Médicos Venezolanos
24 de octubre de 2019

Médicos Venezolanos. González Rincones, Machado, Castillo, Baldó Soulés y Pulido Méndez. Cap 7

Pedro González Rincones (1895-1968) Gustavo H. Machado  (1897-1967) Antonio José Castillo (1897-1946) José Ignacio Baldó Soulés (1898-1972) Manuel Antonio Pulido Méndez (1898-1965)

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Pedro González Rincones, Gustavo H. Machado Hernández, Antonio José Castillo, José Ignacio Baldó Soulés y Manuel Antonio Pulido Méndez, siempre en un orden cronológico. Vamos a comenzar por este tachirense, Pedro González Rincones, nacido en 1895 y fallecido en 1968, un hombre que vivió 73 años. Nos vamos a basar en lo escrito acerca de él y de su obra por el Dr. Juan José Puigbó, haciendo un mínimo panorama en su entorno familiar.

Debo decir que nació el 24 de noviembre de 1895 en San Cristóbal, estado Táchira. Era hijo de un hombre sumamente respetable en su estado natal, Carlos González Bona, porque González Bona también era médico. Fue el fundador de la compañía Petrolia del Táchira junto con otros tachirenses entre quienes se encuentran Pulido Méndez, por cierto, y también Baldó.

González Bona, entonces, será uno de los fundadores de la compañía Petrolia del Táchira, que fue primera empresa petrolera venezolana y que fue una empresa privada. González Bona casa con Soledad Rincones y de ahí nacen todos los hermanos González Rincones. Además de Pedro, del que estamos hablando hoy, está Rafael Antonio González Rincones, quien también fue un destacado médico, y también un gran personaje de la poesía venezolana, como fue Salustio González Rincones. Uno de los poetas más extraños y extraordinarios de toda nuestra poesía era hermano de Pedro González Rincones.

¿Por qué estamos hablando del doctor González Rincones en este programa? ¿Cuáles son sus aportes a la medicina? Puigbó nos informa que fue, además de médico e investigador, el pionero en la aplicación clínica del radiodiagnóstico en el país. Por esa tarea fue profesor titular de la Cátedra de Radiología en la Universidad Central de Venezuela, donde además fue rector en unos años que luego precisaremos.

A su vez, Puigbó nos informa que es un promotor de la modernización de las instituciones psiquiátricas del país y también ingresó como individuo de número de la Academia Nacional de Medicina. Allá, en su San Cristóbal natal, va a estudiar secundaria en el legendario y muy famoso Liceo Simón Bolívar de San Cristóbal. Allí obtiene el título de bachiller.

Luego va a cursar estudios de medicina en la Escuela Privada de Medicina en Caracas. Iba a recibir allí el título de doctor en Ciencias Médicas el 20 de julio de 1920 y va a estar en Europa, donde va a especializarse y va a hacer sus estudios de posgrado entre 1920 y 1925. Allá en Europa será donde se especialice en todo el tema de la radiología y el radiodiagnóstico, que lo convierte luego en un pionero, en modernizador de ese sector de la medicina en Venezuela.

A su regreso al país lo vamos a hallar como jefe de servicios de electroradiología en el Hospital Vargas, en Caracas, desde 1937, y luego en el Hospital Universitario de Caracas, de la Universidad Central de Venezuela. Va a ser fundador del servicio y de la Cátedra de Clínica Radiológica allí, en el hospital universitario. Estaría a la vez empeñado entre 1956 y 1966.

Esa vasta labor cumplida en el campo de la investigación radiológica lo lleva a las aplicaciones clínicas del método radiológico, así como al despistaje de las afecciones pulmonares aplicando el método de Abreu. Además, buena parte de sus energías las dedicó a áreas de salud pública.

