Serie 2 Presidentes
29 de marzo de 2022

Serie 2 Presidentes. Rafael Caldera. Cap 2.

Serie 2 presidentes. Caldera. Cap 2.

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"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, en la continuación de esta breve serie de cuatro programas titulada Dos presidentes. En el programa anterior, la primera parte del capítulo primero de la vida y obra de Rafael Caldera.

Y en este programa, el capítulo 2 y último sobre Caldera. La próxima semana comenzaremos los dos capítulos dedicados a Carlos Andrés Pérez, su vida y su obra política. En nuestro programa anterior estuvimos viendo cómo en los años 60 hubo cambios importantes en el mundo, en términos sociológicos sobre todo en el mundo juvenil, y eso se reflejó en las universidades. Vimos las rebeliones estudiantiles de París, Berkeley, entre otras.

Y en Venezuela la universidad entró en un proceso de renovación interno que coincidió con la reforma de la Ley de Universidades que introdujo el gobierno de Caldera. Buena parte del sector universitario consideró que la reforma resentía el principio de autonomía universitaria, que se había consagrado en diciembre de 1958 cuando gobernaba interinamente el profesor Edgar Zanabria, que fue presidente de la república de noviembre a febrero-marzo de 1959. La universidad no acogió el llamado del Consejo Nacional de Universidades Provisorio que establecía la ley, me refiero a la Universidad Central de Venezuela.

En particular, su rector, que entonces era Jesús María Bianco, fue destituido por el Consejo Nacional de Universidades Provisorio en razón de que se negaba a asistir a este organismo recién creado. Entonces estalló la crisis que se venía gestando y el gobierno de Caldera intervino a la UCV, nombrando unas autoridades interinas. Esto está ocurriendo en enero de 1971 y el gobierno de Caldera designa a Rafael Clemente Arráiz como rector, a Oswaldo de Sola como vicerrector académico y a Eduardo Vázquez como secretario.

En marzo renuncia Arráiz y asume De Sola. Arráiz renunció porque se negaba a mantener la universidad cerrada y se proponía convocar de inmediato a elecciones dentro del claustro, pero este proyecto no era el que tenía el gobierno en relación con la universidad. Pensaba el gobierno de Caldera que se requería más tiempo.

De modo que fue designado De Sola y pasaron meses antes de que se normalizaran las actividades, mientras las protestas estudiantiles se extendieron a otros recintos universitarios y a muchos liceos del país. El gobierno tuvo entonces que lidiar con protestas de diversa índole universitaria, tanto estudiantiles como de los profesores o empleados administrativos. No pocos estudiantes se fueron a estudiar en otros países mientras no se tomaba la decisión de convocar a elecciones y se retomaba el ritmo institucional de la Universidad Central de Venezuela.

Paradójicamente, en estos años de crisis universitaria pública, el gobierno aprobó la creación de la Universidad Metropolitana, que abre sus puertas en 1970, e impulsó la Universidad Simón Bolívar, que había sido creada en 1967 por el gobierno de Leoni pero que en el gobierno de Caldera cambió su denominación y cambió a su rector. El rector inicial de la Universidad de Caracas, que era como se iba a llamar, fue el doctor Eloy Lárez Martínez y, cuando asume Caldera, el nombre de la universidad cambia y pasa a llamarse Universidad Simón Bolívar. Caldera designa al filósofo Ernesto Mayz Vallenilla como rector fundador de la nueva universidad.

Bien. Por otra parte, la votación alcanzada por la Cruzada Cívica Nacionalista en las elecciones de 1968 era motivo de preocupación para las fuerzas democráticas del país. Había razones para ello: fue entonces cuando la Corte Suprema de Justicia declaró nula la elección de Pérez Jiménez como senador en el año 1968 y Acción Democrática y COPEI sumaban sus votos para aprobar la primera enmienda a la Constitución Nacional de 1961. ¿Por qué? Porque las encuestas señalaban que, de presentarse Pérez Jiménez como candidato a la Presidencia de la República en 1973, la suma de sus votos sería considerable, por lo que la urgencia de la enmienda se hizo perentoria.

