Arquitectos Venezolanos. Cap 10 y último. Benacerraf, Gómez de Llarena, Tenreiro.
Moisés Benacerraf (1924-1998) Carlos Gómez de Llarena (1939) Oscar Tenreiro Degwitz (1939)
Transcripción
"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente 30720." En el último programa de esta serie sobre arquitectos venezolanos, este es el programa 10 y último. Vamos a comenzar con Moisés Benacerraf, que nació en 1924. Y ustedes pueden preguntarse.
Bueno, pero ¿por qué estamos hablando al final, si el programa es cronológico, de alguien que nació en 1924? Muy sencillo, porque Benacerraf durante muchos años fue socio de Carlos Gómez de Llarena, que nació en 1939 y es uno de los más recientes arquitectos venezolanos. Como se trata de una firma que trabajó junta durante mucho tiempo, opté por ver la obra de Benacerraf y la de Gómez de Llarena en conjunto. Por eso es que vamos a hablar de Moisés Benacerraf hoy: nació en Caracas en 1924 y falleció en 1998.
Es una historia larga con muchas realizaciones, realmente con mucha, mucha realización. Estudió primaria y secundaria en el colegio La Salle, en Caracas. Y en 1942 se muda a los Estados Unidos y allá se va a graduar de arquitecto en Yale University, en New Haven. Allá va a tener una influencia de varios maestros de la arquitectura moderna.
Fue amigo personal de Calder, de Miró, fue discípulo de Herbert Read y amigo personal de Elia Kazan y de T. S. Eliot, según nos informa Niño Araque en su entrada sobre Benacerraf. Por cierto, Moisés Benacerraf es hermano de Margot Benacerraf, esa gran cineasta venezolana autora de la película sobre Reverón y la de Araya, que son unos clásicos de la filmografía nacional. Va a fundar un taller de arquitectura Guinand-Benacerraf con Carlos Guinand. De ese período van a ser los edificios, a ver, que por cierto están en pie las residencias Montserrat en Altamira Sur.
Eso está en la esquina sur, al lado de una de las entradas del metro; allí estuvo durante años la autoescuela Rossini y hace pocos años estuvo un tiempo la librería Lugar Común, en el edificio al lado. Esa es una edición muy particular; también de estos tiempos son el edificio de Seguros Caracas del Bancounión en la sucursal del este, el edificio de los Cauchos General y la capilla del colegio La Salle. Esa se ve muy claramente desde la Cota Mil, y es un edificio imponente y hermoso.
Seguramente muy poca gente sabe que es arquitectura de Moisés Benacerraf. También el edificio de la Gran Avenida, bueno, ya inexistente. Fue un edificio bastante apaisado; yo lo recuerdo, a lo sumo tenía dos pisos y tenía un estacionamiento. Fue un edificio clásico que comenzó a girar en su actividad comercial alrededor, prosperaba la Gran Avenida.
También lo vamos a tener en la década de los años 50 en una experiencia interesante: junto con Francisco Carrillo Batalla y Carlos Guinand crean una oficina de planificación urbana, planificación de vivienda. Presenta un proyecto para la planificación de Ciudad Piar, la Orinoco Mining Company allá en el estado Bolívar. También presentan planes pilotos en Maracaibo, etcétera, en los campamentos de Judibana, de Támare y de Anaco, vinculados con el mundo petrolero.
Y lo mismo hacen en la refinería de Punta Cardón, que era la compañía Shell de Venezuela. Luego lo vamos a hallar entre el año 1968 y 1975 en una firma de arquitectura que se llamó taller de arquitectura BFG, es decir Benacerraf, Fuentes y Gómez, junto a Manuel Fuentes y Carlos Gómez de Llarena. Luego se separa Manuel Fuentes y entonces la firma Benacerraf y Gómez, que tantísimos trabajos han hecho sobre todo en Caracas.
Moisés Benacerraf a su vez fue un empresario importante, tuvo empresas ganaderas; La Vergareña, recuerdo yo que fue un hato que le perteneció. Fue uno de los hatos con mayor cantidad de cabezas de ganado y de mayor historia y mayor solera en Venezuela. Y también, además de arquitecto, tenía esa mentalidad gerente, empresario o emprendedor, y eso lo ayudó mucho en sus realizaciones.
