Serie El Trienio Adeco (1945-1948). Cap 4.

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Bienvenidos todos a Venezolanos, en este cuarto capítulo de esta serie que venimos desarrollando, El Trienio 1945-1948. En el programa, el capítulo 3 estuvimos revisando las reacciones a los hechos del 18 de octubre de 1945. Entonces vimos, por ejemplo, la opinión de Rafael Caldera y hoy vamos a comenzar con la opinión de Arturo Uslar Pietri, que fue un acérrimo crítico en este proceso político. Son tantos los artículos y ensayos que dedicó Uslar a analizar el tema, que es difícil escoger uno como representativo.

Si optamos por los textos de su vejez, cuando las pasiones políticas han podido amainar un poco, hallamos un juicio en sus libros, Golpe y Estado en Venezuela, publicado en 1992. Este texto o este fragmento que les voy a leer creo que es emblemático de su pensamiento sobre este tema, dice Uslar: "El derrocamiento del gobierno constitucional presidido por el general Isaías Medina Angarita significó una total ruptura, no solo del orden institucional democrático que representaba con toda legitimidad aquel gobierno, sino la irremediable interrupción de un proceso ejemplar de construcción democrática sólida que hubiera podido evitarle al país los grandes errores de conducción, desviación de fines y adulteración de la identidad en las instituciones que han ocurrido como consecuencia directa de aquel suceso desde entonces hasta el presente. Y que hoy constituye en la causa principal de los grandes problemas políticos, económicos, sociales e institucionales que Venezuela viene padeciendo".

Esto dice Uslar en el año 92 y vamos a detenernos a comentar este párrafo, ya que las opiniones de Uslar Pietri sobre lo que ocurrió el 18 de octubre de 1945 han influido notablemente en la opinión pública venezolana. Y cuando nosotros efectuamos la investigación para la biografía que publicamos del personaje, Arturo Uslar Pietri o la hipérbole del equilibrio, en el año 2005, hallamos la transcripción periodística de varias intervenciones suyas en las asambleas del partido que integraba, el PDB, Partido Democrático Venezolano, cuando se discutía sobre la conveniencia de incluir en la reforma constitucional de 1945 la elección directa. En una de ellas, aludida por Astrid Avendaño en su estudio Arturo Uslar Pietri: entre la pasión y la acción, y citada antes por mí, pero vuelta a referir dada su pertinencia para este tema, Uslar afirma: "No hay sino un criterio para juzgar si estamos en presencia de una democracia o de una falsificación más o menos afortunada, y este criterio es simplemente si el pueblo elige su representación directamente".

O si lo hace por intermedio de dos, tres o cuatro grados. Bueno, y lo que ocurre es que aquella reforma constitucional del año 45 no consagró este principio que Uslar defendía. De modo que no es fácil decir que el gobierno de Medina Angarita avanzaba hacia una democracia si, teniendo la oportunidad de consagrar la elección directa, no lo hizo. Y sorprende escuchar repetir hasta la saciedad, de una manera tanto mecánica como irreflexiva, que el golpe del 18 de octubre de 1945 detuvo un proceso democrático en marcha, que lo precipitó, cuando es evidente que sin elecciones directas, universales y secretas, difícilmente podía hablarse de la vigencia de una democracia.

Cosa distinta es que el espíritu del general Medina Angarita fuese conciliatorio, lo era. Fue este llano y respetuoso de los derechos individuales, de la libertad de prensa. Todos estos atributos son ciertos, pero ello no puede llevar a afirmar que se estaba en camino hacia una democracia plena cuando los hechos demuestran que el factor militar predominante, no todos pero el predominante, no estaba a favor de la instauración de una democracia representativa. Y en el momento de materializar la reforma constitucional el epicentro del sistema electoral no fue tocado.

Bueno, y volvamos a las causas que Medina tuvo para no poder hacer la reforma constitucional a favor de las elecciones directas. En el fragmento que citamos en este programa antes, me refiero a la entrevista que sostuvimos con Uslar a finales del año 2000, publicada en el libro Arturo Uslar Pietri: Ajustes y Cuentas. Él da una versión sobre las causas de la imposibilidad de Medina Angarita para incluir las elecciones directas en la reforma del 45. Debo señalar que al propio Uslar le fue leído el libro por su asistente antes de publicarlo, ya que su visión había desmejorado severamente, y esto ocurrió en presencia de su hijo Federico.

