Serie El Trienio Adeco (1945-1948). Cap 1.

El Trienio adeco (1945-1948). Cap 1.

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Nuestro programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. Escuela UR y @rafaelarraiz en X y @rafaelarraiz en Instagram. Venezolanos, ya está disponible el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Saludos a todos desde Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

En la iniciación de una nueva serie, esta se titula El Trienio Adeco 1945-1948 y comienza con el golpe del 18 de octubre de 1945. Este hecho vamos a comenzar y los hechos que dan origen al llamado trienio adeco tienen su fuente en el gobierno del general Isaías Medina Angarita. Este gobierno va de 1941 a 1945, y particularmente la manera como concluyó su mandato está vinculada al álgido tema de la sucesión presidencial.

En aquella oportunidad no se iba a dar como en el pasado. Es decir, el ministro de Guerra y Marina de Medina Angarita no sería el escogido, como sí lo fue Medina Angarita cuando gobernaba López Contreras, y como lo fue López Contreras cuando gobernaba Gómez, dejando muy claro que el gran elector en aquella época era la institución más sólida de Venezuela, entonces que era el Ejército Nacional. De modo que el tema de su sucesión presidencial latía en el ambiente a medida que se acercaba el fin del período constitucional.

Ese fin iba a tener lugar el año 1946 y, a juzgar por los discursos de Arturo Uslar Pietri en las asambleas del PDV, el Partido Democrático Venezolano, un sector del llamado medinismo se inclinaba por la reforma electoral para tener comicios directos, según lo expresado por el entonces secretario de la Presidencia de la República y además factótum del partido de gobierno. En una intervención de Uslar Pietri el 18 de mayo de 1944, en la asamblea de su partido, el PDV afirmó: "No hay sino un criterio para juzgar si estamos en presencia de una democracia o de una falsificación más o menos afortunada, y este criterio es simplemente si el pueblo elige a su representación directamente, o si lo hace por intermedio de dos, tres o cuatro grados". Esto fue lo que dijo Uslar y queda aquí estampado con claridad el criterio de quien entonces era el líder fundamental del partido que respaldaba al gobierno de Medina Angarita, y además el segundo hombre a bordo del gobierno.

Era evidente que el tema de la sucesión presidencial colocaba sobre la mesa el de la reforma constitucional, que estaba por darse en el seno del Congreso Nacional, y finalmente no consagró la elección directa, universal y secreta del presidente de la República, sino que se admitió el voto femenino en la esfera municipal exclusivamente. Sin que los legisladores dieran un paso más allá en la universalización del voto, extendiéndolo a todos los comicios para elección de cargos. El tema era central tanto para el gobierno como para la oposición que se había venido formando, a partir de la legalización de Acción Democrática en 1941 y posteriormente con la eliminación del artículo 32 y su inciso 6 de la Constitución Nacional de 1936, que impedía el funcionamiento del Partido Comunista.

Ciertamente, el gobierno de Medina Angarita había dado pasos importantes en el proceso de democratización del país. Además, la legalización de los partidos políticos admitió una libertad de prensa efectiva y no tuvo presos políticos, pero es menos cierto que la demanda de reforma constitucional que consagrara la elección directa, universal y secreta se mantuvo como una deuda pendiente. Y si se quiere, de manera incomprensible, porque evidentemente, si se hubiera consagrado en la reforma del año 45, los argumentos de quienes irrumpieron con esta bandera no habrían tenido entidad ni validez y seguramente el partido político que acompañó a los conjurados militares en la aventura del 18 de octubre del 45, Acción Democrática, no lo habría hecho, ya que su argumento central para irrumpir por la vía armada era el de las elecciones universales, directas y secretas.