Por eso fue nombrado inspector de los Hospitales Civiles del Distrito Federal en 1934. También fue director de asistencia social entre 1935 y 1936. De modo que allí estuvo en el último año de la dictadura de Juan Vicente Gómez y en el primer año del gobierno de Eleazar López Contreras.

Y dentro de esta actividad va a esmerarse particularmente con la transformación y modernización del hospital psiquiátrico, en 1935. Les había dicho antes que fue rector de la Universidad Central de Venezuela entre 1953 y 1956, en plena dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Y también fue decano de la Facultad de Medicina en 1953.

Bueno, también el Dr. González Rincones va a merecer la distinción de ser miembro honorario en la Sociedad Venezolana de Psiquiatría sin haber sido propiamente un psiquiatra, pero sí haberse interesado porque se modernizara el hospital psiquiátrico y porque la disciplina de la psiquiatría tuviese un rango menos precario en Venezuela. A su vez, también va a ser el fundador y primer presidente de la Sociedad de Radiología Venezolana, esto es obvio que era una tarea que iba a desempeñar siendo él el pionero de la radiología. En el ámbito propiamente de la Academia Nacional de Medicina vamos a ver que se incorpora como individuo de número en febrero de 1932 y va a ser presidente de la academia en el bienio 1948-1950.

Publicó muchos trabajos, todos ceñidos al campo de la radiología y de la radioterapia, donde según el doctor Puigbó dejó una profunda huella como pionero de esta especialidad en Venezuela. De modo que con todos los honores señalamos sus aportes en el campo de la radiología, es un campo por supuesto de mayor importancia para la medicina. Y no entramos a discernir si haber sido rector durante la dictadura de Pérez Jiménez o haber comenzado a trabajar durante la dictadura del general Gómez.

Por supuesto, son hechos que lo distinguen, pero perfectamente dentro de las luces y sombras de todo personaje. Estamos señalando sus aportes que no fueron menores y que no desmerecen en nada esas actuaciones, lo que logró hoy, lo que aportó en otros ámbitos.

Vamos a ver ahora a un pediatra, que nació en 1897, me estoy refiriendo a Gustavo Enrique Machado Hernández, que forma parte de una dinastía de médicos que terminó con su hijo. Su padre, Alfredo Machado Núñez, lo trabajamos en uno de estos programas, fue un distinguidísimo médico guayanés que pasó buena parte de su vida trabajando en Caracas. Su hijo Gustavo ya nació en Caracas, en 1897, y el hijo de Gustavo Machado Hernández, Gustavo Enrique Machado Rivero, también caraqueño, es el tercero de la dinastía.

De los Machado médicos, por supuesto ha habido otras ramas de la familia, han sido ingenieros muy destacados y gerentes también muy destacados. Me voy a basar para hablar del doctor Machado Hernández en lo dicho por Leopoldo Briseño Calcaño, individuo de número de la Academia Nacional de Medicina. Sabemos que el joven Machado Hernández se graduó de bachiller en Caracas, entonces se obtenían títulos con designaciones.

El caso era bachiller en Filosofía y Letras. Muy pronto empieza a estudiar Medicina en la Universidad Central de Venezuela y allí va a egresar como doctor en Ciencias Médicas el año 1920. Va a ser preparador mientras está estudiando de la Cátedra de Anatomía Normal, allá en la Universidad Central de Venezuela, y en las cátedras de Bacteriología y Parasitología, ya en la Sanidad Nacional, no en la Universidad Central de Venezuela.

En la próxima parte del programa continuamos con los hechos centrales de la vida de Gustavo Machado Hernández. Ya regresamos.

El doctor Machado Hernández, siendo estudiante, fue un dirigente estudiantil, a tal punto que fue presidente del Consejo Central de Estudiantes de Medicina. Tuvo una actividad importante como estudiante.