Y estuvo plenamente de acuerdo con lo que él mismo había expresado, no se retractó de nada. Señaló esto porque le insistimos varias veces sobre el tema de la sucesión presidencial y las elecciones directas o indirectas. Nos respondió lo que citamos en programas anteriores, refiriéndose al hecho de que Medina Angarita no le hubiese escogido a él como su sucesor. Según un testimonio directo de un protagonista de los hechos, el presidente Medina Angarita no tenía planteado un método democrático para la escogencia de quien lo sucediera en el cargo, y se lo atribuían, según una versión de Uslar, a que el Ejército Nacional no lo permitiría.

Si esto ha sido como relató Uslar, resulta difícil afirmar que el gobierno de Medina Angarita tenía un plan de democratización del país y la insurgencia del 18 de octubre lo detuvo; eso no puede decirse. Bueno, tenemos tres visiones distintas. En el programa anterior vimos la de Ramón J. Velázquez, vimos la de Caldera, y en este comenzamos con esta de Uslar Pietri. Esta es completamente negadora de las bondades, si las tuvo, el 18 de octubre del 45, y es una visión exclusivamente indicadora de sus problemas. Y pasa por alto que el gobierno de Gallegos fue constitucionalmente electo, incluso con un respaldo en la soberanía popular que el de Medina, obviamente, no tuvo, ya que fue electo en sufragio de segundo grado.

En descargo de los tres, Velázquez, Caldera y Uslar, recordemos que fueron protagonistas principales de estos años, ya sea en calidad de dolientes o beneficiarios circunstanciales, que es el caso de Caldera y Velázquez. Y por eso es difícil esperar de ellos posiciones exclusivamente analíticas como pudieran tenerlas quienes valoren los hechos a más de sesenta años de lo ocurrido. Volvamos a la sucesión que está por ocurrir, el cambio de mando que se va a dar pacíficamente.

En tal sentido recordemos que el primer venezolano que le entregó el poder pacíficamente a un adversario fue José Antonio Páez, cuando su candidato Carlos Soublette perdió las elecciones indirectas ante el doctor José María Vargas y este asumió el mando el 9 de febrero de 1835. Esto no vuelve a ocurrir en Venezuela sino hasta marzo de 1969, cuando Raúl Leoni, de Acción Democrática, le entrega la presidencia de la República a Rafael Caldera, de Copei. Ya después se hizo práctica democrática común: Caldera le entregó a Carlos Andrés Pérez en el 74, Pérez a Luis Herrera Campins en 79, Herrera a Jaime Lusinchi en 84, Caldera a Hugo Chávez en el año 99.

Lo que sí ocurrió el 15 de febrero de 1948 fue un hombre que había llegado al poder por la vía de un golpe militar lo abandonaba en manos del otro que lo alcanzaba con los votos, después de haberse redactado una nueva Constitución Nacional integrada por diputados electos en forma directa. Por supuesto, nos estamos refiriendo a Rómulo Betancourt, que llega al poder por la vía de un golpe militar y le entrega el poder a Rómulo Gallegos, que llega al poder por la vía de unas elecciones universales, las primeras universales que hubo en Venezuela. Distintos fueron los casos de Julián Castro, que aventó del poder a José Tadeo Monagas en 1858, pero que salió del mismo por una causa judicial sin entregársela a nadie.

El de Joaquín Crespo, que derroca por las armas a Raimundo Andueza Palacio, estimula la redacción de una nueva Constitución en 1893 y le entrega el poder a Ignacio Andrade, pero después de un fraude electoral contra el general Hernández en 1898. Bien, en nuestra próxima parte del programa seguiremos viendo estos hechos y entraremos en el gobierno de Rómulo Gallegos, ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

Bien, veníamos hablando de este tema de las sucesiones presidenciales y, desde el punto de vista de los avances del concepto de ciudadanía, es evidente que el momento fue crucial. Por primera vez un presidente era electo por votación universal, conformándose la totalidad de los ciudadanos en edad de votar en sujetos políticos de un cambio histórico. Esto lo señalamos sin olvidar que este derecho no se extendió a otros cargos que han podido ser de elección popular, gobernadores y alcaldes, cuando advertimos la importancia de la polémica en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente en relación con el alcance de los sufragios universales, directos y secretos.

