Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Cap 2
102 años cruciales. La creación de la República de Venezuela.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En nuestro programa anterior ya comenzamos a ver la Compañía Guipuzcoana y todo lo que significó para Venezuela. Muchos estudiosos e historiadores se debaten, unos a favor y otros en contra. Los que están a favor se preguntan si fue beneficioso para Venezuela la presencia de la Compañía Guipuzcoana y los que están en contra toman partido diciendo que no lo fue, y hay posiciones intermedias valorativas de una causa o la otra.
Lo cierto es que la Compañía Guipuzcoana, al plantearse como un monopolio comercial que a su vez tenía el poder político, también porque el gobernador designado por la corona para la provincia de Venezuela era también un funcionario de la Compañía Guipuzcoana. Ahora, ciertamente hay dos tipos de afectados por el trabajo de la compañía: los llamados grandes cacaos, que eran los terratenientes y los poseedores de grandes extensiones de tierra. Por lo general eran los nobles caraqueños, me refiero al Conde de Tobar, el Conde de San Javier, el Marqués del Mijares y el Marqués del Valle de Santiago. Y también los productores menores, que los va a representar, como veremos luego, Juan Francisco de León y su rebelión de 1749 y 1751.
De modo que si ciertamente los productores locales se ven afectados por la fijación de precios para la compra de sus productos y la fijación de precios para la venta de los productos que trae la Compañía Guipuzcoana desde España, de modo que ellos van a estar en un mundo muy inconveniente.
Veremos luego cómo también la rebelión de Juan Francisco de León, para algunos, es una rebelión precursora de la independencia, como lo fue para Arístides Rojas, y como para otros, como Eduardo Arcila Farías, se trató de una revuelta en contra del monopolio de la Compañía Guipuzcoana y en ningún caso una proto-revuelta independentista como señalaba Rojas. Y también hay una discusión sobre la causa de disolución de la Compañía Guipuzcoana. ¿Por qué se disuelve?
Para Arcila, cito: "La causa principal debe verse en el criterio que predominó en el gobierno de Carlos III, colocado en el camino de la libertad de comercio desde su decreto de 16 de octubre de 1765; a nadie debía sorprender que un paso más fuera adelantado en este camino". Esto es cierto, pero la Compañía Guipuzcoana cesa en sus funciones en 1784, ya 19 años después del decreto de libre comercio de Carlos III, y cabe la pregunta: bueno, ¿por qué se extendió tanto? De modo que una de las causas de la disolución de la compañía probablemente fue el decreto, junto con otros factores porque, de lo contrario, no se entiende casi 20 años entre el decreto y la disolución.
También se argumenta que el decreto no deshace a la compañía, sino que propone la libertad de comercio que la negaba de hecho, la existencia de la compañía. Pero, en todo caso, estas son discusiones especialistas sumamente interesantes, pero no vienen al caso ventilarlas de manera tan específica. Lo que sí es muy interesante ventilar son las opiniones sobre cuál era la situación de la compañía y Venezuela hacia el final de la existencia de la Compañía Guipuzcoana. Esto lo trabaja de manera muy interesante Gerardo Vivas Pineda en su libro La aventura naval de la Compañía Guipuzcoana de Caracas.
Dice Vivas Pineda: "La Compañía asienta la marcha de sus giros sobre tres pilares fundamentales: los privilegios concedidos por la corona, su propia flota mercante y la alta rentabilidad de sus operaciones comerciales". Claro, la alta rentabilidad de su operación comercial no se debe a las destrezas empresariales que estaban compitiendo en un mundo del mercado libre; por el contrario, la alta rentabilidad se debe al monopolio. Fijaban los precios de compra de productos y lo que ellos traían a Venezuela, de modo que así cualquiera tiene una alta rentabilidad en sus operaciones.
Sin embargo, el propio Vivas Pineda señala que la situación de la compañía, hacia el final de su existencia, era muy precaria porque había prestado grandes cantidades de dinero a los productores para que cultivaran las tierras y posteriormente les vendieran a ellos los frutos de su trabajo. Y la recuperación de esos préstamos no fue, al final de la compañía, todo lo rápido que se esperaba y la situación era sumamente comprometida para la Compañía Guipuzcoana, por lo cual Vivas Pineda también considera que este fue uno de los factores para que ello ocurriera, sumado, ¿verdad?, al factor que señalamos de Arcila con anterioridad.