A partir de 1975, entonces todo lo que hace Moisés Benacerraf lo hace en conjunto con Carlos Gómez de Llarena, y habría que atribuirles a los dos la realización de un conjunto muy, muy importante de obras, sobre todo en Caracas y en el litoral, porque también en el litoral ha habido obras importantes de la firma. Entremos entonces a darles algunos datos de la biografía de Carlos Gómez de Llarena, un venezolano que nace en Zaragoza, España, el 7 de octubre de 1939, y estudia la primaria y secundaria en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid. En 1955 se traslada a Venezuela con su familia, con sus padres.
A finales de 1958 inicia sus estudios en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela. En 1967 culminará en la Universidad de Los Andes, donde obtiene el grado de arquitecto. Ese período académico recibe una marcada influencia de los profesores José Miguel Galia, Martín Vegas Pacheco. Trabajó entonces con Jimmy Alcock, siendo muy joven.
Yo sostuve con él una entrevista hace unos cuantos años, en el año 2003, para un libro que se titula España y Venezuela, 20 Testimonios. En la próxima parte del programa les leeré algunas reflexiones de Carlos Gómez sobre la arquitectura, muy interesantes, y algunas visiones sobre su propia obra. Recordemos entonces que en 1975 funda con Moisés Benacerraf el taller VG Arquitectos y comienzan de inmediato a tener muchísimo, muchísimo trabajo.
Es un trabajo que iremos viendo a lo largo de este programa y lo iremos comentando, comentando. Antes de entrar en la firma Benacerraf y Gómez, recordemos también que la firma Benacerraf, Fuentes y Gómez, en el año 68 hizo un edificio en la parroquia San Juan. Un edificio de apartamentos en la parroquia San Juan: como ustedes saben, en esa época, en 1968, se cruzaba de la parroquia San Juan hacia El Paraíso por el Puente Ayacucho y había una vinculación muy estrecha entre ambos sectores.
Aunque el sector San Juan era un sector que seguía la retícula urbana, El Paraíso ya era una urbanización, la primera de las urbanizaciones concebidas con criterios, vamos a llamar, distintos a la retícula urbana, aunque también tenían trazado relativamente reticular, lo tiene, porque esas calles están allí, pues, y están allí sus árboles también, sus caobos y sus mijaos, que ya son más que centenarios, porque El Paraíso es una urbanización que comienza a construirse en 1895, la más antigua de las urbanizaciones de Caracas. De esa época también será un centro comercial en Bellomonte, en 1970, que lo diseñan entre los tres integrantes de la firma.
Ya después, separados, comienza el trabajo propiamente de la firma Benacerraf y Gómez de Llarena, uno de sus primeros hitos, uno de los trabajos iniciales de gran resonancia que les valió un premio nacional de arquitectura es la Torre Europa. La Torre Europa, como ustedes saben, está allí en la avenida Francisco de Miranda, llegando a la plaza José Martí en Chacaíto. En diciembre de 1976, en la Sexta Bienal de Arquitectura, le fue otorgado ese premio.
Es un edificio realmente inconfundible, fue un edificio muy celebrado por los arquitectos y por los transeúntes, entre otras cosas por la integración que el edificio plantea con la avenida Francisco de Miranda, con las aceras, y de alguna manera inspiró los edificios posteriores que han ido desarrollándose en ese mismo sector. En la próxima parte del programa continuaremos revisando la obra de Benacerraf y Gómez de Llarena. Ya regresamos.
Veníamos hablando en la parte anterior del programa de la obra de Carlos Gómez de Llarena y Moisés Benacerraf. Veamos ahora la Torre América, que es una torre que tiene un sistema de ventanas interesante; popularmente se le conoce como la mazorca porque les parece que la estructura es como de una mazorca de maíz, por supuesto. Hay otro edificio muy parecido cerca de la estación Bellas Artes, enfrente de Parque Central; en ese caso las ventanas son verdes, las de la Torre América son ventanas amarillas.
Allí se ve que estaban buscando un elemento identificatorio del edificio, a través de la ventana; son unas estructuras plásticas, me parece a mí, con unos vidrios aislantes, y la verdad es que el proyecto, si lo que buscaba era identificar claramente en la proposición, eso se logra en la Torre América. También estos años del trabajo de ellos van a ser muy importantes en Caraballeda porque allá van a construir el Hotel Meliá Caribe. Ese hotel construido al lado del Macuto Sheraton fue un hotel importantísimo; yo recuerdo la inauguración de este hotel, las líneas que tenía, un hotel grande.
