Serie Hispanoamérica. Cap 4.
Serie Hispanoamérica. Cap 4. Las guerras de independencia.
Transcripción
Introducción
Hernando Camacho. Recuerda que nos puede seguir en arroba mundourweb y arroba radioescuelaur.
Bienvenidos a Venezolanos. En esta serie que venimos desarrollando sobre Hispanoamérica, este es nuestro cuarto capítulo. En el programa anterior les referí que en este veríamos con alguna precisión diversos procesos de distintos países de Hispanoamérica, que nos van a servir como un marco referencial. Como no podemos referir todos los procesos, hemos escogido algunos que nos sirven como ejemplo.
Haití y su impacto
Comencemos por Haití, aunque no forma parte de Hispanoamérica en estricto sentido, sí tiene una significación importante porque fue, después de la rebelión de los Estados Unidos, la rebelión que ocurrió en esta zona del mundo, y va a comenzar en 1790, meses después de la Revolución francesa en Francia. Va a ocurrir lo que pudiéramos llamar una revolución francesa en Haití. Esa revolución francesa en Haití, curiosamente, no le otorgó la libertad a los esclavos, de modo que era una revolución francesa a medias.
Porque los parámetros, los principios en la Revolución francesa eran los derechos del hombre y la igualdad, la libertad y fraternidad, y la constitución de una república en Francia, donde no había privilegios, pero tampoco había ciudadanos de segunda categoría. De modo que esta es una pseudorrevolución francesa la que ocurre en Haití, porque no se les otorga la libertad a los esclavos.
Dos años después, en 1792, se les otorga la libertad a los mulatos dentro de este proceso revolucionario haitiano, y de nuevo se le niega la libertad a los descendientes de los africanos. A los esclavos se les dice que no, y entonces estalla verdaderamente una revolución étnica.
En esta primera la encabeza Toussaint Louverture y tiene el apoyo español. Aquí hay otra curiosidad, porque España, siendo un imperio, no una república democrática, apoya una rebelión en Haití, pero es una rebelión contra la corona francesa. Bueno, por razones geopolíticas: el escenario geopolítico europeo. Y en esas circunstancias, en esa coyuntura, Francia y España eran adversarios; pues España va a apoyar esta rebelión de Toussaint Louverture en 1792, en Haití.
Y tres años después viene un hecho curioso, y es que España le cede Santo Domingo a Francia dentro también del juego de ajedrez de la política europea, que se expresaba en el Caribe y en Hispanoamérica, también, por supuesto, en la América anglosajona, ya se había creado los Estados Unidos de Norteamérica.
Y bueno, en el año 1800, cinco años después, Toussaint Louverture tiene un poder propio distinto al de Napoleón, y Napoleón Bonaparte envía a Leclerc y llega en 1803, y Toussaint Louverture capitula. Es decir, el poder imperial francés controla la situación de rebelión inspirada en la Revolución francesa, pero quien la está sofocando es un personaje que encarna a la Revolución francesa: Napoleón, una encarnación de la Revolución francesa.
Para nada Napoleón es un republicano; Napoleón es un emperador. Y lo que se proponía la Revolución francesa era una república democrática. De modo que, en esta coyuntura, a Napoleón lo vamos a tener actuando como emperador y sofocando hasta la capitulación, hasta la rendición de Toussaint Louverture.
Pero en 1804, un año después, Jean-Jacques Dessalines le declara la guerra a muerte a los blancos franceses que vivían en Haití y proclama la independencia de Haití. Pero Dessalines no está creando una república. Tampoco Dessalines se queda allí: se corona como emperador. Es decir, un Napoleón caribeño, vamos a llamarlo así. No está por la creación de la República haitiana, sino de un pequeño imperio, y eso es lo que hace.
Dos años después, Jean-Jacques Dessalines es derrocado y muerto, y entonces Haití se divide en dos: una con un rey, que es Henri Christophe, y otra con un presidente republicano y demócrata, que es Alexandre Pétion.
