Historia del Hipismo en Venezuela. Cap 5
Breve historia
Transcripción
Hacíamos el elogio de Antonio Hacial, porque él a su vez hacía el elogio de un compañero suyo. Un compañero que a su vez era su rival, su contendor: me refiero al elogio que hace Antonio Hacial de Milarciade, y dice lo siguiente, refiriéndose al jamaicano —que fue el gran entrenador de caballos en Venezuela junto con otros, por supuesto—. Dice Hacial: "Las cosas que ha hecho ese señor en Venezuela no las hizo nadie antes ni las ha hecho nadie hoy en día ni las podrá hacer otro entrenador en el futuro si ha de pasar a la historia dentro del hipismo venezolano". Y yo digo que este juicio es sorprendente, ya como les señalaba antes, si ha sido desde un competidor de Antonio Hacial y esto habla muy bien de Hacial. ¿Cuántos profesionales son capaces de reconocer la maestría de un colega competidor?
No son muchos. Esto no deja de sorprendernos y es el único caso de generosidad y sentido de justicia que advertimos entre estos caballeros de la época. Recordemos que la mayoría de estos hombres llegaron al país en condiciones precarias; el caso de Vittorio Catanese, por ejemplo, es paradigmático. Estos hombres hallaron la generosidad y ayuda de muchas personas.
Llama la atención cómo varios de ellos encontraron una mano tendida en un propietario de aquella época del hipismo venezolano. Me voy a referir a Enrique Otero Biscarrondo: los ayudó mucho. Todos aquellos también afirman que el ambiente del Hipódromo del Paraíso era un ambiente familiar; incluso alguno de ellos, ya tomado por la melancolía, llega a decir que El Paraíso era un pedazo del cielo en Caracas.
Quizás exageraba, y claro, hay otros que no tienen un concepto tan bucólico del Hipódromo del Paraíso, pero se ve que al que afirma esto le fue bien, fue bien tratado en aquel país, Venezuela, que fue tan generoso y tan abierto con los inmigrantes como lo ha sido siempre Venezuela. La nómina de entrevistados de J. R. Bol que citamos en un programa anterior confirma, a su vez, la mayoría de chilenos entre las listas de los extranjeros que trabajan el Hipódromo del Paraíso. Incluso algunos cronistas de la época señalan al Hipódromo del Paraíso entre 1932 y 1959 como el de la Escuela chilena.
Y bueno, los motivos son muchos porque entre los mejores entrenadores y jinetes estuvieron naturales de ese país tan querido para los venezolanos, al país que recibió a Andrés Bello y le abrió sus puertas completamente. Bueno, esta tercera etapa que venimos refiriendo sobre el Hipódromo del Paraíso es la etapa donde se consolida el juego de las apuestas. Primero el juego de pool y luego el juego del 5 y 6. Toda la literatura que hemos examinado confirma que esto fue esencial para el mantenimiento del espectáculo hípico y por su notable crecimiento, porque no dependía exclusivamente del apoyo del Estado, sino que lograba unos recursos propios para el mantenimiento del hipódromo y para el crecimiento del deporte a través de los juegos que hemos señalado.
Gustavo Noguera Brusual, en su libro La Biblia del Hipismo Venezolano, dice que el juego del 5 y 6 comienza el 7 de enero de 1945, domingo, por supuesto. Entonces aquel juego sustituyó al juego de pool que se había instaurado para la época, ya sin interrupciones, desde 1932. Vemos entonces que, a partir de 1945, el incremento del juego del 5 y 6 fue sostenido; incluso en el paso del Hipódromo del Paraíso al de La Rinconada se repotenció, se consolidó todavía más. Bueno, para comienzos de las décadas de los años 50 ya era evidente que el Hipódromo del Paraíso era insuficiente.