Y bueno, cuando se gradúa en 1920 muy pronto va a viajar a Francia para estudiar pediatría y allá va a estar durante tres años haciendo su posgrado en Pediatría, su especialización. A su regreso va a trabajar en el Hospital Vargas, en el Servicio de Medicina Nº 1. Y ya establecido aquí como pediatra le toca ser el organizador o el coordinador y a la vez el primer director del Hospital Municipal del Niño de Caracas. Muy pronto va a entrar como miembro del Consejo Venezolano del Niño, del cual será su presidente durante 12 años.

Una labor extraordinaria, muy celebrada no solo por los médicos venezolanos sino la población en general, por el esmero particularísimo, el amor que puso el doctor Machado en el tema de la infancia abandonada en Venezuela. También en ese tránsito de servicios lo vamos a hallar como jefe del Servicio de Hospitales Civiles de Caracas. Y ya refiriéndonos específicamente a su tarea en el Consejo Venezolano del Niño, recordemos que esta institución coordinaba setenta y dos instituciones en defensa del niño. Entre ellas estaban las casas prenatales, las casas posnatales y el Instituto de Preorientación.

Y bueno, toda esa red de asistencia al niño la fue tejiendo el doctor Gustavo H. Machado durante esos 12 años en los que se desempeñó como presidente del Consejo Venezolano del Niño. Era una voz crítica porque no siempre durante los gobiernos recibió el apoyo que él requería. Claro, son dos visiones encontradas: es obvio que la asistencia médica y social de los niños de pocos recursos, que son más vulnerables, es una tarea urgente, no puede esperar. Y quien preside un Consejo Venezolano del Niño siempre estará solicitando recursos para llevar adelante sus tareas.

Los organismos pertinentes administran un presupuesto que nunca es suficiente y hay que haber un tira y encoge, una situación tensa entre lo que él reclamaba a los gobiernos en los que trabajó como presidente del Consejo Venezolano del Niño. Participó desde ese punto de vista con una muy buena producción científica publicada en revistas, en periódicos, en libros. De allí que sea también como especialista coautor del Código de Menores.

También hay trabajos suyos importantes acerca de la tuberculosis en el niño, acerca de las urgencias pediátricas y acerca de la política y orientación general de asistencia infantil en Venezuela, que es la obra fuerte del doctor Machado. Trabajó también en la Cruz Roja Venezolana, fue presidente del primer congreso venezolano de pediatría y también de las primeras jornadas de pediatría y puericultura. Y, por supuesto, fue fundador y miembro honorario de la Sociedad Venezolana de Pediatría y Puericultura.

A la vez fue presidente en esta sociedad como era natural. Fue fundador de la Sociedad Venezolana de Tisiología y también director honorario del Hospital de Niños J. M. de los Ríos, en Caracas, el muy famoso hospital J. M. de los Ríos del cual él fue director honorario.

Por todas estas tareas el doctor Machado fue electo individuo de número, sillón noveno, de la Academia Nacional de Medicina y cuando ingresó presenta un trabajo de incorporación titulado Factores sociales como causa de mortalidad y abandono infantiles. Y en la Junta Directiva de la Academia llegó a ser vicepresidente. Este trabajo sobre los factores sociales como causa de mortalidad y abandonos infantiles recoge mucho la experiencia del doctor Machado desde un lugar epicéntrico para entender el tema de la infancia en situación vulnerable en Venezuela, como fue el Consejo Venezolano del Niño.

Y alguna vez él mismo dijo en una entrevista lo siguiente: "Salvamos muchos niños con la lucha sanitaria; hemos logrado descender, en algunos puntos, la mortalidad infantil, pero esos niños salvados de las enfermedades los abandonamos luego a peores peligros que los de las enfermedades. A peligros sobre su contextura moral, peligros que causan males para toda la vida". Obviamente era un pediatra también angustiado por el paso del niño a la adolescencia, a la juventud y a la adultez, donde podían ocurrir pues diversos hechos que desviaran el camino recto, digamos así, de un ciudadano de bien que es lo que siempre queremos formar.