Entre las versiones más recientes, cuando ya han pasado décadas, estos hechos y sus protagonistas han muerto o quedan muy pocos con vida. Esta es la que me ofreció el propio Uslar en una entrevista recogida en el libro Arturo Uslar Pietri, Ajuste de cuentas. Este libro es del año 2001 y afirmó Uslar Pietri a los 94 años y pocos meses antes de morir; él murió en 2001 y esta entrevista ocurrió en los tres meses finales del año 2000. Allí él afirmó que el presidente Medina le señaló, en una conversación sostenida con él, que Medina se debía al ejército y este no quería que se diese el último paso hacia la democratización; esto fue lo que dijo Uslar.

Voy a citarlo: "Era muy difícil que me escogiera a mí. Yo no soy tachirense y la tradición de militar tachirense se imponía. Hubiera sido un atrevimiento, una osadía contra los instrumentos del poder". "Un día me dijo: Vamos a hablar, Arturo, vamos a hablar de la sucesión de la Presidencia. Tú deberías ser el presidente de Venezuela, tienes todas las condiciones para hacerlo. Pero desgraciadamente, en las circunstancias actuales yo soy el heredero de Cipriano Castro, a pesar de que mi padre murió peleando contra él, y no sería posible que yo rompiera esa tradición. Vamos a ver en quién pensamos". Ahí le pregunto: "¿De esta conversación surgió la candidatura de Escalante?".

"Usted se la sugirió". Y Uslar me responde: "¡No! Yo no la sugerí, pero él la asomó, y entonces lo llamamos a Washington, y pasó una de las cosas más trágicas que yo he presenciado en mi vida. Ese proceso de pérdida de la personalidad de Escalante". Hasta aquí la cita. De tal modo que Medina escogió al embajador de Venezuela en Washington, Diógenes Escalante, para que le sucediera en el cargo de acuerdo con el uso instituido por Gómez, seguido por López Contreras y ahora refrendado por él.

El presidente de la República le indicaba a sus seguidores que votaran en el Congreso Nacional por la candidatura escogida por él mismo. Escalante era tachirense, con lo que se cumplía con el gentilicio dominante en las Fuerzas Armadas de entonces, y era civil, lo que constituía un reconocimiento a ese mundo que reclamaba mayor participación. Así fue como, en principio, el tema de la sucesión presidencial estaba resuelto por parte de Medina Angarita. Y es de hacer notar que Escalante estaba lejos de ser un improvisado o un desconocido en las esferas del poder.

De hecho, el propio López Contreras asumió su nombre para sucederlo cuando la sucesión recayó sobre Medina Angarita en 1941. Lo que sí pesaba en su contra, según argumento de muchos, era que Escalante tenía ya muchos años fuera de Venezuela, desempeñándose como funcionario diplomático, y según sus detractores esto lo había mantenido alejado de los problemas del país. Por otra parte, reveló Rómulo Betancourt en su libro Venezuela política y petróleo, del año 57, que él y Raúl Leóni viajaron discretamente a Washington para parlamentar con Escalante.

Y este se comprometió a impulsar la reforma electoral para cuando se venciera su período presidencial o incluso antes, a mitad del período. Con lo que los dirigentes de Acción Democrática regresaron al país con un acuerdo verbal y el compromiso de apoyar su candidatura. Entonces, el azar intervino y el doctor Escalante perdió súbitamente sus facultades mentales en agosto de 1945, ya en Caracas, residenciado temporalmente en el Hotel Ávila.

A partir de este hecho se desencadena una serie de sucesos que vamos a ver en la próxima parte del programa, ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural, este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.

Como veníamos diciendo, la joven fuerza política de Acción Democrática, a través de sus líderes principales, convino con el candidato del presidente Medina Angarita, el doctor Diógenes Escalante, quien entonces era embajador de Venezuela en los Estados Unidos de Norteamérica. Convinieron respaldar su candidatura y él se comprometió con la reforma de la Constitución Nacional para convocar elecciones universales, directas y secretas en un plazo perentorio. Ante este acuerdo verbal, una logia militar llamada Unión Militar Patriótica, UMP, encabezada por el joven oficial Marcos Pérez Jiménez, venía trabajando subrepticiamente para derrocar al gobierno de Medina.