También en esta discusión de trabajos e investigaciones apasionante está la opinión de Michael McKinley. Es un libro que yo estimo muchísimo, se titula Caracas antes de la independencia; es una tesis doctoral de McKinley en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Hoy en día McKinley es un funcionario diplomático norteamericano. La última huella que tuve de él supe que estaba embajador de los Estados Unidos en Bogotá, en Colombia.
Este trabajo de McKinley, que vivió en Venezuela mientras hacía su doctorado y su investigación en archivos, es un extraordinario libro. Allí dice McKinley, voy a citarles un párrafo: "El estado de la economía en la provincia, en 1777, no era particularmente sano. La Guipuzcoana, nominalmente a cabeza de esta economía, se hallaba en poco envidiable posición por haber prestado más de 2 millones de pesos, suma que sobrepasa el valor de las exportaciones totales anuales, y la compañía tenía pocas oportunidades. Sus intentos de contrabando no lograban resolver sus problemas de liquidez y su participación en el comercio para proporcionarles esclavos a la provincia resultó un fracaso".
Los productores agrícolas de la provincia, los comerciantes no vinculados con la compañía, también habían recurrido al contrabando en busca de precios más altos para sus productos e importaciones más baratas o abundantes. Pero el contrabando no era una solución a largo plazo para las necesidades de una economía aún dedicada exclusivamente a la producción del cacao, un producto que no tenía mucha demanda fuera de la Madre Patria y Nueva España. Introduce McKinley aquí un factor importantísimo que es el contrabando. Vamos a plantearlo de esta manera: cuando termina la compañía, los registros de exportación de cacao de Venezuela crecen de un año a otro de manera asombrosa.
Eso no puede deberse a que el crecimiento del cultivo y de la exportación de uno a otro puede crecer en un porcentaje cercano al 100%, imposible. ¿Qué refleja entonces esa cifra? Refleja que había una producción mayor que la que declaraba la Compañía Guipuzcoana. Esto podía deberse a dos factores: a que, en efecto, había una producción muy alta que se iba por el contrabando, que no la contrabandeaba obviamente la Compañía Guipuzcoana, y esa producción no entraba en los registros, y el otro factor, que también cobra mucha fuerza, la hipótesis, es que la Compañía Guipuzcoana también contrabandeaba cacao.
Es decir, que hacía las dos cosas: que reservaba una parte importante para enviarla a España de acuerdo con la solicitud del rey, y que había otra parte que la vendía en otros mercados a precios mejores que los que la propia compañía pagaba. Es un caso sumamente curioso, esta especie va a presentar Arcila Farías como una de las posibilidades en esa investigación tan extraordinaria del maestro Arcila Farías. De modo que estos son los años de la compañía guipuzcoana y cómo el contrabando, que fue el motivo por el que nació la compañía guipuzcoana, es el motivo central por el que el rey la crea en 1728, sigue siendo un factor fundamental 50 años después.
¿Qué quiere decir? Que el monopolio de la Compañía Guipuzcoana no resolvió el principal problema del contrabando, sino que, por el contrario, lo estimuló. Porque sí es cierto que el sistema crediticio de la Compañía Guipuzcoana, de prestarle recursos a los productores para que aumentaran su producción, funcionó y la producción del cacao creció notablemente. Pero esa producción no se iba toda en los barcos de la Compañía Guipuzcoana, sino también se iba por los caminos verdes del contrabando.
En la siguiente parte del programa continuaremos revisando este tema fascinante de la Compañía Guipuzcoana y el contrabando, fundamentalmente de cacao, que era la producción. Veníamos hablando de la Compañía Guipuzcoana y el contrabando, que hay un investigador norteamericano, Ronald Hossie, en su libro La Compañía de Caracas 1728-1784, en el que señala que esta fue la causa de la misma versión que cosechó la compañía entre los criollos, es decir, el combate al contrabando. Vamos a citar a Hossie, que abona la tesis de McKinley y de Arcila. Dice Hossie: "La Compañía de Caracas frecuentemente fue culpable de dirigir su monopolio en perjuicio de la colectividad, culpable por su intervención en el comercio legal de sus competidores y merece reproches por su política de precios. Ciertamente, algunas veces creó escasez de mercancías y faltas del mercado para los productos venezolanos; con frecuencia sus agentes fueron hombres dominantes, bruscos y sin tacto".