Y la junta directiva y los aficionados hípicos, que formaban parte del gobierno en la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, comenzaron a buscar un espacio propicio para construir un nuevo óvalo hípico. Mientras se avanzaba en la búsqueda del lugar adecuado, la afición seguía creciendo en El Paraíso y se hacía cada vez más notoria su insuficiencia de espacio. La última carrera que se corrió en El Paraíso tuvo lugar el domingo 28 de junio de 1959; entonces se otorgó la Copa Despedida del Hipódromo Nacional del Paraíso y la ganó Palestra, del entrenador Manuel Aspúrua y montada por F. García.
Para entonces, recordemos que ya había transcurrido año y medio de la caída de la dictadura militar el 23 de enero de 1958. Y para entonces ya habían concluido los gobiernos de transición del contraalmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto y el profesor universitario Edgar Sanabria. Para entonces ya había ganado las elecciones en diciembre de 1958 Rómulo Betancourt y su partido, Acción Democrática. Betancourt gobernaba desde el 13 de febrero del año 59.
Y durante el año anterior, el año 58, el Hipódromo Nacional lo va a dirigir el teniente José Luis Fernández. Y una vez asumida la presidencia, Betancourt pasa a dirigir el hipódromo Francisco Flamerich. Aquí hay un detalle que debemos señalar, y es que el Instituto Nacional de Hipódromos se crea el 3 de septiembre de 1958, cuando estaba ya finalizando el gobierno de Wolfgang Larrazábal. Eso consta en la Gaceta Oficial número 27.750, y ese Instituto Nacional de Hipódromos pasa a ser un instituto autónomo; sigue adscrito al Ministerio de Agricultura y Cría, como así venía siendo desde 1936 cuando se creó este ministerio durante el gobierno de Eleazar López Contreras.
Entonces vemos que el primer presidente del INH será el teniente Fernández, ya mencionado. Entonces el teniente Fernández tenía 29 años de edad. Recordemos que Fernández tuvo una destacadísima actuación en la conjura cívico-militar que derrocó la dictadura de Pérez Jiménez. Bien, por otra parte también debemos consignar la existencia de otros hipódromos en el país, pero tampoco tenemos posibilidades de historiar detalladamente la crónica y la relación de los hechos en esos otros hipódromos de Venezuela.
Sabemos que hubo hipódromos en Aragua, a instancias del general Gómez. En 1913 se abre un óvalo en Aragua, en el sitio donde hoy en día está el Museo de la Aviación; ahí está el hipódromo. Y después se construye otro en 1926 y también hay referencia a otro hipódromo trazado ya en las décadas de los años 40, cuando Gómez había muerto, por supuesto, en las afueras de Maracay, pero tampoco lo tenemos precisado con detalle.
En el Zulia, la afición hípica toma cuerpo a partir de la creación del hipódromo de Santa María en 1930. Este óvalo fue iniciativa del general Vicencio Pérez Soto, que era gran aficionado a la hípica y en aquel momento era el gobernador del Zulia durante la dictadura del general Gómez. Ese hipódromo de Santa María queda destruido después de un incendio en 1936 y les tomó 11 años reconstruirlo, y abre sus puertas de nuevo en 1947. Después, en el año 1948, entra en funciones otro hipódromo de Maracaibo que fue conocido como La Limpia.
También se le llamaba el hipódromo de Maracaibo. ¿Por qué se llamaba La Limpia? Bueno, porque quedaban las avenidas a La Limpia. Ese hipódromo entró en receso durante unos años de la dictadura de Pérez Jiménez por problemas de diversa índole y abrió sus puertas de nuevo en 1958, ya cuando despuntaba la democracia y el entusiasmo que trajo consigo el proyecto democrático. También muy pronto se hace evidente que el Hipódromo de La Limpia era insuficiente y comenzó el Instituto Nacional de Hipódromos a construir el hipódromo de Santa Rita, que abre sus puertas el 11 de noviembre de 1988 con la presencia del presidente de la República, el médico Jaime Lusinchi.