Machado Hernández va a morir en Caracas en 1967 de afecciones cardiovasculares, de modo que fue un hombre que vivió 70 años. No demasiado, tampoco fueron pocos, y hay algo importante señalar, aunque es colateral al médico, fue un gran gastrónomo. Incluso publicó un libro con sus recetas que se titula "Dime lo que comes y te diré quién eres", es un libro de recetas de él, que fue un gran cocinero.

Él tenía dos aficiones particulares: la cocina, a la que se dedicaba con grandes virtudes. Esto alguna vez me lo refirió muy claramente el doctor Isaac Pardo, quien fue muy amigo, y a la otra que se dedicaba también con mucho interés para airear la mente y para salir de sus preocupaciones pediátricas era a la carpintería.

Todo esto lo sé de primera mano porque, a pesar de que en el año 67 yo tenía ocho años, el doctor Machado era vecino nuestro en El Paraíso y además mis padres lo admiraban tanto, Rafael Clemente y Anitta, mis padres lo admiraban tantísimo que él fue mi padrino de bautismo. De modo que lamentablemente estuve un padrino por muy pocos años porque yo tenía ocho años cuando él murió, pero siempre he conservado un culto a su memoria y a su bonomía, y ese entrañable y conmovedor trabajo por los niños de Venezuela desde una perspectiva totalmente humanitaria. Totalmente humanitario y desde el lugar donde se construyen las grandes obras, que es el amor.

Desde allí trabajó el doctor Machado. Hasta aquí estos datos sobre su biografía, que me emocionan particularmente.

Vamos a ver ahora al doctor Antonio José Castillo, nacido en 1897 y fallecido en 1946. El doctor Antonio José Castillo, al igual que Pedro González Rincones, fue rector de la Universidad Central de Venezuela y fue un cirujano nacido en Caracas, en 1897. Hijo de don Antonio Castillo, que era hermano de la esposa de Luis Razzetti, de modo que estaba emparentado políticamente con Luis Razzetti. Castillo se va a graduar de médico cirujano en la Universidad Central de Venezuela en 1920 y de inmediato se va a cursar posgrado en el Hospital Necker, de París, donde muchos de los médicos que hemos referido en estos programas han ido a estudiar.

En 1922, cuando ya ha regresado, realiza la primera pielografía ascendente en Caracas y en 1924 ingresa como cirujano al Hospital Vargas, donde tiene una brillante trayectoria. Allí trabajó en el servicio de cirugía 1 y en ese mismo año es designado jefe de clínica quirúrgica. Luego, en 1927, fue jefe del Servicio de Cirugía 3 y en el año 29 fue profesor de la Cátedra de Clínica Ginecológica y jefe del servicio de cirugía 2.

Es miembro fundador de la Asociación Médica Venezolana, donde formó parte del equipo que se esmeró en la redacción de sus estatutos y reglamentos. El doctor Castillo también fue presidente de la Cruz Roja Venezolana, donde se dice tuvo una notable actuación y también transformó los estatutos para adaptarlos mejor al rendimiento de los altos fines que le estuvo destinado a cumplir. Y desde allí va a fundar la escuela venezolana de enfermeras profesionales.

Eso va a ocurrir en una clínica en la esquina de Las Mercedes, Caracas. Allí ejercía el doctor Pedro Gutiérrez Alfaro y se va a reunir la primera Asamblea Formadora de la Clínica Luis Razetti, donde también estuvo el maestro Razetti y presidió la primera junta de esa clínica. En la próxima parte del programa, seguimos con la vida y obra en Antonio José Castillo. Ya regresamos...

Se refería a la parte anterior, que Castillo formó parte de esa asamblea que va a formar la Clínica Luis Razetti, donde va a existir el propio Razetti personalmente, y para formar parte de sus juntas directivas. Castillo va a ser electo en 1936 individuo de número de la Academia Nacional de Medicina y se incorpora al año siguiente con un trabajo titulado "Gastropilorrectomía en el tratamiento de las úlceras duodenales". Ejerció también la Policlínica Caracas y fue rector de la Universidad Central de Venezuela entre 1937 y 1941, él sucede en el rectorado a Francisco Antonio Rísquez.

