Serie Hispanoamérica
21 de agosto de 2024

Serie Hispanoamérica. Cap 9 (último)

Serie Hispanoamérica. Cap 9 (último)

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Introducción y contexto

Nuestro programa es posible gracias al equipo conformado por Hitanhali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio.

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Bienvenidos todos a Venezolanos, en esta serie que estamos haciendo sobre Hispanoamérica. Este es el capítulo 9 y último. En un principio les hablé de 10 capítulos, pero se redujeron a nueve en aras del tiempo y de la síntesis, que siempre es bienvenida. En este último capítulo vamos a revisar temas más actuales en la línea del tiempo.

Vamos a comenzar el programa con episodios de 1989, 1990 y 1991, y traeremos el programa hasta fechas bastante más cercanas en Hispanoamérica. ¿Qué tenemos en esos años? Bueno, a partir de 1989 se produce lo que podemos llamar un terremoto político y económico con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y con la desaparición del llamado socialismo real, es decir, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

A partir de 1990 y 1991 se produce un reacomodo general en el mundo porque, entre otras cosas, ha terminado la Guerra Fría, ese largo período de enfrentamiento que hubo entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y sus aliados en Occidente, que se prolongó entre 1947 y 1989. A partir entonces de la desaparición de la Unión Soviética, en el mundo empiezan a reconfigurarse zonas económicas de Hispanoamérica.

A esta reconfiguración un periodista británico llamado John Williamson la llamó el Consenso de Washington, y a partir de allí los historiadores, los periodistas y los analistas han continuado llamando este período, o a esta coyuntura, el Consenso de Washington.

Los diez puntos del Consenso de Washington

¿En qué consistía este consenso? En una serie de diez políticas públicas que diversos analistas, países, organismos internacionales y organismos multilaterales consideraban necesarias de implementar en todos los países de América Latina para la recuperación económica, política e institucional. Esas diez políticas públicas muchas de ellas eran puro sentido común y fueron establecidas con esta denominación: el Consenso de Washington.

Recordemos que para esta fecha, 1989-1990, muchos países de América Latina venían de unas crisis económicas muy fuertes con motivo de la deuda externa. La deuda externa es un fenómeno que va a ocupar el continente entre 1982 y 1990; por supuesto se prolonga, pero en esos ocho años fue un período muy grave financiero y presupuestario en América Latina porque los montos de la deuda, sobre todo en países como México, Argentina, Brasil y Venezuela, fueron muy altos.

De allí que el primer punto que propone el Consenso de Washington sea la disciplina presupuestaria. Esto no tiene mayor ciencia: no podemos gastar más de lo que ingresa ni debemos endeudarnos más de lo que somos capaces de afrontar financieramente. De modo que esta es una regla universal que sirve a todas las economías.

Paradójicamente en muchísimos países de Hispanoamérica no había disciplina presupuestaria eficiente: los presupuestos eran muy altos y los ingresos no correspondían a la magnitud de los presupuestos. De modo que esta primera proposición del Consenso de Washington era evidentemente clara.

El segundo punto: cambios en las prioridades del gasto público. Muy interesante, porque esto llevaba a una revisión interna en cada uno de los países acerca de en dónde se estaba gastando el dinero público. El dinero del Estado que entra por la vía tributaria, ¿en qué lo estoy invirtiendo o gastando? Esto llevaba a un cambio de prioridades.

Voy a dar algunos ejemplos. Si tu problema central es un problema educativo, no puede ser que tus mayores inversiones sean en el campo militar, cuando tu primera prioridad es mejorar la educación pública. Otro ejemplo: no puedes hacer que tu mayor problema para el desarrollo de la economía sea que no tienes vías de comunicación —llámense carreteras, autopistas, trenes, aeropuertos— y que tu mayor inversión esté siendo en un área distinta a esta. De modo que todo esto fue un llamado a la sensatez de dónde invertimos, cuáles son las necesidades más urgentes y hacia allá debe orientarse el gasto público. Aquí, de nuevo, pura sensatez.