La pasión hípica zuliana es desbordante, eso lo sabemos: casi todo lo que los zulianos emprenden está dominado por ese fervor y además han tocado por ese humor proverbial que asiste a los zulianos. En la próxima parte del programa seguiremos con esta historia del hipismo en Venezuela. Ya regresamos.
En la anterior parte del programa estuvimos haciendo la relación de otros hipódromos en Venezuela distintos al del Paraíso y bueno, ahora continuamos haciendo esa relación y estamos en Valencia, donde el hipódromo de Quigua fue fundado en 1896 y estuvo en funcionamiento hasta 1905. Este coincide con el segundo hipódromo de Sabana Grande en Caracas y, bueno, ya el hipódromo moderno de Valencia es una obra reciente del período democrático. Fue una decisión desde el Instituto Nacional de Hipódromos en la primera presidencia de Rafael Caldera, cuando Rafael Rodríguez Navarro, que era presidente del INH, y su junta directiva compran un terreno de 169 hectáreas en 1971.
Y la obra toma tiempo e inaugura a finales de 1983 Luis Herrera Campins. Las tribunas del hipódromo de Valencia pueden albergar hasta 18 mil personas, que además desde el comienzo se previó como un espacio multipropósito, incluso con terreno para crecer en esos otros propósitos. También ha habido hipódromos en los estados Lara y Falcón; en Carora un hipódromo hacia finales de la década de los años cuarenta, mientras el hipódromo de Paraguaná abre sus puertas en 1958. Estos dos hipódromos encontraron muchos escollos en el camino, pero el de Punto Fijo ahí está, se mantiene funcionando, superando esas dificultades.
En Ciudad Bolívar, donde históricamente ha habido una gran afición hípica, pues también ha habido varios hipódromos, y ninguno de esos hipódromos se inició como narrador hípico Virgilio de Cannes, que es de allá, guayanés. Además de aquel primer hipódromo del Callao, de don Antonio Lichoni del que hablamos en el primer programa, hubo un hipódromo en Ciudad Bolívar trazado en 1907: se llamaba Santa Lucía. Luego se construye otro, pero en 1935, en Morichales; este cierra sus puertas muy rápido, en 1937, hasta que se inaugura otro en los años 40, el hipódromo de Angostura, que también es sustituido por otro ubicado en Jobolíso, en los años 60.
Y recientemente, en el año 2002, abre sus puertas el único hipódromo venezolano privado, El Rancho Alegre, donde corren caballos importados y está ubicado en las afueras de Ciudad Bolívar, y está animado por un aficionado a la hípica fervoroso, Mateo Meoppolino. Su propietario es un médico y empresario. Y bueno... un hípico guayanés. Bueno, hasta aquí un período sustancial del hipismo venezolano; ahora se abre otra etapa en otro lugar, con los mismos personajes, con nuevos actores y factores.
Me estoy refiriendo al período que comienza en el Hipódromo de La Rinconada, uno de los hipódromos más bellos del mundo, una joya de arquitectura e ingeniería moderna. Vamos a referir brevemente algo sobre el hipódromo desde el punto de vista arquitectónico y estructural. Lo primero, bueno, reiterar que durante la dictadura militar de Pérez Jiménez se hace evidente que el Hipódromo del Paraíso estaba desbordado en su capacidad y era necesario construir otro. Entonces se inicia la búsqueda de un terreno adecuado y se halla que el haras de Enrique Lander, el Haras La Rinconada, que está en las afueras de Caracas cerca de El Coche, es el lugar adecuado.
Y es entonces que la República le compra a la hacienda Lander el haras y de inmediato se busca el mejor arquitecto de aquellos años. Dada su experiencia en este tipo de espacios hípicos, se escoge a Arthur Froelich, el mismo arquitecto que había diseñado el hipódromo Aqueduct en Nueva York. Además, Froelich y otros tienen el acierto de escoger para la arquitectura paisajista del lugar al maestro brasileño Roberto Burle Marx, uno de los mejores arquitectos paisajistas del mundo. Por cierto, es el diseñador del Parque del Este de Caracas, ese parque que hoy en día se llama Francisco de Miranda.