Y el rector Castillo va a ser muy importante también porque fue reelecto para el período 41-44. Lo que quiero decir es que el rector Castillo va a ser muy importante en la escogencia del sitio para la construcción de la Ciudad Universitaria. Eso no estaba completamente claro dónde se iba a construir y él remó junto con otros para que el gobierno expropiara la hacienda Ibarra y se construyera la Ciudad Universitaria allí.

Ese lugar que, como todos sabemos, es Patrimonio Mundial de la Humanidad en razón de la extraordinaria calidad arquitectónica de Carlos Raúl Villanueva, que fue su arquitecto y su diseñador en todos los aspectos desde las concepciones iniciales hasta los más mínimos detalles, lo diseñó Villanueva. De modo que el rector Castillo va a ser importante en esa faceta: la universidad toma la decisión de buscar un espacio donde construir una ciudad universitaria. Antes se reducía al hoy día Palacio de las Academias, que a todas luces ya era insuficiente para el número de alumnos que tenía y que preveía tener la Universidad Central de Venezuela.

De modo que la Ciudad Universitaria le debe mucho al rector Antonio José Castillo y esto es imposible no señalarlo y celebrarlo. Fue a su vez presidente del Consejo Directivo del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria, que ese instituto se creó para la construcción de la universidad. En el área de la vida pública fue diputado por el Congreso Nacional por el estado Guárico y representó a Venezuela en distintas reuniones internacionales de medicina.

Estuvo en el Congreso del Colegio Internacional de Cirujanos, en México, por ejemplo, y fue delegado en misión especial a la Universidad Central de Venezuela ante las universidades de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos. También fue presidente de la Sociedad Venezolana de la Cruz Roja entre el año 35 y 39 y miembro de numerosas sociedades médicas, tanto venezolanas como en el exterior. Y la Universidad Central, donde hizo una larga carrera, también fue miembro del Consejo de Facultad de Medicina de la Universidad Central entre el 35 y 37.

De modo que estamos hablando de un médico con una carrera universitaria, docente, sumamente importante, al que la Universidad Central de Venezuela le debe nada menos que ese impulso fundamental para la escogencia del lugar para la construcción de la Ciudad Universitaria, para la escogencia de Carlos Raúl Villanueva como el artífice de esta maravillosa obra de la arquitectura latinoamericana y del mundo. De modo que esa es la vida y obra de Antonio José Castillo, un hombre que tampoco vive demasiados años: nace en 1897 y muere en 1946. Es decir, vivió apenas 49 años y fíjense todo lo que hizo, de modo que cuando la gente tiene la voluntad y las oportunidades, el talento, pues sus realizaciones suelen ser importantes y útiles para la sociedad en la que vive.

Ese fue entonces Antonio José Castillo. Vamos a referirnos ahora a José Ignacio Baldó Soulés, otro tachirense, al igual que Pedro González Rincones, de familias muy vinculadas allá en San Cristóbal.

El doctor Baldó Soulés vive 74 años entre 1898 y 1972 y se graduó en 1920 y viaja a Europa para completar su formación. Allá padece de una afección respiratoria y tiene que internarse en el Wald Sanatorium Platz de Davos, en Suiza, y recibe el tratamiento para esa afección respiratoria que el joven está padeciendo. Allí va a estar durante un año y ahí se interesa por la tuberculosis, y se va a especializar tanto en sus aspectos clínicos como en la lucha antituberculosa. Y cuando regresa a Venezuela, en 1927, quizás inspirado por la propia afección pulmonar que él tuvo, se va a consagrar a la lucha antituberculosa en Venezuela.

