Excepcionales. Cap 11. José Balza.
Venezolanos Excepcionales. Cap 11. José Balza.
Transcripción
"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente, 30.720. Venimos desarrollando la serie de venezolanos excepcionales y este es el programa número 11 en esa serie. Y hoy se lo vamos a dedicar a la vida y obra de un escritor venezolano consistente, sólido, con una obra ya muy grande, con entidad, por decirlo de alguna manera.
Estoy hablando de José Balza, quien nació en 1939 y que a sus 80 años parece que tuviera el secreto de Dorian Gray, porque su aspecto es el de un hombre muy joven, muy ágil, muy plástico. Quizás todo eso tenga que ver con su nacimiento, infancia y juventud en el delta del Orinoco, Venezuela, que es su arcadia, su región fundamental desde donde emana prácticamente toda su estética, como él lo ha aceptado y dicho en muchas oportunidades. Hace poco a José Balza le concedieron un honor en España importante, que es que dejó una carta al Instituto Cervantes.
Es una suerte de rito que se ha creado allá, que debe ser abierta dentro de muchos años para ser leída por los lectores de ese entonces. No recuerdo en este momento si son 40, 50 años o 100 años. En todo caso, es una distinción importante la que ha recibido Balza en España, además de un homenaje a la legendaria revista Cuadernos Hispanoamericanos y la participación en una cantidad de foros literarios españoles reconociendo su autoría.
Por nuestra parte, comencemos diciendo que la pasión creadora de José Balza no ha tomado un solo camino, sino todo lo contrario, y salvo la poesía y el teatro. La vertiginosa manera como escribe José Balza, lo he visto frente al teclado porque trabajamos juntos varios años, esa vertiginosa manera, de allí han salido novelas, ensayos, cuentos, crónicas, artículos. En el área del ensayo no solo el ensayo literario ha sido su fuerte, sino también ha ensayado con las artes visuales y la música.
Hay muchos trabajos de Balza sobre pintura y sobre música, y estos son dos de sus fervores paralelos a la literatura. Y la verdad es que Balza es un entregado a su afán, lo suyo es la creación, ya sea literaria, musical, plástica. Quizá gozar de estas manifestaciones artísticas sea, pues, como las corrientes del río a orillas del cual nació, del Orinoco.
Esto es importante en sus huellas digitales, digámoslo así, y esta vasta obra ya incluye alrededor de cuatro o cinco libros de relatos, unos 10 o 12 libros de ensayos, unas seis novelas, y bueno, no ha descansado al sol de hoy. Y por eso dicen que conserva esa extrañísima juventud en el rostro y las manos, que es legendaria en quienes conocen a Balza, un hombre de 80 años que tiene movimientos muy ágiles.
En lo personal debo decir que trabajamos juntos en la Galería de Arte Nacional entre los años 1980 y 1984. Entonces hacíamos un diccionario de las artes visuales venezolanas, escribíamos y hacíamos los catálogos de las exposiciones y los libros, que tuvo un programa editorial muy importante, la Galería de Arte Nacional, y entonces yo era muchacho. Y a su atención y su amabilidad debo estupendos consejos, de modo que puedo decir que, sin proponérselo, fue un maestro.
Siempre me acostumbré a admirar en él la precisión, es algo que admiro muchísimo en Balza y que espero haberla emulado en alguna medida. Y en un momento yo me propuse leer todos los cuentos de Balza de manera organizada. Yo los había leído desordenadamente en revistas y libros que iban apareciendo, hasta que decidí leerlos todos de un solo envión, que me tomó unas cuantas semanas.
Comencé por una antología que el propio Balza hizo para Monte Ávila Editores. Esa antología se titula La mujer de espaldas y otros relatos, y allí él recoge 30 cuentos, desde un cuento del año 1959 que se titula Canto el tartamudo, hasta otro titulado Jericó, que es de 1987. Y así nos vamos familiarizando con el dominio que Balza no se permite perder en ningún momento: la escritura lleva las riendas del relato.