También es el diseñador de las inmediaciones del Hotel Humboldt, arriba en El Ávila, y por supuesto de muchísimas obras paisajistas en Brasil, cualquiera que haya ido a Río de Janeiro lo puede comprobar, y a São Paulo y a Brasilia también. La empresa constructora del Hipódromo La Rinconada fue una empresa constructora legendaria, ENECA. Esa era la empresa de Giovanni Francesco Mastropaolo, uno de esos ingenieros italianos que llegaron a Venezuela huyéndole a la Segunda Guerra Mundial y a la pobreza en Italia, y que tanto construyeron aquí entre nosotros. Esa compañía fue además la que construyó el Hotel Humboldt en la cima del Cerro del Ávila.
Por su parte, los murales del Hipódromo La Rinconada son de un extraordinario escultor venezolano de origen italiano, Giuseppe Piso. Piso llegó muy joven también huyéndole a la guerra a Venezuela y se quedó aquí hasta su muerte; la mayor parte de su obra está en Venezuela. Los trabajos de construcción del hipódromo comienzan en 1955 y culminan en 1958; en tres años estaba listo. Entonces no estaba concluida la autopista Caracas-Valencia y la manera de llegar hasta La Rinconada era por carretera de un canal por lado, por el viejo camino que iba hacia El Valle y Coche.
Hoy en día esta autopista de 157 kilómetros se conoce como ARC, Autopista Regional del Centro, y este tramo Maternin-Coche que le da acceso a La Rinconada fue inaugurado en 1965, cuando gobernaba Raúl Leoni. A partir de ese momento el acceso al hipódromo se hizo mucho más expedito, más amplio, y ya el hipódromo dejó de ser un óvalo lejano y de difícil acceso para los caraqueños: estaba allí a pata de mingo por la autopista. La pista de La Rinconada es de 1.800 metros; inicialmente era de 1.600, pero una vez inaugurada se adelantó la ampliación de inmediato. Consta de tres tribunas de cinco pisos donde caben doce mil quinientas personas sentadas y cuenta con todos los equipos y comodidades para las apuestas y la transmisión de las carreras.
La afición hípica, que venía creciendo sostenidamente desde los tiempos finales del Paraíso, halló un nuevo impulso en el majestuoso Hipódromo de La Rinconada; por supuesto, las cifras del 5 y 6 así lo certifican. Así también como lo certifica el incremento de clásicos, copas y premios a partir del Hipódromo La Rinconada: hay una explosión, un boom en Venezuela todavía mayor que el que había ocurrido ya en El Paraíso. Cuando se inaugura el nuevo hipódromo, el 5 de julio de 1959, gobernaba Betancourt. Está presente Betancourt en actos de inauguración: no quiso asistir, no era aficionado al hipismo, y Betancourt entonces envía a su ministro de Agricultura y Cría, que era nada menos que el doctor Víctor Jiménez Landínez, uno de los fundadores del partido COPEI.
Hay que recordar que el gobierno de Betancourt funciona dentro del esquema del Pacto de Punto Fijo; había en el gobierno partidarios, por supuesto, de Acción Democrática, pero también de COPEI y URD. Entre las cuotas de poder del gobierno tripartito estaba el Ministerio de Agricultura y Cría, para un experto en el tema de la agricultura y cría como era Víctor Jiménez Landínez, y también recordemos que el Instituto Nacional de Hipódromos estaba adscrito a este ministerio. De modo que nada más lógico que estuviese allí el doctor Jiménez Landínez. Entonces el presidente del Instituto Nacional de Hipódromos que había designado Betancourt era Francisco Flamerich, quien ejerce este cargo hasta 1963; bueno, ese es el año de las elecciones que gana Raúl Leoni.