De modo que en octubre de 1972 se presentó el texto de la enmienda. Se presentó al Congreso Nacional y en julio de 1973, después que Pérez Jiménez había sido ya lanzado como candidato presidencial en abril, el Consejo Supremo Electoral declaró nula su candidatura con fundamento en la enmienda, que había llenado los requisitos legales en mayo. Para que la enmienda fuese aprobada tenía que ser aprobada por las asambleas legislativas de los estados, no sólo por el Congreso Nacional, sino todos los estados de la República tenían que aprobar la enmienda; por eso fue un proceso largo y complejo.

Bueno, al aprobarse la enmienda que señalaba que aquellas personas que habían sido condenadas por el uso de los recursos públicos por peculado no podían presentarse a cargos de elección popular, esa enmienda se aplicaba al caso de Pérez Jiménez, que había sido juzgado y sentenciado. Y cumplió condena en la cárcel de San Juan de los Morros, la Penitenciaría General de Venezuela, después de haber sido hecho preso en Miami y haber sido extraditado desde los Estados Unidos a Venezuela y juzgado por peculado, que era como se llamaba antes la corrupción administrativa o el robo por personas que ejercían cargos públicos en la administración pública.

De modo que eso fue lo que impidió la enmienda: que Pérez Jiménez se presentase como candidato presidencial y, a juzgar por los números de las encuestas que se manejaban, tenía ciertas posibilidades. Por otra parte, el cuadro electoral se atomizaba en cuanto al número de candidatos, ya que llegaba a 12, pero la polarización bipartidista comenzó a reflejarse por primera vez y como nunca antes había ocurrido en Venezuela.

Puede decirse que el bipartidismo como fenómeno comenzó en estas elecciones de 1973, cuando entre el vencedor Carlos Andrés Pérez y Lorenzo Fernández, el candidato del gobierno del partido COPEI, entre los dos se llevaron el 85% de los votos. Mientras Jesús Ángel Paz Galarraga del MEP obtenía el 5,07%, José Vicente Rangel del MAS 4,26% de los votos, Jóvito Villalba de URD 3,07%. Y de los otros candidatos, ninguno de ellos alcanzó más del 1% de los sufragios.

Los enumero, los candidatos en orden de llegada: Miguel Ángel Burelli Rivas, Pedro Tinoco, Martín García Villasmil, Germán Borregales, Pedro Señil y La Cruz, Raimundo Verde Rojas, Alberto Solano. Por lo menos en tres sentidos este primer gobierno de Caldera fue de transición. El primero en cuanto al paso hacia el bipartidismo que imperaría en Venezuela hasta las elecciones de 1993 durante 20 años, y el segundo motivo por el que podemos señalarlo como un gobierno de transición se debe a los precios del petróleo, que pasaron a finales de 1973 de un promedio de 3,75 dólares por barril a la astronómica cifra de 10,53 dólares por barril.

Sobre todo impulsados por la crisis del Medio Oriente y la Guerra del Yom Kippur, así como otros factores que veremos en la próxima parte del programa. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural, un espacio donde la formación y los valores son protagonistas. El mejor aporte que puedo dar a mi país es mi ejemplo y desde luego destacar la humildad, la humanidad, la resistencia ante una cantidad de situaciones que tenemos que superar sacando lo mejor de todas esas experiencias.

De educación y algo más, con José Eduardo Orozco, sábado 7 de la mañana, domingos 8 de la noche. Somos Unión Radio Cultural. ¿Ustedes escuchan?

¡Venezolanos! Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que a finales del gobierno de Rafael Caldera comenzaba el boom petrolero, que le tocaría administrarlo a Carlos Andrés Pérez, ganador de las elecciones en 1973. La tercera condición transicional de este gobierno de Caldera se refiere a la deuda externa venezolana, que era insignificante y que comenzó a crecer durante el primer gobierno de Pérez y continuó creciendo durante el gobierno de Luis Herrera Campins, entre 1979 y 1984.