Esto hay que entenderlo claramente porque suele decirse que la independencia de Haití fue de las primeras, claro, pero hay que explicar que se trata de la independencia de Haití por parte de Dessalines, no para crear una república sino para crear un imperio distinto al imperio francés. Y además eso que está haciendo Dessalines es una guerra étnica y genocida, porque cuando tú decides en una guerra asesinar, exterminar, a todo aquel que sea de tez blanca, ya tú estás en un capítulo distinto de las conflagraciones bélicas. Ya estás dentro de una guerra étnica, que fue lo que encabezó Jean-Jacques Dessalines contra los blancos franceses que vivían en Haití.
Esto, por cierto, siempre se ha señalado como lo que llevó a los criollos venezolanos a poner sus bardas en remojo cuando Francisco de Miranda desembarcó en la Vela de Coro en el año 1806, porque esos criollos venezolanos se preguntaron: bueno, lo que me están ofreciendo, ¿es lo que ocurrió en Haití? Eso no lo quiero. De modo que hay historiadores que comentan que esta circunstancia haitiana incidió negativamente en el proyecto republicano mirandino, que no recibió el apoyo que Miranda esperaba por parte de los criollos cuando él desembarca en la Vela de Coro.
Y fíjense que estos dos Haití: el de Henri Christophe, lo que es un rey, un emperador, y el otro Haití de Alexandre Pétion. Este va a ser muy importante en la historia de Venezuela porque Pétion va a respaldar enfáticamente a los patriotas una vez que fueron derrotados en 1814. Muchos de ellos recalan allá: Simón Bolívar, Santiago Mariño, etcétera. Y van a recibir un respaldo importante de Alexandre Pétion para la llamada invasión de los Cayos, que se le denomina de esa manera, porque esa expedición encabezada por Simón Bolívar parte de los Cayos de Haití y va a llegar a Venezuela con distintas circunstancias.
Hay una etapa en Margarita, hay otra etapa en tierra continental, pero todas las etapas partieron de allá, de Haití, con el respaldo de Pétion. Entonces hay dos Haití: un Haití imperial que se ha separado de Francia y un Haití republicano que también se ha separado de Francia, pero cuyo proyecto es la constitución de una república, no de un imperio. Porque, ¿para qué separarse de un imperio para crear otro? ¿Cuál es el cambio más allá del quítate tú para ponerme yo?
De modo que esta es la circunstancia haitiana que estimamos de mayor importancia y además de interés para Hispanoamérica, porque todo esto está ocurriendo entre 1790 y 1806, en esos 16 años que hay allí. Y fíjense que para 1806 no han ocurrido los sucesos de Bayona, que son de 1808, y que es lo que abre la puerta, la clave, la llave que abre la puerta de las independencias hispanoamericanas.
Veamos ahora el caso de México, que es una situación muy interesante desde varios puntos de vista y que vamos a referir con detalle en la próxima parte del programa. Ya regresamos.
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México y Estados Unidos
Somos Unión Radio Cultural. En la parte anterior del programa anunciamos México. México tiene una circunstancia muy importante: de todas estas rebeliones hispanoamericanas que conducen a la creación de las repúblicas, México es el único que es una rebelión popular. En sus inicios no es una rebelión de los criollos ricos, blancos mexicanos, sino una rebelión de curas párrocos y, en buena parte, de los indígenas. Esto comienza con Miguel Hidalgo en 1810, con el Grito de Dolores.
Es una circunstancia inédita y extraña en el concierto hispanoamericano, porque por una parte la Iglesia oficial jerárquica vaticana está con la monarquía española en Hispanoamérica, pero la Iglesia, que en 2.000 años siempre ha sido muy variada, un sector de esa misma Iglesia no está con la monarquía y está a favor de la creación de las repúblicas.
Esto se va a expresar en el caso mexicano: un respaldo a Miguel Hidalgo por parte del pueblo indígena, lo que entonces se llamaba el pueblo llano. Sin embargo, Hidalgo dos años después es derrotado y ejecutado, pero ya sentaba las bases de que allí estaba en marcha una rebelión verdaderamente popular.
En 1813, José María Morelos hace lo mismo, declara la independencia de México; reacciona el poder constituido en México y es derrotado y muerto en 1815. Recordemos algo importante: en 1814, después de seis años en cautiverio, ha vuelto a ponerse la corona de España en su cabeza Fernando VII. De modo que comienza el respaldo por parte de la Corona española para sofocar las rebeliones republicanas que han ocurrido en Hispanoamérica.