Hoy en día entiendo yo que está en reconstrucción, no sé si se están respetando los parámetros de los arquitectos originales. En todo caso el Hotel Meliá Caribe fue un hito importante para el litoral varguense, y esas líneas suaves que tenía, un poco como emulando las ondulaciones del mar y las olas del mar, hacen de aquel edificio blanco una presencia importante. Lo mismo va a ocurrir con otra obra de ellos en Caraballeda que es la residencia de Caraballeda. Es una residencia geriátrica, un ancianato para personas de muy avanzada edad, regentado por la Fundación Armando y Anala Planchart.
Para personas que probablemente en los últimos años de su vida quisiesen vivir frente al mar, aunque está en una montaña con vista al mar, siempre vivir cerca del mar a poca altura es más recomendable para las personas de mayor edad, y allí tenían y tienen los servicios médicos o enfermería. Los cuartos, los que lo conozco, son aireados, hermosos; hay un trabajo con la luz importante, y también tengo testimonios de muchas personas que pasaron allí los últimos años de su vida muy agradecidos por la arquitectura de aquel lugar. Una arquitectura amable pensando en quienes están viviendo la despedida, de modo que eso se agradece y también se agradece la existencia de esa institución financiada por la empresa privada.
También en Caraballeda construyeron el edificio La Jolla en 1981; es un edificio de playa en la avenida costanera de Caraballeda, también muy hermoso y pensando, por supuesto, el entorno marino que está construido. Este edificio, con motivo del deslave, seguramente el entorno del edificio padeció particularmente porque todas esas casas y esos edificios de la costanera con el deslave padecieron notablemente. Yo recuerdo que en la casa de Arturo Uslar Pietri, por ejemplo, en el salón de la casa terminó incrustado un Fiat rojo para darles un ejemplo.
Y hay un relato extraordinario, una entrevista que le hacen a quien era alcalde de la zona, que se lo llevó la crecida por unos tubos de agua y terminó en el ducto del salón de esa casa, porque ahí lo envió el agua. De modo que los daños de la vaguada de 1999 en esta zona fueron importantes y seguramente el edificio La Jolla no se escapó de eso, pero hoy en día debe estar reconstruido. No sé si la zona, porque la zona todavía está, digamos, bastante afectada en cuanto al pavimento de las calles, etcétera.
Y de estos años también va a ser un edificio verdaderamente hermoso que era, hoy en día no sé qué es, pero era la sede del Banco Unión en el centro de Caracas, un edificio de mármol o piedra. Yo no sé si eso es mármol rojo, vinotinto; todo se hizo con esa misma piedra. Entiendo que extraída en Venezuela, ese edificio tiene una plaza a la que se llega bellísima, donde se crea un microclima con el correr del viento; es un edificio verdaderamente hermoso, imponente.
Una de las obras de ellos que a mí en lo particular me gusta y me interesa, algo verdaderamente hermoso. Y como también ocurre con ese edificio, como con muchos que son muy buenos edificios, es que envejecen muy bien, envejecen como clásicos ya de una sola vez, y eso es lo que uno advierte en un edificio como ese. Después vamos a entrar en un período de esta firma particular de Carlos Gómez de Llarena muy importante, y es un período de obras públicas de gran significación para Caracas.
Lamentablemente, un período en el que no se concluyeron las obras por los cambios de gobiernos y los cambios de criterio de diversa naturaleza. Me refiero al Palacio de Justicia, que realmente yo entiendo que no se terminó; ahí está funcionando, pero falta, entiendo, hacerle la plaza central. Los trabajos no concluyeron, pero lo que se hizo uno lo advierte y advierte un proyecto bien importante. Estamos hablando del Palacio de Justicia que está, para que nos ubiquemos, hacia el este de las Torres del Centro Simón Bolívar, los de Cipriano Domínguez.
Entre las Torres del Centro Simón Bolívar viene después la plaza Diego Ibarra y después viene el Palacio de Justicia. Esta es obra de Carlos Gómez de Llarena, de la firma Gómez y Benacerraf, es una obra de alrededor de 1985. Año también en el que el gobierno de Jaime Lusinchi decide, con justicia y con buenas razones, homenajear al doctor José María Vargas, ese médico insignia extraordinario venezolano. Se le entrega el diseño del parque José María Vargas a Gómez de Llarena y el parque es la avenida Bolívar, la avenida Bolívar pasa a ser el Parque José María Vargas.