Entonces se deshizo la ecuación según la cual a las autoridades las elegía el Ejército Nacional, y pasó a seleccionarlas el pueblo, organizado a través de los mecanismos de representación de los partidos políticos. El cambio fue radical y la verdad era poco probable que los primeros afectados con ello, los militares acostumbrados al mando y sin formación democrática, no esperasen el momento de reaccionar y recuperar su preeminencia. No fue esto lo que finalmente pasó el 24 de noviembre de 1948, cuando una junta militar desconoció la voluntad popular y se abrogó las atribuciones del Poder Ejecutivo.

No era esperable que un estamento militar educado en la verticalidad del mando, sin haber metabolizado los conceptos modernos de papel de las Fuerzas Armadas en democracias occidentales, intentara recuperar el poder en cuanto la debilidad del estamento civil se lo permitiera. Pues sí, y así ocurrió, y veremos luego que la argumentación ofrecida para regresar al mando no llegó a alcanzar rangos convincentes.

Más allá del desnudo empeño de regresar y ejercer el poder, un sector de las Fuerzas Armadas, no todas, actuó como era tradición en Venezuela desde que el Ejército Nacional se erigió como la institución principal durante los gobiernos de Castro y Gómez. Bueno, así llegamos al gobierno del novelista y maestro Rómulo Gallegos, quien estuvo ejerciendo la presidencia de la República entre el 15 de febrero y el 24 de noviembre de 1948, 9 meses y 9 días, en medio de ingentes dificultades originadas por el clima de agitación política permanente que se había adueñado del espíritu nacional a partir del 18 de octubre de 1945.

La oposición arreció en sus ataques a Acción Democrática, y las fuerzas económicas establecidas también. Mientras, los cuarteles vivieron en un hervidero de diatribas y conspiraciones en torno al proyecto político que estaba en marcha. Para colmo, se develó una conspiración internacional que tenía previsto el bombardeo de Caracas el día de la toma de posesión de Gallegos.

Esta conspiración la urdían desde sus países los dictadores Rafael Leonidas Trujillo, en República Dominicana, y Anastasio Somoza en Nicaragua, pero no pasó del proyecto delirante que no se hizo realidad. Y abundan documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica que dan fe de la preocupación de su embajador acreditado en Caracas ante el cambio de mando del poder y el clima hirsuto, exaltado, de la vida nacional. Esto lo revisa con detalle Simón Alberto Consalvi en su libro Auge y Caída de Rómulo Gallegos, donde publica buena parte de estos documentos desclasificados.

Veamos ahora la toma de posesión, el discurso de Gallegos y los actos convocados para la celebración, en la medida que estos últimos tuvieron una importancia señalada para la transformación de la ciudadanía nacional. Los primeros momentos: el 15 de febrero de 1948 tuvo lugar en el Congreso Nacional el discurso de toma de posesión de Rómulo Gallegos, después de su juramentación como presidente de la República ante el presidente del Poder Legislativo, que era Valmore Rodríguez. Los vicepresidentes eran Simón Gómez Malaret y Liviano Provenzali Heredia, y el presidente de la Cámara de Diputados era Luis Lander, y los vicepresidentes eran César Morales Carrero y Jesús María Bianco.

Este Congreso Nacional y sus directivas comenzaron funciones el 2 de febrero del año 48. Fue una disertación breve y, por supuesto, bellamente escrita, como era natural esperar. Comenzó reconociendo el valor de la Junta Revolucionaria de Gobierno cuando afirmó lo siguiente: "Dos años largos han estado el escepticismo y la malicia provenientes de continuada experiencia en burlas sufridas, dudando de la sinceridad republicana de la fundamental promesa a la revolución de octubre, pero ya ha podido volver la confianza a los corazones de buena fe porque al fin ha habido gobernante venezolano, siete hombres que componían una sola persona política, que no mintió".

Por supuesto, se está refiriendo Gallegos a la promesa de los integrantes de la Junta Revolucionaria de Gobierno de no postularse como candidatos a la presidencia de la República y al cumplimiento de ese compromiso, por más que alguno de ellos haya pensado que no ha debido hacer así. Nos referimos al ministro de la Defensa, Carlos Delgado Chalbaud, quien según refiere Ocarina Castillo en su biografía del personaje, Carlos Delgado Chalbaud, 1909-1950, le propuso a Betancourt que no permitiera que el candidato fuese Gallegos y que se presentara él, proposición a la que Betancourt se negó con sobradas razones.