Sus razones eran más militares que políticas y los testimonios indican que se fundamentaban en el resquemor que sentían estos jóvenes oficiales hacia sus superiores, ya que estos habían sido formados dentro de la modernidad profesional mientras sus superiores eran todavía herederos del sistema anterior. Al menos esto fue lo que argumentaron en reiteradas oportunidades. Además, ellos alegaban que los sueldos de militares eran extremadamente bajos, lo que se sumaba al invocado descontento castrense.

Sigamos la argumentación de fuente directa, me refiero a lo que le respondió Pérez Jiménez a Agustín Blanco Muñoz, en el libro de entrevistas publicado en 1983 que se titula Habla el General. Dice Pérez Jiménez: "Al poco tiempo que yo regresé del Perú me ascendieron a mayor, comenzó entonces a gestarse la revolución de octubre, no la rusa sino la nuestra, era un movimiento contra el general Medina. A mi regreso ya había encontrado que había inquietud entre los oficiales, entre otras cosas se habían establecido unos cursos para sargentos y los ascendían a oficiales, esto no caía bien entre los oficiales procedentes de la escuela. Por otra parte, la nueva Escuela Militar que estaba haciendo el general Medina tenía una capacidad exigua, no tenía la capacidad para el número de alumnos necesarios a fin de producir suficientes oficiales para los reemplazos indispensables en un buen encuadramiento de las fuerzas armadas".

"Y se corría el rumor de que lo que había era el deseo de convertir a las Fuerzas Armadas como una policía nacional, y nosotros veíamos esto como una manifestación entre tantas del grado de atraso en que estaba el país con respecto a otros países suramericanos, comenzando por la misma Colombia". Hasta aquí las palabras de Marcos Pérez Jiménez, tomadas por Agustín Blanco Muñoz. Bueno, y no se necesita demasiada agudeza para comprender que los argumentos de los conjurados militares eran insuficientes y en verdad los animaba una ambición de mando por encima de las razones que ellos estaban esgrimiendo.

Además, es particularmente notorio que el gobierno de Medina no era indiferente al tema militar ni a los sueldos de los oficiales, ni a pertrechos, ya que se trataba de un gobierno en las Fuerzas Armadas. No un gobierno civil que pudiera pensarse ajeno a estos temas. Además, era vox populi la bonomía del presidente Medina, así como su genuino interés por los problemas de los demás, como pudo demostrarlo con sus ejecutorias durante su mandato.

Finalmente, los hechos del futuro demostraron que estos argumentos de los conjurados no eran consistentes y las verdaderas razones eran otras. Esta logia había entrado en contacto con los líderes fundamentales de AD, ya que según ellos consideraban imposible su insurgencia, siendo ellos unos desconocidos dadas sus edades juveniles y su inexistente figuración pública. Entonces le habían propuesto a estos civiles una alianza para la comisión de la insurgencia militar. Betancourt afirma que estas proposiciones no pasaron de allí una vez que se llegó al acuerdo con Escalante.

Pero, ya fuera de escena Escalante por causa de su enfermedad, y propuesto por idéntico mecanismo como por parte de Medina Angarita, el ministro Ángel Biagini, la logia militar y Acción Democrática reanudaron conversaciones. Conviene recordar que hasta entonces en Venezuela no había tenido lugar un golpe de Estado en estas circunstancias; cuando habían ocurrido, y fueron muchas las veces que tuvieron lugar, los encabezaba un caudillo conocido al frente de sus huestes y solía actuar a la luz del día, enfrentando a los suyos contra los del contrincante. En esta oportunidad venían de adentro, de las filas de un ejército nacional que se había instaurado como cuerpo de unificación nacional frente al caudillo regional.