Y se detuvo cuando ya constituía un problema gravísimo la deuda externa para el país, se detuvo en 1983. Esta paradoja no es fácil de comprender, me refiero a que cuando los ingresos petroleros venezolanos fueron muy altos también se contrajo una altísima deuda externa. Volvamos a Caldera: aquí vamos a tener lo que podemos llamar un interregno de 20 años, porque entrega la presidencia en los primeros meses de 1974 y vuelve a asumirla en los primeros meses de 1994, 20 años después. ¿A qué se dedicó Caldera en estos 20 años?

Vamos a revisarlo a lo largo del programa. Al dejar la presidencia se enfocó en varios ámbitos de realización. Un primero fue la Unión Interparlamentaria Mundial, de la que Rafael Caldera fue presidente. También participó en la vida partidista de su organización política, COPEI, haciéndole oposición como era natural al gobierno de Carlos Andrés Pérez y luego el difícil acompañamiento por parte del gobierno de Luis Herrera Campins, el compañero demócrata cristiano de Rafael Caldera, ya que el gobierno de Luis Herrera fue un gobierno con problemas importantes, sobre todo la crisis del viernes negro, el 18 de febrero de 1983.

Este trance al que vengo refiriéndome del gobierno de Luis Herrera y lo que significó como desafío para el partido COPEI, Gustavo Tarre Briceño lo refiere de la siguiente manera. Dice Tarre: "El Gobierno de Luis Herrera Campins no se caracterizó por su respeto al liderazgo de Caldera. La experiencia e inteligencia del jefe del partido fueron poco requeridas por el presidente de la república". Bien, este es un hecho que no se puede dejar de señalar y, sin embargo, Caldera ya estaba, una frase que él utilizaba mucho, armando el rompecabezas con miras a las elecciones presidenciales de 1983.

Y a ellas se presentó como candidato y perdió ante Jaime Lusinchi, el candidato de Acción Democrática, sufriendo una disminución considerable de su liderazgo. A tal punto que para las elecciones de 1988 fue derrotado dentro del partido por Eduardo Fernández, a quien se le conocía como uno de sus delfines. Fernández obtuvo más votos dentro del partido fundado por Caldera que el propio Caldera y entonces Caldera dijo que pasaba a la reserva. De modo que el declive de su liderazgo en aquellos años era notorio y evidente, y de esa reserva fue saliendo paulatinamente el doctor Caldera y halló una oportunidad de oro para terminar de colocarse en primera posición, con motivo del intento de golpe de Estado el 4 de febrero de 1992.

Intento de golpe por parte de los comacates, los comandantes, capitanes, tenientes y coroneles integrados por entonces Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, etcétera. Y en su condición de senador vitalicio, Caldera pidió la palabra al Congreso Nacional y pronunció un discurso al filo de la navaja entre condenar el intento y justificarlo. La población lo entendió como un espaldarazo a lo que había ocurrido y la consecuencia inmediata fue el ascenso de Caldera en las encuestas. Hay que señalar que él ya estaba muy bien colocado en la encuesta y esta coyuntura, lejos de reducirlo, más bien lo catapultó todavía más.

Podemos señalar que hasta el 3 de febrero su opción electoral venía creciendo sostenidamente en las encuestas, pero a partir del 5 de febrero comenzó su ascenso sostenido, enfático y ya prácticamente indetenible. Y para los seguidores de Caldera el discurso fue una obra maestra del sentido de la oportunidad política. Para sus detractores, fue una pieza de oportunismo político. Una vez más los actos de Caldera daban para interpretaciones extremas, probablemente la realidad esté en el medio como suele suceder.