Esto se lo refiere así José Antonio Jacopini Zárraga a Castillo en entrevista sostenida por motivo de la investigación que adelantó para su biografía. Por otra parte, es justo reconocer que fue este un caso extraño en la historia republicana, el de la JRG, ya que de promesas incumplidas ha estado abultado el devenir de nuestra historia, sobre todo cuando se trata de la entrega del poder en manos de otro. Sigue Gallegos explicando por qué no constituye un gobierno de coalición nacional, y sí uno de partido, y dice: "Espero que nadie dotado de ideas positivas y claras a este respecto pretenda que yo me haya comprometido a desnaturalizar la fuerza política que me rodea, homogénea y bien definida, componiendo gobierno con elementos de todos los partidos en que actualmente se divide la opinión. Práctica de emergencia solo realizable en los momentos de crisis política o de peligro nacional, que de ningún modo son las actuales y a la cual, por otra parte, no irán a prestarse las fuerzas ya organizadas de la oposición".

Bueno, esto es discutible y, a la distancia de los hechos, advertimos al maestro Gallegos leyendo la realidad política sin percatarse de que el momento era distinto. Apenas dos años antes había cambiado radicalmente el escenario, después de 45 años de gobierno de una hegemonía militar tachirense. La situación no podía ser de absoluta normalidad institucional como el maestro Gallegos creía. Tampoco era probable creer que los dolientes del largo estado de cosas anterior se quedarían de brazos cruzados; la enseñanza de este costoso error contribuyó a articular, diez años después, el Pacto de Puntofijo, como hemos señalado antes.

Era un hecho que un sector determinante de las Fuerzas Armadas no estaba de acuerdo con la democracia representativa instaurada, por más que las elecciones hubiesen certificado la voluntad popular y los niveles de abstención hubiesen sido ínfimos. También era un hecho que iniciar una reforma política de tal envergadura, en soledad, sin el concurso del gobierno, a todas las fuerzas políticas y sociales que han podido respaldar al proyecto, se demostró con los hechos que era un camino equivocado. Realmente lo era; aquí se equivocó, a mi juicio. El maestro Gallegos vivía tan... uno entiende las razones, pero los resultados apuntaban a otra, por otro camino.

Antes nos preguntamos si la instauración constitucional de elección de gobernadores y alcaldes no le hubiera dado a la oposición espacios de gobierno propio, una suerte de pacto tácito de gobernabilidad compartida, y creo que las respuestas sí. En otras palabras, a juzgar por los hechos, el proyecto que se estaba instaurando era de tal magnitud que lo aconsejable era un gobierno compartido o, por lo menos, un acuerdo de gobernabilidad. El momento histórico no era como pensaba Gallegos que era, como quedó demostrado en los hechos. Estamos ante un caso de confusión entre los deseos y la realidad.

Bueno, es posible. Es cierto que el origen de la autoridad de Gallegos era legítimo, pero no es cierto que el alto mando de las Fuerzas Armadas estaba inclinado a cumplir con lo pautado en la Constitución Nacional, como quedó demostrado, por más que el maestro Gallegos creyera en la buena fe de ellos. Vamos a ver lo que dice Gallegos sobre el ejército en el discurso. Dice lo siguiente: "Pero vuelve sin pretensiones inaceptables de constituir un Estado dentro del Estado y arrogarse privilegios de casta dirigente a la política, sin reclamar herencia de aquellos hegemones armados que se tenían usurpada la función de grandes electores de Venezuela, vuelve a cultivar su espíritu institucional quitado de la política y será cuidado de mi gobierno que lo nutra y lo fortifique en fuentes que no le desnaturalicen lo esencialmente venezolano que ha de palpitar siempre en el corazón del soldado venezolano".

Hasta ahí la cita y, lamentablemente, nueve meses y nueve días después de una toma de posesión, el ejército incurrió en todo lo que el presidente Gallegos estimaba que no iba a ocurrir. Es evidente que lo pautado en la Constitución Nacional del 47, fuente de la legitimidad y autoridad de Gallegos, apuntaba hacia la creación de un Estado moderno, democrático, representativo, de rasgos liberales y estatistas. Pero todo ello estaba en el papel, en el deber ser que estableció una Asamblea Constituyente al redactar la Carta Magna, y había fuerzas internas que se oponían a este desiderátum.