De modo que los cinco años del gobierno de Betancourt va a ser Flamerich el presidente del INH. Y será entonces a Jiménez Landínez y a Flamerich a quienes les corresponda la inauguración oficial del Hipódromo de La Rinconada aquel domingo 5 de julio de 1959, un momento histórico para la hípica venezolana en el que comienza otra etapa, con unos espacios que jamás había soñado. La amplitud de La Rinconada era evidente y una afición crecía y crecía y crecía en Venezuela de los años 60, que en la próxima parte del programa veremos todavía con mayor detenimiento. Ya regresamos.
Vamos a ver ahora esta primera etapa del Hipódromo La Rinconada, que va de 1959 a 1970, cuando tengamos encabezando las listas de los entrenadores a Antonio Hacial, quien gana el mayor número de carreras en 1959, y luego el legendario jamaicano Milarciade ocupa el primer lugar durante los años 60, 62, 66, 68 y 69. Y queda empatado con el venezolano Domingo Noguera Mora, quien va a encabezar las listas de los años 61, 63, 64, 65 y 67, y Vittorio Catanese gana en 1970. O sea que en estos 11 años tenemos una temporada ganada por Hacial, una por Catanese y el resto por Milarciade y Domingo Noguera Mora; ahí están los cuatro grandes entrenadores de estos años.
Y la lista de jinetes consagra a Balzamino Moreira, quien gana en el 60, 62, 63, 64, 65, 68 y 69, y lo sigue Gustavo Ávila, quien gana en 1959 y 1967. Y los secundan también Juan Eduardo Cruz, Carlos Pérez y José Luis Vargas, que cada uno gana una temporada, de modo que esta década el gran ganador es Balzamino Moreira. En 1960 se conforma la triple corona con la creación del Clásico José Antonio Páez. Este clásico se sumaba a los del Ministerio de Agricultura y Cría y el República de Venezuela.
El primer triple coronado en la historia de la hípica venezolana va a ser Gradisco, conducido por Gustavo Ávila y también Manuel Camacaro, y entrenado por Leopoldo Márquez para el Stud Reigano. Y bueno, habrá que esperar hasta 1972 para tener otro triple coronado: este será El Corsario, conducido por Jesús Rodríguez y José Luis Vargas y entrenado por Eduardo Aspuro Azuosa para el Stud El Corsario. El tercer triple coronado será Iraquí en 1985, conducido por el legendario Juan Vicente Tobar y entrenado por Daniel Pérez para el Stud Chivacoa, el stud de Pilo y Peggy Asqueta en Chivacoa, por supuesto. En el Central Matilde.
Por otra parte, el Clásico Presidente de la República, entre 1959 y 1970, lo gana Gustavo Ávila en varias oportunidades: lo gana en el 59, el 60, el 67, 68 o 69, y es seguido por Manuel Camacaro, que lo gana en el 61 y 65, y Balzamino Moreira en el 64 y 70, y Juan Eduardo Cruz, Carlos Pérez y Walter Carrión, uno cada oportunidad. El Clásico Simón Bolívar, por su parte, en su primera edición en La Rinconada fue ganado por Pensilvania. Esto es 1959, montado por Gustavo Ávila y entrenado por Vicente Klein para el Stud Merian de Gustavo Rotundo Talavera. En 1960 lo gana Cambur, conducido por Carlos Pérez y entrenado por Milarciade para el Stud Surima de Enrique Lander; en 1961 lo obtiene Balbarado, montado por Gustavo Ávila y entrenado por Vittorio Catanese, también su propietario.
En el 62 lo gana Primordial, conducido por Laffit Pincay, y su entrenador y propietario era Santiago Letwit. En el 63, el ganador fue Ferrum Brass, conducido por Guillermo Gavidia y entrenado por Domingo Noguera Mora para el Stud Raga. Y en el 64 la tríada estuvo constituida por Rogelio Cortés, jinete; Milarciade, entrenador, y Ancelmo Alvarado, propietario, y el ejemplar era Tronado. En el 65 coronó Felicina, conducida por Carlos Pérez y entrenada por Domingo Noguera Mora para el Stud Los Patrios.