"Los ministros reales, con algunas excepciones, fueron criaturas suyas, pero la compañía hubiera sido odiada igualmente si no hubiera tenido nada de esto. Los venezolanos vieron su mayor pecado en su oposición al comercio de contrabando". Y eso es cierto, ya además unida a tirios y troyanos porque el monopolio de la Guipuzcoana perjudicaba tanto a los grandes cacaos que mencionamos como a los productores pequeños que preferían vender el cacao por la vía del contrabando que entregárselo a un precio muy bajo, que apenas cubría los costos de producción. Entregárselo en esas condiciones.
De modo que las molestias de los criollos en relación con la compañía no son un invento. Otros trabajos muy interesantes, el de Montserrat Gárate o Janguren en su libro La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, esta es una visión muy vasca, muy vizcaína, que fue: ella considera que fue una gran empresa que actuó con gran eficiencia, a pesar de las intromisiones del rey. Realmente es una visión desde allá, para los intereses de los vascos y la corona. Nosotros estamos ofreciendo una visión desde acá, también conviene señalar una visión desde allá.
Es decir, con todos los problemas que tuvo la Compañía Guipuzcoana, resultó un buen negocio para los que la ejecutaban, por supuesto un muy mal negocio para los perjudicados. Es decir, los criollos venezolanos, o depende del cristal con que se mire, dice el refrán. John Lynch, por su parte, este extraordinario hispanoamericanista, de los mejores historiadores de América Latina y de Hispanoamérica, es lo mismo, en su libro titulado La España del siglo XVIII dice lo siguiente.
La Compañía de Caracas expulsó a los holandeses, se apropió del comercio del cacao, introdujo nuevos productos como el tabaco, el índigo y el algodón, y en el plazo de 20 años convirtió una provincia dominada por la pobreza en una economía exportadora que producía un excedente para metrópoli. Una visión optimista, la de Lynch, y sin embargo con mucho de verdad porque es cierto que en la incursión crediticia financiera de la Compañía Guipuzcoana logró incrementar la producción de cacao y estos otros productos que le está señalando: el tabaco, el índigo y el algodón.
Eso no lo ponemos en duda, lo que ponemos es la conveniencia para los criollos de la existencia de un monopolio comercial. Reconoce Lynch más adelante, después de este párrafo, que la Compañía de Caracas era detestada en Venezuela. Es decir, concluimos que era amada por unos y detestada por otros, dependiendo de a quién beneficiaba. De modo que podemos comenzar a llegar a algunas conclusiones sobre la Compañía Guipuzcoana.
La primera es que desempeña un papel histórico sin la menor duda en la medida en que acentúa la capitalidad caraqueña al establecerse en La Guaira y en Caracas, y el gobernador establecerse en Caracas. Se acentúa la capitalidad caraqueña de la futura República de Venezuela, de eso no hay duda. Si está en discusión o si trajo beneficios económicos para la provincia de Venezuela, que haya traído beneficios económicos para la corona y los vizcaínos no hay duda, pero en líneas generales el balance es positivo para ellos.
¿Será positivo para los criollos? Bueno, pues no del todo, por todas las circunstancias que hemos señalado: un monopolio fija el precio de entrada de los productos y salida de lo que se produce y no deja margen al libre mercado, lo que termina perjudicando a los productores. Obviamente esta situación es la que va a explicar la rebelión de Juan Francisco de León, que la veremos más adelante, que bueno, que se revela absolutamente frente al monopolio comercial de la Compañía Guipuzcoana. Hay un punto intermedio en el que sí hay que convenir que fue positiva en el sentido de que la producción se incrementó gracias al financiamiento de la compañía. Eso es cierto, eso es cierto.
Y con la desaparición de las compañías, quien terminó beneficiándose en ese incremento de la producción fue la futura nación venezolana porque el crecimiento de la agricultura había sido ostensible, al punto tal que ya ha entrado el siglo XIX Venezuela era, de las provincias españolas en América, la tercera en productividad, pero con una circunstancia muy importante. La primera México, la segunda Perú y la tercera Venezuela. Pero México y Perú eran productores, si cabe la palabra, extractores de minerales, más bien extractores minerales de oro y plata, mientras Venezuela era productora agrícola con qué potencia, con qué fuerza.