Lo cierto es que Caldera se va a separar de su partido, de COPEI, y se va a colocar al frente de un sentimiento nacional que ya en Venezuela tenía mucho cuerpo: era la antipolítica. Era exactamente lo contrario del que él había encarnado durante toda su vida política anterior. De modo que si alcanzar el poder era el norte, no había entonces otro camino para lograrlo que acompañar a la gente en la crítica acerba a los partidos y colocarse al frente de esa marcha de la sociedad venezolana en contra de los partidos políticos.

En este sentido, llama a la risa cuando uno escucha acusaciones de inflexibilidad por parte de Caldera. Estos hechos demuestran todo lo contrario: fue muy hábil y muy dúctil para conseguir el respaldo de la mayoría. Y lo consiguió colocándose al frente del sentimiento nacional en contra de los partidos políticos que se ha denominado en literatura política como antipolítica. De modo que eso contribuyó decididamente a que Caldera alcanzara la Presidencia de la República en las elecciones de 1993 para ejercer una segunda presidencia entre 1994 y 1999.

De modo que Rafael Caldera Rodríguez alcanzaba la Presidencia de la República por segunda vez, en medio de un cuadro electoral cuatripartito y con un elemento nuevo de significativa importancia: la abstención. Fíjense lo siguiente, les voy a dar las cifras de la abstención a lo largo de esos 40 años. En 1958 se ubicó en 6,58%. En 1963 subió a 7,79%, en 1968 cayó a su expresión más baja, cayó a 3,27% la abstención.

Esas elecciones del 68 recordemos que fueron cuatripartidistas y que despertó un gran entusiasmo de los electores. Se presentaron Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Miguel Ángel Burelli Rivas y Luis Beltrán Prieto Figueroa. Y la abstención, como les dije, fue del 3,27%.

En las elecciones de 1973, cuando la polarización entre Carlos Andrés Pérez y Lorenzo Fernández, la abstención fue muy baja, 3,48%. Y ya en las elecciones de 1978 asomó como un problema: la abstención fue 12,45%. En las elecciones de 1983 entre Caldera y Lusinchi bajó un poco a 12,25%. En las elecciones de 1988 entre Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández la abstención subió notablemente al 18,08% y en las elecciones de 1993 alcanzó su punto más alto.

Estas elecciones en las que se dividieron los cuatro bloques electorales, Claudio Fermín, Andrés Velázquez, Oswaldo Álvarez Paz y Rafael Caldera. La abstención entonces llegó al 39,84%. Prácticamente el 40% de la población electoral no votó, casi el 40% no concurrieron a votar. Esta cifra ya hizo de la abstención un actor político fundamental, sin duda indeseable para el sistema democrático pero inevitable en los análisis como vemos.

Ya en 1988 el electorado dio su primera campanada cuando se obtuvo 18%, pero aún no llegaba a los niveles del 93 cuando se duplicó la abstención y llegó a prácticamente el 40% de abstención. Era evidente que el sistema político no gozaba del respaldo que tuvo hasta las elecciones en 1973, siempre y cuando consideremos la abstención como un índice de falta de respaldo del sistema. Hay politólogos que no lo consideran necesariamente así. En todo caso, a la dificultad política que implicaba gobernar sin mayoría en el Congreso Nacional se sumaba la abstención, de modo que el respaldo popular con que contaba Caldera en su segunda presidencia para comenzar a gobernar no era el mayor, obviamente.

En nuestra próxima parte del programa seguiremos con el segundo gobierno de Rafael Caldera. Ya regresamos. Incluso antes de comenzar a gobernar ya había estallado la crisis bancaria, eso estalló en manos de la presidencia de Ramón Velázquez y tomó todo el año 94 y el 95 superarla. El Estado tuvo que respaldar a los ahorristas que habían visto cómo los bancos salían de la cámara de compensación, su dinero se volatilizaba, fueron intervenidos 13 bancos y la crisis se convirtió en la más severa que había tenido lugar en el sistema financiero venezolano.