En el caso mexicano, los propios criollos mexicanos están con el Imperio español y, sin embargo, dan un paso adelante y asumen propiamente el poder, los criollos mexicanos pertenecientes a la élite oligárquica. Entonces gobiernan hasta el momento en que ocurre la célebre rebelión de Rafael del Riego en 1820.
Voy a recordarla. Fernando VII ha decidido conquistar todos los territorios perdidos en Hispanoamérica y le ha pedido al general Rafael del Riego que forme un ejército en Cádiz. Ese ejército se empieza a formar en agosto de 1819, y cuando el ejército, integrado por 20.000 soldados, va a zarpar de Cádiz en enero de 1820, Rafael del Riego decide que no. Y con la fuerza militar que tenía obliga a Fernando VII a respetar la Constitución de Cádiz de 1812, que era una constitución liberal. Es decir, una monarquía constitucional que deshacía en España la monarquía absoluta y era el esquema con el que quería gobernar Fernando VII.
Cuando Rafael del Riego le tuerce el brazo al rey, pasan muchas cosas. El rey empieza a gobernar de acuerdo con la Constitución de 1812, también llamada La Pepa, pero no envía un ejército a América. De modo que las rebeliones hispanoamericanas tienen oxígeno de nuevo. Eso es lo que va a ocurrir en México, cuando la oligarquía mexicana decide independizarse de España y formar su propio imperio.
Fíjense que no es una república lo que ellos están constituyendo, sino el imperio que presidió Agustín Iturbide y que duró 18 meses a partir de 1821. Ya en 1823 los criollos mexicanos deciden, un sector, no todos, pero un sector importante, proclamar la República de México. Y en 1824 es electo Guadalupe Victoria para presidir esa República hasta 1829. Después viene la presidencia de Vicente Guerrero, la de Anastasio Bustamante y, a partir de 1834, un personaje mexicano muy singular: Antonio López de Santa Anna.
Luego va a gobernar Barragán en el año 1835; entre el 35 y 37, Justo Corro; entre el 37 y 39, Bustamante, y en el 39 vuelve Antonio López de Santa Anna. Aquí hay una alternancia en el poder que señala, primero, que son muy pocos los caudillos, pero que se vienen alternando, porque después de López de Santa Anna, entre el año 1839 y el 41 va a gobernar Bustamante de nuevo y entre el 41 y el 42 va a gobernar otra vez López de Santa Anna. Y hasta el año 47 está gobernando Antonio López de Santa Anna, un personaje central en la historia mexicana.
¿Cuándo aparece Benito Juárez? En 1857, que es cuando comienza a consolidarse la idea de una república más estable. Él va a estar allí hasta 1872. En paralelo a esta historia mexicana que vengo refiriendo, a este contrapunteo de los caudillos, de los líderes mexicanos en los inicios y la formación de la República de México, va a estar la relación con los Estados Unidos.
Recordemos que cuando todo este proceso comienza, 1810 con Miguel Hidalgo, los Estados Unidos se han fundado en 1776, de modo que desde hace 34 años son una república democrática que ha nacido en las 13 colonias de la costa este, los Estados Unidos, y que tienen su propio proceso.
Esta historia de la relación entre México y los Estados Unidos tiene un año muy interesante, y es 1821, cuando Moses Austin pide permiso a México para establecerse con 30 familias angloamericanas en la región de Texas. México los autoriza. Recordemos que Texas estaba en aquel entonces en el noreste de México y era una región muy despoblada; no tuvieron problema alguno en instalarse allí.
En 1822 Stephen Austin también está allí. Y ya en 1825 hay un intento del presidente de la República de los Estados Unidos, John Quincy Adams, de comprar Texas. México no acepta la oferta.
Hay otro factor que va a entrar en juego y es Samuel Houston, un norteamericano que también se ha instalado en Texas y que, en 1835, se alza frente al Estado mexicano. Samuel Houston en 1836 derrota el ejército de Antonio López de Santa Anna y se declara un estado independiente: Texas, un estado independiente de México y de los Estados Unidos en 1836.