Entre ellas, la militar, pero también un sector empresarial se oponía. Y, además, vastos sectores conservadores de la sociedad veían en la eclosión democrática una pérdida de algunos privilegios. En la próxima parte del programa continuamos con este tema, ya regresamos. En la anterior del programa hablábamos de la pérdida de algunos privilegios, de algunos sectores, y sin ceñirse propiamente a la incipiente cultura política y ciudadana del venezolano de entonces, conspiraban contra el proyecto.

Ya que no se contaban con masas convencidas de su importancia y las organizaciones sociales que hubieran podido articular una defensa poderosa del proyecto estaban recién nacidas. Además, lo anterior hace aflorar un hecho que no podemos olvidar. El concepto moderno de ciudadanía había dado pasos hacia adelante y los hemos enumerado con detalle, pero un sector reaccionario importante de la sociedad veía el juego político como un desorden. La participación organizada de sectores preteridos era vista como una fuente de anarquía.

Y las diferencias entre proyectos políticos distintos eran una amenaza para la unidad nacional. Es decir, frente a los avances hubo una reacción conservadora de distintos grados. Por ejemplo, veremos luego cómo la junta militar que derroca a Gallegos derogará la Constitución del 47 y acogerá la de 1936, con las reformas de 1945, pero se reservará la validación favorable y la aplicación de los aspectos de 1947 que consideren progresistas. Se erigen como árbitros sin serlo una vez más.

Por su parte, el gabinete ejecutivo nombrado por Gallegos refleja una continuidad en áreas neurálgicas. Vamos a ver: Carlos Delgado Chalbaud continúa en el Ministerio de la Defensa, que había estado con Betancourt; Juan Pablo Pérez Alfonso continúa en el Ministerio de Fomento y Raúl Leoni en el Ministerio del Trabajo; Edgar Pardo Stolk sigue al frente del Ministerio de Obras Públicas; y Edmundo Fernández permanece en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Los cambios ministeriales que introduce Gallegos estuvieron en la Cancillería, ahora detentada por Andrés Eloy Blanco.

En el Ministerio de Relaciones Interiores designó Gallegos a Eligio Ansola. En el Ministerio de Hacienda designó a Manuel Pérez Guerrero y al Ministerio de Educación, Luis Beltrán Prieto Figueroa. En el Ministerio de Agricultura y Cría, a Ricardo Montilla; en el Ministerio de Comunicaciones, a Leonardo Ruiz Pineda, y Gonzalo Barrios como secretario general de la Presidencia de la República. Con motivo de la toma de posesión de Gallegos, dada la significación internacional del personaje, vinieron muchos invitados de otros países.

La lista realmente asombra. Por ejemplo, vino Archibald MacLeish, un poeta laureado en los Estados Unidos como representante personal del presidente Harry Truman. Vino Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Andrés Iduarte. Vino el biógrafo de Bolívar, Waldo Frank, Salvador Allende, Germán Arciniegas, Luis Alberto Sánchez. Y además tuvo lugar la llamada fiesta de la tradición, organizada por Juan Liscano y Abel Balmitjana en el Nuevo Circo de Caracas. Esto fue un festival musical dancístico que se tiene como un hito de la cultura venezolana y con la comprensión de las manifestaciones folclóricas del país.

Este festival sin duda fue una revelación nacional, ya que en una nación sin comunicaciones expeditas, fue una sorpresa el mutuo conocimiento de cerca de 600 agrupaciones del país que nunca habían venido a la capital. Y todavía más importante, se desconocían totalmente unas a otras. Recordemos que no existía la televisión y en este sentido fue un paso fundamental para el descubrimiento de las distintas zonas culturales de la nación entre sí y un puente hacia la conciencia venezolana de formar parte de una república.

Y para los estudios de antropología y etnomusicología en Venezuela, este acontecimiento fue un hito o piedra angular. Bueno, y tómese en cuenta que el acto celebratorio de la toma de posesión no consistió solo en un desfile militar, que lo hubo naturalmente, ni en un evento circunscrito exclusivamente al Palacio Federal Legislativo, que también lo hubo, sino que fue un evento del pueblo representado por sus artistas, señalando así a otro protagonista de la vida social distinto al hombre de armas e incluso distinto al hombre de partidos. El metamensaje que se quiso dar es evidente.