Estaba previsto un sistema de pérgolas; se llegaron a construir algunas pocas allí, ese sistema de pérgolas iba a ir a lo largo de toda la avenida, y a los lados de la avenida se construyeron edificios públicos importantes. Ahora, ¿de qué naturaleza esos edificios públicos? Pues la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas que está allí es un edificio como pensado hacia abajo, es un edificio como si fuese un sótano en varios pisos con una luz en la parte superior; es un edificio, a mí me gusta mucho, muy hermoso por la entrada de la luz. Por la acústica que se crea allí y era un viejo anhelo de los estudiantes de artes visuales venezolanas que la escuela, la escuela insignia de Venezuela, Cristóbal Rojas, al menos de Caracas, tuviese un lugar digno.
Esa obra es diseño de la firma Benacerraf Gómez de Llarena; desde 1987 fue una de las primeras que se inauguraron en el plan del parque José María Vargas concebido a lo largo de la avenida Bolívar. Y también comenzó a construirse y tardó muchos años la Galería de Arte Nacional, la nueva sede de la galería. Estamos hablando que se tomó desde el año 1990 al año 2009 cuando fue finalmente inaugurada la Galería de Arte Nacional. Cuando eso ocurrió, la sede antigua de la Galería de Arte Nacional volvió a ser del Museo de Bellas Artes, como era originalmente.
Siempre se pensó que la Galería de Arte Nacional ocupando los espacios del Museo de Bellas Artes diseñado por Villanueva era perentorio, era temporal, era mientras se construía la Galería de Arte Nacional, cosa que finalmente se hizo y ahí está, en un costado de la avenida Bolívar, en lo que alguna vez fue el Parque José María Vargas. Y ojalá vuelva a hacerlo, porque era un proyecto bien pensado, hermoso, y es rescatable en muchos sentidos. Ojalá, en un cambio de políticas públicas, eso pueda retomarse, además del homenaje al doctor Vargas, que es un hombre excepcional, uno de los grandes civiles de Venezuela.
Bien, en la próxima parte del programa veremos las obras todavía más recientes de esta firma y leeremos algunos párrafos de ideas que tiene Gómez de Llarena sobre la arquitectura. Ya regresamos.
Bien, les decía en la parte anterior del programa que ventilaríamos, conversaríamos sobre algunas opiniones de Carlos Gómez de Llarena sobre la arquitectura. Opiniones que me expresa él en una entrevista que titulé "La apasionada caraqueñidad de un arquitecto español". Esto está en el libro España y Venezuela, 20 Testimonios, son veinte entrevistas que yo recojo; fue publicado en la colección de la Fundación para la Cultura Urbana, donde hicimos un trabajo sostenido sobre la contribución, la participación de los inmigrantes en Venezuela, que ha sido determinante.
Venezuela es un país de inmigrantes en buena medida. Yo le pregunto allí: ¿cuándo y por qué llegaste a Venezuela? Y él me dice: "Yo llegué a Venezuela en octubre del cincuenta y cuatro, con quince años recién cumplidos. La responsabilidad de venir a Venezuela no es mía, sino de mi papá, que estaba aquí desde tres años antes. Él hizo la guerra en España. Mi familia es toda monárquica, para más señas, carlista.
No es que fueran contrarios a Juan Carlos, pero ellos apoyaban la corriente de Carlos Hugo; mi familia ha sido monárquica toda la vida y mi papá hizo la guerra en España al lado de Franco no por franquistas sino por carlistas. Él había empezado a estudiar arquitectura en Madrid y andaba ya por segundo o tercer año cuando estalló la guerra, se retiró e hizo una carrera importante como comandante de aviación y después de la guerra se quedó en la aviación. Ya había nacido yo, en octubre del 39, el que llamaban ellos el Año de la Victoria. Entonces papá, ya casado y con un hijo, no pudo volver a estudiar.
Se dedicó a la aviación". Y entonces él me relata que llegan en el... Yo le pregunto: ¿tus primeros 15 años los pasas en Zaragoza? "No, los pasé en varios sitios", me responde. "Nací en Zaragoza. Después, creo que la primera vez que viajé fue a Marruecos, porque mi papá era piloto personal del alto comisario de España en Tetuán". De modo que aquí me refiere sus recuerdos de Marruecos, etcétera.
