Médicos Venezolanos. Lucca Escobar, Fernández Morán, Machado, Beker. Cap 12 y último.
Roberto Lucca Escobar (1920-1988) Humberto Fernández Morán (1924-1999) Gustavo H. Machado R. (1928-1978) Simón Beker Gorenstein (1929-1997)
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca y Fernando Vélez. Hemos revisado 50 y tantos médicos venezolanos; el criterio ha sido cronológico, y también nos ha guiado el criterio de trabajar solo médicos que no están en este mundo, porque médicos en ejercicio supondría unas complejidades difíciles de solventar, porque son vidas que no han terminado y todavía se puede esperar algo o mucho de esas vidas médicas. Bien, hoy vamos a comenzar con Roberto José Lucca Escobar, un caraqueño nacido en 1920 y fallecido en 1988, a la edad de 68 años. Una vida que para los estándares de hoy en día era una vida de las que se podía esperar más.
Era hijo de Roberto Lucca Rodríguez y de Margot Escobar Saluso, y se graduó en la Universidad Central de Venezuela en 1943, con la tesis doctoral laureada: anestesia con gases. Cruz Roja, 315 casos. Bueno, esto ya prefiguraba lo que iba a hacer la vida médica de Roberto Lucca, que fue, de acuerdo con lo dicho por Leopoldo Briseño Calcaño, uno de los pioneros de la anestesia en Venezuela.
Fue en ese sentido el fundador del servicio de anestesia al Hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja, eso lo hizo en 1943 y este servicio fue el primer servicio de anestesia del país durante varios años. Luego el doctor Lucca Escobar va a ser fundador del servicio de anestesia en el Hospital Centro Médico de San Bernardino, del cual él fue director y fundador. El Centro Médico de Caracas, que es como se llama específicamente, pero los caraqueños lo llamamos el Centro Médico de San Bernardino porque queda en la urbanización San Bernardino, fue fundado, abrió sus puertas en 1947 y Roberto Lucca fue director del Centro Médico durante 25 años.
A su vez fue fundador del Banco de Sangre de la Cruz Roja. Fue jefe del dispensario de traumatología en el Hospital de la Cruz Roja y fue también traumatólogo en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales entre 1945 y 1949, y fue inspector de sanidad naval entre el año 46 y 47 y se asimiló como teniente de navío. Él comenzó trabajando en la clínica González Lugo y se señala con claridad que fue el primer médico venezolano en dedicarse de manera exclusiva a la anestesia.
Habían otros médicos que se habían dedicado a la anestesia, el doctor Escanone y el Dr. Hoyer, pero el primero que se dedica de manera exclusiva, según Briseño, es Roberto Lucca Escobar, y dio la primera anestesia con ciclopropano en Venezuela el año 43. También lo tenemos como quien desarrolla la cirugía de tórax en el hospital antituberculoso El Algodonal, y esto lo hace con novedosos equipos europeos. Aplicó anestesias caudales y raquianestesias continuas en el año 1951 e introdujo la succinilcolina y, a su vez, siendo director del Centro Médico de Caracas, San Bernardino, fue creador de la sala de recuperación que fue pionera de las actuales salas de terapia intensiva.
Y esto lo hace en 1954 y después, en 1971, bajo su gestión se crea en el Centro Médico la Unidad de Cuidados Intensivos. También introduce en el continente suramericano el halotano y también introduce la gasometría arterial. Por supuesto fue miembro titular de la Sociedad Venezolana de Cirugía y fue miembro correspondiente en el puesto número 39 de la Academia Nacional de Medicina, a partir de 1959. En el área de su especialidad, que es la anestesia, va a crear en 1954 junto con otros colegas suyos la Sociedad Venezolana de Anestesiología; fue muchas veces integrante de su junta directiva.
En algunos casos fue presidente, eso ocurrió en 1956-1961 y 1966. Fue presidente del primer Congreso Nacional de Anestesiología en Caracas, en el año 1964. A su vez fue el organizador del octavo Congreso Latinoamericano de Anestesiología, que ocurrió en Caracas también, y fue delegado oficial en numerosos congresos, tanto nacionales como internacionales. Fue delegado en Buenos Aires y Bogotá, en Toronto o México, y recibió por su tarea como pionero de la anestesiología en Venezuela una cantidad de distinciones: el Premio Guillermo Morales, menciones honoríficas por numerosas películas científicas, de las cuales fue pionero junto a Ricardo Vaquero González, su compañero de trabajo en muchos años.