Aquí está el pueblo de Venezuela cantando y bailando en escena frente a la comunidad y con testigos excepcionales del extranjero, además de los militares que desfilan con su armamento. La celebración fue netamente civil, más que militar, como había sido antes, y los civiles escogidos fueron los humildes artistas del pueblo venezolano. Gracias al trabajo de campo que durante años hizo Juan Liscano a lo largo de toda la geografía nacional, el cambio era notable.

El 29 de abril de 1948, dos meses y dos semanas después del discurso de toma de posesión, el presidente Gallegos pronunció la alocución anual de rendición de cuentas que el jefe de Estado estaba constitucionalmente obligado a dar ante el Congreso Nacional, por más que tuviera muy breve tiempo al frente del Estado. Gallegos aprovechó la disertación para trazar un bosquejo de su filosofía política. Al referirse a lo contemplado en la Constitución Nacional del 47, afirmó, refiriéndose a la Carta Magna, que era "democrática, popular, ampliamente garantizadora de los derechos políticos de la ciudadanía venezolana, mantenedora de los fundamentos liberales del orden social y, al mismo tiempo, previsiva de las formas de equilibrio económico o de justicia social a que forzosamente han de adaptarse en los modos complejos desde el Estado moderno".

En otras palabras, lo decimos nosotros, una democracia liberal representativa con las atenciones sociales que keynesianas se impusieron en el mundo occidental a mediados del siglo XX por la confluencia de varios factores. Más adelante, Gallegos se deslinda del comunismo, aunque esta ideología nunca formó parte de su instrumental intelectual, sí era causa de acusación permanente contra su partido y el gobierno de Betancourt, ya que en sus orígenes, como está suficientemente documentado, Betancourt y sus compañeros asumieron el marxismo como método de análisis histórico.

En tal sentido afirma el maestro Gallegos para declarar que no compartimos la ideología comunista, que no tenemos por qué compartir la suerte que a ella le esté reservada. No perseguiremos a quienes la profesan porque la ley delimitadora de nuestra conducta de gobernantes no nos lo permite, y porque además estamos convencidos de que las cruzadas de exterminio de ideologías no producen sino mártires que las exaltan. Estamos obligados a combatir el comunismo porque somos sinceros al no profesarlo, y lo combatimos con procedimientos lícitos y, además, eficaces.

Los más eficaces sin duda alguna, sustrayendo de la seducción de las promesas del marxismo el ansia de justicia y bienestar que atormenta su alma popular por medio de realizaciones prácticas, positivas y concretas. En materia internacional, Gallegos alude a la Conferencia Interamericana de Bogotá, donde Rómulo Betancourt fue jefe de la delegación venezolana y allí se crea la OEA, Organización de Estados Americanos. Y el énfasis que su gobierno pone en esto, alude Gallegos al lamentable asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá y se lamenta por los hechos de violencia ocurridos.

Luego se detiene en temas administrativos y petroleros, señalando el gran incremento de ingresos que el Estado percibe por el cobro de impuestos a las concesionarias. Después enumera lo hecho en materia de electrificación, vivienda, aviación comercial, navegación marítima y lo estructurado a partir de la creación de la CVF, Corporación Venezolana de Fomento. Anuncia, pues, la continuidad administrativa de lo hecho, evidenciándose que se trata de la extensión de un gobierno en su partido, advierte los logros de la lucha contra la malaria y anuncia que los estudios para la construcción de la autopista Caracas-La Guaira están listos y que ya comenzaron los trabajos en movimientos de tierra.

También anuncia que su gobierno colaborará con la municipalidad de Caracas en la construcción de la avenida Bolívar ya proyectada. Continúa con una relación de lo hecho y por hacer en materia laboral y educativa, y este último aspecto es el que pone más énfasis y le dedica mayor espacio. El discurso es importante y, curiosamente, se ha reproducido muy poco, escogiendo preferiblemente el del 15 de febrero, la toma de posesión, sin duda también representativo de su pensamiento y de lo que sería su breve gobierno.

Por cierto, quizá el señalamiento especial de la autopista Caracas-La Guaira por parte de Gallegos se deba a que fue un típico proyecto ejemplar de la continuidad administrativa entre el gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno y el suyo, ya que Arcila Farías, don Eduardo, en su Historia centenaria del Ministerio de Obras Públicas destaca que los estudios iniciaron en 1945 durante el gobierno de Medina Angarita y concluyeron en el 47, iniciándose la obra de inmediato. En la última parte del programa seguimos con esta historia del trienio.