El gobierno optó por respaldar a los ahorristas, lo que supuso una erogación de grandes proporciones, comprometió severamente el presupuesto nacional de 1994 y 1995. Los bancos que pasaron a manos del Estado muy rápidamente fueron vendidos a empresarios financieros globales o nacionales y todo eso se hizo gracias a la Ley de Emergencia Financiera que el Congreso Nacional le autorizó al Ejecutivo para enfrentar la crisis. Además, ese año, a partir de la reforma tributaria se creó el CENIAT, Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria, que buscaba incrementar la recaudación tributaria para lo necesario modificar la conducta del venezolano en relación con los impuestos.

Y el gobierno comprendía perfectamente que era imposible mantener un presupuesto nacional sano con los ingresos por petróleo que se tenían entonces, que eran muy bajos. Por lo que era indispensable recaudar más impuestos. Al cabo de pocos años, lo cierto es que el ingreso por tributos se tornó mayor al petrolero. El ingreso petrolero no pasó de un promedio de 15 dólares por barril durante el quinquenio del segundo gobierno de Caldera entre el año 94 y 99, los precios muy bajos.

Por otra parte en AD expulsaron a Carlos Andrés Pérez en mayo de 1994 mientras el Tribunal Superior de Salvaguarda condenaba a Jaime Lusinchi en julio. Caldera, por su parte, implementó una política similar a la pacificación que había adelantado en su primer gobierno y sobreselló la causa que se seguía contra las cabecillas militares insurrectos de febrero y noviembre de 1992. Así fue como salieron de la cárcel de Yare los comacates con diferentes proyectos políticos personales, por ejemplo Arias Cárdenas se incorpora al gobierno de Caldera en un cargo de importancia media mientras Chávez inicia su recorrido por Venezuela llamando a no participar en los futuros procesos electorales.

En las encuestas de entonces Chávez contaba con un respaldo ínfimo que no pasaba del 2% de reconocimiento. Y en diciembre de 1995 tuvieron lugar elecciones de gobernadores, alcaldes y concejales. En ellas se manifestó un aumento considerable de las gobernaciones y alcaldías que pasaron a manos de AD. Se consolidó el poder del MAS en cuatro estados, y el de COPEI también.

Se manifestó la fuerza de Convergencia en el estado natal de Caldera donde Eduardo Lapi ganó las elecciones, mientras Enrique Salas Feo, hijo de Enrique Salas Römer, ganaba en Carabobo con un proyecto político propio. Y Francisco Arias Cárdenas obtenía la gobernación del Zulia, con el apoyo de La Causa R. Muchos de los gobernadores electos en 1989 que repitieron en 1992 no podían presentarse de nuevo porque la ley se los impedía, pero en algunos casos partidarios suyos obtuvieron los votos necesarios como es el caso del hijo de Salas Römer, Salas Feo.

Y la política de abrir la industria petrolera venezolana a empresas extranjeras que en asociación con PDVSA pudieran invertir para explotar las fajas petrolíferas del Orinoco u otros campos se basaba en evidencias: no contaba PDVSA con los medios para hacerlo, ya que los precios del crudo no se lo permitían. No adelantar esta política condenaba al país a no poder explotar unos recursos que estaban en el subsuelo. Se buscaba incrementar la explotación petrolera venezolana y se preveía alcanzar la cifra de casi 6 millones de barriles diarios para el año 2005, como sabemos esto no ocurrió.

Se licitaron los campos en un acuerdo de participación en la mayoría de casos a medias entre PDVSA y las concesionarias. En 1996 ingresó al Fisco Nacional una cantidad considerable por este concepto y comenzó a abrir una nueva etapa en la industria petrolera venezolana. Pocos meses después de decidido el proceso de apertura petrolera se puso en movimiento la llamada Agenda Venezuela. De ella el principal vocero y entusiasta fue el ministro de Cordiplán del gobierno Rafael Caldera, que era Teodoro Petkoff, quien presentó el nuevo esquema el 15 de abril de 1996.