El tercer punto era una reforma fiscal. Evidentemente, para tener disciplina presupuestaria y orientar el gasto público de manera racional y pertinente, se necesitaba una reforma fiscal para tener una recolección de tributos y una ejecución del gasto mucho más eficiente que lo que se tenía en ese tiempo.

El cuarto punto: los tipos de interés. Es decir, si tienes economías inflacionarias no puede ser que la remuneración del dinero que tengas colocado en los bancos sea porcentualmente inferior a la inflación que estás padeciendo. Entonces se requería una racionalización de los intereses bancarios, de los intereses que los bancos retribuían por sus inversiones y por sus colocaciones del dinero en cada uno de ellos.

En el fondo era un llamado a adecuar los intereses, tanto los que están siendo cobrados por un crédito que solicitaste o que ya contraíste, como los porcentajes con los que están remuneradas tus colocaciones en el sistema bancario. Se requería una sinceración de los intereses en relación con el estado de la economía de cada uno de los países de América Latina.

Un quinto punto: el tipo de cambio. Si tienes una moneda muy fuerte o muy débil eso va a depender de tu capacidad de producción, de la capacidad de exportación y del ingreso en divisas por los productos que logras exportar. El tipo de cambio va a reflejar toda esa dinámica económica.

Siempre se ha señalado que un tipo de cambio excesivamente sobrevaluado es perjudicial para la economía interna, o que un tipo de cambio excesivamente devaluado también lo es. De modo que lo que se proponía era una revisión del tipo de cambio para buscar que las economías nacionales recuperaran su capacidad de exportación.

En la próxima parte del programa vamos a seguir viendo estos diez puntos del Consenso de Washington, que estaban siendo propuestos entre 1989, 1990, 1991 y 1992 en América Latina, dentro de estas reformas del Estado orientadas por el liberalismo o el neoliberalismo, como también se le llamó entonces.

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Bien, seguimos en la enumeración y explicación somera de los diez puntos del llamado Consenso de Washington, establecidos por John Williamson.

El sexto punto es la liberalización comercial. Esto es más complejo, mucho más complejo, porque recordemos que desde 1948 y en el caso venezolano desde 1946 se desarrolló la ISI, la industrialización sustitutiva de importaciones.

El modelo de desarrollo que asumió América Latina era el de desarrollar sus parques industriales nacionales para poder producir lo que la sociedad necesitaba y reducir al mínimo los productos importados. Para lograr esto se establecieron altas barreras arancelarias y subsidios a los productores nacionales para crear y formalizar parques industriales en los distintos países de América Latina.

¿Por qué esta economía protegida por el Estado? Porque el Estado está colocándole altos impuestos a los productos importados para favorecer a los productos nacionales, para que no tengan la competencia de los productos extranjeros y para que los productos nacionales puedan desarrollarse.

Al terminar las economías protegidas, con la caída de la Unión Soviética y las economías centralizadas en el mundo, se liberalizó el comercio. ¿Qué significó esto dentro de esta coyuntura del Consenso de Washington? Que los aranceles a los productos importados se redujeron enormemente y en muchos casos desaparecieron. Esto trajo, al interno de muchos países, una desaparición de industrias o una reingeniería de estas industrias para poder competir con los productos extranjeros.

Esta lógica, según la cual si un consumidor local puede obtener un producto extranjero a un precio ostensiblemente más barato que ese mismo producto fabricado en su país, lo lógico es favorecer la entrada de ese producto extranjero.

Voy a dar un ejemplo para explicar esto. Si tú tienes, pongamos el caso de Chile, Chile decidió no ensamblar carros y no se fabrican carros: solo se importan con unos aranceles muy bajos o prácticamente inexistentes. Cualquiera puede decir: bueno, no tienes una industria automotriz nacional. Y Chile responde: no, no la tengo. Tengo los mejores carros del mundo a un precio razonable para los ciudadanos chilenos. Esto tiene partes y partes: hay quienes dicen que no porque estás destruyendo la industria automotriz, y hay quienes dicen que sí porque no puedes sacrificar a 15 millones de chilenos por favorecer a 100.000 trabajadores de la industria automotriz chilena.