¿Qué ocurre luego? En 1837 Houston, encabezando a Texas, le pide a los Estados Unidos que lo admitan como un nuevo estado de la Unión. Y los Estados Unidos, sorprendentemente, dicen que no en 1837. Adujeron distintas razones, pero la respuesta es no. De modo que Houston permanece con su estado independiente, ya derrotado México en sus pretensiones de recuperarlo, durante unos pocos años, porque insiste nuevamente hasta que en 1844 los Estados Unidos acepta y Texas comienza a formar parte de la Unión norteamericana.
En la próxima parte del programa continuaremos con esta historia fascinante de las relaciones entre México y los Estados Unidos. Veníamos refiriendo las relaciones entre México y los Estados Unidos y hay un año muy importante, y es 1844, cuando entran en guerra ambos países. Los Estados Unidos vence en esa guerra y en 1844 llega a ocupar el Distrito Federal de México. En el Zócalo acampó el ejército norteamericano, de modo que habían vencido los Estados Unidos en ese desafío bélico con México.
Cuatro años después se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo y el Río Bravo, California, Nevada, Nuevo México, Arizona, Colorado y Utah son adquiridos por los Estados Unidos a México por 15 millones de dólares. México, en 1848. En 1853, México, sediento de recursos, vende otro territorio en el sur de Nuevo México y otro territorio en Arizona por 10 millones de dólares.
El resultado de esa guerra entre México y los Estados Unidos fue que México perdió más o menos dos millones de kilómetros cuadrados del territorio. Hoy en día México tiene 2 millones de kilómetros cuadrados; perdió el mismo territorio en los Estados Unidos. Sin embargo, los Estados Unidos compraron esos territorios después de que derrotaron bélicamente, militarmente, a México. Es una historia verdaderamente asombrosa.
Esto va a ser muy importante para la historia norteamericana porque hasta ahora los Estados Unidos, que tienen las 13 colonias de la costa este, han comprado a los españoles la península de la Florida. Le han comprado a Napoleón Bonaparte la Luisiana francesa en el centro de los Estados Unidos y ahora, una vez que han derrotado a México y han comprado estos territorios, va a empezar la conquista del oeste, que tantas veces hemos visto en películas, en epopeyas: la conquista del oeste y la fiebre del oro, porque hay mucho oro en California. La construcción de los ferrocarriles para ir conquistando los territorios y un decreto de Abraham Lincoln que estimula a las poblaciones regalándoles aproximadamente 60 hectáreas a todo aquel norteamericano WASP, por supuesto, White Anglo-Saxon and Protestant, que quisiera instalarse en esos territorios que ahora forman parte de la Unión norteamericana como estados, como si fuera cualquier otro.
No vamos a entrar en la guerra civil norteamericana o la guerra de Secesión, que es la guerra entre el norte industrializado y liberal y el sur atrasado y esclavista, en la que vence el norte con Abraham Lincoln a la cabeza. Esa es una historia diferente a los intereses de esta serie que venimos desarrollando.
Argentina y el sur
Veamos ahora Argentina, cómo fue, a grosso modo, este proceso. Va a comenzar también en 1810, como comenzó este proceso de gobiernos independientes en Venezuela y Colombia, y Quito había comenzado en 1809. Y en la Argentina va a comenzar en 1811, cuando en mayo de ese año se forma un gobierno colegiado presidido por Manuel Belgrano.
Recordemos que es el período de las juntas, las juntas defensoras de los derechos de Fernando VII. Todavía no se han constituido las repúblicas, lo que se ha constituido son gobiernos autónomos de Francia, ¿verdad?, que es la que ha ocupado la península ibérica, pero todavía esos gobiernos no son los gobiernos de unas repúblicas constituidas.
En 1813 vamos a tener la victoria del virrey del Perú sobre las fuerzas de Belgrano, y en 1814 vamos a tener a José de San Martín y Alvear ya avanzando en sus victorias, hasta que en 1815 se forma un congreso en Tucumán y en marzo de 1816 se declara la Constitución de la República Argentina. Allí eso va a ocurrir el 9 de julio de 1816, cuando Francisco Laprida y Juan Martín Pueyrredón van a crear la República Argentina.