Hay que recordar que Roberto Lucca Escobar y su padre Roberto Lucca Rodríguez, sobre todo su padre y su abuelo Agustín Lucca Franceschi, fueron introductores en Venezuela, a través de Carúpano y Caracas, de materiales fotográficos y cinematográficos, que allí su padre Roberto Lucca Rodríguez fuese cineasta. Una de las primeras películas que se hizo sobre Reverón fue la de Roberto Lucca. Esta afición por la cinematografía le heredó su hijo, el anestesiólogo, y de allí que buena parte quedó comentada a través de películas en muchas escenas científico-médicas.
Eso fue un trabajo permanente de parte de Roberto Lucca Escobar. Por supuesto dictó una cantidad de conferencias en diversos lugares del mundo en relación con su especialidad y siempre presentaba trabajos, eso que hoy en día se llama papers en los congresos. Perteneció a numerosas sociedades médicas tanto nacionales como internacionales: la Federación Mundial de Neuro-Anestesia, la Asociación Médica Panamericana, y fue profesor en la cátedra de anestesia de la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela. Hay muchas publicaciones suyas, alrededor de 120, relacionadas siempre sobre el tema de la anestesia; se registran unas 23 películas científicas realizadas por Lucca y, en algunos casos, con el Dr. Vaquero.
Tiene muchas menciones honoríficas en congresos, de modo que estamos frente a un anestesiólogo del primer orden, para muchos uno de los pioneros de la anestesiología en Venezuela, sin la menor duda. Hay algo que también no tiene que ver con la medicina pero que revela una personalidad inquieta, y es que él, junto con un grupo de amigos, a finales de los años 30 y primeros años de la década de los 40 del siglo XX, compraron la vieja hacienda La Carlota y fueron los que construyeron una pista de tierra para aviones. Fue un gran piloto aficionado de aviación civil y está entre las primeras personas que aterrizó en el aeropuerto de La Carlota, fue él.
Y ese día también me parece que aterrizó su hermano Enrique Lucca Escobar y muy probablemente sus amigos, que todos participaron en la compra de la hacienda y en la construcción del aeropuerto, me refiero a Óscar Machado Zuloaga, Ricardo Zuloaga, Germán de las Casas, etcétera. Esos son esos primeros pilotos aficionados. Cuando estoy hablando de pilotos aficionados en esta época, estamos hablando incluso de alas de tela que eran unos aviones verdaderamente artesanales y rústicos, vistos desde las perspectivas actuales, y Lucca Escobar se aficionó tanto al tema de la aviación que llegó a ser instructor de vuelo.
Fue profesor de mecánica de aviación y fue el primero en usar radiotransmisores entre el avión y la base aérea. De modo que esta anécdota de la aviación civil y Lucca Escobar como uno de los pioneros de la aviación civil, bueno, añade datos a la personalidad de este hombre tan inquieto que se focalizó en el tema de la anestesia en Venezuela. En la dirección del Centro Médico y que fue un aficionado principal de la aviación civil en Venezuela. Bien, en la próxima parte del programa continuamos con otros médicos venezolanos, ya regresamos.
En la parte anterior del programa hablábamos de Roberto Lucca Escobar, ahora vamos a hablar de Humberto Fernández Morán. Un hombre que además está en el imaginario colectivo vinculado con un período particular de la historia política venezolana, pero a nosotros lo que nos interesa son sus ejecutorias como gran médico, incluso como un sabio venezolano, de allí que muchos de sus estudios en medicina y biofísica y bioquímica, en citobiología y criobiología, en endocrinología, en física de bajas temperaturas, genética y neurofisiología, en ultrastructura celular y en virología son investigaciones que, según Briseño Calcaño, tienen vigencia. Estamos hablando de un zuliano maracaibero, o maracucho como también se les llama, hijo de Luis Fernández Morán y de Elena Villalobos.
El caso de Fernández Morán es muy curioso porque él estudió en los Estados Unidos tanto la primaria como una parte del bachillerato, después regresa a Maracaibo y va a estudiar medicina en Alemania. No estudia en Venezuela y se gradúa de médico en Alemania obteniendo la calificación summa cum laude. ¡Qué ver lo que es esto! En 1944 un maracucho estudiando medicina en Alemania y graduándose summa cum laude.