Es una desproporción entre 15 millones y cien mil. Esta fue la lógica que se fue imponiendo, porque yo, consumidor, ¿voy a pagar por un producto una suma extraordinariamente alta si ese producto importado cuesta muchísimo menos y es hasta de mejor calidad que el que yo estoy comprando?

Por supuesto, el resultado inmediato fue que en casi todos los países de América Latina alrededor de la mitad de las industrias desaparecieron o tuvieron que hacer reingeniería para poder competir con los productos importados. Y muchísimas industrias en América Latina lo lograron porque las industrias locales tienen grandes ventajas en relación con los productos importados desde geografías muy distantes, que están pagando el flete y muchas otras tasas vinculadas al transporte.

De modo que esa liberalización comercial se estableció en toda América Latina y sigue siendo así. De hecho, recordemos que a partir de estas reformas, o concomitantemente con estas reformas, se creó Mercosur. Luego se creó la Comunidad Andina de Naciones, modificando el Pacto Andino. De modo que todos estos sistemas de integración económica, comercial y tributaria en América Latina, como Mercosur o la CAN, pudieron finalmente desarrollarse a partir de estas medidas vinculadas con la liberalización comercial.

Doy otro ejemplo para tratar de explicarme: un ejemplo entre Uruguay y Paraguay. Supongamos que antes de la liberalización comercial entre esos dos países, tenían barreras a los productos importados. Eso quiere decir que Uruguay casi no podía vender nada en Paraguay y Paraguay casi no podía vender nada en Uruguay. De modo que sus mercados internos eran muy pequeños. Cuando se eliminan las barreras arancelarias, los productos de Uruguay acceden al mercado paraguayo y los productos paraguayos acceden al mercado uruguayo.

Se benefician, por supuesto, los habitantes de los dos países y los productores de ambos países ahora tienen unos mercados muchísimo más grandes. Esto fue lo que en el Consenso de Washington se llamó la liberalización comercial, es decir, la libertad de comercio en prácticamente toda Hispanoamérica, salvo algunos países que no creen en estas libertades comerciales y tienen otro esquema.

El séptimo punto, muy interesante, inversión extranjera directa. En 1974, de acuerdo con la Decisión 24 del Pacto Andino, se creó la Superintendencia de Inversiones Extranjeras —en el caso venezolano— y se prohibió que la inversión extranjera fuera mayor al 49% de las acciones en una compañía.

Hoy en día uno relata esto y verdaderamente parece un chiste. Parece absurdo que un país no quiera inversión extranjera. Hoy en día todos los países del mundo claman por inversión extranjera. Durante muchos años no se creía que esto era necesario. A partir de este terremoto económico y político en la coyuntura 1989-1990 y 1991, los países terminaron de convencerse de que la inversión extranjera directa era de enorme importancia.

Vamos a ver entonces cómo con una reforma de la ley de bancos en el caso venezolano, bancos extranjeros compran participaciones importantes en instituciones bancarias venezolanas o compran la totalidad de las acciones de instituciones bancarias venezolanas.

Vimos entonces llegar al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, el banco español. Vimos al Banco Santander de España comprar el Banco de Venezuela. El Bilbao Vizcaya compró parte del Banco Provincial. Vimos a distintos bancos asociarse con entidades bancarias extranjeras y fortalecerse la industria bancaria venezolana, y así muchas otras inversiones.

Inversiones en compañías constructoras, inversiones de otros países en distintas ramas de la economía o en la conversión de materia prima en productos elaborados o acabados. Este fue un momento también importante en el que se llega a un consenso en relación con que la inversión extranjera directa es bienvenida.