Aquí hay una circunstancia interesante. Fíjense que he nombrado a Belgrano, a Laprida y a Pueyrredón. Son varios los personajes. Ciertamente, desde el punto de vista militar, el personaje decisivo es José de San Martín, a quien con justicia se le tiene como libertador de los pueblos del sur porque él va a ser el que derrote militarmente a las fuerzas del virrey del Perú, tanto en la Argentina como en Chile, y parte del Perú también, por supuesto. San Martín, desde el punto de vista militar, va a ser el que encarne estas victorias, pero hay otros personajes como Pueyrredón o como Laprida.
Y la República Argentina, entonces, la tenemos creada en Tucumán el 9 de julio de 1816. Incluso es un proceso, si se quiere, parecido al venezolano, pero más largo o más corto, depende de cómo se le vea. Es más largo porque Argentina funda la República en el 16, Venezuela funda la República en el 11 pero la pierde. Ellos también pierden la República en el 13 frente al virrey del Perú. Nosotros la perdemos también frente a Domingo de Monteverde, la recuperamos en 1812, la recuperamos en 1813, la volvemos a perder y cuando llegan las fuerzas españolas con Pablo Morillo a la cabeza la perdemos a partir de 1815, y la volveremos a recuperar varios años después. Son historias con similitudes y con grandes diferencias también.
Este es el caso entonces de la Argentina. Vamos a asomarnos ahora, aunque sea muy brevemente, al tema de Centroamérica.
Antes de esto recordemos lo siguiente: hay una entrevista, como todos conocemos, en Guayaquil, entre José de San Martín y Simón Bolívar. Hay dos biografías extraordinarias de John Lynch, el gran hispanoamericanista inglés, una biografía de Simón Bolívar y otra biografía de José de San Martín. Y con gran penetración psicológica, John Lynch entiende a los dos personajes que tienen una entrevista en Guayaquil cuyo contenido la historia ignora, pero cuyo resultado la historia sí conoce, y es que San Martín decide retirarse a Buenos Aires. Al poco tiempo se va a España, que era donde había vivido durante muchísimos años, y sale de la escena propiamente argentina y queda en la escena hispanoamericana prácticamente solo Simón Bolívar en este período, ¿verdad?, en que ya se están definiendo los territorios, las zonas de influencia, etcétera.
Recordemos que para entonces ya Bolívar había constituido la República de Colombia, que incluía los departamentos de Venezuela, Cundinamarca y Quito. San Martín, más que un guerrero, más allá de un guerrero, uno no advierte en su biografía grandes ambiciones como arquitecto constitucional o creador de repúblicas. Era un hombre con unas ambiciones más discretas, más sobrias y más sosegadas, ambiciones distintas a las que uno advierte en el Libertador de cinco naciones, en Simón Bolívar. Esa entrevista, que seguirá siendo un misterio y sobre la que muchísima gente ha escrito, va a ocurrir en Guayaquil, en medio de esta situación.
Bueno, en la última parte del programa vamos a ver algo, aunque sea muy poco, de Centroamérica y cómo ocurrieron los hechos, muy someramente.
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Centroamérica y cierre
Bien, en la parte anterior del programa anunciamos que hablaríamos ahora de Centroamérica y hay un proceso de reformas que se inicia allí en 1810.
En ese año mágico de Hispanoamérica, donde comienzan a formarse las juntas ante la crisis representando el hecho de que Fernando VII esté en cautiverio y la corona de España esté sobre la cabeza de José Bonaparte, el hermano de Napoleón. Y en 1821 vamos a tener una Guatemala conservadora frente a España. ¿En qué sentido conservadora? Bueno, que se suman al proyecto de Iturbide, al proyecto mexicano imperial de Agustín Iturbide. Lo que nos revela claramente que en esa coyuntura no estaban a favor de la creación de una república, sino de seguir un modelo imperial no encabezado por la corona española, sino por los criollos, la oligarquía criolla mexicana encabezada por Iturbide. De modo que claridad republicana en esa coyuntura no la había.
Sí la hay pocos años después: en 1824 se crea una república federal en Centroamérica. Guatemala es la sede y va a tener cinco provincias unidas de Centroamérica, así se llamó ese proyecto republicano, evidentemente inspirado en los Estados Unidos o en Norteamérica porque esta era también una república federal.
¿Qué países integraban, constituían esa República Federal llamada Provincias Unidas de Centroamérica? Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador.