Y cuando llega aquí a Venezuela, en esa época había que hacer el quinto año de Bachillerato en una universidad y él lo hizo en la recién creada Universidad Católica Andrés Bello. Y me dice: "Bueno, entré ahí, los compañeros míos eran José Antonio Abreu, José Ignacio Cadaviego, Carlos Enriquecín... Me llamaban el españolito", y me refiere una cantidad de recuerdos de esos años juveniles ya aquí en Caracas. Toda su familia regresa a España menos él; Carlos Gómez se quedó toda su vida aquí. Estamos hablando de un hombre de 80 años que ha hecho toda su vida en Venezuela; aquí han nacido sus hijos, etcétera.
Y yo le pregunto: ¿cuáles son los arquitectos que forman tu panteón personal? Me imagino que habrán algunos españoles y algunos maestros venezolanos también. Y él responde: "De los venezolanos, indudablemente, la obra de Villanueva es impresionante. Después tengo maestros míos que me han enseñado directamente, que han sido Galia, Martín Vegas y en cierta manera, más coetáneo mío, Jimmy Alcock, que fue también de los primeros con quienes trabajé. Aprendí viéndolo trabajar e incluso discutiéndole cosas, no estando de acuerdo, pero viendo la elegancia que tiene, la manera que tiene de resolver. Luego, en mi último año, elegí el profesor para mi tesis a Jesús Tenreiro".
"En España me encanta Rafael Moneo. Me gustan no todas las cosas de él, me parece que caen excesos de virtuosismo y a veces lo desconozco, pero creo que hay obras como el Museo de Arte Romano de Mérida, que es un insertado de piso nuevo en unas ruinas romanas, y el edificio que hizo en Sevilla frente a la Torre del Oro, que son extraordinarios". Entonces también yo paso a preguntarle sobre su obra. Le pregunto: ¿y cómo es tu relación con tu obra? ¿Cómo te relacionas con esos espacios que salieron de tu mesa de dibujo? Él dice: "Es complejo decírtelo. A mí se me ha parecido a cuando tú lees un libro tuyo o un artículo tuyo".
"Me gusta, lo reconozco, me acuerdo de todo lo que me costó hacerlo, aunque también sé que si hoy lo hiciera lo haría diferente. Eso es cierto". Yo le pregunto: ¿y no le ves defectos? "Sí, claro, primero los defectos evidentes porque no lo construyeron como yo quería. Después defectos de cosas en las que me equivoqué, después las cosas en las que la pegué. ¿Te acuerdas que a lo mejor en algunas de las muchas discusiones con ingeniería municipal o con los propietarios o el constructor no tenías que haberte dado por vencido y tenías que haber peleado más?" Entonces es una especie de masticar, digerir eso otra vez.
"Y me pasa con todo; unas obras son más exitosas y otras son menos. Básicamente, digamos, en un gran porcentaje estoy muy contento de las cosas que he hecho, particularmente con la relación con la ciudad. Yo pienso que un edificio o un palacio de justicia tienen que hacer ciudad, porque creo que la ciudad se hace justamente con esa gran construcción hecha de ladrillos. Cada edificio mío o nuestro, porque son hechos prácticamente todos con Moisés Benacerraf, son obras en las cuales ese enfoque está plasmado".
"La Torre Europa es un edificio que se vuelve un mito, no te voy a decir las cosas que tiene, pero digamos hay cierto reconocimiento de una esquina, de un espacio, de un alineamiento. En el caso del Banco Unión era hacer una plaza que tuvimos que pelear, pero se peleó y se ganó un espacio que no existía, un espacio abierto al que además le hicimos el programa de todos los espacios culturales arriba, en el auditorio y la sala de exposiciones. Aunque nos lo pidieron, la conexión con la calle por la que uno pasa y baja en la escalera mecánica que va al metro son cosas urbanas, porque con esas cosas es que uno arma una ciudad".
"Y en el Palacio de Justicia, el problema era hacer la plaza que no está todavía hecha porque eran dos edificios independientes, y cómo hacer de dos edificios un palacio con un espacio interior que es una plaza cubierta. Yo me planteo siempre ese problema de hacer ciudad, que es un problema que tengo que resolver incluso a costa del propietario. Ahora estamos, por ejemplo, con el proyecto que ganamos de la Plaza Venezuela; este proyecto después no se hizo".