Y lo había hecho desaparecer de la escena pública. Viniendo de dentro y comandados por oficiales de rango medio y bajo, era imposible que el país supiera quiénes eran estos hombres, de allí que ellos consideraron indispensable la alianza con líderes de partidos políticos que fueran figuras públicas y ampliamente conocidas, como era el caso. Es importante recordar que las experiencias en sus características eran inéditas. De lo contrario, no es fácil comprender esta coyuntura.

Recapitulando, hasta ahora tenemos en el mapa dos sectores actorales: Acción Democrática en acuerdo con Escalante y la Unión Militar Patriótica tejiendo una conjura militar que, mientras la salud de Escalante se mantuvo en pie, había suspendido el proyecto. Por otra parte, un tercer sector actoral nacía del descontento del expresidente López Contreras y sus seguidores, ya que el general quería regresar al poder y Medina pensaba que no era conveniente. Este descontento era de tal naturaleza que López Contreras y Medina Angarita ni siquiera se hablaban y tampoco aceptaban intermediarios de buena fe que compusieran un acuerdo.

Así lo señala Uslar Pietri en entrevista conmigo. Dice: "Hubo un momento patético a raíz del primero de mayo. El general López nunca había querido declarar ese día como el Día del Trabajador, porque era una fecha revolucionaria. Él quería que se celebrara el 24 de julio y en verdad no tiene nada que ver". "Medina resolvió que lo lógico era que se celebrara el 1.° de mayo y a partir de allí se hicieron muy difíciles las relaciones; yo traté de mediar todo lo que pude, pero no había manera. El juego se trancó", dijo Uslar Pietri.

Todo lo anterior indica que convivían en el país tres proyectos de poder que podemos resumir así: Medina Angarita con su candidato Diógenes Escalante, apoyado subrepticiamente por AD sobre la base de un acuerdo de democratización electoral; el expresidente López Contreras y sus deseos de regresar a la Presidencia de la República; y la logia de jóvenes militares que también buscaba el mando. La enfermedad de Escalante descompuso el cuadro, ya que al proponer Medina Angarita a su ministro de Agricultura y Cría, el doctor Ángel Biagini, en sustitución de Escalante, este no recibió el apoyo de AD. Esta organización no tenía un acuerdo verbal con él, según un argumento de Betancourt, y por otra parte se activó la logia militar de nuevo manifestando en secreto que buscarían el poder al margen de la candidatura de Biagini.

Esta vez AD optó por acompañar a los jóvenes militares y tuvo lugar el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945. Los conjurados contaban con un significativo apoyo dentro de las Fuerzas Armadas, pero si Medina Angarita hubiera querido resistir, tenía con qué hacerlo. Incluso la Policía de Caracas le era fiel, pero optó por entregarse para evitar un derramamiento de sangre. Fue encarcelado al igual que el expresidente López Contreras y otros altos funcionarios del gobierno, y a los pocos días todos fueron aventados al exilio.

En los primeros momentos se pensó que habían sido el expresidente López Contreras y sus seguidores dentro de las Fuerzas Armadas quienes dieron el golpe, pero la sorpresa fue mayúscula cuando se supo que fueron otros actores. Fue el resultado de un pacto entre la joven logia militar, UMP, y Acción Democrática, que condujo a la constitución de una Junta Revolucionaria de Gobierno el 19 de octubre, integrada por siete miembros y presidida por Rómulo Betancourt. Los miembros eran Raúl Leóni, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Gonzalo Barrios por Acción Democrática; el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Vargas por parte de las Fuerzas Armadas; el médico Edmundo Fernández, quien sirvió de enlace entre estos dos grupos.

Se necesitaron tres años para que las diferencias entre AD y los militares de la fórmula que dio el golpe de Estado se hicieran obvias. Cuando otro golpe de Estado derrocó al presidente Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948 y este fue presidido por Carlos Delgado Chalbaud, entonces se hizo evidente que el proyecto de AD y el de los militares no era el mismo. No cabe duda de que el gobierno de López Contreras fue mucho más abierto que la dictadura de Gómez; el de Medina Angarita fue un paso hacia adelante, sobre todo en cuanto a la legalización de los partidos políticos y a la eliminación del inciso 6 del artículo 32.