De modo que Balza tiene un control muy preciso de lo que está relatando. Ahí hay una reconstrucción en el universo de su infancia y eso ocurre en repetidas oportunidades. Hay cuentos como La sombra de oro, como Lección de sueño o Líneas, donde Balza se acerca a ese ámbito del delta, el Orinoco donde ocurrió su niñez.
Y desarrolla un ímpetu poético y trabaja los secretos de niño e incluso los descubrimientos que ese niño va efectuando. Ya adulto, el narrador va reconstruyendo ese pasado, esa arcadia, ese paraíso perdido del que hablaban Proust y luego Borges. Y a ese tejido de recurrencias temáticas se suma una, quizás sea la más aguda o la más persistente en estos relatos, me refiero a lo que podríamos llamar los hechos de sangre.
Un ejemplo de lo que estoy diciendo es un relato muy bueno, que se titula Central, donde en una inquietante trama el autor nos atrapa con la superposición de dos historias que no excluyen el azar y las locuras. Balza, para este relato, partió de un hecho que ocurrió, que fue un asesinato en el Parque Central, en Caracas, y el cuerpo fue tasajeado, sacado del lugar de los hechos en unas bolsas plásticas como si fuera basura. A partir de allí, sin que sea un reportaje ni nada parecido a Truman Capote, sino a partir de un hecho, él construye un relato distinto.
Simplemente lo señalo como un dato anecdótico. Hay este interés por los hechos de sangre, pero distintos hechos de sangre. Por ejemplo, Balza recurre al pasado con visos históricos, nos entrega una frialdad espeluznante que se titula La sangre, y es un relato redondo que ocurre en 1813 y entonces, cuando lo escribió en los años 80.
Es muy interesante esta transposición que él va haciendo también en el relato que se titula Cantos del tartamudo, pues ahí hay sangre también que corre por la superficie de los espejos. Pero quiero aclarar, porque el oyente puede tener la impresión de que hay un interés policial o escatológico por parte de Balza, y en verdad lo que a él le interesa, lo que subyace en sus propósitos, es el interés por trabajar una situación límite. Una situación que admite pocos matices y pone a los personajes en un disparadero, digámoslo así.
Eso es, en el fondo, lo que a él le interesa, y realmente un asesinato es una situación límite, la muerte es una situación límite por excelencia. Y a Balza, además, le cautiva el hecho de sangre como un eje, como una columna o un epicentro sobre el que puede tejerse una trama. Funciona como un desenlace o como un punto de partida, o como un episodio colateral también.
Porque también los hechos de sangre en la cuentística de Balza pueden ser episodios colaterales, pero en cualquiera de estos casos el hecho de sangre contribuye al apuntalamiento del relato, lo construye, lo ciñe, digamos, de alguna manera más precisa. Y un pariente cercano de estos relatos que tienen a los hechos de sangre como protagonistas brilla en la cuentística de Balza, lo que podríamos llamar el policial literario. En un homenaje a Jorge Luis Borges podemos seguir un relato subyugante verdaderamente, que se titula Sunflowers Lay the Sun But What Do They Do at Night.
En este relato de título en inglés evidentemente se trabaja sobre el poder del biógrafo y el poder del traductor, que son temas muy borgianos, y no pocas referencias al asfixiante mundo de los científicos académicos. El narrador nos lleva por un laberinto de sutilezas que encajan como un reloj. Y cercanos también a esta orfebrería de la trama son dos relatos de principios de los años 60 que van mucho más allá del tema guerrillero.
Por el contrario, Balza pasa de largo por el tema de la denuncia política, y eso no es lo que a él le interesa. Son un relato que se titula Bella al Azonze y Un libro del Rodolfo Iliakwood, así se titulan estas historias donde el autor trasciende lo anecdótico para revelarnos un alfabeto o un código. Estos son sus sesgos, si se quiere, borgianos o en homenaje a Borges.