Bien, es interesante ver la visión que tiene Gómez de Llarena en relación a la obra, con la construcción de la ciudad. Y eso se ve bastante claramente en uno de sus edificios más importantes y uno de los más recientes, por cierto, que es el Centro San Ignacio, ese centro que tiene dos torres de oficina, Kepler y Copérnico, una zona propiamente comercial y crea unos espacios que parecen una calle, una calle todo abierto. Es un centro comercial verdaderamente integrado a la ciudad, de hecho.
La avenida que viene subiendo desde la Francisco de Miranda, esa avenida, no recuerdo si se llama San Ignacio; hoy en día se llama Arturo Uslar Pietri y no lo recuerdo con claridad. En todo caso, esta avenida pasa por debajo del centro comercial San Ignacio, integrando la ciudad al centro comercial. Es uno de los centros comerciales mejor logrados en Caracas, me parece a mí. Esas dos torres ovaladas, entiendo que falta una tercera torre en la esquina que queda enfrente del Centro Comercial Mata de Coco, aquel que diseñó Tomás Anabria hace ya muchos años.
Ese edificio, ojalá se construya, termina de darle un sentido conjunto a toda la obra, los dos edificios del centro comercial y este edificio de oficinas. Ojalá se haga; en estos días vi un movimiento de tierra por allí, ojalá sea eso. En todo caso el Centro Comercial San Ignacio es una prueba de esta tesis de Gómez de Llarena de integrar la obra a la ciudad y que en la medida en que estás haciendo obra estás también contribuyendo con las zonas amables o las zonas urbanas, habitables, humanas de la ciudad en su vertiente peatonal, que es lo que nos interesa.
Porque ahí es donde está propiamente la ciudad que queremos y se camina. Finalmente, en esa entrevista yo le pregunto: ¿y de tus obras terminadas hay alguna por la que sientas una relación afectiva en particular, te gusta más que otra o eso es difícil preguntárselo a un arquitecto? "Es difícil", me dice él. "¿Te puedo decir las que controlé? Por decirlo así, es como si tú te metieras en la imprenta con un libro y una vez que entregues el manuscrito te olvidas".
"En cambio otras veces estás ahí viendo cómo son las páginas, cómo es el lomo, y dices, la letra pónmela ahí, digamos que estás controlando. Esto lo logré con algunas obras más que con otras. ¿Con cuál? Lo logré más, creo, que con el Bancounión, la sede principal del Bancounión que ya referimos está bien construido y las decisiones están hasta en el último detalle. Hicimos un trabajo muy importante, los colores incluso, la forma del edificio, las geometrías están relacionados con el logotipo que está dibujado en el piso, en mármol".
"Por lo tanto, para cambiar ese edificio tienen que cambiar el logotipo y el nombre. Dentro de los que se hicieron bien están la Torre Europa, el Ancianato de Caraballeda, el Meliá Caribe, en menor medida porque se metieron los decoradores del Meliá, y el Centro San Ignacio también tiene como 92% de lo que uno quiso hacer". Bien, hasta aquí la obra entonces de Carlos Gómez de Llarena y de Moisés Benacerraf. Yo finalmente le digo que el San Ignacio parece un barco y él dice: "Sí, supieras que tiene algo de eso".
"Pero antes estaban allí las tribunas del fútbol del colegio y a mí se me ocurrió que las gradas fueran los diferentes pasillos comerciales y de ahí me salió la idea del centro comercial como espectáculo, con unas gradas. Eso lo saqué de la tribuna aquella que por atrás tenía unas columnas verticales". Interesante, ¿no? De cómo lo que estaba antes inspira para lo que va a estar ahora, para lo nuevo o para la novedad. Bien, hasta aquí entonces, como les decía, la obra arquitectónica de Gómez de Llarena y Moisés Benacerraf, una firma de muchos años en Venezuela.
En la última parte del programa veremos la obra de Óscar Tenreiro. Ya regresamos. Óscar Tenreiro nace en Caracas en abril de 1939 y realiza sus estudios de arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, entre 1955 y 1960. Y ese período coincide con los años finales de la dictadura de Pérez Jiménez y eso cambió los intereses docentes en la facultad, y por ello Tenreiro viaja a Chile en 1960 a adquirir experiencia en el campo de vivienda de interés social, dice Niño Araque en su entrada sobre Óscar Tenreiro.