Todo indicaba que Venezuela iba en camino de una democracia plena con elecciones directas, universales y secretas, pero la última puerta no se abrió y ello produjo estas consecuencias. En la próxima parte del programa vamos a ver las versiones de Rómulo Betancourt sobre estos hechos del 18 de octubre de 1945. Ya regresamos. Bueno, y les decía antes que veríamos las versiones de Betancourt sobre estos hechos: a lo largo de su vida él dio cuatro versiones con matices diferenciales sobre las causas que condujeron a AD a participar en el golpe del 18 de octubre de 1945.

Conviene que las revisemos aunque sea someramente porque ilustran notablemente sobre este tema. La primera versión fue dada el 30 de octubre de 1945, apenas 12 días después de los acontecimientos, y fue un discurso radiado, por supuesto no existía la televisión. La segunda tuvo lugar en el Palacio Federal Legislativo ante la Asamblea Nacional Constituyente reunida el 20 de enero de 1947. Esto se trata de un dilatado discurso en que el presidente Betancourt repasa su obra de gobierno y contribuye con apuntes para la historia de la fecha en cuestión.

La tercera es la ofrecida en el libro Venezuela política y petróleo, publicada en 1956 y escrito en el exilio, en condiciones de extrañamiento pero sin las urgencias de las tareas políticas diarias. La cuarta y última versión está recogida en una extensa entrevista que sostuvo Betancourt con el equipo de redacción de la revista Resumen. Esta entrevista fue publicada el 26 de octubre de 1975, cuando él es presidente, usted estaba en la etapa de repliegue y dispuesto a escribir unas memorias que no alcanzó a concluir lamentablemente, ya que murió el 28 de septiembre de 1981. Las causas que Betancourt va esgrimiendo en estos cuatro momentos podemos ordenarlas en morales y políticas.

Veamos primero las morales y luego las políticas para comprender mejor los cambios que se van produciendo. La primera causa moral que se invoca es la del peculado, hoy en día se le conoce como corrupción administrativa, el término peculado era muy frecuente en esa época. El 30 de octubre de 1945 Betancourt señala que quienes han gobernado el país durante la dictadura de Gómez y los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita han incurrido en prácticas ilegales si han confundido su patrimonio con el del Estado. En consecuencia, no pueden continuar gobernando.

Esta invocación moral se repite en 1947 y se le acompaña de un elogio notable de la condición moral de los militares integrantes de la Unión Militar Patriótica, dice Betancourt: "Verdaderos patriotas que supieron interpretar su tiempo histórico". Ya en 1956 la solvencia moral de los antiguos socios dejó de ser tal y se acuñan revelaciones morales inéditas. Antes se dijo que la UMP buscó a AD para perpetrar el golpe, dada su preeminencia de socio-política. Ahora Betancourt reconoce que si AD no se sumaba, la UMP hubiera dado el golpe sola.

Bueno, esta es una confesión de gran magnitud, ya que si la UMP hubiese procedido sin AD, como se confiesa, pues seguramente para AD el cambio no hubiese sido una revolución sino un golpe de Estado; esto naturalmente pone en entredicho la tesis de Betancourt recurrente acerca del carácter revolucionario de los hechos. Hasta aquí las causas morales. Ahora es evidente que las causas morales tuvieron peso protagónico en la primera locución y van dejando paso a las políticas hasta prácticamente desaparecer las causas morales. En cambio, como veremos inmediato, las causas políticas van cobrando peso al punto que superan la esfera nacional para alcanzar la internacional.