De modo, para ser salomónico, también el factor del crecimiento de la producción va a deberse, en buena medida, al sistema financiero de la Guipuzcoana, que tendió a favorecer a los pequeños y a los grandes productores e incrementó básicamente la producción nacional. De modo que este es el panorama de la Compañía Guipuzcoana. La producción subió, ¿cómo podemos saber que la producción subió? Pulsando los registros posteriores a la disolución de las compañías, donde vemos claramente, como dije antes, que de un año a otro no ha podido crecer en esas magnitudes, lo que quiere decir que durante muchos años antes la producción era mayor a la declarada.
Esto es importante señalarlo y señalar también algo que es curioso, y es que tanto los grandes productores como los productores más pequeños sobrevivieron un ambiente tan hostil con grandes dificultades, pero sobrevivieron y lo que les permitió sobrevivir, aunque suene paradójico, fue el contrabando. Es decir, ellos seguramente se veían en la necesidad de venderle una parte de su producción a precios inconvenientes para ellos, a vendérsela a la Compañía Guipuzcoana, pero otra parte de la producción salía por los caminos verdes y alcanzaba precios mejores, con lo que lograban contrarrestar las pérdidas por los precios fijados de la Guipuzcoana.
De modo que esa destreza que tuvieron para sobrevivir los productores en un ambiente tan hostil, no podemos dejar de señalar esa destreza, y también señalar la inconveniencia de los monopolios, cómo los monopolios fijando los dos extremos, el precio de entrada y el precio de salida, perjudica tremendamente a la producción. Y ustedes dirán, bueno, pero en este caso no fue un perjuicio tan grave porque la Compañía Guipuzcoana, con su financiamiento de los productores, logró incrementar la producción notablemente en 50 años. Sí, eso es cierto, y ese es, digamos, el matiz.
Esa es la excepción que fue fijarse como en este caso. Este es un caso que matiza la afirmación de que todos los monopolios comerciales son negativos para la producción, claro, pero nadie puede decir en términos teóricos que son favorables cuando se tolera el contrabando y eso fue, en el fondo, lo que estaba ocurriendo aquí. De modo que eso es lo que podemos decir sobre la Compañía Guipuzcoana, un período largo, 50 años. A lo largo de esta serie que estamos historiando veremos cómo los nombres y apellidos de todos los gobernadores de la provincia de Venezuela durante este período son vascos, porque el rey le entregó también al poder político a los vascos.
Recordemos, también lo dijimos en el programa anterior, que la Compañía Guipuzcoana forma parte de las reformas borbónicas, reforma mediante las cuales la Corona Española está tratando, y lográndolo en muchos casos, de obtener mayores recursos de sus provincias americanas mediante distintos mecanismos. Uno fue el monopolio comercial de la Compañía Guipuzcoana, en el caso venezolano, pero hay otros: también señalamos la figura del intendente y también el proyecto de los Borbones de reducir el poder del cabildo, de acotar a los criollos y reducir la iglesia. Todo esto dentro del espíritu de las reformas borbónicas que buscaban meter en cintura a las provincias americanas para lograr el mayor provecho económico de estas provincias vía tributos, o vía este caso de monopolio comercial fijado en esta compañía.
Que les recuerdo era una compañía donde el 51% de las acciones eran del rey de España y el 49% de la acción restante eran empresarios vascos, en su mayoría armadores, dueños y fabricantes de barcos que se dedicaban al comercio marítimo. En la próxima parte del programa vamos a ver la rebelión de Andrés Sote en 1731, que fue, digamos que... la primera rebelión que tuvo que enfrentar la Compañía Guipuzcoana. Ya regresamos.
En el programa anterior señalábamos que íbamos a trabajar ahora la figura de Andrés Sote. Lo primero a advertir es que quien ha estudiado mejor al personaje fue el historiador Carlos Felice Cardot, en dos obras importantes. Cardot se basa en el expediente original que reposa en el Archivo de Indias de Sevilla, hasta donde fue este historiador a trabajar, a compulsar el expediente y con base en el estudio del expediente pudo reconstruir el episodio de Andrés Sote. Antes habíamos dicho que los primeros tres navíos de la Compañía Guipuzcoana llegaron, tanto el director de la compañía, que fue Pedro José de Olavarriaga, el autor del informe que dio pie a la creación de la compañía, tanto como el gobernador, el nuevo gobernador que se llamaba Sebastián García de la Torre.