El período iniciado en 1994, signado por un control de cambios en paralelo a la crisis del sistema financiero, cambiaba al aliarse con el Fondo Monetario Internacional, un acuerdo que brindaba confianza a los inversionistas, y permitía comenzar a superar la difícil situación económica en que se encontraba Venezuela. Sobre las bases de esta agenda, la economía nacional mejoró considerablemente durante el año de 1996 y parte de 1997. Sin embargo, en los meses finales de ese año los precios del petróleo comenzaron a bajar estrepitosamente hasta tocar el piso de los 9 dólares por barril.

La crisis asiática causó estragos entonces, y como puede imaginarse las consecuencias para una economía petrolera como la nuestra fueron severas y se reflejaron de inmediato en el cuadro electoral. En septiembre de 1997, justo antes que comenzaran a bajar los precios del petróleo, la antipolítica tenía en la alcaldesa de Chacao, Irene Sáez, a una candidata que figuraba muy alto en las encuestas. Tan alto estaba el favor popular hacia ella y parecía imposible que perdiera las elecciones de 1998, ya que el apoyo a Irene Sáez rondaba el 70% del electorado y a partir de la caída de los precios del petróleo se desplomó su candidatura.

Mientras subían las candidaturas de dos adalides de la antipolítica entonces como eran Hugo Chávez y Enrique Salas Römer. El discurso en contra de los partidos políticos fue campaña permanente de algunos medios de comunicación y había tenido resultados. A ello contribuyó decididamente también la misma conducta en los partidos políticos, no era un invento que muchos de sus dirigentes se habían distanciado de sus electores y que no estaban en cinta unida con el pueblo.

A Salas Römer lo respaldaba su gestión como gobernador en Carabobo y a Chávez le ofrecía convocar una Asamblea Nacional Constituyente y encabezar una revolución. Lo acompañaban entonces sectores de izquierda y la derecha militarista, algunos añorantes en las lejanas dictaduras de Pérez Jiménez, pero con el tiempo ha ido preponderando al sector socialista en un proyecto político que encabezó Hugo Chávez. El descalabro de AD y COPEI en las elecciones fue abrumador, quedando el bipartidismo en el olvido.

No así la polarización electoral ya que la mayoría de los votos se dividieron entre Chávez y Salas Römer y comenzaba una nueva etapa para Venezuela. La crisis del sistema de partidos políticos era severa. Y veamos ahora algunas apreciaciones finales sobre la vida y obra de Rafael Caldera, tanto en la construcción de la democracia basada en un sistema de partidos políticos como en su disolución. Un personaje estuvo presente, Caldera.

Cualquiera puede preguntarse quién es Caldera: el que construye, con Betancourt, la democracia liberal representativa fundamentada sobre las instituciones partidistas, o el que se monta en la ola de la antipolítica y contribuye con la disolución del sistema de partidos. La respuesta es: los dos. Más allá de las contradicciones en una vida política dilatada, lo cierto es que el norte vital de Rafael Caldera fue el pensamiento católico y su especificidad política.

¿Si es que esto es posible de ubicar? Afirmamos esto porque la democracia cristiana se diferencia en algunos aspectos de la socialdemocracia, pero son pocos y a veces tan delgados que no falta quien piense que no constituye un cuerpo de ideas políticas específico. En verdad, creemos que no es lo mismo ser demócrata cristiano o socialdemócrata. El énfasis en los primeros está colocado en la búsqueda del bien común y la justicia social y la preeminencia a la persona humana, dibujando un perfil con matices específicos y particulares.

En el caso singular de Caldera, no obstante se da otra singularidad. Abandona al Partido Demócrata Cristiano Venezolano y al fundar Convergencia para buscar la presidencia en 1993 no hace énfasis en su carácter social cristiano, dejando traslucir que se trataba más de un partido electoral que de una organización doctrinaria. Sin embargo, el líder Caldera no dejó de ser, por eso, un católico que navegaba en las aguas de la política.