En 1966 ganó Socopó del Stud Cachemira, conducido por Luis Bolívar con el entrenamiento de Manuel Aspuro Azuosa. En 1967 gana Chateaubriand, conducido por Enrique Boulis y entrenado por Domingo Noguera Mora para el Stud Raga. Y en 1968 corona Vivo, conducido por Adoné Belardi y entrenado por Armando Fernández Alfaro para el Stud del Tortillo. En 1969 gana Don Florestán, conducido por Balzamino Moreira y entrenado por Vittorio Catanese para el Stud Migmar, y en 1970 gana Senador, montado por José Luis Vargas y entrenado por Milarciade y Eduardo Aspuro Azuosa para el Stud Coquito.
De toda esta relación se desprende que hay nombres que vienen del Hipódromo del Paraíso, mientras hay otros nuevos: es el caso de los jinetes que se iniciaron en estos primeros años de La Rinconada. Me refiero a Milton Barra, Jesús Rodríguez, Ángel Francisco Parra, José Luis Vargas, y los entrenadores Raúl Pallares, Eduardo Aspuro Azuosa y Manuel Medina, para dar solo algunos nombres. Por otra parte, en 1960 y con motivo de la apertura del Hipódromo de La Rinconada, un grupo de aficionados hípicos decide revivir el Jockey Club de Venezuela. El Instituto Nacional de Hipódromos de entonces le cede un espacio en la tribuna C y se instituyó una nueva junta directiva.
La iniciativa la coordina inicialmente Alberto Winckelmann y el presidente de esta renaciente institución va a ser Alberto Reina. Y lo acompañan en la junta directiva Enrique Lander, José Joaquín González O'Rondona, Francisco Urbina, Julián Abdala y Agustín Hernández como directores principales, y como suplentes Martín Pérez Matos, Martín Ayala Guerrevere, Cecilio Alcántara, Luis Pastori el poeta, Harry Ganttón y Henry Lord Boulton. Después de Alberto Reina la organización va a presidirla Alberto Winckelmann entre el año 62 y el año 68. Después, Henry Lord Boulton, después Alfredo Toledo, Carlos Eduardo Frías, Enrique García Galindo, Julián Abdala, Julio Pocaterra, Miguel Gregorio, Jesús Sagún Hernández, Bernardo Briquet Sericier, Bernardo Martínez Acosta, Federico Carmona, Leopoldo Larrazábal, Luis García Montoya, Luigi Miglietti Torrealba, Enrique Bonnemester y Federico Carmona, y creo que ahora Bonnemester de nuevo.
Como es natural, el deporte hípico supone una confluencia entre el Estado y los ciudadanos, ya que la empresa de la cría de purasangres, la práctica de conducirlos y entrenarlos y todas las actividades conexas son tareas que emprenden los particulares, las empresas privadas, a su propio riesgo. Y el Estado, pues hasta ahora, ha estado sirviendo la mesa en el hipódromo de La Rinconada y en algunos otros hipódromos nacionales, por supuesto. En las décadas de los años 60 la transmisión televisiva de las carreras, por parte de RCTV, Radio Caracas Televisión; CVTV, que era como se llamaba la Compañía Venezolana de Televisión, después estatizada y hoy en día se llama VTV; y Venevisión también contribuyeron sustancialmente al incremento de la fanaticada.
Esta fanaticada a su vez impulsó el juego del 5 y 6, y esta faceta, como dijimos antes, va a comenzar a darle una notable viabilidad económica al deporte hípico. De modo que no se exagera al afirmar que en las décadas de los 60, 70 y 80 La Rinconada vivió una etapa de un evidentísimo esplendor. Vamos a referirnos ahora a la hazaña del Cañonero Segundo. Una hazaña extraordinaria contribuyó con el ambiente favorable señalado antes en los Estados Unidos, convirtiéndose tanto el hecho como el purasangre en un ícono de la venezolanidad.