Por supuesto, para esas inversiones se requiere seguridad jurídica y lo que todas las inversiones piden es seguridad jurídica: el capital es muy precavido y no va a entrar donde no hay seguridad jurídica. De eso, en América Latina hay muchas experiencias de significación.

El octavo punto va a ser el de las privatizaciones. ¿Por qué? Porque había instituciones, compañías anónimas de prestación de servicios públicos, en manos del Estado, que prestaban un servicio público muy deficiente. No solo era deficiente el servicio, sino que todos los años reportaban pérdidas que los Estados tenían que suplir con otros ingresos para cubrir el déficit presupuestario, y nadie se beneficiaba de esta circunstancia.

El usuario estaba recibiendo un servicio de mala calidad y, a su vez, reclamaba un servicio de buena calidad, porque un servicio muy barato de mala calidad finalmente no sirve. Entonces se inició una serie de privatizaciones de empresas públicas con el fundamento de que esos servicios públicos en manos de la empresa privada podían ser prestados con mayor eficiencia.

Ese fue el criterio general y, además, en casos particulares había empresas que no tenían ningún sentido que el Estado hubiese creado o expropiado en aquel momento. ¿Por qué? Porque esos bienes que producía esa empresa perfectamente los podía producir la empresa privada sin que tuviese un costo para el Estado.

Ejemplos: una fábrica de tornillos. Los tornillos los fabrica cualquiera. El Estado no tiene por qué tener una fábrica de tornillos. Incluso líneas aéreas: el Estado no tiene por qué tener líneas aéreas si ese servicio lo puede prestar más eficientemente la empresa privada, sobre todo si esa línea aérea produce pérdidas. Ahora, si el Estado tiene una línea aérea eficiente que presta un extraordinario servicio y que además le reporta un ingreso al Estado, pues bienvenida esa línea aérea. En esto no hay que ser dogmático, pero en la mayoría de los casos las empresas del Estado no estaban prestando los servicios eficientemente y hubo una ola de privatizaciones en toda América Latina.

En la próxima parte del programa veremos el punto 9 y el punto 10 del Consenso de Washington. Bien, seguimos viendo entonces estos diez puntos en aquella coyuntura del año 1989-1990-1991 y un poco más en América Latina.

El punto 9 era desregular. ¿A qué apuntaba? A que había una cantidad de regulaciones que inhibían, impedían y problematizaban tanto la inversión extranjera como el desarrollo normal de una empresa nacional. Si una empresa nacional tiene que cumplir con decenas o centenas de trámites, todo esto es un costo para ella, es una dificultad añadida que impide el sano flujo económico y comercial.

Esto era evidente entonces. Desregular no significaba pasar de una regulación excesiva a ninguna regulación; siempre se requieren algunas regulaciones, pero dentro del orden del sentido común, de lo sensato. Por ejemplo, no puedes fabricar medicinas en un laboratorio sin regulaciones sanitarias.

Ese tipo de regulaciones son las evidentes. Ahora, regulaciones que duplicaban y triplicaban supervisiones que ya otras regulaciones hacían en nada contribuían al desarrollo económico. Entonces, esta política de desregular y liberalizar el comercio en las relaciones económicas y el flujo de la vida empresarial fue unánime dentro del Consenso de Washington.

Y el último punto: los derechos de propiedad. Esto es muy importante. Obviamente el derecho de propiedad está establecido hace muchísimos años. En 1789, los cuatro puntos centrales proclamados por la Revolución Francesa, uno de ellos fue el derecho de propiedad. Es decir, el derecho de propiedad es sagrado e inalienable, todos tenemos derecho a ser propietarios. Además, hay que fortalecerlo.

Es decir, ya en términos sociales, no en términos individuales, los países sugerían —según el Consenso de Washington— que lo defendieran claramente, porque de lo contrario era una cadena: si no hay derecho a propiedades que sean respetadas por los Estados, no va a haber inversión extranjera directa, no va a haber privatizaciones y no va a poder darse todo este tejido de diez puntos que se urdió con el objeto de que los países de América Latina comenzaran a resolver sus problemas y, fundamentalmente, a salir de la pobreza.