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Bien, en la parte anterior del programa revisamos los discursos de Gallegos donde daba cuenta de lo que se proponía y lo que había hecho. Y el 9 de mayo de 1948 tuvieron lugar las elecciones municipales en todo el país, salvo el Distrito Federal y los territorios federales, donde se había elegido el 14 de diciembre del 47. Bueno, la abstención fue alta, pero no tanto como señaló un sector de la oposición exagerándola para advertir que el pueblo estaba cansado de otra justa electoral.

Votaron 693.154 personas, bastante menos que en 1947 cuando sufragaron 1.183.764 venezolanos y menos a su vez que en 1946 cuando para la Asamblea Constituyente votaron 1.395.200 electores. Bueno, esta disminución a casi la mitad, con apenas cinco meses de distancia, también se debió a que no votaron los caraqueños, como dijimos antes, porque ya habían votado. Bueno, en todo caso las fuerzas reaccionarias a la democracia tuvieron una prueba más de la falta de preparación del pueblo venezolano para el ejercicio de la democracia, eso era lo que decían.

Para otros, los de la oposición al gobierno, esto es una señal de hartazgo por parte de la población y por el sectarismo de Acción Democrática, que esta fue una bandera permanente de Copei, URD y PCV. Y para Acción Democrática ha debido ser una señal de alarma en relación con la pedagogía nacional que se hacía necesaria para sembrar el espíritu democrático y entusiasmar a la mayoría. Bueno, no parece que fue así. Desde el poder pareciera que se le atribuyó la abstención al cansancio de la población después de cuatro elecciones en apenas dos años.

Por otra parte, desde el sector militar seguramente la abstención fue vista como una señal de falta de respaldo al proyecto político emprendido por AD y quizá un resquicio a favor del proyecto acariciado por ese sector militar. En todo caso, la fábrica de rumores sobre el descontento militar iba en aumento. Por ello, quizá el presidente Gallegos, en momento de viajar a los Estados Unidos, dejó encargado de la Presidencia de la República al ministro de la Defensa, Carlos Delgado Chalbaud, y no al de Relaciones Interiores, como era costumbre.

Eligió a Ansola. El viaje se originaba en una invitación formulada por la Casa Blanca el 12 de abril de 1948. El motivo estaba en la entrega de una estatua de Bolívar que el gobierno venezolano había donado a un pueblo del estado de Misuri, que lleva el apellido del libertador. En Misuri hay un pueblo que se llama Bolívar, y antes del viaje el clima de agitación nacional era considerable, lo que llevó al gabinete ejecutivo el 19 de junio a autorizar al presidente la aplicación del artículo 77, el que lo facultaba para las detenciones preventivas.

Sin embargo, Gallegos mantuvo la calma y dio una alocución tranquilizadora y salió de viaje el primero de julio, llegando al National Airport de Washington en la tarde. En el avión del presidente Truman, The Independence se llamaba, que había sido enviado para llevarlo del aeropuerto de Maiquetía a la capital norteamericana. El relato de la visita de Gallegos a los Estados Unidos de Harry Truman lo hace formidablemente Lowell Dunham en su libro Rómulo Gallegos: Vida y Obra, un libro del año 1957.

Bien, y a este trabajo remitimos quienes quieran profundizar en los detalles. Y el 5 de julio de 1948, en el pueblo Bolívar de Misuri, Gallegos leyó un ensayo excepcional sobre el héroe. Lo llamaba Un Hombre Pueblo. Así se titula la disertación y comienza haciendo alusión a que el apellido Bolívar es toponímico, ya que se trata de una pequeña puebla en el País Vasco. Añade lo siguiente: Bolívar significa molino de la ribera en la lengua euskera. Bueno, y lo más significativo de la exaltación del Bolívar por parte de Gallegos fue lo siguiente, dice Gallegos:

"Pero viene al caso que enseguida debo aprovechar y pedirles a los maestros de escuela esta tierra de magistrales disciplinas, que no le hablen a sus discípulos del Bolívar de las batallas famosas como no sea para enseñarles con ánimo educativo el propio amor. Que en un mismo año fueron Ayacucho y Carabobo, decisivas de la libertad de mi patria, y aquí, la constitución de Misuri en estado de la Unión. Pero que no les perviertan y les extravíen el gusto que solo en aplicaciones a formas serenas de paz debe complacérseles describiéndoles al hombre de América solo como general de batallas difíciles".