El 1.º de mayo de 1971 se corre el histórico Derby de Kentucky, ante 100 mil espectadores, y lo ganó un caballo por el que los apostadores no daban nada, imponiéndose contra todo pronóstico. Ese caballo se llamaba Cañonero Segundo, que había nacido en Kentucky y había sido comprado por un venezolano por apenas 1.200 dólares. Ese venezolano se lo lleva a Caracas, donde lo subasta y es adquirido por Pedro Baptista. En Venezuela lo entrena Juan Arias y lo monta el entonces ya legendario Gustavo Ávila.
La estrategia que sigue Ávila en la primera carrera de la triple corona norteamericana le da resultado. ¿Cuál es? Se mantiene al final del pelotón y se abre en los últimos metros, pasando a encabezar la carrera con holgada ventaja. Nadie daba crédito a lo que veía, ni siquiera su propietario, que no había viajado a ver la carrera y estaba en Caracas completamente despreocupado, sin ninguna ilusión. De pronto lo llaman por teléfono para decirle que su caballo había ganado el Derby de Kentucky; este señor creyó que le estaban tomando el pelo. Y cuando se entera de que es verdad que su caballo había ganado, pues no lo puede creer y se baña en lágrimas al borde del colapso emocional por la magnitud de la sorpresa de aquella primera victoria del Cañonero el año 71 en los Estados Unidos.
En la última parte del programa, volveremos sobre esto, que es una etapa fascinante y hermosísima de la hípica venezolana. Ya regresamos... Cañonero en la mitad de la recta está avanzándose, Cañonero está comprendiendo en el verde el 71. Atacas Gin & French para el segundo por el centro, el ball reason con Isson Flip para el tercero. Comina Cañonero con Gustavo Ávila, sorprendiendo al mundo el representante venezolano, ¡ganó Cañonero! En la parte anterior del programa hablábamos de las hazañas de Cañonero Segundo.
El 1.º de mayo de 1971 en el Derby de Kentucky, pero es que ahora vamos a ver la segunda prueba de la triple corona, la del Preakness Stakes, que tiene lugar el 15 de mayo de 1971, 14 días después, en el Hipódromo de Pimlico, en Baltimore. Asegurando la segunda plaza de los picos con el gran costador habla, Cañonero solo, Caño-Cañonera. Claro, esta vez las apuestas estaban a favor de Cañonero Segundo y los apostadores ganaron.
Y ahora sí viajó a presenciar la carrera un contingente importante de venezolanos, quienes veían cómo el caballo adoptivo de su país se convertía en la estrella del hipismo norteamericano. Ganó la carrera y se colocaba a un paso de la triple corona; faltaba ganar el Belmont Stakes cerca de Nueva York, cosa que lamentablemente no ocurrió. Llegó de cuarto, fue una gran tristeza. No obstante, Cañonero II ya era el doble coronado de los Estados Unidos de Norteamérica. El hipismo venezolano ha alcanzado una victoria que no ha podido repetir.
Incluso más, la sorpresa fue tan grande que en los EE. UU. también se le tiene como una de las grandes hazañas del hipismo de todos los tiempos. Y entre las lecturas que he hecho sobre el fenómeno, hubo una que intuyo dio en el clavo: Cañonero II venía a correr a 800 metros de altura en Caracas y al bajar a poquísimos metros sobre el nivel del mar el oxígeno corrió por su sistema respiratorio con menos dificultad; así se imantó de energía el purasangre de manera sorprendente.