En la última parte del programa veremos entonces otras conclusiones. Este programa Venezolanos lo puedes volver a escuchar los sábados a las 10 de la noche y los domingos a las 10 de la mañana. Somos Unión Radio Cultural. Acompaña en Unión Radio Cultural a Carlos Eduardo Vargas, en Ideas Inquietas Radio. Ideas Inquietas es un universo de cultura, de sostenibilidad e innovación.

Pero es un universo en inquietos y precisamente van a haber varias secciones donde vamos a estar trayendo personas para conversar sobre diferentes temas en diferentes formatos. Ideas Inquietas Radio todos los sábados a las 10 y 30 de la mañana y domingos a las 3:30 de la tarde. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior que en esta nos arriesgaríamos a algunas conclusiones y podemos afirmar que no cabe la menor duda de que el aporte más importante a la historia política venezolana por parte de Caldera fue el de ser co-constructor de la democracia liberal representativa, fundando uno de los partidos pilares del sistema, que fue el partido COPEI. Que además recogió el espíritu cristiano latente en el pueblo venezolano.

Sus dos gobiernos no introdujeron cambios sustanciales en la vida nacional, pero no por ello se puede negar que la política de pacificación desarrollada durante su primer gobierno fue acertada y tampoco puede negarse que la política de apertura petrolera de su segundo gobierno fue correctísima. La primera fue implementada por su compañero más fiel desde las luchas estudiantiles en la UNE, Lorenzo Fernández, entonces ministro de Relaciones Interiores. La segunda por Luis Giusti, presidente de PDVSA.

También en su primer gobierno es necesario destacar su política internacional de dimensión latinoamericana para la que contó con un canciller de lujo, un verdadero teórico de la democracia cristiana continental, me refiero a Arístides Calvani. De aquel primer gobierno es justo señalar el papel dialogante del sincero compañero de ruta al entonces presidente del Congreso Nacional, José Antonio Pérez Díaz, un hombre clave dentro de COPEI para impedir que la sangre llegara al río, al igual que el general José Antonio Páez.

La última etapa de la vida política de Caldera fue un esfuerzo por salvar lo construido antes, pero con éxitos menores. Sus antecesores en el mando profesaban el mismo credo católico, con igual acento, son sin duda José María Vargas, Juan Pablo Rojas Paúl y en menor medida Eleazar López Contreras. De sus sucesores, Luis Herrera Campins fue el único católico practicante que ha gobernado en Venezuela.

Y al comienzo de estas líneas apenas mencionamos un libro que quedará como una suerte de testamento político de Caldera, nos referimos a Los causahabientes de Carabobo a Punto Fijo, este texto es escrito justo al abandonar la presidencia de la República en 1999, cuando ha llegado la hora del recuento para un hombre que entonces contaba 83 años. El texto lo retrata claramente. Es un texto en el que Caldera va dejando por escrito algunas de sus impresiones. En muchos sentidos, es la otra cara de la moneda de su socio histórico, que fue Rómulo Betancourt.

De modo que si Betancourt es agresivo en los ensayos penetrantes, en sus análisis y calientes en sus juicios, Caldera está tomado por un ideal de serenidad. Uno es dionisíaco, el otro apolíneo: Betancourt clava al puñal de sus ideas, que Caldera no quiere herir. Si Betancourt dice que Gómez era un ladrón detestable, Caldera afirma que Gómez confundía su patrimonio personal con las arcas de la República. Son dos hombres con dos lenguajes, de modo que encontramos en Caldera un hombre comedido y dominado por un ideal de serenidad.

Era ese carácter apolíneo del Caldera que está en el libro. Él sobrevive 10 años a este texto que juzgó muy importante en su obra escrita, pero no se propuso escribir sus memorias, lamentablemente. Sin embargo, el discurso de incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua de su hijo Rafael Tomás Caldera, quien lo sucedió en la corporación, Caldera Pietri, nos recuerda que escribió en sus últimos años las reflexiones de tirajero.