Luego se va a Francia a seguir cursos cortos de prefabricación y urbanismo entre el año 61 y 62 e ingresa como profesor en la Facultad de Arquitectura de la Central, en 1962. Y tiene la oportunidad de profundizar en el estudio de la obra de Le Corbusier, según Niño. En 1964 lo tenemos trabajando en la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano y a partir de 1967 comienza su trabajo como arquitecto independiente con el diseño de urbanización La Rosaleda, en las afueras de Caracas. También, propiamente su obra, vamos a tener el diseño de su casa, que los entendidos consideran una obra importante; es de 1966.
El propio Tenreiro, pues obviamente ha cuidado mucho ese hito; también años después construye la Casa Diep, en 1979, y vamos a llegar así muy rápido a su obra construida, porque tiene muchísimos proyectos y muchos reconocimientos y premios que no fueron construidos por distintos motivos. Pero vamos a llegar a su obra construida pública de mayor importancia, que es la Plaza Bicentenario. Esa plaza es una decisión del entonces presidente de la República, Luis Herrera Campins; se construye entre 1982 y 1987. Y es una plaza que le da una explanada al Palacio de Miraflores.
A ver cómo lo explico: el techo del edificio es la Plaza Bicentenario, propiamente esa explanada que está allí frente al Palacio de Miraflores. Es decir, ustedes saben que el palacio estaba montado en una colina; la Plaza Bicentenario tiene unos cuantos pisos, digamos cuatro, alrededor de 4 o 5 pisos, y crea esa explanada al mismo nivel del palacio y debajo hay todo un conjunto de oficinas, ahí están las oficinas para el servicio de prensa. Recuerdo yo unos estacionamientos muy grandes y oficinas de servicios y de trabajos también administrativos vinculados con esa institución que es la Presidencia de la República de Venezuela.
¿Por qué se llama Bicentenario? Bueno, porque se hace en el marco del Bicentenario del Nacimiento del Libertador, que fue en 1983. Se comienza en 1982 y va teniendo distintas etapas de realización la plaza, en esa oportunidad el bicentenario que le tocó a Luis Herrera Campins celebrarlo; pues se construyeron varias obras en Venezuela, recibimos la visita de mucha gente, muchos dignitarios extranjeros y se construyó esta plaza, que fue la obra, digamos, más importante vinculada con la celebración del bicentenario. Realmente era algo que le hacía falta al Palacio de Miraflores, una ampliación que le diera un respiro y unas posibilidades, no solo ambientales sino también para el desarrollo de las tareas que allí se desempeñan en el palacio.
Luego, en años más recientes, encontramos obra de Tenreiro en Puerto Ordaz, donde estaba la concha acústica, la biblioteca comunal y el comedor popular del alcaldía de Caroní. Esas son obras también en los años 2000-2010, se construyen varias escuelas públicas modulares diseñadas por Tenreiro. Además Tenreiro es un articulista importante, no solo de temas arquitectónicos, donde por supuesto sus opiniones son de gran peso, sino también en temas políticos porque Tenreiro tiene una formación política importante. Allí hay una experiencia y un decantamiento de la experiencia política por parte de Tenreiro.
Bien, hemos llegado al final de esta serie de 10 programas donde hemos revisado unos cuantos arquitectos venezolanos y sus obras esenciales. Como ustedes comprenden perfectamente, este es un programa divulgativo, no estamos haciendo crítica a la arquitectura; lo que pretendemos es que quienes nos escuchan conozcan un poco de los arquitectos de su país, que puedan reconocer incluso cuando van por la calle quiénes son los arquitectos que construyeron las obras más importantes. La arquitectura venezolana es muy buena, a mi juicio; tiene momentos extraordinarios, hay belleza, hay un sentido artístico muy desarrollado en muchos arquitectos venezolanos y también, por supuesto, un sentido funcional importante.
Este fue entonces nuestro programa 10 y último de esta serie de arquitecto venezolano. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca; me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián y Fernando Camacho, y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico RafaelArraiz@hotmail.com y en Twitter @RafaelArraiz. Hasta nuestro próximo encuentro.