En la próxima parte del programa seguiremos avanzando sobre la obra narrativa, ensayística y novelística de José Balza, de ese extraordinario autor venezolano que ha llegado a sus 80 años en plena vitalidad y en plena fervescencia creadora. Ya regresamos. Debo comenzar diciendo, en esta segunda parte del programa, algo que señalaba Truman Capote.
Él decía: "Creo que el cuento, cuando es explorado seriamente, es el más difícil y el más riguroso de los géneros en prosa existentes. Todo el control y la técnica que yo pueda tener se lo debo enteramente a mi adiestramiento en este género". Eso decía Truman Capote, muy interesante. Esto ha podido probablemente suscribirlo Borges, que nunca escribió una novela y que escribió relatos verdaderamente sublimes, históricos, prácticamente inmortales.
Y la verdad es que Balza ha escrito muy, muy buenos relatos. Y la verdad es que vivimos en unos tiempos en que se ha sobredimensionado la importancia de la novela y, bueno, como acabamos de citar, Capote pensaba distinto y Balza también parece confirmar no solo el protagonismo del relato sino la enorme dificultad que supone atrapar al lector y no dejar que el cuento se le vaya de las manos. Las exigencias en el cuento son muy grandes y esto quienes lo cultivan lo han expresado en muchas oportunidades.
Acabo de citar a Capote, pero he podido citar otros autores. Y curiosamente en esta antología de relatos que vengo comentando y el propio Balza preparó, no incluyó, para mi gusto, unos de sus mejores cuentos. Hay un cuento de Balza que me parece una joya que se titula Los almendrones de enero, pero se ve que él no, porque no lo incluye en la antología, pero es un hermosísimo texto donde el personaje va intuyendo las huellas de la locura y las encuentra en su hermano.
El hermano del personaje... y el hermano va a recordar, viendo al hermano, el protagonista del relato, o a recordarlo, síntomas de su padre, y lo siente muy cerca, pero sabe que no le tocan a él finalmente, sino al hermano. Todo esto va a ocurrir motivado por el hallazgo del almendrón en Caracas y cómo lo remite a su lugar de origen. En Caracas hay árboles de almendrón que no son muy comunes, es un árbol más de orilla del mar o de orillas de los ríos, y hay almendrones en la infancia de Balza, el delta, el Orinoco.
Y seguramente el hallazgo del almendrón en Caracas le fue creando en la psique esta historia, un relato verdaderamente hermoso. Y es muy bello y sensual, cómo el narrador va acercándose al núcleo de sus temores. Yo diría que un relato perfecto, realmente, o casi perfecto, para no pecar de exagerado.
Hay otro relato de Balza que me gusta particularmente, que Gato disperso está inscrito en esa línea de los hechos de sangre de Balza, pero en este se permite el dolor. Es un cuento profundamente doloroso donde el azar lleva a una adolescente a matar a su prima. Se le va un disparo y el narrador es quien resuelve los pormenores y las mayúsculas ocurrencias que sobrevienen a un hecho como este.
Un relato conmovedor, económicamente narrado, y es un relato que es una pieza de precisión. Y aquí vuelve este vocablo, precisión, que es uno de los vocablos que le viene mejor a la narrativa y la ensayística balziana. Otro relato es La sentencia, que también es un hecho de sangre, pero en verdad es un cuento tomado por otra fuerza, es más bien mágico, es hijo de razones sobrenaturales.
Es un niño que odia a un adulto o que lo humilla, y presencia cómo el sujeto de su odio muere asesinado. Y comienza afirmando: "A los 13 años viví seguro de haber cometido un crimen". A partir de aquí, pues, el lector queda cautivo en la cárcel del relato y es llevado por una fuerza que teje junto al personaje central un deseo, o una venganza, es algo así como una sentencia, como una venganza también.
Esto es un relato también muy interesante. Y el cuarto relato no incluido por Balza, pero a mí me gusta mucho, es el título de otra antología que el autor preparó para la editorial El Contexto Audiovisual 3. Me refiero a El vencedor, este es un cuento que estremece, la verdad, el personaje central trata de esclarecer la relación con el padre y en este viaje se acerca a los humores de la locura y el suicidio.
