. Y es allí donde él observó con indignación la esclavización de estos indígenas, esto le repugna, no logra hacer su trabajo, hay un cortocircuito como les he señalado antes: él trata de evangelizar y los indígenas están siendo esclavizados.

Está cinco meses en Cumaná y regresa a Santo Domingo, ingresa en la orden de los dominicos en 1523 y permanece en meditación silenciosa hasta 1527, cuando comienza a escribir su obra extraordinaria, la Historia de las Indias, que comienza a escribirla en 1527 y la concluye en 1552. La vida de Bartolomé de las Casas es muy larga. Bartolomé de las Casas vive 92 años y en 1542 le dirige a Carlos V un memorial, una relación de lo que él ha visto en las Indias, que se titula Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Este texto ha sido una prueba irrefutable de los desmanes que en ese proceso de conquista cometieron los españoles contra los aborígenes, contra los indígenas. Hay que hacer la salvedad que ni Bartolomé de las Casas ni yo nos estamos refiriendo a todos los españoles, pero sí a los españoles que, por medio de la violencia, esclavizaban a los indígenas y los obligaban a trabajar para ellos, lo que era una situación con todas las luces inaceptable. Bartolomé de las Casas se va a enfrascar entonces en un largo pleito judicial contra Juan Ginés de Sepúlveda. Entre 1550-1551 ocurre el punto culminante de estas batallas conceptuales y éticas de Bartolomé de las Casas, en la que él finalmente logra demostrar que los indígenas tienen alma y que de ninguna manera pueden ser esclavizados.

Esto es una gran victoria de Bartolomé de las Casas, una gran victoria para la dignidad humana, que va a ocurrir en el corazón de un imperio que está conquistando y colonizando a otro, pero que sin embargo tiene los resortes jurídicos y morales como para entender que esa esclavización del aborigen, de los indígenas, de los pobladores originarios, es una condición inaceptable. Finalmente se imponen los criterios de Las Casas y se pasa la página en este sentido. Este recorrido de hoy llega hasta aquí, concluye con Fray Bartolomé de las Casas, con quien regresaremos en nuestro próximo programa y seguiremos viendo, ¿verdad?

El proceso, ya entraríamos en el proceso de fundación de las ciudades, y en el que se pasa la conquista y colonización de las islas a la conquista y colonización de territorios en tierra firme, en particular en México y en Perú. Por supuesto, veremos el caso venezolano, que es el que nos atañe: el de la capitulación que Carlos V firma con la casa alemana Welser. Hasta aquí nuestro programa de hoy, por Unión Radio. Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Les habló Rafael Arráiz Lucca. Subtítulos por la comunidad de Amara.org

Más de esta serie