¿Qué pasó con este proyecto, que visto a la distancia suena también, es una música que suena tan bien en nuestros oídos? Pues que se deshizo, porque las realidades de estas cinco naciones eran de tal singularidad que la aventura federal, parecida a los Estados Unidos en Norteamérica, no avanzó y en 1840 se deshizo esta República Federal que duró apenas unos 16 años. Y volvieron cada una de estas unidades nacionales, vamos a llamarla así, a tener su propia conducción estatal: me refiero a Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador.
En principio a uno podría parecerle que hay similitudes entre los pueblos de estas cinco naciones, pero no es exactamente así. El elemento indígena en Guatemala es muy importante, no así en Costa Rica; tampoco con la misma magnitud en Honduras, Nicaragua y El Salvador, de modo que había una circunstancia diferente.
¿Quiénes fueron los líderes de este proceso a favor y en contra? Francisco Morazán, de Honduras, y Rafael Carrera, de Guatemala. Por cierto, esta idea de estos pequeños países centroamericanos de confederarse, buscar algunas fórmulas de unidad para alcanzar el crecimiento económico, también tiene expresión muchos años después. Me refiero a los intentos de creación de un mercado común centroamericano a partir de los 60 y 70 del siglo XX. La idea de buscar formas de complementariedad económica, de asociación económica y de ampliación de los mercados de cada una de estas naciones también se intentó en ese momento del mercado común centroamericano.
Bien, estos son los casos que hemos podido revisar. Recapitulo: Haití, México, México y los Estados Unidos, Argentina y Centroamérica. Pudimos referir muchos otros, pero nos parecen estos sintomáticos, emblemáticos, de esos procesos de independencia.
¿Por qué? Bueno, porque Haití termina siendo una revolución étnica y que perpetra prácticamente un genocidio. Da muchas vueltas la situación de Haití: en algún momento dominan a Santo Domingo hasta que Santo Domingo recupera su autonomía y vuelve a ser Santo Domingo, hoy República Dominicana. Y la suerte de Haití a lo largo de los años ha sido muy difícil, hasta dramática pudiéramos decir. Vemos una situación actual muy, muy comprometida de Haití y en el pasado reciente también con dictaduras muy largas como las de Papa Doc y Baby Doc. Una situación económica muy dramática en Haití. Durante muchísimos años ha figurado entre los países más pobres del mundo. De modo que tiene mucho interés ver la situación de este país, además de que ha padecido tantas desgracias del pueblo haitiano.
Lo de México, por razones obvias, porque se trató de una rebelión popular en sus inicios. Quien quería constituir una república era el pueblo mexicano, a diferencia de los otros países de Hispanoamérica, en donde el proyecto de creación de la república es de los blancos criollos. Incluso pudiera decirse de las élites oligárquicas. En el caso mexicano no. Tan es así que cuando las élites mexicanas deciden independizarse de España lo que crean es el imperio de Agustín Iturbide y no una república democrática, pero claro, muy pronto cambia el viento y finalmente se constituye la república en México, en 1823, y se elige a Guadalupe Victoria, presidente de esa república.
De modo que el caso mexicano es una singularidad. Y además esa singularidad se alimenta con la guerra con los Estados Unidos, donde pierden la mitad de su territorio, y personajes verdaderamente novelescos como Antonio López de Santa Anna, que perdió una pierna en una guerra e enterró la pierna, le hizo una procesión y un entierro de su pierna.
Y bueno, todo este mundo inicial de México entre caudillos verdaderamente extraños y singulares hasta la aparición de Benito Juárez, que ya era un hombre más dominado por la sensatez y la sindéresis. También vemos ese episodio, vimos ese episodio de ocupación pacífica de los norteamericanos en Texas, que lleva a que Texas durante unos años sea una república independiente, en una circunstancia muy rara, porque es república independiente que le está pidiendo a los Estados Unidos que la acepte como un estado y los estadounidenses dicen que no hasta que finalmente los aceptan en 1844.
Vimos el caso argentino, no voy a redundar, y el caso centroamericano, que es muy curioso porque se ensaya un federalismo interesante allí, pero lamentablemente fracasa.
Hasta aquí nuestro programa de hoy, este cuarto capítulo sobre Hispanoamérica, donde venimos revisando, uno tras otro, los sucesos en ese período tan interesante de nuestro continente. Los esperamos la próxima semana.