Y confesando una admiración, un amor sin medida por su padre, el personaje llega a respetar la decisión del suicidio como una victoria. El vencedor es el valiente, digamos, que ha sido capaz de poner fin a su vida. Es un cuento breve donde la atención no afloja en ningún momento y está tocando temas de alto voltaje, como es evidente por lo que acabo de referirles.
Y en estos cuatro ejercicios narrativos, que así es como Balza llama sus relatos o sus cuentos, siempre ha sido así, los han llamado ejercicios narrativos, digamos que esto es un gesto de modestia, ¿sí? De humildad, porque realmente no son ejercicios. Son ejercicios por lo general algo previo a algo ya decantado, y toda la cuentística de Balza, decantada, precisa y redonda en muchos casos.
Bueno, pero en estos cuatro ejercicios narrativos que celebro respira un denominador común: el personaje central sobre quien el narrador construye el discurso ha sido protagonista de la trama. Claro, yo no quiero suscribir con esto la tesis de Hemingway según la cual hay que vivir plenamente para poder narrar con propiedad, no es esto lo que estoy sugiriendo, pero no deja de ser muy interesante que la fuerza y la pertinencia del gran poder de conmoción que habita en estos cuentos provenga de la vivencia cercana.
Balza ha tenido muchas de las vivencias que relata o le han sido referidas por espíritus y gente muy cercana a él, de modo que la cercanía con los hechos le da una fuerza particular. Están escritos con el corazón, con dolor o lágrimas, y esto el lector lo precisa inmediatamente. Ahí están labrados estos cuentos por la emoción que solo brota de lo íntimo, de lo personal, de lo vivencial.
Las mismas riendas que controlan la escritura de Balza están presentes, pero la emoción lleva más allá el rigor perfeccionista que el autor le imprime a sus textos, y esto es rigurosamente cierto: estos relatos tienen emociones de allí que sacudan. Y en La mujer de espaldas y otros relatos, prologada por Carlos Noguera, un muy buen narrador venezolano que falleció hace pocos años, y entre otras observaciones valiosas que hace Noguera sobre la cuentística de Balza, hay una subrayable y es la ausencia de diálogos.
Esto es muy cierto. ¿Hay alguna excepción? Un relato se llama Alexis el frecuente y, refiriéndose precisamente a este relato Alexis el frecuente, Noguera va a decir lo siguiente, lo que voy a leerles: "Modélico en muchos sentidos, esta extensa narración nos conduce también al perfil repetible de los personajes balzianos, sistemas inteligentes, sensibles, cultos, pero a un tiempo proclives al conflicto, al extravío o incluso la quiebra emocional. Blanden como arma permanente la metareflexión —un ovillo de pensamiento que se despliega sobre el propio pensamiento— o es inoculado desde las teclas por el narrador omnisapiente".
Así las voces que cuentan en primera y tercera terminan por mimetizarlo ante el lector, apoyándose y revelándose de manera alterna. Hasta aquí la cita de Carlos Noguera sobre la cuentística de Balza y, particularmente, sobre Alexis el frecuente. Y la verdad es que si en algún texto se revela con nitidez esta observación del prologuista es en Alexis el frecuente.
En gran medida, es prefiguración y boceto de sus novelas. La novela Percusión, por ejemplo, allí se puede rastrear el antecedente de Alexis. Y en sus ensayos surgirán ideas afines a las que se expresan en los diálogos que en este relato ocurren.
Hay un pasaje en que el personaje afirma lo siguiente: "De ese día partió mi decisión; si yo podía ser parte de las cosas sin violarlas y sin que para ello interviniese yo mismo, tenía que dedicarme al arte". Fin de la cita. Este es un principio respetuoso, yo diría hasta minimalista, y esto ha funcionado como presupuesto de la relación de Balza con la creación, una postración atenta ante la maravilla del arte y una repulsión crítica ante lo que es falso, lo que está impostado o es fraude.