Bueno, hasta aquí estos diez puntos del Consenso de Washington. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial también tuvieron unos puntos en los que coincidían y están dentro de los diez puntos del Consenso de Washington. ¿A cuáles me estoy refiriendo?

Ambas instituciones proponían una liberalización económica, bueno, eso está dentro del orden de la liberalización comercial; proponían inversión extranjera, obviamente eso está allí; proponían una reducción del Estado, pues la única manera de reducir el Estado es o desaparecer instituciones que prestan funciones que no son fundamentales para la sociedad o privatizar algunas de esas instituciones cuyo servicio puede ser prestado por la empresa privada.

Y el cuarto punto en el que coincidían el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial era la expansión del mercado. Era necesario para salir de la pobreza que el mercado se abriera, se expandiera, que hubiese cada vez mayor producción industrial y, en consecuencia, mayor producción comercial; que los flujos del dinero circularan libremente por América Latina, de manera de ir consolidando un mercado cada vez más grande.

Yo creo que en esto, tirios y troyanos coinciden en que se trata de algo razonable e importante.

Pobreza e IDH en América Latina

Muy bien, veamos ahora cómo se redujo, y si realmente se redujo, la pobreza en América Latina después de la implementación de todas estas medidas. Carlos Malamud, extraordinario historiador argentino radicado en España que se ha dedicado a estudiar América Latina, en su libro trae unas cifras sumamente interesantes.

La pobreza en 1990, en América Latina, era de 48,3%. Casi la mitad del continente era pobre. ¿La pobreza en el año 2007? De acuerdo con las cifras de Malamud tomadas de la CEPAL, la pobreza en el año 2007 era 35,1%. Es decir, se había reducido 13 puntos porcentuales entre 1990 y el año 2007; eso había ocurrido en 17 años.

La pobreza extrema se había reducido de 22,5% en el año 1990 a 9,1% en el año 2007. Ahora, ustedes dirán: ¿esto fue así en toda América Latina? No, las cifras de Malamud están promediando los países muy exitosos con los países desastrosos o poco exitosos. De allí salen estas cifras. Entonces es lícito que nos preguntemos: ¿dónde se redujo la pobreza? ¿En qué países se redujo la pobreza ostensiblemente en estos 17 años que está contabilizando Malamud?

Bueno, por supuesto el primer país es Chile. La pobreza entre extrema y pobreza para el 2007 en Chile ya era del 13,7%. De modo que allí hay una cifra muy importante.

¿En qué otros países se redujo la pobreza en estos años? En Brasil, en México, en Perú, en Venezuela, en El Salvador, en Colombia y en Panamá. Recuerden: son cifras del año 2007. De modo que en esos países la pobreza se fue reduciendo bien.

En esos años también el IDH, que es muy importante, el Índice de Desarrollo Humano, que fue creado por la Organización de las Naciones Unidas en los 90, mide el desarrollo humano en el mundo entero, y lo mide combinando tres variables: el ingreso per cápita, la educación —lo mide a través de la alfabetización— y la seguridad social, que se mide a través de la expectativa de vida.

En el IDH del año 2020, por ejemplo, el IDH tiene cuatro clasificaciones: desarrollo humano muy alto, desarrollo humano alto, desarrollo humano medio y desarrollo humano bajo. En el desarrollo humano muy alto hay 66 países, en el alto hay 53 países, en el medio hay 37 países y en el bajo hay 33 países, de los 192 Estados que hay en el mundo.

Entonces, ¿qué países de América Latina tienen para 2020 un desarrollo humano muy alto? El país para el 2020 con desarrollo más alto en el continente es Chile, ocupa el puesto 43. Le sigue Argentina en el puesto 46, después Uruguay en el puesto 55, después Panamá en el puesto 57, Bahamas en el puesto 58, Barbados en el puesto 58, Costa Rica en el puesto 62.