Cuando regresa a Venezuela, regresa a su ciudad natal y va a trabajar en el hospital psiquiátrico de Maracaibo. Muy pronto se vuelve a ir a los Estados Unidos, donde se especializa en neurología y en neuropatología. De esta experiencia es que nace la creación del bisturí de diamante, diseñado por él y hoy en día empleado para cortes ultrafinos tanto de tejidos biológicos como de muestras traídas de todas partes del mundo y del cosmos. Con el bisturí de diamante del doctor Fernández Morán se trabajó una muestra traída a la Luna, por eso lo condecoraron con el premio John Scott en Filadelfia.
Además nos informa Briseño que este bisturí se emplea en la producción de lentes ópticos de alta precisión y también se usa como escalpelo en microcirugía. El doctor Fernández Morán, en Estocolmo, ya a partir de 1946 en Suecia, orienta su investigación para aprender sobre la organización de las células tumorales malignas, y lo vamos a tener de regreso en Venezuela en 1954, donde desarrolla un centro, el IVIC, para la investigación y entrenamiento en investigaciones neurológicas y cerebrales. Allí también, además, conduce las investigaciones sobre la estructura fina de la retícula de los insectos; esto incluso lo publicó en la revista Nature en 1956.
En 1958, a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, se va del país y se establece en Massachusetts, y allá organiza el Laboratorio para la Microscopía Electrónica y colabora con el Departamento de Biología del Hospital General de la Ciudad de Massachusetts. Luego en 1962 se traslada a Chicago como profesor de biofísica y entre 1962 y 1967 introduce el concepto de criomicroscopia electrónica y otros instrumentos. Ya en 1985 se establece en Estocolmo, donde va a vivir hasta la llegada de la muerte en 1999, un hombre que vive de 1924 a 1999. Como vemos, sus contribuciones fueron variadas, múltiples y, además de todo lo que hemos señalado, que no es poco.
Hay que mencionar sus estudios pioneros sobre la estructura de las membranas en la mielina y por toda esta tarea fue galardonado en muchas ocasiones tanto en Venezuela como en el exterior, por sus notables contribuciones. Fue electo al sillón 26 de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela. También, en su honor, el Departamento de Biología Estructural lleva su nombre. Recibió la Orden del Libertador, la Francisco de Miranda y la Orden Enrique Tejera; fue profesor honorario de la Universidad del Zulia.
También recibió el orden y el título de caballero de la Estrella Polar, que le fue conferida por el rey de Suecia, nada menos. Fue doctor honoris causa en varias universidades, recibió el premio médico del año otorgado en Cambridge y, a su vez, recibió un reconocimiento especial otorgado por la NASA con motivo del décimo aniversario del programa Apollo. No hay la menor duda que el zuliano Humberto Fernández Morán fue uno de los grandes investigadores venezolanos, uno de los médicos dedicados a la investigación más grandes que ha tenido Venezuela y probablemente el que ha tenido el mayor reconocimiento internacional.
Lamentablemente no vivió muchos años aquí; regresó a trabajar en su país, trabajó algún tiempo, pero si sacamos cuentas pues de esos 60 y tantos años que vivió la mayor parte los pasó trabajando fuera de Venezuela, en Estados Unidos y Estocolmo, en Suecia. Pero eso no disminuye lo más mínimo lo que significó para las ciencias médicas en el mundo el paso por esta tierra de Humberto Fernández Morán. Bien, veamos ahora a otro médico ilustre, me refiero a Gustavo Enrique Machado Rivero, el tercero de esa dinastía de los Machado dedicados a la medicina: Alfredo Machado Núñez, su hijo Gustavo Enrique Machado Hernández y ahora su nieto, su hijo, Gustavo Enrique Machado Rivero, nacido en Caracas en 1928 y fallecido en 1978.
Vida breve, 50 años, pero durante los años de su ejercicio profesional como internista médico general gozaba de una fama que trascendía la frontera venezolana como uno de los grandes médicos generales que ha tenido el país, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Hijo, como dije antes, de Gustavo Machado Hernández y de Clementina Rivero Palacio; también sus hermanas han sido muy destacadas en el área profesional, me refiero a Clementina Machado de Acedo, mejor conocida como Clemi Machado de Acedo, y Yolanda Machado, ambas distinguidas profesoras universitarias o sociólogas.
Él realiza en Caracas sus estudios de primaria en el Colegio América y los de secundaria en el liceo Andrés Bello. Esto merece un comentario aparte, ¿no? El Colegio América lo crearon en Caracas un conjunto de empresarios que querían que sus hijos estudiaran en colegios laicos; respetaban mucho los colegios religiosos, pero colocaban el acento en la educación laica. Esto es algo verdaderamente notable verlo desde hoy en día, donde, digamos que la gran mayoría de los colegios privados y públicos los administran las congregaciones religiosas.