Eso está siempre muy presente en Balza, no solo en el Balza narrador sino en el Balza ensayista. Bien, y junto a los hechos de sangre y a las tentaciones de la locura, de las que hemos venido hablando, que son dos recurrencias temáticas, las flores del deseo forman parte de las obsesiones de Balza. Hay un relato que se titula El beso perdido y allí encontramos un ambiente sutilmente proclive al amor entre hombres con una inesperada clave en el pasado.
Un viejo a caballo se acerca a una casa donde pasan vacaciones unos hombres jóvenes, y el narrador instala una atmósfera donde es más lo que se dice omitiendo que lo que se dice expresando. Al fin habla el viejo y les revela con naturalidad lo que ellos ocultan como un tesoro. En la próxima parte del programa, seguiremos viendo esta narrativa de José Balza, sus recursos, sus luces...
¡Ya regresamos! Les decía en la parte anterior del programa que hay un relato interesante sobre el amor de dos hombres, pero también hay otro. Con recursos similares, aunque más juguetón, es un relato que se titula Las dos y es un episodio de amor lésbico, muy fresco, con mucha gracia. También en el relato La ondulación se burla el tema amoroso, pero esta vez más que la sensualidad, el deseo, lo que se trama es el crecimiento de la desazón por el abandono, por el incumplimiento amoroso.
Es más bolerístico, si se quiere, un hombre sereno que va perdiendo la calma ante la inasistencia de las mujeres amadas y ahí, en ese relato, uno va asistiendo a ese trayecto que va de la sindéresis a la desesperación, y el escritor va sufriendo esta metamorfosis también. Bien, pues Balza, a su vez, es un lector, y a lo largo de su obra narrativa pueden hallarse homenajes, bien sean cifrados o íntimos, a sus autores más queridos, y en las tierras del ensayo, sus devociones son explícitas.
En el conjunto de sus relatos hay dos escritores que son saludados con fervor en varias oportunidades, pero en dos cuentos el homenaje es evidente. Hay un relato que se titula La máscara feliz, que es una celebración de la vida del poeta cumanés José Antonio Ramos Sucre, y otro relato que se titula Enlace, es lo mismo, una celebración de la vida de Jorge Luis Borges. Y también subyacen en varios relatos la devoción de Balza por el gran poeta alejandrino, Constantino Cavafy.
Hay muchas de sus escenas donde atiende al tono, al olor, a las texturas de la cosa y a la luz, uno lo puede leer como un secreto homenaje al poeta de Alejandría. Incluso los relatos de tema erótico nos remiten a la sensibilidad del poeta alejandrino, una sensibilidad que parece haber sido moldeada en unas playas similares a las de Balza, a la orilla del Mediterráneo, Balza a orillas del delta y del Caribe o del Atlántico. Son autores con el agua al borde del río y del mar, son autores acuáticos, digámoslo así.
Y no hay duda que los cuentos del autor de Jericó son los de un lector, un hombre que ha insuflado su espíritu a la vera de las manifestaciones del arte. Es un diálogo consigo mismo, pero siempre en busca de los otros. Los cuentos de Balza traman un universo tenso, diabólicamente preciso, a veces muy cerca de los abismos, la desolación y sobre todo la locura.
La verdad es que sus relatos no se ciñen a una obsesión espacial: hemos hablado del delta pero eso es una referencia estética, sus relatos no siempre ocurren allí. Hay un relato en Jerusalén, un avión en Caracas o unas habitaciones imprecisas en el sueño o la memoria. Es decir, lo espacial no es el tema de Balza, no es el ámbito de Balza en sus relatos.
Y muchos de estos cuentos ensayan desde distintos ángulos, con distintos caracteres, y lo que un texto puede haberse desarrollado de una manera, pues en otro ocurre exactamente lo contrario. No hay una fórmula en la cuentística balziana, son múltiples en ese sentido, pero están todos cosidos por un narrador que va modelando sus criaturas y por un lenguaje que, como vengo diciendo desde el principio, ama la precisión.