Entonces era un coronel de infantería. Apenas llegan ambos se encuentran que el primer desafío es el de lo que entonces se llamaba un negro cimarrón, es decir un antiguo esclavo africano que había alcanzado la libertad y que estaba libre. Por eso se le llamaba cimarrón. A este cimarrón se le conoció con el nombre de Andrés Sote, pero su nombre exacto era Juan Andrés López del Rosario. Andrés Sote estaba libre, se había alzado en el valle del río Yaracuy, dice Olavarriaga en su informe, que Andrés Sote andaba acompañado por mucha gente y se dedicaba al comercio furtivo con extranjeros, así lo señala Olavarriaga.
Olavarriaga está refiriendo específicamente a los holandeses de Curazao y en menor medida de Aruba y Bonaire, que no eran islas que se hubiesen desarrollado mayormente para la época, en cambio Curazao sí. Estos holandeses tenían una sociedad, un acuerdo con Andrés Sote, y no solo con Andrés Sote sino la mayoría de los hacendados del río Yaracuy, porque estos hacendados tenían ese acuerdo secreto por una razón muy sencilla. Los precios que pagaban eran más altos que los precios que pagaban los españoles a precios controlados.
Ahora, hay que hacer la salvedad de cuando llega la Compañía Guipuzcoana: esta situación ya está en pie. No es una situación que sobreviene a la presencia de la Compañía Guipuzcoana. No. Ya antes de la Compañía Guipuzcoana, Andrés Sote y muchos hacendados de Yaracuy preferían venderle sus productos a los curazoleños que a los españoles en tierra firme porque pagaban mejores precios. Ahora, la Compañía Guipuzcoana quería sentar un precedente y dar un ejemplo de persecución del contrabando y entonces la emprende contra Andrés Sote, a quien terminan convirtiendo en un emblema de estas operaciones comerciales.
Para el momento en que ellos deciden ya la Guipuzcoana enfrentarlo, pues los españoles, anteriores a la llegada de la Guipuzcoana, ya habían intentado someter a Andrés Sote. Esto fue lo que hizo Luis Arias Altamirano el 30 de julio de 1731 y no logró. Y la misma suerte de fracaso tuvo Juan Romualdo de Guevara, con un grupo de soldados quienes intentaron tomar las bocas del río Yaracuy para impedir el paso de Andrés Sote y sus canoas, sus barcos, y tampoco lo logró. De modo que ya a la Guipuzcoana y su nuevo intento la antecedían dos fracasos.
Finalmente, ante la presión de Olavarriaga, el gobernador Sebastián García de la Torre envía a Juan de Manzaneda a perseguir a Andrés Sote y su tropa. Y Manzaneda sale con 250 hombres desde San Felipe el Fuerte, es decir de la ciudad de San Felipe, que se llamaba así San Felipe el Fuerte. Bueno, el resultado fue de nuevo el fracaso. Andrés Sote y su gente conocían los parajes de esa zona como La Palma de Sumanos. Eludieron la persecución y, bueno, los derrotaron.
Y con un agravante mayor del pequeño ejército de Manzaneda: de 250 hombres, 44 se pasaron al bando de Andrés Sote al advertir que era imposible vencer a Andrés Sote y su gente. De modo que ya iban tres derrotas, una detrás de otra, en la persecución de Andrés Sote. Después de la derrota de Manzaneda, pues a García de la Torre no le quedaba otro camino que asumir el mando él mismo, y él mismo intentar apresar a Andrés Sote. Y eso fue lo que hizo: salió a perseguir al rebelde y su hueste, sus seguidores.
El 6 de febrero de 1732 sale de La Guaira rumbo a Puerto Cabello y luego a San Felipe, el gobernador García de la Torre. Entonces cuando llega a San Felipe se entera que Andrés Sote ha tenido la noticia de que eso va a ocurrir y simplemente se montó en alguna de sus pequeñas embarcaciones y se fue a Curazao, a donde los españoles no podían llegar porque, como sabemos, estas islas habían pasado a manos holandesas a partir de 1634. Es decir, un siglo antes y era el refugio, pues, de mucha gente que de alguna manera tenía problemas con las autoridades o la justicia venezolana.