Pues este grupo empresario va a crear el Colegio América con una muy buena construcción en San Bernardino, y esa fue la sede inicial de la Universidad Metropolitana durante muchos años de existencia del Colegio América, que hoy en día no existe. Una vez que se acaba el Colegio América, la Universidad Metropolitana nace allí y después se traslada a sus terrenos donados por Pius Schlageter en la vieja hacienda La Urbina de la familia Schlageter, que es donde queda hoy la Universidad Metropolitana. El otro detalle importante es que Machado Rivero estudia en el liceo Andrés Bello; los liceos públicos venezolanos en las décadas de los años 30, 40 y 50 eran los mejores liceos del país, el Andrés Bello y la Aplicación, el Fermín Toro, con grandes profesores.
Esto hay que recordarlo porque conviene saber que la educación pública venezolana fue de altísima calidad, de excelencia, en algún momento de nuestra historia. En la próxima parte del programa seguimos con la vida y obra de Gustavo Enrique Machado Rivero, ya regresamos.
Veníamos hablando de la vida profesional de Gustavo Enrique Machado Rivero, estudiante del Colegio América y del Liceo Andrés Bello, y luego, por supuesto, de la Universidad Central de Venezuela, donde estudió medicina y se graduó summa cum laude. Esto no es fácil y ocurre muy pocas veces en la Facultad de Medicina, al punto que el maestro Pepe Izquierdo, ese hombre que durante 35 años formó a varias generaciones de médicos venezolanos, llegó a decir lo siguiente de Machado Rivero: "Nunca había pasado por mis manos un alumno tan brillante como Gustavo Enrique, ¡qué bárbaro!" De llegar a decir eso ha debido ser algo notable.
Bien, una vez graduado, Machado Rivero se va a hacer su posgrado en París. En París realiza varias pasantías en los hospitales más importantes de Francia; allá se especializa en medicina interna, que es el área donde él se destacó notablemente en su carrera profesional. Al regresar a Venezuela, pues inmediatamente ingresa a la docencia universitaria en la cátedra de Medicina Interna, Medicina I, de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, en el Hospital Universitario, y allí ingresó, como todos los profesores, como instructor. Hizo toda su carrera académica hasta que llegó a ser profesor titular y jefe de cátedra.
Todas las mañanas las pasaba en la universidad dando clases y se consideraba una eminencia de medicina interna. Llegaba el mediodía, almorzaba y se iba a su consultorio en la Clínica La Floresta y se dedicaba a la consulta privada durante toda la tarde y parte de la noche; trabajaba de manera incesante. Tenemos algunos testimonios de sus hermanas, de Clemi y de Yolanda Machado, en relación con algunas otras facetas que asistían a la personalidad de este hombre que lamentablemente muere a los 50 años. Tocaba piano y comenzó a estudiarlo por su cuenta, y tenía una facilidad tal que en algún momento dudó si dedicarse al piano de manera profesional o a la medicina, pero bueno, su padre insistió mucho y él también, su vocación médica era poderosa e insistente y se dedicó a la medicina; no abandonó el piano y siguió tocándolo toda la vida con una gran potencia, pero no de manera profesional.
Era un hombre además, según refieren sus hermanas, tenía mucho sentido del humor, era tanto introvertido como extrovertido. Le fascinaba el estudio; en esa época, pues por supuesto no existía internet y toda la actualización de los médicos se daba a través de las revistas especializadas, la asistencia a congresos y los viajes. Además del piano y la música, el doctor Machado Rivero era un muy buen deportista: era un buen jugador de tenis, era bueno en la natación. También le gustaba montar a caballo, de modo que tenía una cantidad de virtudes personales y quizás, digo yo especulando, que esa personalidad múltiple se adecuaba perfectamente con su condición de internista, porque el internista es el que ve el conjunto del paciente, la película completa, e intenta entender lo sistémico o general para ir a lo particular.
Un hombre que tenía tantas capacidades tan diversas, pues seguramente en la observación y en el diagnóstico médico le servían mucho esas facultades poliédricas, vamos a llamarlas así. Bueno, lamentablemente el doctor Machado murió joven, se fue de este mundo muy joven y no pudo completar una vida que prometía mucho, mucho más en lo académico y en lo práctico también. Aunque en lo académico, cuando él muere ya tenía la carrera médica universitaria de la docencia completa, ya era titular, pero un hombre que muere a los 50 años, pues es muchísimo lo que puede esperarse de él.