No nos vamos a ocupar en este programa de sus novelas, que es un capítulo vasto, alrededor de seis. Pero sí vamos a referirnos a una entrevista que yo sostuve con José Balza hace algunos años en la que me dijo cosas muy importantes que tienen plena validez. Esta entrevista es de 1987 y yo comienzo preguntándole por su instrumental como crítico, más que narrador, si es una faceta que exploramos a través de esta entrevista.
Yo le pregunto cómo ha organizado el modelo crítico con que se acerca a la literatura y dice Balza: "Independientemente de la elegancia, de la corrección del pensamiento y de las lógicas del desarrollo, un crítico tiene que ser un verdadero conocedor de su estilo, manejarlo con lucidez. Sería peligroso que soltase alguna frase, alguna expresión equivocada, puede crear una confusión por siglos. Aparte de eso, lo que más me gusta encontrar en el libro de crítica es un ángulo, una visión, una manera de tocar el objeto criticado, que siendo absolutamente inesperada por mí sea completamente lógica después de leída.
Su función sería darle al espectador, en el caso la pintura, del oyente de música o del lector de poesía, una porción que existiendo dentro del objeto criticado no era notable, o no era fácil de relacionar antes que él lo viera. No es algo mecánico. El libro de Canetti sobre las cartas de Kafka, El otro proceso de Kafka, no pareciera de crítica literaria pero va a enriquecer la visión que tenemos de la novela El proceso con la vivencia que Kafka tuvo durante los sucesivos compromisos y rupturas con su novia...".
Esto lo cito como un caso extremo, pero, sin embargo, muy válido. Canetti propone una lectura de ese libro absolutamente asombrosa: cuando tú vuelvas a leer El proceso sientes que lo que tiembla en este libro es Kafka mismo y no la sociedad. Aparte de la revelación que un texto crítico tiene que darte, si terminas pensando del libro que estudia igual que antes es porque ese texto no sirve; el texto crítico tiene su deber y su finalidad: dos puntos, cambiar, enriquecer o profundizar tu percepción del objeto literario o artista.
Bueno, esto es clarísimo, señores oyentes, es clarísimo en relación a cuál es el papel del crítico literario o del ensayista. Y sigue diciendo José Balza sobre este tema: "Además, el estilo, y todo lo que dije antes, el crítico al actuar, al tratar de iluminar lo que te quiere decir, obligatoriamente pone a funcionar un sistema conceptual analítico que va a hacer el basamento para demostrar lo que él quiere decir. Entonces esa revelación, que es tan emocional y será parte emocional de la crítica, tiene que estar sostenida por un sólido aparataje o un andamiaje teórico.
Esa es la parte que hace que casi no haya críticos. Ahí empiezas a ver cómo, cuando tratas de saber más del texto crítico, puedes descubrir que no está sostenido en nada, o lo peor, está sostenido en un aparato ideológico que el mismo crítico no conocía". Bueno, esto es extraordinario. Sigue diciendo Balza: "Lo contrario me parece absolutamente admirable, extraordinario, cuando el crítico propone un sistema teórico creado por él mismo. Este caso no se ha dado en la historia, suponte que lo haya logrado Aristóteles.
Aristóteles sistematizó un conocimiento teórico anterior que le dio pauta para apreciar críticamente las obras. Quizás los renacentistas, en su extraña unión entre el cielo y la tierra, también tuvieron la confluencia de un sistema creado por ellos mismos... En el siglo XX la única figura excepcional que he conseguido es Roland Barthes, se propone una posición crítica inventada por él. Seguramente los románticos, no los grandes románticos sino los antecesores, también fueron proporcionando una manera de hacer crítica.
Admiro a los críticos que proponen un sistema propio. Te quiero decir algo respecto a Aristóteles que siempre me ha llamado la atención, a pesar de que él es admirado en la historia de la literatura porque hizo La Poética, y La poética exigencia de cómo debe ser una obra, qué debe tener una obra de teatro para hacer obra de arte. Unidad de acción, unidad temporal, todo lo que se dice que inventó Aristóteles lo tomó de otros. Observó minuciosamente a los grandes trágicos hidramaturgos anteriores, Sófocles, Esquilo, Eurípides.