De aquella experiencia inolvidable, Gustavo Ávila le ha dicho a Juan Carlos Feijó en una entrevista, voy a citar la entrevista de Feijó con Gustavo Ávila. Dice Ávila: "Es una de las glorias más grandes que he vivido en mi vida profesional, en el contexto internacional. Para todos fue una experiencia que nos cambió la vida. Pese a los contratiempos que tuve en la partida, el caballo demostró tener garra y fue colocándose poco a poco, y al entrar a la recta final ¡el caballo venía entero! y lo lancé por la parte exterior de la pista. Lo demás fue galopar hasta la meta".
Y el entrenador Juan Arias, en entrevista que le hace él mismo Juan Carlos Feijó, explica por qué Cañonero II perdió el Belmont Stakes. Esto es importante saberlo. La versión de Juan Arias dice: "El caballo atravesaba por una excelente condición física, pero lamentablemente desarrolló una micosis, infección que se produjo en la corona de su miembro posterior izquierdo. Allí hubo trabajo previo entre el herrero y yo como entrenador, pero no hubo buena comunicación, hasta que desde Venezuela llegó el veterinario J. J. Hernández Rosal, quien suspendió el tratamiento y trató de llevarlo a la mejor condición posible, pero sinceramente yo no quería que corriera la carrera".
Fue una gran carrera, pero no puedo negar mi frustración al ver cómo en los últimos metros se nos escapaba la victoria. Qué triste... Bueno, esta es la historia de una vez en que los venezolanos estuvieron muy cerca de triple coronarse en Estados Unidos.
Como dijimos antes, corría el año 1971 y la afición hípica venezolana no dejaba de crecer. Fue un espaldarazo importante para la autoestima del venezolano entonces y el país entero hablaba de la hazaña de Cañonero Segundo como propia. Antes de la hazaña de Cañonero Segundo, en 1966, tuvo lugar por primera vez el Clásico Internacional del Caribe en Puerto Rico, el 26 de junio. En aquella primera competencia Venezuela se alzó con el triunfo: Victoriado. Se llamaba el caballo, entrenado por Domingo Noguera Mora y conducido por Gustavo Ávila para el Stud Raga.
Fue un primer campanazo del triunfo para la cría nacional; al año siguiente el clásico se celebra en Caracas con motivo del cuatricentenario de la ciudad capital, pero no obtuvimos el triunfo. Venezuela vuelve a ganar este clásico muchos años después, en 1977, con Huracán Sí, conducido por Argenis Rosillo y entrenado por Juan Eugenio Vidal para el Stud Bilbaico. Alcanza Venezuela otra victoria en 1986 con Benemérito, entrenado por Daniel Pérez y conducido por Douglas Valiente para el Stud Agropecuaria Maipure. En 1990 gana Don Fabián, conducido por Juan Vicente Tovar y entrenado por César Cachazo para el Stud Doña Félida.
Y en 1997 lo gana Agliguerri, conducido por Douglas Valiente y entrenado por Antonio Catanese para el Stud S. Omero. En el 2000 lo gana My Own Business con el látigo de Emisael Jaramillo y el entrenamiento de Antonio Belardi para el Stud Fantasía. En 2002 gana Gran Abuelo, conducido por Ángel Castillo y entrenado por Gustavo Delgado para los Studs Grandes. En el 2009, 10, 11 y 12 gana Venezuela con Bambera, Waterjet, Heisenberger y El de Chiné, conducidos por Edgar Pérez y por Ismael Jaramillo, los tres últimos entrenados por Gustavo Delgado, Santos Domínguez y Juan Ávila, respectivamente, para los Studs Paula C., El Fantasma, Hapsés y Monte Piedad.
Hasta aquí el programa de hoy, el quinto de esta serie sobre la historia del hipismo en Venezuela. En nuestro próximo programa termina esta serie que hemos venido desarrollando. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, en Twitter arroba rafaelarraiz. Ha sido un gusto hablar para ustedes y seguir en esta historia fascinante y hermosa del hipismo en Venezuela; nos vemos en nuestro próximo encuentro.