Vamos a ver ahora el último de los médicos que revisaremos en esta docena de programas sobre grandes médicos venezolanos y cerramos así la serie de grandes médicos. Vamos a hablar de Simón Becker Gorenstein, un eminente gastroenterólogo venezolano, una celebridad y una fama internacional muy bien ganada. El doctor Becker, como se le conocía, nació en Maracaibo el 6 de febrero de 1929, hijo de Saúl Becker y de Molka Gorenstein. Obviamente con estos apellidos estamos hablando de unos judíos extraordinarios; por cierto, los judíos han sido baluartes de la medicina venezolana, que digo no solo de la medicina venezolana, esa es una cultura que en el mundo entero ha tenido una propensión a la investigación médica y al trabajo como médico, y todo lo vinculado con la salud, que es innegable e imposible no reconocer y aplaudir con el mayor entusiasmo.
Y se va a graduar Simón Becker-Gorenstein en la Universidad Central de Venezuela, en la Facultad de Medicina, en 1954, y al igual que Machado Rivero se gradúa con honores. Presenta en el año 1956 su tesis doctoral en Ciencias Médicas, un trabajo intitulado radiología de la esquistosomiasis mansoni en su forma hepatoesplénica. Luego lo vamos a tener entre 1954 y 1958 haciendo posgrado en gastroenterología e hepatología en el Servicio de Gastroenterología de la Cruz Roja Venezolana y luego va a seguir al Dr. Henry Bockus en la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia, en el Graduate School of Medicine, y después va a seguir su especialización con la doctora Sheila Sherlock en la Unidad de Hígado del Hammersmith Hospital, en Londres.
De modo que estamos ante un venezolano zuliano, marabino, maracucho, que estudió en la Universidad Central de Venezuela y que se especializa en Pensilvania y en Londres. En todos los temas vinculados con la gastroenterología, de modo que una muy buena formación la que va procurando a sí mismo el Dr. Becker. Bueno, comienza también su vida como profesor entre 1949 y 1954; es docente en la cátedra de Química y también en la Universidad Central de Venezuela va a ser profesor entre 1967 y 1997. Llegó a ser profesor titular en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela y entre 1974 y 1980 va a ser fundador y jefe del Departamento de Medicina y el Servicio de Gastroenterología del Hospital General del Oeste en Caracas.
Funda y organiza los estudios de posgrados con acreditación en la Universidad Central de Venezuela, en Medicina Interna, y también se dedica a las subespecialidades médicas en el Hospital General del Oeste. Entre 1980 y 1986 es coordinador de la clínica de gastroenterología e hígado. En el Centro Médico Docente La Trinidad también va a trabajar y en el Centro Médico de Caracas, mejor conocido como el Centro Médico de San Bernardino; allí va a desempeñarse como gastroenterólogo y hepatólogo entre 1965 y 1997, año de su muerte. De modo que estamos frente a un médico de una trayectoria extraordinaria en las áreas de la hepatología y la gastroenterología.
Pues Simón Becker muere joven a los 68 años, digo relativamente joven porque el promedio de vida del venezolano hoy en día está entre los 72 y los 75 años, pero en el año 97, cuando él falleció a los 68 años, probablemente estaba dentro del promedio nacional, quizás un poquito por debajo. Pero hoy en día uno escucha tanta gente de 80-90 años, incluso algunos que arañan los 100 años, mueren de 97 a 98, que nos parece que 68 años es una edad todavía joven, aunque realmente no es exactamente así. En todo caso tuvo tiempo para desarrollar una vida completa, que seguiremos revisando en la última parte del programa. Ya regresamos.
Continuamos con la vida y obra de Simón Becker Gorenstein. Miren, hacerles una relación de las sociedades científicas y médicas a las que perteneció el Dr. Becker en el orbe terráqueo sería abrumador, se nos irían minutos del programa; voy a seleccionar, digamos, lo esencial para que ustedes tengan una idea del reconocimiento internacional que tuvo el doctor Becker en materia de gastroenterología y hepatología. Fue miembro correspondiente de la Academia de Medicina del Estado Zulia, fue integrante de la Sociedad de Gastroenterología en la Bockus International Society, también en sociedades de gastroenterología en Brasil, México, Colombia, en la Asociación Americana de Gastroenterología, en el Colegio de Gastroenterología de los Estados Unidos, en la Sociedad Norteamericana de Gastroenterología y Endoscopia.