Él se dio cuenta de lo que aquellos habían hecho de manera intuitiva o intelectual, no sé cómo, y esas exigencias que ellos hicieron a sus propias obras son las exigencias que Aristóteles vuelve cánones, normas, y de ahí parte La Poética. Inteligentemente, Aristóteles tomó lo precedente, no inventó nada, pero lo convirtió en un libro que aún sigue vigente". Esa es una observación muy interesante... muy, muy interesante, y aparece el crítico que nos va a revelar un sesgo distinto sobre Aristóteles.
Y yo voy entonces a preguntarle a Balza: ¿Usted distingue entre el ensayo o la crítica? Y él dice: "Creo que la confusión entre crítica y ensayo es más bien un lindero formal. La única manera que tiene un crítico para exteriorizar su pensamiento o su descubrimiento —y lo que él ha decidido sobre una obra— es escribiendo un texto en prosa". Ese texto en prosa sería la manera del crítico de llegar al lector.
Ese texto en prosa no es un poema ni es una narración, es un ensayo, no tiene otra manera de llamarse. Creo que el crítico necesita expresarse en un ensayo. Este puede tener la brevedad de cuatro cuartillas o un libro entero; de todas maneras es el cuerpo obligado a la crítica. No consigo una forma para que la crítica exista sino el ensayo.
Pero sí habría que diferenciar otra cosa: hay ensayos que no son críticos sino más bien teóricos o descriptivos, y yo le digo, o recreadores también, y él responde, exacto. El ensayo puede servir para que sea la expresión teórica de un autor, suponte por proponer una teoría sobre los indios del Amazonas o el dólar, ese es un ensayo. La diferencia estaría en que también la crítica se tiene que expresar en el ensayo.
En la próxima parte del programa continuamos con esta entrevista con José Balza, donde dice cosas extraordinarias. Ya regresamos. Le pregunto en esta entrevista que sostuve con José Balza hace ya unos cuantos años, sobre la expresión suya de ejercicios narrativos, ¿de dónde viene? Y él explica lo siguiente.
"Es tan sencillo: tendría que partir de una experiencia muy personal y muy lejana. Cuando escribí Marzo anterior, se refiere a una de sus novelas, y tenía entre 19 y 23 años, lo primero que dijeron los amigos que lo leyeron fue: es un ensayo. Yo había tratado de hacer una especie de novela muy ambiciosa, donde el muchacho ante el lector se transformaba en viejo y el viejo seguía siendo muchacho, un tema que me ha apasionado toda la vida. No quería un libro de acción, anécdotas, quería un libro pensamiento, era un personaje que pensaba y estaba pensando todo el tiempo.
Cuando les mostré esto a mis compañeros, ellos reaccionaron diciéndome que eso era un ensayo. Me dijeron que tenía muchas influencias, las influencias de lo que ellos estaban leyendo, claro, que eran muy kafkianas, y como yo estudiaba psicología era muy psicológico. Lo que ellos no saben es que lo estuve escribiendo desde antes de ingresar a la escuela de psicología... La mitad del libro había sido conservado por mí desde antes, porque entré muy tarde a la universidad. En fin, se me planteó algo: ellos veían en ese libro un ensayo sobre personalidad y yo había tratado de escribir una novela.
Esto fue parte de lo que me llevó a no ponerle nunca el título de novelas a esas cosas y les puse ejercicios narrativos, en principio porque quería hacer una narrativa, una narrativa experimental distinta, aparentemente, y luego porque vi que ellos quizás podían tener algo de razón. Quería escribir ficción y me salí al ensayo, al parecer. Para esa época, 22 o 23 años, había escrito algunas notas críticas, entonces pensé: ¿no será que la carga interpretativa, el deseo de comprender un texto, se me va y cuando voy a escribir ficción también estoy escribiendo ensayo?