Las causas políticas invocadas en la primera justificación son las siguientes, decía Betancourt que las causas eran la negativa del gobierno de Medina Angarita a reformar la Constitución Nacional para permitir elecciones universales, directas y secretas. Y también el estar al borde de una guerra civil, dadas las facciones dentro del seno de las Fuerzas Armadas. En la segunda locución se reitera la primera causa, la constitucional electoral, y se añade que sí hicieron todos los esfuerzos por alcanzar una candidatura de consenso, pero el gobierno de Medina no escuchó las voces conciliatorias. Al punto que al verse los conjurados ubicados por delación se precipitó la acción civil-militar.

En esta oportunidad añade Betancourt que AD tenía vocación de poder y no se abstuvo ante la oferta real del UMP de alcanzar el mando conjuntamente, dadas las condiciones castrenses favorables que aseguraban tener los militares. En el texto del año 56 surge un nuevo elemento político, la guerra civil temida antes. Confiesa ahora que se trataba de una conspiración que venía en marcha comandada por el expresidente López Contreras. Esta conspiración, cierta o falsa, se dice precipitó los hechos de los conjurados del UMP y AD.

El factor López Contreras no había surgido antes de manera explícita. Había sido aludido como guerra civil y tampoco se le ha dado tanta preeminencia como ahora. En esta oportunidad, como en las dos anteriores, se esgrime la negativa a la reforma constitucional por parte del gobierno de Medina Angarita como causa política central. Finalmente, en 1975 los hechos son analizados por Betancourt en su vertiente política internacional, pero no olvides señalar la única recurrencia causal a lo largo de las cuatro versiones: la electoral constitucional.

Quedan entonces en el olvido las causas morales y se despeja el panorama para las políticas. El clima de cambios internacionales al que alude Betancourt, suerte del signo de los tiempos, es el estimulado por la posición de Roosevelt en la inmediata posguerra y la búsqueda de un clima de paz, pero también una condena del fascismo. Es evidente que pasado el tiempo Betancourt hace un esfuerzo por ver en el contexto continental lo que se hizo en el ámbito nacional. Y hasta aquí las invocaciones internacionales.

En resumen, ¿a cuáles conclusiones podemos llegar? Bueno, la única causa recurrente esgrimida en las cuatro oportunidades por Betancourt fue política. La negativa del gobierno de Medina Angarita a reformar la Constitución Nacional para convocar a elecciones universales, directas y secretas: esta es la verdad. Esta conclusión nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿ha debido ser que la única causa esgrimida, dada su recurrencia, su magnitud era tal que ella sola justificaba el golpe?

Dicho de otro modo, unos demócratas fuerzan una salida militar para darle cuerpo jurídico institucional a una democracia. Este es el proyecto de la Unión Militar Patriótica. No, evidentemente no, los hechos así lo demuestran. En el seno de los conjurados estaban en marcha dos proyectos políticos: uno muy claro, el de AD, y otro menos estructurado, más personalista, el de la UMP.

Se debe señalar además un matiz ambiguo entre los oficiales conjurados. Nos referimos a Carlos Delgado Chalbaud, que estuvo en ambos golpes, el golpe del 18 de octubre del 45 y el del 24 de noviembre del 48, pero por motivos levemente diferentes a los de sus compañeros militares y a los de sus compañeros de AD. Fue una pieza extraña en estos acontecimientos. Pero bueno, el análisis de su participación y personalidad no forman parte de este programa.

Más allá de las justificaciones y las causas esgrimidas, lo cierto es que el 18 de octubre de 1945 hubo un golpe de Estado civil-militar. Este fue presidido en lo inmediato por las fuerzas civiles de Acción Democrática y dio inicio a un gobierno de particulares características que veremos de seguidas y cuya naturaleza en lo relativo al concepto de ciudadanía nos interesa particularmente. Les recuerdo que fue un golpe civil-militar, suele decirse cívico-militar, pero el vocablo cívico está mal utilizado allí porque cívico no es lo mismo que civil. Y en el caso del golpe fue una asociación entre los civiles y los militares.