Estoy hablando de América Latina y el Caribe. Si incluimos a toda América, Canadá está en el puesto 16 y los Estados Unidos están en el puesto 17.

Bien, ¿a qué países vamos a encontrar con un desarrollo alto? Aquí vamos a encontrar a Trinidad en el puesto 67, Cuba en el puesto 70, Granada en el 74, México en el 74, Perú en el 78, Antigua en el 79, Colombia en el 83, Brasil en el 84, Ecuador en el 86, Santa Lucía en el 86, República Dominicana en el 88, Dominica en el 94, San Vicente en el 96, Surinam en el 96, Jamaica en el 101, Paraguay en el 103, Bolivia en el 107, Belice en el 110, Venezuela en el 113. Estos son los del desarrollo alto en América Latina, el IDH de 2020.

En el desarrollo medio estaban Guyana en el 122, El Salvador en el 124, Guatemala en el 127, Nicaragua en el 128 y Honduras en el 132. Y el único país de América Latina en el rango bajo: Haití, en el puesto 170.

De modo que esto es interesante: son cifras de 2020. Las cifras actuales del 2023 —porque las del 2024 por supuesto no han salido— tienen variaciones, pero no demasiado grandes. De modo que podemos afirmar que América Latina a partir de 1990 tuvo un crecimiento económico significativo. Yo no diría importante, porque creció económicamente pero otras zonas del planeta crecieron más que América Latina. Podemos decir que hubo crecimiento económico en los países que ya señalamos.

¿Qué países han crecido más y por qué? Bueno, los países que han crecido más, y una de las razones por la que ha crecido más, es por la cantidad de tratados de libre comercio que tienen firmados con países o con bloques de países: Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones, la Alianza del Pacífico y tratados bilaterales.

Por ejemplo, Chile tiene tratado de libre comercio con países asiáticos y con Europa. Colombia tiene un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Es decir, toda esta trama de los tratados de libre comercio ha favorecido a muchos países de América Latina. Voy a dar un ejemplo sencillo: Uruguay tiene 4 millones de habitantes. Los productos de Uruguay tienen acceso a un mercado gigantesco.

¿Por qué? Porque forma parte del Mercosur. El mercado de los productos uruguayos, ¿cuál es? 200 millones de brasileños y 40 millones de argentinos, etcétera, 15 millones de chilenos. Es decir, esto es una oportunidad prácticamente mágica para los países pequeños que tienen acceso a grandes mercados.

Esta ha sido una de las claves del crecimiento chileno. Por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de Chile con Estados Unidos y Europa permite ubicar su producción vinícola en esos países. De modo que solo va a depender de los chilenos incrementar la producción vinícola, porque el mercado para esa producción es inagotable: imagínense 350 millones de norteamericanos y 600 millones de europeos.

Entonces todo eso ha favorecido mucho el crecimiento de algunos países de América Latina que han ingresado en tratados de libre comercio y cuyas producciones nacionales han encontrado mercado. Riesgos en todo este proceso: muchos.

El riesgo de la reprimarización, ¿qué es esto? Bueno, vamos a ver si lo explico. Yo tengo una producción de plátanos en Brasil, ¿verdad? Y mi producción de plátanos yo proceso mis plátanos en una fábrica que tengo y convierto esa materia prima en platanitos. Los embolso, los vendo. Pero llega un señor chino o indio y me dice: le compro toda la producción de plátanos. No tiene que mover un dedo, despida a todos los trabajadores en la fábrica, cierre las fábricas, porque todo lo que usted produce de plátanos al año yo se lo compro, incluso se lo pago por adelantado. Bueno, ¿qué hace ese productor del plátano?

Se queda aturdido y lo más probable es que cierra la fábrica, que llegue el acuerdo con este país extranjero. Y esto en principio suena muy bien, sí, pero si esto se extiende por todo un país o por todo un continente vas a volver a ser un productor de materias primas. Vas a desindustrializarte y...

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