Bueno, hasta ahí la cita y más adelante, para reforzar su tesis, apelaba a las palabras del propio Bolívar en el mensaje al Congreso de Cúcuta, en las que el héroe se lamentó por ser el hijo de la guerra y no un ciudadano. Para ser libre y para que todos lo sean. Después, en su discurso en la Universidad de Columbia, Gallegos, al recibir el doctorado honoris causa de manos del presidente de la universidad, el general Dwight Eisenhower, se centra en el tema del título y su disertación, de las letras a las armas, vinculadas con el bolivariano anterior, otra vuelta de tuerca sobre la voluntad de levantar la república sobre hechos civiles sin que por ello se niegue la necesidad de los militares.

Como vemos, en los dos discursos se expresa el mismo norte, para poner énfasis en la ciudadanía, pasando la página guerrera y exaltándola solamente en caso de necesidad. Gallegos advertía del drama porque el caso venezolano, históricamente, era el de una república civil que por fuerza de los hechos había estado intervenida por la impronta militar. Este tema además fue una constante del pensamiento de Gallegos desde que dirigía liceos o fundaba la revista Alborada en 1909, y ahora, desde la tribuna presidencial, seguía insistiendo en su prédica pedagógica, cuando sus magisterios se habían extendido más allá de las aulas. Y el 14 de julio regresó a Caracas en el Independence del presidente Truman, después de un periplo intenso.

Mientras tanto, su ministro de la Defensa pasaba por una prueba de fuego. El presidente Gallegos quería a Carlos Delgado Chalbaud con especial acento. ¿Por qué? Delgado Chalbaud y su esposa vivieron el apartamento que alquilaban los Gallegos en Barcelona, España, donde fueron tratados como parientes cercanos en 1935, cuando el escritor estaba en el exilio. Desde entonces, tanto don Rómulo y doña Teotiste tenían un particular afecto por la pareja que era de unos jóvenes de 26 años. Por esto y otras razones, al presidente Gallegos le resultaba difícil creer que el comandante Delgado formara parte de una conjura en su contra.

Bueno, no cabe la menor duda de que Gallegos era un hombre de buena fe y en Maiquetía, al no más bajarse del avión, el presidente pronunció estas palabras: "He dejado encargado de la Presidencia de la República al comandante Delgado Chalbaud, y algunos temerosos o maliciosos quizá se imaginaron que había cometido yo un acto de audacia insólita. No, no fue audacia... fue seguridad... fue confianza... Yo estaba seguro de la clase de hombre, de la calidad humana del comandante Delgado Chalbaud. Hombre en quien se puede tener confianza absoluta". Bueno, se equivocaba el maestro.

En el sitio, inmediatamente respondió el comandante Delgado, aludiendo a la generosidad de las palabras del presidente y apuntando que aquel honor que recibía lo aceptaba como integrante de las Fuerzas Armadas. El drama iba creciendo. Gallegos no podía creer que Delgado formara parte de una conspiración militar en su contra y Delgado deshojaba la margarita, ante lo que veía crecer ante sus ojos el descontento del jefe del Estado Mayor, el comandante Marcos Pérez Jiménez, cada día más enconado, aunque disimulaba, contra la presidencia de Gallegos, alegando que el descontento era de las Fuerzas Armadas en general y no suyo exclusivamente.

Estamos en julio de 1948 y abundan testimonios periodísticos sobre el clima de agitación política que vivía el país y que, lejos de imaginar, iba en crecimiento. Por más que el presidente Gallegos diera muestras permanentes de espíritu de concordia y tolerancia democrática, en este clima de crispación el gobierno presentó ante el Congreso Nacional, a través de su ministro de Educación, Luis Beltrán Prieto Figueroa, el proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional. El 10 de agosto de 1948 se lee la firma de Prieto en la exposición de motivos.

Recordemos que el tono del texto es menos conflictivo que el del decreto 321-1946, lo que señala un aprendizaje en relación con temas sensibles de la sociedad venezolana. Esto también es posible advertirlo en la tesitura del texto del presidente Gallegos, bastante alejado de la diatriba y del verbo hiriente. Bien, y en nuestro próximo capítulo seguiremos avanzando hacia el desenlace de noviembre de 1948. En este, hasta aquí llegamos; como siempre, ha sido un placer hablar para ustedes. Hasta nuestro próximo encuentro.

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