Bien, en la última parte del programa comenzaremos viendo la conformación y los primeros decretos de la Junta Revolucionaria de Gobierno, ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

Bien, y en el acta constitutiva de la Junta Revolucionaria de Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela puede leerse que el alto mando se formó el 19 de octubre a las 8 p. m., en el Palacio de Miraflores. Una vez listadas las personas presentes en representación del comité militar que ejecutó la revolución y del Partido de Acción Democrática que cooperó con la revolución, son citas textuales, se procedió a constituir la junta integrada por siete miembros y en asunción del poder ejecutivo de la nación. Ya nombré a los siete miembros, no voy a repetirlos.

De los tres ordinales que contempla el acta, citamos el segundo porque es muy importante. Dice el segundo ordinal: que esa junta dure en el ejercicio del poder ejecutivo el tiempo necesario para convocar a elecciones generales, elección de presidente de la República por sufragio universal, directo y secreto, realizar esas elecciones y llevar a cabo cuanto sea necesario para reformar la Constitución Nacional de acuerdo con la voluntad del pueblo; ese es el segundo ordinal del acta. Como vemos, las propias juntas se ponen límites en tiempo al ejercicio de sus funciones y este límite está estrechamente vinculado a la tarea que se imponen: convocar a elecciones universales, directas y secretas, previa redacción de una nueva Constitución Nacional. Además, el solo hecho de colocarse límites indica que conciben el ejercicio del poder acotado en tiempo por un marco legal y, en consecuencia, finito.

Acorde con el principio de despersonalización del poder que vienen proclamando desde su irrupción como generación en 1928. Inmediatamente después de firmada el acta, el gobierno constituido redacta un comunicado del Gobierno provisional a la nación. Y allí, en palabras menos jurídicas, expresan lo mismo que se ha dicho en el acta, más algunos añadidos entre los que destaca el párrafo con el que el gobierno dice hará enjuiciar ante los tribunales como reos de peculado a los personeros más destacados de las administraciones padecidas por la República desde fines del pasado siglo. Y anuncian que los expresidentes López Contreras y Medina Angarita están presos, y que ellos, junto con otros, deberán devolver a la nación o al pueblo lo que le usurparon mediante el deshonesto manejo de los dineros públicos.

El fin de la cita y es de hacer notar que en el acta de validez jurídica e histórica no se hace referencia a esta causa política esgrimida, la corrupción de los altos funcionarios. Esto se deja para la locución presidencial, despojándose al texto propiamente jurídico de la casuística inmediata. Bueno, no faltan quienes adviertan esto: dos hipótesis que consideramos aquí. Una hipótesis es conciencia histórica, otra hipótesis es mala conciencia.

Es decir, la causa política esgrimida como central no lo es verdaderamente, pero nos detendremos en estos aspectos más adelante en esta serie. El primer decreto de la Junta emana el 20 de octubre del 45. En el artículo 4 afirman que dictarán un decreto ley para convocar a elecciones de diputados constituyentes que conformarán una Asamblea Constituyente que redactará una nueva Constitución Nacional y ponen, entre comillas, "realmente democrática". Dicen textualmente: "Realmente Democrática".

El decreto número 4 emana el 21 de octubre y crea el Ministerio del Trabajo y de Comunicaciones, separando así las funciones que hasta ese momento se congregaban en un solo ministerio. Es evidente que para la Junta uno de los trabajos políticos fundamentales será la creación desde el gobierno de un movimiento sindical. Este ministerio lo desempeñó durante el gobierno de la Junta y el de Rómulo Gallegos, él mismo abogado laboralista, Raúl Leóni. Este punto es importante, ya que la organización en clase obrera fue un norte del proyecto de Acción Democrática, como lo demuestran los documentos citados en otras oportunidades.