Andrés Sote se fue a Curazao, sale de la escena, sus seguidores no se van a Curazao, sino que permanecen en Yaracuy y ya veremos lo que ocurre con ellos. Ahora, no sabemos cuándo muere en Curazao Andrés Sote. No hemos podido encontrar noticias sobre su fallecimiento y por más que sí consiguen comunicaciones de las autoridades españolas pidiéndole al gobernador de la isla de Curaçao, que entonces se llamaba Juan Pedro Fancolen, que les diga el paradero de Andrés Sote, si está allí, qué hace, etcétera, y el gobernador nunca respondió.
Entonces viene un nuevo capítulo que es el qué hacer con los seguidores de Andrés Sote, ¿qué hacer con ellos? Y el gobernador García de la Torre decide detenerlos, hacerlos presos por cómplices de Andrés Sote. Esto no solo suponía a los seguidores de Andrés Sote, sino a productores y comerciantes en Irguá con quienes Andrés Sote tenía arreglos ya de mucho tiempo establecidos. Y aquí García de la Torre también sale a perseguir, a intentar colocar cerca de la justicia. De modo que la persecución se inicia, se pone ardua y la Iglesia Católica decide intervenir para buscar una solución relativamente pacífica.
Y es entonces cuando el obispo José Félix Valverde comisiona a dos frailes capuchinos para que intermedien entre los alzados y el gobierno. Esos frailes son Salvador de Cádiz y Tomás de Pons. Este caso es verdaderamente insólito, muy interesante, porque los frailes entablan un diálogo con los alzados y los alzados se van pacificando a cambio: los frailes les ofrecen el perdón de García de la Torre, les dicen: "Depongan las armas, va a haber un perdón. Entréguense, no serán hechos presos, pero desistan de estar armados y practicar el contrabando".
De tal modo que los frailes intentan ese camino. En el interín, los informes que envía la Compañía Guipuzcoana acerca de la manera como García de la Torre ha enfrentado el caso de Andrés Sote surten efecto y García de la Torre es destituido. Y de inmediato envían un nuevo gobernador que se va a llamar Martín de Lardizábal. Lardizábal persigue judicialmente a García de la Torre y a este no le queda otro camino que asilarse en el convento de San Francisco, en Caracas.
Desde allí salió hacia España en 1735 y allá el rey, la corona en general, se olvida de sus errores y queda olvidado, sin sanción alguna, y va a ser entonces Lardizábal el que tome el mando en sustitución de García de la Torre. Entre tanto ha ocurrido algo muy curioso con los frailes y es que el perdón que ha ofrecido García de la Torre no lo mantiene Lardizábal. Entonces, ¿qué ocurre? Lo que los frailes le habían ofrecido a los alzados, Lardizábal no lo cumple.
Entonces los frailes, uno decide tomar su camino y otro decide tomar otro camino, no hacia Caracas ni hacia San Felipe, sino se van hacia otras zonas del país. Y muchos de los alzados lo siguen. Los que no siguen a alguno de los dos frailes son hechos presos y condenados por sus delitos. Lo que dejó a los frailes en una situación muy complicada, porque ellos habían ofrecido lo que había ofrecido García de la Torre, que era el perdón.
Pero el nuevo gobernador no creía que esa era la medida indicada y no tramitó el camino del perdón sino de la sanción. Esto deja a los dos frailes en una situación muy compleja. El episodio de Andrés Sote, como veremos, es muy interesante y la historiografía venezolana lo ha considerado de una manera y de otra. Pero eso y otros aspectos vamos a verlo en las últimas partes del programa donde vamos a indagar, vamos a ventilar si realmente puede considerarse lo de Andrés Sote como una rebelión frente a la autoridad o si simplemente se trataba de un señor que practicaba el contrabando. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que íbamos a ventilar si se trata de la rebelión de Andrés Sote, una rebelión contra el poder constituido, o si es un hombre que está rebelado frente al poder constituido por su actividad económica. Cierta historiografía considera que se trata de la primera rebelión. En verdad, lo que se trata a mi juicio es de las primeras rebeliones que tiene que enfrentar la Compañía Guipuzcoana, pero no es una rebelión política como tal porque no hay conciencia política en Andrés Sote y sus compañeros y sus seguidores, los hacendados con quienes él comerciaba. En todo caso, Andrés Sote es un hombre libre que se dedica al comercio y que encuentra mejores precios en los comerciantes de Curazao que en la Compañía Guipuzcoana.