Bueno, imagínense: de la Asociación Latinoamericana para el Estudio del Hígado fue fundador en 1970, fue integrante de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado. Por supuesto de la Sociedad Venezolana de Gastroenterología, de la Sociedad de Gastroenterología fue fundador; fue integrante prácticamente de todas las asociaciones mundiales de gastroenterología y hepatología. Además es autor de alrededor de 600 conferencias en congresos internacionales que se convirtieron en papers académicos, siempre en hepatología y gastroenterología. Algunas de esas ponencias están recogidas en los cinco libros que llegó a publicar el Dr. Becker y, pues, recibió todos los reconocimientos que puede recibir un venezolano: la Orden Andrés Bello, la José María Vargas, la Francisco de Miranda, doctorados honoris causa, etcétera, etcétera.
Fue un hombre extraordinariamente reconocido en Venezuela y fuera de Venezuela; de modo que este es el último médico de esta larga lista de médicos que hemos trabajado a lo largo de tres meses en 12 programas. Creo que es el momento de hacer la lista completa, así sea para que tengan el recuerdo de quienes hablamos en estos doce programas. Hablamos de Pedro Blandín, de Lorenzo Campins y Ballester, por supuesto de José María Vargas, del Dr. Luis Daniel Beauperthuy, de Rafael Villavicencio, de José Gregorio Hernández, quien en estos días se cumplen unos cuantos años de su nacimiento y se cumplen 100 años de su muerte, porque José Gregorio Hernández murió accidentalmente en 1919. También hablamos de Santos Aníbal Dominici, del doctor Francisco Antonio Rísquez, eminente médico y quien inició la dinastía en Venezuela.
Hablamos de Alfredo Machado Núñez, Antonio María Pineda, el barquisimetano, de Luis Razetti y el eminente médico Pablo Acosta Ortiz, de Samuel Darío Maldonado. Hablamos de Andrés Herrera Vegas, de Plácido Daniel Rodríguez Rivero. Hablamos de Elías Toro, de Rafael Rangel, de Augusto P. Zunier, de Carlos J. Bello, Domingo Luciani y José Izquierdo, también conocido como Pepe Izquierdo, un caraqueño queridísimo. Hablamos de la primera mujer que se graduó de médico, la primera venezolana, Virginia Pereira Álvarez, que se graduó de médico en los Estados Unidos.
Hablamos de Leopoldo Aguerrevere, de Enrique Tejera Guevara, de José Francisco Torre Alba, de Ida Malek de Petkoff, la madre de Teodoro Petkoff-Malek. Hablamos de Martín Vega Sánchez, de Pedro González Rincones, de Gustavo H. Machado Hernández, de José Ignacio Valdós Sules, de Manuel Antonio Pulido Méndez, de Antonio José Castillo. Hablamos de Pastor Oropeza Riera, ese gran caroreño; de Miguel Pérez Carreño; de Arnoldo Gavaldón Carrillo, el gran trujillano que acabó con el paludismo en Venezuela, un trabajo sostenido y respaldado por distintos gobiernos venezolanos.
Hablamos de Frans Condé-Yan, de Ricardo Archila, hablamos de Félix Pifano Capdevielle, ese eminente médico yaracuyano. Hablamos de Carmelo Lauría Boquiquio, ese eminente médico cogedeño. Hablamos de Jacinto Convit, del I. A. Hímberg de Coronil, de Hernán Méndez Castellano, de Óscar Boyer Gratterol, del doctor Francisco de Venanzi, de Marcel Granier D'Ollet, de Miguel Lairice, de Domingo Lucca Romero, de Humberto Fernández Morán, de Gustavo Enrique Machado Rivero, de Simón Becker Gorenstein, de Pedro Rincón Gutiérrez y de Roberto Lucca Escobar. Un buen número de médicos venezolanos, alrededor de unos 50 y tantos. Hay muchos más, quizás en el futuro reiniciemos otra serie de médicos venezolanos.
Bien, este ha sido el Venezolanos hoy y al final de esta serie habla para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com, en Twitter, arroba Rafael Arráiz. En la producción del programa me acompañan Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho y Giancarlo Araballo. Bien, ha sido un gusto hacer esta serie para ustedes. Algo más que decir: pues la importancia de la medicina en Venezuela, el altísimo nivel que han alcanzado muchos médicos venezolanos egresados de nuestras facultades de medicina, en particular la Universidad Central de Venezuela, pero también la Universidad de los Andes y la Universidad de Carabobo, y algunas otras también del país. Bueno, esto ha sido entonces el final de la serie y solo nos resta despedirnos hasta nuestro próximo encuentro.