La premura con que se crea el Ministerio del Trabajo en decreto número cuatro señala la importancia que el tema tenía para los integrantes de la junta. Es evidente que la organización de un movimiento sindical era pieza fundamental del proyecto político de Acción Democrática; lo sorprendente es que esto se hiciese desde el gobierno. Ya fue desde el Ministerio del Trabajo que se instó a la estructuración de un movimiento sindical. Cualquiera hubiera pensado que esto no podía hacerse desde el poder, sino desde las trincheras de la oposición política, como de hecho sucedió en otras partes del mundo, pero en el caso venezolano no fue así.

El decreto número 9 es del 22 de octubre y tiene un solo artículo, lo voy a citar completo: "Los miembros de la Junta Revolucionaria del Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela, creada la misma noche en que triunfó definitivamente la insurrección del Ejército y Pueblo Unidos, quedan inhabilitados para postular sus nombres como candidatos a la Presidencia de la República y para ejercer este alto cargo cuando en fecha próxima elija el pueblo venezolano su primer magistrado". Este es un decreto muy importante. Se ha señalado con pertinencia que fue este decreto el que le dio fuerza moral a la junta y veracidad a sus propósitos, ya que la tradición venezolana apuntaba al camino distinto al manifestar la imposibilidad de permanecer en el poder en aras de la convocatoria a un juego democrático desde el comienzo mismo de su ejercicio.

Después del decreto, nadie pudo afirmar que la nueva situación política nacional se debía a unas ansias personales de permanencia en el poder. No obstante, sí se podía afirmar, y era así, que lo dispuesto por la Junta apuntaba a construir una comunidad política distinta basada en la conformación de partidos políticos de masas, ya que la detentación del poder se dirimiría entre el pueblo elector en sufragios universales, directos y secretos, y no como venía siéndose entre los integrantes del Poder Legislativo. No cabe la menor duda de que este decreto fue piedra angular de la veracidad del proyecto político que se iniciaba; nunca antes en la República había ocurrido que quienes detentaban el poder, siete personas en este caso, se autoinhabilitaran para ejercerlo en el futuro inmediato. Tómense en cuenta, además, que ese futuro inmediato estaba siendo construido por ellos mismos y perfectamente han podido disponer otra cosa.

El decreto además era sintomático de que quienes detentaban el poder buscaban crear una república donde el principio de alternabilidad en el poder fuese una realidad, así como la limitación de su ejercicio en el tiempo, asunto esencial para el funcionamiento de la democracia. Es imposible no ver que en el texto del decreto van entre líneas dos conceptos príncipes para la democracia representativa: la limitación del tiempo y el ejercicio del poder y la consecuencia de alternabilidad. Quienes tenían dudas sobre el particular, pues el decreto ha debido despejarlas.

Bueno, hasta aquí tenemos que la Junta ha manifestado desde su acta constitutiva la voluntad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que redactase una nueva Carta Magna que permitiese la elección universal, directa y secreta. Y además los integrantes de la Junta no pudiesen presentarse como candidatos. Hasta aquí el juego democrático al que se convoca es limpio, como la voluntad de hacer de los obreros y los campesinos organizados una fuerza determinante en la comunidad política a formar. Esto último que señalamos lo certifica el ministro Leóni en 1946.

En la introducción a la Memoria del Ministerio del Trabajo correspondiente al año civil de 1946 hace un balance en su primer año de gestión y ofrece unos datos que hablan por sí solos. La introducción está fechada el 31 de diciembre de 1946. Dice Leóni: "Para el 18 de octubre de 1945 existían legalmente organizados 215 sindicatos y para el 15 de diciembre de 1946 tienen existencia legal y funcionan normalmente 757 sindicatos. Además, se han constituido 13 federaciones sindicales, debiendo observarse que para el 18 de octubre no existía en Venezuela ninguna Federación de Trabajadores". Hasta aquí las palabras de Raúl Leóni.

Bien, y hasta aquí nuestro programa de hoy. En el próximo seguimos con la obra de gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt después del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945. Hasta nuestro próximo encuentro.

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