Y va a hacerse, a lo largo de su vida, un personaje importante para la salud pública. Quienes lo conocieron señalaron siempre sus grandes condiciones humanas y además se va a ir convirtiendo en un científico del mayor importancia. Va a publicar sus primeros trabajos, sus primeros estudios sobre los índices tuberculínicos y la bacteriología de la tuberculosis a partir de 1933. Y va a crear en esos años el laboratorio de vacunación PSG en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social.

Y allí va a preparar a los especialistas en el trabajo continuo; la lucha antituberculosa iba a ser uno de los artífices de esta campaña durante muchos años y va a crear desde allí una cantidad de redes en el interior del país. Va a desarrollar cursos de salud pública, etcétera. Y esas redes van a organizarse en redes terciarias de medicaturas, redes cuaternarias, que eso incluye los dispensarios rurales sin médico, por cierto. Pero se esmera mucho como sanitarista el doctor Baldó Soulés en tejer todas estas redes nacionales.

A su vez, él va a estudiar otras enfermedades pulmonares y va a crear el primer curso de posgrado sobre anatomía patológica y otros cursos que siguieron después. De allí que el doctor Briseño Calcaño señale que él es el creador de los cursos de posgrado en Venezuela, en la Universidad Central de Venezuela. De modo que este es un punto del mayor interés, siempre desde esta perspectiva: la salud pública. Y tuvo que enfrentar desde el punto de vista de la salud pública el aumento de la morbilidad por las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la malnutrición.

Y se preocupó particularmente por la tuberculosis infantil, que relacionó con el problema de la tuberculosis bovina y la calidad en la leche que consumen los niños. Desde allí va a institucionalizar la llamada medicina simplificada. Esto lo que quiere decir es que se va a esmerar en la formación de médicos rurales. Antes les referí que habían dispensarios sin médico, pero había gente que tenía los conocimientos mínimos en los lugares más apartados del país donde no era posible tener un médico en aquellos tiempos y me imagino que hoy en día tampoco.

Y fue profesor por concurso de la Cátedra de Etiología de la Universidad Central de Venezuela; en 1937 comenzó y durante 28 años, hasta el momento de su jubilación, fue el titular de la cátedra de etiología. De modo que sus alumnos lo llegaron a considerar un maestro en las salas del dispensario o sanatorio al aula. Y estuvo al frente del sanatorio antiguo de tuberculosos, El Algodonal. Después este sanatorio va a denominarse Simón Bolívar y él va a estar allí desde 1940 hasta finales de su vida en 1972, una labor extraordinaria en la lucha contra la tuberculosis.

Va a ser fundador de la Sociedad Venezolana de Tisiología, además. Y por supuesto miembro de la Academia Nacional de Medicina con el trabajo "Tuberculosis infantil en Caracas". Fue fundador de la Asociación Cultural Humboldt y el Ministerio de Sanidad, en honor a sus aportes, a su vida, a sus creaciones, creó la medalla de salud José Ignacio Baldó y hay un hospital en Caracas que lleva su nombre. Un médico de grandes realizaciones, no solo en la lucha antituberculosa sino como profesor durante casi 30 años en la Universidad Central de Venezuela.

Ya regresamos, vamos a la última parte del programa. En esta última parte del programa vamos a hablar de otro tachirense, Manuel Antonio Pulido Méndez, nacido en Rubio en 1898 y fallecido en Caracas en 1965, de modo que fue un hombre que vivió 67 años.

Hijo de Manuel Pulido Rubio y de Eumenia Méndez, va a estudiar en la Universidad Central de Venezuela. En 1921 es detenido por disturbios estudiantiles en los que él participa y entonces se va a México, donde continúa sus estudios; se gradúa en la Universidad de Morelia, en medicina y cirugía. Y va a hacer su doctorado en Madrid en mil novecientos treinta y uno. Una vez graduado de doctor en Madrid regresó a Cúcuta, Colombia, donde va a establecer su residencia y su actividad médica.