Incluso antes de la Guipuzcoana que en los españoles anteriores a la Guipuzcoana. Ciertamente sí protagoniza una persecución por parte del poder instituido y logra refugiarse en Curazao y nunca ser apresado. No fue así el destino de muchos de sus seguidores, como veremos luego, como veremos muy, muy pronto. También es importante señalar que Ramón Aispúrba, en su libro Curazao y la costa de Caracas, tiene unas cifras muy interesantes: él dice que entre 1733 y 1780 la Compañía Guipuzcoana logra apresar 233 embarcaciones discriminadas de la siguiente manera: 109 holandesas, 14 inglesas, 16 francesas, 5 danesas y 124 criollos.
Esto reveló dos cosas: el mayor número es el de las criollas, lo que quiere decir que los criollos estaban contrabandeando sus productos como hemos dicho ya muchas veces. Y el segundo son las 109 holandesas, lo que quiere decir que el grueso del contrabando de esos criollos es con los holandeses de Curazao, sin la menor duda. El hecho de apresar a 233 embarcaciones a lo largo de casi 50 años no detuvo el contrabando en lo absoluto, el contrabando continuó porque el contrabando se fundamenta en el estímulo que tiene un comerciante para encontrar mejores precios para sus productos en otro lugar distinto al que le están pagando unos precios menores.
Veamos ahora qué ocurrió con los procesados, que eran alrededor de 40 aquellos a quienes García de la Torre había ofrecido perdón y Lardizábal no. Los que seguían al fraile Pons siguieron hacia las riberas del Orinoco. Los seguidores del fraile Cádiz siguieron con él hacia los Llanos. Ni unos ni otros se presentaron frente a la justicia y lamentablemente, los que no se fueron con los dos frailes la justicia, con su mano larga, los hizo presos y los procesó.
Cuando digo los procesó, lo que quiero decir es que los ajusticiaron o los hicieron presos, lo que fue un tormento muy grande para los dos frailes que en su negociación les habían ofrecido a estos señores el perdón, a cambio de que entregaran las armas y abandonaran la actividad del contrabando. Esto es un tormento muy grande por estos dos frailes, Salvador de Cádiz y Tomás de Pons, pero bueno, estaba en consonancia con las políticas de don Martín de Lardizábal y el Orsa. El nuevo gobernador en la provincia de Venezuela que había enviado a la Compañía Guipuzcoana y que venía a poner mano dura.
A su vez, este va a ser el primer gobernador que decide que las faltas de los gobernadores no las suplan los alcaldes, como hasta entonces había sido durante doscientos y tantos años del período de los Habsburgo y parte del período de los Borbones. Siempre las ausencias del gobernador las suplían los alcaldes, que en su mayoría, en su totalidad realmente, eran criollos, no eran peninsulares. Ahora Lardizábal decidía que si un gobernador faltaba lo suplía el teniente general o el auditor de guerra y no alcalde del cabildo.
Como vemos, estas dos figuras que suplían al gobernador eran figuras militares y no civiles como la de los alcaldes. Esto fue otra vuelta de tuerca en las reformas borbónicas en el caso venezolano, donde se les restaba atribuciones de poder a los criollos a favor de los peninsulares. De modo que se restringió la autonomía del cabildo y el alcalde, y se centralizó el poder, que fue en el fondo el mecanismo de casi todas las políticas borbónicas llamadas las reformas borbónicas. Que buscaban reducir el poder de los criollos, reducir el poder de la iglesia y centralizar el poder en los blancos peninsulares que enviaba la corona desde España.
Este episodio forma parte de eso. A su vez, la corona decide que don Martín de Lardizábal y el Orsa venga ya que le otorga poderes de comandante general y de juez pesquisidor, es decir tareas ejecutivas y judiciales; viene investido de doble autoridad para el ejercicio de sus funciones. Esto lo hace la corona pensando en que quiere darle poderes a Lardizábal para combatir el contrabando y para ello le otorga los títulos necesarios para el combate contra el contrabando, que era, como sabemos, uno de los motivos centrales para crear la Compañía Guipuzcoana en el territorio de Venezuela.
Hasta aquí nuestro programa de hoy, y en nuestro próximo programa continuaremos con esta historia ya a partir del período de gobernación de don Gabriel de Zuloaga, que va a ser de 1737 a 1746, pero eso lo veremos en nuestro próximo programa. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En la producción me acompaña Mery Sosa, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Me consiguen por correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y me consiguen en Facebook.
Ha sido un gusto hablar para ustedes.