Era una columna que mantuvo regularmente en El Universal y en ese discurso de Caldera Pietri la tesis desarrollada es que su padre encarnó la figura del orador por encima de otras consideraciones. Y ciertamente esto fue así, alguna vez le escuché decir por televisión a Caldera, que él era sobre todo un luchador. Quizás la combinación de ambas sea lo que define: un luchador político con enormes dotes oratorias, sin duda las tuvo.

Además fue dueño de una solvente formación académica y una voluntad de trabajo sin vacaciones, además venezolano hasta la médula, hasta tal punto que jamás pasó más de unos meses fuera de Venezuela. Por otra parte su obra de vida presenta unas contradicciones evidentes, como las hemos ido señalando; en este sentido nadie exagera si se afirma que fue una suerte de Cronos que, de alguna manera, daba cuenta de sus hijos.

Es evidente que la sucesión en el mando pasando él al retiro no fue un estadio que sintiera pertenecerle. En esto se imponía el luchador dejando de lado las tareas pedagógicas del orador, que con pertinencia señala su hijo. De esta tarea de Cronos devorando a sus hijos políticos, algunos afirman que fueron víctimas dos dirigentes políticos que crecieron en su sombra, Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez Paz.

Por último, no fue principal para Caldera la creación de un partido demócrata cristiano, a diferencia de Betancourt para quien sí lo fue la creación de Acción Democrática. Podemos decir que sí lo fue para Caldera entre 1946 y 1968, en estos años se esmeró en un movimiento juvenil vigoroso que llegó a tener presencia destacadísima en las universidades venezolanas. Se esmeró en la creación del Movimiento Sindical de Impronta Cristiana, se empeñó en controlar electoralmente el movimiento magisterial y los colegios de profesionales y técnicos.

Todos estos trabajos partidistas lo llevan a gobernar con COPEI a sus anchas, conociendo al dedillo a todos sus colaboradores. Luego, cuando pierde las elecciones ante Lusinchi en 1983, en vez de crecer él en el arquetipo del orador, se erigió el del luchador y no aprovechó la oportunidad de pasar a retiro. Eso no estaba dentro de su psicología y siguió una lucha política enfrentando a algunos de sus seguidores más fieles como fue el caso de Eduardo Fernández cuando perdió ante las elecciones internas de COPEI para la candidatura presidencial de 1988.

De modo que ha debido ser muy difícil para Rafael Caldera apartarse de su obra de tantos años en el partido COPEI, pero no hay duda de que él sintió que su responsabilidad ante el país estaba en buscar el poder por otro camino distinto a la ruta de los copeyanos y en muchos sentidos puede decirse que Caldera fue un hombre extraño y enigmático, o como él mismo decía, que él siempre nadaba contra la corriente.

En este sentido tuvo mucho de Sísifo ya que Sísifo remontaba cuestas empinadas y exigentes para alcanzar el poder. Y cuando llegaba a la cima con su piedra, al poco tiempo la piedra caía hasta abajo y se imponía la vuelta a emprender el ascenso". Y tenía algo de Tántalo porque las dos veces que obtuvo el poder lo alcanzó en condiciones lejanas al ideal. Cuando al fin tuvo enfrente el instrumento que había buscado para cumplir sus sueños, la Providencia se lo entregaba en condiciones precarias, tanto el año 68 como el año 93.

De modo que estamos frente a un personaje polémico sumamente interesante y por supuesto un personaje histórico en Venezuela. Muy pocos venezolanos han tenido una vida y una obra como la que tuvo Rafael Caldera a lo largo del siglo XX venezolano. Hasta aquí nuestro programa de hoy, como siempre habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano y en el control técnico Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com o en Twitter arroba Rafael Arráiz. Hasta nuestro próximo encuentro.

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