Y desde allí va a luchar contra la dictadura del general Gómez y cuando muere el general Gómez, Pulido Méndez regresa a Venezuela, revalida su título y comienza su vida venezolana propiamente profesional. El presidente de la República de entonces, Eleazar López Contreras, lo va a designar presidente del estado Táchira y allí va a estar desde diciembre de 1935 hasta 1937. Se dedica con énfasis a la civilidad, fundador de bibliotecas, jardines de infancia, etcétera.

Y luego va a ser designado rector de la Universidad de Los Andes. Allí va a estar cuatro años entre 1937 y 1941, donde va a tener una actuación importante en la Universidad de los Andes, no solo en la Facultad de Medicina sino en la universidad en general, creando una cantidad de instituciones de la ULA, muchas de ellas continúan y fueron creadas por Pulido Méndez en ese período del 37 al 41. Y después lo vamos a hallar, a este médico prestado a la vida pública, como embajador en Uruguay, luego embajador en Perú. Luego va a ser embajador en Río de Janeiro; todavía no se había creado Brasilia, la capital de Brasil era Río de Janeiro. Luego va a ser embajador en México, en la Santa Sede, y en 1952, cuando el fraude electoral que comete Marcos Pérez Jiménez, renuncia a la embajada de la Santa Sede.

Y se separa del servicio diplomático y cuando se instaura la democracia a partir del 23 de enero de 1958, va a ser designado embajador en Francia. Y allá estará hasta 1965 cuando muere repentinamente en Boston el doctor Pulido Méndez. Ciertamente buena parte de su obra del hombre público, de embajador o rector, estuvo inspirada por su formación médica. Pero sus aportes médicos en el área de la investigación, digamos que son menores, y en el área de la docencia sí son significativos los años en que estuvo en el rectorado en la Universidad de los Andes.

Y desde los cargos diplomáticos que tuvo, que fueron muchos, desempeñó siempre sus tareas a favor de los estudios médicos de los venezolanos. Fue distinguido con distintas condecoraciones como la Orden del Libertador, Sol del Perú, y fue miembro correspondiente de las Academias de Medicina del Perú y de Historia en el Perú también. Él fue embajador ya, y tuvo una participación significativa.

A su vez hay que señalar que fue un escritor cuyos títulos podemos mencionar algunos, como "Genios y místicos" y "El hombre desnudo". Un trabajo de orden propiamente médico, un libro que se titula "Apuntaciones endocrinológicas", también otro que se llama "La hora de la emancipación", es un trabajo de orden político. Otro que se titula "El espíritu y el poder", que también es un trabajo de orden público.

Pulido Méndez de alguna manera representa, simboliza algo que ha sido muy común en Venezuela: es que los médicos han tenido vida política, mucha participación política. Bueno, de hecho varios médicos han sido presidentes de la República, para recordar tenemos al doctor José María Vargas y más recientemente al médico pediatra Jaime Lusinchi, por mencionar solo a dos que vienen a mi memoria en este momento.

Bien. Estos han sido los cinco médicos venezolanos de hoy: Pedro González Rincones, Gustavo H. Machado, Antonio José Castillo, José Ignacio Baldó Soulés y Manuel Antonio Pulido Méndez. Y sin habérnoslo propuesto, de los cinco que hemos trabajado, tres son tachirenses y contemporáneos, y muy conocidos entre ellos y sus familias muy vinculadas entre ellas allá en San Cristóbal y en Rubio. Los otros dos, el doctor Machado, caraqueño, aunque su padre ya era guayanés, y Antonio José Castillo, caraqueño también.

Bueno, ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada, Sebastián O. y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com y por Twitter arroba Rafael Arraiz. Hasta nuestro próximo encuentro en el que continuaremos con esta serie de grandes médicos venezolanos.

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