Esto me preocupó, me angustió, pero me dije: lo que hay que hacer ahora en adelante es seguir la línea que está en los diarios que yo llevo desde niño, analizar, pensar. Desde entonces publico notas sobre libros, películas o alguna exposición y allí a mí me surge la pregunta siguiente: ¿qué papel juega la espontaneidad en el arte? Y él dice: el tema de la inspiración en realidad no es nada despreciable.
Es algo muy importante, muy necesario, solo que la inspiración puede servir para excusar las debilidades de un artista. Suponte que se piense en Andrés Eloy Blanco, se pudiera decir que él estaba inspirado por problemas dolorosos o políticos muy urgentes y que, por lo tanto, la expresión de sus versos tenía que ser también urgente, pero sus versos se resquebrajan cuando los lees 30 años después. No pienso que la inspiración sea lo que justifique la espontaneidad en el arte, no creo en el arte espontáneo.
Puedo creer incluso cuando un poeta escribe un poema que parece surgir como un volcán, ese poema se ha estado madurando por años... En el arte me gusta la espontaneidad de la emoción que quiero transmitir y esa idea deslumbrante que solamente pertenece a la espontaneidad, pero la escritura misma del relato o del poema o de una crítica no puede ser espontánea. Tiene que ser bien macerada, como un masaje que te va llevando al texto".
Y yo le pregunto: ¿un masaje doloroso? Y él dice: "A veces puede ser doloroso, sí. A veces más bien la escritura de algo que no te sale exige tantas revisiones que se convierte en placer. Puede ser muy doloroso, muy terrible, pero también puede ser ingenuo o inocente. Creo más en esa ingenuidad, en esa inocencia de trabajar mucho las cosas porque te salen mal que en la otra inspiración donde todo sale perfecto".
Y finalizando le hago esta última pregunta, esta última precisión, les pido que precise cómo es eso del masaje, y él dice: "Me gusta que todo ejercicio provoque en el lector una complicidad muy especial. Pero alcanzar esa complicidad con los lectores, tengo muy pocos lectores, por supuesto, es muy difícil; sin embargo, los lectores que tengo son despiertos, analíticos, inteligentes. Me gusta llevar al lector a una complicidad e irle dando mensajes disueltos a través del texto que forman la parte conceptual del relato, suponte que quiera transmitir una idea sobre la muerte.
Personalmente pienso que la muerte es algo que viene cuando tú la convocas. La gente no se muere así porque sí, la muerte viene porque tú la convocas. Suponte que ese sea el tema que quiero desarrollar, lo voy presentando en pequeños conceptos, ideas precisas a lo largo de la anécdota para agarrar al lector, enamorarlo, ese es el masaje. Uso el masaje disimuladamente en la ficción y evidentemente en el ensayo.
Me gusta que el hombre que está leyendo sienta en la mente y sienta en el cuerpo. No escribo nada más para tocar lo abstracto, sino por el cuerpo también". Ese es el masaje.
Hasta aquí la entrevista con José Balza, una entrevista de 1987 que titulé con una frase del "No creo en el arte espontáneo". Y bueno, él utiliza, aprovecha para pronunciarse críticamente sobre la poesía de Andrés Eloy Blanco, quién sabe si a lo mejor hoy en día tendrá otra visión de la poesía de Blanco. Balza ha sido muy crítico, ha sido muy honesto en sus posiciones críticas, ha sido un crítico muy duro de la novelística de Rómulo Gallegos, por decirles algo.
Bien, este ha sido un programa sobre José Balza y sobre sus relatos, sobre sus posiciones, conceptos, instrumentos, métodos ensayísticos. Y hemos dejado de lado, con apenas una sola mención, a Marzo anterior y a Percusión, dos novelas de él. Faltan muchas otras, ¿no?, De 700 palmeras sembradas en el mismo lugar, etcétera, pero eso será objeto quizás de otro programa dentro de algún tiempo sobre la novelística de José Balza.
En todo caso, es un hecho que estamos ante un estupendo escritor venezolano que merece toda nuestra atención y toda nuestra lectura. Hasta aquí el Venezolanos de hoy, habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Jan Carlos Caraballo, hasta nuestro próximo encuentro en Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.